CAPITULO VI.

Predica Fray Gerundio el sermon de honras con increíble aplauso, y

encárganle la Semana Santa de Pero-Rubio.

1. Ibase acercando el dia señalado para las famosas Honras, pues

ya no faltaban mas que tres. Y haviéndose despedido Fray Gerundio

cortesanamente de todo el lugar, hasta de aquella Tia que no le havia

visitado por el cuento de la gallina, (la qual quedó tan pagada de esta

accion, que desde aquel punto hizo las paces con la buena de la Señora

Catanla,) regalando á su Madre y á su Hermana con cada dos escapularios

bordados de realze de plata falsa y canutillo, añadiendo á cada una su

Santa Theresa de barro en urna de carton, guarnecida de seda floxa,

repartiendo una peseta entre las dos criadas, bien proveída la alforja

y aumentada la maleta con un par de mudas de ropa blanca, partió para

Pero-Rubio, en compañía de su Padre el boníssimo Anton Zotes, que quiso

ver, (assí lo decia él,) _si su hijo tenia tan güena man de perdicar

de los defuntos como para perdicar del Sacramento_. Su padrino el

Licenciado Quixano tambien havia hecho ánimo á ser de la jornada, con

cuyo fin havia llamado á un primo suyo, Capellan de Gordoncillo, que

acababa de venir de Leon y havia trahido licencia de confessar por seis

meses, para que en su ausencia dixesse la Missa al pueblo y cuidasse

de la administracion de Sacramentos; pero es tradicion que, quando ya

estaba aparejada la burra, se le desenfrenaron tan furiosamente las

almorranas (de que adolecia), que no le fué possible montar á cavallo;

y assí se contentó con darle un abrazo y meterle dissimuladamente en la

mano dos pesos gordos.

2. Eran las cinco de la tarde, quando en buena paz y compañía salieron

de Campazas Padre é Hijo, con resolucion de dormir aquella noche en

casa de su pariente el Familiar, cuyo lugar no distaba mas que de

tres leguas cortas, y estaba como á la mitad del camino. Aquí se

encuentra un vacío lastimoso en la Historia, que, despues de haver

burlado nuestras mas exactas y exquisitas indagaciones, necessariamente

ha de ser sensible á la curiosidad de nuestros Lectores, pues, no

siendo possible sino que la conversacion que tuvieron por el camino

Hijo y Padre fuesse tan graciosa como entretenida, no se halla el mas

leve vestigio de ella en Archivos, Bibliothecas, Armarios, legajos

ni apuntamientos. Bien pudiéramos nosotros fingir aquella que nos

pareciesse mas natural, atendido el genio, el carácter y las demas

circunstancias de nuestros dos Caminantes, á imitacion de aquellos

Historiadores que no hacen escrúpulo de referir lo verosímil como

cierto, sin detenerse en contar lo que pudo ser por lo que fué.

3. Ni se nos pudiera culpar con razon de que nosotros saliessemos

con nuestras conjecturas, en un siglo en que todo el mundo sale con

las suyas. Haviéndose hecho este título tan de moda, especialmente

en los libros, papeles y discursos que sacan á luz los Antiquarios,

Chronologistas, Investigadores y Phýsicos experimentales, que apénas

aciertan con otra. No es nuestro ánimo condenar esta costumbre, y mas

en aquellos pocos en quienes se conoce es verdadera modestia la que en

otros muchos se conjectura ser paliada ostentacion, pues nos hacemos

cargo de que hay materias, que no admiten evidencias ni otras pruevas

que meramente conjecturales; pero nuestra sinceridad, singularmente en

una Historia tan verídica, tan fundamental y tan exacta como la que

trahemos entre manos, no se acomoda con este uso, y mas quando, siendo

tantos, tan averiguados y tan instructivos los materiales verdaderos

que tenemos á la mano, es ocioso buscarlos ideales.

4. En fin llegaron nuestros dos Caminantes á Fregenal del Palo, pueblo

no tan grande como Sevilla ni tan poblado como Cádiz, donde hacia su

residencia el Familiar, de quien fueron recividos con agasajo, con

naturalidad y con un corazon verdaderamente sano; porque, ageno en

todo de afectacion y de artificio, era tan franco en descubrir las

inclinaciones de su voluntad, como naturalote en no dissimular los

dictámenes de su buen entendimiento.

