DIOS-DIOSAN

Babailans entre los visayas, baglans entre los infieles del Abra,

y katalonans, entre los tagalos se llamaban aquellos ministros de la

religión que los filipinos profesaban, cuando el intrépido Magallanes

arribó á estas playas.

De aquella religión primitiva, sólo se conservan escasas y vagas

noticias en los anales del país, y en la memoria de los indígenas,

indefinibles restos envueltos en supersticiones y consejas, los cuales

están ora viciados con muchas preocupaciones europeas introducidas,

ora menoscabados ó mezclados con las santas ideas del Cristianismo.

Para poder distinguir las genuinas supersticiones filipinas, es

preciso poseer profundos conocimientos en el Folk-Lore Universal y

en la prehistoria del país. De otro modo, nos exponemos á aceptar

como creencia filipina una que es de filiación china, portuguesa,

española, americana ó... hasta alemana.

No hablamos por ahora de aquella religión casi extinguida, procurando

reconstituirla con datos históricos y tradicionales; sólo sí, de los

ministros de aquella religión primitiva, es decir: de un sólo capítulo

de la teogonía de Filipinas.

Había en la época de la Conquista, sacerdotes y sacerdotisas (era

mayor el número de las mujeres) para los sacrificios que cada uno

ofrecía por su intención ó necesidad.

Lo éran unos por herencia y parentesco; otros por mañas, y «á

otros--dicen los analistas religiosos--engañaba el demonio, que

hacía pacto con ellos de asistirles y hablarles en sus ídolos y se

les parecía en varias figuras».

Entre estos sacerdotes, había varios superiores llamados Sonat,

Bayok ú otro, segun los dialectos. Esta especie de prelado era muy

respetable y no podía serlo, si no un principal ó maginoó.

Las sacerdotisas, también llamadas babailan ó katalonan (por no

haber femenino ni masculino en los dialectos filipinos) eran viejas

mentirosas que decían estar iluminadas por los anitos (así llamaban

los tagalos ó indígenas de Luzon á sus dioses de segundo órden)

ó diuatas (entre los visayas), que intervenían en la celebración de

los casamientos y en los sacrificios, sirviendo de adivinas en las

enfermedades, y en una palabra, en todo lo concerniente al culto de

los dioses.

Las sacerdotisas eran lascivas y astutas; ganaban su subsistencia,

haciendo pronósticos ambíguos sobre el desenlace de las enfermedades

graves.

Como los arúspices romanos, leían lo futuro en las entrañas del cerdo ú

otras víctimas, y eran ricas, como ya se supone, pero no muy queridas,

y sólo se acordaban de ellas cuando ocurría alguna desgracia. Véase

lo que ya hemos dicho en la pág. 163.

Los misioneros católicos no tardaron en desterrar la mayor parte de

las creencias primitivas, desbaratando por completo la estructura,

digámoslo así, de aquella teogonía. Demostrados hasta la saciedad los

embustes y mañas de los babailanes, natural era que los indígenas,

ávidos por otra parte, de novedades, abrazasen el Catolicismo, aunque

viciándolo con algunas de sus preocupaciones pristinas, que no podían

tan pronto olvidarlas, ni convencerse por completo de su falsedad.

Como en todo tiempo y en todas partes ocurre, no faltaron

personas ingeniosas ó malvadas que explotaran la credulidad de los

supersticiosos y el estado de ánimo de estas gentes, sacando nueva

religión de la combinación de ciertas ideas cristianas y algunas

creencias supersticiosas, que el pueblo filipino se resistía á

desterrar.

Estos nuevos apóstoles que se proponían hacer negocio con la religión,

emplearon la prestidigitación y otros medios análogos para embaucar á

las gentes, ora haciéndose venerar como profetas inspirados por Dios,

ora como dioses ó reyes mismos. A esto se prestó y se presta ahora,

la noticia evangélica ó bíblica de que Dios algunas veces apareció

como miserable mendigo ó en otra forma humana. Ningún indígena

de Filipinas ignora ésto, y en provincias, se respeta mucho á los

ancianos mendigos, «porque--dicen--pueden ser el mismo Dios, que

quiere probar nuestra largueza».

En 1599 habiendo huido á los montes de Panay los indios temerosos

de los moros de Mindanao, se resistían á volver á sus pueblos por

sugestiones de una india llamada Dupungay, que era la más célebre

babaylan de aquella isla.

En 1673, un babaylan llamado Tapar, que se disfrazaba de mujer, levantó

en Iloilo una secta de alucinados, pretendiendo unos representar la

Trinidad Beatísima, otros á los Apóstoles, al Papa y los Prelados,

y una pícara india á María Santísima,

En 1811, se fraguó en Ilocos Norte una conspiración que tenía por

objeto establecer una religión con el Dios llamado Lungao, que debía

tener culto y ministros especiales, haciendo causa común con los

monteses de Cagayan.

