Lo mismo que el otro.
1. Amaneció el dia tantos de tal mes, corriendo dichosamente el año de
mil setecientos y quantos. (Hablamos assí por estar algo embrollada
la chronología, y no es negocio de engañar á nadie, aunque nos
pagaran á peso de oro cada noticia incierta.) Reinaba en España su
gloriosíssimo Monarca; governaba la Iglesia de Dios el Sumo Pontífice,
Vicario de Jesu-Christo, y era General de la Orden un varon grave,
elegido canónicamente por el Capítulo, quando el relox de sol de
Pero-Rubio señaló la hora de las diez de la mañana. Este relox era la
sombra que hacia un sobradil, que atravesaba la pared sobre la misma
puerta del matadero, único edificio del lugar cuya fachada principal
miraba derechamente á mediodía. Desde el mismo punto del amanecer
se havia doblado toda la clave de las campanas; eran dos esquilones
y un cencerro que servia de hacer señal para las missas rezadas; y,
aunque los esquilones en su primitiva fundacion ó fundicion, segun
la tradicion de padres á hijos, havian sido de los afamados en toda
la comarca, con el tiempo, que todo lo consume, uno havia perdido la
lengüeta, y se suplia esta falta con una pesa de hierro de á dos libras
ménos onza, que por defectuosa havia quitado al Carnicero del lugar
un Juez de residencia. Servia á la pesa de espigon un gruesso cordel
de cáñamo, que prendia del anillo ó hembrilla interior del esquilon
deslenguado; y, como el cordel no tenia consistencia para contener la
pesa en aquella direccion que la daba el movimiento de la campana,
siempre que esta se empinaba, giraba en círculo la cuerda y sonaba á
almirez de boticario, quando el mancebo desprende los polvos que se
pegan á las paredes. El otro esquilon se havia relaxado un poco en
cierta funcion, en que hizo mas fuerza que la acostumbrada, y, como se
le iba la voz por la rendija, era su sonido acatarrado.
2. En fin, todo esto importaba un bledo para el sermon de honras que
predicó nuestro Fray Gerundio, el qual, llegada la hora, encendido
el túmulo, concluída la missa, tomada la capa negra por el Preste y
acomodado el auditorio, subió al púlpito y predicó su sermon; pero,
qué sermon! Excusamos repetirle, porque ya dexamos hecho un exacto
y puntual análysis, que casi casi puede ser anatomía, de su fúnebre
oracion, en todo el capítulo 5º de este mismo libro quinto, adonde
remitimos á nuestros Lectores; porque no se desvió un punto nuestro
insigne Orador ni de aquel plan, ni de aquel assunto, ni de aquella
division, ni de aquellas pruebas. Mas, por quanto no es impossible que
se halle tal qual Lector tan perezoso, que no quiera tomarse el ligero
trabajo de recorrer aquel capítulo, no de otra manera (porque un símil
oportuno adorna mucho la narracion,) que un Clérigo galbanero se da al
diantre, siempre que en el Breviario ó en el Missal encuentra parte del
rezo ó de la Missa en remissiones ó en citas, y, por no ir á buscarlas,
apechuga con el primer comun que se le pone delante; para obviar
nosotros este inconveniente, hemos tenido por bien recopilar aquí con
la mayor brevedad lo mismo que diximos allí, en gracia de nuestros
próximos flacos, miserables y poltrones.
3. Introdúxose pues Fray Gerundio á su famosa oracion con esta primera
cláusula, que dexó atónito al gruesso del auditorio: _Esta parentacion
sacro-lúgubre, este epicedio sacri-trágico, este coluctuoso episodio
y este panegýris escenático se dirige á immortalizar la memoria del
que hizo immortales á tantos con los rasgos cadméos que, á impulsos
de aquilífero pincel, estampó en cándido lino triturado, sirviendo
de colorido el atro sudor de la verrugosa agalla, chupado en cóncavo
aéreo vaso de la leve madera Pambeocia_: =calamus Scribæ velociter
scribentis=. No es ponderable, con quanta satisfaccion rompió en
esta primera cláusula, y quantos parabienes se dió á sí mismo dentro
de su corazon por haver encontrado con voces tan adequadas como
significativas para explicar su pensamiento. «Que se me vengan, que se
me vengan, decia allá para consigo, no solo á impugnar, sino á empujar
la clausulilla! que levante, que levante el Rhetórico mas culto la
postura de las voces, y que me las dé ni mas empinadas ni mas eruditas!
