CAPITULO V.

Dase cuenta de lo que passó en la mesa de Anton Zotes.

1. No es nuestro ánimo hacer una pomposa descripcion de la gran mesa,

ni referir el órden de assientos que guardaron entre sí los convidados,

ni mucho ménos dar al Lector una individual y menuda noticia de los

platos que se sirvieron en ella. Sobre que podria parecer á muchos una

prolixidad impertinente, no faltarian acaso algunos que la calificassen

de impropria ó de muy agena de aquella magestad, que debe reinar

siempre en esta gravíssima Historia, en la qual nunca pueden hacerse

lugar oportuno noticias que no sean de la mayor importancia; porque,

si bien no pocos Historiadores nos han dado en esto exemplos harto

perniciosos, haciéndole en las suyas á cosas asaz extravagantes y

ridículas, como el que se paró muy de propósito á tomar la medida á

las bragas de Calígula, haciendo una pintura de su corte y previniendo

con toda seriedad que se las atacaba con agujetas, y no con botones

ni corchetes, que era lo mas regular en aquel tiempo; y el otro que,

refiriendo aquel caso (cierto ó dudoso), quando el Rey Don Pedro el

Cruel se arrojó con la espada desnuda al rio Guadalquivir para matar

al Legado del Papa, que le havia excomulgado desde un barco que estaba

prevenido, y este se escapó á fuerza de remo; con cuya ocasion el bueno

del Historiador se entretiene muy despacio en medir los piés que tenia

el barco de largo, los que constaba de ancho, quantos eran los remeros,

de qué iban vestidos, sin omitir el color de las berritinas y con la

advertencia de que llevaban bordado de realze en ellas el escudo ó

las armas de Don Enrique Conde de Trastamara, hermano y competidor de

Don Pedro. Digo que estas y otras menudencias, que nos refieren los

Historiadores, son de aquellos exemplos mas admirables que imitables,

y que á nosotros nos ha parecido mas conveniente respetar con una

profunda veneracion, que empeñarnos en seguirles.

2. Fuera de que, haviendo hecho ya una puntual descripcion topográphica

de la casa de Anton Zotes á la misma entrada de esta nuestra verídica

Historia, con su figura, dimensiones y repartimientos, le será fácil

comprender á qualquiera Lector, (por escasa que sea la sagacidad de

que le haya dotado el cielo,) que dentro de la casa no era fácil

encontrar pieza cubierta capaz y proporcionada para tantos convidados;

porque la panera, que era la única que havia, estaba ya legítimamente

empleada en otro necessario destino, como lo dexamos advertido en el

capítulo tercero de esta segunda parte; y, aunque huvo votos de que se

desocupasse el pajar para poner en él las mesas, no lo consintió la

discrecion del Mayordomo: lo primero, porque era lugar indecente; lo

segundo, porque dar de comer á los convidados donde estaba la despensa

de lo que havian de comer las bestias, podia parecer pulla y era dar

assunto para que se sacassen coplillas y cantares; lo tercero, porque

donde se havia de echar la paja? lo quarto, porque todo el techo estaba

entoldado de telarañas; y lo quinto, finalmente, porque no havia otra

entrada para el pajar que el boqueron por donde se arrojaba la paja,

desde el qual hasta el pavimento havia mas de seis varas.

3. «Essa última enfecultad, dixo un compadre de Anton Zotes, que

assistia á la consulta, no me hace nenguna fuerza; porque con baxar

los Señores por la escalera de mano por donde baxan los mozos, quando

el pajar llega á las escurriduras, estaba todo acabado.» -- «Y como se

havia de servir la comida?» replicó el Tio Anton. -- «Como? respondió

el compadre; subiendo y baxando los servidores: y si no, con una

estratagema sótil que ahora me incurre. Havia mas de que estiviessen

dos mozos enriba del boqueron con dos erradas atadas á sus dos sogas, y

que por ellas subiessen y baxassen los pratos, que havian de recevir ó

enviar las mozas que estiviessen en baxo? Compadre, esta enfecultad no

vale nada: para las otras sí que no topo absolucion.»