5. Miéntras se disponia la cena, que no fué delicada ni ostentosa,

pero sí maciza y abundante, dixo el Familiar á su sobrino con cariñosa

llaneza: «Oyes Flayrico, y llevas enjurgadas para Pero-Rubio tantas

garambainas como echastes por essa boca en Campazas?» -- «Tio, y qué

me quiere Usted decir por _garambainas_?» preguntó Fray Gerundio. --

«Válasme Dios, hombre, continuó el Familiar; pues yo bien craro me

exprico. Garambainas son aquellas garatusas, enrebesaduras, relumblones

y azufaifas con que nos encarabrinabas á todos los que te estábamos

uyendo, como unos monigotes.» -- «Ménos le entiendo á vuestra Merced

ahora que ántes,» replicó Fray Gerundio. -- «Pues entiéndanos Dios, que

nos crió, dixo el Familiar, y perdónenos nuestros pecados. Paréceme que

te haces remolon de propósitamente, porque en lo demas es impussibre

de Dios que no me entiendas, pues tanto como el don de craridá me l’a

dado Su Magestá, bendita sea su miselicordia. Hórasme los tréminos, y

conozco yo que no son retumbantes ni tan polidos como los que s’usan en

las Zuidades; pero decirme á mí que no son interegibres, no habremos

d’esso, que es crebarse la cabeza, y tan los calas tú como el hijo de

mi Madre.»

6. -- «Si vuestra Merced llama _garambainas_, dixo Fray Gerundio, la

erudicion, los pensamientos sútiles, los equívocos, las agudezas,

los chistes y el estilo elevado y harmonioso, hay bastante recado de

esso en el sermon que llevo prevenido; y, como Dios no me quite el

juício, no faltará en todos los que predicare.» -- «Pues ves? replicó

el Familiar, si yo fuera que tú, havia de pedir á Dios que me quitara

luego el juício, para no perdicar enjamas ansina; pues tengo para mí

que, miéntras perdiques ansina, no tienes que pedir á Su Magestá que te

le quite, sino que te le güelva.» -- «Vuestra Merced, Tio, dixo Fray

Gerundio, no tiene obligacion á entender estas materias.» -- «Pero los

Perdicadores, respondió el Familiar, están obrigados en conciencia á

perdicar de manera que todos los entendamos.» -- «Basta, replicó Fray

Gerundio, que nos entiendan los cultos y los discretos.» -- «Pues,

que vayan solamente á uíros los secretos y los encultos,» respondió

el Familiar. «Y dime, sobrino, parécete á tí que en Pero-Rubio havrá

muchos d’ essos hombres encultos, ó como tú los llamas?» -- «Nunca

faltan algunos, dixo Fray Gerundio, por infeliz que sea una aldéa, ya

sean de ella misma, ya de los forasteros convidados, ó ya de los que

concurren casualmente: por esso han llevado grandes chascos algunos

Predicadores que, fiándose en que iban á predicar á lugares pequeños,

se contentaban con qualquiera cosa, y se hallaban despues con oyentes

que no esperaban; y assí oí decir á un Padre grave de mi sagrada

Religion, que todo Predicador de punto se debia prevenir para predicar

en Caramanchel ni mas ni ménos que si huviera de predicar en Madrid.»

7. -- «No m’ arma mucho essa doctrina, replicó el Familiar, salbante

que quisiesse decir esse Esentíssimo Padre, que tanto ahinco debe poner

un Perdicador en convertir á los de Caramanchel como en convertir á los

de Madrid, y que ansina debe expricarse en conformidá que le entiendan

los unos como que le entiendan los otros; porque, fuera de esso, irse

un Perdicador á Caramanchel, y lo mismo me da á la Cisterniga, (que

esta es una comparanza,) con daca si eran froles ó no eran froles, en

vertú de que pueden encurrir algunas presonas de la Zuidá, esso no es

mas que humo, satisfaccion y _laus te dé Christe_.»

