Órganos sociales encargados de nuestra reconstrucción.
Pensionado en el extranjero. Importación de profesores. Creación de
Colegios españoles en las principales ciudades universitarias de Europa.
Las ideas precedentes, vulgarísimas en el extranjero, tampoco son,
por fortuna, novedad en España. Más o menos explícitamente, han sido
proclamadas por nuestros mejores escritores, y singularmente por
las eminencias de la cátedra; han creado un estado de conciencia
nacional y se han traducido, al fin, en leyes y órganos adecuados de
acción. Notorio es que, desde hace algunos años, se han fundado entre
nosotros instituciones que, como la _Junta de Ampliación de estudios
y Pensiones_ y el _Patronato de ingenieros y de obreros_, tienen por
principal misión escoger la flor de nuestra juventud intelectual y
obrera, para educarla y sostenerla en los grandes focos de producción
científica e industrial de Europa y América.
La _Junta de Pensiones y de Ampliación de estudios_ se propone, según
resume su activo secretario, señor Castillejo: «1.º El envío de
pensionados al extranjero, la comunicación con ellos y la organización
de diversas formas de tutela y auxilio para facilitarles su labor. 2.º
Un servicio de información extranjera en las cuestiones de educación,
para divulgar el conocimiento de los centros docentes y las condiciones
de la vida en los principales países. 3.º Un patronato de estudiantes
que secunde la iniciativa privada, auxiliando el envío de jóvenes al
extranjero por cuenta de las familias. 4.º La creación de centros
de investigación científica, organizados dentro y fuera de España,
como medio de que los pensionados en el extranjero puedan continuar
su preparación, y los que aspiren a salir, comenzarla reunidos, con
los elementos que el país ofrezca, en un trabajo práctico y personal.
Hay hasta ahora constituidas tres agrupaciones: el Centro de estudios
históricos, el Instituto nacional de ciencias físico-naturales y la
Escuela española de Roma para Arqueología e Historia. 5.º El fomento
de las instituciones de carácter educativo, para mejorar en todos los
órdenes de la vida de nuestros escolares. Se ha abierto ya en Madrid
la primera _Residencia_ de estudiantes donde estos hallan favorables
condiciones higiénicas, morales e intelectuales, dentro de un régimen
de sana libertad»[38].
La lealtad, la imparcialidad confesional y el sincero patriotismo
con que la _Junta de Pensiones y de Investigaciones científicas_ ha
aplicado los referidos principios de elevación cultural, han sido
reconocidos por la mayoría de los conspicuos de la política, sin
distinción de matices. Aprobaciones valiosas ha merecido también de
nuestros más brillantes escritores, entre los cuales fuera imperdonable
olvidar al cultísimo y ecuánime crítico Gómez Baquero, cuyas elocuentes
conferencias de Portugal versaron precisamente sobre las funciones de
la Junta y los resultados alentadores obtenidos. Conscientes de que se
deben a una obra esencialmente nacional, los miembros de la susodicha
Corporación, a la hora de proponer pensiones u otorgar becas de
trabajo, no disciernen otros colores que los gloriosos de la española
bandera, que son también los mismos de la aurora espiritual por todos
anhelada.
Colaboradores humildes de dicha Institución, no debemos justipreciar
su labor. Fuera, además, harto prematuro. Séanos lícito, sin embargo,
olvidarnos por un momento de nuestro insignificante concurso, y
apreciar objetivamente los resultados. Repetimos que es todavía
temprano para hacer el arqueo de los valores logrados. La semilla dará
fruto solamente dentro de algunos años. La justicia obliga, empero, a
confesar que, no obstante la timidez e irresolución con que el Estado
y en su nombre la citada Junta han procedido, hanse recogido cosechas
estimables. Por de pronto, en la nueva generación, el tipo mental del
maestro declamador y meramente comentarista disminuye visiblemente, y
de día en día aumenta el número de revistas científicas nacionales, de
laboratorios y seminarios de investigación y de entusiastas profesores
entregados a pesquisas originales. Puntualicemos un poco.
Por lo que toca a la Biología, contamos ya con un plantel de
laboratorios cuyas investigaciones son conocidas y apreciadas en el
extranjero, donde algunos de ellos han explicado cursos y dirigido
laboratorios. Diversas revistas alemanas, inglesas y nacionales,
y singularmente los _Trabajos del Laboratorio de Investigaciones
biológicas_ y el _Boletín de la Sociedad española de Biología_,
registran sus interesantes comunicaciones. Solo en la Revista citada
de mi Laboratorio (_Trabajos del Laboratorio de Investigaciones_,
etc., años 1912 a 1923), han sido publicadas por alumnos o
profesores pensionados más de 50 monografías originales, algunas con
descubrimientos de primera fuerza.
