Esa posicion, los sentimientos y disposiciones que ella engendra en las

provincias litorales, son tan evidentes, que argumento ninguno puede

ponerlas en duda. Haber desconocido Buenos Aires esos intereses y esos

sentimientos, ha sido en todos tiempos, una de las primeras causas de

desavenencia y rompimiento de parte de las provincias. Casi siempre

han justificado ellas sus procedimientos alegando el domino exclusivo

que Buenos Aires pretendia en las aguas de la República, y la no

participacion de las otras provincias en las ventajas pecuniarias que

de esas aguas sacaba la Capital.

Rosas, que se proclama fundador de la _Confederacion Arjentina_, es

entre todos los gobiernos de Buenos Aires, el que mas tirantez y

obstinacion ha mostrado en negar á las provincias _confederadas_, que

ocupan las márgenes del Paraná, toda participacion en las ventajas que

Buenos Aires deriva del comercio directo con el extrangero. Aplicando

la lejislacion y los arreglos hechos para la navegacion de rios

que, como el Escalda, corren por territorios _de naciones diversas

é independientes_, á la de un rio que solo baña _provincias de una

misma nacion_ niega á las que llama sus hermanas, á las que tienen

derechos perfectamente iguales á él, lo que aquella legislacion niega

á las naciones extrangeras. Arrogándose el derecho de someter esas

provincias á su sistema, basta que una se separe de él, como sucede

Hoy en Corrientes, para que el Dictador cierre de un golpe el Paraná,

y aniquile en todas las otras aun el mezquino comercio de tránsito que

permite á los que le obedecen.

El solo es, pues, quien cierra los rios al extranjero, contra la

voluntad, contra los intereses mas esenciales de las demas provincias.

Estas tienen, para abrirlos, el mismo derecho que tiene él para

cerrarlos. No es verdad, por consiguiente, que _la Nacion Arjentina_

rehuse al extranjero la entrada al Paraná; Corrientes, provincia tan

Arjentina como Buenos Aires, tiene abiertos sus puertos á todos los

pabellones, por expresas leyes de su legislatura, hace mas de cinco

años; Santa Fé y Entre Rios, los admitieron igualmente en el tiempo en

que se vieron emancipados del poder de Rosas; y los admitirian Hoy,

como el principio de su prosperidad y engrandecimiento.

Sin negar, pues, el principio jeneral de que los extranjeros no tienen

derecho á navegar el Paraná contra la voluntad de la nacion Arjentina,

negamos la aplicacion que hace Rosas de ese principio; y decimos: que

tres de las cuatro Provincias Arjentinas bañadas por el Paraná, quieren

que el extranjero le navegue, y que solo hay una que se opone á las

demas.

No pretendemos que esa circunstancia dá derecho al extranjero para

forzar, en tiempo de paz, y sin negociacion alguna previa, el paso por

las aguas de la provincia que resiste: pero no se puede desconocer que

modifica de tal manera el principio general del derecho público, que su

aplicacion viene á ser completamente imposible.

La República Arjentina no tiene Hoy autoridad alguna nacional: la

investidura dada á Rosas de entretener las relaciones exteriores

no se extiende á decidir por sí y ante sí, una cuestion tan grave;

á disponer de los derechos é intereses de las otras provincias. El

extranjero, pues, que acepta el permiso que las provincias del Alto

Paraná le conceden de comerciar con ellas, que desea aprovecharse de

él, y que no encuentra autoridad nacional á quien recurrir para que

remueva el obstáculo que la sola provincia de Buenos Aires opone;

puede, cuando ménos, pedir, con buen derecho, al gobierno de esta, que

haga tales arreglos, que salvando lo que crea convenir á sus intereses

provinciales, y evitando el comercio con las costas de su provincia,

no le prive del beneficio que las otras le conceden y deje libre el

tránsito hácia ellas; porque las aguas que bañan las costas de la

Provincia de Buenos Aires no son aguas del particular dominio de esa

provincia, sino de la Nacion Arjentina; y del mismo modo que Corrientes

no podria hacer en la parte del rio que corre por su territorio, obras

que impidiesen su curso, ó le desviasen, en daño de las provincias

de mas abajo, así tampoco estas pueden poner trabas á la libre

comunicacion que las de arriba desean.