8. «Pero, dexando una cosa por otra, no saberiamos qué vertudes del

Escrivano vas á perdicar?» -- «No he menester predicar sus virtudes

para predicar á sus honras,» respondió Fray Gerundio. -- «Como no?

replicó el Familiar; pues, quando se perdica de los defuntos, no es

endisponsable que se diga aquello en que fueron güenos, para que

enmiten sus exempros los vivos?» -- «No Señor, respondió Fray Gerundio,

nada de esso es necessario, que, si lo fuera, solo se predicarian

honras de aquellos sugetos que huviessen sido muy virtuosos, havidos y

tenidos por tales de todos los que los trataron; y assí vemos, que en

algunas partes se predican de todos los que tienen con que pagarlas,

á roso y velloso, sin que para esso sea preciso hacerles primero la

informacion _de moribus et vita_, como se dice.»

9. -- «Es impussibremente que yo no tenga el entendimiento espatarrado,

ó que tú no me quieras meter los dedos por los ojos, replicó el

Familiar; pues dime, sobrino, el Perdicador no ha de alabar á su

defunto? es craro. Si le alaba, no le ha de alabar de alguna vertú? no,

sino que vaya á alabarle de sus defeutos y fraquezas. Demos que no

tuviesse el defunto vertú nenguna: pues, qué ha de decir d’ él el probe

Flayre?»

10. -- «Lo primero, respondió Fray Gerundio, se puede predicar un

sermon de honras que pasme, sin tomar en boca al difunto por quien se

hace la funcion; y, para que vuestra Merced lo vea claramente, yo le

explicaré el como. Entrase ponderando ante todas cosas, qué antigua

fué la costumbre de hacer honras y funerales por los difuntos. Aquí se

va discurriendo por los Hebréos, por los Babylonios, por los Persas,

por los Medos, por los Griegos, por los Romanos, por los Egypcios,

por los Caldéos, y en fin por todas las naciones del mundo: despues

se examinan muy por menor los varios modos que tenian de celebrarlas,

segun los genios, usos y costumbres de los países, ya con sacrificios,

ya con hogueras, ya con pyrámides, ya con obeliscos, ya con ofrendas,

ya con enramadas, ya con convites, y en algunas partes hasta con danzas

y fiestas. A esto se sigue el averiguar quando, en qué tiempo, con qué

motivo y en qué nacion se dió principio á las oraciones ó panegýricos

fúnebres por los difuntos, y se explayan las velas de la eloquencia

sobre los Epicedios, sobre los Epitaphios, sobre las Endechas, sobre

los Cenotaphios y sobre las Nenias, extendiéndose tambien la erudicion,

si se quiere, ó á las tablillas ó á las inscripciones, que se guardaban

sobre los sarcóphagos. Bien repiqueteado todo esto, se busca despues en

alguno de los muchos calendarios que hay de los antiguos, qué fiesta,

funcion, sacrificio ó cosa semejante celebraban en el dia que está

determinado para predicar las honras, y siempre se encontrará alguna

cosa que por aquí ó por allí, de esta ó de aquella manera, venga

clavada al intento. Aplícanse finalmente todas estas importantíssimas

noticias al assunto de la funcion con la mayor propiedad: las hogueras,

á las luces, hachas y blandones; las pyrámides y los obeliscos, al

túmulo; los sacrificios, á las missas; las ofrendas, á las que se hacen

comunmente; los convites, á los que hay casi en todas partes; los

Epicedios, Nenias, etc., al sermon ú oracion fúnebre; y, demostrando de

esta manera el Predicador que la piedad de los presentes no debe nada

á la piedad de los passados, y que las honras que hacen á los difuntos

los modernos son parecidas en todo á las que hacian á los mismos

difuntos los antiguos: hétele vuestra Merced como, sin tomar en boca al

sugeto por quien se hacen, puede acabar honradamente con su _requiescat

in pace_, que sea seguido de muchos vítores y aclamaciones.»

