6. «Exemplos de el estilo hinchado en las palabras y en el sentido.
El Poeta Nono hace decir á el Gigante Typhon lo que se sigue: _No
pararé hasta montar á cavallo sobre mi Hermano el Cielo; pero, en
llegando allá, tengo de fabricar otro Cielo, ocho veces mas grande que
el antiguo, porque en este no quepo yo. Assí mismo he de hacer que se
casen las Estrellas, para que sea mas numerosa la poblacion de los
Astros. A Mercurio le he de poner en un cepo, y á la Luna la reciviré
por moza de cámara, para que haga las camas. Quando me quiera lavar,
mandaré que me echen en una palangana todo el Erídano celestial_, etc.
Cada pensamiento es una locura, y cada expression una arrogancia.»
7. «=Segundo Vicio=: _Estilo cacozelo_.» -- Algo se sorprehendió F.
Gerundio, quando leyó esta expression, que le pareció mal sonante y
_piarum narium offensiva_, pero luego se sossegó con la explicacion que
se seguia en esta conformidad.
8. «Llámase estilo _cacozelo_ aquel estilo afectado, que consiste en
imitar mal las palabras ó los pensamientos del otro, de manera que las
que en una parte están en su lugar y tienen alma, en otra no pueden
estar mas dislocadas ni ser mas frias. Exemplos: Pintó Parrasio á un
muchacho con un canastillo de uvas, tan vivas estas y tan naturales que
engañados los páxaros baxaban á picarlas. Celebróse mucho esta pintura;
y el mismo Parrasio, ó por modestia verdadera ó por hacer burla de los
que la celebraban, notándolos de poco inteligentes, dixo que la pintura
no podia estar peor; porque, aunque las uvas fuessen verdaderas, si el
muchacho estuviesse bien pintado, no se arrimarian los páxaros á ellas.»
9. «Leyó un Rhetórico pedante, llamado _Espiridion_, este hecho y este
dicho y, ofreciéndosele celebrar otra pintura del mismo Parrasio,
colocada en el templo de Minerva, en la qual se representaba el
cuerpo de Prometheo en el monte Cáucaso, continuamente despedazado
de un buitre, y continuamente reproducido, para que le estuviesse
perpetuamente despedazando; despues de muchas ponderaciones sobre
la horrible propriedad de la pintura, dixo por última exageracion,
queriendo imitar la de las uvas, que _hasta en el mismo templo baxaban
los buitres á encarnizarse en el retrato_. Riéronse con razon los
oyentes de un remedo tan frio como improprio; porque los buitres no son
como las golondrinas, los morciélagos y las lechuzas, que saben muy
bien lo que passa en los templos; aquellos solo pueden dar noticia de
lo que sucede en los montes y en los peñascos.»
10. «Otro exemplo: Dió principio un célebre Orador al sermon de honras
de Phelipe IV. con esta emphática expression: _Con que, en fin, hasta
los Reyes mueren!_ y paróse un poco, dando lugar á que el auditorio
reflexionasse sobre ella. Fué sumamente aplaudida la naturalidad y la
elevacion de este mysterioso principio. Pocos dias despues pronunció la
oracion fúnebre del Capiscol de cierta Iglesia un Predicadorcillo y,
queriendo remedar lo que havia oído aplaudir, comenzó de esta manera:
_Con que, en fin, hasta los Capiscoles mueren!_ Fueron tales las
carcajadas del auditorio, que el Orador no pudo proseguir mas adelante,
y los que comenzaron honras acabaron entremes.»
11. «=Tercer Vicio=: _Estilo frio_. Es en parte parecido al _cacozelo_
ó á el remedador, pero se diferencia en que el frio principalmente
consiste en pensamientos nuevos, estraños, peregrinos y, cuando se
llegan á apurar, insulsos. Tal fué el de Hegesias, insulsíssimo
Sophista, en el Panegýrico de Alexandro, quando dixo, que se havia
abrasado el celebérrimo templo de Diana en Epheso, al mismo tiempo que
Olympias estaba pariendo á aquel Príncipe, porque, ocupada la Diosa en
assistir á este parto, no pudo acudir á apagar el fuego de su templo.
