Interrúmpese la obra por el mas extraño sucesso que acaeció al Autor, y
de que quizá no se encontrará exemplar en los annales.
1. Aquí llegaba dichosamente la pluma, volando con gustosa rapidez
por la region de la Historia, en alas, á nuestro modo de entender,
de la verdad mas acendrada; aquí corria la narracion sin tropiezo
por el dilatado campo de la vida de nuestro Héroe, faltando por
lo ménos la mitad para llegar al término de su espaciosa carrera;
aquí comenzábamos (por decirlo assí) á tender las velas de nuestra
navegacion, desviándonos de la tierra para engolfarnos en el mar alto
de las mas famosas proezas pulpitables de nuestro nunca bastantemente
aplaudido Fray Gerundio; aquí, aquí era donde lográbamos los documentos
mas copiosos, las mas preciosas memorias, y los instrumentos no solo
mas abundantes, sino tambien (á nuestro parecer) los mas puntuales, los
mas exactos y los mas fidedignos, para divertir, entretener, embelesar
y (en quanto nos fuesse possible) instruir sin especial trabajo nuestro
á los Lectores, quando el sucesso mas extraño, el acaecimiento mas
singular, y el mas exótico, triste, melanchólico, funesto y cypresino
accidente, que podia caber en la humana imaginacion, nos obligó á
cortar los vuelos á la pluma, á parar el cavallo en medio de la
carrera, á echar las áncoras al principio de la navegacion, y, en una
palabra, ó á levantar la mano de la tabla, arrinconándola para siempre,
ó por lo ménos á suspender el pincel hasta ver lo que producen las
nuevas diligencias que estamos haciendo, en cumplimiento de nuestro
empeño y de nuestra obligacion.
2. Bien conocemos, que estarán ya nuestros amados Lectores con una
ansiosa impaciencia por saber el triste fatal sucesso, que ocasionó
esta desgracia. Tengan por Dios un poco de flema y déxennos respirar,
haciéndose cargo de que no somos de bronce. La memoria solo nos
conturba, los ojos se arrasan, la voz se corta, el pecho se cierra,
la garganta se añuda, y hasta la pluma misma parece que no quiere dar
tinta. Ya hemos tomado un poco de huelgo: allá va pues lo que nos
sucedió.
3. En varias partes de esta, que nos parecia fidelíssima Historia,
hemos advertido, que para formarla fuimos recogiendo una prodigiosa
multitud de manuscritos, documentos, memorias, instrumentos que
creíamos originales, papeles, cartas, inscripciones, medallas, y en
fin todo aquello que juzgábamos conducente para conseguir las mas
puntuales noticias históricas, genealógicas, geográficas, críticas y
exóticas, las quales sirviessen de verdaderos materiales á nuestra
obra, sin dexarnos á nosotros mas trabajo que la diligencia de
recogerlas y el esmero de ordenarlas, dándolas digeridas en aquel
estilo que considerássemos mas proprio de una Historia de este
charácter. Quantos archivos revolvimos! Quantos becerros, tumbos,
chronicones, libros de Cofradía, notas de espolios monásticos y otros
documentos de este jaez registramos, lo dexamos á la consideracion del
Lector erudito y discreto, el qual solo podrá dar su justa estimacion á
este trabajo tan deslucido como necessario.
4. Pero nuestra desgracia consistió en havérsenos significado que, como
Fray Gerundio floreció en un siglo tan remoto de nuestros tiempos,
y como havian sido tan ruidosas en el mundo sus empressas y hazañas
oratorias, todas las Naciones se havian dado prisa á trasladarlas en
su lengua: de manera que, haviéndose perdido quantos apuntamientos
havia de este Héroe en la antigua lengua española, con motivo de la
invasion y entrada de los Sarracenos, no havria noticia de él en
España, si una feliz casualidad no huviera dispuesto, que cierto
Viagero muy inteligente en las lenguas orientales, al passar por
Egypto y hospedarse en un Monasterio de Coptos, enseñándole los Monges
su inculta y desaliñada librería, no huviesse reparado en quatro
grandes caxones, que estaban á un rincon de ella, rotulados con esta
inscripcion Arábiga: _Memorias para la Historia de un famoso Predicador
Español_.