11. -- «Mira, dixo el Familiar, yo no te puedo negar que eres un

pozo de cencia, porque ahí has enjurjado tantas cosas que me tienen

aturrullados estos cascos; porque, ya se ve, saber tú, como parece

que sabes en la uña, todo lo que hicieron los Gabylonios, los Miedos,

los Presas, los Enjundios, y essos otros que nombraste ahí á manera

de Caldos; havérsete quedado en la memoria todos essos nombres

enrebesados de embolismo, parrales, cienpedios, niñerías, cieno de

zafios, y el último vocablo en que dixiste no sé qué de las escrituras

de los Estrófagos: digo en mi ánima jurada, que saber tú todos estos

argamandijos en los pocos años que tienes, esso sin cencia confusa no

puede ser, y loado sea el Señor de quien es todo lo güeno; pero tambien

te digo una cosa: tanto viene todo esso para perdicar un sermon de

honras, como ahora llueven pepinos, y, si no, vaya un asemejamiento.»

12. «Yo soy estaño Alcalde de Fregenal; junto mañana el Concejo para

saber si se han de guardar ó no se han de guardar los plaos. Escomienzo

por decir, que esto d’ aver Concejos en las Repúblicas es cosa muy

añeja, porque los Gabylonios, los Presas, los Calderos y los Mamalucos

los usaban allá desde el tiempo que habraban los animales. Passo

dempues á esprayarme sobre las diferentes usanzas q’ havia para esto de

juntarse el Concejo, y digo, por enxempro, que en unas partes andaba el

Menistro de josticia de puerta en puerta, tocando un cencerro; que en

otras era incumbencia del porquerizo ir sonando por las calles el mismo

cuerno, con que juntaba los cerdos; qu’ allá tocaba al muñidor pregonar

el Concejo por las calles; qu’ acá se enseñaba á rebuznar á un burro

desde niño con tales y con tales señas, y q’ este burro, en estando

ya bien endustriado, y en teniendo, como dicen, uso de razon, se le

entregaba al fiel de fechos, con la carga y con la obrigacion de que

los dias de Concejo havia de ir rebuznando por todo el puebro, para que

viniesse á noticia de los vecinos y nenguno pudiesse alegar escusa ni

ignorancia. D’ aquí me meto á expricar la importancia de los Concejos

y la grande entauridá q’ han tenido siempre, no solo en toda Uropa,

sino en toda España. Digo por fin y por postre, que todos los Consejos,

si se les ofrece hacer informacion de nobreza ó de hidalguía, han de

venir á probar su alcurnia de los Concejos, y q’ assí como los primeros

son en sobre las Udencias y en sobre las Chancellerías, pues vemos que

de las sentencias d’ estas s’ apela á aquellos, ansina tambien, si

estubiera el mundo bien gobernado, s’ havia d’ apelar d’ ellos á la

endicision de los Concejos. Y concruyo con preguntar, si en vertú de

todo lo dicho s’ han de guardar ó no s’ han de guardar los plaos. Dime,

Gerundio, ansí Dios t’ haga bien, vendria todo esto al caso para la

enresolucion d’ aquel punto?»

13. -- «Buenas cosas tiene vuestra Merced, respondió Fray Gerundio; con

que, ahora quiere hacer comparacion de lo que un Alcalde propone en

el Concejo, con lo que un Predicador ha de decir en el púlpito? Tio,

en los Concejos se va derechamente á la substancia.» -- «Pues qué!

replicó el Familiar, en los cúlpitos se va no mas que á entretener el

tiempo?» -- Como Fray Gerundio se vió un poco apretado, procuró sacar

el cavallo por otro lado, y para divertir el argumento dixo: «Tambien

se puede alabar á un difunto, aunque no haya hecho milagros ni tenido

revelaciones ni su vida huviesse sido la mas exemplar y ajustada.

Quantas oraciones fúnebres se han predicado en la Iglesia de Dios á

grandes Capitanes, á grandes Conquistadores, á grandes Políticos y á

muchos hombres verdaderamente sabios, de cuya canonizacion no se ha

tratado, ni verisímilmente se tratará jamas de ella! Con todo esso,

á estos se les alaba del valor, de la intrepidez, de la presencia de

ánimo, de la pericia militar, del zelo por la gloria de sus Príncipes

y, en fin, de otras virtudes que no se encuentran ni en las cardinales

ni en las theologales, y que no hacen al caso para la vida christiana,

pues sabemos que muchos Gentiles, Moros y Hereges florecieron en ellas.

