Interrumpe la conversacion un huésped inopinado, que se aparece de
repente; vuelven á atar el hilo, con todo lo demas que irá saliendo.
1. Iba á responderle Fray Gerundio, quando al revolver el cercado de
una viña, por donde atravesaba una senda que guiaba á Tras de Conejo,
famoso sitio del monte de Valderas, se apareció un mocito como de
veinte y cinco años, con todo el aparato de cazador crudo: redecilla
con borla á medio casquete, tupé asomado con sus dos caídas de bucles,
chambergo y cinta de plata y oro con su lazo ó roseta entre si trepa ó
no trepa á la copa del chambergo, capotillo de grana hasta la cintura,
chupa verde bien cumplida de faldillas, calzon de ante fino, ajustado
á la perfeccion, asomada por la faltriquera, hasta bien entrado el
muslo, una cinta de oro con sello y llavecita de relox, botines de
lienzo listoneado de azul, que ni pintados, y sus zapatillas blancas;
escopeta, bolsas, dos podencos, y quatro perdices que llevaba en una
red de hilo harto bien texida, pendiente de un cordon de seda, que
á manera de banda le cruzaba desde el hombro derecho hasta el híjar
izquierdo: esso se supone.
2. Era un Colegial trilingüe de la Universidad de Salamanca, bien
dispuesto, despejado, hábil, de humor festivo y retozon, aunque algo
vivo, osado y quisquilloso; mas que medianamente instruído en letras
humanas y sobre todo en la Rhetórica, á cuya cáthedra era opositor y
aún havia leído ya una vez á ella. Llamábase Don Casimiro y estaba
de recreacion en Valderas, donde tenia casada una hermana muy de su
cariño, y al cuñado no le havia faltado un tris para ser Corregidor
de Villalobos. Aquella tarde havia salido á caza y, fatigado de la
sed, iba por mas pronto recurso á Campazas á echar un trago de agua de
bodega, quando al revolver del cercado se encontró con nuestros dos
Frayles. Conocia á Fray Blas, porque este, bien ó mal, havia cursado en
Salamanca, aunque Don Casimiro era niño gramático y Fray Blas ya era
Padre colegial; assí se llaman á aquellos Theólogos de reata, que van
en requa á escuelas mayores y menores.
3. Apénas se vieron los dos, quando recíprocamente se conocieron; y es
que Fray Blas nada se havia mudado, porque tan calzado era de barbas y
tan cerrado de mollera quando Colegial, como quando Predicador mayor
de su Convento, atento á que, quando tomó el santo hábito, era ya
bastantemente entrado en mozancon. Por lo que toca á Don Casimiro, es
cierto que, aunque havia crecido mucho y era hombre que ya se afeitaba
á menudo, pero conservaba todavía el aire, las facciones de la cara y
cierta viveza de ojos, que le agraciaban mucho quando niño. Diéronse un
estrecho abrazo, y despues de aquellos efectos regulares de alegría y
de aquel monton de especies antiguas, que tocan de tropel dos conocidos
en estos encuentros casuales, despues de haverse santiguado los dos
media docena de veces con aquello de _Válgame Dios! qué encuentro!
Quien me lo dixera! Quien lo pensara!_ sin omitir Fray Blas lo otro
de _Jesus, y qué crecido, y qué espigado, y qué hombre, y qué galan!
Venga otro abrazo_, etc., le tomaron en medio los dos Frayles. El
Predicador en breves palabras dió razon á Don Casimiro de quien era
Fray Gerundio, de sus prendas, de sus talentos, del sermon que acababa
de predicar, de los aplausos que havia merecido, del sermon de honras
que le havian encargado, y, en fin, de toda la conversacion que havian
tenido los dos desde la salida del lugar hasta el mismo punto del
dichoso encuentro inclusivamente.