5. Picado de la curiosidad, pidió y consiguió que se los dexassen
registrar. Encontró en ellos mil preciosidades; y, viendo que unos
estaban escritos en Hebréo, otros en Caldéo, otros en Syriaco, otros
en Armenio, otros en Copto, otros en Arábigo, muchos en Persa, y una
buena porcion en Griego, cuyas lenguas posseía él perfectamente,
solicitó con los Monges que se los vendiessen. Ellos lo hicieron por
bien poco dinero, porque ni conocian su mérito ni aún estaban enterados
de lo que contenian, y assí los tenian llenos de polvo. El Viagero los
conduxo á España; murió en Barcial de la Loma, su patria; los papeles
se esparcieron por aquí y por allí en aquellas cercanías, bien que la
mayor parte se reservó en el famoso Archivo de Cotanes, de que hicimos
mencion en el mismo zaguan de esta desgraciada Historia, á la qual
llamamos assí por lo que presto se verá.
6. Informados pues de que todos los documentos, que se hallaban
en nuestra Península, estaban escritos en las referidas lenguas,
abandonamos del todo el intento de recogerlos, por no entender palabra
ni siquiera de una de ellas; y aquí no podemos ménos de lamentar
segunda vez nuestra desgracia en no haver tenido quien en nuestra
adolescencia nos enseñasse por lo ménos la lengua griega y hebréa,
que no solo nos servirian mucho en esta ocasion, sino en otras de
mucha mayor importancia; y, aunque oímos condenar á muchos que parecen
personas, este género de estudio como inútil ó como ménos necessario,
á nosotros nos hace mas fuerza el exemplo de los mayores hombres de
todos los siglos, que el particular dictámen de los que en ningun siglo
tienen traza de ser muy hombres.
7. Hácennos mas fuerza las Constituciones 14, 42, 53, 72 y 79 de
Gregorio XIII, en que recomienda con los mayores encarecimientos el
estudio de estas dos lenguas, para el qual y para el de otras fundó á
sus expensas veinte y tres Colegios ó Seminarios en diferentes partes
de la Christiandad. Hácenos mas fuerza la Constitucion 65 de Paulo
V, en la qual se manda, que «en todos los estudios de los Regulares,
sean del Orden ó Instituto que fueren, se enseñen las lenguas hebréa,
griega y latina, y en los estudios mas célebres haya tambien Maestros
de la arábiga: _in cuiuslibet Ordinis et Instituti Regularium studiis
sint linguarum hebraicæ, græcæ et latinæ, in maioribus vero ac
celebrioribus etiam arabicæ Doctores_.» Hácenos mas fuerza el exemplo
del gran Pontífice Clemente XI, peritíssimo en la lengua griega y no
ménos zeloso de que los Jóvenes se aplicassen á ella. Y en fin, nos
hace mas fuerza la segura noticia que tenemos de que el gran Patriarcha
San Ignacio de Loyola, en sus Constituciones aprobadas por la Silla
Apostólica, dexó muy encargado á sus Hijos el estudio de estas dos
lenguas, y nos inclinamos tambien á que el de la syriaca y caldéa.
8. Si huviéramos tenido quien nos le enseñasse y nosotros nos
huviéramos dedicado á él, no nos veriamos en el estrecho en que nos
vimos resueltos á dexar la idéa de la obra, por no entender los
manuscritos donde haviamos de tomar los materiales. Pero, quando ya no
pensaba en esso, (ahora comienzo á hablar en singular,) ves aquí que me
depara la suerte ó la desgracia una rara vision. Díceme la Criada, que
me quiere hablar un Moro. Hágole entrar, y encuéntrome con un hombre de
aspecto venerable, de estatura heróica, con barba prolongada y rubia,
ojos modestos pero vivos, color blanco, y vestido enteramente á la
turca; sotana talar y abotonada, de lanilla fina color morado, aforrada
en tafetan carmesí; una gran banda de seda por ceñidor, que le daba
muchas vueltas; chinelas aforradas en tela amusca, y borceguíes á media
pierna, adonde salian á recivir unos anchurosos y prolixos calzones de
marinero, que le baxaban hasta ella; una especie de capa ó de manto
corto, que no passaba de la cintura, de la misma tela que la sotana,
solo que estaba aforrado en martas cibelinas y le trahia terciado al
brazo izquierdo airosamente; su turbante de tres altos y como de á
media vara, con las tres divisiones regulares, blanca, encarnada y
amusca, del que pendia por todas partes multitud de hermosas bandas, ya
de gaza, ya de muselina, y algunas tambien de seda.
