Ahí están los hechos; su gravedad se comprende fácilmente. Es una

cuestion que afecta los intereses materiales de todas las provincias

Arjentinas; Entre Rios al frente de ellas, por la situacion que ocupa

sobre el Paraná. La posicion del gobernador Urquiza nunca ha sido mas

séria; sus resoluciones jamas han tenido alcance mayor que la que hoy

adopte. Ya no es solo el Entre Rios: son todas las demas provincias

las que se interesan, lo mismo que él, en la continuacion de un

comercio lejítimo y provechoso. Todo el interés público, toda la razon,

todo el derecho, están de parte de Urquiza. Es natural suponer que de

su parte estaria tambien el apoyo material de todos los interesados en

los bienes que Rosas quiere quitarles.

La astucia de Rosas se manifiesta en sus actuales exijencias respecto

de Urquiza. Si consigue hoy intimidarle por segunda vez y reducirle

á cerrar sus puertos y el Rio Paraná, las demas provincias han de

echar las culpas á Urquiza, no á Rosas; han de decir, y con razon, que

Urquiza tenia en sus manos el conservar sus puertos abiertos, porque

tenia el derecho y el poder; de tal manera que si él hubiese querido,

el comercio habria continuado por el Paraná. Urquiza solo cargaria con

lo odioso de la medida; y Rosas recojeria solo las ventajas. Así son

siempre los medios de ese insigne conspirador contra la prosperidad

de los pueblos, de cuya sangre y de cuyas fortunas se sirve para sus

planes.

Ya este artículo tiene mas estension de la que queremos darle. Mañana

tratarémos de las ventajas prácticas que los pueblos arjentinos sacan

del comercio lejítimo que Rosas pretende quitarles.

_Agosto 26 de 1847._

* * * * *

Aunque la creencia mas jeneral en Buenos Aires el dia 22--hasta cuya

fecha se recibieron cartas ayer--era que Rosas cerraria desde luego

sus puertos, otros hay que expresan el convencimiento de que no lo

hará hasta saber la resolucion del gobernador Urquiza respecto del

_ultimatum_ á que nos referimos ayer. Esperando á que los hechos se

manifiesten, diremos algo sobre la importancia material de esa cuestion

para las Provincias Arjentinas, especialmente para la de Entre Rios.

Bloqueados, como están, los puertos de Buenos Aires, los jéneros

y artículos de importacion extranjera tienen necesariamente allí,

precios mas altos que en Montevideo; tanto por su escasez comparativa,

cuanto por el aumento de fletes y gastos, que ocasiona siempre el

riesgo, en las operaciones clandestinas. Esos efectos, ademas, pagan

en Buenos Aires un derecho de introduccion, que, atendida la clase de

artículos que se lleva jeneralmente á las Provincias, y la reduccion

de una tercera parte de derechos, que hace Rosas á las introducciones

que quebrantan el bloqueo, puede calcularse, término medio, en 18%.

Los gastos de lanchas y carretillas para desembarcar en Buenos Aires

son, como se sabe, considerablemente mayores que en Montevideo;

y, por último, para remitir á las Provincias efectos comprados en

Buenos Aires, es preciso pagar fletes de tropas de carretas, que,

desde aquella capital hasta el Rosario en Santa Fé, no baja de 30

duros por cada carreta de 150 arrobas de carga. Comprando los efectos

en Montevideo, ó transbordándolos en su puerto, para llevarlos

derechamente por agua al Rosario, los concurrentes de las provincias

ahorran, pues, en sus espediciones:--

1.° El 18% de derechos de introduccion que pagarían en Buenos Aires:

2.° La diferencia de gastos de lanchas y carretillas de desembarco en

aquel puerto:

3.° Los crecidos fletes de las carretas desde Buenos Aires hasta Santa

Fé.

