primer empeño sacrificarla y _entregarse prisionero á los fines que
se le indicaron_: él lo realizó todo á satisfaccion en Venta-y-media.
Instruyó Rodriguez al jeneral Pezuela bien á fondo de nuestra situacion
y nuestras miras, como de las suyas personales; y regresó _en clase de
fugado, ó suelto jenerosamente_ por el enemigo."
Eso se supone firmado por el propio Rodriguez: he aquí como refiere
ese mismo suceso el historiador español sobre lo que veces diversas,
hablamos con el viejo jeneral, que se reia al recordar el modo como
engañó á Pezuela. Despues de decir que la fuerza de Rodriguez era de
_cincuenta hombres_, refiere como fué atacado por 180 al mando del
comandante Vijil, que Rodriguez se parapetó en una casa, donde Vijil le
atacó; y luego añade:
"La resistencia fué tenaz y vigorosa, hasta que viendo los insurjentes
su inevitable ruina y la inutilidad de sus esfuerzos, rindieron sus
armas coronando las sienes de los realistas con un ilustre triunfo, no
tanto por el número como por la calidad de los prisioneros, entre los
que se contó el mismo Rodriguez, que era el alma de las operaciones de
Rondeau.
"Habiendo determinado Pezuela remitir á Lima varios prisioneros que
no dejaban de embarazar sus operaciones, empleó el mayor Rodriguez
todos los resortes de la malicia é intriga para no ser alejado de
aquel pais en el que esperaba ejercer todavia su maléfico influjo.
Con su hipocresia y con una afectada resignacion, capaz de deslumbrar
al hombre mas prevenido y desconfiado, espuso al jeneral en jefe los
deseos de retirarse á su casa si se le queria cangear por dos oficiales
de igual graduacion, prometiendo desengañar á Rondeau de lo infructuoso
de sus esfuerzos en continuar una guerra, cuya terminacion llevaba
todos los caracteres de serle adversa, desde que el lejítimo Soberano
habia sido restablecido al trono de sus mayores con aclamacion jeneral.
Fué aceptada dicha proposicion de Rodriguez y admitido su cange por los
coroneles Suarez y Sotomayor."
Ahí está segun el testimonio del enemigo, _una resistencia tenaz y
vigorosa_, en vez de _una entrega_ por traicion que figura la nota:
una fuerza de 50 hombres, peleando contra 180, en vez de una fuerte
division sacrificada de intento; una astucia del prisionero, que burló
al enemigo, y evitó que le mandasen á las casas-matas de Lima, en vez
de una conspiracion en favor de ese enemigo; y por último, _un canje
por dos coroneles_, en vez de la _fuga_ ó la _soltura jenerosa_. ¿Cual
de los testimonios será mas atendible? ¿Que duda puede quedar de la
falsedad de un papel, así desmentido por quien tendria mas interés en
confirmarle? ¿Quien no vé que el odio de partido al noble gobernador de
Buenos Aires en 1821, fué el oríjen de esa calumnia, de que le defiende
el mas competente y acerbo, de sus enemigos?
La nota dice tambien, pag. 20, que el Congreso de Tucuman "declaró
la independencia solo por captarse la aura popular, _de acuerdo con
el ilustrado ministro español que tenia la embajada en el Brasil_."
Existia, pues, en manos de la España ese gran documento, ese gran
hecho, que alegar, no solo en la América, para desconcertar á los
que continuaban haciéndola la guerra, sino tambien en Europa, ante
las potencias que la amenazaban de reconocer la independencia de las
colonias. Sin embargo, en tanto como se ha escrito en España, y en los
puntos de América ocupados por sus armas, contra los independientes del
Rio de la Plata, no ha aparecido una indicacion siquiera de ese hecho
fundamental, cuya prueba oficial se dice que tenia el Embajador en el
Janeiro. ¿Puede haber explicacion alguna de ese silencio, si no es la
completa falsedad del hecho?