9. Díxome en buen cortado Castellano, que era un co-Epíscopo armenio,
que venia á pedir limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, que
vivian entre los Schismáticos, sugetos todos al Turco, para ayuda
de pagar los excessivos tributos que les exigia el Gran Señor por
permitirles el exercicio libre de la Religion Cathólica en los
estados de la Sublime Puerta. Añadió que aquel era el quarto viage
que havia hecho á España con tan charitativo intento, y que en las
dilatadas mansiones que havia hecho en ella, recorriendo todos sus
Reinos y Provincias, havia aprendido la lengua con toda perfeccion,
especialmente que el Señor le havia dotado de conocido don de lenguas,
pues, sobre haverse instruído bastantemente en todas las européas,
posseía perfectamente todas las orientales, que en cierta manera
podia llamar sus lenguas nativas. Concluyó exhibiéndome una multitud
de cartas de recomendacion de Príncipes y Potentados, con otra igual
ó mayor cantidad de despachos y licencias exhortatorias de Señores
Obispos, para que pidiesse y se le diesse limosna en el distrito de sus
respectivas jurisdicciones, y por fin me suplicó que, como Párrocho, no
solamente las diesse el uso en mi Parrochia, sino que le hiciesse el
gusto de acompañarle en la demanda, para excitar mas la charidad de los
fieles.
10. Yo que me ví con un personage al parecer tan recomendable y que
para mayor autoridad trahia consigo dos Turquitos como de catorce á
quince años, de aspecto muy agraciado, que decia ser Pagecitos suyos,
y como por otra parte le oí, que era tan versado en las lenguas
orientales en que estaban los manuscritos cuyo contenido deseaba saber
con tanta ansia, y mas hablando la castellana con tanta propriedad
como desembarazo, no puedo ponderar el gozo interior que me causó
esta aventura, pareciéndome que no debia tenerla por acaso, sino por
alta providencia del Cielo, que por este camino queria abrirle á la
execucion de mis zelosos intentos.
11. En fin, por ahorrar razones, yo le hospedé en mi casa, le agasagé,
le cortegé y le regalé en ella por muchos dias, todo quanto mi pobreza
pudo dar de sí. Declaréle el pensamiento que havia tenido y el motivo
por que le havia abandonado, no entendiendo los manuscritos que estaban
esparcidos en varios lugares del contorno, aunque la mayor parte se
guardaban juntos y con buena custodia en el célebre Archivo de Cotanes,
Pueblo que solo distaba una legua larga de esta Villa. El Señor
co-Epíscopo se sonrió gravemente y me dixo con mucho agrado que no me
diesse pena, que él me sacaria de aquel embarazo, y que, pues no podia
agradecer de otra manera mi charitativo hospedage, celebraba la ocasion
de manifestar su agradecimiento en cosa tan de mi gusto, como seria
darme traducidos en Castellano todos los manuscritos que le pusiesse
delante, aunque fuesse menester detenerse en mi casa algunas semanas y
aún meses; porque las virtudes no se oponen, y era tambien especie de
limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, el reconocimiento á sus
insignes bienhechores.
12. Besé la mano á su Señoría por tanto favor. Al punto hize venir
todos los manuscritos que pude recoger, especialmente los dos grandes
legajos del Archivo de Cotanes, cuyo Archivero mayor (íntimo amigo mio)
me los franqueó prontamente en virtud de Real Albalá y Privilegio, que
tenemos los de esta Villa para esso, dándomelos con testimonio y con
recibo, como se previene en la misma facultad. Mi co-Epíscopo tomó con
el mayor calor la traduccion. En ménos de mes y medio me los presentó
todos traducidos y numerados, para que se supiesse adonde correspondian
unos y otros; y para mayor autoridad y abundamiento puso su sello y
echó su firma en cada uno de los documentos traducidos, como se ve en
ellos por estas palabras:
«Concuerda. _Isaac-Ibrahim Abusemblat_
co-Epíscopo del Gran Cairo.»
13. Despidióse de mí, dexándome este inestimable thesoro, que por tal
le tenia yo; y, pareciéndome que havia hecho poco por él, respecto de
lo que él havia hecho por mí, le regalé á la partida lo mas y mejor
que pude. Sin perder tiempo puse mano á la obra, con qué desvelos,
con qué afanes y con qué fatiga, Dios lo sabe; porque las especies
estaban todas esparcidas por aquí y por allí, sin órden, connexion ni
méthodo. Mi suma atencion fué no desviarme un punto de las memorias
en órden á las noticias; porque, quien no se havia de fiar de las que
estaban firmadas y selladas por un hombre que se llamaba _Isaac-Ibrahim
Abusemblat_, era _co-Epíscopo del Gran Cairo_ y, ménos el hacer
milagros, parecia un Santo?
