CAPITULO III.

Predica Fray Gerundio en su Lugar, y atúrdese la gente.

1. Havia corrido por toda aquella comarca la noticia de que nuestro

Fray Gerundio baxaba á predicar en la funcion del Sacramento en la

célebre fiesta de Campazas, ya porque Anton Zotes como Mayordomo havia

convidado á todos los amigos que tenia en los lugares á la redonda, que

no eran pocos, assí de labradores como de Clérigos y Frayles, ya porque

el mismo Fray Gerundio no se havia descuidado en echar tambien la voz

entre sus muchos conocidos y apassionados, siendo tentacion tan comun

en todo Predicador principiante, que tal vez cunde hasta en los mas

adultos y provectos, dexarse caer al descuído con cuidado, ya en las

conversaciones, ya en las cartas, el dia ó los dias que predican, lo

que algunos maliciosos atribuyen á demasiada satisfaccion ó vanidad, y,

á mi pobre juicio, no es mas que un poco de ligereza mezclada con una

buena dósis de bobería.

2. Amen de esso, la fiesta de Campazas era tan famosa en toda aquella

tierra por los novillos y por el Auto-sacramental, que, sin que nadie

convidasse y aunque fuesse el Predicador el mayor zote del mundo,

siempre concurria á ella innumerable gentío, no solo despoblándose

los lugares del contorno, sino que rara vez se dexaba de ver en ella

mucha gente ociosa y alegre de Leon, de la Bañeza y Astorga; pero,

añadiéndose en este año la fama del Predicador y el convite de Anton

Zotes, convienen todos los Autores de quienes nos hemos valido para

recoger las noticias mas puntuales, que componen el cuerpo de esta

verídica Historia, que fué en él extraordinario el concurso.

3. Danse por supuestas las demonstraciones de alegría y de ternura,

con que fué recivido nuestro Fray Gerundio de su Padre el Tio Anton,

de su Madre la buena de la Catanla, y de su Padrino el Licenciado

Quixano. Esto mas es para considerado con un casto silencio, que para

explicado con la pluma; pues, aunque fuesse de águila, de buitre ó de

abutarda, nunca podria remontar el buelo hasta la cumbre de tan alta

esphera; quanto mas la nuestra, que no puede seguir el tardo movimiento

del mas pesado avestruz! Baste decir que apénas se desmontó del macho

zancarron, (assí le llamaba el Director de la noria,) quando la Tia

Catanla le dió mil tiernos abrazos y otros tantos maternales ósculos,

dexándole bien rociadas las barbas de lágrimas y mocos. Iba á limpiarse

estos y aquellas, pero no le dieron lugar las rociaduras semejantes

que se siguieron; porque, como era la primera vez que se dexaba ver en

el lugar despues de Frayle, no solo concurrieron á verle, abrazarle y

besarle todas las Tias del barrio, unas con la licencia de viejas, y

otras con la de Parientas, sino que apénas quedaron dos en el lugar de

Campazas, que no hiciessen lo mismo; y aún essas únicas dos es fama que

lo dexaron, una porque estaba en la cama con cámaras y pujos, y otra

porque dos dias ántes havia saltado de su corral al de la Tia Catanla

una gallina y no havia parecido, de lo qual estaba hecha ella una furia

contra la buena de la Rebollo, que nada sabia de esso, y aún se decia

que la dueña de la gallina queria acudir á Leon á sacar una descomunion

ó una _Pollina_ á mata-candelas, (assí llamaba ella la Excomunicacion

y la Paulina,) contra la encubridora de su ave. Por lo demas, hombres,

mugeres, viejos y mozos, todos acudieron á casa del Tio Anton Zotes

á ver al _Flayrecico_ y á dar la enhorabuena á sus Padres de que

tuviessen el gusto de verle en su casa y ya tan aprovechado. Ello es

assí, que consta de documentos y papeles antiguos de aquel tiempo, que

se gastaron en aquella tarde quatro cántaras de vino, ocho quesos, y

diez y seis ogazas y media en agassajar á los que concurrieron á casa

del Tio Anton; de donde podrá inferir el prudente y discreto Lector

los muchos que serian, y lo bien quistos que estaban en todo el pueblo

Anton Zotes y su saníssima muger.

4. Faltaban tres dias para la funcion, en los quales fueron llegando

aquellos convidados especiales, que eran mas estrechos amigos de la

casa de los Zotes, donde estaban prevenidas no ménos que veinte camas

para los huéspedes, quatro para los de mayor autoridad y respeto en las

cámaras altas de la casa, y las demas se acomodaron en una panera, que

á este fin se desocupó y se barrió, colgando las paredes con mantas de

mulas y cavallerías de la labranza, assí de las que havia en casa, como

de otras que se pidieron prestadas, quedando la pieza, á juicio de la

mayor parte del lugar, tan ostentosa que se podia hospedar en ella un

Obispo.