Pensamiento tan frio, añade Plutarco, que él solo bastaba para apagar
el fuego. _Huius epiphonematis tantum est frigus, ut id ipsum ad
Ephesii templi incendium restinguendum satis validum fuisse videatur._»
12. «A esta frialdad de estilo están muy expuestos aquellos
Predicadores que se entregan inmoderadamente al sentido alegórico de
la Sagrada Escritura. Usado este sentido con economía, con eleccion y
con prudencia, como le usaron los Santos Padres, es ameno, oportuno
y provechoso; pero en practicándole con excesso y á pasto, no hay
cosa mas fria, que mas fastidie ni que ménos se pegue. Quien podrá,
por exemplo, tolerar que perpetuamente le anden predicando estas ó
semejantes interpretaciones: _El pórtico de Salomon es la conversacion
de Christo_; _la estrella Arcturo es la ley_; _las Pléyades, la gracia
del nuevo Testamento_; _las Luces,[4] los consejos de los Santos
Padres_; _las Grullas, los Padres espirituales_; _el Zéfiro, los
Predicadores de la ley evangélica_; _la Perdiz, el Diablo_; _y los
Cínifes, los Lógicos ó los Sophistas_. Passen en buen ora todas essas
alegorías: pero, quien no se empalaga, quando llena las orejas de
ellas?»
13. «=Quarto Vicio=: _Estilo pueril_. Consiste este en una suavidad
sin xugo, en una dulzura empalagosa, en unas palabras y expressiones
afeminadas, en retruecanillos sin substancia, en juegos ó en paloteados
de voces, en equivoquillos, en ternuras afectadas, en alusiones
cariñosas, en ciertas figurillas alegres y floridas, en pinturillas
theatrales, y finalmente en todo lo que suena á estilo cadencioso ó
clausulado. Por lo regular solo usan de este estilo los entendimientos
aniñados ó los que están posseídos de la loca passion del amor;
porque, acostumbrados á leer en los Romancistas requiebros, ternuras,
alhagos, rosas, azucenas y claveles, y hechizados de los conceptillos
que lisonjéan su passion, juzgan que no hay cosa mayor ni mas divina.
De este principio nacieron aquellos versos que compuso el Emperador
Adriano, dirigidos á su alma, como quieren unos, ó á la del jóven
Antínoo, de quien estaba extremamente enamorado, como quieren otros:
_Animula vagula, blandula,_
_Hospes comesque corporis,_
_Quæ nunc abibis in loca_
_Pallidula, rigida, nudula,_
_Nec, ut soles, dabis jocos!_»
14. «Vaya una pintura en el mismo estilo pueril, copiada á la letra
de cierto sermon que anda impresso: _Quiere el águila, hydrópica de
luz, beber al Planeta mas propicio la impetuosa corriente de su raudal
fogoso: navega por el mar del viento, sirviendo de seguros remos la
ligereza de sus alas. Nunca vuelve los ojos al suelo, porque siempre
los tiene fixos en el flamante globo. Si dexó amenidades de los
vergeles, domina campos azules; si la tierra con verdores la lisonjéa,
el sol con benévolas influencias la halaga. Lleva pendiente de su pico
ó prisionera en la estrecha cárcel de sus garras á su prole hermosa y
tierna: mírala con desvelo, atiéndela con cuidado, registra sus ojos,
repara sus movimientos. Pero si ella, ó embriagada de luces ó ciega
de resplandores, vuelve el rostro, encorva el cuello, ó pestañéan
sus dos pequeños orbes declinando en cobardes timidezes, la despeña
con ira, la precipita con rabia y, arrojándola de las nubes, la
destina para pasto de crueles voracidades. Mas, si amante de aquella
mayor antorcha, alada Clicia de su incessante carrera, enamorada
de su esplendor, apassionada de su brillantez, conserva estable la
vista aguantando el tropel de tantas llamas, en plácidos ademanes
la expressa mas intensos sus amores, siendo prueba de su legítima
filiacion el sympático afecto á la claridad._ -- Pintura pueril, donde
no se encuentra ni un solo pensamiento masculino ni un solo concepto
nervioso y varonil, reduciéndose toda ella á figurillas comunes y á
metáphoras vulgares; porque, en quitando aquello de llamar al sol _el
Planeta mas propicio_ ó _la mayor antorcha_, á sus rayos _corriente de
raudal fogoso_, al Cielo _flamante globo_, á los ojos _dos pequeños
orbes_, no queda mas fuego ni mas substancia que clausulillas cortadas,
antíthesis ridículas, y repeticion de frases para explicar un mismo
concepto. Y, quando el Autor dixo que, _si el águila dexó amenidades
de los vergeles, domina campos azules_, debió sin duda de pensar que
las águilas aniden en jardines y en florestas, como los ruiseñores y
canarios; porque, si supiera que las águilas tienen siempre su nido
en los sitios mas horrorosos de la naturaleza, buscando unas veces
la cima, y otras el hueco de algun peñasco escarpado, no diria el
disparate de que _dexaba amenidades de los vergeles_, y huviera buscado
otra antíthesis mas propria para acompañar á su dominacion sobre _los
campos azules_.»