4. Por todo lo qual es mas verisímil, que las mesas se dispusiessen

debaxo de aquel cobertizo que estaba delante de la primera puerta

interior de la casa, en frente por frente de la que caía á la calle,

del qual dimos puntual y exacta noticia en el capítulo primero del

libro primero pagª. _mihi_ 3 de esta circunstanciada Historia; y mas

haviendo para esso la congruencia de estar muy inmediata la cocina,

cosa que conduce mucho para que los platos salgan calientes á la

mesa, como lo notó sabiamente Monsieur Ferneyer, primer Cocinero de

su Alteza Real el Señor Duque de Orleans, en su docto tratado de

_el Cocinero á la moda_, capítulo segundo: _del sitio donde se debe

colocar la cocina_, ibi; _il faut mettre la cuisine le plus proche qui

sera possible de la chambre à manger, par la raison que les viandes

façonnées soyent mises dans la table avec le tempérament qu’il leur

faut_: palabras dignas de eternizarse en la memoria de todos y que

nos ha parecido conveniente traducir con la mayor fidelidad, para

que no se priven de ellas los que tienen la desgracia de ignorar la

lengua francesa. «Conviene, dice el docto Autor, que se fabrique la

cocina lo mas cerca que sea possible del quarto donde se come; y es la

razon, porque assí los platos saldrán á la mesa con el temperamento

con que deben salir»; esto es, (añade en su erudita nota el anónymo

Escoliador,) «ni mas frios ni mas calientes de lo que conviene.»

5. Por lo que toca al órden de assientos, es natural que huviesse

ocupado el primero en cabecera de mesa el Señor Magistral, como persona

mas digna, teniendo á sus dos lados al Padre Vicario de las Monjas y

al Canónigo Don Basilio, el qual quiso absolutamente que Fray Gerundio

se sentasse junto á él; pues, aunque por ser tan de casa le tocaba

ocupar los últimos assientos, y él por su modestia assí lo pretendió,

pero por novio (digámoslo de esta manera) convinieron todos en que le

correspondia sentarse de los primeros, y aún añadieron mas, que su

madre la Tia Catanla debia sentarse junto al hijo, para que comiesse

con mas gusto, y la buena de la Rebollo, sin hacerse de rogar, lo

executó luego assí. Los demas convidados tomaron sus assientos sin

preferencia personal, observando solo la de los estados, porque assí lo

dispuso el Familiar con mucho acierto, diciendo: «Señores, la Igresia

tiene ya enregrado el cirimonial; lo que se platica en las procisiones

hemos de platicar en esta mesa en gracia de Dios: primero los Flayres,

dempues los Señores Curas, detras los Legos, y á la trasera de todos

las mugeres, porque este ganado allá se entiende.»

6. No parece que llevó muy á bien este repartimiento el hermano

Bartholo, (assí se llamaba el Donado,) por lo qual dixo al Familiar:

«Hermano Sýndico, (éralo de su Convento,) si su Charidá no entiende

mas de cosas de Enquisicion que de assentaderas de mesa, dígole que

es un probe Menistro. La percision es percision, y la mesa es mesa,

y va tanta endiferiencia de la una á la otra, como de mí al Padre

Santo. Para sentarnos Flayres juntó á Flayres, estariámonos en nuestros

Conventos. Lo que yo he visto siempre en mesas de respeuto, (porque,

aunque probe y pecador, he comido con muchas personas que tenian

Señoría,) es que las Señoras se sentaban enjunto á los Flayres, y

los Flayres enjunto á las Señoras, siendo este un lobítico (levítico

queria decir) muy arregrado á concencia y á razon, porque por fin y

por postre todos tenemos faldas, y, como dixo el otro, _la variedad

es madre de la hermosura_. Y, para que su Charidá lo sepa todo, huvo

ocasion en que me mandaron sentar y comer junto á sí una Duquesa,...»

