CAPITULO II.

Pide Fray Gerundio á su amigo Fray Blas una instruccion para disponer

el sermon de honras, y este se la da divina.

1. Mucho huviera convenido prevenir en el capítulo antecedente,

que ni en el proprio, ni en la carta, ni en su contenido, ni en el

carnero y la cántara de vino tuvo el buen Fray Gerundio mas arte

ni parte que hacer lo que su amigo el Padre Fray Blas le aconsejó,

escrivir lo que él mismo le dictó, y enviar el regalito con el piadoso

pretexto de limosna que él le sugirió. Es el caso que, luego que el

Licenciado Flechilla le encomendó dicho sermon, fué lleno de alborozo

á comunicar su fortuna con su íntimo confidente el incomparable Fray

Blas; y puesto caso que á este no dexó de pellizcarle algun tantico la

envidia, acompañada de un si es no es de zelillos, porque comenzaba

ya á temer que Fray Gerundio en materia de fama le havia de coger la

delantera y le havia de quitar muchas ganancias, haciéndole cosquillas

que casi á sus mismas barbas encargassen un sermon no ménos que de

doscientos reales á un oradorcillo visoño, que apénas le apuntaba el

bozo de Predicador; pero al fin, considerando que Fray Gerundio era

su discípulo de púlpito, que la gloria del discípulo se refunde en el

maestro, y que hasta en el provecho le podia tocar alguna parte, ahogó

los primeros ímpetus de aquella no muy honrada passion y, mostrando

mucho gozo, por lo ménos en esto que se veía hácia fuera, le aconsejó

sanamente lo que debia hacer, y le dictó la carta para el Prelado, con

todo lo demas que en ella se contenia.

2. Diximos, (y aún lo volvemos á decir,) que todo esto convendria mucho

huviesse quedado advertido desde el capítulo precedente, porque de essa

manera ahorraríamos ahora el prevenirlo. Pero, sobre que muchas veces

un pobre Historiador se descuída, y sucede tal vez que, miéntras toma

un polvo, en un abrir y cerrar de caxa se le va la especie que tenia

entre la pluma, quien sabe si en esta ocasion lo hicimos adredemente

por no interrumpir el hilo de la narracion? A lo ménos nosotros estamos

en la firme determinacion de no declarar lo que huvo en esto, para

dexar al curioso Lector el trabajo de adivinarlo.

3. Tres dias naturales tardó el proprio en ida y vuelta, en cuyo

espacio de tiempo fueron desfilando todos los huéspedes, retirándose

cada qual á su respectivo destino: los dos Canónigos á su Iglesia,

el Familiar á su casa, el Padre Vicario á sus monjas, el Fraile y

el Donado á sus Conventos, solo que este fué primero al mercado de

Villalon, porque tenia que comprar unas cebollas. Vayan benditos de

Dios, y la Vírgen los acompañe! que cierto tenian tan ocupada la casa

como la historia, la qual no sabia qué hacerse con tantos personages;

especialmente el Señor Magistral nos incomodaba un poco, porque su

demasiada seriedad no daba gusto á Fray Gerundio, y harto será que no

cansasse tambien á muchos de nuestros Lectores. Quedaron pues solos y á

sus anchuras nuestro Fray Gerundio y su Fray Blas, dueños absolutos del

cortijo y teniendo pendientes de sus discreciones al Tio Anton Zotes, á

la Tia Catanla y al Licenciado Quixano, que apénas los perdian de vista

ni aún de oído.

4. Quando ves aquí que entra por la puerta del corral el deseado

proprio, cargado con un alforjon de libros y con la carta del Prelado,

que venia, como dicen, _á pedir de boca_. Luego que la leyeron los dos

camaradas, se dieron recíprocamente muchos abrazos de puro gozo, y aún

Fray Blas añadió tambien con religiosa confianza un pescozon y una

coz á Fray Gerundio, todo en señal de contentamiento. Pero sobre todo

les cayó en gracia la prevencion del Prelado en enviar los libros, no

solo porque era señal de la complacencia con que daba su bendicion,

sino porque en realidad sin libros se verian un poco embarazados, no

alcanzando su erudicion de memoria á tanto empeño, y seria chasco verse

precisados á retirarse al Convento para componer el sermon.