Uno de los méritos mas recomendados en la supuesta nota de la Junta,
es que á los esfuerzos de esta se debió la ocupacion de la Banda
Oriental por las tropas Portuguesas en 1817: se dice expresamente que
tenian _tratados secretos_ con el Rey Juan VI; que los portugueses
eran _sus aliados_ (pag. 26); que _á sus esfuerzos se debia el que
estos tuviesen la provincia oriental_ (p. 25), y esa idea se repite
mil veces, designando siempre á D. Manuel José Garcia como el ajente
de la Sociedad en el Janeiro. Bien, pues: ese mismo D. Manuel Garcia,
fué quien firmó la nota de 4 de Noviembre de 1825, que sirvió de
declaracion de guerra al Brasil, por causa de la Banda Oriental: la
ocasion era la mas propia para echarle en rostro su perfidia; sin
embargo, sucedió todo lo contrario. El _manifiesto_, que con ese
motivo publicó el gobierno imperial, el 10 de diciembre de aquel
mismo año, es un libro de 240 pájinas; de las que 224 están ocupadas
con _documentos_: el objeto del Imperio fué demostrar que él tenia
la provincia oriental, por voluntad de esta, por que sus pueblos le
habian llamado, aclamado y jurado: en ese empeño dió á luz cuanto
documento pudo reunir, de los que la seduccion y la fuerza arrancaron
desde 1817 á los cabildos de los pueblos Orientales: publicó tambien
su correspondencia con el Enviado del gobierno de Buenos Aires, y, sin
embargo, no hay una indicacion sola de esos _tratados secretos_, de esa
negociacion con la Sociedad. Muy léjos de eso; el _manifiesto_ dice
que "es en fin tiempo de descubrir al mundo entero" que el gobierno de
Buenos Aires fué siempre pérfido y "trabajó sin interrupcion en las
tinieblas para comprometer la marcha del Brasil." ¿Y que perfidias,
qué trabajos tenebrosos son esos que el Brasil denuncia? No son otros
que los esfuerzos y los trabajos para impedir que aquel se apoderase
y conservase la Banda Oriental; tan léjos de haber sido para dársela,
y para traer su conquista. Y téngase presente que esas quejas del
_manifiesto_ empiezan desde 1810, "cuando reventó la revolucion de las
provincias españolas del Rio de la Plata, incluso Buenos Aires." Esos
son documentos públicos, de autoridad indisputable; ellos confunden
las calumnias, vulgares en 1817 y años despues, sobre inteligencias
de los gobiernos de Buenos Aires con el Rey Juan VI, y olvidadas
posteriormente, como desmentidas por los sucesos.
Entre los hombres á quienes mas se calumnia en la nota, de haber
servido á las miras de la España, como militar, como diputado, como
director supremo, se cuenta el Jeneral Puigredon. Prescindamos de
que no hay quien ignore en el Rio de la Plata las instigaciones de
ese jefe á sus amigos, aun antes de venir él de España, para que
promoviesen la revolucion contra la metrópoli: hay, fuera de eso, un
hecho de su administracion, un hecho solemne, histórico, que desbarata,
por sí solo, todas las calumnias acumuladas en la supuesta nota:
hablamos de la insurreccion en la Isla de Leon del ejército español,
destinado al Rio de la Plata en 1820. D. Andres Arguibel, ayudado, en
mucha parte, por D. Tomas Lezica, ambos de Buenos Aires, fueron los
que, por instrucciones del gobierno de Puigredon, y de acuerdo con
él, pronunciaron y lograron la insurreccion de aquella expedicion,
cuyo arribo habria puesto en muy grande conflicto la causa de la
independencia. Los servicios que entonces hizo Arguibel hubieron
de conducirle al cadalzo; tuvo que fugar de Cádiz, y refujiarse
en Gibraltar, desde donde continuó sirviendo á su pais. Existen
autógrafas, en nuestro poder, algunas cartas suyas, escritas desde
Gibraltar, despues de aquel suceso, entre las que hay una dirijida á
ese mismo D. Ambrosio Lezica, cuya firma aparece al pié de la supuesta
nota de la junta todas ellas contienen avisos importantes y reservados
sobre los planes de la España contra la América, que le comunicaban
desde Cádiz sus ajentes. Arguibel volvió á Buenos Aires, donde
justificó todos sus servicios en la insurreccion de la expedicion de
Cádiz, para obtener el reembolso dá lo que en ese objeto gastó. Los
archivos de Buenos Aires deben encerrar esos documentos. Esos fueron
los servicios y conspiraciones en favor de España del gobierno del
Directorio: minarle, desde Buenos Aires, sus ejércitos, y sublevarle
una expedicion pronta á dar la vela contra el Rio de la Plata.
