CAPITULO IV.

Expónense á la admiracion algunas cláusulas del Sermon de Fray Gerundio.

1. Duró por mucho tiempo en nuestra indecision la grave duda de si

copiaríamos á la letra todo el sermon de nuestro famoso Predicador,

ó nos contentaríamos con escoger algunas cláusulas entre aquellas,

que á nuestra limitada comprehension se representaban como las mas

sobresalientes, para que el discreto lector por la parte viniesse en

cabal conocimiento del todo; no de otra manera que una sola uña bien

dibujada en el lienzo da á conocer la magestuosa ferocidad del Monarcha

coronado de la selva, y una sola linea, que corrió al desgaire por el

campo de la tabla, hace presente á los ojos penetrantes la diestra

mano, que dió milagroso impulso á la delicadeza del pincel.

2. Por una parte nos hacia lastimosa compassion, y aún en cierto modo

nos parecia especie de usurpacion injusta y hurto literario, defraudar

al público aún de la mas mínima palabra que se huviesse desprendido

de la boca de nuestro divino Orador, siendo cierto que hasta las que

se salian de ella á escusas de su advertencia merecian engastarse en

diamantes, para que compitiesse su duracion con la permanencia de los

siglos. Por otra se nos representaba que, como no todos los lectores

son tan inteligentes, ni tan pacíficos, ni de tan buena condicion

como nosotros los quisiéramos, qué sabíamos si quizá nos depararia

nuestra mala suerte algunos de ellos tan cetrinos, tan indigestos y de

gusto tan estragado, que diessen al Diantre nuestra Historia, viendo

interrumpido el hilo de la narracion con prolixos trassuntos de los

partos intelectuales de nuestro Heroe? Y acaso no faltaria alguno tan

atrevido, que nos echasse á los hocicos que, aún quando los referidos

partos fuessen tan preciosos como á nosotros nos los figuraba nuestra

passion, era impertinencia empedrar de ellos la Historia, por quanto

al Historiador toca hacer fiel relacion de los hechos y proezas de su

Heroe, pero no una impertinente coleccion de sus obras; porque de otra

manera, si los que escrivieron las vidas de los quatro santos Doctores

de la Iglesia y de tantos Escritores venerables, emprehendiessen

insertar en ellas todas las producciones de sus plumas, no dexarian de

hacerse un si es no es molestos y pesados.

3. Confessamos de buena fé que esta última razon nos hizo un poquito

de fuerza, y assí, dexando al cuidado de otra mas feliz pluma que la

nuestra el empeño y la gloria de enriquecer al orbe literario con una

coleccion de los incomparables sermones de nuestro Fray Gerundio,

ilustrándolos con glosas, notas y escolios, (en cuyo glorioso afan

tenemos entendido, que trabaja una Academia de ingenios del primer

órden,) nosotros nos contentaremos con extractar tales quales rasgos de

aquellos, que salieren al encuentro de la narracion y nos parecieren

necessarios para facilitar á los lectores la mejor inteligencia de

los hechos. Fué pues la primera cláusula del sermon, que predicó en

Campazas Fray Gerundio, la que se sigue:

4.[13] «Si es verdad lo que dice el Espíritu Santo por boca de

Jesu-Christo, -- ay, infelice de mí! -- que voy á precipitarme, -- ó

es preciso confundirme. -- El Oráculo pronuncia que ninguno fué en su

patria -- Predicador ni Propheta: -- _Nemo Propheta in Patria sua_:

-- pues, como atrevido yo -- presumí este dia ser -- Predicador en la

mia? -- Pero tenéos, Señores, -- que tambien para mi aliento -- leo

en las Sagradas Letras -- que no á todos hace fuerza -- la verdad del

Evangelio: -- _Non omnes obediunt Evangelio_: -- y qué sabemos si es

esta -- alguna de aquellas muchas -- que, como siente el Philósopho,

-- se dicen solo _ad terrorem_?»