5. Passado aquel primero turbion de alegría, dixo Fray Gerundio á Fray

Blas, que era preciso retirarse los dos al campo para conferenciar á

solas y con libertad sobre el assunto. «Que me place!» respondió el

Predicador mayor; y, luego que se vieron fuera del lugar, (que seria

como á diez ó doce passos, porque la casa de Anton Zotes estaba en el

centro del pueblo,) comenzó Fray Gerundio á hablar en esta substancia:

«Padre Predicador, ya sabe Usted...» Atajóle al punto Fray Blas y le

dixo: «Amigo Fray Gerundio:

_Non bene conveniunt nec in una sede morantur_

_Majestas et amor._

Amistad y cumplimientos no caben en un saco. Hasta aquí te he tolerado

esse tratamiento por la tal qual diferencia de edades, pues á lo sumo

te llevaré veinte y dos ó veinte y tres años; ya no te lo sufriré, por

lo ménos quando los dos nos hablemos mano á mano. Un hombre á quien

encargan un sermon de honras que vale doscientos reales, bien puede

tutearse, no digo con el Predicador mayor de una casa matriz, pero con

todos los Predicadores del Rey; assí pues, ceremonias á un lado, y,

si quieres que en adelante te conteste, trátame como á otro tú.» Era

dócil Fray Gerundio, y no le costó trabajo conformarse, fuera de que

en aquel mismo punto sintió no sé qué secreta vanidad y complacencia

de ver, que le permitian hombrear no ménos que con todo un Predicador

mayor de un Conventazo como el suyo, y aún llegó á discurrir, que no

debia de ser muy inferior en el mérito á quien le hacia tan igual en el

tratamiento. Rompió pues la valla sin detenerse, y le dixo: «Pues, bien

está, amigo Predicador, y comienzo á darte gusto.»

6. «Ya sabes, que yo en toda mi vida he oído sermon de honras: en

Campazas no se usan; en Villaornate no murió persona de importancia,

miéntras estuve á la escuela del Cojo; el Dómine Zancas-Largas jamas

nos habló ni una palabra sobre esta especie de oraciones; quando fuí

novicio y artista, no se ofreció predicar acerca de este assunto.

Sermonarios no he leído sino el _Florilegio_, y en este no hago memoria

de haver encontrado sermon de honras ni cosa que suene á esso; con que,

si tú no me alumbras, habré de caminar á tientas.»

7. -- «Pecador de mí! respondió Fray Blas, y qué poca memoria tienes!

Con que, no te acuerdas haver leído en el _Florilegio_ sermon de

honras? Pues ven acá, badulaque; no haces memoria del famosíssimo

sermon predicado por el Autor en Ciudad-Rodrigo á las honras que el

Regimiento de Toledo celebró por sus soldados difuntos? Yo tampoco

tengo ahora muy presente todo su contenido; pero assí en general me

quedó la especie vivíssima de que es una de las piezas mas divinas,

que se encuentran en aquella obra verdaderamente celestial: modelo

mas acabado para disponer una oracion fúnebre con todos los primores

de que es capaz el arte, es impossible que hasta ahora haya salido de

humano entendimiento.» -- «Vaya, hombre, le interrumpió Fray Gerundio,

que soy un bolo; tú tienes razon, y ahora me acuerdo de haverla leído,

y tambien me acuerdo que me aturrulló; porque, si bien no entendia lo

que querian decir muchíssimas cosas, pero esso mismo me llenaba de

estupor, haciéndome acá dentro del alma un eco que me atolondraba las

potencias.» -- «En volviendo á casa, prosiguió Fray Blas, te haré ver,

admirar y penetrar parte por parte sus inimitables primores, puesto que

entre los libros que te envió el Prelado advertí por el pergamino, que

venia el _Florilegio_.» -- «Pero miéntras tanto, replicó Fray Gerundio,

no me darás assí unas reglecitas generales para bandearme?»

