provincianos de unas provincias a otras. Los pueblos se han conocido, se
han estudiado y se han acercado más de lo que el tirano quería; de ahí
viene su cuidado de quitarles los correos, de violar la correspondencia
y vigilarlos a todos. La _unión_ es íntima.
Existían antes dos sociedades diversas: las _ciudades_ y las campañas;
echándose las campañas sobre las _ciudades_ se han hecho ciudadanos los
gauchos y simpatizado con la causa de las ciudades.
La montonera ha desaparecido con la despoblación de La Rioja, San Luis,
Santa Fe y Entre Ríos, sus focos antiguos, y hoy los _gauchos_ de las
tres primeras corretean los llanos y la Pampa en sostén de los enemigos
de Rosas. ¿Aborrece Rosas a los extranjeros? Los extranjeros toman parte
en favor de la civilización americana, y durante tres años burlan en
Montevideo su poder y muestran a toda la República que no es invencible
Rosas, y que aun puede lucharse contra él. Corrientes vuelve a armarse,
y bajo las órdenes del más hábil y más europeo general que la República
tiene, se está preparando ahora a principiar la lucha _en forma_, porque
todos los errores pasados son otras tantas lecciones para lo venidero.
Lo que ha hecho Corrientes lo han de hacer más hoy, más mañana, todas
las provincias, porque les va en ello la vida y el porvenir.
¿Ha privado a sus conciudadanos de todos los derechos y desnudádolos de
toda garantía? Pues bien: no pudiendo hacer lo mismo con los
extranjeros, éstos son los únicos que se pasean con seguridad en Buenos
Aires. Cada contrato que un hijo del país necesita celebrar, lo hace
bajo la firma de un extranjero, y no hay sociedad, no hay negocio en que
los extranjeros no tengan parte. De manera que el derecho y las
garantías existen en Buenos Aires bajo el despotismo más horrible. «¡Qué
buen sirviente parece este irlandés!»--decía a su patrón un transeúnte
por Buenos Aires. «Sí--contestaba aquél--; lo he tomado por eso: porque
estoy seguro de no ser espiado por mis criados y porque me presta su
firma para todos mis contratos. Aquí sólo estos sirvientes tienen segura
su vida y sus propiedades.»
¿Los gauchos, la plebe y los compadritos lo elevaron? Pues él los
extinguirá: sus ejércitos los devorarán. Hoy no hay lechero, sirviente,
panadero, peón, gañán ni cuidador de ganado que no sea alemán, inglés,
vasco, italiano, español, porque es tal el consumo de hombres que ha
hecho en diez años; tanta carne humana necesita el _americanismo_, que
al cabo la población americana se agota y va toda a enregimentarse en
los cuadros que la metralla ralea desde que el sol sale hasta que
anochece.
Cuerpo hay al frente de Montevideo que no conserva hoy un soldado y sólo
dos oficiales de los que lo compusieron al principio. La población
argentina desaparece, y la extranjera ocupa su lugar en medio de los
gritos de la mazorca y de la _Gaceta_: _¡Mueran los extranjeros!_ Como
la unidad se realiza gritando: _¡Mueran los unitarios!_ Como la
federación ha muerto gritando: _¡Viva la federación!_
¿No quiere Rosas que se naveguen los ríos? Pues bien: el Paraguay toma
las armas para que se le permita navegarlos libremente; se asocia a los
enemigos de Rosas, al Uruguay, a la Inglaterra y a la Francia, que todos
desean que se deje el tránsito libre para que se exploten las inmensas
riquezas del corazón de la América. Bolivia se asociará, quiera que no,
a este movimiento, y Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Corriente, Jujuy,
Salta y Tucumán lo secundarán desde que comprendan que todo su interés,
todo su engrandecimiento futuro depende de que esos ríos, a cuyas
riberas duermen hoy en lugar de vivir, lleven y traigan las riquezas del
comercio que hoy sólo explota Rosas con el puerto, cuya posesión le da
millones para empobrecer a las provincias.
