Con ese título se ha publicado, hace pocos dias, en esta capital, un

folleto que encierra cuatro documentos, _de cuya autenticidad_, dice

su editor, _no debe dudarse_. Dejamos á un lado el primero, porque,

auténtico ú apócrifo, nada puede interesar á la historia ni al crédito

de la revolucion americana: los que han hojeado un poco los papeles

de 1819 y 1820 saben que nada era mas comun, en aquella época de

anarquía y disolucion social, que esas apasionadas acusaciones de los

hombres y de las provincias, las unas contra las otras; siendo por lo

general, la de Buenos Aires el blanco á que mas tiros se asestaban,

por lo mismo que en ella residian las autoridades nacionales, de las

que todos se quejaban. Cien documentos de esa clase presentariamos sin

dificultad, contrarios los unos á los otros: pero el que en ellos se

propusiese buscar la verdad de los hechos y de sus causas--estudiar la

historia,--se mostraria tan incapaz de escribirla como de comprenderla.

¿Qué importancia histórica pueden tener las acusaciones que hoy dirije

contra el gobierno oriental su enemigo del otro lado del Plata? Pues á

esa misma categoria corresponde el primer documento del folleto.

[21] Los artículos sobre la _Confederacion Arjentina_, y la

refutacion al escrito publicado por el General La Madrid, fueron

reproducidos en folletos, que el Dr. Varela hizo circular

profusamente. _L. D._

No sucede lo mismo respecto de los otros tres: y, á pesar de la fé que

individualmente nos merece el jefe, compatriota nuestro, que los ha

dado luz, no solo dudamos de su autenticidad, sino que la contradecimos

abiertamente; y esperamos que no ha de haber una persona sola que la

admita, despues que haya leido lo que en este artículo diremos.

Desempeñamos, al escribirle, un imprescindible deber de patriotismo;

hijos del Rio de la Plata, con un periódico á nuestra disposicion,

no hallariamos disculpa ante nuestros compatriotas, ni ante nuestra

conciencia propia, si dejásemos correr, sin procurar atajarle, ese

torrente de negra difamacion contra las glorias y las tradiciones de

la revolucion americana, y contra el carácter moral de los pueblos á

que pertenecemos. No son los hombres por esos documentos difamados los

que tratamos de defender; ese cuidado será suyo: hay entre ellos muy

pocos á quienes conozcamos hoy; otros de cuya amistad nos honrábamos

cuando vivian, y cuya memoria veneramos ahora; otros, por fin, que

mandan en la actualidad batallones del dictador Rosas, que son sus

consejeros íntimos, ó sus ajentes en el exterior: todos nos son iguales

en este caso: no son ellos, lo repetimos, es el pais, es la moralidad

de su revolucion de 1810, son las glorias y los principios políticos

y sociales de su guerra de la independencia lo que vemos atacado, lo

que tenemos que defender. Nada queda á nuestros pueblos del Rio de

la Plata, que pueda todavia sostener alzada su frente, en medio del

descrédito á que los condena su estado actual, sino es la moralidad, la

elevacion, el fin político y social del pensamiento de la emancipacion

americana; y los sacrificios y los triunfos con que la conquistaron:

es eso lo único que estos pueblos conservan para probar que no siempre

han sido lo que son hoy, y que tienen capacidad para elevarse á grandes

concepciones y á grandes hechos. Bórrese todo esto de los anales del

Rio de la Plata, ¿y qué nos queda?