15. «=Quinto Vicio=: _Estilo parenthyrso_. Llámase assí aquel modo de
predicar descompuesto, desentonado y furioso, en que el Predicador mas
parece un orate que un Orador: todo gritos, todo exclamaciones, todo
ponderaciones intolerables, todo gestos, todo contorsiones del cuerpo,
todo movimientos convulsivos, y todo figuras magníficas y grandiosas,
para explicar las cosas mas baxas y mas ridículas. Dase con mucha
propriedad el nombre de _parenthyrso_ á este estilo, por alusion al
thyrso ó garrote nudoso, cubierto de hojas, que se usaba en las fiestas
bacanales, con el qual se sacudian de garrotazos unos á otros los que
las celebraban, como si estuvieran locos; porque en realidad no hay
cosa que mas descalabre ni que mas rompa la cabeza, que este estilo ó
este modo de predicar.»
16. «No es menester citar exemplos para conocer este estilo, porque
bien freqüentes los tenemos á la vista, especialmente en sermones
de Quaresma, que llaman _de mission_, quando los predican ciertos
Predicadores visoños, llenos de zelo, pero faltos de experiencia y
no sobrados de juicio. Suélense reducir sus sermones á pasmarotas, á
interrogaciones impertinentes, á exclamaciones importunas, á voces
descompassadas, y á una continua agitacion del cuerpo tan violenta,
que al acabar el sermon quedan mas quebrantados y mas molidos que si
huvieran estado cavando todo el dia; y, miéntras ellos se retiran muy
satisfechos de su travajo, la mayor parte del auditorio se va riendo de
su bobería ó compadeciéndose de su locura.»
17. «Suelen estos en el discurso del sermon llorar, encenderse,
enojarse, irritarse, invocar á el Cielo y á la tierra lo mas
importunamente del mundo; y lo mas gracioso es que, quando dicen las
cosas mas comunes ó mas frias, pareciéndoles que tienen ya al auditorio
comovido, dicen con la mayor satisfaccion: _Pero ya veo que se os
despedazan las entrañas, ya veo que se os parte el corazon, ya veo que
corren hasta el suelo vuestras lágrymas_. Y lo que hay en el caso es,
que miéntras tanto los oyentes están con los ojos muy enjutos, con el
corazon entero, y con las entrañas frescas y sanas salvo que se les
despedacen de risa.»
18. «=Sexto Vicio=: _Estilo escolástico_. Incúrrese de varias maneras:
ó quando el sermon mas parece una disputa que una oracion, por las
pruebas, por la confirmacion, por los argumentos, por las respuestas
y por las réplicas; ó quando en el discurso de él, aunque por lo
demas tenga mucho de aire oratorio, se introducen freqüentemente
sylogismos formales con su mayor, menor y conseqüencia; ó quando se
citan, con excesso y con afectacion de sabios, puntos controvertidos
en la escuela, con aquello de: _dicen los Philósophos_, _enseñan los
Theólogos_, _sabe el Maestro_, etc. Incurren por lo comun en este vicio
tres géneros de gentes: los Predicadores demasiadamente mozos, que aún
están, como se dice, con _el vade en la cinta_; los demasiadamente
viejos, encanecidos en las Aulas y en las Universidades; y aquellos,
assí viejos como mozos, que por su profession ó instituto no pueden
lucir sus estudios escolásticos en theatros públicos, destinados para
esso, y escogen el púlpito para hacer importuna ostentacion de ellos.»