Pues, por qué no pudiera yo tambien alabar á mi Escrivano, si quisiera,

de la sagacidad, de la astucia, del ingenio, de la penetracion, y hasta

de la velocidad con que escrivia, de su buena letra, de sus airosos

rasgos y de la rúbrica que usaba, por una parte tan garbosa, y por otra

tan difícil que parecia impossible falsearse ni remedarse?»

14. -- «Yo soy un probe Lego, respondió el Familiar, que sólasmente sé

lér de deletreado y echar mi firma con letra de palotes, estrujando

bien la pruma, y no me puedo meter en si es bien premitido ó no es

bien premitido, que en la Igresia de Dios s’ alaben púbricamente y

se propongan como enxempro de emitacion al puebro christiano essas

vertudes que tú dices, y con las quales puede una presona irse al

infierno tan lindíssimamente. Este es un punto muy hondo, que no es

para mi cabeza; y, quando tú dices q’ assí s’ usa, (que yo no lo he

visto, por no haverme topado enjamas en essas perdicaciones,) debe d’

haver razones muy emportantes para premitir que s’ haga ansina. Lo que

yo digo es que, por lo ménos acá en las aldéas, donde no se pueden

praticar essas vertudes campanudas y donde la gente es sencilla, si yo

juera Obispo, de nenguno se m’ havia de perdicar sermon de honras que

no huviesse sido un christiano vertuoso y enxemprar, al modo q’ acá

nosotros nos imaginamos las presonas enxemprares y vertuosas. Porque

horasme decir tú del Escrivano, que fué sagaz, estuto, engenioso,

que luego se empunia en los autos, que calaba las entenciones de las

presonas, que escrivia de corridamente, q’ hacia una letra estupenda,

que su rúbrica y su sino se podian presentar al mesmo Rey: todo esso

güeno será, pero qué sacamos d’ ahí para las benditas ánimas del

Purgatorio?»

15. A tal tiempo entraron á poner la mesa para cenar, de que no se

alegró poco nuestro Fray Gerundio, porque su Tio le iba apurando

demasiado. Anton Zotes se havia quedado primero á dar órden de que se

cuidasse de las cavallerías, y despues trabó conversacion con la muger

del Familiar y con sus sobrinos y sobrinas, que entre todos eran seis,

y el mayor no passaba de doce años, repartiendo entre ellos turron,

confites, avellanas y piñones, que havia trahido para este efecto,

entreteniéndose con todos miéntras se asó una pierna de carnero, se

hizo una gran tortilla de torreznos y se guisó una buena cazuela de

estofado de vaca, que con unas sardinas escabechadas y una tajada

de queso por postre, comenzando con su gazpacho de huevos duros,

componia entre todo una cena substancial y sólida, sacándose despues de

levantados los manteles un plato de cebolletas con su salero al lado,

para echar la de San Victoriano.

16. Entraron todos en la salita ó quarto baxo, donde estaban Tio y

Sobrino; sentáronse y cenaron con tanta paz y alegría como gana. Casi

toda la conversacion de la cena se la llevaron el Familiar y Anton

Zotes, siendo su assunto el regular entre Labradores. Preguntóle

aquel, como iba de cosecha y en qué estado tenia su verano. Respondió

este, que de cebada havia cogido poco por la falta de agua, y que, si

no fuera por los tres erreñales que estaban linde del arroyo, apénas

tendria para el gasto y para sembrar; que de morcajo no estaba mal, y

de trigo esperaba que seria mediana la cosecha; porque, sobre tener ya

diez cargas en la panera, quedaban en la era tres peces, dos parvas,

otras dos mantas, y _entodavía_ estaban en las tierras como unas doce

morenas. «Pues por acá, amigo mio, dixo el Familiar, no podemos echar

piernas, y algunos probes Labradores se quedarán _per ostiam santam

incionem_. Sobre q’ hay hombre que no coge lo que sembró. Yo, bendita

sea la misilicordia de Dios, no estoy tan endesgraciado, porque, como

la hoja que tocaba est’ año es la que está carre Vallaolí y aquella

tierra es tan espiojosa, hizo bodega con las aguas de la otoñada y con

las que cayeron dempues por entruejos, con que ha dado bonicamente, y

hast’ unas ciento y cinquenta cargas de todo pan ya espero coger, con

que m’ animaré á umbiar á Bertholo á Villagarcía, para que escomience

la glamática con aquellos benditos Flaires de Dios, que llaman Padres

Theatinos.»