8. -- «Soy contento, respondió Fray Blas, y ante todas cosas no se

te olvide la que te dí en otra ocasion, con la de leerte el sermon

que prediqué á San Benito del Otero, ó, por mejor decir, la que tú

mismo sacaste en fuerza de tu ingenio sin que yo te la diesse _pro

expresso_. Esta es la de acudir siempre á alguno de los Fastos,

Menologios, Almanaques ó Calendarios gentílicos _sive mythologicos_ y

ver qué fiesta se celebraba, qué ceremonia ó qué cosa remarcable se

hacia en aquel mismo dia en que tú tienes que predicar, y aplicarla

intrépidamente á tu assunto, sea el que fuere; que esso lo podrás hacer

con una maravillosa facilidad. Observo que te ha cogido algo de repente

el terminillo _remarcable_: no lo extraño, que á mí tambien me sucedió

lo mismo la primera vez que le oí; pero ya están los oídos y los

ojos tan hechos á él, que se me hace muy _reparable_ qualquiera cosa

_notable_ que no se llame _remarcable_.»

9. «Esta regla es general y conviene á todo género de assuntos,

panegýricos, gratulatorios, exhortatorios ó deprecatorios, fúnebres y

morales. Aunque prediques el mismíssimo sermon de la Passion, te puedes

aprovechar de ella con una oportunidad que encante.»

10. «Pero, viniendo en particular á sermon de honras ú oracion fúnebre,

que todo viene á ser uno, es indispensable que desde luego eches

unas bocanadas de erudicion á borbotones sobre el tiempo, en que

comenzó este género de obsequio á los difuntos, con qué ocasion se dió

principio á él, quienes fueron los primeros inventores, si los Griegos

ó los Romanos; qué progressos hizo en el discurso del tiempo; y, en

fin, todo quanto hacinares en esta materia será otro tanto oro; porque

desde luego captarás la admiracion del auditorio con tu portentosa

erudicion.» -- «Pero, hombre de los demontres, le replicó Fray

Gerundio, donde tengo de encontrar yo tan antiguas y tan recónditas

noticias? Piensas que son todos como tú, que parece tienes presente

todo quanto ha passado en el mundo desde Adan hasta el Ante-Christo,

y, aunque se hable de la cosa mas despreciable ó mas ridícula, como si

dixéramos de alpargatas ó de polainas, al punto señalas el inventor,

con el año y el dia fixo en que comenzaron á usarse?»

11. -- «Válgame Dios, Fray Gerundio, respondió Fray Blas, y qué

monigote que eres! Pues, no tienes ahí á Beyerlink, que te socorrerá

con abundancia de quanta erudicion repentina hayas menester para

qualquiera cosa que quieras? Amen de Beyerlink, no están los

Passeracios, los Ambrosios, Calepinos y los Diccionarios universales,

que hoy se estilan ya en todas las lenguas, los quales te darán tantas

noticias históricas y críticas sobre cada palabra, que apénas pueda

con ellas tu memoria? Es verdad, que los críticos llaman _erudicion de

socorro_ á este género de erudicion, aludiendo al agua de socorro con

que se bautizan los párvulos; mas, y qué tenemos con esso? Por ventura

los que se bautizan con agua de socorro, substancialmente no quedan

tan bautizados como el mismo Emperador Constantino, quando le bautizó

el Papa San Silvestre? si es que es cierta esta noticia, porque el dia

de hoy todo se pone en duda. Pues, por qué los eruditos de socorro no

serán tan eruditos como los que lo son con todas las ceremonias de la

Orden? Que te respondan á esta paridad, y, miéntras no lo hicieren,

que seguramente no lo harán, ríete de sus malignas y envidiosas

expressiones.»

