Siempre, todas las noches, estoy soñando en tu hermosura, y en mis
sueños me figuro quejarme dolorido ante tí; quéjome de los tormentos y
pesares que sufro por tí.--Nenang, escucha lo mucho que padezco y lloro
amargamente, y porque no soy digno de tí, voy de una vez á poner fin
á mis penas.--Sí, hermosura; ya que no espero si no tu cruel desaire,
prefiero recibir la muerte, con tal que sea de tus manos.--Mi vida
depende de tí; si es tu voluntad, mi respiración cesará; calma ya el
dolor de mi corazón quejoso y permite ya que encuentre alivio en tus
encantos.--Escucha mis amargos ayes, que aunque yo me muera, mi amor
no te abandonará con sus quejas, aún estando ya tu en la tumba.--Mi
cadáver hará oir sus llantos atronadores y dirá el hombre que me
escuche: ¡pobre es su suerte, porque fué desdeñado!