Pues todo eso aparece borrado en los documentos que nos ocupan. Los

grandes hechos políticos y militares de la revolucion se presentan

ahí como la obra oscura de la casualidad, sin que el jénio los

preparase ni los ejecutase el valor: Montevideo aparece arrancado á

sus conquistadores, en 1814, contra las intenciones y los deseos del

jefe que le rescató; el asombroso paso de los Andes aparece efectuado

á pesar de los obstáculos que pérfidamente oponian los mismos que

aparecian promoviendo la colosal empresa; y la libertad de todo Chile,

ganada en un solo dia sobre los llanos de Maipú, no se debió segun

esos oprobiosos documentos, sino _á un acceso de locura, á uno de los

accidentes comunes en la guerra_. ¿Qué mas dirian--que mas han dicho,

en realidad--los acérrimos enemigos de la independencia americana,

que en épocas diversas, han escrito para difamarla? Ninguno, á la

verdad, ni el mismo historiador Torrente, empleado por el rey Fernando

con el objeto solo de desfigurar la revolucion, y de denigrar á sus

autores, ha rebajado las glorias de aquella tanto como el papel de que

tratamos, ni ha trazado jamas un cuadro de desórden, de inmoralidad, de

corrupcion profunda, de pérfida traicion, y de desvergonzado cinismo,

en los hombres que dirijian la revolucion, y en las clases elevadas de

la sociedad americana, como el que esos documentos suponen absurdamente

trazado por los mismos personajes del cuadro. Las acusaciones de

nuestros enemigos han podido pasar sin refutacion; su crédito venia

viciado en su propio oríjen; pero ¿como dejar de refutar las que se

publican como confesiones auténticas de los propios criminales?

Vamos, pues, á entrar en esa refutacion; será detenida, porque es

necesario que sea completa. Empezarémos por la historia de los

documentos mismos.

Ellos no son nuevos para nosotros: los conocemos _hace dos años_,

y lo conocen muchas personas en Montevideo y fuera de él, como

adelante diremos. Nunca pudimos, por mucho empeño que antes de ahora

hemos hecho, averiguar, _con entera exactitud_, quien fué el hombre

degradado que se manchó con esa falsificacion indigna; ni la época

precisa en que ese crímen se cometió; ni el objeto directo que se tuvo

en vista al cometerle.--Muchos le suponen obra de un desgraciado que

ya no existe, no sin buenos fundamentos para creerlo. En cuanto á la

época, escasa duda nos queda de que fué por los años 1821, cuando el

partido que se llamó de Sarratea perdió toda esperanza de volver al

gobierno, establecido sólidamente por el Jeneral D. Martin Rodriguez.

Hay quien piensa que el objeto fué el de ganar prosélitos para aquel

partido en la eleccion de diputados á un congreso que se proyectaba;

pero cualquiera que fuese, es evidente que no pudo dejar de ser una

alevosia, una calumnia fraguada contra hombres, á quienes habia

designio de sacrificar en la opinion de los pueblos.

Sin mas investigar lo que no puede averiguarse, el hecho es que

semejantes documentos fueron jeneralmente ignorados hasta despues que

el dictador Rosas ocupó el gobierno de Buenos Aires: no se sabe de

donde los obtuvo; pero consta que, desde 1836, _cuando ménos_, empezó

él á esparcir copias manuscritas, dándolas como enteramente auténticas,

y con aire de grande reserva. Muchas envió á las Provincias

Arjentinas, y á los Estados vecinos; y fué especialmente solícito en

darlas á diversos ajentes extranjeros que residian en Buenos Aires;

de esto último tenemos personal conocimiento, como le tienen de la

existencia de copias en los pueblos arjentinos, en Chile, en Bolivia,

y otros Estados, personas diversas residentes en esta capital. Esos

documentos, que tan equivocadamente se publican ahora como armas contra

el dictador, han sido precisamente en sus manos grandes auxiliares

de sus miras; con ellos trataba él de persuadir, especialmente á los

extranjeros, á que todos los gobiernos anteriores al suyo habian sido

anarquía, confusion, traicion y desórden, y que solo un poder de fierro

podia rejenerar paises tan profundamente desmoralizados, como en esos

documentos se pintan. Ese era el uso que de ellos hacia Rosas; para

eso los derramaba con misterio, guardándose de publicarlos, por que

sabía bien que, como toda intriga destinada á jerminar en la oscuridad,

caeria aniquilada con solo presentarla á la luz. En este sentido,

miramos como una fortuna la publicacion de esos documentos: corrian

sijilosamente evitando una desmentida que destruiria el efecto con que

se circulaban: ahora su publicacion ofrece la oportunidad de quebrantar

ese instrumento de perfidia.

Entremos ya en esa tarea.

El suceso que sirve de oportunidad, ó de motivo, á la falsificacion de

esos documentos--es decir, la llegada á Buenos Aires; en 1820, de una

comision española, que se anunció como encargada de negociar--ocurrió

del modo siguiente: El dia 4 de diciembre de aquel año, se presentó

en la rada de Buenos Aires el bergantin de guerra español _Aquiles_,

teniendo á su bordo á los Sres. D. Manuel Herrera, D. Tomas Comyn, D.