Llamar á las letras _rasgos cadméos_, á la pluma _aquilífero pincel_,
al papel _cándido lino triturado_, á la tinta _el atro sudor de la
verrugosa agalla_, al tintero de cuerno _concavo aéreo vaso_, añadiendo
despues para mayor explicacion _de leve madera Pambeocia_, con alusion
al buey que fué enseñando á Cadmo el camino hasta llegar al sitio
donde fundó la Ciudad de Thebas: esto lo pensaria por ahí qualquiera
Predicador sabatino de la legua? Y no havria mas de quatro Predicadores
mayores y aún mas de dos Predicadores generales, que no tengan númen
para tanto?»
4. Metióse al instante en el espesso matorral del antiquíssimo
principio, de la costumbre immemorial, y de los diferentes modos
y ritos con que en todos tiempos y en todas las naciones se han
celebrado las honras de los difuntos: no olvidó las repetidas citas
de Polybio, Pausanias, Alexandro (Natal), Eliano, Plutarco, Celio,
Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Marino, Novarino, Apiano, Diodoro
Sículo y Herodoto, todos de la misma manera y por el mismíssimo
órden que los cita el _Florilegio_. Encaxó con la mayor oportunidad
las cláusulas mas brillantes y las que á él le havian petado mas en
el nunca bastantemente aplaudido sermon de honras á los Militares
difuntos del Regimiento de Toledo. Aquella de _tan lúgubremente
generosa como luctuosamente compassiva_; la otra de _erigian túmulos
suntuosos, grandiosos fúnebres obeliscos irradiados de luces y
luctuados de bayetas, coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas
cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos_;
solo que en lugar de _Militares_ dixo _Escrivanales_. Y en la que se
sigue despues: _en cruentas aras trucidaban innocentes víctimas que
dirigian á mitigar rigores de los Dioses, esparcian rosas fragantes,
confederando matices y verdores, para declamar memorias immarcessibles
y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares difuntos_,
solo mudó las dos últimas palabras, diciendo en vez de _Militares
difuntos_, _Estilíferos finados_, aludiendo á que antiguamente se
escrivia con unos punzones de hierro ó de acero, que se llamaban
_estilos_. Pero, lo que repitió varias veces, porque le havia dado
mas golpe que todo, fué aquello de _sollozando nenias sentidamente
eloquentes, gimiendo endechas piadosamente elegantes_; y aún notó que
el auditorio, siempre que decia algo de esto, como que se sonaba los
mocos.
5. En donde estuvo sin comparacion mas feliz que el Autor del
_Florilegio_, fué en aprovecharse de la exposicion de Haye sobre
lo que significa _Odolla_, Ciudad donde Júdas Machabéo decretó
las primeras honras ó los primeros sacrificios, que se lee en la
Escritura haverse ofrecido á Dios por los difuntos. Dice Haye, que
_Odolla_ se interpreta _Testimonium sive ornamentum_ (testimonio ú
ornamento). Al Autor del _Florilegio_ le hacia al caso el ornamento
y no el testimonio; porque, assí como las franjas, los galones y las
guarniciones se llaman _ornamento_ de los vestidos, assí la guarnicion
de los soldados parece que se ha de llamar ornamento de las plazas; con
que Ciudad de _ornamento_, Odolla, _id est ornamentum_, es Ciudad o
Plaza de guarnicion, y por aquí la vino á Ciudad Rodrigo el parentesco
estrecho con Odolla. Puede ser, que á mas de dos críticos de estos que
tratan de genealogías mentales, les parezca algo largo el parentesco;
pero no haya miedo, que les parezca assí el que probó nuestro Fray
Gerundio con la Ciudad de Odolla de su difunto Escrivano, ó ya se siga
la interpretacion de _testimonio_, ó ya se adopte la exposicion de
_ornamento_.