4. Hizo Don Casimiro un cumplido muy cortesano á Fray Gerundio, y,
haviéndole correspondido este con las voces que le deparó su bondad, su
crianza y su cosecha, prosiguió immediatamente sin detenerse: «Pues,
Señor Don Ramiro...» -- «Casimiro, le interrumpió el Colegial, para
servir á Vuesandíssima.» -- «Perdone vuestra Merced, continuó Fray
Gerundio, que, quando le nombró mi amigo el Padre Predicador, estaba
yo un tantico embobado, y solo pude advertir que su gracia de vuestra
Merced era un nombre acabado en _iro_. Pues, Señor Don Casimiro, lo que
yo iba á decir á Fray Blas, quando nuestra buena suerte nos deparó la
honrada vista de vuestra Merced, era que se me havia ofrecido un medio
estupendíssimo para predicar, aunque fuessen mil sermones de honras
á todos los Escrivanos que está comiendo la tierra. Este es el ir
discurriendo en mi sermon por todas y por cada una de las diez fuentes,
que llaman los Rhetóricos _de la invencion_.»
5. -- «Essa es mi comidilla, interrumpió el Colegial, y toca
Usandíssima un assunto, en que puedo decir algo con ménos desacierto,
porque al fin essa es mi facultad. Si las fuentes de la invencion son
diez precisamente, si son ménos ó son mas, es punto muy questionable,
y no ignora Usandíssima quanto le controvierten los Autores. Ciceron,
en lo _de Inventione_, señaló algunas mas. Nuestro Quintiliano, en sus
_Instituciones oratorias_, las reduxo á ménos, y Casio Longino, en su
_Tratado de lo sublime_, que leí traducido del griego en francés por
Monsieur Boileau, dice, á mi ver con mayor acierto, que no se puede
señalar número fixo á estas fuentes de la invencion, porque serán mas
ó ménos, segun fuere mayor ó menor la fecundidad y fuerza imaginativa
del Orador. Pero no hay que detenernos en lo que no es del dia: importa
poco que las fuentes sean diez ó sean diez mil; lo cierto es, que con
solas diez fuentes en qualquier assunto se puede juntar un caudal
oratorio tan copioso, que forme un rio navegable de eloquencia. Y
quales son essas diez fuentes donde Vuesandíssima piensa hacer aguada
para navegar felizmente por el proceloso mar de su fúnebre parentacion?»
6. -- «Con licencia de vuestra Merced, respondió Fray Gerundio, el
Escrivano á cuyas honras he de predicar no era pariente mio.» --
«Pues, digo yo por ventura que lo fuesse?» replicó el Colegial. --
«Es que, como vuestra Merced dixo esso de emparentacion, prosiguió
Fray Gerundio, creí que me emparentaba con él.» Sin mas exámen
conoció Don Casimiro la pobreza del Frayle con quien trataba; pero
dissimuló quanto pudo, y ya con algun mayor conocimiento del terreno
respondió: «Vuesandíssima ha padecido equivocacion, nacida sin duda
de alguna distraccion involuntaria; yo no dixe _emparentacion_,
sino _parentacion_.» -- «Pues, qué mas da uno que otro?» replicó
Fray Gerundio. -- «Paréceme, respondió el vellacuelo del Colegial,
que Vuesandíssima tiene gana de zumbarse y que á mi costa quiere
divertir la tarde. Un hombre como Vuesandíssima, que tiene noticia
de la invencion y de sus fuentes, no puede ignorar que Ciceron llama
_parentar á los difuntos_ el hacer honras por ellos, y que de aquí
se dice _parentacion_ todo lo que se consagra á su memoria, ya sean
ofrendas, ya elogios, ya oraciones ó sermones.» Como Fray Gerundio se
vió tratar con tanto respeto, pues en realidad era la primera vez que
havia recivido esse tratamiento, y no dexaba de admitirle con gusto y
con entonacion, aunque quedó un poco corridillo de que le huviessen
cogido en aquel punto, resolvió dissimular por no perder el concepto, y
assí dixo como sonriéndose: «Ya, ya lo sabia yo, pero quise hacer del
bobo, solo por el gusto de oir á Usted.» -- «Pues otra vez, replicó el
fisgon del Colegial, no lo haga Vuesandíssima con tanta naturalidad,
porque casi me lo hizo creer. Pero, volviendo á nuestro propósito,
qual es la primera fuente de la invencion que señala el Autor de
Vuesandíssima?»