No terminariamos este artículo--que ya no cabe en las proporciones de
nuestro Diario--si hubiésemos de continuar desmintiendo, uno á uno,
los hechos que esas notas suponen. Cerraremos esta tarea con uno, que,
aunque insignificante en si mismo, suministra una prueba concluyente de
que esos documentos fueron forjados _despues de la fecha que llevan_.
En la páj. 24 hablan sus supuestos autores de "la necesidad en que se
vén de aplaudir _los triunfos_ del Jeneral San Martin en el Perú, por
no ser descubiertos; y mencionan _las ventajas adquiridas por él en
la actual campaña de Lima_". Pues bien, la noticia _de los primeros
ensayos de los valientes libertadores del Perú_, comunicada al Gobierno
de Buenos Aires, por el Director de Chile, Jeneral O'Higgins, de cuya
nota hemos copiado esas palabras, no llegó á Buenos Aires hasta _el 21
de Diciembre_, dia en que la publicó un estraordinario de la _Gaceta_;
por lo que se ordenaron fiestas públicas en la capital. La nota en que
se dice que se veian forzados á celebrar esos triunfos, es de 6 de
Diciembre, _15 dias antes de que se supiesen en Buenos Aires_!!...
¿Hay dada de que fué forjada despues de su fecha?--Porque no suponemos
que se diga que la nota se refiere á la primer noticia del desembarco
de la espedicion en Pisco, recibida á fin de Noviembre; pues ella no
comunicaba _triunfos_ ningunos _ni ventajas adquiridas en la campaña
sobre Lima_, ni ocasionó fiestas, _ni aplausos públicos_; esto solo
tuvo lugar á la noticia _de los primeros ensayos victoriosos_ recibida,
como hemos dicho, _despues de la fecha de la nota_.
Está cumplida nuestra tarea. Réstanos ahora esforzarnos porque esta
rápida y sencilla defensa de las glorias, y de la moralidad de nuestra
revolucion, circule y se reproduzca en todas partes donde puedan
haber llegado los documentos con que se queria ennegrecerlas: en eso
esperamos ser ayudados por cuantos aman esas glorias y el nombre de su
pais.
_Noviembre 16 de 1846._
APUNTES PARA LA HISTORIA FUTURA DE LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA
ESPAÑOLA.
Dificilmente hay en el Rio de la Plata quien no haya oido alguna vez,
ó leido escrita, la acusacion fulminada, en épocas diversas, contra
algunos de los mas elevados caracteres que iniciaron y dirijieron la
revolucion americana, de que, despues de haberla iniciado y dirijido,
procuraron hacerla traicion, trabajando por traer, en 1815, al infante
de España, D. Francisco de Paula, para coronarle en una seccion de la
América. D. Bernardino Rivadavia y sus amigos políticos han sido el
blanco principal de esa acusacion--una de las mas insidiosas calumnias
que el odio de partido ha levantado, para mejor acreditarla, sobre
una basa de verdad desnaturalizándola indignamente. Muchas veces
hemos deseado oportunidad de desbaratar esa calumnia, poseyendo, como
poseemos, los medios mas completos para hacerlo. El artículo, que hoy
rejistramos, del _Morning Chronicle_ de Lóndres, reproducido por el
_Heraldo_[22] en el centro de la que fué metrópoli de la América, nos
ofrece la mejor oportunidad posible. Lo que antes era un deseo, cuya
satisfaccion podiamos diferir á voluntad nuestra, es ahora un deber
cuyo cumplimiento no admite demora. La especie que dió oríjen á la
calumnia se resucita ahora en Europa, en los momentos precisamente en
que la situacion política del Rio de la Plata está llamando la atencion
de los gabinetes y aun de los pueblos de aquella parte del mundo.
La oportunidad es favorable á la propagacion del error; es preciso
esforzarse por atajar su progreso, propagando la verdad por los medios
que están á nuestro alcance.