-- «Tambien yo he visto comer junto á otra, dixo el Familiar, á una

negra, á un enano y á una mona.» Iba á proseguir; pero un Religioso de

la misma Orden y del mismo Convento, que havia llegado aquella mañana,

le atajó diciendo: «Hermano Sýndico, no haga caso de esse simple, pues

ya le conoce: como no ha dicho missa, ni comulgado, harto será que esté

en ayuno natural. Lo dispuesto está bien dispuesto, y lo contrario ni

es modestia ni aún decencia religiosa. Si el Derecho canónico encarga

severamente, no solo á los Religiosos, sino aún á los mismos Clérigos

seculares, que huyan, en quanto les sea possible, de los públicos

convites: _convivia publica fugiant_; qué parecerá un Religioso en

un convite público, sentado entre dos mugeres, ó una muger entre dos

Religiosos?» No se atrevió á replicar el hermano Bartholo, y todos

tomaron sus assientos segun la prudente disposicion del sesudo Familiar.

7. Dióse principio á la comida, segun la loable costumbre de Cámpos en

mesas de Mayordomía, con un plato de chanfaina: huvo su cordero asado,

sus conejos, su salpicon, su olla de vaca, carnero, cecina, chorizos y

jamon, todo en abundancia, sirviéndose por postres aceitunas, pimientos

y queso de la tierra, suponiéndose que no solo andaba rodando por

las mesas el vino del Páramo, sino que el de la Nava hizo rodar por

aquellos suelos al cabo de la comida á mas de dos convidados. No fué

de este número el hermano Bartholo, porque no llegó á tanto la virtud

del específico; pero á lo ménos al quarto trago (que hay opiniones se

completó al acabar el plato de chanfaina,) no pudo llevar en paciencia

tanta gravedad, mesura y silencio, como se observaba en la mesa, sin

hacerse cargo de que assí comienzan por lo regular todos los convites

que acaban en bulla, algazara y aún locura, segun aquel apophtegma:

_primero, silentium_; _secundo, stridor dentium_; _tertio, rumor

gentium_; _quarto, vociferatio amentium_. Pero, como el Donado no

entendia latin, no le paró perjuicio la ignorancia de esta sentencia;

y, queriendo desde luego alegrar la funcion, tomó en la mano un vaso

de buen portante, encaró con la Tia Catanla, y, diciendo en alta voz

_Bomba_![16] para llamar el silencio y la atencion, rompió en esta

disparatadíssima décima, que assí la llamó él:

_O tú, Catanla Rebollo,_

_Madre de este scientífico repollo,_

_Eres la Madre mas dichosa_

_De quantas han parido alguna cosa._

_La fama, con su clarin y retintin,_

_Hará que llegue tu gloria_

_Desde Campazas hasta Victoria;_

_Y es lástima, como dicen estos Señores,_

_Que no paras una camada de Predicadores._

8. Aplaudióse infinito la décima con repique universal de vasos y de

platos, siendo como la señal de acometer, pues desde aquel punto todo

fué bulla, zambra y algazara, tanto que se atropellaban unos á otros

los bríndis y las coplas. El Canónigo Don Basilio, que no deseaba

otra cosa para soltar la rienda á su festivo humor y á su admirable

facilidad en el decir, tomó el vaso, gritó _bomba_, callaron todos, y

dixo assí:

_Yo no he oído sermon tal,_

_Ni se oyó de polo á polo;_

_La décima de Bartholo_

_Solo puede serle igual._

_Está mi juício neutral;_

_Y tanto el cotejo aprieta_

_Entre una y entre otra veta,_

_Que es la salida mejor,_

_Que uno es tan grande Orador_

_Como el otro gran Poeta._

9. Solo el Magistral, algunos de los Religiosos, y tal qual Clérigo,

á los quales se añadió el socarron y cortezudo Familiar, entendieron

lo ladino de la decimilla; los demas se la tragaron como sonaba, y

especialmente á los dos interessados los hizo muy buen provecho, porque

el Donado se esponjó visiblemente, y Fray Gerundio, que entendia

tanto de versos castellanos como de sermones, quedó muy agradecido.

El Familiar, hombre en extremo veraz y que no podia dissimular lo que

sentia, dixo con mucho gracia: «Mal año para los que me quieren mal,

si la coplilla no abrasa. Ella se me assemeja á lo que me respondió

un Flayre muy taimado, á quien le pregunté qual de dos hermanos mios,

tambien Flayres, que vivian en su Convento, era mejor estudiante, y él

me respondió: Ambos son peores.»