Feliciano del Rio y D. Manuel Martin Mateo; que se decian _Comisionados

Rejios_: el mismo dia 4, dirijieron á la Junta de Representantes

una nota en la que anunciaban que Fernando VII, Rey Constitucional

de las Españas, habia confiado á su celo el encargo de "acelerar la

terminacion de las diferencias existentes entre individuos de una

misma familia, y procurar dejar sólidamente cimentada la concordia

jeneral;" y pedian, para poder desempeñar su comision con la debida

independencia, que la Junta expidiese--

"El mas amplio salvo-conducto revestido de las solemnidades y garantias

necesarias, para que, declarada la inviolabilidad de sus personas,

papeles, y equipajes, y las inmunidades, y demas privilejios, que

prescribe el derecho de jentes en tales casos, se pudiesen considerar

en un todo asegurados bajo del sagrado de la fé pública como legados

del rey constitucional de las Españas, y desembarcar con sus criados, y

equipajes de abordo del bergantin de la armada nacional el _Aquiles_,

al mando del teniente de navio de la misma D. Pedro Hurtado de

Corcuera, y pasar á alojarse, y residir con plena libertad y seguridad

en la ciudad de la Santísima Trinidad de Buenos Aires; durante el

espacio de tiempo, que fuere necesario para tratarse y ser llevado

al cabo este importante negocio; debiéndose especificar precisamente

en dicho salvo-conducto para el inesperado caso de interrumpirse los

tratos entablados, un plazo cómodo, dentro del cual haya de realizar la

comision réjia su embarque, y seguro regreso marítimo, bajo del sagrado

de la fé pública, con bandera parlamentaria, y en los propios términos,

en que se la hubiese librado el salvo-conducto para su residencia en

tierra."

La Junta contestó esa nota de un modo que bastaria, por sí solo, para

desbaratar todo el armazon de calumnia levantado en los documentos que

desmentimos; por mucho que en ellos se diga que aquella respuesta solo

fué calculada para alucinar al pueblo. He aquí su tenor:

"_Contestacion de la muy Honorable Junta de Representantes_.

"Sala de sesiones de la Honorable Junta provincial en Buenos Aires y

diciembre 6 de 1820.

"Nada seria mas grato á esta Honorable Junta para terminar las

diferencias existentes entre esta parte de América y el gobierno

de España, como el otorgar á V. SS. el amplio salvo conducto, que

en su comunicacion del dia 4 del que corre (equivocado noviembre)

solicitan en favor de sus personas, equipages, y criados, no ménos que

del bergantin de la armada el Aquiles, su comandante, oficialidad, y

tripulacion, revestido de las solemnidades, y garantias necesarias,

con la inviolabilidad de sus papeles para pasar á alojarse y residir

con plena libertad, y seguridad en esta ciudad, durante el espacio

de tiempo, que fuese necesario para tratar, y llevar al cabo el

importante negocio de su mision, si lo permitieran los mejores

principios del derecho de gentes, las reglas adoptadas para todos los

pueblos cultos, y la calidad parlamentaria de la mision de V. SS. en

circunstancias de hallarse existente la guerra abierta, que S. M. C.

tiene declarada á esta parte del continente, ocupando y hostilizando

con sus ejércitos la mayor y mejor parte de las provincias altas de

este territorio.--La Junta sin embargo crée un deber suyo alejar la

vista de estos inconvenientes con el objeto de cimentar sólidamente la

concordia, y acelerar la terminacion de diferencias, si la autorizacion

de facultades, con que V. SS. se dicen revestidos por parte del

monarca constitucional, es extensiva á reconocer, antes de toda

negociacion, la preliminar é indispensable base de la independencia,

que esta y las demas provincias en congreso general han establecido

en la acta, cuyo ejemplar certificado se acompaña, y de cuyo sagrado

compromiso ante el Eterno, y ante las naciones del globo, no pueden

separarse un punto sin renunciar á sus mas altos é incontestables

derechos. Espera, pues, la Junta que V. SS. se servirán indicarle

por conducto del gobierno, natural y legitimo en estos actos, si sus

facultades son extensivas á la indicada base, acompañando en tal caso

las credenciales de su mision, para que en vista de uno y otro pueda

resolverse sobre el salvo conducto y su mansion en tierra, con las

amplitudes que la pretenden. Mientras tanto, con el honor de explicar á

V. SS. en contestacion los sentimientos de la Junta, lo tengo tambien

en ofrecerles las distinguidas consideraciones, con que los saludo á

nombre de ella, como su presidente.--_Dr. Estevan Agustin Gazcon_,

vocal secretario.--Señores de la comision régia D. Manuel Herrera, D.