14. Ahora entra la funestíssima catástrophe. Quando, despues de dos
años de trabajo, de vigilias y de un ímprobo sudor, tenia ya formadas
las dos primeras partes de mi Historia en la conformidad que van
escritas, y puntualíssimamente quando estaba trasladando con la mayor
fidelidad los singulares é ingeniosos apuntamientos de Fray Gerundio
para su Semana Santa, passó por este Pueblo un Inglés de autoridad,
que se dirigia á Portugal con no sé qué comission. Trahia cartas de
recomendacion de algunos amigos mios para que yo le hospedasse, y lo
hize con especial gusto, porque, aún sin ellas, le tengo grande en
cortejar á todo hombre de bien que transite por esta Villa. Díxome
que havia sido muchos años Cathedrático de lenguas Orientales de la
Universidad de Oxford, y que actualmente se hallaba en la Corte de
Londres sirviendo el empléo de Intérprete y Secretario de ellas. Creíle
sin dificultad, porque, salvo la Religion protestante que professaba,
en lo demas parecia hombre de honor, de bondad, de penetracion, de gran
juício y de honradíssimos y muy cavallerosos respetos, sobresaliendo
singularmente en él una vasta y comprehensiva erudicion en casi todas
las facultades.
15. Díle brevemente razon de la obra que estaba trabajando, de los
materiales ó documentos que havia tenido presentes para disponerla,
del embarazo en que me hallé para su inteligencia, de la aventura
que me deparó mi dicha en el co-Epíscopo Armenio para salir de este
embarazo, de la bondad con que me los traduxo en castellano aquel
santo Prelado, y finalmente le dixe, que havia de merecerle la honra
de que descansasse algunos dias en mi casa, y que en ellos, por via
de entretenimiento, aunque molesto, se sirviesse tomar el trabajo de
leer los cartapacios que tenia dispuestos de mi Historia, y cotejarlos
con los instrumentos y manuscritos á que se remitian; porque, aunque
yo tenia toda la seguridad possible de su legalidad, en estas materias
nunca sobraban los motivos para afianzarla.
16. Todo lo aceptó el Cavallero inglés con atentíssima urbanidad,
diciéndome que la detencion en mi casa por algunos dias le era precisa,
pues, informado de mi buen corazon, havia dado órden para que le
enviassen á esta Villa ciertos despachos de la Corte que esperaba por
la via de Madrid, sin los quales no podia passar adelante, y que, por
lo que tocaba á mi obra, la leeria con especialíssimo gusto, porque á
su parecer no podia ménos de tenerle yo muy delicado.
17. Con efecto, en los seis dias que tuve la honra de lograrle por mi
huésped, se entregó tan ansiosamente á la lectura de la Historia, que
apénas acertaba á dexarla de las manos ni aún para comer; y, aunque
protestó que no me havia de hablar palabra de ella hasta que, cotejada
con los manuscritos, pudiesse hacer juício cabal de el todo, se le
conocia bien en todas sus acciones, gestos y movimientos, que la obra
le havia quadrado extrañamente. En fin, la mañana del dia último que
estuvo en mi casa, (era por cierto mártes, que mártes havia de ser un
dia tan aziago para mí,) despues de havernos desayunado juntos, me
dixo que era preciso cerrarnos, y, haviéndole hecho, me restituyó el
manuscrito de mi Historia, con todos los demas instrumentos y papeles
que havia recorrido, en la misma conformidad y con el mismo órden con
que yo se los havia entregado; y, mirándome entre risueño y compassivo,
me hizo un razonamiento en esta substancia:
18. «Señor Cura, tengo que dar á vuestra Merced mil enhorabuenas y mil
pésames: aquellos, porque ha escrito vuestra Merced una obra, que en su
linea dudo que tenga consonante: yo á lo ménos no se le hallo en todo
lo que he leído, y no ha sido poco; estos, porque, creyendo vuestra
Merced de buena fé, que ha trabajado una historia exacta, verdadera,
puntual y fiel, (calidades que, quanto es de su parte de vuestra
Merced, verdaderamente la assisten,) ha gastado el calor intelectual en
disponer la relacion mas falsa, mas embustera, mas fingida y mas infiel
que podia caber en humana phantasía. Si, como vuestra Merced la llama
_Historia_, la llamara _Novela_, en mi dictámen no se havia escrito
cosa mejor ni de mas gracia ni de mayor utilidad. Tan provechosa sería
para muchos de nuestros Predicadores de la Iglesia Anglicana, como para
muchos Predicadores de la Iglesia Romana; pero, haviéndola vuestra
Merced intitulado _Historia_, no me permite mi sinceridad engañarle, ni
lo merecen las honras con que me ha favorecido y la noble confianza con
que se ha fiado de mí. Nada tiene de Historia, porque toda ella es una
pura ficcion. Sossiéguese vuestra Merced, y no se assuste hasta haverme
oído.»