10. El Predicador Fray Blas, que havia callado hasta entónces, no pudo

llevar en paciencia la pulla del Señor Familiar, y, como él se picaba

tambien de Poeta, y en realidad era de aquellos Poetillas en cierne,

que saben de lo que consta un verso, y toda la gracia la ponen en

equivoquillos insulsos y pueriles, desembainó al punto su décima y,

mirando de hito en hito al Familiar, habló de esta manera:

_El sentido singular_

_En que el Familiar se explica,_

_Aunque repica, no pica,_

_Que es estilo familiar._

_A Fray Gerundio alabar_

_No me toca, sí al Donado,_

_El qual digo de contado_

_Que, si es bueno, es lo mejor;_

_Pero será hombre mayor,_

_Como sea Mal-Donado._

11. Aturrullóse el Familiar, y se quebraron algunos vasos y aún platos

en fuerza de los repiques con que fué celebrada la décima de Fray Blas;

especialmente quatro Curas del Páramo quedaron assombrados, porque

aquello de _pica_ y _repica_, _Familiar_ y _familiar_, _buen Donado_ y

_Mal-Donado_, los aturdió verdaderamente, pareciéndoles que era hasta

donde podia llegar el ingenio humano. Conociólo Don Basilio y, para

burlarse de los Curas tanto como del Poeta, prorumpió al instante en

estas dos quintillas:

_Tus equívocos, Fray Blas,_

_Nos admiran, como soy;_

_Mas perdonen los demas,_

_Porque yo admirado estoy_

_Que no sean muchos mas;_

_Pues tu ingeniosa cabeza_

_Se equivoca sin preludio,_

_Con tal primor, tal destreza,_

_Que lo que parece estudio_

_Es en tí naturaleza._

12. Tragósela Fray Blas, teniendo por lisonja la satyrilla; y,

pareciéndole á Fray Gerundio que era obligacion suya corresponder á los

elogios que se dedicaban á su amigo, (ya que á este no se lo permitia

la modestia,) quiso tambien sacar los piés de las alforjas poéticas;

pero, como no tenia uso, le costaba mucho trabajo: esto se entiende

para encontrar los consonantes, pues, por lo que toca á los piés, no

hallaba dificultad en sacarlos ajustados, por lo mucho que le gustaba

el estilo cadencioso. Pero salió felizmente del empeño, acordándose en

aquel punto de una décima, que se atribuye á Don Francisco de Quevedo,

quando estaba preso en San Márcos de Leon, y dicen la compuso á un

Canónigo de aquella santa Iglesia, que se intitula _Santa María de

Regla_, el qual era gran copleador, pero muy poco assistente al choro.

La décima decia assí:

_La Musa de mi compadre_

_Con efecto es Musa bella_

_Y, si no es Musa doncella,_

_Es en cambio Musa madre._

_No hay cosa que mas le quadre,_

_Porque ya es baza assentada_

_En soltera y en casada,_

_Como Hipócrates lo arregla,_

_Que, si falta la regla,_

_Parirá ó está preñada._

13. Dissimuló Don Basilio la insulsez, y aún afectó celebrarla como la

mayor agudeza, para tomar ocasion de volver á la carga en los aplausos

de Fray Gerundio; pero lo suspendió, porque á este tiempo tocó al vaso

el Padre Vicario, haciendo señal de _bomba_. Callaron todos, y él,

despues de calzarse mejor los anteojos, componer el becoquin, desahogar

el pecho, empuñar el vaso y mirar con gravidad y con desden ázia todas

partes, dixo assí con mucho remilgamiento:

Octava rima.

