III

Quedamos, pues—digo, me parece que hemos quedado en ello...—, en que

el hombre más real, _realis_, más _res_, más cosa, es decir, más

causa—sólo existe lo que obra—, es el que quiere ser o el que quiere

no ser, el creador. Sólo que este hombre que podríamos llamar, al modo

kantiano, numénico, este hombre volitivo e ideal—de idea-voluntad o

fuerza—tiene que vivir en un mundo fenoménico, aparencial, racional, en

el mundo de los llamados realistas. Y tiene que soñar la vida que es

sueño. Y de aquí, del choque de esos hombres reales, unos con otros,

surgen la tragedia y la comedia y la novela y la nívola. Pero la

realidad es la íntima. La realidad no la constituyen las bambalinas ni

las decoraciones, ni el traje, ni el paisaje, ni el mobiliario, ni las

acotaciones, ni...

Comparad a Segismundo con Don Quijote, dos soñadores de la vida. La

realidad en la vida de Don Quijote no fueron los molinos de viento,

sino los gigantes. Los molinos eran fenoménicos, aparenciales; los

gigantes eran numénicos, sustanciales. El sueño es el que es vida,

realidad, creación. La fe misma no es, según San Pablo, sino la

sustancia de las cosas que se esperan, y lo que se espera es sueño. Y

la fe es la fuente de la realidad, porque es la vida. Creer es crear.

¿O es que la _Odisea_, esa epopeya que es una novela, y una novela

real, muy real, no es menos real cuando nos cuenta prodigios de ensueño

que un realista excluiría de su arte?

Tres novelas ejemplares y un prólogo · 第 6 / 28 题