Los naturalistas, laboriosos como siempre, aunque lentos todavía
en adoptar ciertos métodos de estudio (histológico, embriológico,
etológico y psicológico), han acrecido cualitativa y cuantitativamente
su rendimiento. Aparte las comunicaciones insertas en el _Boletín
de la Academia de Ciencias_, cada día son más interesantes las que
ven la luz en los acreditados _Anales de la Sociedad española de
Historia Natural_. La creación de la _Comisión de Investigaciones
paleontológicas y prehistóricas_ ha dado también opimos frutos.
Sus doctos y activos profesores, adoctrinados por ilustres
especialistas franceses y alemanes, nos han redimido del bochorno de
que nuestra Península constituyera, en lo tocante al arte e industria
prehistóricos, exclusivo campo de explotación de sabios extranjeros.
Grandes esperanzas nos hacen concebir también los físicos, químicos,
matemáticos e ingenieros llegados recientemente de Alemania, Holanda,
Bélgica y Francia. Algunos de ellos se han ilustrado ya con importantes
investigaciones en parte publicadas por la _Junta de Pensiones_, y en
su mayoría insertas en la joven _Revista de Física y Química_. Hasta
los matemáticos, tan flemáticos y apocados antes, han fundado, por fin,
un _Seminario_ y una Revista, donde hallan estímulo y publicidad sus
estudios, de cada día más originales y profundos.
Brillante y copiosa es también la pléyade de juristas, historiadores,
filólogos y psicólogos, etcétera, que han importado de Alemania el
secreto de la investigación positiva y exacta. Obrador y cauce para
sus actividades en _crescendo_, es el _Centro de Estudios históricos_
y los libros numerosos que la Junta de Ampliaciones de estudios da a
luz periódicamente. Con satisfacción se advierte que la nueva floración
de sociólogos, humanistas, críticos literarios, historiadores y
lingüistas, han abandonado el cómodo proceder del _impresionismo_,
_tendencionismo_ y _declamacionismo_, para sentar serena e
impersonalmente doctrina propia sobre datos de primera mano, documentos
y cifras. El cuadro en conjunto es consolador y abre al patriotismo
español perspectivas luminosas.
No nos ofusque, empero, tan alentador resultado. Convengamos en
que el fruto logrado es deficiente aún, y harto inferior a nuestra
potencialidad productiva. Avanzamos a paso de tortuga, cuando
necesitaríamos velocidades planetarias. Consuélanos solamente el
considerar que los bienes logrados, aunque mezquinos, corresponden
aproximadamente a la importancia de los esfuerzos.
Causas notorias, oportunamente pregonadas por espíritus clarividentes,
explican la modestia del éxito logrado.
Sobre las principales de ellas séanos permitido exponer brevemente
algunas reflexiones:
1.ª _Escasez de las pensiones._-- El método del pensionado en el
extranjero, bueno como norma educadora, solo puede rendir frutos
suficientes cuando se le aplica en grande escala, sin timideces ni
recelos, y en la persuasión de que la mayor parte de la semilla habrá
irremisiblemente de perderse. Satisfechos podríamos quedar si, de los
90 o 100 pensionados actuales, lográranse ocho o diez obreros útiles a
la elevación cultural del país[39].
Pero el número de 80 a 90 pensionados entre profesores, doctores,
ingenieros, médicos, naturalistas, abogados, historiadores, filólogos,
artistas, pedagogos, etc. (cifra que representa un máximo con
relación a otras anualidades), constituye cantidad irrisoria y casi
despreciable, si se tiene en cuenta nuestro atraso y la largueza y
decisión con que proceden en este punto otras naciones. No nos hagamos
ilusiones. Nuestro país necesita ser reformado radicalmente de alto a
bajo, hostigando y estimulando al amodorrado cuerpo social hasta la
entraña misma. Para tan intensa fermentación son necesarios cientos y
acaso miles de pensionados, legiones de jóvenes decididos a arrancar
a Europa el secreto de su grandeza y a infundir un nuevo espíritu en
todas nuestras relajadas instituciones docentes y administrativas[40].
2.ª _Escasez del tiempo de pensión._-- En Italia, y en casi todas
las naciones de producción científica accidentalmente aminorada, las
pensiones en el extranjero duran tres años, en vez de uno o medio,
salvo prórroga, según es costumbre entre nosotros.