En 1841, el famoso ex-donado de S. Juan de Dios, Apolinario, bajo el

protexto de la devoción á S. José, intentó proclamarse en Tayabas y

la Laguna, emperador de los tagalos, embaucando á sus secuaces con

milagros simulados y profecías mentirosas.

En 1881 á 82, una vieja fué aprehendida en Ilocos Súr, porque se

hacía creer que era María Santísima. Cuando llegó á Vigan, ciudad

y capital de la comarca ilocana, era de ver á la gente crédula que

besaba con ávida veneración sus cabellos.

Pero no tuvo las proporciones alarmantes, que en Samar, en 1884,

la secta levantada por el que se titulaba pomposamente Ludovico I,

de quien conservo como recuerdo un bolo ó machete, que me ha regalado

uno de los oficiales del Ejército que fueron á perseguirle.

A fines de Abril de 1886, algunos santones se albergaban en los montes

de Pangalana y Pulata, viviendo á costa de los sencillos habitantes

de los alrededores, á quienes entregaban á cambio de dinero papeles

con signos y oraciones extraños.

Fueron aprehendidos algunos de los santones referidos, en cuyo poder

se encontraron los papeles dichos, otros objetos que les daban el

valor de un talisman (anting-anting) y rosarios, tragándose uno de

ellos en el acto de ser aprehendido, medio rosario y una cruz, que

le daría inmunidad contra toda persecución, según decían.

La casita del santon principal, llamado Esteban, estaba situada al

borde de un precipicio, junto á la cual había un camarin que les servía

de templo, donde se reunían todos sus sectarios en días determinados.

En el sitio de Donongon, comprehensión del pueblo de Siabong, y en

las casas de una llamada Vicenta y de un tal Benigno Cabrera, se

verificaban reuniones clandestinas; después aparecieron en la puerta

de la iglesia de dicho pueblo varias banderas iguales á la que esa

clase de gentes usa como satélites del Dios-Dios. A consecuencia de

esto, fueron detenidos desde el día 1.o al 9 de Mayo 86 individuos

de ambos sexos.

Las hazañas de los de Samar ó su buen resultado, inspiraron á Ponciano

Elofre, alias, Kanóy, idea de explotar la credulidad de los monteses

de Zamboanguita (Isla de Negros).

Empezó propalando la noticia de que recibía la inspiración divina y

aseguraba ser adivino, lo cual procuró probar con engaños.

Escondía de antemano una naranja en algún rincon y después llamaba

á los monteses y en su presencia tiraba otra parecida. En seguida

rezaba ó fingía pedir inspiración, y luego designaba el lugar donde

había parado la naranja perdida entre aquellos barrancos.

Colocaba unas botellas negras llenas de agua, boca abajo, en terreno

arcilloso, sirviendo por único tapon el suelo compacto, y delante

de éstas, también boca abajo, otras vacías: después, pasando plaza

de un nuevo Moisés, demostraba á los monteses que todas aquellas

botellas estaban vacías, derribando las que lo eran, y diciendo que

iba á llenar de agua las restantes. No podemos describir aquí la

admiración del ignorante público, al ver que las botellas estaban en

efecto llenas de agua.

Con estos y otros engaños logró hacerse creer enviado de Dios,

llamándose Bohaue, que significa tromba marina.

Todos los sábados reunía á sus sectarios en una cueva, que estaba

cerca de su casa, y en ella rezaban varios Padre-nuestros y Ave-Marías,

en dialecto bisaya, delante de una tosca imágen de madera, que decía

ser de Dios.

Llevábanle los fanáticos abacá, tabaco, huevos, cera, pollos y otros

regalos, hasta que fué perseguido y muerto por la Guardia civil,

en 22 de Agosto de 1888.

Con análogos medios y con el mismo fin de explotar en provecho suyo

la credulidad de los campesinos, un tal Gavino Cortés logró hacerse

adorar por muchos campesinos de la Pampanga y Bulacan como «Santo Rey»

de la primera provincia, en febrero del año 1887.

Aseguraba el famoso Hari sa Pampanga haber sido favorecido con una

bola omnipotente por un anciano fabuloso, que se le apareció en una

montaña. Y con esta bola hacía aparecer dinero, comidas, jóvenes que le

sirvieran, y en fin cuanto él quisiese; sus apóstoles, que compartían

con él el lucro de la nueva secta, propalaban las mayores patrañas,

diciendo que el Rey ó Diós Gavino convertía palitos de fósforo en

soldados, que viéndosele con anteojos, aparecía como emperador unas

veces y otras con cuernos y rabo; que hacía encender las arañas por

sí solas, y en una palabra, milagros más sorprendentes aún que los

del Apóstol de Valencia.