6. «Aquí conmigo, dixo el ingenioso Orador: si Odolla es testimonio,
_Odolla id est testimonium_, todos quantos testimonios dió nuestro
malogrado Heroe dan testimonio de que fué de Odolla su elevadíssima
prosapia. Nadie note el _elevadíssima_; porque, como se cuentan en
ella tantas plumas, pudo elevarse, pudo remontar el vuelo hasta dexar
muy debaxo de sí al Icaro presumido: _Icarus Icarias nomine fecit
aquas_. Si Odolla es testimonio, _Odolla id est testimonium_, luego
es la Ciudad de los testimonios la Ciudad de Odolla. Ciudad de los
testimonios y Ciudad de los Escrivanos, aunque parecen dos, son una
misma synonýmica poblacion, como sabe el Rhetórico elegante, segun el
cánon de la divina Synecdoche: _Synecdoche figura est, in qua pars
apponitur pro toto_. Y si no, dígame el entendido: por qué Juan se
singulariza por _secretario_ del Verbo? _Quia testimonium perhibet de
illo, et scit quia verum est testimonium ejus._ Repare el discreto: lo
primero, porque dió testimonio, _testimonium perhibet_; lo segundo,
porque fué testimonio verdadero, _et verum est testimonium ejus_.
Aquello le acreditó de _Escrivano_, porque para ser Escrivano basta dar
testimonio: _testimonium perhibet_. Esto le calificó de buen Escrivano,
porque para ser buen Escrivano es menester que sea el testimonio
verdadero: _et verum est testimonium ejus_. Pero de una y de otra
manera, el dar testimonio es tan proprio de los Escrivanos, como es
proprio de la Ciudad de Odolla el ser la Ciudad de los testimonios:
_Odolla id est testimonium_.»
7. «Volvamos al texto: celebráronse ó se decretaron las primeras
exequias _lúcido-tenebrosas_ en la Ciudad de los testimonios, en
la Ciudad de los Escrivanos: _Odolla id est testimonium_; y essa
misma Ciudad era tambien la Ciudad de los ornamentos: _Odolla id est
ornamentum_. Espantábame yo, que no estuviessen los ornamentos pared
en medio de las exequias: alto al mysterio. Llámanse _ornamentos_,
con antonomástica possession, las vestiduras sacro-séricas de que usa
el Sacerdote para celebrar el sacrificio de la missa: _paramenta seu
ornamenta_, que dixo con elegancia el lithúrgico Rubriquista. Y claro
está, que exequias sin missa son cuerpo sin alma, ó á lo ménos es la
missa la que principalmente vivifica y refrigera las almas que fueron
de los cadavéricos cuerpos: _in Spiritum sanctum Dominum vivificantem_.
Ahora conmigo: la missa en dias comunes es de puro consejo: _Consilium
autem do_, que dice el Vaso escogido; la missa en dias de Domingo es
de riguroso precepto: _Mandatum meum do vobis_. Notólo con discrecion
la rubicunda púrpura de Hugo: _Omnes tenentur audire sacrum die
Dominica_. Infiera ahora el Lógico: luego, siendo estas exequias de
nuestro Domingo Conejo, era indispensable la missa, porque la missa
es indispensable en dia de Domingo: _Omnes tenentur audire sacrum die
Dominica_. Qué hay que replicar á esta consequencia? Pues, allá va
otra: luego fueron clara y patente figura de estas coluctuosas exequias
las que se decretaron por el invicto Machabéo en la Ciudad de Odolla,
Ciudad de los Escrivanos, Ciudad de los ornamentos: _Odolla, id est
testimonium sive ornamentum, paramenta, ornamenta: omnes tenentur
audire sacrum die Dominica_.»