Esos gastos, sin contar otros muchos, á que dá oríjen la grande falta

de brazos que se siente hoy en Buenos Aires, produce una diferencia,

que, calculada por bajo, no puede ser ménos de 28%, en favor de las

expediciones directas de Montevideo. Las provincias litorales, cuyos

puertos no están bloqueados, y las demas provincias, que pueden

comunicar con esos puertos, tienen, pues, un interés grande en hacer

directamente por ellos un comercio que les ahorra nada ménos que 28 por

ciento en los costos. A mas del interés, tienen _el derecho_ de hacer

ese comercio. Ningun tratado obliga á ninguna Provincia Arjentina á ir

á proveerse en Buenos Aires mas bien que en los puertos de Santa Fé

ó de Entre Rios: y estos últimos, lo mismo que Corrientes, tienen el

mismo derecho que Buenos Aires, estipulado en tratados, para comerciar

con los puertos del Estado Oriental, y lo han hecho constantemente.

Ninguna de aquellas provincias, por consiguiente, quebranta pacto

ninguno, ni ataca ningun derecho de Buenos Aires, haciendo ese

comercio. Por eso decimos que les es tan ventajoso como lejítimo. Rosas

no tiene el menor derecho para impedirlo.

Por lo que hace al Entre Rios, sus ventajas son infinitamente mayores

que las de otra ninguna Provincia: porque no solamente puede aprovechar

del comercio necesario á su consumo, sino tambien del de tránsito

para Corrientes, Misiones, Paraguay, y acaso para los pueblos de la

márjen derecha del Paraná. La importancia que tiene para Entre Rios el

comercio, á que Rosas quiere que renuncie, puede comprenderse por las

tablas de las exportaciones de aquella Provincia para el solo puerto

de Montevideo, en los últimos doce meses. Esas tablas, segun nuestros

rejistros, cuya exactitud es ya jeneralmente reconocida, dán los

siguientes resultados:

En los seis últimos meses de 1846, desde 1.° de Julio á 31 de

Diciembre, se importaron en Montevideo de los puertos de Entre Rios

99,979 cueros vacunos secos, y 15,303 dichos salados.

En los seis primeros meses de este año, las importaciones aquí del

Entre Rios han sido como sigue:--

_Cueros sec._ _Id. salados._ _Cerda._

Enero 22,529 382 867 ar.

Febrero 19,879 1,731 1,774 "

Marzo 14,509 4,337 511 "

Abril 21,597 3,466 462 "

Mayo 21,371 1,639 1,656 "

Junio 6,413 918 360 "

Julio 26,747 3,231 708 "

--------- -------- ----------

133,045 15,704 6,238 ar.

Resulta, pues, que el Entre Rios ha exportado, en los últimos doce

meses, 233,024 cueros secos, 31,007 salados y 6,238 arrobas de cerda, á

mas de lana y otros artículos. El precio medio de los cueros secos de

esa procedencia en el periodo expresado ha sido de 20 reales uno; el

de los salados 17-1/2 reales; y el del quintal de cerda 15 ps. De ahí

resulta:

Cueros vacunos secos, valor $ 582,560

Id. id. salados " $ 67,827 6-1/2

Cerda $ 23,392 4

---------------

Total 673,780 2-1/2

En ese total no va incluido, como se vé, el valor de la lana, grasa,

sebo ni otros artículos que el Entre Rios ha exportado para Montevideo.

El valor de las importaciones en aquella provincia ha sido, no solo

igual al de sus exportaciones, sino algo mayor, segun datos exactos que

poseemos.

Ese hermoso movimiento mercantil en una provincia que acaba apénas

de retirarse de hecho de una guerra en que nada ganaba, esplica bien

las disposiciones y tendencias pacíficas del pueblo Entrerriano. Esos

son los resultados de la paz y de la libertad del comercio: se han

levantado saladeros, graserias, y otros establecimientos importantes,

que representan grandes capitales, que dán buena ganancia á los

hacendados, y proporcionan salario á la poblacion trabajadora.