19. «Tambien se llama _estilo escolástico_ el de aquellos Oradores tan
supersticiosamente aligados á las leyes y reglas de la oratoria, que
ántes quebrantaran todos los preceptos del Decálogo que faltar al mas
mínimo cánon de la rhetórica. Estos tienen gran cuidado de que todo
el artificio se descubra de par en par: el exordio, la proposicion,
la division, las pruebas, la exornacion, el epílogo, y de ir midiendo
las figuras como con un compas, distribuyéndolas y repartiéndolas en
sus caxoncillos y quadrados, como tablero de damas. No hay cosa mas
insufrible ni mas fastidiosa que una composicion tan arreglada: hasta
el gesto y el tono de la voz, el movimiento del cuerpo y las acciones
de las manos, ponen el mayor estudio en que salgan á nivel. Con mucha
gracia se burlaba de ellos Demósthenes, quando decia, que no creía
pendiesse la fortuna de la Grecia de que la mano se moviesse hacia aquí
ni hacia allí: _fortunas Græciæ ex eo non pendere, an manum in hanc vel
in illam partem inflexeris_. Este es aquel estilo que por otro nombre
se llama tambien _pedantesco_.»
20. «=Séptimo Vicio=: _Estilo poético_. Dice Theophrasto, y ya
convienen todos en ello, que es sumamente útil al Orador exercitarse en
la lectura de los mejores Poetas, especialmente cómicos y trágicos, y
aún añade Dionysio Halicarnasseo que no puede ser perfecta una oracion,
si no es muy parecida á un buen poema.»
21. «La verdadera inteligencia de esta regla, que tambien la adoptan
Ciceron y Quintiliano, es la que dan ellos mismos. Dice Ciceron, que
el Orador ha de aprender del Poeta á hablar con número y con medida;
pero no con aquella medida que hace el verso, porque esse es vicio de
la oracion, _nam id quidem orationis est vitium_, sino con aquella
medida que causa en los oídos cierta harmonía llena y numerosa, siendo
cierto, que es numeroso todo lo que suena bien; por esso dixo un
discreto, que para hacer buena prosa era menester tener buena oreja.»
22. «Quintiliano explica mas la materia y dice, que el Orador debe
aprehender de el Poeta la elevacion del concepto, la viveza de la
expression, el imperio y la mocion de los efectos, la propriedad y el
decoro de las personas, pero advierte, que no ha de passar de aquí
y que no debe imitar al Poeta ni en la arrogancia y libertad de las
palabras, ni en la licencia de las figuras, ni en la forzosa medida
de los piés: _Meminerimus tamen non per omnia Poetas Oratori esse
sequendos, nec libertate verborum, nec licentia figurarum, nec pedum
necessitate_.»
23. «Por no entender bien esta regla ó por entenderla al rebés, han
caído tantos Historiadores y tantos Oradores en el intolerable vicio
de el estilo poético, tomando de los Poetas lo que debieran huir, y
huyendo de lo que debieran tomar: de la sublimidad del pensamiento, de
la valentía y magestad de la expression, y de el divino fuego con que
inflama los afectos, nada absolutamente; pero de sus enthusiasmos, de
sus frases floridas y pomposas, de sus figuras arrebatadas, y de las
medidas de sus piés, absolutamente todo, sin faltarles mas que las
rimas ó los consonantes.»
24. «Quien ha de tener paciencia para oir á un Orador sagrado, que
desde toda la grave magestad del púlpito pinta á un leon de esta
manera: _Mirad esse coronado monstruo de la selva, dominante terror de
la campaña; atended como eriza la melena, como afila el acero tajante
de las uñas, como furioso acomete, como estremeciendo ruge!_ -- _Da
pedes, et fient carmina_: no le faltan mas que los piés para ser verso;
pero ni aún los piés le faltan, porque aquello de _coronado monstruo
de la selva, dominante terror de la campaña, atended como eriza la
melena_, son tres piés cabales de verso heróico, y lo otro de _como
furioso acomete, como estremeciendo ruge_, son dos piés muy ajustados
de verso lýrico.»