Tomas de Comyn, D. Feliciano del Rio, y D. Manuel Martin de Mateo. Es

copia--_Dr. Gazcon_, secretario."

Esta nota fué remitida á bordo del _Aquiles_, el dia mismo de su

fecha; quedó entregada _á las 8 de la noche_; y los comisionados, sin

dar otro paso ninguno, se hicieron á la vela esa misma noche del 6, y

desaparecieron, para no volver mas, de la rada de Buenos Aires. Aquí

está el parte del oficial encargado de entregar la respuesta de la

Junta.

"OFICIO DEL CAPITAN DEL PUERTO.

"El comandante de la goleta _Fortuna_ destinada á llevar á debido

efecto la incomunicacion del bergantin español, que conducia la

legacion española, con fecha de hoy me dice lo siguiente. 'Tengo el

honor de informar á V. S. que en el dia de ayer á las ocho horas de

la noche le remití el pliego de la Honorable Junta, á la Comision

réjia á bordo del bergantin español _Aquiles_, que condujo el teniente

graduado D. José Maria Pinedo, y quedaron en mandar la contestacion,

si es que la hubiese; pero á las dos y media de la mañana zarpó

las anclas marcando del E. cuarta al S. E. y luego de dos horas de

haberse perdido de vista, creyendo haber concluido mi comision, me

hice á la vela para las balizas interiores, en donde luego de haber

fondeado izé la bandera de guardia. Lo que comunico á V. S. para su

intelijencia.' Y tengo la satisfaccion de transcribirlo á V. E. para su

superior conocimiento.--Dios guarde á V. E. muchos años. Buenos Aires y

Diciembre 7 de 1820.--_José Zapiola_.--Exmo. Sr. Gobernador y Capitan

General Sostituto. Es copia--_Luca_."

Estos documentos, publicados en la _Gaceta_ ministerial de 7 de

diciembre de 1820, establecen los hechos siguientes:--que el _Aquiles_

solo estuvo en Buenos Aires desde el dia 4 en que entró, hasta la noche

del 6 en que desapareció; y que la respuesta oficial de la Junta se

entregó á bordo de ese buque _á las ocho de la noche_ de aquel último

dia.--Oportunamente aplicaremos estos hechos. Volvamos ahora al tenor

de los documentos que impugnamos.

El puede, tal vez, alucinar á los que no tengan nocion alguna de la

lucha de los partidos, en las épocas que los documentos abrazan,

pero no á quien conserve recuerdos de ella, ó á quien haya leido los

periódicos y publicaciones de entonces: toda la supuesta nota de la

Junta á los Comisarios réjios, no es absolutamente otra cosa que una

recapitulacion de todos los cargos, acusaciones, insultos y calumnias,

que los partidarios de D. Manuel de Sarratea dirijian entonces á los

_Congresales_, _Puigredonistas_ y demas que figuran en la nota. Su

autor no ha tenido evidentemente otro trabajo que agarrar los papeles

de las épocas que recorre, é ir zurciendo todas esas acusaciones,

en los mismos términos en que estaban las publicadas, tales como

aparecian, sobre todo, en la célebre y calumniosa _causa de los

Congresales_, impresa en 1820: la única diferencia consiste en que esos

cargos y calumnias eran hechos á los hombres que firman la supuesta

nota por sus enemigos políticos, mientras que en esta aparecen como

confesion propia de los culpables.

Esa circunstancia es la primera que rechaza de plano, para todo hombre

de buen sentido, la autenticidad de ese documento.

Se comprende bien, para mengua de la naturaleza humana, que haya

hombres que cometan los crímenes que en la nota se atribuyen á los que

la firman: pero que los haya, capaces de reunirse, en número de 23,

para extender un documento escrito y firmado, en que _expontáneamente_,

se acusan á si propios de haber ejercido vejaciones odiosas sobre el

vecindario, de haber dilapidado y empleado en fomentar la guerra civil

el dinero que, por esas vejaciones, arrancaban al pueblo; de haber

"arruinado las fortunas particulares" (entre las que naturalmente

irían las suyas envueltas); de haber formado el plan "de exterminar

las provincias," las unas por medio de las otras; de haber hecho "que

los ejércitos de una y otra parte se destrozasen; que las familias

comprometidas abandonasen sus hogares, que se consumiesen los fondos

de toda especie;" de haber dado entrada á los portugueses en la Banda

Oriental, haciendo que se apoderasen, de parte de sus ganados; de

haber tenido "por objeto principal dejar bien excitado el odio y

la animosidad entre los pueblos hermanos;" de estar acostumbrados

por principios _á medidas de sangre_, de tener por sistema celebrar

"alianzas fraudulentas;" de calcular para todo, "con su propia

ignorancia y corrupcion que ellos mismos fomentaban y perpetuaban";