5. El primero que llegó fué un primo del Tio Anton, y consiguientemente

Tio segundo de nuestro Fray Gerundio, que havia sido Colegial mayor

y era actualmente Magistral[6] de la Santa Iglesia de Leon, hombre

ya hecho, sabio, agudo, discreto, muy leído, gran Theólogo é insigne

Predicador, en fin, de prendas tan sobresalientes que ya havia sido

consultado en tercer lugar para un Obispado. Este traía de camarada á

otro Canónigo de su misma Iglesia, de estos que se llaman _Canónigos de

cuello ancho_[7] y, por otro nombre, _de capa y espada_, jovencito aún

y en la flor de sus años, pues no passaba de los veinte y cinco, pero

muy despejado, muy alegre, naturalmente chistoso y decidor, Poeta mas

que decente, que decia de repente con bastante gracia, con no poca sal,

y por lo comun sin sacar sangre, (cosa muy dificultosa, y por lo mismo

bien rara en los que tienen esta habilidad y hacen profession de ella,)

por cuyas buenas partidas estaba muy prendado de él el Señor Magistral.

6. Como unas dos horas despues se apeó un Labrador,[8] pariente

tambien del Tio Anton, que vivia en un lugar distante quatro leguas

de Campazas. Era Familiar del Santo Oficio y, aunque hombre de

explicacion cerril y apatanada, tenia una razon natural bien puesta,

y discurria con acierto en aquellas materias que se proporcionaban á

su capacidad. En el camino se le havia incorporado un Donado de cierta

Religion,[9] que, haviendo sido tres veces casado y cinco años viudo,

por fin y postre cansado del mundo se entró á servir en un Convento,

donde pretendió para Lego, pero no le quisieron dar el hábito, porque,

aunque hombre muy forzudo y servicial, era extraordinariamente zafio

y allende de esso locuaz y mas que medianamente bebedor, no de manera

que se privasse _in totum_, pero se quedaba á unos medios pelos que

olian á chamusquina, y entónces con especialidad hablaba por todas las

coyunturas y en todas las materias que se ofrecian, porque sabia leer

y havia leído la _Historia de los doze Pares de Francia_, á _Guzman

de Alfarache_, _la Pícara Justina_ y quantos romanzes de ciegos se

cantaban de nuevo en los mercados, gustando sobre todo de leer gazetas,

aunque maldita la palabra entendia de ellas; con que era el Donado un

hombre muy divertido y, en fin, pieza de Rey.

7. Mucho se alegró nuestro Fray Gerundio, quando se halló en compañía

de todos estos huéspedes, pero especialmente de su Tio el Magistral,

quien, como hombre entendido y de la facultad, le pareció que havia

de hacer justicia á su sermon, del qual estaba tan satisfecho, que se

persuadia con el mayor candor del mundo á que en su vida habria oído ni

leído otro semejante; y ya daba por hecho que, en oyéndole, se havia de

enamorar tanto el Tio de los talentos del sobrino, que, quando fuesse

Obispo, le havia de llevar consigo y le havia de hacer su Confessor,

no pareciéndole tampoco impossible, que con el tiempo su Tio el Obispo

(pues ya le consideraba como tal,) le grangeasse por ahí, aunque no

fuesse mas que un Obispadillo en Indias. Todos estos pensamientos le

passaron por la imaginacion, lisongeándole infinito y llenándole de un

inexplicable gozo.

8. Pero, quien podrá declarar dignamente con palabras el que se apoderó

de su corazon, quando, contra toda su esperanza y sin que siquiera

se le huviesse ofrecido tal cosa al pensamiento, vió apearse en el

corral de la casa á su íntimo amigo el Predicador Fray Blas, acompañado

de un Religioso de otra Religion, que él no conoció, pero todas las

señas eran de ser hombre muy reverendo, porque trahia anteojos con

cerquillo de plata, bequoquin de seda, sombrero fino con cordon y

dos borlas de lo mismo, quitasol, baston de caña con puño de china,

y venia montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de

paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de

espuela uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los

majos y petimetres del oficio, zapatillas blancas, medias del mismo

color, calzon de ante, una gran faja de seda encarnada á la cintura,

armador de cotonía, capotillo de paño fino de Segovia de color amusgo,

redecilla verde con su borla de color de rosa, que colgaba hasta mas

abaxo de la ñuca; la cinta que la ceñia y apretaba, de color de nácar;

sombrero chambergo rodeado de una cinta de plata color de fuego, con su

roseton ó lazo á la parte posterior, que remataba en la copa. Todo esto

lo observó Fray Gerundio muy bien observado, y todo le hizo imaginar,

que aquel Religioso era por lo ménos Cathedrático de la Universidad de

Salamanca ó de Alcalá, quando no fuesse quizá algun Padre Difinidor ó

Presentado.