19. «El llamado _co-Epíscopo Armenio_, que á vuestra Merced le dió
traducidos estos papeles, tanto tenia de Armenio como de Húngaro, tanto
de co-Epíscopo como de Monja, y tanto entendia las lenguas Orientales
como vuestra Merced la Iroquesa, la China y la Japona. Dexo á un lado
que ha muchos siglos, que assí en la Iglesia Latina como en la Griega
se suprimió la dignidad de los co-Epíscopos; dexo á un lado que el Gran
Cayro dista tanto de la Armenia como la Circassia de España; y, en fin,
dexo á un lado que ni los Cathólicos ni los Schismáticos Armenios están
hoy sugetos al Gran Señor, desde que los Mogoles ó Sophys de Persia
conquistaron la Armenia y la Georgia, sin que en aquella conserve el
Turco mas que dos plazas de poca importancia ó, por mejor decir, dos
fortalezas, que son la de Alcalziké y la de Cotatis, teniendo en la
primera un Baxá de una cola ó de inferior órden, y en la segunda un
simple Governador ó Comandante. Todas estas son fuertes señales de
que el supuesto co-Epíscopo debia de ser un picaron, un tunanton, un
vagamundo de los que de quando en quando suelen aparecerse en varias
partes de la Europa, y con sus hypócritas artificios engañan tal vez
á personages, que tenian motivo para no dexarse sorprender con tanta
facilidad.»
20. «Lo que no admite género de duda es, que él engañó á vuestra
Merced, pero graciosíssimamente, en todo ó en casi todo lo que dixo
que contenian essos legajos de papeles, y que el haverlos legalizado
con su sello y con su firma fué una de las mas preciosas invenciones ó
bufonadas, que pudo discurrir para burlarse de la sinceridad de vuestra
Merced.»
21. «A la verdad se habla en varias partes de ellos de un Predicador
extravagante y ridículo, de cuyos sermones se entresacan varios
trozos y passages. Pero ni se nombra al Predicador, ni hay tal Fray
Gerundio en todos los manuscritos, ni se dice si el Predicador
anónymo fué Español ó Francés, Campesino, Andaluz ó Guipuzcoano, y
consiguientemente todo quanto se refiere de Campazas, de su familia y
del Licenciado Quixano, es una pura patraña. El sermon de Animas, que
en el capítulo 4º. del libro 1º. se supone que se predicó en Cabrerizo,
un manuscrito dice que es cierto se predicó, pero no expressa donde.
Assimismo se da por cierto todo quanto se refiere en el capítulo 5º.
del mismo libro como sucedido con un Maestro de Escuela; pero no
encuentro rastro de que fuesse coxo ni dexasse de serlo, ni mucho ménos
de que huviesse sido Maestro de Escuela en Villa-Ornate, pues solo se
habla en general de un Maestro de Niños. Pero el bellacon del Señor
co-Epíscopo, haviendo fingido que su Gerundio era de Campazas, púsole
voluntariamente á la Escuela de Villa-Ornate, porque quizás será un
lugar poco distante del otro.»
22. «Con igual libertad finge todo quanto atribuye al Dómine
Zancas-largas, sacando de su phantasía un Preceptor imaginario, que
no ha existido _in rerum natura_. No se puede negar, que muchas
de las sandezes que se ponen en su boca, se encuentran repartidas
entre innumerables pedantes, que se meten á Maestros de Gramática,
Preceptores ó no Preceptores; pero no es verosímil, que todas ellas se
encuentren solas en uno solo, porque no necessitaria de mas prueba para
que le tuviessen por orate.»
