PROPIEDAD RESERVADA

Imp. de la Ciudad Lineal.—Madrid.—Teléfono 50.018.

Cae a tierra el grano rubio, mientras el viento mece y esparce las

briznas de paja amarilla, desdeñada. Y todos los granos, envidiosos,

quisieran también piruetear sobre las palmas del viento. Pero solo

unos pocos se deciden a lanzarse a la risueña aventura. Solo unos

pocos tejerán, a la orilla de las eras, un felpudillo verde para

que duerman en él las margaritas. Por esta locura de los granitos

impacientes se vestirá el sendero de fino plumón, y, al verano, de

espiguillas generosas. Otros granitos rubios se dispersarán por los

nidos del contorno, para ser banquete de pájaros recién nacidos.

Me gusta ver al margen de las eras estos granitos locos, envidiosos

de las briznas de paja, glorificados por el sol. Tienden su cunita

fresca para que allí se enrosquen los gusanillos, para que los ojos

del viajero reposen en la tierna seda verde tejida por la gozosa

aventura.

I

Toda idea, claramente engendrada, nace vestida con su propia túnica

verbal. La vaga forma de expresión arguye siempre balbuceos del

pensamiento.

Pero la palabra es materia, en lucha tenaz con el espíritu.

Transfigurar valores ideales en el puñado de monedas de la prosa,

es siempre entablar una penosa escaramuza. Concebir es placentero,

realizar arguye muchas resistencias vencidas. El idioma es un antiguo

enemigo, más temible cuando se nos acerca lamiéndonos las manos.

_Cave canem_ escribiríamos en el dintel de esos libros donde la frase

devino tan dócil y el estilo tan «fluido» —según la vieja adjetivación

retórica—. Fluidez equivale hartas veces a facilidad, a hemorragia

incontenida: algún tropel de palabras ya solo nos sugiere la intención

de cerrar el arcaduz.

Por sus delitos de elocuencia, el tribunal del arte condenó a la

prosa a trabajos forzados. No puede ya salvarla ni la música, ni la

decoración. Solo escucharemos al que sepa hacer de la estrofa o del

período no el chorreante cangilón de noria, sino el bello fanal. Pasó

el tiempo del sublime torbellino. Ni gárgola, ni surtidor, ni catarata.

Queremos agua filtrada en un vaso muy limpio de cristal.

La idea nace vestida, pero es preciso ajustar bien los paños y recortar

los arambeles; imantar los hilos más robustos de la trama, haciéndola

metálica y vibrátil armadura; polarizar los bordes, haciéndolos

engarces del pensamiento —y del período— venidero. Y escamotear

vocablos puentes, cuando no podamos hacer de ellos finas pasarelas.

Entre frase y frase, dar alguna vez un ágil salto, aunque la cadena

lógica sufra el peligro de quebrarse. Bueno es burlar alguna vez al

implacable centinela que nos lanza su alerta, invitándonos a rastrear

por el foso. Brota el pensamiento como un proyectil: no es preciso

señalar todos los puntos del trayecto. Más nos interesa el certero

impacto.

Ejercicios · 第 5 / 51 题