Y he ahí porque se crée jeneralmente que el gobernador dá Entre Rios se

negará á privar él mismo á su Provincia, solo porque Rosas lo quiere,

de una situacion tan ventajosa y tan próspera.--Porque, en efecto; ¿qué

habria hecho el Entre Rios de todos esos frutos que ha exportado, si

hubiese cerrado sus puertos, ó dado márjen á que se los bloqueasen? ¿A

donde los habria enviado? ¿Qué utilidades habrian dado los capitales

empleados en sus estancias, saladeros y graserias? Esas utilidades,

lo mismo que el movimiento mercantil, han de ser naturalmente,

en adelante, mayores de lo que han sido; porque los nuevos

establecimientos de saladeros y demas han vencido ya las dificultades

que impiden al principio sacar de ellos todas las utilidades que

despues dán. ¿Por qué, pues, se privaria el Entre Rios del fruto de

sus capitales y de su trabajo, ahora precisamente que mas deberia

producirle? ¿Qué le dá Rosas en cambio de ese inmenso sacrificio? Por

eso hemos dicho otras veces, que solo el hecho consumado nos hará

creer que el Gobernador Urquiza se pliegue á las exijencias egoistas y

ruinosas, que hoy tiene el Dictador respecto del Entre Rios.

_Agosto 27 de 1847._

IX.

Prometimos examinar los artículos de la _Gaceta de Rosas_ relativos

á la importante cuestion de los puertos, y del comercio directo de

las provincias arjentinas con Montevideo: vamos á cumplirlo. No

se inquieten por eso los timoratos que recelan que esta discusion

precipite al dictador á cerrar _ab irato_ los puertos de su provincia.

Rosas no es hombre que espone así el éxito de sus medidas. La solucion

de todas las cuestiones se reduce para él á su conveniencia y á su

poder. Si no ha tomado ya la medida que nos ocupa, es únicamente porque

no le conviene, ó por que no puede. Si la toma en adelante, será

porque halle conveniencia en hacerlo, ó porque haya logrado vencer las

dificultades que hasta ahora, ha encontrado. Eso, que es conforme con

todo el sistema y la vida pública de Rosas, es tambien lo que revelan

claramente los artículos de la _Gaceta_.

Lo primero que de ellos se deduce es la perfecta exactitud con que

se ha dicho que la medida, por lo que hace á los puertos de Buenos

Aires, depende de lo que resuelvan las provincias, especialmente el

Entre Rios. No solo no niega eso la _Gaceta_, sino que sus artículos

son escritos en ese preciso concepto. El papel de Rosas se esfuerza

por convencer, no á nosotros, no á Buenos Aires, no al extranjero,

sino _á las Provincias Arjentinas_, de la conveniencia y necesidad de

que cierren sus puertos, y se priven de su comercio con Montevideo. A

las Provincias únicamente se dirije él; á ellas tambien necesitamos

dirijirnos nosotros. Mucho nos alegramos de que, al lado de sus

artículos, haya publicado la _Gaceta_ los nuestros: de ese modo, los

pueblos Arjentinos podrán juzgar, con conocimiento de causa, quien

defiende sus intereses verdaderos y permanentes, quien los ataca y

pretende sacrificarlos á miras del momento.

Rosas se esfuerza por sacar la cuestion del terreno en que nosotros

nos esforzamos por conservarla. Nosotros la presentamos como cuestion

de comercio, de industria, de riqueza jeneral en las Provincias; Rosas

quiere que estas no miren sino su cuestion con Montevideo y con la

Francia y la Inglaterra; una cuestion, que él llama de independencia y

de libertad, cuando no es mas que de ambicion personal de Rosas y de

Oribe. Nosotros sostenemos hoy los principios de libertad de comercio

para las Provincias Arjentinas, que empezamos á sostener aun antes de

fundado nuestro periódico, y que esperamos continuar defendiendo, ahora

como despues de la paz; aquí como en cualquier parte donde podamos

ocuparnos en discutir intereses de nuestro pais. Para nosotros, no

es esta una cuestion transitoria ó del momento; es la cuestion de la

política comercial permanente, que conviene adoptar á las Provincias

Arjentinas, para que su union sea realmente indisoluble, y su

prosperidad tenga basas fijas en que reposar. Rosas, por el contrario,

quiere que las Provincias no miren para adelante, quiere que consideren

la cuestion de su comercio con relacion únicamente á las necesidades

que la ambicion personal del dictador tiene en este momento. Cree

neciamente que la interrupcion del comercio facilitaria á Oribe la toma

de Montevideo; y quiere que las Provincias se olviden de sus propios

intereses, que arruinen sus estancias, que tengan vacios sus almacenes,

que su poblacion trabajadora sufra necesidades y miseria, no por

haragana, sino por falta de trabajo y de salario; y todo eso sin mas

motivo que la tonta esperanza de que Oribe tome pronto á Montevideo.