5. Esta entradilla puso en la mayor suspension al gruesso del

auditorio, pareciéndole que era impossible encontrar con introduccion

mas feliz ni mas oportuna; pero el Magistral, que de propósito se

havia metido en el confessonario del Cura (el qual estaba en frente

del púlpito,) y havia cerrado la celosía de la parte anterior, para

observar á su gusto á Fray Gerundio sin peligro de turbarle, apénas

le oyó romper en dos disparates ó en dos blasfemias heréticas tan

garrafales, como dudar _si era verdad lo que havia dicho el Espíritu

Santo por boca de Jesu-Christo, y suponer que muchas verdades del

Evangelio eran solo para espantar y poner miedo_, de pura vergüenza

baxó los ojos, que tenia clavados en su sobrino, y desde luego hizo

ánimo á no oir en aquel sermon mas que heregías, atrevimientos ó

necedades. De buena gana se huviera salido de la Iglesia; pero, sobre

no ser possible penetrar por el concurso sin grande alboroto, se hizo

cargo de que no era razon echar un jarro de agua á la fiesta, y assí

tomó el partido de dissimular hasta su tiempo y de aguantar la mecha.

Miéntras tanto iba nuestro Fray Gerundio prosiguiendo su sermon ó su

salutacion, y á pocas paletadas se metió de paticas en lo mas vivo

de todas las circunstancias. Aquí me havrán de perdonar los críticos

mal acondicionados; porque, cánseles ó no les canse, en Dios y en

consciencia, no puedo ménos de trasladar al papel _de verbo ad verbum_

el primoroso artificio con que las tocó todas, ya que no sea possible

trasladar á él la valentía, el garbo y el espíritu con que las animó.

Dixo pues assí, cansándose del estilo cadencioso, ó mudándole con

todo estudio en el _hinchado_, assí porque la variedad es madre de la

hermosura, como porque á este estilo le llevaba mas la inclinacion:

6. «Esta es, Señores, la estrena de mis afanes oratorios; este,

el exordio de mis funciones pulpitables; mas claro para el ménos

entendido: este es el primero de todos mis sermones. Qué á mi intento

el oráculo supremo: _primum quidem sermonem feci, o Theophile_! Pero,

donde se hace á la vela el baxel de mi discurso? Atencion, fieles; que

todo me promete venturosas dichas, todas son prophéticas vislumbres de

felicidades. O se ha de negar la fé á la evangélica Historia, ó tambien

el hypostático Ungido predicó su primer sermon en el mismo lugar, donde

recivió la sagrada ablucion de las lustrales aguas del bautismo. Es

cierto, que la evangélica narracion no lo propala, pero tácitamente lo

supone. Recivió el Salvador la frígida mundificante: _Baptizatus est

Jesus_; y al punto se rasgó el tafetan azul de la celeste cortina: _Et

ecce aperti sunt cœli_: y el Espíritu Santo descendió revoleteando á

guisa de pájaro columbino: _Et vidi spiritum Dei descendentem sicut

columbam_. Hola! bautizarse el Messías, romperse el pabellon ceruleo,

y baxar el Espíritu Santo sobre su cabeza! A sermon me huele, porque

esta divina paloma siempre bate las alas sobre la cabeza de los

Predicadores.»

7. «Pero son supervacaneas las exposiciones quando están claras las

voces del oráculo; él mismo dice que, bautizado Jesus, se retiró al

desierto, ó el Diablo le llevó á él: _Ductus est in desertum a spiritu,

ut tentaretur a Diabolo_. Allí estuvo por algun tiempo, allí veló,

allí oró, allí ayunó, allí fué tentado, y, la primera vez que salió de

allí, fué para predicar en un campo ó en un lugar campestre: _Stetit

Jesus in loco campestri_. O qué estival paralelo de lo que á mí me

sucede! Fuí bautizado en este famoso pueblo, retiréme al desierto de la

Religion, si ya el Diablo no me llevó á ella: _Ductus est a spiritu in

desertum, ut tentaretur a Diabolo_. Y qué otra cosa hace un hombre en

aquel desierto, sino orar, velar, ayunar y ser tentado? Salí de él la

primera vez para predicar; pero, en donde? _In loco campestri_: en este

lugar campestre de Campazas, en este compendio del campo Damasceno, en

esta emulacion de los campos de Pharsalia, en este envidioso olvido de

los sangrientos campos de Troya: _Et campos ubi Troia fuit_; en una

palabra, en este emporio, en este solar, en este orígen fontal de la

provincia de Cámpos: _in loco campestri_.»