9. No se engañó mucho, porque á lo ménos era Vicario de unas Monjas[10]

que estaban junto á Jacarilla, y ántes de esso havia cuidado seis años

de una granja, en cuya administracion no se havia perdido; porque él

mismo confessaba ingenuamente, quando se ofrecia la ocasion, que le

havia valido por lo ménos tanto como á la Casa, porque havia sacado un

decente bolsillo, que sufria ancas para socorrer á quatro parientes

pobres, para servir á dos amigos, y para subvenir á sus necessidades

religiosas, aunque la vida fuesse un poco mas larga que lo ordinario.

Como quiera, quando Fray Gerundio vió á su amiguíssimo Fray Blas,

pensó perder los sentidos de puro contentamiento, y, despues de haver

hecho los primeros cumplidos al Rmo. Padre Vicario, como lo pedia la

urbanidad, dió muchos abrazos á Fray Blas, y supo de él como, haviendo

tenido noticia en Jacarilla del sermon que le havian echado en su

lugar, hizo ánimo de no volver al Convento hasta que se le huviesse

oído predicar, logrando con esta ocasion ver la fiesta de Campazas y

passar en su compañía quatro dias alegres, con toda libertad y sin el

molesto acecho y murmuracion de los Frayles.

10. Díxole, que para sacar la licencia del Prelado, sin que ni él

ni los Frayles reparassen en que estaba tanto tiempo fuera del

Convento, le havia escrito una carta atestada de mentiras, suponiendo

que havia caído gravemente enferma una viuda rica, sin hijos ni

herederos forzosos, que le havia pedido con grandes instancias que la

confessasse y la assistiesse hasta entregar el alma á Dios, dándole á

entender que no lo perderia él ni su Comunidad, porque podia disponer

libremente de sus bienes, como nuestro Señor la inspirasse; que, no

obstante esso, él se havia resistido, por quanto la enfermedad tenia

traza de ir muy larga, aunque decia el Barbero del lugar, hombre muy

inteligente, que sin milagro no podia escapar de ella; que la misma

viuda le havia obligado á que escriviesse á Su Paternidad, esperando

que no la negaria este consuelo, y que assí lo hacia con la mayor

indiferencia, aguardando su determinacion, porque todo su gusto

seria obedecerle, bien que, si huviesse de consultar su inclinacion,

ya estaria en el Convento; porque, sobre la penalidad y trabajo de

assistir continuamente á una enferma, passando malos dias y peores

noches, siempre le havian parecido mal los Frayles que estaban mucho

tiempo fuera de la campana del Convento, á que se añadia que, siendo él

Predicador mayor de la Casa, no era razon que cargassen otros con los

sermones que por su oficio le tocaban á él.

11. «Esta fué, amigo Fray Gerundio, (añadió el Predicador,) la

cartica que le espeté, que, aunque yo lo diga, no iba urdida del peor

estambre. Ya conoces la poca malicia del buen hombre, y tambien su

lado flaco; en amagándole en algo para el Convento ó para su peculio,

no puede resistirse, y dará licencia á un súbdito para que se case,

con tal que lo haga sin pecar... el santo varon tragó el anzuelo, y

me respondió sin perder tiempo, alabando mucho mi zelo, mi obediencia

y mi religiosidad, pero mandándome en virtud de santa obediencia y en

remission de mis pecados, que assistiesse á la enferma hasta que á vida

ó á muerte saliesse de aquel peligro, aunque la enfermedad durasse un

año, encargándome que procurasse fomentarla la devocion á la Orden y

que no dexasse de exagerarla las particulares necessidades de aquel

Convento; pero me prevenia, que esto fuesse con prudencia y quando se

ofreciesse buena coyuntura: por lo demas concluía, que los sermones no

me diessen cuidado, pues corria del suyo el encargarlos, fuera de que,

teniéndote á tí, no necessitaba de otro, pues, aunque todavía estabas

un poco verde, esto no desdecia de tus años, y por otra parte era

prodigiosa tu facilidad.»