de no haber tenido, en fin, otra ocupacion en 7 años consecutivos,

que la traicion, el fraude, el esterminio de sus conciudadanos, la

permanente conspiracion contra su patria;--que de todo eso se acusasen

expontáneamente, por escrito y bajo su firma; que el Jeneral D.

Martin Rodriguez, á quien todos conocimos tipo de intachable probidad

política, reconociese haber sacrificado de intento una division cuyo

mando se le confió, haciéndola derrotar por los españoles; en fin, que

todos esos hombres se hagan un mérito de esos delitos y abominaciones,

y traten de recomendarse por ellos ante otros hombres estraños,... ¡oh!

eso no lo crée nadie: de eso no hay un ejemplo solo en la historia

harto manchada, de las maldades humanas; eso es necesariamente falso,

porque no puede ser verdadero. Ninguno de esos hombres ha tenido

jamas fama de loco: ¿como creer que no hubiese uno siquiera á quien

ocurriese la idea de que los _comisionados réjios_, á quienes dirijian

ese testimonio de la mas abyecta degradacion moral, habian de mirar

con repugnancia y con horror á entes tan despreciables y corrompidos?

Esa sola reflexion bastaria, aun á presencia de firmas que pareciesen

orijinales, para dudar de su autenticidad; cuando se trata de una

simple copia, basta para afirmar la falsificacion.

Y en efecto, el mismo jeneral La Madrid la asegura positivamente: él

dice que su firma _ha sido subplantada, como lo serán tal vez algunas

otras_; ¿y quien ignora que documento en que hay una firma falsa es

falso en todo su contesto? Si la del jeneral La Madrid _ha_ _sido

subplantada_, ¿porque no lo habrán sido del mismo modo todas las demas?

El que falsificó positivamente una, _y tal vez algunas otras_, ¿porque

no habrá falsificado todas? La aseveracion del jeneral La Madrid

respecto de su firma, destruye perentoriamente la que él mismo hace de

la autenticidad del documento: son dos ideas que se repelen, tanto en

jurisprudencia como en simple buen sentido. La misma desmentida que

hace el jeneral La Madrid hacen tambien el jeneral Alvarez y D. Braulio

Costa, que se hallan en Montevideo; el primero de estos afirma que, á

la fecha del documento, no se hallaba siquiera en Buenos Aires, sino en

San Nicolas de los Arroyos: tenemos, pues, tres firmas reconocidamente

falsas: ¿quien abona la verdad de todas las otras? Sigamos examinando.

Suponiendo que los que aparecen en la nota hubiesen tenido toda la

degradacion necesaria para firmarla, natural era que no confiasen

documento tan grave, sino á personas en quienes tuviesen previa y

completa confianza. Sinembargo, de la propia respuesta que se supone

dada por los _Comisarios réjios_, resulta espresamente probado que no

existia entre ellos y los que firman la nota, la mínima intelijencia:

algo mas: en esa respuesta se hace decir á los _comisarios_, que la

misma desdeñosa repulsa que hacen de la traicion de la _sociedad

secreta_ la habian hecho de antemano á algunos miembros de ella: "Así

lo dijimos en el Janeiro" está escrito en la páj. 46 del folleto, "al

Sr. D. Manuel José Garcia, luego que nos hizo _las primeras_ aperturas

de estos negocios en aquella corte; así lo manifestamos en Montevideo

al Sr. D. Juan Martin Puigredon, y al Sr. D. Antonio Saenz con igual

motivo; y tenemos el honor de repetirlo hoy á V. SS. en contestacion

á su nota muy reservada." Existiendo esos antecedentes, ¿habria la

Junta insistido en poner ese documento en manos de los que ya habian

rechazado sus ofertas? No queda el arbitrio de decir que ignoraban

esta repulsa; pues que la supuesta nota de la Junta, dice espresamente

[páj. 40.] que la tenian preparada luego que se supo que iba la mision;

y es natural que los ajentes en Montevideo, si no el de Janeiro, les

hubiesen prevenido la repulsa de los _Comisarios réjios_. Es tan

repugnante al buen sentido la idea de que los culpables confiasen su

propio proceso de infamia y de muerte á hombres con quienes mediaban

esos antecedentes, que todos admitirán esa circunstancia como una nueva

prueba de la falsedad del documento.