12. -- «Estoy en cuenta, dixo Fray Gerundio; pero despues de toda

essa retahila de erudicion, que sin duda acreditará á qualquiera,

como la he de aplicar al intento particular de mi sermon de honras,

y como he de hacer que venga á propósito para celebrar la memoria

de mi buen Escrivano?» -- «En poca agua te ahogas, respondió Fray

Blas, y un hombre que aplicó tan divinamente todo quanto quiso, assí

á las circunstancias del sermon del Sacramento como á la Plática de

Disciplinantes, me admira que ahora se embarace en una bagatela. Mira:

dos opiniones hay, á lo que me acuerdo, acerca de esto que se llama

_oraciones fúnebres_ ó _panegýricos_ de los difuntos; unos quieren,

que los primeros inventores de este género de elogios fuessen los

Griegos, y aún se adelantan á nombrar al que pronunció el primero, que

dicen fué Theseo, con ocasion de dar sepultura á los cadáveres de los

Argivos. Otros atribuyen la gloria de esta agradecida invencion á los

Romanos, afirmando que la primera oracion fúnebre que se oyó jamas,

fué la que pronunció Lucio Junio Bruto con ocasion de la muerte de la

casta Lucrecia, con la qual encendió tanto el ánimo de los Romanos

contra el soberbio Tarquino, que le arrojaron del throno y se fundó

la República, quinientos nueve años ántes del nacimiento de Christo.

Algunos se esfuerzan á conciliar estas dos opiniones, diciendo que

los Griegos fueron en rigor los primeros inventores de los elogios

fúnebres, pero limitándolos precisamente á los que havian muerto en la

guerra en defensa de la patria, y los Romanos fueron los primeros que

los extendieron á todos los claros varones, que havian sido eminentes

en otras virtudes, aunque no fuessen militares, ó que havian hecho

algun considerable servicio á la Patria y al Estado.»

13. «Tú, no te detengas en esta question inútil, aunque convendrá

que no dexes de apuntarla, para que entiendan que sabes mucho mas de

lo que dices; y añadirás luego con despejo y con arrogancia: _Ora

se consagren los panegýricos pósthumos á las armas, ora se dediquen

á las letras, ora se destinen á qualesquiera otras virtudes en que

florecieron los claríssimos varones, siempre se deben de justicia

estos pósthumos fúnebres y cypressinos elogios á nuestro Domingo

Conejo_ (assí se llamaba el Escrivano, que Dios haya). _Si á las armas?

míresele continuamente con el cuchillo en la mano, tajando plumas,

como pudiera Moros, Turcos ó Judíos. Si á las letras? quien formó

mas ni con mas airosos rasgos en toda la redonda? Regístrense si no

essos inmensos protocolos. Si á las demas heróicas virtudes, que hacen

rebentar el clarin de la fama por lo mas ancho de la bocina? señáleseme

siquiera una, en que no huviesse sido el_ =non plus ultra= _nuestro

plangibilíssimo Conejo._»

14. -- «Hombre de Satanas! replicó Fray Gerundio, lo de las armas y

de las letras está aplicado que ni el mismo Florilegista; pero lo de

las virtudes, como se puede decir, sin que el Diablo y el auditorio se

rian de la mentira? No ves, pecador de mí, que en los apuntamientos

del Licenciado Flechilla se dice claritamente, que el Escrivano (Dios

le haya perdonado!) era un mal hombre, falsario, embustero, enredador,

zizañero, ladron, con sus polvillos de hypócrita?» -- «Y en esso te

detienes?» le interrumpió Fray Blas con cierto airecito de fisga. «Cada

dia me pareces mas cuitado, y temo que has de dar en escrupuloso. Pues,

hay mas que bautizar essos vicios con el nombre de virtudes? y cátalo

todo compuesto. Di que ninguno le excedió en la condescendencia, que

pocos le igualaron en el ingenio, que á nadie concedió ventajas en lo

penetrativo, que fué único en la persuasion, y que en órden á defender

sus derechos no solo no admitió igual, sino que tocó la raya de nimio.

Ves ahí desfigurados sus vicios, y vestidos á la moda en trage de

virtudes morales, con lo qual ninguno te podrá hablar una palabra, y

aún está á pique que, al acabar la oracion fúnebre, alguna viejecilla

simple se encomiende devotamente al Santo Escrivano Conejo.»