23. «La ficcion mas perjudicial de todas en la Religion Cathólica que
vuestra Merced professa, (que en la nuestra no tendria inconveniente,)
es aquella con que el bribon del tunante hace á su Gerundio del
estado religioso. No hay ni el mas leve rasgo de esso en todo lo que
he registrado, porque al Predicador de que se trata no se le señala
estado ni profession: por esso, todo quanto se dice de su vocacion,
noviciado, estudios, empléos, etc., se lo regaló de su bella gracia
el Ilustríssimo Señor Isaac-Ibrahim Abusemblat, co-Epíscopo del Gran
Cayro.»
24. «El mismo concepto se ha de hacer de su inseparable amigo y
compañero Fray Blas, del qual no se halla ni la mas leve mencion en
todos estos papeles. Solo se da una noticia vaga y general de otro
Compañero del Predicador anónymo, que con su mala doctrina y peor
exemplo contribuyó mucho á estragarle. Por tanto, aunque todos los
razonamientos del ex-Provincial y del Maestro Prudencio son graves,
macizos y ponderosos, debo prevenir á vuestra Merced para su govierno,
que no se encuentran en los documentos originales.»
25. «Mucho ménos se lee en ninguno de ellos el nombre de _Bastian_ ni
el apellido de _Borrego_, ni puedo discurrir el motivo que tendria el
Señor Tunante para poner en boca del sesudo Labrador Bastian Borrego
las graciosas, pero solidíssimas reflexiones que hizo en la granja con
el Maestro Prudencio. Solamente congeturo que, haviendo hecho Campesino
á su Gerundio, aplicó á los interlocutores aquellos apellidos que
son freqüentes en esta Provincia, escogiendo quizá los que á su modo
de entender le parecian ridículos; pero, si tuvo por tal el apellido
de _Borrego_, acreditó igualmente su malicia que su ignorancia. No
tiene mas de ridículo el apellido de _Borrego_ que los de _Carnero_,
_Vaca_, _Mula_, _Leon_, _Osorio_ (de Oso), y entre las aves _Aguila_,
_Paxarillo_, _Paxaron_, _Gallo_, _Palomo_ y otros muchos, con que
se honran tantas familias distinguidas, y algunas de la mas elevada
nobleza. Aún vuestra Merced mismo no pierde nada por llamarse _Lobon_,
siendo tan conocida en la Historia Eclesiástica de España desde el
primer siglo de la Iglesia aquella famosa Matrona _Lupa_ ó _Luparia_,
que algunos hacen Reina y todos suponen Señora nobilíssima; y, en fin,
allá en Inglaterra todos tenemos mucha noticia de la gran casa de
_Villalobos_.»
26. «Los documentos, que vuestra Merced tuvo presentes para componer
la segunda parte, no son mas fieles que los que le guiaron para formar
la primera. El Señor Abusemblat le vendió á vuestra Merced gato por
liebre, y le puso delante todo lo que á él se le antojó. Aquellos
_Apuntamientos sobre los vicios del estilo_ son un bello trozo de
rhetórica, que me acuerdo haver leído no sé donde; pero bien sé, que
en estos papeles Syriacos, Arábigos y Caldéos no he leído ni una sola
palabra de tales apuntamientos. La carta que el Estudiante Rhetórico
de Villagarcía escrivió á su Padre, la tengo por apócrypha; pero, pues
vuestra Merced está en el mismo lugar, le será facil averiguar la
verdad ó la suposicion de esta noticia.»
27. «Una pintura que hace vuestra Merced de no sé qué convite en un
Convento de Monjas, allá en el capítulo 3º del libro 4º, bien sé que
la sacó á la letra del instrumento traducido, que está notado con el
número 97; pero el original á que se remite no habla mas de Monjas
que de berengenas. Es una relacion Arábiga de la toma de Damasco en
tiempo de las cruzadas. Sin duda que al tunanton le debieron de tratar
mal algunas Monjas, conociendo quien era y no dexándose engañar de
sus embustes, y él para vengarse fingió de su cabeza todos aquellos
absurdos, que no caben ni se pueden creer del recogimiento y modestia
que dicen professan las Religiosas; que yo, aunque he viajado mucho por
payses Cathólicos, no las he tratado mucho, pero siempre he oído hablar
de ellas con estimacion y respeto.»
28. «No puedo negar, que me cayó muy en gracia todo quanto en esta
segunda parte se pone en boca del Familiar, que es mucho y bueno. Se
conoce que el Señor co-Epíscopo no era lerdo: assí fuera tan veraz
como advertido; pero debo decir á vuestra Merced, para descargo de mi
conciencia, que todo esto fué de su invencion, y nada de essos papeles.