12. -- «Vamos claros, dixo Fray Gerundio, que el enredo está de mano

maestra; y quanto tiempo ha de durar la enfermedad de la viuda?» --

«Lo que duraren las fiestas de los lugares á la redonda, respondió

Fray Blas; porque ninguna pienso perder.» -- «Y qué diablos ha de

decir Vm. despues? le preguntó Fray Gerundio, quando se vea, que

no hay tal herencia ni calabaza». -- «En esso te paras, majadero?

respondió Fray Blas. Hay mas que decir que, haviendo hecho la enferma

su testamento cerrado, en que dexaba al Convento por su universal

heredero, despues de algunos legados de corta cantidad á algunos

parientes pobres, estando ya con la uncion, hizo una promessa y cobró

la salud milagrosamente?» -- «Pero, si se averigua, replicó Fray

Gerundio, que no huvo tal viuda ni tal enferma de mis pecados, y que

todo fué un puro embuste de Vm., para pretextar con esse piadoso

sobreescrito la tuna y el bisboleo?» -- «Calla, simple, respondió Fray

Blas, como se ha de averiguar, no haviendo otra correspondencia en el

Convento con Jacarilla que la que yo tengo? fuera de que, aunque por

alguna casualidad llegue á saberse, _quid inde_? Dirán, que fué una

de las trampillas que están muy en uso. Mira, Gerundio, los Frayles

y las mozas de servicio nunca salen de casa sino con sobreescritos

devotos: estas siempre piden licencia para ir á rezar, y aquellos,

quando quieren ir á tunar ó desenfraylar, como ellos dicen, alegan

por lo comun, ó el sermon que les echaron y ellos pretendieron, ó el

que en la realidad no hay, ó las dissensiones de los parientes, ó el

testamento y la enfermedad del Padre; y á la sombra de tan piadosos

pretextos, passan un par de meses de vita-bona. Decir, que un Frayle ha

de pedir licencia derecha y claramente para ir á divertirse quatro dias

en casa de un amigo, esto es cuento: tal qual tonto lo suele hacer por

acreditarse de sincero, pero regularmente llevan calabazas,[11] porque

los Prelados se revisten del zelo de la observancia y, miéntras no los

cohonestan la salida, dicen que la pierna en la cama, la moza con la

rueca, y el Frayle en la celda.»

13. -- «Pero, á proposito de Frayle, interrumpió Fray Gerundio, quien

es esse Rmo. que viene con Usted? porque parece personage.» -- «Y es

lo que parece, respondió Fray Blas; porque, aunque ahora es Vicario de

unas Monjas y ántes fué Grangero, siguió la carrera de los estudios

con mucha honra; y, aburrido de que huviessen graduado ántes á otro

condiscípulo suyo por empeños, se aplicó á este rumbo, de lo que no

está arrepentido; porque, aunque no parece de tanta honra, es sin

duda de mucho mayor provecho. Hizo mucho doblon en la Granja; despues

pretendió esta Vicaría, que le dieron sin dificultad: las Madres le

regalan como á cuerpo de Rey, y él lo passa como un Pontífice. Es muy

amigo mio, desde que me oyó predicar en Cevico de la Torre; no sé por

qué casualidad vino á oírme el sermon de Santa Orosia: llevóme á su

Vicariato, donde me detuvo ocho dias, tratándome como á un Patriarcha:

temporadilla mejor no espero passarla en mi vida. Comiamos en el

locutorio por la parte de afuera, y comian al mismo tiempo que nosotros

quatro Mongitas por la parte de adentro, y á fé que no eran de las mas

viejas del Convento, porque estas se excusaban por sus achaques, ó,

por mejor decir, nosotros las excusábamos á ellas: durante la mesa

havia brindis, havia finecitas de parte á parte, havia tambien unas

coplillas, y, en levantándose los manteles, venian las ancianas y las

graves de la Comunidad á darnos conversacion; despues se retiraban

estas y nos dexaban con la gente moza: comenzaba la bulla y la chacota;

cantaban, representaban, y tal qual vez, ellas de la parte de allá y

nosotros de la de acá, bailábamos una jotita honesta ó un fandanguillo

religioso. Mira tú, si passaria buenos dias. En fin, como hize ánimo

de venirte á oír, en fé de nuestra amistad y de la confianza que tengo

con tus Padres, convidé á el Padre Vicario á que se viniesse conmigo,

ponderándole la fiesta de Campazas, diciéndole mil cosas de tí, y

assegurándole que seria muy bien recivido.»