Mirando la cuestion de modo tan distinto, natural es que sean

tambien distintos los medios de sostenerla. Nosotros presentamos á

las Provincias hechos comerciales, cuentas claras y probadas de la

importancia de su comercio. Rosas las grita, _os quieren conquistar_,

os quieren _convertir en colonias_. Nosotros llamamos la atencion de

aquellos pueblos á las ventajas del comercio directo; les mostramos

cuanto tiene de mas barato, de mas pronto y de mas seguro; Rosas solo

responde, quieren dividir las Provincias, quieren destruirlas y causar

una dislocacion jeneral. Pero ese es un embuste tan mal zurcido, que

á nadie puede alucinar, es un resorte gastado, un medio vulgarísimo,

á que ocurren todos los usurpadores ambiciosos. Rosas quiere ser

árbitro absoluto de la suerte de las provincias: sus papeles, sus

diputados, sus documentos, prueban claramente esa intencion. El Dr.

Lahitte, el jeneral Guido, el Dr. Torres, le llaman _Jefe Supremo de

la República_: Arana acepta ese título usurpado, en nombre de Rosas,

en la respuesta oficial que dá al Dr. Lahitte. En su empeño de usurpar

el mando supremo de la República, Rosas llama _anarquía_ cualquier

uso lejítimo que las provincias quieran hacer de sus derechos;

llama _desórden_ cualquier paso que manifieste resistencia de parte

de aquellos pueblos á someterse á sus mandatos y caprichos. ¿Qué

_anarquía_, qué _desórden_, qué _dislocacion_, puede haber en que cada

provincia haga su comercio con las otras, ó con Estados limitrofes,

_dentro del Rio de la Plata_, del modo mas cómodo, mas barato y mas

pronto, sin quebrantar tratado, ni obligacion alguna recíproca? Y por

lo que hace á la _conquista_, á la _dependencia colonial_, mentidas y

ridículas fantasmas con que Rosas trata de asustar á las provincias,

los últimos sucesos han puesto en claro la insolencia de semejante

embuste. El dictador acusa á la Francia y la Inglaterra de proyectos

de conquista, precisamente en los momentos en que esos dos poderes

han venido á rogarle la paz, en que ambos han mostrado que no quieren

emplear medios de fuerza contra el pais, en que Lord Howden, en vez

de ocurrir á medios de conquista, ordena que se retiren las fuerzas

inglesas. ¿Cree Rosas que las provincias no han de ver en estos hechos

una prueba patente de que no existen semejantes planes de conquista,

de dependencia colonial? y por lo que hace á nosotros, si nuestras

miras fuesen las que el indigno calumniador supone, ¿nos esforzariamos

acaso en indicar á las provincias los medios de hacerse fuertes y

respetables para el extranjero? Ningun Estado pobre, sin comercio, sin

rentas, sin ocupacion para sus habitantes, puede jamas ser poderoso ni

tener medios de resistir la conquista, ó los ataques de la ambicion

extranjera. Cuanto mas rico es un pueblo, cuanto mas estenso su

comercio, cuanto mas comodidad gozan sus habitantes, mas fuerte, mas

invencible es, contra la invasion del extranjero; porque es ley de

la humanidad el amar y defender con vigor todo aquello que nos hace

felices; y porque los medios de cumplir esa ley están en proporcion de

la riqueza jeneral. ¿De qué viene--pregunten las provincias á Rosas--de

qué viene ese poder colosal de los Estados Unidos, levantado apénas en

cincuenta años? Viene esclusivamente de la paz, de la absoluta libertad

de comercio entre los diversos Estados, y de cada uno de estos con

el extranjero. Rosas dice á las provincias que son _Confederadas_;

