No basta escoger, más o menos automáticamente, la _élite_ de la
intelectualidad, transportándola de golpe a los Centros científicos
del extranjero. Es preciso crearle antes un ambiente de transición,
es decir, adoctrinarla moral y técnicamente para que la acomodación
al nuevo medio cultural se efectúe sin riesgos; y es, además,
indispensable proporcionar a los mejor adaptados a dicho ambiente, de
vuelta de su pensión, los recursos necesarios para proseguir la obra
emprendida y evitar que el tipo mental, tan laboriosamente creado,
acabe por desdiferenciarse en la molicie, retornando, como ciertas
plantas artificiosamente cultivadas, a la especie indígena vulgar.
Ociosas fueran tales iniciativas si nuestras Instituciones docentes
estuvieran siempre en situación de ejercitar técnicamente al candidato,
y si al regreso de este, la Universidad, las Escuelas especiales o la
Administración pública le brindaran puesto adecuado a sus talentos.
No sucede así, por desgracia. Los establecimientos oficiales son
organismos herméticos, tiranizados por el escalafón y el reglamento,
y amarrados a un presupuesto rígido, donde todo está previsto menos
las sorpresas de la vida, quiero decir, la brusca aparición de cabezas
geniales y la necesidad de prestarles, rápida y oportunamente, apoyo
moral y pecuniario.
A subsanar esta deficiencia responden el _Instituto Nacional de
Ciencias_, con sus diversos Laboratorios y Seminarios; el _Centro de
Estudios históricos_, organizado por la _Junta de Pensiones_, y, en
fin, algunos pocos Laboratorios universitarios.
Importa notar que los consabidos Centros son organismos provisionales,
supletorios de la Universidad y de las diversas escuelas profesionales.
Ellos desaparecerán cuando las Corporaciones docentes adquieran
la elasticidad y sensibilidad suficientes para acoger en su seno
a todo talento desvalido utilizable. Se equivocan, pues, algunos
profesores universitarios, recelosos de que estas hijuelas de la Junta
de Pensiones sean Institutos rivales de la Universidad. ¿Cómo serán
rivales de la enseñanza oficial laboratorios dirigidos por catedráticos
numerarios y organizados precisamente para servir de plantel al futuro
profesorado?
Quienes tan poco generosamente juzgan las iniciativas de los demás, ¿se
han detenido a considerar el grave peligro de perder irremisiblemente,
por abandono e inacción, actitudes y vocaciones preciosas, ínterin las
filas cerradas de los escalafones docentes se entreabren para recibir
al novel compañero? ¿Y si no hay vacante en muchos años? ¿Consentiremos
impasibles que el novel investigador, aguijado por el apremiante
_primum vivere_..., pida a la enseñanza privada o a cualquier profesión
lucrativa el pedazo de pan que le rehúsa el cultivo de la ciencia pura,
perdiendo así el Estado el fruto de sus sacrificios?
La experiencia de estos últimos años ha enseñado que toda precaución
es poca para evitar el retroceso mental del novel investigador y su
readaptación a la vulgaridad ambiente. Todo conspira en contra: la
falta de tutela social, el despego de los compañeros no pensionados, el
desdén cuando no la antipatía de algunos viejos maestros, y sobre todo,
la sugestión constante, subyugadora del fausto profesional, y hasta
de la desaprensión o de la osadía encumbradas. Así pierde anualmente
la causa de nuestra cultura muchos defensores valiosos, caídos sin
redención en el montón anónimo de los buscadores de oro. Y esto hay que
evitarlo a todo trance, o al menos reducirlo a un mínimo soportable.
No sobre todos, porque ello sería imposible, pero sí sobre los mejores
expensionados, deben la _Junta de Pensiones_, y singularmente los
profesores bajo cuya dirección trabajan, ejercer continua y vigorosa
acción tutelar, abogando en su pro en las esferas administrativas,
animándoles a proseguir, a pesar de todo, sus trabajos, y corrigiendo,
en fin, paternalmente los defectos de inmodestia y presunción, no raros
por desdicha entre los jóvenes educados allende el Pirineo, y causa
principal --preciso es reconocerlo-- de la animosidad con que los miran
algunos positivos y viejos prestigios del cuerpo universitario.