Aún assí y todo, se descuidó su Señoría en guardar conseqüencia; porque
en una parte llama _Cuco_ al hijo del Familiar, y en otro le llama
_Bertholo_. Verdad es que lo podrá componer, diciendo que el muchacho
se llamaba _Cuco-Bertholo_ ó _Bertholo-Cuco_. El terrible razonamiento
del Magistral de Leon tambien es lástima que no se encuentre en estos
documentos; pero al fin, aunque sea fingido que lo dixo, es cierto que
todo quanto en él se dice es muy verdadero.»
29. «Todo el capítulo 8º del libro 4º, en que se trata de aquel
Cavallerito mono, ó mona, furioso remedador de los Franceses, es de
exquisita sal, y solo por él merece el co-Epíscopo del Gran Cayro, que
vuestra Merced dé por bien empleado quanto le agasajó y le regaló, y
que le perdone todo lo que le engañó. Fácilmente puede vuestra Merced
discurrir, que en estos mamotretos Orientales no se toca ni se puede
tocar tal especie; pero, si vuestra Merced se resolviere á publicar su
obra, reformándola y poniéndola otro título, le aconsejo que de esse
capítulo no mude ni una silaba.»
30. «Lo mismo digo del capítulo 9º del libro 5º, en que se habla del
intolerable abuso de las Mugeres Cathólicas, que se visten por gala los
hábitos de las Religiones, ú otros de capricho que ellas inventan. Si
esto lo hicieran las de mi Religion, las aplaudiriamos mucho, porque
sería la mas graciosa invencion para zumbarse de los trages Religiosos,
de que hacen tanta burla; pero en Mugeres Cathólicas parece que no se
debe tolerar. Como quiera, el Tunante le dexó á vuestra Merced escrita
una sátyra de grande importancia, que debe engastarse en oro, y no
importa que la huviesse puesto en el estilo zafio del Familiar, ni esto
se debe censurar como inverisímil ó como dissonante, pues quiso dar á
entender, que para conocer el absurdo de este abuso no era menester ser
Cathedrático ni culto; porque su misma dissonancia da en los ojos á
qualquiera que tenga medianamente puesta la razon natural.»
31. «Una cosa debe vuestra Merced borrar absolutamente, y es toda
la instruccion que se supone da el lugar de _Pero-Rubio_ á los
Predicadores de Semana Santa. Yo no sé si con efecto hay en España
tal lugar de _Pero-Rubio_; pero, háigale ó no le haiga, es cierto,
que ni de tal instruccion ni de tal lugar se hace mencion en los
manuscritos originales, y que fué pura phantasía del Señor Abusemblat.
Tengo noticia de que en varias partes de España se toleran, assí en
la Semana Santa como en otras festividades, especialmente en la que
Ustedes llaman del Córpus, algunas mamarrachadas, que hacen ridículos
los mysterios de la Religion Romana, y nos dan grandes materiales á
nosotros, á quienes Ustedes nos tratan de hereges, para reírnos de
algunos que impugnamos. Por allá nos causa admiracion de que sufran
esto los que fácilmente lo pudieran remediar. Los passos de la Passion
son buenos para meditados, y tambien para representados en imágenes ó
estatuas que aviven la consideracion, en lo qual no me conformo con los
de mi secta, que se burlan de todas las imágenes sagradas, al mismo
tiempo que hacen tanta estimacion de las profanas, tratando algunas
con mucha veneracion. Debo este testimonio á la verdad, porque soy
hombre sincero y hablo en país libre; que en Inglaterra yo me guardaria
bien de hablar de esta manera. Bien está, pues, que los passos de la
Passion, y tambien los demas, que constan assí de la Historia sagrada
como de la eclesiástica, se hagan presentes á la vista por el pincel,
por la prensa, por el buril y por el escoplo; quanto mayor sea la
viveza con que se figuren, contemplo que será mayor la impression
que harán en los ánimos piadosos. Pero, que la persona de Christo y
la de los Apóstoles en algunos lances de la Historia evangélica se
representen al vivo por algunos hombres de la ínfima classe del pueblo,
y tal vez no los de mejores costumbres, ignorantes y atestados de vino,
perdónenme los que lo sufren, que allá nos disuena mucho.»
