III

Por fin, crear el ritmo de los pliegues. Que el viento no arrastre la

túnica por el barro, ni la hinche de humo y de nube, haciendo de ella

ese globo grotesco, que da tumbos risibles por los aleros.

No crear huecos para incrustar palabras recién venidas, sino seguir el

surco con el arado vigilante por si la reja hace sonar la caja metálica

del tesoro. Cuando surja el hallazgo, recogerlo sin detenerse mucho, y

dejar bien arado el bancal. Quede la fruición para el lector. El buen

creador solo goza del deleite de engendrar.

Y, menos, detenerse en el modismo —falso hallazgo—, banco de ripios

a flor de tierra, donde choca el arado sin que estalle el haz de

chispas. Allí el ímpetu armonioso se quiebra y el período se entumece.

Todo modismo es cierta petrificación del idioma; y suele ser el léxico

del sentido común. Si salta el ingenio, nunca se apoye en el idioma

sino en la idea. Que, al apartar las ramas del florecido arabesco,

reposen los ojos en una serena, en una profunda perspectiva. Es penoso

hundir las manos en la fronda, asomar los ojos y no hallar nada detrás.

Una rica maraña oscurece bellamente el contenido; pero, a veces, suele

disimular el caos.

Ejercicios · 第 7 / 51 题