Tratando ahora de la entrada que buques extrangeros se han forzado

en el Paraná, fácil será demostrar que ella no viola principio

alguno de derecho internacional, ni ofende las prerogativas de la

Nacion Arjentina. La Inglaterra y la Francia no han dicho; "entramos

al Paraná por que la ley comun de las naciones nos dá derecho de

entrar, aunque la Nacion Arjentina no quiera." No; ellas reconocen

plenamente el derecho de los arjentinos: sus gobiernos lo han declarado

así solemnemente: pero han entrado al Paraná por razones del todo

independientes de ese derecho.

Desde luego, la Francia y la Inglaterra no fueron á aquel Rio, sino

_despues de hallarse en guerra con_ _Rosas_; ¿y quien no sabe que la

guerra envuelve el desconocimiento de todos los derechos?

Pero, á mas de eso, hay otro motivo que autorizaria para entrar al

Paraná, no solamente á la Inglaterra y á la Francia, sino á todas las

demas naciones cuyos súbditos se hallan en el caso que expresaremos.

Extrangeros de diversos paises se han establecido en las provincias

arjentinas del alto Paraná, y en el Paraguay, con pleno consentimiento

de los Gobiernos de los respectivos paises: eso les dió el derecho de

disponer libremente de los frutos de su industria, y de la propiedad

que acumulasen. Sobreviene una cuestion, puramente doméstica, entre

dos provincias arjentinas--la de Buenos Aires y la de Corrientes;

y abusando entonces de la ventaja que le dá el dominio de la parte

baja del rio, Rosas cierra enteramente la comunicacion con aquella

provincia; y priva á los extranjeros establecidos en ella y en todo

el alto Paraná de disponer de los frutos y propiedades que acumularon

lícitamente.--No permite que se saquen de allí bajo bandera ninguna

neutral, y niega á la suya, única que navega el rio, el permiso de

traerlas á los mercados á que eran destinadas. Quedan, pues, todos esos

extranjeros privados del libre uso de su propiedad, y sufren inmensas

pérdidas, por una querella puramente doméstica de Rosas; quedan esas

propiedades encerradas no solo en Corrientes que está en guerra con

el Dictador, sino en el Paraguay y otros puntos, que no lo están.

Semejantes trabas violan abiertamente derechos adquiridos por los

súbditos extranjeros, sea en virtud de tratados existentes, sea por el

consentimiento del libre ejercicio de su comercio y de su industria en

aquellos parajes. Si Rosas, pues, abusa de su dominio en los rios, en

perjuicio de los extranjeros, claro es que dá á estos el derecho de

oponerse al abuso; de emplear la fuerza contra la fuerza; de penetrar

á traer la propiedad extranjera, que el Dictador, en violacion de

derechos incuestionables, no consiente buenamente que se traiga.

Esas son las razones por que se fuerza la entrada al Paraná; no por

desconocer el derecho ni la soberania de la Nacion Arjentina en aquel

Rio. Rosas, solo Rosas, es el causador de esa hostilidad; como él,

y solo él, es quien se opone á la libertad de la navegacion, que

Corrientes, Entre Rios y Santa Fé desean y necesitan para prosperar.

Puede ser que otra vez volvamos sobre este asunto.

_Enero 2 de 1846._

II.

Manifestamos en uno de nuestros números anteriores el aspecto en que,

á juicio nuestro, debe considerarse la cuestion de la navegacion del

Paraná;--no con relacion á pretensiones del extranjero, sino como

cuestion de entre las diversas provincias Arjentinas situadas sobre

las márjenes de aquel rio. La nueva declaracion de principios del

Paraguay viene á apoyar los derechos y las ventajas de esas provincias.