17. -- «Sí, dixo á este punto, hecha una vívora, la Tia Cecilia

Cebollon, (que assí se llamaba la muger del Familiar,) para que

aquellos Flairones te le desuellen á azotes.» -- «Mijor, respondió

con mucha sorna el socarron del Familiar; por esso nació el dia de

San Bertholomé, y fué mi gusto que le pusiessen Bertholo, para que

me lo desollassen; porque, desengáñate Cicilia, que la letra con

sangre entra.» -- «Pues dígote, replicó la Cebollona, que, por mas

q’ hagas, no he d’ umbiar m’ hijo á Villagarcía.» -- «En esso harás

bien, respondió el Familiar; y, por lo mesmo que no l’ has de umbiar

tú, tendré cuidado d’ umbiarlo yo.» -- «Irá donde yo quisiere, replicó

la Cebollona, porque es tan hijo mio como tuyo.» -- «Y aún mas, si lo

apuras, respondió muy fresco el Familiar; pues, sin meternos por ahora

en mas honduras, al fin tú le pariste, y yo no. Ea, Cicilia, tengamos

buenos manteles y dexémonos de crebaderos de cabeza: ya te he dicho mil

veces, que tú cuidarás de las hembras, y yo de los varones. Tú darás á

aquellas la enseñanza que te pareciere, y yo daré á estos la dotrina

que me diere la gana.»

18. -- «Tambien yo la tenia, dixo á esta sazon Anton Zotes, que el mi

Flairico estudiasse en Villagarcía, donde yo havia estudiado; pero

por tener paz con la mi Catanla l’ umbié á Villaornate, y no me pesa,

porque no ha salido por ahí nengun morondo.» -- «En todas partes,

respondió el Familiar, hay malos y güenos, soldesmente que en unas

son mas los güenos que los malos, y en otras son mas los malos que

los güenos. Lo que yo veo es, que los que estudian con los Theatinos

no alborotan los puebros, ni apedréan los Santos, ni silvan los

Rosarios, ni se juntan en las tabernas, ni embarran los vítores, ni

se desvergüenzan contra los Flaires que estudian por otros libros.

Allá en sus controversias y desputas vocéan, berréan y gritan hasta

desgañitarse; pero dempues y acabado aquello, punto en boca, cortesía

hasta el suelo, y tan amigos como d’ antes. Esto parece bien á Dios y á

todo el mundo; lo contrario es mala crianza, y se conocen al vuelo los

que estudian con unos y con otros.»

19. En estas conversaciones se passó la cena: llegó la hora de

recogerse, y se retiraron todos, quedando despedidos desde la noche,

porque los huéspedes pensaban madrugar mucho para librarse del calor.

Assí lo hicieron, saliendo de Fregenal á las tres de la mañana y

llegando á Pero-Rubio entre siete y ocho, ántes que, como se dice,

comenzasse á calentar la chicharra.

20. No se puede ponderar el gusto y el agasajo con que fueron recividos

del Licenciado Flechilla, en cuya casa se apearon derechamente,

segun havian quedado de concierto al despedirse en Campazas. Era la

víspera del dia en que se havian de celebrar las honras, y aquella

tarde fueron concurriendo algunos parientes y amigos del difunto, no

solo de los que vivian en los lugares circunvecinos, sino tambien tal

qual que residia en poblacion algo distante. Entre estos llegó un

Reverendíssimo Abad Benedictino, primo del Escrivano Conejo, varon

verdaderamente respetable; porque, sobre ser Monge muy ajustado, de

porte serio, de estatura heróica, de venerable presencia, de semblante

magestuoso y al mismo tiempo apacible, era sugeto á todas luces sabio,

no solo muy versado en todas las facultades serias que son proprias

de su profession, sino admirablemente instruído en todo género de

bellas letras, de erudicion amena y escogida, lo que, junto á un trato

humaníssimo y urbano, hacia sumamente grata su conversacion y le

constituía un sugeto cabal y redondeado.