[22] El artículo tenia el título que encabeza este escrito. Vease
el _Comercio del Plata_ N. 601. _L. D._
La negociacion--mas bien, el pensamiento de la negociacion con Cárlos
IV, existió realmente, no como dice el escritor del _Chronicle_,
en 1812 ó 1813, sino en 1815. Manejaron ese negocio en Lóndres D.
Manuel de Sarratea, hoy ministro de Rosas en aquella misma corte, D.
Bernardino Rivadavia, representante de la doctrina mas opuesta á la
que Rosas representa; y el jeneral D. Manuel Belgrano, tenido con
indisputable justicia, por todos los partidos, como la perfeccion
ideal del patriotismo mas desinteresado y mas puro.--Basta nombrar
esas tres personas para que desaparezca todo recelo de parcialidad
en nosotros; para que todos vean que no tratamos de defender
individuos, sino de revindicar la moralidad de la revolucion Americana,
cualesquiera que sean los hombres á quienes su conservacion y pureza
estaban encomendadas. La relacion que haremos del negocio reposa en
la coleccion completa de los documentos á él relativos, que existen
en nuestro poder, orijinales, autógrafos, con las firmas de los tres
individuos mencionados.
Antes de empezar esa relacion, debemos decir que la publicada en el
_Chronicle_, y reproducida en el _Heraldo_, es no solo deficiente,
sino de todo punto inexacta. El _emigrado español, hombre de mucho
talento_, cuyo nombre calla el escritor ingles, era el Conde de
Cabarrus, hijo del personaje de ese nombre, conocido entre las
notabilidades literarias de la hermosa época de Cárlos III. El hijo
distaba mucho del padre: era, sin duda, hombre de travesura, pero
estaba léjos de merecer la clasificacion que de él hace el escritor del
_Chronicle_.
Nombra este, como comisionados del gobierno revolucionario de Buenos
Aires, á D. Bernardino Rivadavia y al jeneral Belgrano, callando
absolutamente el nombre de D. Manuel de Sarratea. Esta circunstancia
es tanto mas notable cuanto que este último fué quien inició el
negocio, aun antes que los dos primeros hubiesen llegado á Lóndres; y
no es posible dejar de fijarse en la omision de ese nombre, al pensar
que Sarratea se halla actualmente en aquella metrópoli, y que el
_Chronicle_ es precisamente el papel donde él escribe, en defensa de la
política de Rosas, que allí representa.
Dice el escritor ingles que los diputados se hallaban en Lóndres,
"solicitando ostensiblemente el reconocimiento por la Inglaterra
de la independencia de la República Arjentina". Así se escribe la
Historia. En 1815--y mucho ménos en 1813, que es la fecha citada por
el _Chronicle_--ni estaba declarada la independencia de las Provincias
Unidas, que se declaró en 1816; ni se habia pronunciado el nombre
de _República Arjentina_ en documento ni escrito público ninguno.
¿Como solicitar el reconocimiento de una independencia que no estaba
declarada? Despues diremos el oríjen y fines de la mision de los
diputados.
El _emigrado español_--Cabarrus--dijo al escritor del _Chronicle_ que
el objeto de la suya cerca de Cárlos IV habia sido invitar al Rey á
trasladar su corte á América, residiendo en Méjico. Nada de eso es
cierto. El escritor, ó Cabarrus, confunde con el negocio de que se
trata, el pensamiento, que algunos españoles tuvieron, de hacer pasar
la corte de España al asiento del Imperio de Motezuma: pensamiento muy
anterior á la llegada de los Diputados de Buenos Aires á Europa; y en
el que estos ninguna parte tuvieron directa ni indirecta.
Inexacta es tambien la relacion que hace el _Chronicle_ de los motivos
que frustraron el pensamiento. No fué el miedo de viajar por mar lo
que retrajo á Carlos IV; fueron los sucesos militares y políticos que
cambiaron totalmente la faz del mundo, concluyendo en Waterloo con el
Imperio Francés.
Entremos ya en el asunto.