Aquella República abre sus puertos á todos los extranjeros, declara que

tiene derecho á la navegacion libre del Paraná, y que la oposicion del

Dictador de Buenos Aires al goce de ese derecho es una de las causas

que motivan y justifican la guerra.

Las naciones que han reconocido la independencia del Paraguay, y

las que en adelante la reconozcan, envuelven naturalmente en ese

reconocimiento el de los derechos todos de la soberania, incluso

el dominio de las aguas y su uso para el comercio. Una de las mas

naturales y mas comunes consecuencias del reconocimiento de la

independencia de un nuevo Estado es la celebracion de tratados de

comercio, navegacion y amistad: aquellas naciones, pues, los celebrarán

con el Paraguay; adquirirán, por ellos, derechos á navegar en las

aguas y puertos de esa República; y por consecuencia á transitar por

las que pertenecen á las provincias arjentinas, que forman la parte

mas baja del rio. El Paraguay quedará, respecto de estas provincias,

en una posicion análoga--y no decimos _idéntica_ por razones que

daremos mas adelante--á la en que se halló la Béljica despues de

su separacion de la Holanda en 1832. Las aguas y puertos belgas en

la parte superior del Escalda de nada, ó de muy poco, servirian

al comercio del mundo, si las pretensiones del Rey de Holanda al

uso y navegacion exclusiva de la parte baja de aquel rio hubiesen

sido respetadas en toda su estension. La Béljica seria un pais

independiente, con puertos tan importantes como Amberes, y no podria

usar de su derecho de abrirlos al comercio de todo el mundo; cosa, en

realidad, opuesta á toda idea de conveniencia y de justicia comun. Los

mismos motivos que hubo para hacer los arreglos que sobre el Escalda

existen, habrá para que se reduzca á Rosas á entrar por algunos,

cualesquiera que sean, con tal que dén por resultado el tránsito por

sus aguas hasta el alto Paraná. Si hay diferencia en esos motivos,

es enteramente en contra de las pretensiones del Dictador: porque

no ofrece el Paraná las grandes dificultades que el Escalda para

conciliar los intereses de sus diversos soberanos. Aquel rio europeo

corre por entre ciudades y comarcas opulentas, las mas industriosas,

tal vez, de todo el continente europeo; y que perteneciendo á Estados

diversos, tienen rivalidades y celos comerciales; tienen intereses

fabriles que protejer, las unas contra la supremacia de las otras;

tienen que multiplicar sus medios de vijilancia contra el contrabando

y el fraude, en proporcion de las inmensas facilidades que ofrecen

á esas operaciones clandestinas los centenares de vapores que cruzan

aquellas aguas, los muchos y rapidísimos medios de comunicacion y de

transporte por tierra. Conciliar esos intereses, que no es posible, en

realidad desatender, era y es Hoy la gran dificultad para el arreglo de

la navegacion del Escalda. Pero nada de eso sucede respecto de nuestro

magnífico Paraná, que baja por entre soledades incultas, y bosques

primitivos; y sobre cuyas márjenes, en una extension de 150 leguas,

se hallan apénas tres ciudades capitales de Provincia, y 7 ú 8 villas

de escasísima poblacion, de ninguna industria, de muy poco comercio,

y aun ese, dependiente de la Capital de Buenos Aires. Entre ellos,

por consiguiente, ni puede existir rivalidad alguna fundada, ni hay

intereses notables que conciliar. Siempre hemos creido, por eso, que

no es posible, ni sensato, aplicar á los rios interiores de nuestra

América, especialmente á los afluentes del Plata, los principios de

derecho de jentes, ni la lejislacion y reglamentos prácticos, que rijen

la navegacion de los Rios en Europa; sino que deben sufrir grandes

modificaciones, en virtud de las diferencias expresadas, y de otras

muchas de análoga naturaleza.

Creemos, entretanto, que un arreglo _justo y racional_ para la

navegacion del Paraná hasta el Paraguay no puede ofrecer las

dificultades que la del Escalda; y que, si en este último rio se ha

hallado medio de conciliar, en parte, intereses tan complicados como

los que existen, debe esperarse que se llegue mas fácilmente á un

arreglo respecto del Paraná.