15. «Y en fin, quando todo turbio corra, á tí qué te cuesta fingir

en el difunto las virtudes que te vinieren mas á pelo, segun los

materiales que tuvieres á mano? porque, si no las tuvo, á lo ménos las

debió de tener. Piensas tú, que serás el primero que lo hace? Mucho te

engañas en esso; hombres he visto yo de mucho pro, que lo practican á

cada passo, sin que por esso pierdan casamiento ni nada del respeto

que se les debe. Hay en cierta parte del mundo un gremio digno de toda

veneracion, donde es costumbre hacer honras y predicar su oracion

fúnebre por qualquiera individuo de él, mas que muera de la otra parte

del Cabo de Comorin. Ya se ve: pensar que son canonizables todos los

miembros de aquel respetable gremio, seria un juício que se passaria

de puro piadoso; con todo esso, apénas se oye ó se lee oracion fúnebre

de alguno, (porque las mas se imprimen,) que al oyente ó al lector

no le dé gana de hacerle una novena con culto privado, siendo assí

que tal vez caen las oraciones sobre sugetos que, lo que es en vida,

no hicieron milagros. Como se hace esto? Tan lindamente: poniendo el

Orador de su casa lo que faltó al difunto, y que este le agradezca la

buena voluntad.»

16. «Oh Señor! que esso será engañar al público, y con engaño muy

perjudicial. Escrúpulos de Fray Gargajo. No sabe todo el mundo, que la

primera partida del buen Orador debe ser la que se llama _invencion_?

Esto qué quiere decir? Que el buen Orador ha de inventar lo que alaba,

y es claro que, si lo encuentra en el sugeto á quien elogia, no lo

inventa él, que lo refiere.»

17. Un poco le dissonó esto á Fray Gerundio, oliéndole á grandíssimo

disparate, y assí no se pudo contener sin interrumpirle, diciendo:

«Fray Blas, yo pienso que estás un si es no es equivocado y confundes

la invencion con la ficcion, cosas entre sí muy distintas y muy

distantes. Hago alguna memoria de que, quando el Dómine Zancas-Largas

nos explicó esto de la invencion, no nos la dió el sentido que tú la

das, y nos dixo que la invencion era aquella virtud, prenda ó gracia

intelectual, en fuerza de la qual el Orador, queriendo engrandecer un

hecho cierto, buscaba con arte medios, arbitrios ó modos oportunos

para amplificarle y para engrandecerle, á los quales modos, arbitrios

ó medios llamaba él _las fuentes de la invencion_: por señas que aún

todavía me acuerdo bien de las tales fuentes, porque me costó el

aprenderlas un par de vueltas de azotes; y assí decia, que la primera

fuente de la invencion era la Historia; la segunda, los Apólogos y

las Parábolas; la tercera, los Adagios ó los Refranes; la quarta, los

Geroglýficos; la quinta, los Emblemas; la sexta, los Testimonios de

los antiguos; la séptima, los Dichos graves y sentenciosos; la octava,

las Leyes; la novena, la Sagrada Escritura; la décima, el discurso y

el acierto ó la discrecion de lugares. Assí explicaba él esto de la

invencion; pero nunca nos dixo, que la invencion del Orador consistia

en inventar ó fingir lo que havia de alabar; ántes bien, si no me

engaño mucho, nos inculcaba que esso de fingir se reservaba para los

Poetas.»

18.[28] No gustó mucho Fray Blas de la tal réplica, ora fuesse porque

efectivamente conoció de botones adentro el disparate, ora porque le

disgustasse verse replicado por su discípulo; mas, como era fuerte, se

empeñó en llevarle adelante y assí le dixo con sobrado sacudimiento:

«Válgate el Diantre por tu Dómine Zancas-Largas, que ya me tiene

Zanqui-largueados los híjares. Si esse tu Dómine Zancarron te enseñó

que el fingir era proprio de los Poetas, tambien debe serlo de los

Oradores, por quanto no puede haver buen Orador que no sea Poeta. Assí

lo dice Ciceron, aunque no me acuerdo donde; pero basta que yo lo diga,

que no ha de ir un hombre con la manga cargada de citas, quando se sale

á passear.»