_Sermones oí sí, de circunstancias,_

_Pero tan circunstanciados como este_

_Ni Soto, ni Fray Fiel, ni Fray Ganancias,_

_Ni el mismo D. Juan Lobo el Arcipreste._

_Cotilla tiene mil extravagancias,_

_Son de Guerra los dichos una peste;_

_O Gerundio, Orador siempre divino!_

_No eres Gerundio no, sino Supino._

14. Un poco se paró el Canónigo Don Basilio al oir esta octavilla,

que no le pareció del todo despreciable, y como que concibió un poco

de respeto al Padre Vicario, teniéndole por poeta mas que de mesa de

Cofradía; porque, si la octava era irónica, mostraba ingenio, buena

crítica y bastante travesura: no obstante, le quedó algun escrúpulo de

que el Padre Vicario hablaba en todos sus cinco sentidos, porque sus

modales, su aire presumido y su afectado remilgamiento le daban no sé

qué tufo de que tambien era de los Predicadores del uso, y que debia

de ser un poco mas innocente de lo que parecia. Para sondearle pues,

le dixo con su acostumbrada picaresca: «Padre Maestro, á excepcion del

Señor Magistral y de estos Reverendíssimos, todos los demas que estamos

en la mesa somos algo legos, aún inclusos los de corona; pues ya sabe

vuestra Reverendíssima, que tambien hay Eclesiásticos de capa y espada.

No entendemos de mas libros que el Breviario, y aún esse sabe Dios si

le entendemos; con que no podemos hacernos cargo de quienes son essos

Autores, que vuestra Reverendíssima ha citado en su eruditíssima

octava, que por todos sus piés está chorreando alusiones exquisitas.

Sin duda que debieron ser los Príncipes de la Oratoria Española, quando

vuestra Reverendíssima los trahe á colacion, para cotejarlos con el

Reverendíssimo Padre Maestro Fray Gerundio.»

15. -- «Y como que lo son, Señor Canónigo, respondió con gran tiesura y

pomposidad el Padre Vicario. A lo ménos en mi pobre juicio, hasta que

oí al Padre Fray Gerundio, no hallé quien los excediesse, y aún puedo

añadir que no sé si encontré quien los igualasse, especialmente en

tocar con el mayor primor y delicadeza las circunstancias mas menudas,

que por lo mismo son las mas preciosas.»

16. «El primero, en un sermon á cierta funcion de jubiléo, concedido

nuevamente por su Santidad, queriendo hacerse cargo á un mismo tiempo

assí del nuevo jubiléo, como de un esquilon nuevamente fundido, que

pocos dias ántes se havia colocado en el campanario de la Iglesia,

traxo oportunamente aquello de _Ecce nova facio omnia_, y añadió

immediatamente lo otro de _Laudate eum in cymbalis jubilationis,

laudate eum in cymbalis bene sonantibus_. Los textos son comunes, no lo

niego; pero la aplicacion fué singular y pasmosa.»

17. «Al segundo no se le escapó la rara circunstancia de haverse puesto

peluca por la primera vez en el mismo dia de la funcion el Mayordomo

de la fiesta, á que predicaba; y, haviendo hecho una bizarra pintura

de los cabellos de Absalon, dixo que su padre David mandó que se los

cortassen, luego que tuvo noticia de su infausta muerte, quando quedó

colgado de ellos; y, dando órden para que de los mismos cabellos le

hiciessen una cabellera rizada, se la puso el mismo dia en que fué

bailando delante del Arca; para cuya exquisita erudicion citó el sabio

orador al célebre Rabí Akádos, y no sé qué passage del Talmud, que

venia muy á pelo.»

18. «El tercero tuvo presente que la noche ántes de la funcion havia

parido un niño muy rollizo la Mayordoma, á la qual llamaban en el

lugar _la Princesa_, (no se sabe si por sátira ó por mote,) y con la

mayor gracia y primor imaginable se le ofreció de repente encaxar en

la salutacion aquel oportuníssimo lugar de _Puer natus est nobis, et

filius datus est nobis_; _factus est principatus super humerum ejus_;

cosa que aturdiria á todos quantos la oyessen y que, desde que yo la

leí, no he dexado de admirarla.»

19. «El quarto...» Iba á proseguir el Padre Vicario; pero le atajó

el Canónigo, diciéndole: «Padre Maestro, no se canse vuestra

Reverendíssima, que por el hilo se saca el ovillo, y sobra lo dicho

para que yo conozca con quanta razon, con quanto candor y sinceridad

religiosa celebra vuestra Reverendíssima á essos Heroes de nuestra

Oratoria Española. De el quarto ya tengo yo alguna noticia, desde que

leí un epigrama de Horacio, que le aplicó un mal hablado con ocasion

de no sé qué sermon que predicó satirizando á otro de su paño, cuyos

aplausos parece que no le sonaron bien; y el bellacon del deslenguado,

(Dios me lo perdone!) aludiendo á que el tal Orador debia de ser corto

de persona, pero presumido de hombre grande y de lindo, dixo por

bufonada:[17]