La cuestión de la libre navegación de los ríos que desembocan en el
Plata es hoy una cuestión europea, americana y argentina a la vez, y
Rosas tiene en ella guerra interior y exterior hasta que caiga y los
ríos sean navegados libremente. Así, lo que no se consiguió por la
importancia que los unitarios daban a la navegación de los ríos, se
consigue hoy por la torpeza del gaucho de la Pampa.
¿Ha perseguido Rosas la educación pública y hostilizado y cerrado los
colegios, la Universidad y expulsado a los jesuítas? No importa;
centenares de alumnos argentinos cuentan en su seno los colegios de
Francia, Chile, Brasil, Norteamérica, Inglaterra y aun España. Ellos
volverán luego a realizar en su patria las instituciones que ven brillar
en todos esos Estados libres, y pondrán su hombro para derrocar al
tirano semibárbaro. ¿Tiene una antipatía mortal a los poderes europeos?
Pues bien: los poderes europeos necesitan estar bien armados, bien
fuertes en el Río de la Plata, y mientras Chile y los demás Estados
libres de América no tienen sino un cónsul y un buque de guerra
extranjero en sus costas, Buenos Aires tiene que hospedar enviados de
segundo orden, y escuadras extranjeras, que están a la mira de sus
intereses y para contener las demasías del potro indómito y sin freno
que está a la cabeza del Estado.
¿Degüella, castra, descuartiza a sus enemigos para acabar de un solo
golpe y con una batalla la guerra? Pues bien: ha dado ya veinte
batallas, ha muerto veinte mil hombres, ha cubierto de sangre y de
crímenes espantosos toda la República; ha despoblado la campaña y la
ciudad para engrosar sus sicarios, y al fin de diez años de triunfo su
posición precaria es la misma. Si sus ejércitos no toman a Montevideo,
sucumbe; si la toman, quédale el general Paz con ejércitos; quédale el
Paraguay virgen; quédale el Imperio del Brasil; quédale Chile y Bolivia
que han de estallar al fin; quédale la Europa que lo ha de enfrenar;
quédanle, por último, diez años de guerra, de despoblación y pobreza
para la República, o sucumbir: no hay remedio. ¿Triunfará? Pero sus
adictos habrán perecido, y otra población y otros hombres reemplazarán
el vacío que ellos dejen. Volverán los emigrados a cosechar los frutos
de su triunfo.
¿Ha encadenado la Prensa y puesto una mordaza al pensamiento para que no
discuta los intereses de la patria, para que no se ilustre e instruya,
para que no revele los crímenes horrendos que ha cometido y que nadie
quiere creer a fuerza de ser espantosos e inauditos? ¡Insensato! ¿Qué es
lo que has hecho? Los gritos que quieres ahogar cortando la garganta,
para que por la herida se escape la voz y no llegue a los labios,
resuenan hoy por toda la redondez de la tierra. Las Prensas de Europa y
América te llaman a porfía el execrable Nerón, el tirano brutal. Todos
tus crímenes han sido contados; tus víctimas hallan partidarios y
simpatías por todas partes, y gritos vengadores llegan hasta vuestros
oídos. Toda la Prensa europea discute hoy los intereses argentinos como
si fueran los suyos propios, y el nombre argentino anda en tu deshonra
en boca de todos los pueblos civilizados.
La discusión de la Prensa está hoy en todas partes, y para oponer la
verdad a tu infame _Gaceta_, están cien diarios que desde París y
Londres, desde el Brasil y Chile, desde Montevideo y Bolivia, te
combaten y publican tus maldades. Has logrado la fama a que aspirabas,
sin duda; pero en la miseria del destierro, en la obscuridad de la vida
privada, no cambiarían tus proscriptos una sola hora de sus ocios por
las que te da tu celebridad espantosa; por las punzadas que de todas
partes recibes; por los reproches que te haces a ti mismo de haber hecho
tanto mal inútilmente. El _americanismo_, el enemigo de los europeos
condenado a gritar en francés, en inglés y en castellano: _¡Mueran los
extranjeros!_ _¡Mueran los unitarios!_ ¡Eh! ¡Eres tú, miserable, el que
te sientes morir, y maldices en los idiomas de esos extranjeros, y por
la Prensa, que es el arma de esos unitarios! ¿Qué Estado americano se ha
visto condenado, como Rosas, a redactar en tres idiomas sus disculpas
oficiales para responder a la Prensa de todas las naciones, americanas y
europeas a un tiempo? Pero, ¿adónde llegarán tus diatribas infames que
el execrable lema _¡Mueran los salvajes, asquerosos, inmundos
unitarios!_ no esté revelando la mano sangrienta e inmoral que las
escribe?