21. Trahia por socio á un Predicador segundo de la casa, jóven como

de treinta años y Monge de su especial cariño; porque, aunque era de

genio abierto, festivo y desembarazado, se contenia siempre dentro de

los límites de la modestia y de la urbanidad religiosa, sin que los

chistes y gracias, de que abundaba, cediessen jamas los términos de

la decencia, ni se propassassen á quemazones ó pullas, que pudiessen

ofender ni aún levemente á los mismos con quienes se zumbaba. Por

esto, porque era mozo muy pundonoroso, exactíssimo en el cumplimiento

de su obligacion y en el desempeño de su oficio, rendido á quanto se

le mandaba, y dócil á todas las advertencias que se le hacian, havia

merecido la especial inclinacion y aún concepto del Abad, que esperaba

formar en él un Monge á su modo y de su mano, capaz de honrar con el

tiempo no solo á la Congregacion, sino á toda la Orden Benedictina.

22. Poco despues que se apearon los dos Monges, entró á visitarlos,

como tambien al Padre Predicador Fray Gerundio, el Cura de Pero-Rubio.

Era Arcipreste de aquel partido, Comissario del Santo Oficio, y hombre

de singular fábrica en el cuerpo, y de no ménos singular estructura

en las potencias del alma. Estatura algo ménos que mediana, cabeza

abultada y un si es no es oblonga, con canas entre rucias y tordas,

corona episcopal, pestorejo colorado y con pliegues, ojos acarnerados,

y en la circunferencia unas ojeras ó sulcos que le havian formado

los anteojos perdurables, que solo se los quitaba para leer y para

escrivir, ó quando estaba solo; pero en visitas, en passéos, ó en

funciones públicas, al instante los montaba. Era lleno de semblante,

aunque se conocia no ser maciza la gordura; porque á veces fluctuaban

los carrillos, subiendo y baxando como fuelles de órgano. Tampoco

el color era constante: unos dias muy encendido, otros malignamente

jaspeado, con unas manchas verdi-pardas, entre enjundia y apostema;

la lengua muy gorda; el modo de hablar hueco, gutural y autoritativo,

resoplando con frequencia para mayor gravedad. Sus letras eran tan

gordas como la persona; pero al fin havia rebuelto algunos libros de

moral, tenia bien atestada la cabeza de las noticias mas ridículas y

mas apócryphas que se encuentran en los libros; porque para él, una

vez que estuviessen impressos, todos eran á un precio y las vertia

en las conversaciones de los páparos, assí de corona como legos, con

una satisfaccion, con un _coram-vobis_ y con unos resoplidos que no

dexaban la menor duda de su certidumbre y de su authenticidad. Leía

Gazetas y Mercurios, quando podia pillar algunos sin que le costassen

un maravedí, porque en materia de gastar era _strictioris observantiæ_,

y solia decir, no sin gracia, que para relaxacion bastábale la potra

(era muy quebrado). Hablaba mucho de la Lusacia, de la Pomerania, de

la Carinthia y de la Livonia, diciendo que estas provincias componian

el grande Manzgrabiato de Westphalia, con que le oían como unos

parvulillos todos los Curas de la redonda; y, como por otra parte

era infinitamente curioso é indagador de todo quanto passaba en las

chimenéas y en los rincones, cuchucheador y mysterioso, le miraban

todos con un gesto equívoco, entre respeto y burla, entre desprecio y

temor.

23. Aún estaban en los primeros cumplimientos del Señor Comissario,

quando se entró á galope por la sala el Predicador Fray Blas en trage

de camino y, sin saludar á nadie, se fué derechamente á dar un estrecho

abrazo á su amigo Fray Gerundio, como si huviera veinte años que no se

havian visto; y es tradicion, que aún se estaba componiendo los hábitos

que trahia enfaldados, quando se dió recado de parte del Concejo, y

entraron los dos Alcaldes, los dos Regidores, el Procurador de la Villa

y el Fiel de fechos; porque aún no se havia provisto el oficio de

Escrivano. Aquel dia no debió de acaecer sucesso considerable; por lo

ménos se ha frustrado en su indagacion nuestra solicitud y diligencia,

sin que en las memorias que hemos podido recoger se halle mas que lo

sucedido en el mismo dia de las honras, cuya relacion pide capítulo

aparte, y vamos á servir á nuestros Lectores con el capítulo siguiente.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2) · 第 35 / 48 题