XI

Juan huyó de las dos, y algo más. ¿Cómo fué ello? Sólo se supo que

habiendo salido en excursión hacia la Sierra, en automóvil, lo

volvieron a su casa moribundo y se murió en ella sin recobrar el

conocimiento. Ni el _chauffeur_ ni el amigo que le acompañaba supieron

explicar bien lo ocurrido. Al bordear un barranco le vieron desaparecer

del carruaje—no sabían decir si porque cayó o porque se tirara—, le

vieron rodar por el precipicio, y cuando luego le recogieron, estaba

destrozado. Tenía partida la cabeza y el cuerpo todo magullado.

¡Qué mirada la que Raquel y Berta se cruzaron sobre el cuerpo blanco y

quieto de su Juan!

BERTA.—Ahora—dijo Berta—lo de la niña, lo de mi hija, está claro...

RAQUEL.—Claro. ¿Y de qué va a vivir? ¿Quién la va a mantener? ¿Quién la

va a educar? ¿Y cómo? Y tú, ¿de qué vas a vivir? ¿Y de qué van a vivir

tus padres?

BERTA.—¿Y la fortuna de Juan?

RAQUEL.—¡Juan no deja fortuna alguna...! ¡Todo lo que hay aquí es mío!

¡Y si no lo sabías, ya lo sabes!

BERTA.—¡Ladrona! ¡Ladrona! ¡Ladrona!

RAQUEL.—Esas son palabras, y no sabes quién le ha robado a quién. Acaso

la ladrona eres tú...; las ladronas sois vosotras, las de tu condición.

Y no quiero que hagáis de mi Quelina, de mi hija, una ladrona como

vosotras... Y ahora piénsalo bien con tus padres. Piensa si os conviene

vivir como mendigos, o en paz con la ladrona...

BERTA.—¿En paz?

RAQUEL.—¡A los ojos del mundo, en paz!

* * * * *

Berta tuvo largas conversaciones con sus padres, los señores Lapeira,

y los tres, con un abogado de mucha nota y reputación, informáronse

del testamento de don Juan, en que aparecía no tener nada propio; del

estado de su fortuna, toda ella en poder de Raquel, y al cabo aceptaron

el compromiso. Los sostendría Raquel, a la que había, a cambio, que

ceder la niña.

El único consuelo era que Berta volvería a ser madre y que Raquel

consignaría un capitalito a nombre del hijo o hija póstumos del pobre

don Juan. Pero ¿cómo se criaría esta desdichada criatura?

RAQUEL.—Si te vuelves a casar—le dijo Raquel a Berta—, te dotaré.

Piénsalo. No se está bien de viuda.

Tres novelas ejemplares y un prólogo · 第 17 / 28 题