. . . . . . . . . . . . . ¿Dónde ya están aquellas finezas?... Ya
pasaron, porque te has alejado; pero no pienses que algun tiempo
me he de olvidar de tí.--Considera si conviene que una flor que
tenemos en las manos, se caiga y se marchite, conservando aun el
rocío que la fecunda.--No tengo más remedio que consolarme; ¡ay
I...! ya me muero de pesar; pero resignado, espero la muerte como
motivo de alegría.--Al fin, te has alejado como deseabas, y yo,
¡qué puedo hacer! sólo te diré que acaso celebres como motivo de
satisfacción mi muerte.--Aunque te has alejado de este Vigan, donde
habian deslizado tus felices dias, no te olvides de este pueblo, de
quiera llegues.--Pero ¡oh, corazón! ¡qué pesar el tuyo! Oh I...! ay
de mi, por este tormento, con que me has cargado!.--¿Qué disgusto
has recibido de mí, porque hubiste de alejar precisamente en mi
ausencia?--Cuando he oido que habiais pasado por Sto. Domingo, donde
estaba yo, no he podido articular palabra alguna y las lágrimas
brotaron de mis ojos.--Basta ya, voy á terminar de escribir,
porque mis lágrimas no cesan de manar al acordarme de tí.--Recibe
mi estrecho abrazo á tu pecho que me abandonó por otro amor.--Adiós
I...! aunque me hayas separado, te ruego que no te olvides de mi;
y en tus alegrías y pesares, llámame, que estaré siempre dispuesto
á ayudarte.--Pero ¡qué penoso el estar separado de su amante! pues
parece que se vá á acabar mi única [106] vida.