14. -- «Y como que lo será! le interrumpió Fray Gerundio; ántes este

es un nuevo beneficio, de que me confiesso deudor á la fineza de Vm.;

porque, sobre las prendas que me pondera del Padre Vicario, de esta

hecha entablo conocimiento con él; y cátate ya el camino abierto para

irme á holgar quatro dias alegres, quando se ofrezca ocasion, con

aquellas señoras Monjas.»

15. Con esto se entraron en la sala, donde ya estaba el Padre Vicario,

despues de haverse quitado los ajuares de camino, en compañía del

Magistral, de los demas huéspedes, de Anton Zotes y de la Tia Catanla,

que le recivieron con el mayor cariño, el qual creció mucho mas, quando

su hijo y el Predicador mayor los informaron en secreto de quien era.

Finalmente, fueron concurriendo poco á poco todos los convidados, con

algunos mas que no lo havian sido; y en los dos dias que faltaban hasta

el de la fiesta, parece que no debió de suceder cosa que de contar

sea, porque los Autores casi todos lo passan en silencio. Solo uno

de ellos apunta, (aunque muy de passo,) que Fray Gerundio, despues

de haver hecho su cumplido á los que iban llegando, se retiraba á

repassar su sermon unas veces á un desvan, otras al campo, y, porque

ni aún en este le dexaba libertad la multitud de forasteros que

acudian de toda la comarca, finalmente se vió precisado á encerrarse

en la bodega para decorar su cartapacio. El mismo Autor da á entender

tambien en general, que en aquellos dias passaron cosas preciosas

con el Donado, á quien luego conoció el humor Don Basilio, (assí se

llamaba el Canónigo mozo,) y haciéndose muy amigo de él, poniéndose en

todo de parte de sus necedades, con grandíssima gracia y con no menor

socarronería, fomentaba sus simplezas, de manera que sucedieron lances

extraordinariamente sazonados; pero, como el referido Autor no los

especifica, y nosotros en materia de verdad somos tan escrupulosos,

aunque sospechamos los que pudieron ser, no nos atrevemos á referirlos,

porque es infedelidad irremissible en un historiador adelantarse á

vender las sospechas por noticias.

16. Llegado que huvo el dia deseado de la fiesta y la hora de la

funcion, vinieron á sacar de casa á Fray Gerundio su Padre como

Mayordomo de aquel año, un Tio suyo que lo havia sido el antecedente,

ambos con sus varas de la Cofradía del Santíssimo, dadas de almazarron

y de almagre, que no havia mas que ver, los dos Alcaldes y los dos

Regidores del lugar, con su Fiel de fechos y con su Alguacil detras,

en el sitio que les correspondia, añadiéndose de comitiva voluntaria

y para mayor cortejo muchos Clérigos circunvecinos y una multitud

de Frayles aventureros de diferentes Religiones, que se hallaban en

aquellas cercanías y no quisieron perder la comedia ni los novillos.

Precedíalos á todos el tamboril y la danza, compuesta de ocho mozos

de los mas jaquetones y alentados de Campazas, todos con sus coronas

ó caronas arrasuradas sobre el craneo ó plan de la cabeza; esta

descubierta y las melenas tendidas; jaquetillas valencianas de lienzo

pintado, con dragona de cintas de diferentes colores; su banda de

tafetan prendida de hombro á hombro y colgando á las espaldas en forma

de media luna; un pañuelo de seda al pescuezo, retorcido por delante

como cola de caballo y prendido en punta por detras como hácia la

mitad de la espalda; camisolas de lienzo casero, mas almidonadas que

planchadas, y tan tiesas que se tenian por sí mismas en qualquiera

parte; calzones de la misma tela que la jaquetilla; y en la pretina,

por el lado derecho, colgado un pañuelo de beatilla con mucha gracia;

las boca-piernas de los calzones holgadas y anchas, guarnecidas de

una especie de cintillo ó cordon de cascabeles, medias de muger todas

encarnadas, zapatillas blancas con lazos de hiladillo negro, y en todo

caso todos ceñidos con sus corbatas, para meter los palos del paloteado

en el mismo sitio, y ni mas ni ménos como los arrieros llevan el palo

en el cinto.

17. Ya estaban Fray Blas y Fray Gerundio á la puerta de la casa,

esperando el acompañamiento; porque á Fray Blas le pareció atencion

precisa en su amistad y en la hermandad de profession, acompañar á Fray

Gerundio; y no solo le dió por todo aquel dia la mano derecha, sino que

le fué sirviendo de Fray-Juan hasta dexarle en el púlpito, y aún se

huviera sentado en la escalera, á no haverlo embarazado Anton Zotes,

que le obligó á sentarse en el banco de la Cofradía entre los dos

Mayordomos.