De manera que lo que habría sido una discusión obscura y sólo
interesante para la República Argentina, lo es ahora para la América
entera y la Europa. Es una cuestión del mundo cristiano.
¿Ha perseguido Rosas a los políticos, a los escritores y a los
literatos? Pues ved lo que ha sucedido. Las doctrinas políticas de que
los unitarios se habían alimentado hasta 1829, eran incompletas e
insuficientes para establecer el Gobierno y la libertad; bastó que
agitase la Pampa para echar por tierra su edificio basado sobre arena.
Esta inexperiencia y esta falta de ideas prácticas remediólas Rosas en
todos los espíritus con las lecciones crueles e instructivas que les
daba su despotismo espantoso; nuevas generaciones se han levantado
educadas en aquella escuela práctica, que sabrían tapar las avenidas por
donde un día amenazaría desbordarse de nuevo el desenfreno de los genios
como el de Rosas; las palabras tiranía, despotismo, tan desacreditadas
en la Prensa por el abuso que de ellas se hace, tienen en la República
Argentina un sentido preciso, despiertan en el ánimo un recuerdo
doloroso; harían sangrar cuando llegasen a pronunciarse, todas las
heridas que han hecho en quince años de espantosa recordación.
Día vendrá que el nombre de Rosas sea un medio de hacer callar al niño
que llora, de hacer temblar al viajero en la obscuridad de la noche. Su
cinta colorada, con la que hoy ha llevado el terror y la idea de las
matanzas hasta el corazón de sus vasallos, servirá más tarde de
curiosidad nacional que enseñaremos a los que de países remotos visiten
nuestras playas.
Los jóvenes estudiosos que Rosas ha perseguido se han desparramado por
toda la América, examinando las diversas costumbres, penetrado en la
vida íntima de los pueblos, estudiado sus gobiernos, y vistos los
resortes que en unas partes mantienen el orden sin detrimento de la
libertad y del progreso, notando en otros los obstáculos que se oponen a
una buena organización. Los unos han viajado por Europa estudiando el
derecho y el gobierno, los otros han residido en el Brasil; cuáles en
Bolivia, cuáles en Chile y cuáles otros, en fin, han recorrido la mitad
de la Europa y la mitad de la América, y traen un tesoro inmenso de
conocimientos prácticos, de experiencia y datos preciosos que pondrán un
día al servicio de la patria, que reúna en su seno esos millares de
proscriptos que andan hoy diseminados por el mundo, esperando que suene
la hora de la caída del Gobierno absurdo é insostenible que aún no cede
al empuje de tantas fuerzas como las que han de traer necesariamente su
destrucción. Que en cuanto a literatura, la República Argentina es hoy
mil veces más rica que lo fué jamás en escritores capaces de ilustrar a
un Estado americano.
Si quedara duda con todo lo que he expuesto de que la lucha actual de la
República Argentina lo es sólo de civilización y barbarie, bastaría a
probarlo el no hallarse del lado de Rosas un solo escritor, un soló
poeta de los muchos que posee aquella joven nación. Montevideo ha
presenciado durante tres años consecutivos las justas literarias del 25
de mayo, día en que veintenas de poetas, inspirados por la pasión de la
patria, se han disputado un laurel. ¿Por qué la poesía ha abandonado a
Rosas? ¿Por qué ni rapsodias produce hoy el suelo de Buenos Aires, en
otro tiempo tan fecundo en cantares y rimas? Cuatro o cinco asociaciones
existen en el extranjero de escritores que han emprendido compilar datos
para escribir la historia de la República, tan llena de acontecimientos,
y es verdaderamente asombroso el cúmulo de materiales que han reunido de
todos los puntos de América: manuscritos, impresos, documentos, crónicas
antiguas, diarios, viajes, etc. La Europa se asombrará un día cuando tan
ricos materiales vean la luz pública, y vayan a engrosar la voluminosa
colección de que Angelis no ha publicado sino una pequeña parte.