7. -- «La Historia,» respondió Fray Gerundio. -- «Tambien Quintiliano,
prosiguió Don Casimiro, señala essa por la primera fuente. No sé si me
acordaré de sus palabras, porque ya ha algunos años que las encomendé
á la memoria; hagamos la experiencia: _In primis vero_ (pienso que ha
de decir) _abundare debet orator exemplorum copia, cum veterum tum
etiam novorum; adeo ut non ea modo, quæ conscripta sunt historiis
aut sermonibus, veluti per manus tradita, quæque quotidie aguntur
debeat nosse, verum ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt,
negligere_. De suerte que Quintiliano desea en todo perfecto Orador no
solo una noticia comprehensiva de la historia, de la tradicion y aún
de los sucesos particulares que acaecen en su tiempo, sino que no debe
despreciar aún las ficciones y las fábulas de los Poetas mas ilustres y
mas clássicos; porque todo sirve para exornar lo que dice con exemplos
antiguos y modernos.»
8. -- «Veslo, Fray Gerundio, veslo? interrumpió á esta sazon Fray
Blas, lleno de gozo y dándole una palmadita en el hombro izquierdo;
mira como Quintiliano aprueba lo de las fábulas en los sermones y en
las oraciones, segun el texto literal y terminante, que con tanta
puntualidad acaba de citar y referir el Señor Don Casimiro. Y qué? te
parece que el Señor Don Casimiro es rana? Pues sábete, que será muy
presto tan Cathedrático de Rhetórica en la Universidad de Salamanca,
como tú eres Predicador sabatino y como yo soy Predicador mayor de la
casa. Di ahora á todos los Magistrales del mundo y á quantos Maestros
Fray Prudencios puedan tener las Religiones mendicantes, monachales y
clericales, que se vengan á contrarestar á Quintiliano.»
9. -- «Poco á poco, reverendíssimo Fray Blas,» atajó Don Casimiro.
«Quintiliano instruye á un Orador profano, y no á un Orador sagrado.
Da reglas para los que han de hablar en las Academias, arengar á los
Magistrados, hacer representaciones á los Príncipes, perorar en los
Gabinetes y defender ó alegar en los Tribunales; no se mete con los que
han de enseñar, persuadir y convencer al pueblo desde los púlpitos.
Es cierto, que unos y otros pueden y deben usar de la Historia con
moderacion, con oportunidad y con templanza; pero de la ficcion y de la
fábula solamente podrán valerse con mucho tiento y con grande economía
los primeros. Assí lo da á entender el mismo Quintiliano, y si no,
repare Vuesandíssima el miramiento con que se explicó: _ne ea quidem,
quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere_. No dice, que hagan
estudio de las ficciones y de las fábulas, sino que no las desprecien,
que no las olviden del todo. Si Quintiliano quiere, que aún en las
oraciones profanas se practique tanta circunspeccion en el uso de la
fábula, quanto condenaria que se gastasse, digámoslo assí, á pasto en
las oraciones sagradas, que él no conoció, porque tuvo la desgracia de
morir en el Paganismo? Pero dexando á un lado esto, que no es de mi
profession, dígame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, como ha de usar
Usendíssima de la Historia para el sermon del Escrivano?»