Nuestro tiempo de pensión es harto insuficiente. Exceptuados los
profesores cultos y habituados a la investigación, que visitan los
laboratorios extranjeros con la mira de dominar un nuevo método de
estudio, o de profundizar, al lado de sabio ilustre, algún tema
especialísimo, la duración del pensionado debe prolongarse tres
años o, por lo menos, dos. A nadie se le ocultarán los motivos
justificativos de tal plazo, y menos a los encargados del magisterio
docente, conscientes como somos de la deficiente preparación técnica,
y del casi ningún conocimiento de idiomas de la inmensa mayoría de
nuestros doctores y licenciados. Durante el primer año, el pensionado
invierte casi todo su tiempo en perfeccionarse en la lengua y en
familiarizarse con los métodos de trabajo; solo más adelante puede
emprender labor útil y penetrar en la intimidad espiritual del maestro.
3.ª _Escasa edad e insuficiente preparación técnica del candidato._--
He aquí dos importantes causas de esterilidad del pensionado,
consecuencia fatal de un estado de cosas que ni la _Gaceta_ ni la
Junta de Pensiones serán poderosas a corregir por ahora. El candidato
a pensión está mal preparado, porque la inmensa mayoría de nuestros
maestros lo están también, y suele carecer de la madurez mental
indispensable, por culpa de leyes que, de acuerdo con los íntimos
anhelos del padre de familia, obligan a las fábricas del Liceo y
de la Universidad a lanzar apresuradamente al mercado social sus
inconsistentes hechuras.
Salvo precocidades excepcionales, la vocación constituye estado de alma
tardío, resultado del tanteo divergente de las fuerzas mentales y de la
prueba objetiva de las propias aptitudes. Por regla general, esta clara
conciencia de la vocación surge desde los veinticinco a los veintiocho
años, aunque sobre este punto nada seguro quepa establecer. De todos
modos se corre grave riesgo de perder tiempo y dinero, enviando al
extranjero mozos de veinte a veinticuatro años, ignorantes de sí mismos
y sin gustos ni vocación bien definidos.
En su atolondramiento, muchos de ellos toman por aptitud científica
el ansia aventurera de viajar o el deseo de adquirir, por cuenta del
Estado cierta cultura general de buen tono; y cuando por obligación del
cargo visitan laboratorios y asisten a cursos, van animados más bien de
curiosidad novelera y de conocer la fisonomía moral y anecdótica del
maestro, que del afán de empaparse profundamente en el espíritu de la
escuela.
Cuando se pregunta a los extranjeros conocedores de la organización
docente española acerca de las causas de nuestra flojedad productiva,
la contestación es tan unánime como justa:
«La Universidad extranjera --dicen-- recibe de la enseñanza
secundaria hombres hechos, con una base científica y literaria muy
sólida; mientras que la Universidad española se nutre de mozalbetes
irreflexivos, sin formación mental suficiente y casi totalmente
desprovistos de conocimientos sólidos en matemáticas, física, química,
historia natural, lenguas vivas y filosofía»[41]. Este grave mal ha
sido también deplorado por muchos de nuestros maestros, singularmente
por André, en cuyos libros (señaladamente en el titulado _La mentalidad
alemana_) se hace crítica luminosa y justa de nuestra defectuosa
organización universitaria.
Defecto es este imputable más que a las leyes, a nuestros impacientes
padres de familia, que solo se preocupan de que su hijo obtenga un
título profesional con el menor gasto posible de tiempo y de dinero.
«Lo que no sepa (dicen ellos), ya lo aprenderá después...» Y, en efecto
no lo aprenden casi nunca.
No está en las atribuciones de la _Junta de Ampliación de estudios_
pensionar, como decía cierto ingenioso político, a los _cabezas de
familia_ para que aprendieran fuera de España el arte de ser padres
cabales; pero fuera deseable que a la hora de proponer candidatos
tuviera muy en cuenta dicho factor de esterilidad, rechazando (salvo
excepciones justificadas) a todos los intonsos doctores y licenciados
menores de veinticinco años, sin vocación consolidada ni preparación
técnica elemental suficiente.
_Colegios españoles en Londres, París y Berlín._-- Aunque no somos
entusiastas de este procedimiento aconsejado por Costa, no vemos
inconveniente en que se le ensaye, creando en Cambridge, Leipzig o
Múnich algún colegio español, donde numerosos becarios cursen, según
los métodos modernos, tanto la enseñanza secundaria o de Liceo, como
la universitaria o superior. Entre otras ventajas, este método de
precoz trasplantación tendría la valiosísima de modelar la voluntad
y el carácter en la época en que el ambiente social, los deportes,
etc., obran con mayor eficacia educativa, y la no menos importante
de ofrecer desde el principio a las juveniles inteligencias un pasto
intelectual suculento y sano, en lugar de la memorista y superficial
instrucción servida, salvo excepciones, en nuestros Institutos y
Colegios de segunda enseñanza. Solamente nos detendría el temor de
que este método, aplicado de modo global y sin selección a cerebros
en agraz, impusiera al exhausto Tesoro español dispendios muy
desproporcionados con los resultados.