8. «Aún hay mas en el caso: el lugar campestre, donde predicó el primer

sermon el Hypostático, fué á la esmaraldática márgen del argentado

Jordan, donde havia sido bautizado. Y quien duda que le oiria Juan,

su Padrino de bautismo? _Venit Jesus ad Joannem, ut baptizaretur ab

eo._ Y qué cosa mas natural que al oir el Padrino á su ahijado, y mas

si hizo de él feliz reminiscencia en la misma salutacion, _salutate

Patrobam_, que dixo muy á mi intento el Apóstol, saltasse ahora de

gozo, como palpitó en otra ocasion de placer en el útero materno:

_Exultavit infans in utero matris_. El caso es tan idéntico, que seria

injuriosa la aplicacion para el docto; pero vaya para el insipiente.

No se llama _Juan_ mi Padrino de bautismo? Todos lo saben: _Joannes

est nomen ejus_. No me está oyendo este sermon que predico? Todos lo

veen: _Audivi auditum tuum, et timui_. No le están bailando los ojos de

contento? Todos lo observan: _oculi tui columbarum_. Luego no hay mas

que decir en el caso.»

9. «Sí hay tal. Gracia y agua es el complexo de la fuente bautismal,

y agua y gracia es lo que symboliza su nombre y apellido. Que _Juan_

es lo mismo que _gracia_, lo saben hasta los Predicadores Malabares:

_Joannes, id est gratia_. Pero que _Quixano_ sea lo mismo que _agua_,

ó fuente copiosa de ella, lo ignoran hasta los mas eruditos; pero

presto lo sabrán. Ya tiene entendido el Theólogo, y mucho mas el

sabio Escriturario, que la quixada de asno es muy mysteriosa en las

Sagradas Letras, ó desde que Cain quitó la vida con una de ellas á su

hermano Abel, como quieren unos, ó desde que Sanson magulló con otra

las cabezas á mil agigantados Philistéos, como saben todos: _In maxilla

asini percussit mille viros_. Despues de esta hazaña, se moria de sed

el fatigado Sanson: no havia en todos aquellos espaciosos estrados de

la odorífera Flora un hilo de plata líquida, con que poder apagarla.

Quando veis aquí que de la misma quixada, que havia sido la mortal

Philisticida, brota un raudal de aljófar derretido, que refrigeró al

inhiante forzudo, y quedó el sitio sigilado hasta el dia de hoy con el

cognomento de la fuente de la Quixada: _Idcirco appellatum est nomen

loci illius fons invocantis de maxilla, usque ad præsentem diem_.»