10. -- «Como? Tan lindamente,» respondió Fray Gerundio. «Lo primero
voime derechicamente á las Concordancias á buscar la palabra _Scriba_,
y, leyendo despues todo lo que se dice en la Biblia de los _Escrivas_,
se lo aplico ajustaditamente á mi Escrivano. Despues voy á consultar en
un Thesauro lo que hay en latin por Escrivano, que á fé de hombre de
bien que no lo sé; porque no está obligado ninguno, aunque sea el mayor
Latino de todo el Universo, á saber como se llaman en latin todas las
cosas.» -- «No se canse Vuesandíssima en buscarlo, dixo el Colegial,
que yo se lo diré: Escrivano y Notario en latin se dice _Tabularius_
y tambien _Tabellio_, como quieren otros.» -- «Lindamente, continuó
Fray Gerundio; busco pues la palabra _Tabellio_ ó _Tabularius_ en el
_Theatrum vitæ humanæ_ de Beyerlink, y allí encontraré todo quanto
pueda desear sobre el tiempo, orígen, progressos, variedad de fortunas,
con otras mil curiosidades tocantes al oficio de Escrivano, desde su
fundacion hasta el tiempo en que escrivió su _Theatro_ el devoto y pio
Lorenzo Beyerlink, Arcediano de Ambéres; si allí no encuentro esta
palabra, que es muy possible, infaliblemente la he de hallar en el
_Calepino_ de Ambrosio, aumentado por Passeracio.»
11. -- «Tenga Usendíssima, interrumpió el Colegial, y déme su permisso
para hacer una pregunta: qué entiende Usendíssima por el _Calepino
de Ambrosio_? porque esse modo de citarle se me representa una cosa
muy parecida á la carabina de Ambrosio.» -- «Cierto, Señor Colegial,
que es muy honda la pregunta,» respondió Fray Gerundio, no sin hacer
un gesto desdeñoso. «Qualquiera niño gramático podrá satisfacerla,
pues saben hasta los menoristas que _Calepino_ es una palabra griega,
hebréa ó moscovita, que en esso no me meto, la qual significa lo
mismo que Diccionario ó Vocabulario, en que, siguiendo el alphabeto,
se va discurriendo por todas las palabras latinas, y se dice lo que
significan en romance.» -- «Tras de essa respuesta iba yo, Padre
reverendíssimo, replicó el Colegial en tono sacudido, y no extraño que
los niños gramáticos ignoren lo que significa _Calepino_, quando los
reverendíssimos Padres Predicadores sabatinos no lo saben. _Calepino_
no es voz griega, hebréa, arábiga ni úngara, sino puramente italiana;
tampoco es título de la obra, sino nombre patronýmico de la patria
del Autor. Este fué Fray Ambrosio Calepino, del Orden de San Agustin,
llamado assí porque fué natural de Calepio en Italia; ni mas ni ménos
como San Nicolas de Tolentino y Santo Thomas de Villanueva, Religiosos
de la misma Orden, se llamaron assí, porque el uno, aunque era natural
del lugar de Sant-Angel, cerca de Fermo en la Marca de Ancona, vivió
treinta años en Tolentino, ciudad episcopal de la misma Marca, donde
murió; y de esta larga residencia en dicha ciudad tomó el nombre. El
otro le tomó de Villanueva de los Infantes, donde se crió, aunque
havia nacido en Fuentillana, pueblo reducido que dista tres quartos
de legua de aquella villa. Pues ahora, si uno citasse los sermones de
Santo Thomas de Villanueva, diciendo: _assí se lee en Villanueva de
Santo Thomas_, no seria cosa ridícula? Pues tan ridículo es, si no lo
es mas, citar á secas y sin llover el Calepino de Ambrosio, como si su
Autor huviesse puesto al diccionario el título de Calepino. Y ve aquí
Vuesandíssima, como la pregunta tenia mas hondon de el que parecia.
Ahora passe Usendíssima adelante; que esta no ha sido mas que una breve
digression.»