25. «Amiano, Enodio y Sidonio Apolinar fueron los que introduxeron esta
peste, y con ella inficionaron las quatro partes de el mundo: para
decir Amiano que una injusta y cruel guerra abrasó á toda la ciudad,
se explica con estas poéticas frases: _Cumque primum Aurora surgeret,
universa quæ videre poteram armis stellantibus coruscabant ac ferreus
equitatus campos opplebat et calles; sæviens per urbem æternam urebat
cuncta Bellona, ex primordiis minimis ad clades duda luctuosas, quæ
obliterasset utinam juge silentium_: Apénas la Aurora havia dexado el
lecho y pude con su luz descubrir lo que passaba, quando ví, que toda
la campiña resplandecia con las armas centellantes y que la cavallería,
cubierta de hierro azerado, llenaba campos y calles; Belona, cruelmente
enfurecida, todo lo reducia á pavesas en aquella ciudad interminable,
passando de los menores daños á estragos tan lastimosos, que oxalá los
huviera borrado de la memoria el silencio ó el olvido!»
26. «Pero esto no tiene comparacion con la pintura, que hace del suelo
helado y resbaladizo en tiempo de invierno: _Hieme vero humus crustata
frigoribus et tanquam levigata ideoque labilis incessum præcipitantem
impellit, et patulæ valles per spatia plena glacie perfide vorant
nonnumquam transeuntes_: Encostrada en invierno la tierra al rigor
de frios y de escarchas, passa de desigual y consistente á lisa y
resbaladiza, y assí impele con violencia al que quiere caminar con
passo precipitado, de manera que, ofreciéndose á la vista los valles
mas espaciosos, tal vez tan llenos de perfidia como de hielo, se tragan
al mismo caminante.»
27. «No se trahen mas exemplos de el estilo poético, porque no hay cosa
mas de sobra en los libros, ni apénas se oye otro en los púlpitos, con
tanto dolor de los zelosos como risa de los verdaderos críticos.»
28. «=Octavo Vicio=: _Estilo metaphórico y alegórico_. Tiene mucho
parentesco con el poético en lo hinchado de las frases, y solo se
diferencia de él en que este huye de aquellas voces proprias y
naturales, que se inventaron para la sencilla explicacion de las cosas,
y busca estudiosamente las que solamente significan los conceptos por
alguna semejanza ó analogía. La metáphora se puede exercitar en una
sola palabra, como quando de un hombre fiero se dice que _es un leon_,
ó de un empedernido que _es una piedra_, _es un mármol_. La alegoría
se ha de seguir ó continuar en una ó en muchas cláusulas, sin perderla
de vista ni abandonarla hasta que llegue á hacer completo y perfecto
sentido de la oracion, como quando decimos que, _embarcada el alma
en la nave del cuerpo, se hace á la vela por el mar de este mundo y,
surcando piélagos de miserias, entre borrascas de contradicciones,
escollos de fortunas peligrosas, y bagíos de adversidades, ya zozobra,
ya naufraga, hasta que, soplando el viento favorable de la gracia,
llega feliz al puerto de salvamento_.»
29. «No se puede negar, que assí la metáphora como la alegoría,
usadas con oportunidad y con moderacion, dan mucha gala al estilo, le
ennoblecen y le elevan; pero, quien podrá tolerar una oracion ó un
libro entero escrito todo él en este estilo? Solo el gusto góthico,
que estragó todas las ciencias y las artes, pudo hallar gracia en esta
frialdad, y solamente aquellos, que llamaban _el hierro[5] de Ciceron_
á la divina eloquencia de este hombre incomparable, podian reputar por
oro su asquerosíssima basura.»
30. «Donde hay cosa mas ridícula que la alegoría, con que Enodio
alaba la descripcion que hizo del mar un amigo suyo en cierta obra?
_Dum salum quæris verbis in statione compositis, et incerta liquentis
elementi placida oratione describis; dum sermonum cymbam inter loquelæ
scopulos Rector diligens frenas et cursum artificem fabricatus
trutinator expendis; pelagus oculis meis, quod aquarum simulabas
eloquiis, demonstrasti._ Quiere decir: _Quando intentas pintar el
salobre charco con palabras escogidas á mano, como flores; quando
pretendes descrivir con plácida oracion assí las inconstancias como los
inquietos rumbos del líquido elemento; quando goviernas diestro Piloto
la navecilla de las voces entre los escollos de la facundia y con mano
maestra de artífice perito examinas, balancéas y equilibras el peso de
las expressiones, no representaste á mis ojos el piélago de aguas, que
dissimulabas, sino el oceano de eloquencia, que no pretendias_.»
