Así se llama en Malabon la Conmemoración de los fieles difuntos;
proviene de honras (fúnebres), advirtiendo que los filipinos y todos
los de origen malayo en general, suelen convertir la R en D.
En la noche del 1.o de Noviembre las puertas de las casas se cierran
temprano, evitando la fastidiosa visita de los kaloluas (almas), ó sean
unos mortales, que embozados de negro llaman á las puertas abiertas con
una campanilla y entonan algunos cantares, cuya traducción literal es
la siguiente: Tenga V. buenas noches: hombre que tienes casa (es decir,
el dueño), abre la ventana y escucha los clamores de estas infelices
almas, que están padeciendo terribles tormentos en el Purgatorio,
porque has de saber que en la noche de todos los Santos salen las
ánimas de aquellas cavernas, para venir á pedir limosnas á sus hermanos
de la tierra para misas, con las cuales logran subir al cielo. Dá pues
tu óbolo y mañana oye misa en sufragio de las ánimas del Purgatorio.
Pero no se figuren los lectores que esto se hace por pura broma. Al
contrario: los llamados kaloluas tienen este voto de acudir á las
casas a pedir limosnas, por manera que todo lo hacen con respeto,
yendo silenciosos antes y después del canto, y llevando una vela.
Después del canto, el dueño de la casa dá su limosna y la compañía
pasa á otra puerta.
Lo que reunen los kaloluas, se entrega, en efecto, para misas en
sufragio de las ánimas del Purgatorio.
En la generalidad, los kaloluas cantan sin acompañamiento
de instrumentos; con el mismo objeto las bandas de música dan
emprentadas ó serenatas tocando marchas fúnebres ó danzas que no
tienen ecos alegres.
Los kaloluas no son gente mala, y muchas veces abundan entre ellos
solteras guapitas, por lo que los demonios (léase pollos) andan
avizores en tal ocasión.
Estos diablos que persiguen á las kaloluas hermosas, hacen muchas
picardías, y si los moradores de la casa visitada están ya durmiendo,
pues estas visitas se prolongan hasta la madrugada, echan mano á lo
que encuentren. Y en Malabon, esto no se considera como hurto en tal
ocasión; de suerte que el dueño, si se apercibe, no debe reprenderles
por ésto. Tal hurto se llama sakome.
Hay casas de piadosos, que preparan comidas, como en Zambales, para
los kaloluas.
He visto en cierta ocasión á muchos hombres y mujeres de buenas
familias, hurtar frutos de un árbol de naranjitas y me dijeron que
aquello no era pecado ni delito, sinó una costumbre, que tenían por
buena, sancionada por la autoridad local.
Por eso las casas, antes del anochecer, guardan cuanto esté espuesto
á tales contingencias.
¿Y si un Tenorio aprovecha la ocasión pretextando hacer sakome? Lo
puede muy bien y sin temor de ser medido con un grueso palasan. No
faltan gavilanes que se valen de esa inmunidad.
Los pilletes van á media noche al tiangue (mercado) y con los papags
(mesas de caña) de las guapas tenderas de quincalla, forman en plena
calle un túmulo de muchos cuerpos, con sus velas y candelabros de caña,
y no faltan pillastres que se acuestan en la parte superior y se quedan
dormidos. Figúrense los lectores el mal humor de aquellas que se dan
á todos los diablos, al ver por la mañana sus lankapes amontonados.
Es costumbre que en este día se reunan los indivíduos de una familia
desparramada, para rezar y comer juntos, lo cual tiene cierta
analogía con lo que sucede en España en esta misma noche y en la
Pascua de Navidad.