12. Algo descalabradillo quedó Fray Gerundio de la refriega calepinal
y, curándose lo mejor que pudo, prosiguió diciendo: «Informado una vez
de todo lo que trae el Calepino ó el Diccionario de Passeracio (que no
hemos de reparar en quisquillas,) acerca de Escrivanos, tengo ya una
buena provision de noticias antiguas para exornar mi sermon. No dexo de
conocer que me hace falta un poco de erudicion moderna; pero donde la
encontraré? ni quien pudo soñar jamas en escrivir la Historia de los
Escrivanos?» -- «Sossiéguese Usendíssima, interrumpió el Colegial; que
no es esso tan impossible como le parece. Si hay Historia completa,
y no mal escrita, por Juan Bautista Tiers, _de las Pelucas y de los
Peluqueros_, por qué no la podrá haver de los Escrivanos? Y si los
Libreros y Enquadernadores, Copistas y Amanuenses tienen su Historia,
harto bien trabajada por Christiano Schoettgen, qué razon havrá
divina y humana para que los Escrivanos no puedan tener la suya? En
verdad que no estuvo muy léjos de escrivirla Juan Miguel Henecio, en
su obra de á folio que intituló _de veteribus Germanorum et aliarum
nationum signis_, de las rúbricas ó signos que usaban antiguamente los
Alemanes y otras naciones para autenticar sus cartas y sus instrumentos
públicos. Ni el Padre Reinerio Carsughio, que en verso didascálico
enseñó el arte de escrivir bien, esto es, con hermosura, con igualdad
y con limpieza, dexaria de padecer sus tentaciones de escrivir la
Historia de los Escrivanos. En fin, Padre reverendíssimo, yo no puedo
dar á Usendíssima noticia cierta de alguna Historia de estos, porque no
la tengo; pero tanto como de la _Historia de los Secretarios de Estado,
con sus elogios, armas, blasones y genealogías_, ahí está la del Señor
Fauvelet Du-Toc, que corre con acceptacion.»
13. -- «Hombre de los Demonios! exclamó á esta sazon Fray Blas, esse es
un thesoro! _Historia de los Secretarios de Estado!_ Ahí es un grano
de anis el librecito! Cosa mas adequada al intento era impossible
hallarla; porque el Escrivano Conejo todo lo tenia, puesto que lo
primero era Secretario, y lo segundo de Estado, por estar casado _in
facie Ecclesiæ_ con la Señora Mari-Beltrana-Pichon, por otro nombre _la
Roma_, que hoy es su viuda, y lo sea su merced por muchos años.»
14. -- «Reverendíssimo, Reverendíssimo, dixo entónces Don Casimiro,
cogiendo del brazo á Fray Blas, tenga por Dios, no se precipite. Un
tropezon ha dado Usendíssima, que no sé como no se ha deshecho todas
las narices. Secretario de Estado no es esso ni sueña en serlo,
y confundir los Secretarios de Estado con los Escrivanos reales,
numerarios ó de ayuntamiento, de las ciudades, villas y lugares, es
un despropósito que solo la innocencia puede excusarle de grandíssimo
desacato. Secretarios de Estado y del Despacho universal son aquellos
Ministros superiores, que despachan immediatamente con los Reyes,
forman los decretos, autorizan los tratados y expiden las órdenes á su
real nombre. Llámanse de Estado, porque solo tratan immediatamente con
el Príncipe aquellas materias que pertenecen á él, ya sean políticas,
ya militares, ya de marina, ya de gracia y justicia, y ya tambien de la
real hacienda. No son Escrivanos, oficio imponderablemente inferior á
su elevado empléo, y darles este nombre seria una insolencia digna del
mayor castigo, si no la disculpara la ignorancia. Los otros Escrivanos
públicos, autorizados por el Consejo para servir al comun, aunque
es oficio muy honrado y le exercitan muchos hombres de bien, están
mucho mas abaxo, y no sé yo de qué pueda servir la Historia de los
Secretarios de Estado para las honras de un Escrivano real.»
15. -- «Señor Don Casimiro, repuso muy sereno el Padre Fray Blas,
como en mi Religion no se leen gacetas, no estamos duchos en essas
materias tan altas; mi intencion no fué ofender á nadie: haviendo oído
toda mi vida llamar Secretarios á los Escrivanos, y Escrivanos á los
Secretarios, creí que era lo mismo uno que otro, y harto será que no
lo huviesse errado el otro dia, que se me ofreció escrivir una carta
al Secretario de cierto Señor Obispo, y puse en el sobrescrito: _A Don
Fulano de Tal, Escrivano del Señor Obispo de tal parte_. Pero la carta
ya está en el corréo, y, si el Secretario se riere, esse buen rato mas
tendrá; sobre todo, el Auditorio, á quien ha de predicar el Padre Fray
Gerundio, tanto sabe de Secretarios de Estado como yo; con que, en
hablándole de Secretarios, sean lo que fueren, para él todo será á un
precio, y yo le fio que no ha de ir á examinar si viene ó no viene á
cuento la noticia.»