«Solo puede competir con esta insulsez la carta, que un Estudiante
escrivió á su Padre para darle á entender lo mucho que havia
aprovechado en la rhetórica, y sobre todo lo bien que sabia seguir una
alegoría. La carta decia assí»:
31. «_Orígen y Señor mio: Derivándose de Vm., como de su manancial
inagotable, este corto arroyuelo de mi vida, que hoy serpentéa líquido
por estos dilatados campos de Villagarcía, es de mi obligacion poner
en noticia de Vm., como ya es muy delgado el hilo de su corriente,
porque los rayos de el sol, que nos abrasó en Carnestolendas, elevaron
hácia arriba tantos vapores, que apénas le han dexado caudal para
humedecer la hierva. Por tanto, si Vm. no quiere que el arroyuelo se
seque, socórrale con raudales, ya sea por arcaduces de lino_ (las
alforjas), _ya por conductos de pieles embetunadas_ (botas ó pellejos).
_A mi Señora elucubradora_ (la madre que le dió á luz), _que esta su
menor antorcha se pone á la obediencia de sus rayos. B. l. m. de Vm.
su phénix Varon_ (era el único hijo con dos hermanas), _el Precursor
sin hiel_ (llamábase Juan Palomo). Habria hombros en la naturaleza,
que pudiessen con un libro ó con un sermon en este estilo? y á los
de Atlante, que pudieron con el Cielo, no les brumaria una cosa tan
pesada?»
32. Hasta aquí el papel de Apuntamientos, con que tropezó Fray
Gerundio, que leyó _de verbo ad verbum_, sin perder sýlaba ni coma;
y apénas acabó de leerle, quando se quedó suspenso por un rato:
cerró los ojos, sentó el codo derecho sobre el brazo de la silla,
reclinó la cabeza sobre la mano, teniendo en la izquierda el papel que
havia leído. Estuvo un buen espacio de tiempo pensativo, y al cabo
levántase con ímpetu de la silla, coge el papel entre las dos manos,
hácele dos mil pedazos, arrójale con indignacion por la ventana,
y, dando dos paséos por la celda, acompañados de media dozena de
patadas, exclamó diciendo: «Válgate el Diantre por papel y por el
grandíssimo impertinente que te fabricó; que me haveis rebuelto los
sesos! Es impossible que el Autor no fuesse el hombre mas prolixo y
el mas indigesto, que ha nacido de mugeres. Pues qué, para hablar
uno como Dios le ayudare, ha menester tantas ceremonias? Y, si este
Autorcillo avinagrado tiene por viciosos todos los estilos que acaba
de nombrar, donde hallará uno que no sea pecador? A el magnífico le
llama _hinchado_; á el culto, _remedador_ ó _caco_-qué sé yo? á el
figurado, _frio_; á el tierno, florido y delicioso, _pueril_; á el
vehemente, _parenthyrso_ ó _paren-Diablo_; al arreglado, _escolástico_;
al rumboso, _poético_; y al alusivo, _metaphórico_ ó _alegórico_: pues,
en qué estilo hemos de hablar y escrivir? Váyase, vuelvo á decir, con
quatrocientas mil pipas de Dem... (y díxolo redondo, porque no era
escrupuloso), que yo escriviré y hablaré en el que me diere la gana; y,
pues el que he usado hasta aquí ha merecido tantos aplausos, aténgome á
él, y no á lo que dice este Apuntador descontentadizo y malhablado.»
33. Con efecto, en un santiamen dispuso el sermon, sin apartarse un
punto de su estilo estrambótico, ni desamparar sus queridas frases
estraphalarias. Para fecundar bien la imaginacion ó la fantasía en
ellas, leyó un par de sermones de su riquíssimo thesoro el _Florilegio
sacro_, y aún para mayor abundamiento volvió á recorrer cierto sermon
impresso de otro Autor, que le havian prestado en una oracion para que
le leyesse, y á él le cayó tan en gracia, pareciéndole un milagro de
eloquencia, que no paró hasta que su dueño le hizo entera y absoluta
donacion de él _inter vivos_, transfiriéndole su dominio y omnímoda
propriedad.
