El Perú quedó todo en poder de los españoles, á escepcion de algunos

Departamentos al Norte de Lima, donde se recojieron las reliquias

de los ejércitos republicanos. El jénio y los auxilios de Bolivar

los reorganizaron allí, y se emprendió de nuevo la campaña, que puso

término á la guerra de la independencia.--El mayor Olavarria fué

destinado á un cuerpo de nueva creacion, en el que se halló en la

batalla de Junin; que, como todos saben, empezó por la derrota de

los republicanos, y terminó por su completa victoria. Olavarria fué

hecho prisionero al principio de la jornada, y rescatado despues en

el mismo campo de batalla. Concluida esta, fué ascendido á comandante

de escuadron, en cuya clase se halló en la memorable batalla de

Ayacucho. Su comportacion allí escedió en bizarria á todo lo que hasta

entonces habia hecho. A mas de la parte que tuvo en la batalla, fué

destinado, despues de ella, á perseguir con su escuadron y una compañia

de cazadores, la derecha enemiga, que se retiraba organizada; hizo

prodijios de valor, desplegó extraordinaria actividad y tino; y regresó

al campo de batalla conduciendo número muy considerable de prisioneros.

Poco quedó que hacer, despues de la jornada de Ayacucho. Sin embargo,

los realistas ofrecieron todavia alguna resistencia en el Alto Perú,

y Olavarria participó tambien de todos los trabajos que fué necesario

emprender para terminar la guerra. Entre otros, fué destinado á sofocar

una insurreccion realista en Huamanga; varios encuentros tuvieron

lugar; hasta que, al fin, sometió á los revolucionarios, concluyendo

así sus servicios en la guerra de la Independencia, cuando literalmente

no quedaba ya un enemigo á quien combatir.

El término de aquella lucha, despertó en Buenos Aires la idea de

reconquistar la Banda Oriental, ocupada por el Brasil: á los cantos

de triunfo de Ayacucho se mezclaban clamores de guerra contra el

Imperio; y puede, con toda verdad, decirse que esa guerra habia

sido declarada por el pueblo, antes que los gabinetes formulasen la

declaracion. Olavarria oyó en el Alto Perú la nueva empresa á que su

patria se preparaba: pidió inmediatamente á Bolivar permiso para dejar

el servicio en su Ejército, y venir á ofrecer su brazo á su pais.

El Libertador de Colombia se lo concedió, en términos muy honrosos,

dándole, por sus servicios, los despachos de Coronel graduado, el 13 de

Marzo de 1826.

En Julio de ese año estaba ya en Buenos Aires, donde el Presidente

de la República le nombró Comandante de escuadron en un cuerpo de

caballeria: pero en Agosto siguiente, le confió el mando y organizacion

de ese Regimiento núm. 16, cuya fama ganada en la campaña del Brasil,

dura todavia entre los militares del Rio de la Plata. Olavarria fué

uno de los Jefes que mas brillaron en esa campaña, especialmente en

la jornada de Ituzaingó, donde su escuadron se atrajo la admiracion

de todos por su denuedo y su pericia. Allí fué herido Olavarria de un

pistoletazo, por la primera vez. El General Alvear dijo en el boletin

de aquella jornada: "Los bravos lanceros [era el cuerpo de Olavarria]

maniobrando como en un dia de parada sobre un campo cubierto ya de

cadáveres, cargaron, rompieron al enemigo, lo lancearon y persiguieron

hasta una bateria de tres piezas, que tambien tomaron. El rejimiento 8

sostenia esta carga: fué decisiva. El Coronel Olavarria sostuvo en ella

la reputacion que adquirió en Junin y en Ayacucho."

De vuelta de esa campaña, el coronel tomó la parte que todos sus

compañeros en el movimiento de 1.° de Diciembre de 1828, en Buenos

Aires. Vencidas las fuerzas del Jeneral Lavalle, Olavarria emigró á

la República Oriental, que empezaba entonces su vida independiente:

fijó su residencia en Mercedes, donde se entregó á ocupaciones

enteramente pacíficas. De ellas le sacaron las injustisimas y estúpidas

persecuciones que D. Manuel Oribe declaró, en obsequio á Rosas, contra

todos los emigrados Arjentinos. El Coronel que ya entonces habia

contraido matrimonio y formádose una familia, se reunió al General

Rivera á quien acompañó en la adversidad y en la fortuna, combatiendo

siempre por la libertad del pais que le asilaba, de la patria de sus

hijos, que el habia adoptado por suya. Su espada sostuvo siempre, en

este pais, la divisa del órden constitucional, y de los gobiernos

legales.

Durante su larga carrera, fué honrado con varias comisiones

importantes: ha sido diversas veces parlamentario; ha obtenido cinco

medallas, dos cordones, dos escudos, y una estrella de la lejion de

honor de Chile. Ese era el militar, el hombre público.

En el hogar doméstico, en sus relaciones privadas, todos los que le

conocieron le quisieron y le estimaron. Casó, en el destierro, con

Da. Jertrudis Rodriguez, hija de un propietario de Mercedes; y se

contrajo al cuidado y fomento de las propiedades rurales de su esposa.

La invasion de Oribe le arrojó de su casa; y su familia se asiló en la

Capital, donde tuvo el dolor de perder un exelente esposo, un padre

solícito y tierno.

El Gobierno Oriental acaba de recompensar los méritos del Coronel

Olavarria, con un acto que honra tanto al que le ha hecho como á la

memoria de aquel soldado distinguido. Grande consuelo es, para su

familia y sus amigos, ese testimonio de la gratitud de un pueblo que

le habia admitido entre sus ciudadanos. Los amigos y compatriotas del

Coronel Olavarria se unen á su familia, para agradecer esa honrosa

demostracion.

_Octubre 27 de 1845_

ERRORES CURIOSOS.

Las prensas del Rio de la Plata han publicado algunas veces artículos

sueltos sobre la ignorancia, en que se vive en la Europa, respecto

de los hombres, de los sucesos, de la historia, de la geografia, de

las costumbres; y en una palabra, de todo lo que dice relacion á estos

paises: algunos ejemplos se han citado, de libros publicados por

seudo-viajeros, que recojen notas en los cafées, en las calles, ó de

boca de truhanes, que se entretienen en contarles los mas ridículos

despropósitos; y las publican luego en esmeradas ediciones, con títulos

pomposos, aumentando la inmensa copia de paparruchas con que se

alimenta la ignorancia.

Algo se ha dicho, repetimos, sobre ese particular; pero aun queda

muchísimo que decir; é importa decirlo, porque en ello se interesa

directamente el crédito y la prosperidad de estos paises.

Un documento oficial que publicamos ayer, firmado por el primer

estadista contemporáneo:--si se esceptúa tal vez el soberano á quien

sirve[16] nos ha sugerido la idea de este artículo. Mas adelante

hablaremos de ese documento.

[16] M. Guizot, y el rey Luis Felipe. (_L. D._)

Cuando uno de nosotros visita la Europa por primera vez, encuentra

cada dia un desengaño, ó pierde alguna ilusion, respecto de las ideas

que allí se tienen sobre estos paises. La afluencia comparativamente

grande, de extranjeros que frecuentan nuestros puertos; el comercio

de ideas y de productos que se mantiene entre nosotros y la Europa,

nos persuade que allí se fija en este lado del mar la misma atencion

que nosotros fijamos en los paises remotos. Sin embargo, sucede todo

lo contrario; y ninguna exageracion hay en decir: que entre la clase

comerciante--que es generalmente la que mas conoce las regiones de

nuestra América--ese conocimiento está limitado en cada individuo al

pais con que trafica. Los hombres de ciencia y de letras no tienen

sobre ellas, por lo comun otras nociones que las muy generales que dán

los libros de geografia, ó de historia: y esas mismas, pervertidas por

los viajeros traficantes de imposturas, á quienes antes nos referimos.

Hablamos todo esto por esperiencia propia. Con mucha frecuencia nos

ha sucedido del otro lado del mar que, al decir que éramos de Buenos

Aires, y que íbamos de Montevideo, se nos tomaba por brasileros; y mas

de una persona advertida por nosotros de su error, nos ha sostenido

todavia que Rio de la Plata y Brasil todo era uno:--proposicion

(digámoslo de paso) que convendria mucho al Sr. Carneiro Leão, á juzgar

por sus notas al general Guido, pero que no prueba gran conocimiento en

la geografia física y política.

Engaño muy grande seria el creer que solo se encuentran esos errores

en gentes vulgares ó iliterarias: algunos ejemplos de nuestra propia

experiencia han de mostrar lo contrario.

Hallándonos una noche en una distinguida sociedad de Lóndres,

contestando á algunas preguntas que nos hacian sobre el Rio de la

Plata, uno de los circunstantes, negociante de primera nota en el

_City_, nos preguntó en plena asamblea _donde se hallaba actualmente

el General Bolivar_. Esto sucedia en el invierno de 1843.--"Señor,

contestamos, el General Bolivar ha muerto." "No, no, repuso el

interlocutor: hablo del libertador de Colombia, Simon Bolivar."--"Si

señor, dijimos, murió hace ahora unos diez años." Y esto fué una

novedad para nuestro contertulio.

Fuimos á visitar en Paris á uno de los literatos cuyo nombre y cuyos

escritos son mas familiares en todas estas rejiones;[17] y una de las

preguntas que nos hizo fué--por mas asombroso que parezca--cual era el

idioma de la sociedad culta en el Rio de la Plata. Contestamos nosotros

que el Castellano: "eso será, repuso él, en las clases inferiores;

pero entiendo que el francés es el idioma de la clase escojida." Como

le afirmásemos lo contrario, extrañó entonces que un niño que nos

acompañaba se expresase regularmente en francés.

[17] M. de Lamartine.

Poco despues de nuestra llegada á Montevideo, recibimos diplomas de

una sociedad cientifica residente en Paris, que especialmente se

ocupa en trabajos históricos, y geográficos. El sobrescrito con

que esos papeles nos llegaron, y que conservamos en nuestro poder,

dice literalmente:--"Al Sr. Florencio Varela, Doctor en Derecho, en

Montevideo (_Brasil_.")

Una casa de Comercio de esta plaza puso el año pasado en nuestras

manos un poder que habia recibido de corresponsales suyos en _Ruan_,

para cobrar una suma á otro negociante en esta. El poder otorgado en

aquella ciudad de Francia dice: "A los SS.... negociantes en Montevideo

(_Méjico_.")

A estos ejemplos podriamos agregar otros, tomados de libros

contemporaneos, que gozan de justisima reputacion; pero que carecen

hasta de buen sentido, desde que hablan de la América del Sud; Maunder,

por ejemplo, que en uno de sus _Tesoros_ presenta al General San Martin

ganando señaladas batallas _contra_ los independientes de Sud América,

_y en favor_ del rey de España!! Pero si algun ejemplo mas notable se

necesita, aquí tenemos el documento que indicamos al principio; la

carta del Sr. Guizot al Baron de Mackau, que publicamos ayer entre

las piezas oficiales de la negociacion con el Señor Deffaudis. El Sr.

Guizot, estadista de alta capacidad, hombre de vastisima erudicion,

uno de los genios mas seriamente investigadores que conocen los

contemporaneos, colocado al frente de las relaciones exteriores de la

Francia, lo que le obliga á conocer la organizacion política de los

paises con quienes mantiene esas relaciones; el Sr. Guizot no se ha

dado cuenta todavia de la República Arjentina; y en la carta citada

dá, por dos veces, á Rosas el título de _Presidente_; y se expone á

que Arana--Arana, por Dios, que no sabe siquiera traducir el francés,

que no está cierto tal vez, de cual rama de los Borbones está sobre

el trono de Francia,--le zumbe en una nota oficial por aquella crasa

equivocacion!! Ella es tanto mas notable, cuanto la capacidad que

Rosas se atribuye para representar á todas las provincias Arjentinas,

ha sido, desde el tratado Mackau, materia de pública, y muy ajitada

discusion. Hoy nadie ignora: y á nadie es permitido ignorar sino á unos

periódicos de Nueva York que ponen á Rosas al mando de las fuerzas

_orientales_, y al general Rivera y á _Ur Kisso_ al frente de las

Arjentinas--que Rosas no es mas que el _Gobernador de la Provincia de

Buenos Aires_: que no hay, en la actualidad, _Presidente_ de aquella

República, por que ningun pacto existe que ligue las provincias

Arjentinas. El error del Sr. Guizot es injustificable, y aumenta la

lista de los que cada dia se cometen respecto de nosotros.