¡Cuántos resultados no van, pues, a cosechar esos pueblos argentinos
desde el día, no remoto ya, en que la sangre derramada ahogue al tirano!
¡Cuántas lecciones! ¡Cuánta experiencia adquirida! Nuestra educación
política está consumada.
Todas las cuestiones sociales, ventiladas; federación, unidad, libertad
de cultos, inmigración, navegación de los ríos, poderes políticos,
libertad, tiranía, todo se ha dicho entre nosotros, todo nos ha costado
torrentes de sangre. El sentimiento de la autoridad está en todos los
corazones, al mismo tiempo que la necesidad de contener la arbitrariedad
de los poderes, la ha inculcado hondamente Rosas con sus atrocidades.
Ahora no nos queda que hacer sino lo que él no ha hecho, y reparar lo
que él ha destruído.
Porque _él_, durante quince años, no ha tomado una medida administrativa
para favorecer el comercio interior y la industria naciente de nuestras
provincias; los pueblos se entregarán con ahinco a desenvolver sus
medios de riqueza, sus vías de comunicación, y el _nuevo Gobierno_ se
consagrará a restablecer los correos y asegurar los caminos que la
Naturaleza tiene abiertos por toda la extensión de la República.
Porque en quince años no ha querido asegurar las fronteras del Sur y del
Norte por medio de una línea de fuertes, porque este trabajo y este bien
hecho a la República no le daba ventaja alguna contra sus enemigos, el
_nuevo Gobierno_ situará el ejército permanente al Sur y asegurará
territorios para establecer colonias militares que en cincuenta años
serán ciudades y provincias florecientes.
Porque _él_ ha perseguido el nombre europeo, y hostilizado la
inmigración de extranjeros, el _nuevo Gobierno_ establecerá grandes
asociaciones para introducir población y distribuirla en territorios
feraces a orillas de los inmensos ríos, y en veinte años sucederá lo que
en Norteamérica ha sucedido en igual tiempo: que se han levantado como
por encanto ciudades, provincias y Estados en los desiertos en que poco
antes pacían manadas de bisontes salvajes; porque la República Argentina
se halla hoy en la situación del Senado romano que, por decreto, mandaba
levantar de una vez quinientas ciudades, y las ciudades se levantan a su
voz.
Porque _él_ ha puesto a nuestros ríos interiores una barrera insuperable
para que no sean libremente navegados, el _nuevo Gobierno_ fomentará de
preferencia la navegación fluvial; millares de naves remontarán los ríos
e irán a extraer las riquezas que hoy no tienen salida ni valor hasta
Bolivia y el Paraguay, enriqueciendo en su tránsito a Jujuy, Tucumán,
Salta, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, que se tornarán en ricas y
hermosas ciudades, como Montevideo o como Buenos Aires. Porque _él_ ha
malbaratado las rentas pingües del puerto de Buenos Aires y gastado en
quince años cuarenta millones de pesos fuertes que ha producido, en
llevar adelante sus locuras, sus crímenes y sus venganzas horribles, el
puerto será declarado propiedad nacional, para que sus rentas sean
consagradas a promover el bien en toda la República, que tiene derecho a
ese cuerpo de que es tributaria.
Porque _él_ ha destruído los colegios y quitado las rentas a las
escuelas, el _nuevo Gobierno_ organizará la educación pública en toda la
República con rentas adecuadas y con ministerio especial como en Europa,
como en Chile, Bolivia y todos los países civilizados; porque el saber
es riqueza, y un pueblo que vegeta en la ignorancia es pobre y bárbaro,
como lo son los de la costa de Africa, o los salvajes de nuestras
Pampas.
Porque _él_ ha encadenado la Prensa, no permitiendo que haya otros
diarios que los que tiene destinados para vomitar sangre, amenazas y
mueras, el _nuevo Gobierno_ extenderá por toda la República el beneficio
de la Prensa, y veremos pulular libros de instrucción y publicaciones
que se consagren a la industria, a la literatura, a las artes y a todos
los trabajos de la inteligencia.
Porque _él_ ha perseguido de muerte a todos los hombres ilustrados, no
admitiendo para gobernar sino su capricho, su locura y su sed de sangre,
el _nuevo Gobierno_ se rodeará de todos los grandes hombres que posee la
República y que hoy andan desparramados por toda la tierra, y con el
concurso de todas las luces de todos, hará el bien de todos en general.
La inteligencia, el talento y el saber serán llamados de nuevo a dirigir
los destinos públicos como en todos los países civilizados.
Porque _él_ ha destruído las garantías que en los pueblos cristianos
aseguran la vida y la propiedad de los ciudadanos, el _nuevo Gobierno_
restablecerá las formas representativas y asegurará para siempre los
derechos que todo hombre tiene de no ser perturbado en el libre
ejercicio de sus facultades intelectuales y de su actividad.
Porque _él_ ha hecho del crimen, del asesinato, de la castración y del
degüello un sistema de gobierno; porque _él_ ha desenvuelto todos los
malos instintos de la naturaleza humana para crearse cómplices y
partidarios, el _nuevo Gobierno_ hará de la Justicia, de las formas
recibidas en los pueblos civilizados, el medio de corregir los delitos
públicos, y trabajará por estimular las pasiones nobles y virtuosas que
ha puesto Dios en el corazón del hombre para su dicha en la tierra,
haciendo de ellas el escalón para elevarse e influir en los negocios
públicos.
Porque _él_ ha profanado los altares poniendo en ellos su infame
retrato; porque _él_ ha degollado sacerdotes, vejádolos o hécholos
abandonar su patria, el _nuevo Gobierno_ dará al culto la dignidad que
le corresponde, y elevará la religión y sus ministros a la altura que se
necesita para que moralice a los pueblos.
Porque _él_ ha gritado durante quince años _mueran los salvajes
unitarios_, haciendo creer que un Gobierno tiene derecho de matar a los
que no piensan como él, marcando a toda una nación con un letrero y una
cinta para que se crea que el que lleve la _marca_ piensa como le mandan
a azotes pensar, el _nuevo Gobierno_ respetará las opiniones diversas, y
porque las opiniones no son hechos ni delitos, y porque Dios nos ha dado
una razón que nos distingue de las bestias, libre para juzgar a nuestro
libre arbitrio.
Porque _él_ ha estado continuamente suscitando querellas a los Gobiernos
vecinos y a los europeos; porque _él_ nos ha privado del comercio con
Chile, ha ensangrentado al Uruguay, malquistádose con el Brasil,
atraídose un bloqueo de la Francia, los vejámenes de la marina
norteamericana, las hostilidades de la inglesa, y metídose en un
laberinto de guerras interminables y de reclamaciones que no acabarán
sino con la despoblación de la República y la muerte de todos sus
partidarios, el _nuevo Gobierno_, amigo de los Poderes europeos,
simpático para todos los pueblos americanos, desatará de un golpe ese
enredo de relaciones extranjeras, y establecerá la tranquilidad en el
exterior y en el interior, dando a cada uno su derecho y marchando por
las mismas vías de conciliación y orden en que marchan todos los pueblos
cultos.
Tal es la obra que nos queda por realizar en la República Argentina.