34. Este sermon se intitulaba: _Triumpho amoroso, Sacro Hymenéo,
Epithalamio festivo, mirífico Desposorio, que con el Cordero
Eucharístico celebró en su profession solemne la Madre Sor... etc.,
compuesto por el R. P. Fr..._ etc. El título solo de la pieza le
encantó, y le arrebató las potencias y sentidos. Reparó, que la
dedicatoria y aprobaciones ocupaban tanto como el sermon; porque en
materia de hojas estaban tantas á tantas, y de contado esto le hizo
formar un concepto superior del mérito de la obra, pues á cada palabra
de ella correspondia otra en elogio suyo. Comenzó á leerla, y juzgó
que no se havia engañado en su concepto, porque quedó como extático de
admiracion y de assombro al encontrarse con las primeras cláusulas de
la salutacion, que decian assí ni mas ni ménos:
35. «O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor. Qué invencion!
Qué sacro enigma! Dulce divino Cupido! Sol de Justicia amoroso!
Qué labyrintho de luces dissimula en gloria tanta esse disfraz de
mysterios!» -- Es cierto, que el estilo no le pareció tan elevado como
el de _el Florilegio_, porque en realidad las voces son regulares y
de estas que se usan en tierra de Christianos; pero, qué importa? si
en cambio aquella perfecta cadencia de verso lýrico es un dulcíssimo
encanto? Sobre todo aquel arranque: _O el amor está de bodas, ó yo no
entiendo al amor_, le pareció á nuestro sabatino que no havia oro para
pagarle, y él por lo ménos daria alguno, porque se le ofreciesse alguna
cosa parecida, para dar principio á su sermon. No dexó de ofrecérsele
que la tal entradilla: _O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al
amor_, parecia un poco mas retozona de lo que á Religiosos conviene,
y que acaso algun bufon del auditorio diria (allá para su coleto):
«Cuerno en el Frayle, y qué respingon que sale! Cierto que perderia
mucho la Iglesia de Dios en que su Paternidad no entendiesse ni de
bodas ni de amor! ántes creo que nada ganará, si entiende mucho S. Rma.
de la materia.» Digo, que todo esto le passó por el pensamiento á Fray
Gerundio, pero lo despreció con una noble libertad de espíritu, por
dos importantíssimas razones. La primera porque, si los Predicadores
huvieran de hacer caso de truhanes y bellacos, ahorcarian el oficio,
pues apénas podrian decir cosa, que no la torciessen y la maliciassen.
La segunda porque, si no dissonó aquel arranque en un Predicador de
profession mucho mas austero y de hábito mucho mas penitente que el
suyo, con la circunstancia de estar cubierto de canas y cargado de años
y empléos en la Religion, mucho ménos dissonaria en él por las razones
contrarias.
36. Desembarazado tan felizmente de este reparillo y persuadido á
que no era possible abrir el sermon con cláusula mas ayrosa, comenzó
á batallar en su imaginacion con una multitud de cláusulas, que de
tropel se le ofrecieron, todas parecidas á ella, sin saber qual havia
de elegir, porque cada una le parecia la mejor. Asseguró despues á un
confidente, por cuya deposicion lo supimos, (pues sin algo de esto ó
sin que él lo dexasse anotado en alguna parte, como era possible que
llegasse hasta nosotros la noticia de lo que le havia passado por el
pensamiento?) asseguró (vuelvo á decir) á un confidente suyo, que entre
las cláusulas semejantes á la primera del _Epithalamio festivo_, que á
borbotones se le vinieron al pensamiento, las que mas le dieron que
hacer, porque le agradaron mas, fueron las siguientes.
37. _O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé._ Esta le
pareció una invencion milagrosa para captar desde luego una suspension
extática. _O Jesu-Christo está allí, ó yo no sé donde estoy._ Tambien
juzgó, que este principio estaba lleno de una exquisita novedad. _O
aquel es cuerpo de Christo, ó no hay en los naypes ley._ Mucho le
agradó este ofrecimiento, porque, sobre ser el mas popular de todos,
aquello de cotejar la existencia de Christo en el Sacramento con la
ley de los naypes, se le figuró una valentía de ingenio jamás oída ni
vista. En esta última tenia razon, y, como no fuesse una blasphemia
heretical, vamos claros que era un pensamiento singularíssimo. _O aquel
no es vino ni es pan, ó soy un borracho yo._ Aún esta cláusula le
agradaba mas que todas, si no fuera por la palabra _borracho_, que le
pareció demasiadamente llana; y, aunque ya se le ofreció, que _ebrio_
y _beodo_ significaban lo mismo con alguna mayor decencia, pero, sobre
que no ajustaba tan bien el pié del verso, creyó, que en quitando la
palabra _borracho_ se le quitaba á la cláusula toda la gracia.
