II

Hay palabras eslabones y palabras gemas. La prosa escoge buena porción

de los primeros, dejando al verso cofres casi intactos de brillantes.

El verso puede crear aéreos engranajes, metáforas sutilmente engarzadas

por voluptuosos contactos. La prosa —menos afortunada— no logró nunca

prescindir de serviles engranajes sintácticos. Tampoco el tren de

unidades más ricas y bellamente iluminadas, puede nunca desdeñar las

cadenas oscuras, rechinantes, que hacen de él, en medio de la noche,

un compacto y espléndido alud.

Se deben terminar los dibujos y las frases. Cada período limita cierta

zona verbal íntegra, aislable, donde se cumple una intención del

artista. Y debe ser trabajado como la columna en un peristilo. Que el

aire y la luz discurran a su antojo por entre los fustes, refloreciendo

la gracia del contorno, arañándole toda granalla intersticial,

desnudándole de toda hiedra retórica. Pero en la prosa, muchas palabras

han de resignarse a su función de esclavos.

Para que florezca más gallardo el haz de palmas en la bóveda ojival, es

preciso que quede a la intemperie un botarel.

Brota del gracioso vientrecillo de cada capitel la rama flexible,

armoniosa, que se lanza a recoger el ímpetu de otra rama; pero la onda

de savia venía ya del humilde zócalo, aunque solo en la copa cincelada

se desborde. Solo el oscuro enlace de las raíces, mantiene erguida la

más aérea arquitectura.

Ejercicios · 第 6 / 51 题