10. «Id ahora conmigo. Sabida cosa es en nuestras Historias

genealógicas, que el antiguíssimo y nobilíssimo apellido de los

Quixanos deriva su orígen y su alcurnia no ménos que de el tronco de

Sanson, cuyos hijos y nietos, desde esta gloriosa hazaña, comenzaron á

llamarse los _Quixanos_, por no equivocarse con otra no ménos antigua,

aunque ménos noble y mucho mas extendida familia de los Quixotes. No es

ménos cierta la noticia, que desde entónces las armas de los Quixanos

son una quixada de un burro en campo verde, brotando un chorro de agua

por el diente molar, como lo afirman quantos tratan del Blason. Assí

mismo es cosa muy averiguada que los Quixanos, en las batallas con

los Moros, no usaban de otras armas que de la quixada de un jumento,

cubiertos con piel del mismo asno, siendo tan hazañosos con esta arma

rebuznable como á cada folio se refiere en los anales. Dígalo, si no,

aquel Heroe Gonzalo Sanson Quixano, que con una maxilla de jumento,

_in maxilla asini_, quitó la vida por su propia mano en ménos de media

hora á treinta y cinco mil Sarrazenos en la famosa jornada de San

Quintin, debaxo de Julio César, Capitan General del Rey Don Alfonso el

de la mano horadada; proeza que premió el agradecido Monarca, mandando

que en adelante se pintasse la quixada del escudo de los Quixanos con

treinta y cinco mil dientes, y en cada uno de ellos, como si fuera

una escarpia, clavada una cabeza de Moro; cosa que hace una vista que

embelesa. Y de passo quiero añadir ó, diré ménos mal, quiero acordar

á todos la erudicion tan sabida de que el primer escudo, que se gravó

con toda esta multitud de cabezas y de dientes, no era mayor que la mas

menuda lenteja; siendo lo mas admirable que quixada, dientes y cabezas,

con todos sus pelos y señales, se distinguian perfectamente á mas de

cien passos de distancia. O assombro de la invencion! o prodigio de la

habilidad! o milagro de los milagros del arte! _Miraculorum ab ipso

factorum maximum_, que dixo á este intento Cassiodoro.»

11. «Pero atencion, que oigo no sé qué articulado accento en las

ethereas campanas: _Vox de cœlo audita est_. Pero, de quien es

esse gutural verbífico sonido? Oigamos lo que dice, que quizá por

ello deduciremos quien lo profiere, como por el efecto se viene en

conocimiento de la causa, y por el hilo se saca el ovillo. _Hic est

Filius meus dilectus, in quo mihi complacui_: este es mi querido Hijo,

dulce objeto de mis complacencias. Hola! dice la voz, que el que está

predicando en el lugar donde fué bautizado es su hijo? Luego la voz es

del Padre. Sabe el Lógico, que es legítima la consecuencia. Y quien es

esse Padre? _Pater meus agricola est_: mi Padre es un labrador honrado.

Ea, que ya vamos descubriendo el campo. Pero, qué tiene el Padre con

el sermon del hijo? No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano. Qué

ha de tener, si él mismo se le encarga? Dícelo expressamente el texto:

_Misit me vivens Pater_: el que me envió, ó el que me traxo á predicar,

es mi Padre. Y nota oportunamente el texto mismo que, quando su Padre

le embió á predicar, estaba vivo, _vivens Pater_; la interlineal,

_sanus_, que estaba sano; los Setenta, _robustus_, que estaba robusto;

Pagnino, _vegetus_, que estaba terete y fuerte. Apelo á vuestros ojos,

y decidme si no es idéntico el caso.»

12. «Vamos adelante, que aún no lo he dicho todo. Y como se llamaba

esse generativo principio, esse paternal orígen de aquella dichosa

prole? Aquí deséo arrecto vuestro órgano auscultativo. El sermon que

mi Padre, vivo, robusto, sano y terete, encomendó á mi insuficiencia,

no es del Eucharístico panal? Sí. El arca del Testamento no fué el mas

figurativo emblema de esse ovalado armiño? Dígalo el docto y el versado

en la Theología expositiva. Y por donde anduvo prófuga esta cóncava

testamentífera arca? Vamos á las sagradas Pandectas: _et asportaverunt

eam a lapide adjutorii in Azotum_: conduxéronla al país de los a-Zotes.