38. Finalmente, bien considerado todo, se determinó á dar principio
á su sermon con la cláusula primera: _O hay Sacramento en Campazas,
ó no hay en la Iglesia fé._ Para tomar esta acertada determinacion,
tuvo buenas y legítimas razones; pues, sobre ser aquella cláusula, sin
disputa alguna, la mas suspensiva y la mas emphática de todas, era
tambien la mas verdadera, siendo indubitable que, si en Campazas no
havia Sacramento, supuesta la consagracion, tampoco le habria en la
Iglesia de San Pedro en Roma ni en ninguna de toda la Christiandad, y
allá iba la fé por essos trigos de Dios: fuera de que esta cláusula
le venia de perlas para el assunto, que ya havia resuelto tomar,
conviene á saber, que Campazas era la Patria nativa del Sacramento de
la Eucharistía, lo que, á su modo de entender, estaba concluyentemente
probado; porque llevando, como él llevaba, la opinion, (y es en
realidad la mas probable,) de que el verdadero y legítimo nombre
de Campazas en su primitiva institucion havia sido _Campazos_,
esto es _Campos espaciosos y largos_, _campos muy dilatados_, y
consiguientemente que el lugar de Campazos fué, digámoslo assí, como el
tronco, como el Fundador, ó como el Lugariarcha de la frugífera region
de Cámpos, á la qual dió glorioso y oportuno nombre: -- supuesto todo
esto, discurria nuestro Fray Gerundio con tanta solidez como sutileza,
de esta manera: «La materia remota del Sacramento de la Eucharistía es
el trigo; la patria del trigo es Cámpos; la casa solariega de Cámpos
es Campazas; luego Campazas es el solar y la patria del Santíssimo
Sacramento.»
39. «Esto por lo que toca á la materia del Sacramento en la especie del
pan; vamos á la misma materia en la especie de vino. _Sic argumentor_:
El vino es materia remota de la Eucharistía; el vino nace en las
viñas, las viñas en los campos, los campos en Campazas; _ergo_, etc.
Para la exornacion no me sobra otra cosa que materiales tomados de la
Escritura, de los Padres, de los Expositores, de los Autores profanos;
y, si me resuelvo á valerme de la fábula, tambien de los Mythológicos.
Todo quanto se dice de los campos y de todo lo que pertenece á ellos,
especialmente de trigos, viñas y vino, viene clavado á mi assunto.
Passan de ciento los textos de la Escritura que hablan de campos, y,
solo con leer á Gislerio en la exposicion de qualquiera capítulo de los
Cantares, encontraré un carro de autoridades para llenar el sermon de
latin, todo perteneciente á viñas, trigos y campos, y para cargar las
márgenes de tantas citas, que apénas quepan en ellas, de manera que
solo con verlas me tengan por el hombre mas leído y mas sabio que ha
nacido de mugeres. De los Autores profanos, no hay mas que abrir las
Geórgicas de Virgilio y algunas de sus Eglogas, que en ellas hallaré
versos á pasto y todos muy al intento, con que podré aturrullar á mi
mismo Preceptor el Dómine Zancas-Largas; y en fin, si quiero amenizar
la funcion con la erudicion florida de las fábulas, (que á esso todavía
no me he determinado,) ahí están los prodigios que se cuentan de Céres,
Baco, Flora, Pomona, y, por fin y postre, toda la Cornucopia de la
divina Amalthéa; pues todas estas Deidades son de la jurisdiccion y
Adelantamiento de la provincia de Cámpos, que me darán barro á mano no
solo para competir la amenidad de mi grande amigo Fray Blas, sino casi
casi para apostárselas al soberano Autor del pasmoso _Florilegio_.»
40. Ni mas ni ménos como lo ideó Fray Gerundio, assí dispuso su sermon,
y, estudiado que le huvo, llegándose el dia de predicarle, montó en un
macho de Noria, tuerto y algo perezoso, que le embió su Padre, y partió
á Campazas, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente.