Este lleva

una carga

De dolores y angustias antiguas,

Angustias de pueblos, dolores de razas;

¡Dolores y angustias que sufren los Cristos

Que vienen al mundo de víctimas trágicas!

Otro lleva

en la espalda

El cofre de ensueños, de perlas y oro,

Que conduce la Reina de Saba.

Otro lleva

una caja

En que va, dolorosa difunta,

Como un muerto lirio la pobre Esperanza.

Y camina sobre un dromedario

la Pálida,

La vestida de ropas obscuras,

La Reina invencible, la bella inviolada:

La Muerte.

Y el hombre,

A quien duras visiones asaltan,

El que encuentra en los astros del cielo

Prodigios que abruman y signos que espantan,

Mira al dromedario

de la caravana

Como al mensajero que la luz conduce,

¡En el vago desierto que forma

la página blanca!

[Ilustración]

[Ilustración]

AÑO NUEVO

_A J. Piquet._

A las doce de la noche por las puertas de la gloria

Y el fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,

Sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,

San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,

De que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;

Y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para

Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,

Y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;

Y colgada sobre el pecho resplandece la divina

Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente ¿va encontrar el áureo barco,

Donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?

Ya la aljaba de Diciembre se fué toda por el arco

Del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno

El inmenso Sagitario no se cansa de flechar;

Le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno,

Y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;

Doce aljabas, cada año, para él trae el rey Enero;

En la sombra se destaca la figura vencedora

Del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo

Misterioso y fugitivo de las almas que se van,

y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo

Con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes,

Del celeste Vaticano se detiene en los umbrales

Mientras himnos y motetes canta un coro de laudes

Inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco

Donde en triunfo llega Enero,

Ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco

y el Arquero.

[Ilustración]

[Ilustración]

SINFONÍA EN GRIS MAYOR

EL mar como un vasto cristal azogado

Refleja la lámina de un cielo de zinc;

Lejanas bandadas de pájaros marchan

El fondo bruñido de pálido gris.

El sol como un vidrio redondo y opaco

Con paso de enfermo camina al cenit;

El viento marino descansa en la sombra

Teniendo de almohada su negro clarín.

Las ondas que mueven su vientre de plomo

Debajo del muelle parecen gemir.

Sentado en un cable, fumando su pipa,

Está un marinero pensando en las playas

De un vago, lejano, brumoso país.

Es viejo ese lobo. Tostaron su cara

Los rayos de fuego del sol del Brasil;

Los recios tifones del mar de la China

Le han visto bebiendo su frasco de gin.

La espuma impregnada de yodo y salitre

Ha tiempo conoce su roja nariz,

Sus crespos cabellos, sus biceps de atleta,

Su gorra de lona, su blusa de dril.

En medio del humo que forma el tabaco

Ve el viejo el lejano, brumoso país,

A donde una tarde caliente y dorada

Tendidas las velas partió el bergantín...

La siesta del trópico. El lobo se adureme.

Ya todo lo envuelve la gama del gris.

Parece que un suave y enorme esfumino

Del curvo horizonte borrara el confín.

La siesta del trópico. La vieja cigarra

Ensaya su ronca guitarra senil,

Y el grillo preludia un solo monótono

En la única cuerda que está en su violín.

[Ilustración]

[Ilustración]

LA DEA

_A Alberto Ghiraldo._

ALBERTO, en el propíleo del tiempo soberano

Donde Renan rezaba, Verlaine cantado hubiera.

Primavera una rosa de amor tiene en la mano

Y cerca de la joven y dulce Primavera

Término su sonrisa de piedra brinda en vano

A la desnuda náyade y a la ninfa hechicera

Que viene a la soberbia fiesta de la pradera

y del boscaje, en busca del lírico Sylvano.

Sobre su altar de oro se levanta la Dea,--

Tal en su aspecto icónico la virgen bizantina--

Toda belleza humana ante su luz es fea;

Toda visión humana, a su luz es divina:

Y esa es la virtud sacra de la divina Idea

Cuya alma es una sombra que todo lo ilumina.

[Ilustración]

[Ilustración]

EPITALAMIO BÁRBARO

_A Lugones._

EL alba aun no aparece en su gloria de oro.

Canta el mar con la música de sus ninfas en coro

y el aliento del campo se va cuajando en bruma.

Teje la náyade el encaje de su espuma

Y el bosque inicia el himno de sus flautas de pluma.

Es el momento en que el salvaje caballero

Se ve pasar. La tribu aulla y el ligero

Caballo es un relámpago, veloz como una idea.

A su paso, asustada, se para la marea;

La náyade interrumpe la labor que ejecuta

Y el director del bosque detiene la batuta.

--«¿Qué pasa?» desde el lecho pregunta Venus bella,

Y Apolo:

--«Es Sagitario que ha robado una estrella.»

[Ilustración]

[Ilustración]

VERLAINE

_A Angel Estrada, poeta._

[Ilustración]

RESPONSO

PADRE y maestro mágico, liróforo celeste

Que al instrumento olímpico y a la siringa agreste

Diste tu acento encantador;

Panida! Pan tú mismo, que coros condujiste

Hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,

Al són del sistro y del tambor!