Algunas personas han querido escusar esa ignorancia, diciéndonos que

ni tienen medios de averiguar lo que pasa en estos paises, ni su

situacion vale la pena de ser estudiada.--No: esa es una mala excusa de

la ignorancia. Cualesquiera que hayan sido los estravíos de la prensa

en nuestra América, mucho, muchísimo bueno se ha escrito en ella; y el

Rio de la Plata no es el que ménos ha contribuido, en ciertas épocas á

aumentar el caudal de útiles conocimientos, sobre las rejiones bañadas

por este inmenso estuario.

Cualesquiera tambien que nuestras locuras sean, no es verdad que

hayamos merecido por ellas la suerte de Gomorra--que deban estos paises

borrarse de la lista de los pueblos cultos y cristianos. No: los

jérmenes del bien, de la civilizacion, del progreso moral, existen con

bastante vigor para resistir, como lo están haciendo hace tantos años,

los esfuerzos que hace la barbarie por desarraigarlos. Los que vuelven

el rostro con desden á la situacion de estas rejiones, lo hacen por

abandono, por pereza, por no tomarse el trabajo de ayudar y sostener

el buen principio: le dejan perecer, pudiendo salvarle, y luego nos

escarnecen por que ha perecido.

Los sucesos, que, hace seis meses, empiezan á desarrollarse, muestran

que la Europa ha comprendido al fin la conveniencia, la necesidad,

de dar apoyo en la América al principio civilizador. A nosotros

toca apoyar esa nueva tendencia; y los escritores públicos, mas que

muchos otros, tienen la obligacion de hacerlo, elevando la imprenta

á la altura conveniente, haciéndola servir á derramar en el exterior

conocimientos exactos sobre los hombres y las cosas de nuestros

paises; y á combatir, con enerjia y con templanza, la impostura de los

que trabajan por envolver entre sombras la verdad.

_Noviembre 19 de 1845._

JUICIO SOBRE EL GOBIERNO DE ROSAS.

Si Rosas fuera mas hábil, ó ménos altanero, evitaria con gran cuidado

la publicacion de ciertos actos, indispensables para la conservacion de

ese sistema monstruoso, fundado en las dos principales basas del terror

y del engaño. Para sostener este último, necesita estar proclamando

principios liberales, amor á las instituciones republicanas; hablando

siempre de su sumision á la ley, de su respeto á las garantias y

derechos de los ciudadanos; mientras que la necesidad de sostener el

elemento del terror le pone en diaria y patente contradiccion con las

palabras y protestas que incesantemente repite. Mejor seria para él,

ocultar á los ojos del mundo los documentos con que el mas ignorante de

los hombres puede reprocharle la hipocresia y el embuste de todas sus

palabras.

Esta reflexion nos sujiere la publicacion hecha por la _Gaceta_, de las

últimas reelecciones de los Gobernadores de Tucuman y Catamarca; y de

las resoluciones confiriéndole facultades estraordinarias. En todos

esos documentos, lo mismo que en los que, por servilísima imitacion,

dicta y pública la jente del Cerrito, se repiten hasta empalagar las

palabras leyes, republicanismo, libertad, sentimiento americano. Y sin

embargo, en donde quiera que gobierna Rosas y sus amigos, no hay un

solo pueblo donde los Gobernadores no sean constantemente reelejidos,

y donde no estén investidos de facultades estraordinarias; es decir,

donde no esté suspendida toda ley, toda garantia, y aniquilada

completamente la division de los poderes públicos, que forman la

esencia de toda constitucion republicana: para reemplazarlos por la

irresponsable voluntad de un soldado.

Las supuestas leyes que conceden á los mandones de todas las provincias

Arjentinas y del Cerrito ese poder arbitrario y discrecional, se

fundan uniformemente en lo escepcional de las circunstancias, y en

la necesidad de que "_toda otra ley, toda otra razon, todo otro

sentimiento se posponga á la imperiosa exijencia de salvar la

patria_".[18] ¿Pero qué sistema es este, que, en 15 años seguidos del

mas libre é ilimitado ejercicio, conserva los paises donde rije en

un estado escepcional; que no permite que las leyes ejerzan imperio

alguno; y que no ofrece otro medio de salvar la patria que el de

depositar toda la autoridad pública en manos de un solo hombre? Y no

de un hombre como quiera; sino precisamente del que representa y tiene

en sus manos la fuerza material, el poder de las armas. ¿Cual es en

el mundo la República [ya que tan republicanos se proclaman] fundada

en esa monstruosa organizacion? Rosas, Oribe, la turba embustera de

parásitos que viven para ensalzarlos entonan el coro, que les mandan

repetir, de quejas y denuestos _contra la tirania de las naciones

Europeas_, á quienes, sin creerlo ellos mismos, atribuyen miras de

dominacion y de conquista. Pero en esas naciones el ciudadano piensa lo

que quiere; habla y escribe lo que piensa; su propiedad es suya; suyo

el fruto de su trabajo; su casa es un recinto donde ninguno penetra

por la fuerza, y nadie, desde el Monarca para abajo, puede privarle

de su libertad ni de sus bienes, sino en nombre de la ley; y por un

juicio regular en el que el acusado es el que tiene mas garantias.