Víctor! que ya tenemos Zotes en campaña. Entra el arca en la provincia

de los Zotes? manda un Padre á su hijo que predique de essa arca? pues,

qué apellido ha de tener esse Padre, ni qué cognomento ha de distinguir

á esse hijo, sino el de los Zotes, principales de la provincia? _Et

asportaverunt eam in Azotum._»

13. «Es convincente el discurso; pero vaya una interrogacioncilla. Y

esse hijo no tenia Madre? Y como que la tenia, pues consta que la Madre

y el Padre le buscaron: _Ego et Pater tuus quærebamus te_. Está bien;

y la madre no tuvo parte en el sermon? Fué el todo; pues ya es cosa

sabida que, siempre que un Predicador se desempeña con lucimiento, se

refunden en la madre sus aplausos. Por esso, al acabarse la funcion,

exclaman todas las piadosas mugeres: _Bien haya la madre que te parió!

dichosas las madres que tales hijos paren!_ _Beatus venter qui te

portavit, et ubera quæ suxisti!_»

14. «Pero, qué ruido estrepitoso, qué harmoniosa algarabía divierte

mi atencion hácia otra parte? qué percibe la potencia auditiva? qué

especies visuales se presentan delante de la visiva? Mas claro y mas

para el vulgo: qué oigo? qué veo? Qué hé de ver, ni qué hé de oir,

sino un choro de danzantes? _Quid vides in Sunamitis, nisi choros

castrorum?_ De danzantes! Ea que sí; pues á vista de la Eucharística

arca, aún á las mismas Testas coronadas se las bullen los piés. Dígalo

el Rey penitente de Iduméa: _et David saltabat totis viribus ante

Dominum_. Nótese la frase: _saltabat totis viribus_: brincaba con todas

sus fuerzas; no se andaba ahora en paspieses pulidos, en carrerillas

menudas, en cabriolas ni en vueltas de pechos acompassadas; daba unas

vueltas en el aire, echando las piernas con quantas fuerzas podia:

_saltabat totis viribus_. No es esso lo que ahora estamos viendo en

essos ocho robustos Atletas y Luchadores á brazo y pierna partida

con el viento? Mas: era David un danzante coronado; pues, corona por

corona, no le deben nada á David nuestros danzantes. Pero aún descubro

en Isaías otras señas mas claras de ellos: _et pilosi saltabant ibi_: y

danzaban allí los que tenian largo el pelo, los de grandes cabelleras,

los de las melenas tendidas. No puede ser la vision mas adequada para

el caso presente.»

15. «De buena gana me iria un poco mas tras de la danza, si no me

embelesara esse theatro, que ya observo erigido junto á las puertas

del Templo, _ad fores templi_, que dixo elegantemente el mitrado

panal de Lombardía (hablo del melifluo Ambrosio). Y qué significa

esse theatro? Segun unos es signo natural, ó segun otros es signo _ad

placitum_ de un auto sacramental, representacion del Sacramento. Sí?

Pues de essas representaciones llenas están á cada passo las páginas

de la Escritura. No fué representacion del Sacramento el Mana? Assí

lo afirma Cayetano. No fué representacion del sacramentado cordero el

Vellon de Gedeon? Assí lo siente Lorino. No fueron representacion del

eucharístico trigo las espigas de Ruth? Assí lo assegura Papebrokio.

Y todas estas representaciones, no se hicieron en el campo? Es comun

sentir de Expositores y Padres. Pues representaciones del Sacramento, y

representaciones en el campo, quien podrá dudar, que fueron prophéticas

figuras de las representaciones al Sacramento, que se hacen todos los

años en mi amada patria de Campazas? _In loco campestri._»

16. «Mas, afuera, afuera; aparta, aparta; huye, escápate, corre; mira

que te coge el toro. Qué es esto? Rodeado me veo de estos cornúpetos

brutos. Qué cerviguillo, qué lomo, qué roscas en el pescuezo, qué

lucios y qué gordos! _Tauri pingues obsederunt me._ No hay quien me

socorra? Que me cogen, que me pillan, que me revoletéan. Pero ea, que

fué terror pánico, ilusion de la phantasía, ente de razon raciocinante.