18. Salió pues de casa nuestro Fray Gerundio, mas resplandeciente que

el sol, mas risueño que la alva, mas brillante que la aurora. Havíase

(claro está,) afeitado aquel mismo dia con la mayor prolixidad,

encargando mucho al barbero que se esmerasse en la operacion, pues no

le valdria ménos que un real de plata; y con efecto le dexó el Maestro

tan lampiño y con el rostro tan liso, que parecia bruñido; sobre todo

en el cerquillo aplicó el mayor esmero: el plano no parecia sino un

quadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elephante;

la horla, un flueco de seda negra cercenada por las puntas con la mayor

igualdad, sin que ni un solo cabello se adelantasse á descomponer

la linea; el copete elevado como dos dedos y medio, con maravillosa

proporcion al fondo del cerquillo, que formaba la circunferencia; todo

el campo del cogote, que corria desde el extremo del cerquillo por

la parte posterior hasta la entrada del tozuelo, rasurado tambien á

medio rape, para que, negreando un poco el fondo, sobresaliesse mas

lo restante de la rasura. Havia estrenado aquel dia un hábito nuevo,

que su buena Madre le tenia prevenido, y una hermana suya, moza ya

casadera, se havia esmerado en doblarle, plegarle y aún aplancharle,

passando la plancha no mas que por los pliegues y doblezes, con tanto

primor y delicadeza, que al desdoblarle se dexaban ver todos ellos

distribuídos con graciosa proporcion y symetría: particularmente los

pliegues del escapulario hacian una labor que encantaba; y, como la

tela de la capa y de la capilla era flamante á manera de estameña

aprensada, hacia unos visos que deslumbraban la vista. Calzóse (ya se

ve,) unos zapatos muy ajustados, hechos á toda costa, en quanto lo

permitia la hechura que se usaba en la Religion; pero en todo caso

havia encargado al maestro, que las puntadas fuessen iguales y muy

menudas, y que el hilo no estuviesse muy cargado de cerote, para que

lo blanco de ellas sobresaliesse mas. La noche ántes le havia regalado

el Padre Vicario con dos solidéos de seda, de los que fabricaban sus

Monjas con exquisito arte y chulada, cuyo centro era una borlita muy

chusca, elevada con la debida proporcion; y Fray Gerundio estrenó

uno de ellos aquel dia, assí para mostrar la estimacion que hacia

del regalo, como por ser un adorno tan preciso como precioso para su

Pontifical. No se olvidó, ni podia olvidarse de echarse en una manga

un pañuelo de seda de dos caras y de vara muy cumplida, siendo una faz

de color de rosa y la otra de color de perla; y en la otra manga metió

segundo pañuelo de Cambray muy fino, con sus quatro borlas de seda

blanca á las quatro puntas, teniendo por cierto, que qualquiera de los

dos pañuelos, que se le huviesse olvidado, seria bastante, para que el

sermon no pareciesse la mitad de lo que era.

19. Dudó por algun tiempo si llevaria anteojos, cosa que le parecia

á él daba infinita autoridad al Predicador y añadia gran peso y una

maravillosa eficacia á lo que decia; pensamiento que le tuvo tan

inquieto la noche precedente, en que no fué possible pegar los ojos,

que, no pudiendo echarle de sí, dispertó á su amigo Fray Blas (porque

dormian juntos en una cama) y le consultó esta duda. Pero Fray Blas,

que por aquella vez tuvo mas juicio de el que acostumbraba, se rió

mucho de su ofrecimiento, diciéndole que los anteojos en un mozo, aún

quando tuviesse alguna necessidad de ellos, (lo que rara vez sucedia,)

era la cosa mas ridícula del mundo, y que assí los hombres de juicio,

como los bellacos, hacian gran burla de aquella afectacion, bastando

ver á un rapaz muy armado de sus gafas para que todos le tuviessen

por mozo de poco seso. «Aún en los anteojos habituales de los viejos,

añadió Fray Blas, son muy pocos los que creen, porque son raríssimos

los que los necessitan á pasto; y mas desde que se ha observado, que

en las Religiones regularmente se echan esta gala aquellos sugetos de

media braga, que estuvieron consultados para perpetuo choro ó cosa

equivalente, y despues ó por empeños ó por paysanage, ó en fin porque

los hallaron con una arrastrada medianía, los destinaron á una de las

dos carreras de púlpito ó de cáthedra, cumpliendo con ellas entre si

basta ó no basta, y á sal aquí traidor. Estos son, por lo comun, los

mayores y los mas perdurables anteojistas, vanamente persuadidos á

que pueden suplir con los accidentes lo que les falta de substancia,

y pretendiendo persuadir á otros que su continua aplicacion á los

libros los quebrantó la vista. Pocos hombres hay de los verdaderamente

sabios y aplicados que usen de este mueble, sino quando realmente le

han de menester, que es para escrivir y para leer; y assí, amigo Fray

Gerundio, déxate de locuras y déxame dormir.»