No es ménos clara la que resulta, comparando la hora en que los

comisarios recibieron á bordo la nota de la Junta, con la en que se

supone que la contestaron. Al empezar esa nota reservada, se dice que

la respuesta pública iba _inclusa en el mismo pliego_: por el parte

del Capitan del Puerto arriba inserto aparece que ese pliego fué

entregado en el bergantin _Aquiles_ á las 8 de la noche del dia 6; y

la supuesta contestacion tiene fecha del mismo dia, _á las 9 de la

noche_: una sola hora medió, pues, entre el recibo y la contestacion

de la nota: ese tiempo apénas bastaba para la lectura seguida y rápida

de un documento que tiene 26 páginas impresas: pero los Comisarios

aparecen, á mas, diciendo que D. Felix Alzaga, enviado por la Junta

para darle mas informes "ha tenido la bondad de acompañarlos en su

lectura, haciéndoles sobre todo los detalles y explicaciones que

juzgó necesarios;" y por último la respuesta de aquellos tiene cinco

pájinas de impresion. ¿Puede admitirse que, en una hora de tiempo,

los _Comisarios_ leyeron las notas de la Junta, oyeron _los detalles

y explicaciones del Sr. Alzaga_, escribieron el borrador de su larga

respuesta, y le copiaron en limpio para remitirla?

Esperamos que no se nos dirá que solo presentamos pruebas negativas:

desde luego, es una negativa lo que con ellas tratamos de probar; y,

despues de eso, pruebas de esa clase hay, tan irresistibles como las

positivas. Continuemos manifestándolas.

Pocos habrá entre nosotros, que no conozcan la _Historia de la

revolucion hispano-americana, por D. Mariano Torrente_: para

escribirla, por órdenes especiales de Fernando 7.°, se abrieron al

autor todos los archivos que contenian documentos sobre los sucesos

que debia tratar: no hay hecho ninguno militar, político, diplomático,

y aun puramente administrativo, en conexion con la revolucion

americana, de que no muestre el escritor español conocimiento perfecto

y oficial, aun que los desfigura y refiere conforme á su propósito. En

esos archivos debieran naturalmente hallarse los muchos documentos,

que, segun la nota de la Junta, probaban sus servicios al monarca:

ella dice, pag. 21, que el Gabinete español _sabía bien_ el plan y los

tratados secretos que tenian con el Brasil, _porque se les transmitió

desde el principio_; y habla con repeticion de los informes que sus

ajentes remitian á la Corte, y al embajador español en el Janeiro: algo

de eso debiera haber llegado á conocimiento del historiador Torrente;

y nada habria podido servir mejor al objeto único de su libro, que era

difamar la revolucion y sus autores. Pues bien, Torrente no encierra

una palabra, una indicacion siquiera, de que existiesen jamas los

planos ni las intelijencias que la nota supone: muy al contrario, en

su tonto empeño de persuadir que la América suspiraba todavia por la

antigua metrópoli, dice precisamente que los únicos de quienes nada

habria que esperar serian _los Buenos-aireños_, á quienes ataca como

los mas rebeldes, mas tenaces y _demagogos_.

Pero eso es poco; ese mismo historiador desmiente perentoriamente mas

de uno de los hechos referidos en la supuesta nota. Era, en efecto, de

estrañar que, en medio de la desmoralizacion social, de la arraigada

corrupcion que aquella probaria, si fuese cierta; no se hubiese dado,

hasta su fecha, un solo ejemplo de traicion en un jefe militar, que

se hubiese pasado al enemigo: la nota para llenar ese vacio, cita al

jeneral Rodriguez cuando era sarjento mayor, á las órdenes del jeneral

Rondeau. Pongamos en parangon lo que á ese respecto dice la nota y lo

que Torrente dice: Segun la primera, D. Martin Rodriguez:

Escritos políticos, económicos y literarios · 第 15 / 18 段