Pero en los paises donde imperan estos _republicanos eminentes_ donde

se proclama este gran _sistema americano_, los hombres son arrastrados

por centenares á las prisiones; sus bienes son confiscados en provecho

de los delatores ó de los verdugos; ninguno sabe para quien trabaja;

nadie está cierto de que, al acostarse hoy, amanecerá mañana bajo el

techo de su hogar; porque basta la simple voluntad del que reune todos

los poderes del Estado, unidos á la fuerza material, para privarlo á

un tiempo de sus bienes, de su libertad y de su vida. Si alguno hay

tan imprudente que niegue que esto pasa en los pueblos donde domina

Rosas, Oribe y los suyos, les citaremos los textos con sus firmas

de los decretos de confiscacion; las publicaciones hechas por ellos

de presos sacados, de á 200 y 400, de las cárceles donde entraron,

sin que se les dijera porqué; y de donde salieron, no por sentencia

de juez, sino porque lo pidieron los almirantes Mackau y Dupotet.

Les citaremos, sobre todo, esos decretos que los invisten con las

facultades estraordinarias; esos, porque nada como eso desmiente la

hipócrita vocingleria de leyes, de libertad, de republicanismo, de

sistema americano.

[18] Palabras literales de la última resolucion de Tucuman, del

1.°de octubre próximo pasado, publicada en la _Gaceta_ de 19 del

corriente.

Y si ese es el sistema americano; si consiste en vivir como vivimos

hace 15 años; en que Estanislao Lopez gobierne en Santa Fé hasta que

se muera; Ibarra en Santiago, Benavides en San Juan, Rosas en Buenos

Aires, y así todos los demas, hasta que llegue tambien el momento de

morir; si consiste en que no tengamos hogar, ni propiedad, ni libertad

individual; en que la mitad de una jeneracion se pase con las armas en

la mano; en que los campos no se cultiven, y la educacion se abandone,

y ningun trabajo útil se emprenda, y los principios de la moral, y las

prácticas relijiosas se vayan poco á poco olvidando; hasta desaparecer

y dejar al hombre la sola vida estúpida y material que le asemeja á la

bestia;--si en eso consiste, mandones dementes y frenéticos, el sistema

americano que proclamais; mejor, mil veces mejor estábamos bajo el

sistema colonial, y estariamos bajo el dominio de cualquiera potencia

civilizada y cristiana.

Porque no es verdad que esta vida que llevamos sea el destino del

hombre en la creacion; y cualquier Gobierno que permitiera llenar el

que realmente debe ser; que asegurase á los ciudadanos su libertad, sus

derechos; y mejorase su condicion social: cualquiera, fuese cual fuese

su nombre; con solo esas condiciones, seria preferible mil veces á eso

que vosotros llamais sistema americano.

Por fortuna de las naciones que pueblan este vasto continente, no es

verdad que sea vuestro sistema el que ellas buscan, por el que tanto

han luchado. No; al contrario; la América se afana tras del mismo

sistema de libertad y de perfeccion que rije en los Estados Unidos y en

la Europa Constitucional: vosotros solos, os oponeis á la realizacion

de ese deseo; y os afanais por sostituir á una organizacion legal,

á gobiernos de libre y democrática eleccion, el sistema salvaje de

la pampa y el sombrío despotismo de Montezuma. A eso llamais sistema

americano, eso prueban vuestras leyes de facultades estraordinarias,

vuestras interminables reelecciones, y vuestra bajisima sumision á la

voluntad de un déspota, á quien remedais míseramente y cuyo látigo os

hace temblar.

