LA MUJER FILIPINA

Las facultades intelectuales del hombre moreno de Filipinas y las

de los europeos son enteramente idénticas, faltando solamente en

el primero instrucción, y para adquirirla, le desfavorece el clima

intertropical que por su alta temperatura enerva las fuerzas y frustra

los buenos deseos de estudiar.

Pues bien, es opinión general que la mujer es superior al varon de

Filipinas, moralmente hablando. Es más inteligente. Por eso siempre

se vé el marido dominado por ella. Para ésta, aquel es casi como

una máquina; le dirige á su gusto, y le impone sus caprichos, su amor

propio. Así, en las disensiones muy reñidas, graves ó de pura etiqueta,

siempre se supone que son obra de las mujeres, y efectivamente una

vez ganada la voluntad de éstas, la calma suele venir como por ensalmo.

Hay hombres curanderos que conocen maravillosas virtudes secretas

de plantas medicinales; pero son muy charlatanes, y las curas que

hacen las atribuyen á influencias supersticiosas. Ahora, colocadles

al lado ó delante de las curanderas, y su parlería cesa inmediatamente

dominada por la verbosidad sorprendente de éstas.

Sin embargo, las filipinas no abusan de esta gran influencia que

ejercen sobre sus maridos; ellas son todo amor y por lo regular

trabajan más que el varón para ganar el sustento de la familia, y en

Manila y otras provincias centrales, suele verse que la mujer es la

que sale afanosa por la morisqueta ó pan diario, y queda en casa el

marido desempeñando las tareas domésticas, propias de la mujer.

Sale de casa, sí; pero con objeto de ganar dinero honradamente. Es

pudorosa ella. El conocido autor antiguo Fr. Gaspar de S. Agustín

escribe en su citada Carta: «muy honesta, muy honrada y mucho más

si es casada.» Y aún lo es la negrita, raza selvática que se supone

autóctona, como lo atestiguan el Excmo. Sr. D. Sinibaldo de Más [54]

y Mozo [55]: El primero añade: «La desenvoltura é impudencia no la

he visto ni aún entre rameras. En Manila ninguna mujer hace la menor

indicación ni menos llama á un hombre por las calles, ó desde las

ventanas, como, sucede en Europa, sin que sea este recato temor de

la policía... Por el modo, circunspecto y aún humilde que los jóvenes

solteros se acercan á sus queridas, se ve que estas señoritas tienen

á sus amantes á raya y se hacen de ellos tratar con el mayor respeto.»

Y es de advertir que el Sr. de Más que esto escribe, es el autor que

ha dicho las más abominables calumnias contra los pobres filipinos.

La filipina es indisputablemente cosa singular: Ella se adelantó

en introducir una reforma buena, que según mis noticias ni aún en

Europa se practica hoy día. Me refiero á que son mujeres las que

están al frente de los bazares y tiendas en Filipinas. En Europa

y América se busca con tanto afán nuevas tareas, no muy pesadas,

para las mujeres. ¿Y por qué no se acuerdan los tenderos de ceder su

puesto á las mujeres, yendo ellos en busca de trabajos más dignos de

los brazos de que Naturaleza les dotó?

En cuanto á negocios, tienen ellas muy especiales aptitudes. Conozco á

muchos filipinos cuyo talento é ilustración son bien conocidos, y sin

embargo, sus esposas son las que se encargan ó dirigen los negocios,

porque son felices en sus cálculos, mientras aquellos con sus teorías

sufren á cada paso lamentables fracasos.

La filipina cose, cuece, dobla cigarros, teje, borda, descascarilla

arroz, (operación corporal muy pesada, impropia de su sexo), pesca

ó recoge mariscos, es maestra muy buena de instrucción primaria,

toca el piano, arpa, violin, guitarra, canta, representa en teatros,

enseña á bailar, vende y revende, etc. Y todas sus obras, como por

ejemplo, sus bordados, sus tejidos y cosidos son muy excelentes y en

la Exposición Filipina celebrada en Madrid en 1887, fueron premiadas

muchas de ellas, algunas con medallas de oro.

La filipina es simpática, muy devota, buena madre, buena hija y

excelente esposa.

En cuanto á sus caracteres físicos es de color moreno por lo

regular, y hay algunas de hermosura especial, que no se comprende

con explicaciones, sino viéndola.

El Folk-lore Filipino (Tomo I) · 第 94 / 232 题