32. «En virtud de esto que he oído decir, tengo por cierto, que en
varios lugares de España se practicarán distributivamente todas las
extravagancias, que supone la fingida instruccion de Pero-Rubio, esto
es, que unas se practicarán en unos, y otras en otros; pero no es
verisímil, que en un solo lugar se practiquen todas. Y como quiera,
no constando de estos originales ni que haya tal lugar de Pero-Rubio,
ni mucho ménos que se representen en él essos passos theatrales, soy
de sentir que vuestra Merced debe reformar esse passage, ó á lo ménos
prevenir, que no está muy seguro de que no se haya padecido alguna
equivocacion en lo que se atribuye á Pero-Rubio.»
33. «Finalmente, para convencer á vuestra Merced demonstrativamente
de que no debiera haverse fiado de la llamada traduccion legal del
co-Epíscopo del Gran Cayro, no es menester mas que hacer un poco de
reflexion á los anacronismos, en que están hirviendo sus papeles. Por
una parte supone á Fray Gerundio muy anterior á la irrupcion de los
Moros en España, y por otra le llama _Fray_, cosa que ni en España ni
en parte alguna del mundo se usó hasta muchos siglos despues. Aquí dice
que floreció en siglos muy atrasados, y allí cita dichos, escritos y
hechos, que sucedieron ayer y casi están sucediendo hoy. Si me huviera
de detener á particularizar todos estos anacronismos, seria menester
recapitular toda la obra; pero basta esta insinuacion para que vuestra
Merced caiga en cuenta.»
34. «En los demas papeles, de que todavía no se ha valido vuestra
Merced, porque las reservaria sin duda para la tercera parte, hallo
otras mil graciosas invenciones del Tunante, tan fingidas como las
passadas. Trátase en ellos del ridículo modo con que entendia Fray
Gerundio el mandato de casi todos los Señores Obispos de España, de
explicar por lo ménos un punto de doctrina christiana en la salutacion
de todos los sermones, y de lo que le passó con un Prelado zeloso.
Háblase mucho de un Sermon de _Confalon_, que predicó en la Ciudad
de Toro; de otro llamado del _Vexilla_, en Medina del Campo; de un
Adviento y de una Quaresma, en varios lugares; de Pláticas á Monjas; de
una Mission que hizo en cierta parte; y concluye el Señor Abusemblat
sus apuntamientos con la conversion de Fray Gerundio al verdadero
modo de predicar, efecto de no sé qué libro convincente que la divina
Providencia le puso en las manos, de su muerte exemplar, precedida
de una pública retractacion de los disparates que havia hecho en sus
sermones, y de una pathética exhortacion que hizo á sus Frayles, para
que predicassen siempre la palabra de Dios con el decoro, gravedad,
juício, nervio y zelo que pide tan sagrado ministerio.»
35. «Es cierto, que el Armenio de mis pecados dice admirables cosas en
todos estos documentos, assí de las que pertenecen á su idéa principal,
como de otras accessorias que entretexe al modo de las antecedentes,
y tocan en costumbres, escritores, críticos, mesas, trages,
extravagancias mal usadas y peor toleradas, en las processiones, abusos
de rosarios públicos, de las novenas, de las imágenes sagradas en
esquinas de las calles y zaguanes de las casas, y, finalmente, en otras
cien materias, todas de grande importancia y tratadas, á mi ver, con
solidez y con gracia. Pero mi conclusion es que nada, nada de esto se
halla en los papeles Arábigos, Syriacos y Caldéos, que á vuestra Merced
le ha vendido por originales.»
36. «En virtud de todo lo qual, haciéndome por una parte gran lástima
que no salga á la luz pública una obra como la que vuestra Merced tiene
trabajada, y no pudiendo por otra negar este testimonio á la verdad,
ni este desengaño á la confianza que le merezco, soy de parecer que
vuestra Merced no la suprima; pero que, ó ya la continúe ó ya la dé por
concluída, mude solamente el título y la divulgue de esta manera:
_Historia_ =que pudo ser= _del famoso Predicador Fray Gerundio de
Campazas_.»
37. Viste tal vez, quando se cae de repente el techo de una casa y
coge debaxo á un perro, sea dogo, galgo ó perdiguero, como se queda
espatarrado? Pues assí, ni mas ni ménos, me quedé yo, quando acabó
el Mylor Inglés su razonamiento. Por mas de un quarto de hora quedé
atónito, enagenado, fuera de mí, sin acertar á hablar palabra; pero,
recobrados los espíritus y dándome una palmadita en la frente, me
acordé que todo esto ya lo havia dicho yo en mi Prólogo, protestando
que yo era el Padre y la Madre, el Hacedor y el Criador de Fray
Gerundio; con que, Lector mio, vamos á otra cosa, y cátate el cuento
acabado.