_Bellus homo et magnus vis idem, Cotta, videri,_

_Sed qui bellus homo est, Cotta, pusillus homo est._»

20. «Pero ahora dígame vuestra Reverendíssima: qué es lo que quiso

decir en el último concepto de su admirable octava, conviene á saber

_que nuestro inimitable Orador ya no es Gerundio, sino Supino_? Porque,

si es lo que comprende mi malicia, harto será que esto ceda en el mayor

elogio suyo.» -- «Señor Canónigo, respondió, no sin alguna seriedad, el

Padre Vicario; yo no sé lo que su malicia de vuestra Merced comprende

ni dexa de comprender, porque no soy amigo de meterme en malicias

agenas. Lo que sé es, que la inteligencia de aquel concepto está clara:

el supino es lo último á donde puede llegar todo verbo, y no puede

passar de allí. Véalo vuestra Merced, si no: _amo_, _amas_, _amat_,

_amare_, _amavi_, _amatum_; _doceo_, _doces_, _docet_, _docere_,

_docui_, _doctum_; _lego_, _legis_, _legit_, _legere_, _legi_,

_lectum_: _lectum_, _amatum_ y _doctum_ son el supino de estos verbos,

los quales todos paran en él; y no hay que andar dándole vueltas, que

no me señalará vuestra Merced ni siquiera un verbo que dé un passo

mas adelante. Pues ahora está ya claro lo que quiero decir, y es que,

assí como el supino es el _non plus ultra_ de los verbos, assí el

Reverendíssimo Fray Gerundio (al decir esto hizo ademan de quitarse

el becoquin por respeto y reverencia,) es el _non plus ultra_ de los

Predicadores.»

21. -- «Tambien lo es vuestra Reverendíssima de los Poetas agudos,

respondió el taimado de Don Basilio, y apuesto á que ningun ingenio

daba en la genuína significacion del pensamiento, si vuestra

Reverendíssima no nos huviera hecho la honra ó, por hablar al uso,

no huviera _tenido la bondad_ de explicárnosle. Lo que es el no

entenderlo! Como yo havia leído, no me acuerdo donde, que en latin á

un hombre tardo, rudo y que todo lo trastorna, se le llama un hombre

_supino_, y tambien se aplica este significado á los perezosos,

haraganes y galbaneros, que todo el dia se están, como se dice, _con

la panza al sol_, confiesso que me sobresalté algun tanto, quando oí

el acabamiento de la octava, y, pareciéndome que podia ser pulla, ya

estaba con la Musa en ristre para volver por el decoro de nuestro

incomparable Orador, al qual, sin hacerle injusticia, no se le podia

aplicar el epítheto de _supino_ en ninguno de los significados que yo

le atribuía; porque ni tiene nada de haragan ó perezoso, siendo la

misma laboriosidad, ni mucho ménos se le puede llamar tardo ó rudo de

ingenio, pues yo no le he conocido hasta ahora mas delicado, como lo

acredita cada rasgo del sermon que acabamos de oírle.»

22. «Confiesso que el _supino_, en este sentido, lo soy yo, pues no

caí en una significacion que se estaba viniendo á los ojos; tambien

declaro, para descargo de mi conciencia y para mayor confusion mia,

que ya no me parece el nombre de _Gerundio_ tan propio y tan adequado

á los méritos del Padre Predicador, como lo seria el de _Supino_.

Antes de haver oído la erudita, ingeniosa y cabal explicacion de su

significado, juzgaba yo que no havia en toda la _Nomenclatura_...

llámase assí, Señora Catanla, (porque somos deudores á todos,) aquel

vocubalario, almagacen ó despensa, de donde se sacan los nombres

propios... que no havia, vuelvo á decir, en toda la Nomenclatura otro

nombre mas ajustadito al talle de nuestro gran modelo de Predicadores

que el de _Gerundio_, porque los gerundios son los que dan á conocer el

carácter de los sugetos con quienes tratamos. Y assí, á un hombre de

condicion altiva, furiosa y arrebatada le llamamos hombre _tremendo_;

á un Religioso grave, autorizado y respetable le damos el título de

Padre _Reverendo_; á uno que sea maligno, dissoluto y contagioso, y mas

si está públicamente excomulgado, le distinguimos con el arrimadizo de

_vitando_; y sabe ya el docto, que _vitando_, _tremendo_ y _reverendo_

son tan gerundios en nuestra lengua, como lo son en la latina

_cœnandus_, _prandendus_, _potandus_.»