Gritad republicanismo y sistema americano: por toda contestacion os

recordaremos siempre los decretos que en las provincias que domina

Rosas, y en las zanjas del Cerrito, os invisten con las maldecidas

facultades estraordinarias. Buscad jóvenes cuya intelijencia degradais,

y cuya reputacion aniquilais en la cuna, haciéndolos escribir en

defensa de ese sistema brutal; jóvenes que aun tienen mucho que vivir,

y que, todavia en la mitad de su carrera, han de avergonzarse de mirar

al rostro á los que hayan leido sus producciones: todas ellas, todo el

papel que les hagais borrar, no deshará jamas el convencimiento que dán

vuestros decretos de facultades estraordinarias; ellos solos destruyen

toda la sofistería de vuestro hipócrita palabreo.

_Noviembre 27 de 1845._

NAVEGACION DE LOS RIOS INTERIORES.

I.

Escribir sobre esta materia, despues de tanto como se ha escrito, de

dos años acá en las dos márjenes del Rio de la Plata, parecerá tal

vez una repeticion fastidiosa. Profesando, sin embargo, opiniones muy

diversas de las que jeneralmente hemos oido emitir sobre el particular,

deseamos ver si podemos traer la discusion á un terreno nuevo, en vez

de seguir á Rosas en el que sus adversarios le han permitido, hasta

ahora, elejir á su placer.

El ha mostrado su natural astucia, elijiendo el único que le ofrecia

ventaja.--Jeneralizando las teorías abstractas del derecho público,

sobre navegacion de aguas interiores, ha evitado la discusion esencial

y práctica de la libertad de navegar el Paraná:--tratando únicamente

del derecho _que Buenos Aires_ tiene para excluir al extranjero, de la

navegacion de ese rio, ha evadido fácilmente el exámen del que tienen

_las otras provincias litorales_ para admitir en sus puertos todos los

pabellones. El ha cuidado esmeradamente de no ventilar sus derechos,

sino como cuestion de _la Nacion Arjentina_ con el extranjero: nosotros

creemos que ha debido, y debe tratarse, como cuestion entre Buenos

Aires y las demas provincias litorales. La complicacion, que en los

momentos actuales ha sobrevenido, de un elemento extranjero, aparecerá

entonces en su verdadera luz.

Rosas, atrincherado en citas y doctrinas del derecho de jentes y en

declaraciones generales del Conde Aberdeen, prueba muy fácilmente que

ninguna nacion extranjera puede exijir, de derecho, la navegacion

de un rio interior contra la voluntad del soberano á quien ese rio

pertenece; y aplicando esa doctrina á los sucesos de Hoy, concluye que

la Francia y la Inglaterra atropellan inicuamente _los derechos de la

Confederacion Arjentina_. Otros le han negado aquel principio jeneral:

nosotros se lo concedemos de plano; pero negamos la aplicacion, y

con ella la consecuencia final. No es la Nacion Arjentina quien se

opone á la libre navegacion del Paraná; es el solo y único gobierno

de Buenos Aires; mientras que las otras provincias arjentinas, á

quienes la cuestion interesa, desean, piden á voces, necesitan

vitalmente esa libertad de navegacion, tan léjos de oponerse á ella. La

historia de las revueltas domésticas de aquellos pueblos, desde poco

despues de la comun emancipacion, y los hechos que Hoy vemos, prueban

incontestablemente esa verdad.

El Paraná, desde la confluencia del Paraguay hasta que se vacia

en el Plata, corre bañando territorio de cuatro provincias

arjentinas;--Corrientes y Entre Rios en la márjen izquierda, Santa Fé

y Buenos Aires en la derecha. De todas ellas, solo esta última tiene

interés--interés segun el sistema anti-económico y estrecho que hasta

ahora se ha seguido--en que buques extranjeros no suban el Paraná;

por qué mientras el término final de las expediciones de ultramar sea

la rada de Buenos Aires, ella sola hace todo el comercio de tránsito

con las demas provincias. Estas, por el contrario, tienen el mas alto

interés mercantil, económico y político, en hacer el comercio directo

con el extranjero; en no pagar á Buenos Aires los derechos y gastos del

comercio de tránsito, en particular de las rentas de las Aduanas; y en

no permanecer en impotente dependencia de la voluntad del Gobierno de

Buenos Aires; que, alegando necesidades de guerra ciertas ó supuestas,

cierra cuando le parece toda comunicacion por las aguas, incluso el

comercio mismo de tránsito.

Escritos políticos, económicos y literarios · 第 6 / 18 段