Muy señora mía de toda mi consideración:
Como recuerdos de un ser querido, de mi difunta madre, yo guardaba,
como oro en paño las pocas poesías que he conseguido de entre millares
que ella había escrito cuando llegaron á mis manos las excitaciones de
Vd. para formar una Bibliotheque internationale des OEuvres de Femmes,
con motivo de la próxima Exposición Universal de París (1889).
Comprendo que poco ó nada valen estas poesías, especialmente
porque están escritas según el gusto y estilo puramente filipinos
ó ilocanos, que nada tienen de comun ó conforme con el gusto y
arte europeos. Acaso parecerán irrisorios á muchos; pero no á los
sábios folk-loristas, filólogos y, sobre todo, á Vd. cuyo objeto,
por su carácter internacional, tiende á formar un archivo de gustos
y estilos, y mientras más variedad haya, será más rico aquel.
Las presentes composiciones, al menos, podrán servir para conocer
las especialidades de la Poética filipina, en general ó de la ilocana
en particular, y casi estoy seguro de que también para el objeto que
se propone.
Para llenar su segundo objeto de conocer la historia de la instrucción
de la mujer, escribiré diferentes capítulos sobre la mujer filipina
en los primitivos tiempos; su instrucción por los españoles; y sobre
la filipina y la literatura; pero antes de esto, convendrá presentar
un esbozo moral y físico de ella, como voy á hacerlo enseguida.
Y por último, daré las poesías de D.a Leona Florentino con su
traducción y comentarios, divididas en dos partes: Felicitaciones,
y Poesías eróticas, y para que se puedan apreciar bien, dedicaré
antes algunos párrafos á la Poética filipina.
Perdóneme Vd., muy ilustrada señora, si por mi natural amor á mi madre
(q. e. p. d.), he dado á sus poesías la importancia que acaso realmente
no tengan.
Reciba mi entusiasta aplauso á su excelente idea y permítame besar
respetuosamente sus piés.