En 1814, Fernando VII, en cuyo nombre decia obrar el gobierno de las
Provincias Unidas del Rio de la Plata, habia vuelto de su cautiverio
en Bayona, y ocupado nuevamente el trono de España. Los soberanos de
Europa--inclusa la Inglaterra, que, al principio de la revolucion,
se habia mostrado favorable á ella, por motivos y con miras que
no es del caso referir--apoyaban unánimes al rey Fernando en sus
cuestiones con la América, á cuya causa eran hostiles. Lord Strangford,
plenipotenciario británico en el Janeiro, habia ganado el aprecio y aun
la confianza del gobierno de Buenos Aires, por los servicios que le
habia hecho, en desbaratar las intrigas de la princesa Carlota. La toma
de Montevideo, en 1814, sirvió de pretexto al diplomático ingles, para
escribir al Supremo Director Posadas, insinuándole la conveniencia de
enviar diputados al Rey Fernando, para arreglar las desavenencias de la
América con su metrópoli. El Director prometió hacerlo, en nota de 12
de Setiembre de ese año, advirtiendo sin embargo á Strangford que:
"Los pueblos de la Union habian peleado por sus derechos: que ellos no
habian sido los primeros en entrar en la lucha, pero no podian verla
concluir, sin conseguir su libertad."
La vuelta de Fernando al trono quitaba efectivamente _el pretexto_ de
la revolucion, y del establecimiento del gobierno que la representaba.
Era necesario adoptar un partido: el gobierno de Buenos Aires se
resolvió á mandar una mision á Europa: no precisamente á España, sino
á cualquiera de los gabinetes, que, segun el estado en que las cosas
se hallasen en aquella parte del mundo, ofreciese mas probabilidad de
apoyar eficazmente el establecimiento de la independencia, de modo que
la afianzase y terminase la guerra. El espíritu de esa mision aparece
todo entero de las instrucciones, tanto ostensibles como reservadas
que se dieron á los comisionados. Las públicas solo eran referentes
á la España: nada determinado expresaban: se les encargaba presentar
al Rey las quejas de la América contra la opresion y los vicios de
los virreyes; y _oir_ proposiciones, en el concepto de que cualquier
arreglo que se hiciera deberia tener dos bases esenciales: "dejar en
los americanos la garantia de la seguridad de lo que se estipulase;" y
presentar lo pactado al exámen de las provincias "en Asamblea de sus
Representantes." Las instrucciones _reservadas_ decian en su artículo
2.°
"Tendrá muy presente [el Diputado] en el desempeño de la comision, que
las miras del gobierno, sea cual fuere el estado de la España, solo
tienen por objeto la independencia política de este Continente, ó á lo
ménos la libertad civil de estas Provincias."
En 1814 ni estaba, como ya dijimos, declarada la independencia, ni se
habia adoptado, por consiguiente, forma ninguna de gobierno. Estos
paises aparecian todavia, de derecho, como parte de la monarquía
Española: no era posible, por consiguiente, que la mision llevase un
carácter republicano. Por otra parte, la opinion entonces, como otra
vez lo hemos expuesto, estaba todavia dividida: habia muchos hombres,
de intachable patriotismo, que deseaban la Monarquia Constitucional.
El sentimiento era uniforme en cuanto á la independencia: en cuanto
á la forma de Gobierno todavia no. La mision era toda, pues, en el
concepto de asegurar la _independencia de la América_, estableciendo
monarquias constitucionales; con un principe español, si se podia; con
uno ingles, ó de otra casa poderosa, _si la España insistia_, dicen
las instrucciones, _en la dependencia servil de estas provincias_. No
discutimos ahora si ese pensamiento era entonces útil y realizable.
Seria preciso, para eso, trazar un cuadro general de la situacion de la
América y de la Europa en aquellos dias: esa es tarea del historiador.
La nuestra hoy solo es establecer el hecho de que el pensamiento
no tenia sombra _de traicion_ á la causa de la revolucion. Era un
pensamiento honesto, lejítimo, patriótico, aun cuando fuese equivocado.
Tal era la mision que el Director Posadas confió á D. Bernardino
Rivadia adjuntándole el jeneral Belgrano, que fué con él, y D. Manuel
Sarratea, que estaba de antemano en Lóndres.