No son toros de muerte ni furiosos; son sí unos novillos alegres y

vivos, pero ni marrajos ni sangrientos _vituli multi_, ó, como lee otra

letra, _mutilati_. Unos novillos desmochados, esto es, ó sin puntas

en el hasta, ó sin fuerzas en las puntas. Gracias á Dios que respiro;

porque me havia asustado. Pero, qué tienen que ver los novillos con

la fiesta del Sacramento? Ignorantíssima pregunta! Qué fiesta del

Sacramento puede haver cabal, si la faltan los novillos? puesto que

el Propheta penitente adelanta mas la materia, quando dice, que los

novillos se deben correr ó, lo que allá se va todo, se deben presentar

en las mismas aras: _tunc imponent super altare tuum vitulos_.»

17. «Ya no me detengo, ni en las hogueras, ni en las luminarias

nocturnas, que precedieron á este festivo dia. Quando se descubre

el Señor, sin que se enciendan brillantes cereos piropos? Ni qué

mas hicieron los tres milagrosos niños en la flamígera hoguera del

Babylónico furno, que lo que anoche vimos hacer á los puvescentes

muchachos de mi predilecta patria en las fumigerantes hogueras, que

encendió la devocion y la alegría de sus fervorosos íncolas? Si

aquellos jugaron con las llamas, sin que les tocassen al pelo de la

ropa, estos brincaron por ellas, sin que les chamuscassen ni un solo

cabello de la cabeza: _et capillus de capite vestro non peribit_, que

dixo la Boca de oro. Pues qué! la multitud de estruendosos voladores,

que subieron serpenteando por esse diáfano elemento, saetas encendidas,

que disparó la bizarría y el valor para dissipar el nigricante

esquadron de las tinieblas! Parece que les estaba viendo el monárchico

Adivino quando cantó vaticinando: _Sagittas tuas ex dentibus effecit_.

Pero mas al caso presente lo pronosticó el que dixo, que resonaba por

todo Cámpos el horrísono bom bom bom bom bom de las bombardas:

_Horrida per campos bam-bim-bombarda sonabant._»

18. «Paréceme que tengo tocadas y retocadas las circunstancias del

dia. Pero no; que la mas especial, por nunca vista hasta aquí, se me

olvidaba: hablo de esse vocal instrumento, y al mismo tiempo ventoso,

que tan dulcemente titila nuestros oídos. Hablo de esse equivalente

ó, como se explica el discreto Pharmacopola, de esse _quid pro quo_

de órgano, que añade tanta magestuosa harmonía á la solemnidad

del sacrificio; hablo enfin, para que me entiendan todos, de essa

sonora gaita gallega, que tanto nos encanta y nos hechiza. Pero, qué

oportuna, qué discreta, qué ingeniosa fué la invencion de mi paternal

Mayordomo, quando discurrió y resolvió festejar con ella la funcion

del Sacramento! Porque, pregunto: no es el Sacramento en el viril, el

escudo, las armas y el blason del nobilíssimo Reyno de Galicia? Assí

me lo atestiguó anoche un Peregrino, que viene en Romería de Santiago.

Pues, siendo esto assí, era cosa muy congruente y en cierta manera

_simpliciter necessaria_, (ya me entiende el Lógico y el Theólogo,) que

no faltasse en la missa del Sacramento aquel instrumento harmonioso,

apacible y delicado, que deriva su alcurnia y su apellido del mismo

nobilíssimo Reyno; porque, como dice el Philósopho, _propter unum

quodque tale, et illud magis_. Gran gloria de Galicia tener por escudo

de armas al Sacramento! pero mayor de Campazas ser la patria y el

solar de la sagrada Eucharistía; porque _ó hay Sacramento en Campazas,

ó no hay en la Iglesia fé_. Este será el arduo empeño, en cuyo golfo

desplegará las velas el baxel de mi discurso; y, para que lo haga

viento en popa, será preciso que sople por el timon el aura benéfica de

aquella Deífica Emperatriz de los mares, implorando su proteccion y su

gracia con el acróstico epinicio del celestial Paranynfo: _Ave Maria_.»