Reconocida la independencia del Paraguay, y con ella la soberania y el

uso de sus aguas, Rosas no tendria, en realidad, derecho para quejarse

de que se le exijieran esos arreglos: la cuestion que podria promover

seria contra el reconocimiento de la independencia paraguaya; pero

consumado este, la navegacion del rio, fundada en tratados del Estado

reconocido, no es mas que una consecuencia natural del reconocimiento.

Ese es, á juicio nuestro, el nuevo punto de vista en que las últimas

declaraciones del Paraguay colocan la cuestion de la navegacion del

Paraná. Si Buenos Aires tuviera otro Gobierno que el de Rosas, él

comprenderia, á la primera mirada, que su interés estaba en no dar

entrada á cuestion ninguna; sino, por el contrario, en adoptar de plano

la basa de la libre navegacion, como un principio seguro de riqueza,

de desarrollo, de engrandecimiento futuro; limitando los arreglos á

las leyes de policia y aduanas, para protejer su comercio contra el

contrabando, y para derivar del permiso de tránsito una renta, que, sin

gravar desproporcionadamente al comercio ni á la navegacion extranjera,

creceria y llegaria á ser muy considerable, á medida que aquellos se

desarrollasen. Pero nada de esto puede esperarse de gobernantes de

los principios de Rosas: por fortuna creemos no engañarnos cuando

pensamos que nuestros principios son los que profesan jeneralmente los

enemigos del dictador, los que en el órden natural de las cosas han

de ser llamados á reemplazar el sistema y las ideas de aquel mandon,

cuando suene la hora de su castigo. Aun por eso consideramos como dos

ideas íntimamente ligadas, la del desaparecimiento de Rosas, y la de la

prosperidad futura de los pueblos que baña el Paraná.

_Enero 15 de 1846._

III.

Al lado de la reconvencion á que contestamos ayer se nos hace otra,

de naturaleza análoga relativa á las ideas que profesamos y hemos

emitido sobre la navegacion del Paraná. ¡Como! se dice: ¿Un hijo de

Buenos Aires aboga por franquicias comerciales en favor de las otras

provincias, cuando no pueden concedérseles sino á expensas de las

ventajas que el comercio y la navegacion de Buenos Aires reportarán,

mientras sea este el único puerto donde todos los demas pueblos de

la República hayan de venir á proveerse de lo que consumen? Es este

un reproche en que toman parte aun algunos enemigos mortales de

Rosas, persuadidos, de buena fé, á que las ventajas comerciales de las

provincias ribereñas importan necesariamente pérdidas proporcionales

para la de Buenos Aires.

Ese error, á juicio nuestro, ha sido una de las causas principales de

apartamiento y de guerras civiles en las provincias arjentinas: ni

creemos posible reconciliarlas, ó unirlas en un vínculo de _sincera y

permanente_ amistad, mientras se obre en consonancia con aquel error.

No se nos oculta que la adopcion práctica de nuestras ideas nada ménos

importaria que un cambio fundamental en el sistema político y económico

seguido en Buenos Aires, en todas las épocas--lo mismo en las de su

aislamiento que en las que ha formado parte de la república reunida en

una representacion comun. Pero precisamente por eso es que deseamos que

se medite seriamente ese cambio; que se estudien en los ensangrentados

anales de nuestro atraso social, los efectos del sistema hasta hoy

seguido; y se examinen los que producirá el opuesto.

Desde luego tenemos el convencimiento de que Buenos Aires, muy léjos

de perder con la libre navegacion del Paraná, ganaria inmensamente en

ella y en la consiguiente prosperidad de las provincias litorales.

La situacion de Buenos Aires le dá ventajas que conservará siempre

porque nadie puede quitárselas. Las expediciones de ultramar llegan á

sus puertos sin grandes dificultades; mientras que para llegar á los

puertos del Paraná necesitan la mitad mas de tiempo, y á veces otro

tanto, que el que emplean para venir de Europa á Buenos Aires.