A la llegada allí de los primeros, en marzo de 1815, Sarratea les dió
conocimiento del plan que tenia entre manos; de esa tan célebre y tan
pérfidamente desfigurada negociacion con Cárlos IV. El pensamiento,
en resúmen, era el siguiente: Los soberanos de la Europa, que se
habian coaligado contra Napoleon, habian desconocido la validez de la
abdicacion y de las renuncias del rey Cárlos, en Aranjuez y en Bayona,
como obra de la coaccion ejercida por el emperador: no podian, sin
inconsecuencia, negarse á reconocer en Cárlos,--refugiado entonces en
Roma con su mujer y con su valido Godoy--el lejítimo soberano de España
y _sus Indias_. Obtengamos, decian los comisionados, una declaracion
espontánea de Cárlos IV, hecha en virtud de su soberania, por la que
separe totalmente la América de la España, constituyéndolas en dos ó
mas monarquias constitucionales, absolutamente independientes, poniéndo
en ellas á sus hijos: comunique el mismo Cárlos esa resolucion á los
soberanos de Europa, y pidales que lo apoyen contra cualquier tentativa
en contra de su hijo Fernando VII. El estado de la Europa; las ideas
de los gabinetes, la presencia de Napoleon que habia vuelto de Elba, y
armaba de nuevo la Francia; todo hacia esperar que Cárlos seria apoyado
por los demas soberanos. Si esto se realiza, añadian los diputados, se
habrá conseguido, de un golpe, la independencia de la América, se habrá
neutralizado la hostilidad contra ella de los gobiernos absolutos de
Europa, se habrá puesto término á la guerra. Lo demas lo arreglarán los
pueblos americanos por si mismos.
Ese era el pensamiento. ¿Habia en él sombra de traicion, mengua
siquiera del mas puro y acendrado patriotismo? Si hay quien diga que
si, deberá probar cual era el dogma político adoptado por la América,
en 1814 y 1815, que fuese vendido ó contrariado por aquel pensamiento.
Sarratea, como hemos dicho, le tenia ya algo adelantado. Cabarrus
era el ajente que habia empleado para ganar á Godoy y á Maria Luisa;
y por estos á Cárlos IV. Este pareció, al principio, prestarse al
pensamiento. Cabarrus, que estaba de vuelta en Lóndres de su primera
entrevista con los Reyes en Roma, fué presentado por Sarratea á
los diputados Rivadavia y Belgrano. Bien considerado el negocio,
resolvieron estos darle curso. En consecuencia, se redactaron varios
documentos, que Cabarrus deberia llevar para proponerlos á la
aprobacion y á la firma de Cárlos IV:--una peticion de los diputados
solicitando la medida; un proyecto de la declaracion del Rey; otro
proyecto de la constitucion de la nueva monarquía; una obligacion de
continuar al Rey Cárlos la pension que su hijo le pasaba, en caso de
que, por este motivo, se la quitase; y otro de pension á Godoy, para
empeñarle en obtener la decision del Rey. La peticion de los diputados,
aislada de todos los demas documentos, separada de la época, y de la
historia de los sucesos, es el instrumento que ha servido para acusar
de traidores á los promotores del pensamiento. El odio de partido llegó
á punto que, en una edicion, que no hemos visto, de ese documento, se
puso únicamente la firma de D. B. Rivadavia, suprimiendo la del jeneral
Belgrano, de cuyo puño y letra poseemos copiada la peticion.
Provisto de esos documentos, salió Cabarrus para Roma en el mes de
Junio de 1815; y llegó á presencia de Cárlos IV casi al mismo tiempo
que la noticia de la batalla de Waterloo, ocurrida el 18 de aquel mes.
Ese suceso cambió totalmente el ánimo del Rey Cárlos: le faltó el apoyo
que contaba hallar, si era preciso, en Napoleon; tuvo miedo de su hijo
Fernando; y cerró decididamente la puerta á toda ulterior negociacion.
Ahí está todo lo que hubo en ese tan decantado negocio. Le presentamos,
por supuesto, en las reducidas dimensiones que nuestro diario permite.
Aun así, nos parece que no habrá persona de buena fé y de cordura, que
vea en ese negocio sombra de traicion, mengua del patriotismo. Cuando
la historia le presente en todas sus relaciones con la época á que
pertenece, no dudamos que aparecerá mas bien como un rasgo de habilidad
de la diplomacia Americana.