19. Bien puede discurrir el advertido Lector, que es impossible á

toda humana pluma, no digo ya explicar cabal y adequatamente, pero

ni aún delinear un levíssimo rasguño por donde se venga en tal qual

oscuro conocimiento de la admiracion, del pasmo, del assombro, con

que fué oída esta salutacion por la mayor parte de aquel guedejudo

y pestorejudo auditorio. Fué milagro de Dios que le diessen lugar

para predicar el que se llama cuerpo del sermon, y seguramente no

se le huvieran dado, á no tenerles[14] todavía tan pendientes la

suspension y la curiosidad del assunto tan singular y tan raro que

havia propuesto; porque esto de probar que Campazas era el solar y

la patria del Santíssimo Sacramento y que, si no havia Sacramento en

Campazas, no havia en la Iglesia fé, lo hizo con tal primor, llamando

tanto las curiosidades,[15] que seis granos de láudano apénas bastarian

para amodorrar al mas dormilon y soñoliento. En medio de esso, no

pudo contenerse el auditorio sin prorumpir de contado, primero en un

alegre y bullicioso murmurío, muy parecido al que hacen las abejas

al rededor de la colmena; despues en aclamaciones y en vítores

descubiertos, arrojando hasta la bóveda ó artesonado de la Iglesia no

solo las monteras y sombreros, sino que no falta quien diga se vieron

tambien revoletear algunos bonetes. Sobre todo el Maragato de la gaita

gallega, quando oyó su gaita no ménos oportuna que repentinamente

alabada, no pudo contenerse sin echar al Predicador una alborada;

esto de contado y, como dicen, por via de provision, reservándose el

derecho de echar todos los registros luego que el sermon se concluyesse

perfecta y completamente. Enfin, la algazara y la gritería fué tal,

que en mas de medio quarto de hora no le fué possible á Fray Gerundio

proseguir su Panegýrico; y, aunque el Sacristan hacia pedazos el

esquilon del altar para que se sossegasse la bulla, no lo pudo

conseguir, hasta que de bueno á bueno se fueron todos aquietando.

20. Miéntras tanto, el sabio, prudente y discreto Magistral estaba

tambien aturdido, pero sin acertar á discernir qual de las dos cosas le

assombraba mas, si la satisfaccion y sandez del Orador, ó la ignorancia

y bobería de aquel rústico auditorio. El Canónigo Don Basilio, aunque

no ahondaba tanto como el Magistral, porque sus estudios no havian

passado de los precisos para entender medianamente el Breviario y un

puntico de Concilio; pero, como era de una razon natural tan despejada

y tan bien puesta, comprehendió sin dificultad, que la salutacion era

un gracioso texido de furiosos disparates, y desde luego hizo ánimo á

holgarse bien á costa de Fray Gerundio. El otro pariente suyo, familiar

del Santo Officio, hombre de bastas explicaderas, pero de mas que

mediana razon, decia allá para consigo: «O yo soy un porro, ó este

Flayre no sabe las enclinaciones de los nombres, ni ha estudiado á

_selmo selmonis_, como el mi Cuco, (llamábase Francisco un hijo suyo,

que comenzaba aquel año el arte,) ó toda esta gente está borracha: mas

al fin yo soy un probe lego sin letras, y puede ser que me encalibre.»