19. Calló Fray Gerundio, viendo á su amigo algo amostazado, y este

prosiguió diciendo: «Lo dicho, dicho; el alabar á los difuntos, ya

sea en oraciones fúnebres, ya en epicedios poéticos cantados en su

loor, y fingir las virtudes, prendas y gracias que no tuvieron, no

es cosa de ayer acá ni es invencion de modernos. Ahí está uno de

tantos Sénecas como andan por essas librerías (pienso que ha de ser

el trágico, el qual debió de llamarse assí, porque quizá su Padre se

llamaria _Tragon_): digo que ahí está esse tal Séneca, que introduce

á los Poetas de su tiempo llorando la muerte del Emperador Claudio

Druso y diciendo de él una máquina de proezas, que jamas le passaron

por el pensamiento al bueno del Emperador. Mas que rabies, te he de

encaxar, que quieras que no quieras, el hymno que supone compusieron en

su alabanza, y solo porque me gustó el sonsonete, parecido al de _Iste

confessor Domini colentes_, le tomé de memoria. Dice pues assí

_Fundite fletus, edite planctus,_

_Fingite luctus, resonet tristi_

_Clamore forum:_

_Cecidit pulchre cordatus homo,_

_Quo non alius fuit in toto_

_Fortior orbe._

_Ille citato vincere cursu_

_Poterat celeres, ille rebelles_

_Fundere Parthos,_

_Levibusque sequi Persida telis_

_Certaque manu_

_Tendere nervum,_

_Qui præcipites vulnere parvo_

_Figeret hostes, pictaque Medi_

_Terga fugacis._

_Ille Britannos ultraque noti_

_Littora Ponti et cæruleos_

_Scuta Brigantas_

_Dare Romuleis colla catenis_

_Jussit, et ipsum nova Romanæ_

_Jura securis, temere Oceanum etc._»

20. «No quiero cargos de conciencia y soy hombre sincero: confiéssote

que este era demasiado latin para mi gramática, y que no le entendí

sino muy en monton y assí, como dicen, á media rienda. Pero me deparó

Dios un Lector de nuestra Orden, que por mas de tres años havia sido

Rey en el general de mayores de Villagarcía, el qual me declaró su

contenido, y parece ser que en el tal hymno se alaba al Emperador

Claudio de haver sido hombre muy prudente, de grandes fuerzas, de

suma celeridad, y de tanto valor que sugetó á los Persas, rindió á

los Medos, subyugó á los Britanos, extendió los límites del Imperio

Romano de la otra parte del Ponto, y obligó hasta al mismo Océano á

que obedeciesse sus leyes. Esto dice el hymno. Mas qué huvo de todo

esto? Nada en conclusion; porque yo leí en un libro viejo sin principio

ni fin, pero de grande autoridad, que el Emperador Claudio fué un

estúpido, tanto que su misma Madre Antonia, quando queria ponderar

la simpleza de alguno, decia: _Es tan fatuo como mi hijo Claudio_.

En todo su imperio no hizo cosa de provecho, sino comer, beber y

tratar con la gente mas vil y mas despreciable. Es cierto, que su hijo

Británico triumphó de los Britanos, porque los cogió desprevenidos,

y acabáronse todas sus hazañas. Casóse quatro veces, y se huviera

casado quatrocientas, si su sobrina y quarta muger Agripina no huviera

tenido vocacion de enviudar ántes de tiempo, quitándole la vida con

veneno. Adoptó á Neron, hijastro suyo, sin hacer caso de Británico su

hijo, y á esto se reduxeron sus proezas. Con todo esso, el Poeta hizo

bellíssimamente en fingir todas aquellas prendas, que le parecieron

proprias de un grande Emperador, y celebrarle por ellas, mas que nunca

las huviera tenido, que essa no fué culpa del panegyrista, y nadie le

quitó que las tuviesse. Pues, qué razon havrá divina ni humana, para

que tú no hagas lo mismo con el Escrivano Conejo?»

21. -- «Tus argumentos son tales, respondió Fray Gerundio, que no los

desatará una Universidad toda entera en cuerpo y en alma. No admiten

réplica, y assí no solo me conformaré á ciegas con tu dictámen, sino

que en este punto me ocurre un modo muy fácil de predicar mil sermones

de honras á mil Escrivanos muertos, que cayessen en mis manos.» --

«Como assí?» le preguntó Fray Blas.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2) · 第 31 / 48 题