8. A este modo y del mismíssimo gusto fué toda la oracion fúnebre,
cuyo traslado con mejor consejo nos ha parecido omitir, porque
seria impropriedad en assunto tan doloroso hacer llorar de risa á
los lectores. Baste decir que, para cerrarla con llave de oro, dió
glorioso fin á ella con aquella ridícula alegoría que se le ofreció
de repente en el ya citado capítulo 5º., para contrarrestar la otra no
ménos estrafalaria metáphora, que tanto celebró Fray Blas en el sermon
de honras del famoso _Florilegio_; solo que allí la dixo seguida y
sencillamente, sin adornarla con textos; pero en el púlpito la vistió
y la sacó de gala con todos los adornos correspondientes. Hácesenos
lástima, y aún casi pica en escrúpulo, defraudar al público de los
oportuníssimos textos con que la engalanó; y assí allá vá, ni mas ni
ménos como la pronunció, con todos sus atavíos.
9. «En virtud de queja fiscal, _adversarius vester diabolus circuit
quærens_, se levantó auto de oficio por el supremo Juez, _tenens
adversus nos chirographum_, y se dió mandamiento de prision contra
nuestro Escrivano difunto, _tenete eum et ducite caute_: presentóse
este en la cárcel del Purgatorio, _claudentur ibi in carcere_, dexando
poder al Amor Filial para que, como Procurador suyo, _gloria patris
est filius sapiens_, contradixesse la demanda, _posuisti me contrarium
tibi_, apelando de la sala de Justicia á la sala de Misericordia,
_secundum magnam misericordiam tuam_. Libróse despacho de inhibicion y
avocacion, con remission de autos originales, _ego veniam et judicabo_;
dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado, _nihil
respondes ad ea quæ adversus te dicunt?_ Hizo este un poderoso alegato
de missas, oraciones y sufragios, _Domine, oratio mea in conspectu tuo
semper_; y, dándose por conclusa la causa, _non invenio in eo causam_,
falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano
Domingo Conejo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel,
_sinite hunc abire_, declarando haver satisfecho suficientemente todas
sus deudas con las penas de la prision, _dimitte nobis debita nostra_,
y que assí se fuesse á la gloria en paz, _requiescat in pace_.»
10. Desengáñese la eloquencia mas valiente, persuádese la elegancia
mas retumbante, humíllese la pluma de mas rápido remonte, y créame
la fantasía de mas delicado perspunte, que no es possible, no digo
ya explicar dignamente un solo rasgo, pero ni aún concebir entre
sombras un tenebricoso bosquejo del embeleso, de la admiracion, del
pasmo, del assombro con que fué oída la oracion de todo el numeroso
auditorio, que componia un gruesso peloton de paparismo. A excepcion
del Reverendíssimo Abad y de su Socio, que tambien estaban aturdidos,
aunque por muy diverso término, no huvo siquiera uno entre todos los
oyentes, que por buen espacio de tiempo no pareciesse estatua en virtud
del extático pasmo que los preocupó. Hasta el mismo Fray Blas estaba
enajenado, haciéndose cruces intelectuales en lo mas íntimo de su alma,
y tan persuadido ya, allá de la saya para dentro, que en comparacion
de Fray Gerundio él era un pobre motilon, que desde aquel punto le
costaba grandíssima violencia el no tratarle con respeto, y, solo por
no dar su brazo á torcer, prosiguió en la llaneza comenzada, pues por
lo demas, en su estimacion y concepto, passaba Fray Gerundio por el
primer hombre de toda la universal Orden. Assí lo confessó él despues á
un confidente suyo, por quien se supo esta interior particularidad, que
hace tanto honor á nuestro Heroe.
