Lee Fray Gerundio un Papel acerca del estilo, y queda aturrullado.
1. Havia muerto por aquellos dias en el Convento un Padre Predicador
jubilado, hombre de mucha suposicion en la órden, que havia seguido
la carrera del púlpito con el mayor aplauso y, lo que es mas, muy
merecido, porque, sobre ser un grande Religioso, era verdaderamente
sabio, eloquente, nervioso, de juicio muy assentado, de buen gusto y de
acreditado zelo. Su espolio, (assí se suelen llamar en las Religiones
aquellas alajuelas que dexan los Religiosos difuntos,) su espolio casi
todo él se reducia á sus sermones manuscritos y á algunos otros papeles
y apuntamientos, concernientes por la mayor parte á la misma facultad;
y, aunque en la Comunidad huvo muchos gulosos de ellos, especialmente
de la gente moza, que suele hacer su veranillo en semejantes ocasiones,
pero el Prelado con mucho acuerdo y prudencia se los aplicó á Fray
Gerundio: lo primero, porque parecia mas acreedor que otro alguno,
hallándose al principio de la carrera; y lo segundo y principal, (que
esta fué en realidad la máxima del prudentíssimo Prelado,) para que,
leyendo aquellos sermones y tomándoles el gusto, procurasse imitarlos
y, si no podia ó no queria, á lo ménos los predicasse á la letra,
lográndose en qualquiera de estos arbitrios que aprovechasse sus
talentos y no dixiesse en el púlpito tantos disparates.
2. Puntualmente se hallaba nuestro Fray Gerundio batallando con sus
dudas sobre el estilo, que havia de seguir en el sermon, quando
entró en su celda el Prelado con los papeles y sermones del difunto,
entregóselos con cariño, recomendóle mucho su lectura y su imitacion, y
luego se retiró, porque le llamaban otras dependencias. Fray Gerundio,
con su natural viveza y curiosidad, no pudo contenerse sin registrar
luego los títulos de aquellos papeles y sermones, que venian todos
repartidos en tres legajos. Desató el uno, y lo primero que encontró
fué un cartapacio de pocas hojas con este epígrafe: _Apuntamientos
sobre los vicios del estilo_. Pasmóse de aquella extraordinaria
casualidad, comenzó á leer, y halló que decia assí:
3. «=Primer Vicio=: _Estilo hinchado_. Llámase assí por analogía con
aquella viciosa disposicion del cuerpo viviente, quando, en lugar de
carne y de succo nutricio, está ocupada alguna parte de él de una
porcion de pituíta nociva, que causa el tumor ó inflamacion: consiste
este estilo, dice Tulio, en inventar nuevas voces, ó en usar de las
antiguadas, ó en aplicar mal en una parte las que se aplicarian bien en
otra, ó en explicarse con palabras mas graves y magestuosas de lo que
pide la materia.»
4. «La hinchazon del estilo unas veces está en solas las palabras,
otras en solo el sentido, y otras en todo junto. Exemplos de
hinchazon en las palabras: Dionisio el Tyrano llamaba á las Doncellas
_expectati-viras_, las expectantes de Varon; á la Columna _Menecratem_
ó _Validi potentem_, la forzuda; y Alexarcho, hermano de Casandro
Rey de Macedonia, llamaba al Gallo _manicinero_, el Músico matutino;
al Barbero _Drachma_, porque esta moneda se pagaba por afeitarse; al
Pregonero _Chœnice_, porque con la medida de este nombre se median las
cosas que se vendian al Pregon. No cabe mayor ridiculez.»
5. «Exemplos de hinchazon en el sentido. Séneca, en la Tragedia de
_Hércules Ethéo_, le introduce pidiendo el Cielo á su padre Júpiter con
estas fastuosíssimas palabras:
_Quid tamen nectis moras?_
_Numquid timemur? Numquid impositum sibi_
_Non poterit Atlas ferre cum cœlo Herculem?_
Quiere decir: Qué detencion es essa? Qué! me temes? ó, si yo subo á él,
tienes rezelo de que Atlante no pueda con el Cielo? -- Parece que no
es possible pensamiento mas hinchado; pero todavía lo es mas el que se
sigue:
_Da tuendos, Jupiter, saltem Deos:_
_Illa licebit fulmen a parte auferas,_
_Ego quam tuebor._
No es mas que decirle:
A lo ménos, ó Júpiter, permite
Que amparar á los Dioses solicite,
Y para los que tomare á mi cuidado
Sobran tus rayos, bástales mi lado.