16. -- «Esse ya es otro cantar, dixo Don Casimiro, y no me toca á
mí, que huyo de meter la hoz en mies agena. Assí pues, prosiguiendo
adelante en nuestro assunto, dígame Usendíssima, Padre Fray Gerundio,
qual es la segunda fuente de la invencion, que señala el Autor de
Usendíssima?»
17. -- «_Apologi et Parabolæ_, respondió Fray Gerundio, los Apólogos y
las Parábolas.» -- «Pero, qué entiende Usendíssima por Parábolas y por
Apólogos?» replicó el Colegial. -- «Por lo que toca á los Apólogos,
confiesso, respondió Fray Gerundio, que todavía no he podido formar
concepto claro de lo que son; mas en quanto á las Parábolas, aunque
tampoco sé definirlas con precision, pero ya las concibo con claridad,
por las Parábolas que se leen en el Evangelio, de la viña, de la
higuera, de los talentos, y otras.»
18. -- «Pues, mire Usendíssima, continuó Don Casimiro, Apólogo y
Parábola, Parábola y Apólogo allá se van en su significado, pues uno y
otro quieren decir una semejanza ó una comparacion fundada en una cosa
que se finge, verosímil ó inverosímil, para sacar de ella una sentencia
ó una moralidad cierta y verdadera, como quando Menenio Agripa se valió
de la Parábola ó del Apólogo del cuerpo humano para sossegar al Pueblo
Romano que, amotinado contra el Senado, se havia retirado al Monte
Aventino, y Menenio con su Apólogo le reduxo otra vez á la obediencia
de los Padres conscriptos. El uso de las Parábolas, aún en los assuntos
mas serios y mas sagrados, basta verle canonizado por el exemplo
del mismo Christo para que todos le veneremos. Muchos Santos Padres
le practicaron con felicidad, y sabemos que San Gregorio Nazianceno
desterró la vanidad del Presidente Celusio con el gracioso Apólogo de
las golondrinas y los cysnes. Mas en mi dictámen se ha de tener siempre
muy presente la juiciosa regla, que da el Padre Nicolas Causino en su
eruditíssima obra _de Eloquentia sacra et profana_, libro 4º, capítulo
4º, por estas palabras:»
19. «_Observandum autem erit in his apologis, ne nimis sint crebri,
ne dictione nimis faceta et quæ ad scurrilitatem accedat pertexantur:
denique ut personam, ut locum, ut rem deceant_: deben usarse los
Apólogos con moderacion, con economía, y no con demasiada frequencia;
las voces para explicarlos, aunque pueden ser algo festivas, nunca han
de picar en graciosas ó en chocarreras, porque entónces se convertiria
en bufon ó en truhan el Orador. Finalmente, los Apólogos se han de
proporcionar á toda la decencia que pide el assunto, el lugar y la
persona. Ni para disculpar la frequencia de los Apólogos sirve el
exemplo de Christo, que en sus sermones solia encadenar Parábolas con
Parábolas; porque el Salvador predicaba á los Asiáticos, y ya se sabe
que esse es el gusto de los Orientales, á cuyo genio se acomodaba
el divino Predicador. Todo esto es cierto; pero tambien lo es que,
aunque los Apólogos practicados con estas reglas pueden ser muy útiles
en un assunto moral, doctrinal ó de enseñanza, no sé yo como podrá
Usendíssima acomodarlos al sermon de honras de un Escrivano.»