ellas quieren usar del derecho de tales, comerciando, cuando sus

puertos no están bloqueados, con un Estado vecino; y Rosas entonces

pretende que no pueden hacerlo, "porque él solo, en sus altas vistas,

y por una sabia apreciacion, _que á él pertenece esclusivamente_,

de la situacion actual y de sus circunstancias," tiene el derecho

de permitirles ó de negarles la facultad de comerciar. El dictador

quiere fundar usurpacion tan atrevida en que él es el encargado de los

negocios de paz y de guerra. Pero eso es para cuando el pais se halle

empeñado en una guerra _nacional_, no en una guerra, como la presente,

en la que ningun interés nacional se ventila, á la que, de hecho no

concurren con hombres, ni con dinero, ni con nada, la mayor parte de

las provincias arjentinas; mientras que otras combaten abiertamente

con las armas á ese mismo poder que pretende representar, en esta

guerra la nacionalidad arjentina. Guerra semejante no es nacional, ni

de hecho, ni de derecho: no tiene ninguno de los caracteres de tal: es

una guerra que hace Rosas, apoyado por una parte de las provincias

arjentinas, contra otra parte de ellas, y contra su vecino el Estado

Oriental; guerra promovida esclusivamente por motivos de ambicion

personal de Rosas y de Oribe, cuya alianza inicua la sostiene; guerra

en que ese Oribe, sin dejar de decirse presidente del Estado Oriental

del Uruguay, se ha ido mandando ejércitos de Rosas contra esas mismas

provincias arjentinas, que ahora se pretende que hacen causa nacional.

Preguntamos si una guerra en que concurren todas esas circunstancias,

puede llamarse jamas guerra nacional de la República Arjentina? No, mil

veces no; no lo es, las provincias lo saben bien, y por eso _ninguna de

ellas_ desde que Urquiza se retiró del Estado Oriental y de Corrientes,

concurre con sus soldados, ni con su dinero á sostenerla. No planteamos

una teoría: anunciamos un hecho, muchos hechos, que están á la vista de

todos.

Pues bien; en una guerra semejante, no solo no es verdad que Rosas á

fuer de Encargado de las Relaciones Esteriores, tenga derecho para

imponer á todas las provincias la obligacion de sacrificarse por

defender sus pretensiones personales, sino que cada una de ellas está

en absoluta y entera libertad de seguir el camino que la acomode.

Ni es esto una novedad: así lo han hecho antes, y Rosas ha callado:

¿porqué no lo seguirán haciendo ahora? Cuando subió, en 1845, el

convoy que dió lugar al combate de Obligado, las fuerzas navales

combinadas sufrieron hostilidades incesantes de la márjen derecha del

Paraná; mientras de la izquierda, de toda la provincia de Entre Rios,

no se les disparó un solo tiro, en su ida, durante su permanencia, ni

en su vuelta. Los interventores, por su parte, tampoco hostilizaron

al Entre Rios, ni bloquearon sus puertos. Es, pues, evidente que esa

provincia arjentina,--provincia que no se separó nunca de Rosas, y

que en ese mismo tiempo invadia la provincia de Corrientes por cuenta

del dictador--no se consideraba empeñada con la Francia ni con la

Inglaterra en la querella personal de Rosas. Ese hecho notable no

pertenece á los enemigos del dictador; no puede él decir que es una

intriga de los unitarios; no, es un hecho del gobernador Urquiza, del

jefe que mandaba entonces, y manda hoy, el _ejército de operaciones_

de Rosas. Pues bien: Rosas entonces nada dijo: no pretendio, no

indicó siquiera, que Urquiza debia hostilizar á los interventores,

esponiéndose á las hostilidades de estos, y á ver bloqueados sus

puertos. Y si entonces no tuvo derecho para pretenderlo, ¿de donde le

naceria ahora? No: no lo tiene.

En otro número continuaremos demostrándolo.

_Octubre 6 de 1847._

X.

No sabemos si acertamos siempre á desenvolver cumplidamente nuestros

pensamientos; pero estamos bien seguros de que jamas empleamos, para

combatir la dictadura de Rosas, teoría ni doctrina alguna, que no

consideremos de utilidad permanente para nuestro pais, ó para el Rio de

la Plata en jeneral; y que no estuviésemos, por lo mismo, dispuestos

á sostener en tiempos tranquilos y normales, como medios de progreso

y de mejora social. Así, cuando hemos sostenido que las provincias

Arjentinas tienen pleno derecho para rehusar á Rosas su apoyo y su

cooperacion en las guerras que hoy sostiene, de nada estamos mas léjos

que de asentar la teoría desorganizadora, que los papeles del Dictador

nos atribuyen; en nada pensamos ménos que en dividir las provincias,

en desmembrar la nacionalidad arjentina, representacion en América de

tantas glorias militares, civiles y administrativa. No, nada de eso

pretendemos, nada podriamos desear ménos. Decimos á las provincias, "no

ayudeis á Rosas en la guerra _presente_, porque la guerra presente no

es, como demostramos el mártes, una guerra nacional:" las hemos dicho:

"no sigais á Rosas en la guerra á que está provocando al Brasil,"

porque esa guerra, _que no existe todavia_, es injusta, es impolítica,

no tiene objeto de honor, de interés, ni de gloria nacional; y porque,

rehusando las Provincias su cooperacion, forzarán á Rosas á arreglar

por medios pacíficos, y de recíproca justicia, las desavenencias que él

ha suscitado con el Imperio; evitarán así una guerra; que acabaria de

arruinarlas, y llenarán la mas grande, la mas universal necesidad de la

época--la paz.

Eso, que hemos dicho hasta hoy, continuaríamos diciéndolo cuantas

veces se repitiese la misma situacion. Por lo que hace á la guerra no

declarada todavia, es deber de patriotismo esforzarse por evitarla,

cuando puede hacerse sin quiebra del honor ni de los intereses

nacionales. Y en cuanto á la guerra que hoy existe, el hecho de no ser

_nacional_ es superior á toda duda, á toda controversia de partido.

Sin hablar de la mitad de la poblacion arjentina, que vaga emigrada

fuera de su pais, tenemos la provincia de Corrientes protestando, con

las armas en la mano, hace ocho años, contra la guerra en que Rosas

se halla empeñado; tenemos la casi totalidad de las demas provincias

inactivas y tranquilas en esa guerra; tenemos el hecho decisivo de

la provincia de Entre Rios, que durante la campaña de las fuerzas

anglo-francesas en el Paraná, en 1845 y 1846, no las hizo, ni recibió

de ellas, la mínima hostilidad. Todos esos hechos, que arte ninguna

puede desfigurar, dán á la guerra presente el verdadero y peculiar

carácter que siempre la hemos atribuido;--una guerra de una fraccion

de la República Arjentina, encabezada por Rosas, poder enteramente

anómalo, con objetos y para fines personales; pero rechazada

abiertamente por una parte de las Provincias Arjentinas, y mirada por

las otras con indiferencia é inaccion, que constituye, de hecho, la mas

perfecta neutralidad.

Así deslindado su carácter, continuemos el exámen de los artículos de

la _Gaceta_ relativo al comercio directo de las provincias Arjentinas

con Montevideo. La paciencia--mas bien la sumision--con que ellas

han tolerado las usurpaciones progresivas de Rosas, ha aumentado

á un punto realmente estravagante la insolencia del dictador. No

se contenta ya con pretender que las provincias no pueden hacer el

comercio directo, porque, estando en guerra, deben ayudarle: _aun en

tiempo de paz_, quiere Rosas privar á esas provincias del derecho de

comerciar directamente con Montevideo. Esto no podria creerse, si no se

viese escrito en la _Gaceta_ misma del dictador. He aquí sus palabras

literales, en el número de 24 de Setiembre.

"Varela confunde el estado normal de paz con el de guerra, y _en

ambos casos_ desconoce que por los tratados fundamentales entre las

Provincias de la Confederacion así como por los principios generales de

derecho público _es ilegítimo el comercio directo con Montevideo, que

él titula legal y regular_.

"_En tiempo de paz_, el comercio exterior de las Provincias de la

Confederacion no puede efectuarse, sino por los puertos habilitados

para ese comercio como sucede en todas las naciones, y entre las

Repúblicas que están organizadas bajo el sistema de una Confederacion.

En el caso presente no solo se ha instituido así por las leyes y

pactos fundamentales de las Provincias de la Confederacion, sino que

es tambien evidente que la Provincia de Buenos Aires integrante de la

Nacion Arjentina, _es dueña exclusiva de la boca del Rio de la Plata,

que es la llave de toda la navegacion de las demas Provincias_."

Escritos políticos, económicos y literarios · 第 10 / 18 段