21. Esto passaba por el pensamiento de los tres, quando Fray Gerundio

dió principio al cuerpo de su sermon, que probó, confirmó y exornó

puntual y literalmente, segun la ingeniosa idéa que se le havia

ofrecido, de la qual dímos bastante noticia al fin del capítulo

segundo, donde podrán volverla á leer, si gustaren, nuestros pios

y benévolos Lectores; porque, si bien es verdad, que nos podiamos

prometer de su mucha benignidad el que no llevassen á mal, se la

volviessemos á poner delante de los ojos un poco mas extendida y con

aquella energía, cultura y formalidad, que era propria de nuestro

insigne Orador; pero al fin, todo bien considerado, nos ha parecido mas

acertado consejo no abusar de su buena inclinacion, haciéndonos cargo

de que toda repeticion es fastidiosa, sin ser nuestro ánimo derogar

por esso un punto la buena fama y opinion del que dixo, que hay cosas

_quæ septies repetita placebunt_, que darán gusto y no fastidiarán,

aunque se repitan siete veces. Háyalas enhorabuena; pero nosotros no

presumimos tanto de las nuestras, que las consideremos comprehendidos

en este número; y llamamos nuestras á las de nuestro Fray Gerundio,

porque en tanto nos las apropriamos, en quanto están sugetas á la

jurisdiccion de nuestra tarda y deslucida pluma. Y enfin, para qué

es rompernos la cabeza, si tenemos ya hecha una firme, determinada é

irrevocable resolucion _inter vivos_ de no copiar dicho sermon, ni

trasladarle en nuestra Historia? Haga cuenta el curioso Lector que

le leyó; dé por supuestas, y aun por oídas, muchas mas aclamaciones,

muchos mas vítores, muchos mas _vivas_ al acabarse el Panegýrico que

al concluírse la salutacion. Tenga por cosa cierta, que no solo la

gaita, sino que el mismo gaitero estuvo tambien para rebentar, el uno

soplando, y la otra siendo soplada. Suponga como noticia indubitable,

que allí incontinenti y en la misma Iglesia, al baxar la escalera del

púlpito, huvieron de sofocar á Fray Gerundio á puros abrazos, y que,

ántes de llegar á la sacristía, pensó ser ahogado en lágrimas y en

mocos de las Tias que se atropellaban por avalanzarse á él, haviendo

corrido respectivamente la misma fortuna Anton Zotes y la dichosíssima

Catanla Rebollo su consorte. Finalmente, dé por assentado lo que

assegura un Autor fidedigno y sincero, conviene á saber, que el mismo

Licenciado Quixano, no embargante de estar revestido con las vestiduras

sacerdotales, ni acordándose siquiera de que estaba celebrando el santo

sacrificio de la missa, se mantuvo sentado en la silla, hasta que su

ahijado passó por el Presbyterio para entrarse en la sacristía; y

entónces, sin poderse contener, se arrojó á él, dióle un estrechíssimo

abrazo y, vuelto al altar, apénas pudo entonar el _Credo_ por las

lágrymas que derramaba de puro gozo y ternura; demostracion que no se

hallará semejante en toda la Historia eclesiástica, aunque sea en la

del mismíssimo Elias Du Pin, Autor diligentíssimo en recoger todas las

noticias apócriphas y ridículas, que podian hacer despreciables las mas

sagradas, augustas y venerables ceremonias de la santa Iglesia.

22. Salió nuestro Fray Gerundio de la de Campazas lo mejor que pudo, y

no le costó poco trabajo; porque es tradicion, que apénas le dexaron

poner los piés en el suelo, hasta que llegó á su casa, llevándole

en el aire los innumerables que concurrieron á congratularle y se

incorporaron despues en la comitiva, que se compuso de casi todo el

inmenso gentío que havia acudido á la fiesta. Parécenos, que no es

necessario decir los parabienes, los plácemes, las enhorabuenas que

allí se repitieron, unos ensalzando al Predicador, otros congratulando

á sus Padres; estos complaciéndose con Fray Blas, que recivia las

enhorabuenas en nombre de su Religion, aunque aplicándose á sí la mayor

parte de ellas, aquellos clamando á voz en grito, «que era dichoso

el lugar que havia merecido ser patria de tal hijo»; y finalmente,

gritando todos á una voz, «que Fray Gerundio era de presente la honra,

y havia de ser con el tiempo la immortal memoria de su siglo». Cosas

tan comunes y regulares, no es razon que los Historiadores gasten el

tiempo en referirlas, porque los Lectores las deben dar por supuestas,

y mas quando á la sazon era ya la una de la tarde, estaban las mesas

puestas, se passaba el asado, y los convidados tenian gana de comer.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2) · 第 23 / 48 题