20. -- «En este mismo punto, saltó entónces Fray Blas, se me está á mí
ofreciendo uno que, si Fray Gerundio sabe bornearle, ha de venir á su
sermon que ni aunque le huvieran cortado para él, y no es ménos que
de el mismíssimo Demósthenes.» -- «Y qual es, Padre Reverendíssimo?»
preguntó el Colegial. -- «Qual?» respondió Fray Blas. «El de aquel
caminante, que alquiló un burro en dos reales por dia para cierto viage
en el rigor del mes de Agosto, y, como todas las mañanas hácia las diez
le calentasse el sol demasiadamente, él se apeaba y se tendia á la
sombra del burro. Calló el dueño de el jumento, y, al tiempo de ajustar
la cuenta, el que se le havia alquilado le dió doce reales por seis
dias de viage. _Faltan otros doce_, dixo el alquilador. -- _Pues como?_
replicó el caminante. _Seis dias de jornada, á razon de dos reales cada
dia, son doce cabales._ -- _Sí Señor_, respondió el alquilador, _pero
faltan otros doce por la sombra del burro, puesto que el ajuste fué
solo por el burro, y no por la sombra_.»
21. -- «El Apólogo es gracioso, dixo el Colegial, y con efecto me
acuerdo de haverle leído en Plutarco, atribuyéndosele á Demósthenes,
quien con esta chanza despabiló la atencion del auditorio, que estaba
un poco distrahido. Pero no veo, como el Padre Fray Gerundio le pueda
aplicar á su Escrivano.» -- «Esso, de los cielos! respondió Fray Blas:
tiene mas que ponderar el desinterés y la limpieza del Escrivano
Conejo, y decir que siempre perdonaba algo de sus derechos? Porque,
aunque cargaba, como era razon, el coste del papel, de las plumas y de
la tinta, sin olvidarse de prevenir al litigante que echasse sobre la
mesa dos pesetas mas para el escriviente, con todo esso, no obstante de
que cortaba muy á menudo las plumas, nunca cargó ni un maravedí por la
navaja; y aquí entra el Apólogo del burro y de la sombra, que ni aunque
le huvieran mandado fabricar de molde.»
22. Sonrióse Don Casimiro, y continuando en sus preguntas dixo á Fray
Gerundio: «Segun el Autor de Usendíssima, qual es la tercera fuente de
la invencion?» -- «Los Adagios,» respondió sin detenerse. -- «Es fuente
muy copiosa, prosiguió el Colegial; pero Usendíssima qué entiende por
Adagios?» -- «Qué he de entender? respondió Fray Gerundio; lo que
qualquiera vieja de mi lugar. Adagios y refranes son una misma cosa.»
-- «Pues qué? preguntó Don Casimiro, los refranes pueden hacerse lugar
en algun género de sermones?»
23. -- «Ahora salimos con esso! respondió Fray Gerundio. Y como que
pueden y deben hacerse lugar, y mucho lugar en ellos! No hay cosa
que mas los adorne, que mas los agracie ni que mas embelese. Yo
tengo algunos apuntamientos de varios Adagios que he oído y leído
en algunos sermones, los quales verdaderamente me han suspendido, y
pienso aprovecharme de ellos siempre que me venga á pelo. Donde hay,
verbi-gracia, introduccion mas magnífica para un sermon de honras que
la de un Religioso grave, en el que predicó á las de un Maestro de su
Orden, que se llamaba _Fray Eustaquio Cuchillada y Grande_, quando dió
principio á su oracion fúnebre diciendo: _Al Maestro, cuchillada, y
grande_? Refran y equívoco que desde luego captó no solo la admiracion,
sino el pasmo de todo el auditorio. Hoy es el dia en que yo no acabo de
aturdirme de tan bella introduccion. Pues qué! aquel divino assunto del
sermon de honras, que predicó un famosíssimo Orador en las exequias
de Don Antonio Campillo, Párrocho que fué de cierta Iglesia, en cuyo
campanario havia fabricado á su costa una bella aguja! Fué pues el
assunto: _El sastre del Campillo, que puso la aguja y el hilo_. Esto
es ingenio, y lo demas parla, parla. Y el otro que, predicando el
sermon del demonio mudo en tiempo de Quaresma, assistiendo el Santo
Tribunal, dió principio con este oportuníssimo refran: _Con el Rey
y con la Inquisicion, chiton_; añadiendo que por esso era mudo el
demonio, de que se hablaba en el Evangelio, porque estaba delante de la
Inquisicion. Parécele á vuestra Merced, que no podria predicar, aunque
fuesse delante del mismo Papa? Bastan estos exemplares, y estoy pronto
á dar á vuestra Merced aunque sea un ciento de ellos, para que vea si
los refranes se pueden hacer lugar en los sermones.»