23. «Esto supuesto, desde que tuve la dicha de conocer, tratar y

oir al Padre Fray Gerundio, discurria yo assí: Este es un hombre

verdaderamente _admirando_, _estupendo_, _preconizando_ y _colendo_,

los quales todos son legítimamente gerundios, ó no los hay en el

mundo. Luego se le puso el nombre de Gerundio con la mayor propriedad

imaginable. Pero, desde que oí á vuestra Reverendíssima, digo y vuelvo

á decir que harto mejor le quadraba el de _Supino_, porque esse es

mucho mas cosa; y esto se entienda sin perjuicio de los aciertos y de

la discrecion del Señor Licenciado Quixano, su digníssimo Padrino, que

fué quien se le puso.»

24. El buen Licenciado, que en toda la comida havia cerrado la boca,

pero tampoco la havia abierto para hablar palabra, sino parte para

comer y parte para admirar los grandes elogios, que á su modo de

entender se havian dicho en la mesa de su querido ahijado, solamente

respondió: «Señor Don Basilio, yo soy un pobre Clérigo, que no

entiendo de essas honduras: algo estudié de gerundios y de supinos,

pero jamas me metí en qual era mas, qual era ménos, porque no soy amigo

de revolver huessos, que al fin son cosas odiosas. Si á Fray Gerundio

le puse este nombre y no otro, mis razones me tuve, que no hé menester

decir á nadie; lo que podré assegurar á vuestra Merced es, que mi

ahijado, allí donde vuestra Merced le ve, tan conocido ha de ser en

el mundo con el nombre de Gerundio, como puede haverlo sido qualquier

Supino que haya nacido de mugeres.»

25. -- «_Bomba_, dixo á este punto el hermano Bartholo, que essa ya es

endemasiada prosa; se va acabando la mesa, y entodavía no hemos dicho

una palabra al Señor Mayordomo. Allá va á Dios y á dicha.» Callaron

todos, y él soltó esta disparatadíssima chorrera de desatinos:

_Carlo-Magno y todos los doce Pares_

_Fueron, o Anton Zotes! en tu comparanza_

_Como el dedo meñique á respeuto de tu panza,_

_Y como dos pajitas enjunto á dos pajares._

_No venciste al Gigante Fierabras,_

_Pero hiciste mucho mas,_

_Quando por tu endustria vino al mundo_

_Esse pozo de cencia, tan profundo_

_Como la noria de mi Convento,_

_Que tiene mas de mil brazas, y aún mas de ciento._

_Si no fuera por tí y por la Tia Catanla tu consorte,_

_No meteria Fray Gerundio tanto ruido en la Corte,_

_Donde la Reina, el Rey, el Papa y los Cardenales,_

_Los Duques, los Marqueses, y hasta los mismos Provinciales_

_Le celebran á porfía;_

_Que dicen que es una bataola, una algarabía._

_Si el árbol se conoce por el fruto,_

_Como dixo un Theólogo llamado Márcos Bruto,_

_El qual añadia que aún por esso_

_Las grandes camuesas endican un gran camueso;_

_Qué árbol serás tú! Qué nobre tronco!_

_Solo de imaginarlo me pongo ronco._

_La Fama_

26. -- «Basta, hermano Bartholo, basta,» le interrumpió el Magistral,

que ya no podia aguantar mas tanto disparate, y, aunque havia

dissimulado su mal humor todo lo possible por no desazonar la funcion,

apurada ya la paciencia, se levantó de la mesa con pretesto de ir á

dormir la siesta, haciendo lo mismo todos los demas convidados, á

excepcion de Don Basilio, el Padre Vicario, Fray Blas, Fray Gerundio,

el Familiar y el Donado, que se quedaron de sobre mesa, donde passó lo

que dirá el capítulo siguiente.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2) · 第 24 / 48 题