Los obstáculos puramente naturales que causan ese retardo solo pueden

vencerse por buques de vapor, pero estos no se pueden emplear como

marina mercante, destinada al comercio de ultramar; las expediciones

mercantiles han de continuar haciéndose, como basta hoy, en buques de

vela, y estos han de hallar, por lo general, mas economía, en rendir

su viaje en Buenos Aires que en Santa Fé, en la Bajada, en Corrientes.

Buques de vapor se ocuparán entonces en transportar los electos de

Buenos Aires á todos aquellos puertos; como para ese tráfico, y en

rios como los nuestros, son admirablemente propios los buques de

aquella clase. Buenos Aires conservará, pues, sus ventajas de puerto de

depósito, y aunque no todas las expediciones se detengan precisamente

allí, y suban algunas como subirán, directamente á los puertos del

Paraná, lo que por esas dejaria Buenos Aires de ganar, siempre seria

mucho ménos que lo que aventajaria en el aumento del comercio,

consecuencia necesaria de la libertad.

Por otra parte, la mejora y prosperidad de las provincias vecinas

será siempre uno de los mayores beneficios que Buenos Aires puede

recibir. ¿Que gana él, que ganaria jamas, en tener por vecinos

pueblos miserables, obligados á buscar en el pillage y en la guerra

lo que no pueden adquirir por el comercio ó por la industria; que se

hacen soldados por que no hallan otra profesion á que dedicarse, que

consumen muy poco y nada producen? ¿Qué ha adelantado Buenos Aires

con la pobreza de su vecina Santa Fé? Veinteicinco años hace que tuvo

que comprar la paz á precio de un tributo anual; de un tributo que no

era otra cosa que dar buenamente á aquel pueble lo que, si no se le

daba, venia él á arrebatar de las estancias del norte de su vecina.

Si en vez de esa miseria, Santa Fé hubiese gozado, al ménos, una

situacion igual á la de Buenos Aires, guardadas las proporciones de la

poblacion de ambas, claro es que esa última provincia, léjos de tener

que contribuir al sosten de su vecina, habria mantenido con ella un

cambio de artículos que recíprocamente necesitasen, y que seria de

ventaja comun. Pregúntese si entre la multitud de ciudades que cubren

las márjenes del Misissipi, del Rin, ó del Escalda, hay alguna atrasada

y en miseria, por causa de la prosperidad de las otras; ó si, por el

contrario, todas progresan á un mismo tiempo, sirviéndose las unas de

auxiliares á las otras. ¿Por qué no han de seguir nuestras provincias

esa misma ley, que es ley natural del desarrollo social y económico de

los pueblos? ¿No es una contradiccion inesplicable el empeño con que

Buenos Aires procura alejar de sus fronteras las hordas depredadoras de

los indios ó de los ladrones alzados, que las saquean, y la obstinacion

en un sistema cuyo efecto es aumentar en esas propias fronteras el

número de pobres, que tienen por necesidad, que hacerse depredadores y

ladrones? Las exijencias de una política sensata y las necesidades de

la administracion vienen tambien en apoyo de los intereses puramente

mercantiles y materiales. No es posible--no es racional--esperar que

haya paz y cordial intelijencia entre diversas provincias de un mismo

estado, cuando las unas jimen en miseria completa, mientras otras

nadan comparativamente en la abundancia; sin que esa diferencia sea

efecto de causas naturales, si no de malos sistemas administrativos.

Los mismos celos, la misma envidia que nace en el seno de una familia,

cuando uno de sus miembros, con iguales derechos á los otros, es objeto

de una exclusion injusta que lo condena á inferior condicion, esos

mismos deben necesariamente existir entre los varios miembros de un

cuerpo político: el que se mire injustamente deprimido, ha de vivir en

perpétua rebelion contra los que quieren gozar solos, de ventajas que

deben ser comunes. Claro es, que sistema ninguno político ó económico,

puede alcanzar á destruir las desventajas que nacen de la naturaleza.