20. Con esto no volvió Fray Gerundio á pensar mas en antojeras y,

escusando este dixe, salió de casa para la Iglesia con todo el tren

que llevamos referido: llevaba tras de sí los ojos de todos quantos le

miraban; porque iba con el cuerpo derecho, la cabeza erguida, el passo

grave, los ojos apacibles, dulces y risueños, contoneándose un poco,

haciendo unas magestuosas y moderadas inclinaciones con la cabeza á uno

y á otro lado, para corresponder á los que le saludaban con el sombrero

ó con la montera, y no descuidándose de sacar de quando en quando ya

el pañuelo blanco para limpiarse el sudor que no tenia, ya el de color

para sonarse las narizes, que estaban muy enjutas. Apénas llegó á la

Iglesia, hizo una breve oracion y se entró en la sacristía, quando se

dió principio á la missa, que cantó el Licenciado Quixano, sirviéndole

de Diácono y de Subdiácono dos Curas párrochos de la vecindad.

21. El Choro lo llevaban tres Sacristanes de las mismas cercanías,

porque el de Campazas servia en el Presbiterio el incensario y cuidaba

del facistol; los quales Sacristanes en punto de tono gregoriano

eran los que hacian raya por toda aquella tierra, sirviendo de bajo

el Carretero del lugar, que tenia una voz asochantrada, y de tiple

un muchacho de doze años, á quien _ex professo_ havian capado para

acomodarle en la música de Santiago de Valladolid. No havia órgano,

pero este le suplian con muchas ventajas dos gaitas gallegas, que

de propósito havia hecho venir de la Maragatería el Mayordomo, y

las tocaban dos Maragatos rollizos, tan diestros en el arte que los

llamaban para todas las fiestas recias de S. Roman, Foncebadon y el

Rabanal, de donde se extendió la fama hasta el mismo Páramo, con ser

assí que hay mas de ocho leguas de camino; y Anton Zotes, á quien

llegaron estas noticias por haverlas oído casualmente en la puente

Vizana á un criado del maragato Andrés Crespo al tiempo que cargaba

la recua, al instante envió á llamar á los dos famosos gaiteros,

ofreciéndoles veinte reales á cada uno trahidos y llevados, comidos y

bebidos; y, como era esta la primera vez que se havia oído semejante

invencion en las missas de aquella tierra, no se puede ponderar el

golpe que dió á todos la novedad, y mas quando oyeron por sus mismos

oídos, que los dos músicos de bragas anchas, assí en el _Gloria_ como

en el _Credo_, seguian el tono gregoriano con tanta puntualidad, que no

havia mas que pedir. Celebróse infinito el buen gusto de Anton Zotes,

y es tradicion de padres á hijos, que desde entónces quedó establecido

en el Páramo el uso de las gaitas gallegas en toda missa de incienso,

y que de aquí nace el llamarlas en algunos lugares _el órgano de los

Zotes_, etymología que, á nuestro modo de entender, no carece de mucha

probabilidad.

22. Enfin llegó la hora del punto tan deseado, de subir al púlpito

nuestro Fray Gerundio. Dexamos á la prudente consideracion del pio

y discreto lector figurarse allá para consigo, con qué bizarría y

desembarazo saldria de la sacristía, precedido de quatro cofrades con

sus cabos de blandones, porque el mayor no llegaria á quarta y media;

de los dos Mayordomos con la insignia de sus varas; de quatro Clérigos

con sobrepellices y con su amigo Fray Blas, que, como diximos, quiso

hacer aquel dia los honores de Fray Juan, hasta dexarle en el púlpito;

con qué magestad subiria las gradas del Presbyterio, en cuyo número

están divididos los Autores, porque unos dicen que eran diez, otros

doce, y no falta alguno que se adelanta á assegurar que llegaban á

catorce, aunque todos convienen en que hay muchos Campanarios que

no tienen tantas; con qué autoridad reciviria la bendicion de su

Padrino el Licenciado Quixano, de quien es pública voz y fama, que

se enterneció un si es no es al tiempo de dársela; con qué despejo y

gravedad caminaria hácia el púlpito, haciendo inclinaciones con la

cabeza hácia todos lados, pero con especialidad hácia donde estaba el

banco de la Justicia y Regimiento, y el de la Cofradía; y finalmente,

con qué soberanía se presentaria en el púlpito, haciéndose primero

cargo del auditorio, con reposado desden, y despues hincándose de

rodillas.

