XIII

Bajo la ventana, el estanque, no la hoguera.

«La llama es bella». El fuego purifica y glorifica. Si arrojamos a la

hoguera nuestros libros envejecidos, nuestras olvidadas estampas, el

suplicio hará, de todo, antorchas.

Hay que destruir muchas cosas, pero escogiendo bien el arma y el

patíbulo. La tea es grande. Tiene un bello sentido trágico. Pira es

tanto como altar. Es mejor el agua. Es mejor un estanque. Ni siquiera

el mar: un plácido estanque. Y, barquitos, ¡barquitos de papel!

Una mañana quedará limpia nuestra mesa de todos esos libros y papeles

que hicieron de nuestro cerebro un bazar. Todo lo llevaremos a

orillas del estanque. Allí vendrán los niños. Mientras llegan, iremos

descosiendo los volúmenes. Hojas en cuarto, para barcos de vela; hojas

en octavo para góndolas. Con los folios de grandes revistas, haremos

lindos trasatlánticos.

Cuando los niños lleguen, se apoderarán de los barquitos, y lanzarán

su juguete al agua quieta o levemente rizada. Pronto, unos barquitos

se perderán de vista; otros se hundirán, al ser botados. No importa.

Seguiremos construyendo escuadras. Y los niños, sin pensar que

cada barquito lleva dentro un gran ensueño o una vanidosa norma,

irán arrojando al agua sus lanchitas, sus góndolas. Luego, una

ráfaga hundirá el último poema o el último sistema de filósofo. El

agua borrará dulcemente todo rastro de lo pintado o escrito. Sin

chisporroteos, sin trágica apoteosis, todo habrá terminado.

Ejercicios · 第 15 / 51 题