Puede ser que tantos bienes no se obtengan de pronto, y que después de
una subversión tan radical como la que ha obrado Rosas, cueste todavía
un año o más de oscilaciones el hacer entrar a la sociedad en sus
verdaderos quicios. Pero con la caída de ese monstruo, entraremos por lo
menos en el camino que conduce a porvenir tan bello, en lugar de que
bajo su funesta impulsión nos alejamos más y más cada día, y vamos a
pasos agigantados retrocediendo a la barbarie, a la desmoralización y a
la pobreza. El Perú padece sin duda de los efectos de sus convulsiones
intestinas; pero al fin, sus hijos no han salido a millares, y por
docenas de años, a vagar por los países vecinos; no se ha levantado un
monstruo que se rodee de cadáveres, sofoque toda espontaneidad y todo
sentimiento de virtud. Lo que la República Argentina necesita antes del
todo; lo que Rosas no le dará jamás, porque ya no le es dado darle, es
que la vida, la propiedad de los hombres, no esté pendiente de una
palabra indiscretamente pronunciada, de un capricho del que manda. Dadas
estas dos bases, seguridad en la vida y de la propiedad, la forma de
gobierno, la organización política del Estado, la dará el tiempo, los
acontecimientos, las circunstancias. Apenas hay un pueblo en América que
tenga menos fe que el argentino en un pacto escrito, en una
Constitución. Las ilusiones han pasado ya; la constitución de la
República se hará sin sentir, de sí misma, sin que nadie se la haya
propuesto. Unitaria, federal, mixta, ella ha de salir de los hechos
consumados.
Ni creo imposible que a la caída de Rosas se suceda inmediatamente el
orden. Por más que a la distancia parezca, no es tan grande la
desmoralización que Rosas ha engendrado; los crímenes de que la
República ha sido testigo, han sido _oficiales_, mandados por el
Gobierno; a nadie se ha castrado, degollado ni perseguido sin la _orden_
expresa de hacerlo. Por otra parte, los pueblos obran siempre por
reacciones; al estado de inquietud y de alarma en que Rosas los ha
tenido durante quince años, ha de sucederse la calma necesariamente; por
lo mismo que tantos y tan horribles crímenes se han cometido, el pueblo
y el Gobierno huirán de cometer uno solo, a fin de que las ominosas
palabras _¡mazorca!_, _¡Rosas!_, no vengan a zumbar en sus oídos, como
otras tantas furias vengadoras; por lo mismo que las pretensiones
exageradas de libertad que abrigan los unitarios han traído resultados
tan calamitosos, los políticos serán en adelante prudentes en sus
propósitos, los partidos medidos en sus exigencias. Por otra parte, es
desconocer mucho la naturaleza humana creer que los pueblos se vuelven
criminales, y que los hombres extraviados que asesinan cuando hay un
tirano que los impulse a ello, son en el fondo malvados. Todo depende de
las preocupaciones que dominan en ciertos momentos, y el hombre que hoy
se ceba en sangre por fanatismo, era ayer un devoto inocente, y será
mañana un buen ciudadano, desde que desaparezca la excitación que lo
indujo al crimen. Cuando la nación francesa cayó en 1793 en manos de
aquellos implacables terroristas, más de millón y medio de franceses se
hartaron de sangre y de delitos, y después de la caída de Robespierre y
del Terror, apenas sesenta insignes malvados fué necesario sacrificar
con él, para volver la Francia a sus hábitos de mansedumbre y moral; y
esos mismos hombres que tantos horrores habían perpetrado, fueron
después ciudadanos útiles y morales. No digo en los partidarios de
Rosas: en los mazorqueros mismos hay, bajo las exterioridades del
crimen, virtudes que un día deberían premiarse. Millares de vidas han
sido salvadas por los avisos que los mazorqueros daban secretamente a
las víctimas que la _orden_ recibida les mandaba inmolar.
Independientes de estos motivos generales de moralidad que pertenecen a
la especie humana en todos tiempos y en todos países, la República
Argentina tiene elementos de orden de que carecen muchos países del
mundo. Uno de los inconvenientes que estorba aquietar los ánimos en los
países convulsionados es la dificultad de llamar la atención pública a
objetos nuevos que la saquen del círculo vicioso de ideas en que vive.
La República Argentina tiene, por fortuna, tanta riqueza que explotar,
tanta novedad con que atraer los espíritus después de un Gobierno como
el de Rosas, que sería imposible turbar la tranquilidad necesaria para
ir a los nuevos fines.