11. El Licenciado Flechilla, que le havia encargado el sermon y aquel
dia hacia de Diácono en las honras, enagenado y fuera de sí, se quedó
sentado en el banco donde havia oído la oracion, á mano derecha del
Preste, tanto que ya el Comissario, que oficiaba, estaba incensando
el túmulo (calados sus anteojos) en el último responso, y todavía
permanecia en su banco el bueno del Licenciado, llorando á hilo tendido
de gozo y de ternura, sin advertir lo que passaba. Apénas entraron
en la sacristía los del altar, quando el Comissario Preste, sin dar
lugar á que le quitassen la capa, se arrojó violentamente al cuello
de Fray Gerundio; túvole un gran rato estrechíssimamente apretado
entre los brazos, sin hablarle palabra, y despues, retirando un poco
el cuerpo y poniéndole las manos sobre los dos hombros, prorumpió
en estas exclamaciones: «O gloria immortal de Campos! O afortunado
Campazas! O dichosíssimos Padres! O monstruo del púlpito! O confusion
de Predicadores! O pozo! O sima! O abysmo! Es un horror! Es un horror!
Es un horror! O! O! O!» Y fuése á quitar la capa, haciéndose cruces.
12. No pudo articular mas palabra por entónces el Licenciado Flechilla
que decir interrumpidamente: «Padre, Padre, Padrico! La semana santa,
la semana santa del año que viene; la semana santa; no tiene remedio,
no tiene remedio.» Y, como á este tiempo entrasse en la sacristía
Anton Zotes, creyó que era llegada la postrimera hora de su vida,
porque consintió morir allí ahogado, segun los abrazos que le dieron,
no contribuyendo poco para añudarle las muchas lágrimas que le hacia
derramar el gozo. Fray Blas estaba atónito, y solamente se explicó con
las cejas y con los ojos. Al Reverendíssimo Abad le pareció, que no le
permitia la urbanidad dexar de presentarse, y assí, dexándose ver en la
sacristía, seguido de su Socio, solo dixo con afabilidad y con agrado,
que havia tenido un rato muy divertido, y que era razon que el Padre
Fray Gerundio descansasse; á que añadió el Socio: «Yo estaria oyendo
á vuestra Paternidad otras dos horas; la erudicion á carretadas; el
estilo, de lo que hay poco; y el modo de discurrir es original.» Con
las expressiones equívocas de los dos prudentes Monges se confirmaron
los otros paletos en que apénas un Angel podria predicar mejor.
13. Vueltos todos á casa y ya puesta la mesa, se sentaron á ella por
su órden, menudeáronse los bríndis, repitiéronse las enhorabuenas,
subieron de punto las expressiones, y solo no huvo décimas ni octavas,
porque, como la funcion era de mortuorio, parecia importunidad. Con
todo esso, no se pudo contener un estudiantillo legista, que aquel
año havia comenzado los Vinios en Valladolid y tambien comenzaba á
hacer pinicos de Poeta, echando sus quintillas y de quando en quando
sus décimas en las porterías ó locutorios de las Monjas, quando havia
funcion de hábito ó de professiones. Havia concurrido á las honras del
Escrivano Conejo en nombre de su Padre, vecino de un lugar cercano
y muy amigo del difunto, que por hallarse achacoso no havia podido
venir personalmente. Pidió licencia para decir un epitaphio que se le
ofrecia; y, como el assunto era tambien de _requiem_, fácilmente se le
concedió, con que prorumpió en este disparate:
_Yace entre estas dos losazas_
_Conejo: no yace tal,_
_Puesto que le hizo immortal_
_Fray Gerundio de Campazas._
_Caminante, quando cazas,_
_No hallarás vivar mas guapo_
_Que este sitio en que te atrapo,_
_Pues con qualquier perro viejo_
_Cogerás aquí un conejo,_
_Y en el púlpito un gazapo._
Los dos Monges conocieron bien la insulsez de la décima, llena de ripio
y sin mas sal que un equivoquillo ridículo que no tenia substancia;
pero los demas, que no hilaban tan delgado y ni entendian ni atendian
mas que al sonsonete, la levantaron sobre las nubes y hicieron sacar
incontinenti muchos traslados para esparcirlos por toda la redonda,
conviniendo todos en que el Licenciado era tan gran Poeta, como Fray
Gerundio Predicador. Con esto se retiraron los Padres á dormir la
siesta, y despues de ella sucedió lo que vamos á decir en el capítulo
siguiente.