24. -- «Yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial, tengo pocas
barbas para meterme en assuntos tan hondos, y mas no siendo de mi
profession, que se reduce á la latinidad, rhetórica y bellas letras, ó
letras humanas por otro nombre. Sin embargo, como en Salamanca se trata
casi por precision con tantos hombres grandes, asseguro á Usendíssima
haver oído mas de una vez á varios Padres Maestros doctíssimos de todas
las Religiones censurar mucho á los Predicadores, que usaban de essos
refranes populares y chabacanos en sus sermones. Los mas templados
decian, que era una _insulsíssima puerilidad_, otros se adelantaban
á calificarla de _insigne mentecatez_, y aún no faltaron algunos que
la llamaron _frenesí_, _locura_, _profanacion del púlpito_, y otras
cosas á este tenor. Yo refiero, no califico. Lo que á mí me toca por mi
profession, es assegurar á vuestra Reverendíssima que jamas entendí,
leí ni oí, que otros entendiessen por el nombre de _Adagios_, en quanto
fuente de la invencion oratoria ó rhetórica, lo que entiende vuestra
Reverendíssima, esto es los refranes populares.» -- «Pues, qué se
entiende por _Adagios_?» replicó Fray Gerundio. -- «Voylo á decir,»
respondió Don Casimiro.
25. «Adagio ó proverbio, (que todo es uno,) dice Synesio, es una
sentencia grave, digna, hermosa y comprendida en pocas palabras,
sacada como del sagrado depósito de la philosophía moral: _Proverbium
est sermo dignitatem habens et tamquam sacrario Philosophiæ, unde
antiquitatem traxit, depromptum; ex quo gravi est pulchroque aspectu_.
Por esso llamó Aristóteles á los proverbios _preciosas reliquias de la
venerable antigüedad, preservadas en la memoria de los hombres de la
lastimosa ruína que padeció la verdadera philosophía, debiendo esta
preservacion á su misma brevedad, destreza y elegancia: Cum proverbia
dicat Aristoteles esse veteris Philosophiæ, inter maximas hominum
ruinas intercidentis, quasdam reliquias, ob dignitatem dexteritatemque
servatas_. Si no me engaño mucho, á esto se reducen los proverbios de
Salomon, que distan infinitamente de ser refranes, siendo una coleccion
de sentencias inspiradas, verdaderamente divinas, enderezadas todas á
gobernar nuestras acciones por las reglas de una perfectíssima conducta
christiana, política y racional.»
26. «Muchos Philósophos graves entre los antiguos se dedicaron á este
género de sentenciarios, adagios ó proverbios: Chrysippo, Cleanthes,
Theeteto, Aristídes, Aristóphanes, Esquilo, Milon, Aristarco, y otros,
cuyas obras perecieron. Las mas célebres que nos han quedado de esta
classe son las de Zenobio, Diogeniano y Suidas, de las quales sacó
Erasmo de Roterdam todo lo que compuso acerca de los adagios griegos.
Esto es, Padre Reverendíssimo, lo que yo entendia hasta aquí por el
nombre de _Adagios_: estos los que me parecian muy oportunos para
exornar una oracion, tratados con parsimonia. Pero, pues vuestra
Reverendíssima entiende otra cosa, no nos paremos, y vamos adelante.»