LA POÉTICA FILIPINA

Es muy especial. El oido del poeta es el único ritmo y su capricho el

metro. Sólo una rima muy imperfecta y sui géneris se observa en ella;

no hay asonantes ni consonantes; mejor dicho, sí los hay, pero no es

necesario buscarlos, pues en el verso se prescinde de que sean tales.

Si la última letra de un verso es vocal, todos los demás de la misma

estrofa deben terminar en igual letra, advirtiendo que los filipinos

suelen confundir la O con la U, y la E con la I, lo cual obedece

á que los dialectos filipinos tenían sólo tres vocales en la época

de la Conquista, y en su antiquísimo alfabeto había una letra que

representaba la E y la I indistintamente, porque entre estas letras

no existía diferencia alguna y se usaban según los gustos de los que

hablaban, si eran de poblado ó de campo. También había un carácter

que del mismo modo representaba la O que la U.

Los filipinos consuenan la sílaba acentuada con la nó. Y si un verso

acaba en los diptongos ao ó io (aw ó iw) que son de sonido especial,

los demás de la misma estrofa deben terminar en los mismos diptongos.

Si la terminación de un verso es consonante, los demás deben acabar

en sonidos semejantes, como por ejemplo: se consuenan entre sí paít,

lángit y ladingit.

Cada estrofa contiene sólo cuatro versos, y puede tener diferente

terminación de las demás. Excuso decir que en la Poética filipina no

hay sonetos, sáficos, cuartetos, redondillas ni cuartetas propiamente

tales. Los tagalos ya cuentan las sílabas, y á veces emplean estrofas

de cinco ó más versos.

Para las felicitaciones emplean versos acrósticos.

Hé aquí la forma de las poesías filipinas.

Digamos otras dos palabras de su fondo.

Está demás desmentir al poeta que ha aseverado que ni los indígenas de

Filipinas saben amar, ni sus pájaros trinan, ni sus flores perfuman. En

Ilocos, por ejemplo, no se cometen homicidios sino por celos, y ya

se sabe que los celos son efecto del amor.

Los filipinos, aún los monteses, poseen una fantasía ardiente como

nuestro cielo, y fecunda en imágenes.

Sus pensamientos y símiles son expresivos, muchos revelan salvajismo, y

son curiosos precisamente por su valentía salvaje; pero se resienten de

la falta de arte que los coordine y pulimente á fin de que surtieran

efecto de gusto literario ó acaso mejor dicho europeo; porque hay

varios gustos en este punto y es de saber que aún con su desorden

y falta de arte, las poesías filipinas nos gustan á nosotros los

filipinos. Blumentritt escribe: «la poesía demuestra particularidades

especiales porque es acto del temperamento.»

Muchos pensamientos se expresan con altisonante romanticismo y

muchos símiles se emplean con impropiedad, como decir por ejemplo:

Sol resplandeciente, embriágame de dulce aroma.

Hé ahí los caracteres generales de la Poética filipina. Ahora, para

comprender bien sus múltiples particularidades, es preciso estudiar

y analizar los mismos modelos.

Los que á continuación damos, pertenecen á la difunta Doña Leona

Florentino, muy conocida poetisa en toda la comarca ilocana, á pesar

de no haber publicado en periódicos ninguna de sus composiciones.

Ella no había estudiado en ningun colegio y aprendió el castellano con

un maestro indígena privado. Sus poesías ofrecen interés, porque son

naturales, originales de ella, no moldeadas en el estilo europeo, sino

en todo caso en los indigestos y anti-estéticos libretos de comedias

ilocanas que abundan en su país; son genuinamente del estilo filipino

las poesías de dicha señora, á quien repugnaba plagiar, hablando con

desden de los plagiarios.

Su facilidad en escribir era poco comun, y en cartas, á veces dictaba

á tres amanuenses; escribiendo ella además otra carta. Y era aficionada

á escribir y leer libros en ilocano.

Escribió varios sainetes amargamente satíricos contra aquellos á

quienes quería fustigar. Estos salían vivamente retratados y siento

no haber hallado alguno. Tal vez los interesados procuraron su

desaparicion; pero algunos son muy conocidos en Vigan.

Calculo en más de diez tomos de regular volúmen todos sus escritos;

pero ella misma no daba valor ninguno á sus escritos y enviaba los

versos á quienes se dirigiesen ó se los encargasen, sin tomar ninguna

copia. Los ilocanos y todos los filipinos en general, somos así; no

damos ninguna trascendencia á nuestras composiciones y las redactamos

para leer una vez sola é inutilizamos después. Y esta mala práctica

debe datar de las edades prehistóricas, y por eso no se conservaba

ningun escrito antiguo, cuando arribaron á estas playas los españoles.

Considero un triunfo el haber conseguido algunas poesías de la señora

Florentino, de personas que sólo por casualidad las conservaban. Cuando

ella vivía, yo casi niño aún, no sabía apreciar el valor que pudieran

darlas los folk-loristas, filólogos y las ilustres iniciadoras de la

Bibliotheque internationale des OEuvres de Femmes. Y mi ausencia en

el pueblo, cuando ella murió, también contribuyó á la desaparición

de los pocos originales de ella que se conservaban en nuestra casa.

Traduciré literalmente la siguiente composición, para que se puedan

comprender los giros especiales de la Poética ilocana, y al mismo

tiempo, las particularidades de la estructura del idioma ilocano.

El Folk-lore Filipino (Tomo I) · 第 101 / 232 题