Y ya aprehendido y deportado á Mindanao, sus secuaces propalaron la

noticia de que el vapor en que iba no pudo andar, desapareciendo allí

el Rey Gavino.

Los sectarios de éste, hombres y mujeres, se reunían cada noche en

una casa de alguno de ellos, para rezar oraciones cristianas, y el

dueño de la casa les agasajaba con comida y vinos. Y después dormían

en una misma pieza sin separación de sexos.

Hasta no pocos indígenas de Manila creían en las patrañas relativas

al rey Gavino, y millares de ellos fueron á presenciar su embarco al

ir á su deportación.

En noviembre último, dos vejetes pillos que se llamaban Elias y Enoc,

han profetizado en Pangasinan y Tarlac que se acercaba el fin del

mundo y que sólo se libraría de la destrucción general el barrio de

Santa Ana.

Muchos ambageles (vocablo pangasinan que significa locos) creyeron

en la patraña y acudieron al barrio de salvación; pero el pedáneo

y un sargento de la Guardia civil de Asingan prendieron á muchos de

los numerosos crédulos y acabó la secta.

No tan fácilmente se deshizo la de Bisayas: la secta de Ludovico I

desapareció no sin grandes esfuerzos y lamentables consecuencias en

Samar; pero pronto se reprodujo en Negros, donde también causó la

pérdida de muchas vidas, y aunque se logró matar á Bohaue, la secta

y las fechorías de los fanáticos no acabaron con la muerte de aquel,

y creemos que la de Antique es una rama de la de Negros.

Los fanáticos de Antique, asesinaron en 1888 á varios Guardias civiles

y durante algunas horas fueron los señores del pueblo de Quintas,

habiendo intentado saquear el convento.

Uno de los dios-diosans visayas llevaba por amuleto una bola con un

busto de Napoleón I.

Antíguamente el cerro de Pangibalon en las islas Visayas, era el más

célebre adoratorio de los indígenas; pero en estos tiempos se reunen en

los montes de Tubungan de Iloilo los fanáticos, y hace años, asesinaron

al P. Badreña, párroco de aquel pueblo, al tratar de perseguirles.

El monte de San Cristobal en la Laguna, es famoso entre los tagalos por

los muchos prodigios que allí se vén y se oyen, según narran. Y allí

ván muchos tagalos en peregrinación, especialmente en la cuaresma. Al

penetrar en la cueva, depositan dinero en un agujero, que no saben

hasta donde termina, creyendo los donantes que los guardan para sí los

invisibles génios. Éstos indudablemente son gente que conoce por dónde

extraer el dinero depositado. La cueva tiene secretos concavidades

donde se esconden varios pillastres, (tal vez criminales que huyen de

la persecución de la justicia): algunos que la han visitado, aseguran

haber oido voces de Sacerdote que, al parecer, está celebrando misa

invisiblemente. Y lo exageran muchos, diciendo haber visto Sacerdotes

sin cabeza, celebrando el Santo Sacrificio.

Los Dios-Dios é Diosdiosan, que también se llaman así, usan amuletos,

piedras maravillosas, yerbas amatorias, y sería cuento de nunca acabar

citarlos uno por uno.

Los bandidos sacan también buen partido de la credulidad de los

ignorantes, haciéndose creer invulnerables, gracias á unos talismanes

que llevan.

No creo que estos nuevos pseudo-profetas deban llamarse babailans ó

katalonans, porque no son tales. Los que lo fueron, sólo existieron

en la época de la conquista y antes de ella.

Aquellos representaban una verdadera religión con sus dogmas sobre

los Dioses, el alma y otros puntos teológicos ó teogónicos; todos

desempeñaban su papel de buena fé.

Los modernos son unos pillos, que viven y gozan á costa de

la ignorancia y credulidad de los que les rodean; carecen de

verdadera religión; mezclan las ideas cristianas con las prácticas

y preocupaciones más absurdas de la idolatría, y opino que ni ellos

mismos creen én lo que dicen, porque. saben que todo es invención suya.

Los mismos pseudo-profetas ignoran los nombres tradicionales de

babailan y katalonan. Parece ser que un periódico de Iloilo, habiendo

leido que los antiguos secerdotes visayas se llamaban babailanes,

fué el primero en aplicar este nombre á los secuaces de Bohauc.

El Folk-lore Filipino (Tomo I) · 第 172 / 232 题