ALEJANDRO GÓMEZ.»

El conde de Bordaviella llegó a la cita pálido, tembloroso y

desencajado. La comida transcurrió en la más lóbrega de las

conversaciones. Se habló de todas las mayores frivolidades—los criados

delante—, entre las bromas más espesas y feroces de Alejandro. Julia le

acompañaba. Después de los postres, Alejandro, dirigiéndose al criado,

le dijo: «Trae el te.»

—¿Te?—se le escapó al conde.

—Sí, señor conde—le dijo el señor de la casa—. Y no es que me duelan

las tripas, no; es para estar más a tono. El te va muy bien con las

satisfacciones entre caballeros.

Tres novelas ejemplares y un prólogo · 第 20 / 28 题