23. Assí le dexaremos por ahora, miéntras se divierte la narracion y la

pluma á dar alguna noticia del theatro, para que camine mas holgada la

comprehension en la inteligencia del assunto.

24. Era la Iglesia de tres naves, aunque tan reducidas que, quando

entró en ella el Canónigo Don Basilio, dixo que bastaria llamarla de

tres botes: el Presbyterio y la capilla mayor, en missas de tres en

ringle, no sufrian mas ancas que los Ministros precisos del altar,

tanto que el facistol para cantar la Epístola y el Evangelio, era

menester colocarle fuera de su jurisdiccion. La nave principal era

tan estrecha que, quando concurrian la Justicia y Regimiento en un

banco, y alguna Cofradía en el banco opuesto, era obligacion precisa

del Sacristan dar á besar la paz[12] á un mismo tiempo á la Justicia

y á la Cofradía, lo que executaba fácilmente, yendo por medio de la

nave y llevando una paz en la mano derecha, y otra en la izquierda,

pues solo con abrir los brazos, y no muy extendidos, alcanzaba á uno y

á otro banco, de manera que á un mismo tiempo y en un mismo punto la

iban besando por su órden los que estaban sentados en entrambas bandas:

verdad es que lo que á las naves las faltaba de anchas, lo suplia

ventajosamente lo que las sobraba de largas, por lo que diria yo, con

la licencia del Señor Don Basilio, que la Iglesia era de tres Gabarras

Argelinas, ó de tres Galeras Turcas. A los piés de ella estaba el choro

alto, sin mas balustrado que un madero tosco y en bruto, que atravesaba

de arco á arco, con algunos palos á trechos, á modo de estacada, para

evitar que algun muchacho travieso se cayesse en la Iglesia y se

rompiesse la cabeza, que era el mayor daño que le podia suceder, porque

la elevacion era de pocas varas.

25. Como quiera que el Templo fuesse, ancho ó estrecho, largo ó breve,

esso no era de cuenta de nuestro Predicador, porque ni á él le tocaba

hacerle mas capaz, ni la estrechez de la Iglesia podia perjudicar un

punto la magnificencia del sermon, siendo ya cosa acreditada repetidas

veces por la misma experiencia, que en la Iglesia mas sumptuosa de la

Christiandad se puede predicar un sermon malo, y en una desdichada

ermita ó humilladero rural se puede predicar un excelente sermon. Lo

que hace á nuestro intento y á la immortal gloria de nuestro Fray

Gerundio, es que la Iglesia de Campazas, tal qual Dios se la deparó,

estaba toda de bote en bote y que, aunque cayesse (por comparacion) de

las mismas nubes un alfiler, lo que es al pavimento no podia llegar,

porque ó se quedaria en el tejado de la misma Iglesia, como es lo mas

natural, ó, caso de meterse por alguna rendija, boqueron ó gotera,

tropezaria en las cabezas del auditorio, y allí ó en el vestido pararia

sin duda, hasta que la Iglesia se fuesse desocupando.

26. Pero ya es tiempo de que volvamos á nuestro Fray Gerundio, que

le tenemos incomodado y puesto de rodillas por mas tiempo del que

se acostumbra, no sin grande impaciencia suya por tanta detencion,

especialmente quando estaba reventando, assí por salir de su cuidado

como por desplegar las velas del discurso, navegando viento en popa por

el mar de su mayor lucimiento.

27. Levantóse pues con bizarríssimo denuedo, volvió á hacerse

cargo de todo el auditorio con grave y magestuoso despejo, tremoló

successivamente sus dos pañuelos, primero el de color, con que se sonó

en seco, y despues el blanco, que passó por la cara _ad pompam et

ostentationem_; entonó su _Alabado_ con voz gutural y hueca; persignóse

espurriendo bien la mano derecha y teniendo con la izquierda la parte

anterior de lo que se llama muceta en la capilla; propuso el texto

sumisa, pero sonoramente, y dió principio á su sermon de esta manera.

Pero, salvo el mejor y mas acertado parecer de nuestros lectores, á

nosotros nos parecia mas conveniente hacer capítulo aparte, porque el

presente harto será que no sea ya muy prolixo.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2) · 第 22 / 48 题