Las provincias enclavadas en el corazon de la República, como

Catamarca, la Rioja, Santiago, jamas podrán por muchas concesiones

que se les hicieran adelantar en la misma proporcion que Buenos Aires,

Santa Fé ó Corrientes, situadas sobre rios navegables. Pero esas

diferencias no ofenden, por que no son efecto de la injusticia de los

hombres, sino obra de la naturaleza misma: no son ellas de las que

nosotros hablamos.

El secreto de mantener la paz en los pueblos consiste en crearles

intereses materiales: esta verdad, demostrada por el estudio de

los hechos que dieron nacimiento á lo que se llama la ciencia

económico-política, se aplica lo mismo á las relaciones de unos

estados, con otros independientes, que á los diversos miembros de

un mismo estado. Los pueblos ricos y prósperos abominan la guerra

civil, que destruye su prosperidad: los que nada tienen que perder,

son los únicos que ganan en la revuelta: el objeto, pues, de los que

gobiernan debe ser propender, por todos medios, á crear en las diversas

provincias del Estado los mismos intereses, los mismos estímulos,

salvar siempre las diferencias que la naturaleza ofrece. Los Estados

Unidos de Norte América--esa nacion que todas sus hermanas del Sur

tomaron por modelo, muchas veces equivocadamente, ¿conservaria acaso

su envidiable union, ó habria adquirido el prodijioso desarrollo en

que marcha, si unos Estados hubiesen sido privados de las naturales

ventajas que gozaban otros? ¿Por qué no imitar en eso á aquella

nacion, como nos hemos empeñado en imitarla en lo que no podiamos

realizar?

Si todo lo que hemos dicho es, como creemos, fundado en razon, en

justicia, en buenos principios de política y de economía, no vemos

por que el hecho de ser porteños nos imponga el deber de renegar

esos principios, de obrar contra convicciones, y de predicar que el

engrandecimiento de nuestra _provincia_ consiste en el empobrecimiento

de las otras que componen nuestra _República_. No, mil veces no. En

nuestro modo de concebir el amor á la Patria, de buscar su prosperidad

y su lustre, no entran los elementos cordobes, entrerriano, ó porteño:

entra solo la idea colectiva de arjentinos; y consideramos tan obligado

al que nació en Buenos Aires á promover la prosperidad de Tucuman, como

al que vé ocultarse el Sol tras de los Andes á trabajar por el bien de

los que abrevan sus ganados en las aguas del Paraná.

Ese es nuestro credo, en la gran cuestion de la organizacion social,

económica y política de nuestra patria; y ese creemos tambien que es el

de la mayor parte de nuestros amigos políticos.

_Marzo 19 de 1846._

IV.

Otra vez hemos dicho, muy de paso, que no creiamos oportuno examinar la

cuestion si será ventajosa ó perjudicial al interés comun del Rio de la

Plata la ereccion de un Estado independiente, formado por la separacion

de las provincias de Entre Rios y Corrientes de la familia Arjentina:

la razon que entonces teniamos para pensar así subsiste todavia: nada

vemos que nos persuada á que esa separacion tendrá lugar, ni aun á que

se trata _seriamente_ de ella; ¿y para que ajitar una cuestion tan

grave, puramente en teoría?

Entretanto, muchos datos que últimamente hemos recojido, y que nos

llegan de diversas partes y personas, nos muestran que esa cuestion

empieza á ocupar á algunos espíritus, con motivo de los rumores,

cada vez mas esparcidos, de que Corrientes y Entre Rios formarán una

alianza contra el dictador de Buenos Aires; y que, como es inevitable y

natural hay diverjencia grande de pareceres. Sentiriamos que semejante

discusion se entablase _ahora_, y _en esa forma_; no por otra cosa que

por el tiempo que se pierde, y por lo que distrae la atencion y el

espíritu de otra cuestion infinitamente mas importante, de resultados

mas inmediatos, y sobre todo mas prácticos.

Escritos políticos, económicos y literarios · 第 7 / 18 段