Que tu sepulcro cubra de flores Primavera,

Que se humedezca el áspero hocico de la fiera,

De amor si pasa por allí;

Que el fúnebre recinto visite Pan bicorne;

Que de sangrientas rosas el fresco Abril te adorne

Y de claveles de rubí.

Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo,

Ahuyenten la negrura del pájaro protervo,

El dulce canto de cristal

Que Filomena vierta sobre tus tristes huesos,

O la harmonía dulce de risas y de besos,

De culto oculto y florestal.

Que púberes canéforas te ofrenden el acanto,

Que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,

Sino rocío, vino, miel:

Que el pámpano allí brote, las flores de Citeres,

Y que se escuchen vagos suspiros de mujeres

Bajo un simbólico laurel!

Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya,

En amorosos días, como en Virgilio, ensaya,

Tu nombre ponga en la canción;

Y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche,

Con ansias y temores entre las linfas luche,

Llena de miedo y de pasión.

De noche, en la montaña, en la negra montaña

De las Visiones, pase gigante sombra extraña,

Sombra de un Sátiro espectral;

Que ella al centauro adusto con su grandeza asuste;

De una extra-humana flauta la melodía ajuste

A la harmonía sideral.

Y huya el tropel equino por la montaña vasta;

Tu rostro de ultratumba bañe la luna casta

De compasiva y blanca luz;

Y el Sátiro contemple sobre un lejano monte

Una cruz que se eleve cubriendo el horizonte

Y un resplandor sobre la cruz!

[Ilustración]

[Ilustración]

CANTO DE LA SANGRE

_A Miguel Estrada._

SANGRE de Abel. Clarín de las batallas.

Luchas fraternales; estruendos, horrores;

Flotan las banderas, hieren las metrallas,

Y visten la púrpura los emperadores.

Sangre del Cristo. El órgano sonoro.

La viña celeste da el celeste vino;

Y en el labio sacro del cáliz de oro

Las almas se abrevan del vino divino.

Sangre de los martirios. El salterio.

Hogueras; leones, palmas vencedoras;

Los heraldos rojos con que del misterio

Vienen precedidas las grandes auroras.

Sangre que vierte el cazador. El cuerno.

Furias escarlatas y rojos destinos

Forjan en las fraguas del obscuro Infierno

Las fatales armas de los asesinos.

¡Oh sangre de las vírgenes! La lira.

Encanto de abejas y de mariposas.

La estrella de Venus desde el cielo mira

El purpúreo triunfo de las reinas rosas.

Sangre que la Ley vierte.

Tambor a la sordina.

Brotan las adelfas que riega la Muerte

y el rojo cometa que anuncia la ruina.

Sangre de los suicidas. Organillo.

Fanfarrias macabras, responsos corales,

Con que de Saturno celébrase el brillo

En los manicomios y en los hospitales.

[Ilustración]

RECREACIONES ARQUEOLÓGICAS

_A Julio L. Jaimes._

[Ilustración]

I.--FRISO

CABE una fresca viña de corinto

Que verde techo presta al simulacro

Del Dios viril, que artífice de Atenas

En intacto pentélico labrara,

Un día alegre, al deslumbrar el mundo

La harmonía del carro de la Aurora,

Y en tanto que arrullaban sus ternezas

Dos nevadas palomas venusinas

Sobre rosal purpúreo y pintoresco,

Como Olímpica flor de gracia llena,

Vi el bello rostro de la rubia Eunice.

No más gallarda se encamina al templo

Canéfora gentil, ni más riente

Llega la musa a quien favor prodiga

El divino Sminteo, que mi amada

Al tender hacia mí sus tersos brazos.

* * * * *

Era la hora del supremo triunfo

Concedido a mis lágrimas y ofrendas

Por el poder de la celeste Cipris,

Y era el ritmo potente de mi sangre

Verso de fuego que al propicio numen

Cantaba ardiente de la vida el himno.

Cuando mi boca en los bermejos labios

De mi princesa de cabellos de oro

Licor bebía que afrentara al néctar,

Por el sendero de fragantes mirtos

Que guía al blanco pórtico del templo,

Súbitas voces nuestras ansias turban.

* * * * *

Lírica procesión al viento esparce

Los cánticos rituales de Dionisio,

El evohé de las triunfales fiestas,

La algazara que enciende con su risa

La impúber tropa de saltantes niños,

Y el vivo son de músicas sonoras

Que anima el coro de bacantes ebrias.

En el concurso báquico el primero,

Regando rosas y tejiendo danzas.

Garrido infante, de Eros por hermoso

Emulo y par, risueño aparecía.

Y de él en pos de las ménades ardientes,

Al aire el busto en que su pompa erigen

Pomas ebúrneas; en la mano el sistro,

Y las curvas caderas mal veladas

Por las flotantes, desceñidas ropas,

Alzaban sus cabezas que en consorcio

Circundaban la flor de Citerea

Y el pámpano fragante de las viñas.

Aun me parece que mis ojos tornan

Al cuadro lleno de color y fuerza:

Dos robustos mancebos que los cabos

De cadenas metálicas empuñan,

Y cuyo porte y músculos de Ares

Divinos dones son, pintada fiera

Que felino pezón nutrió en Hircania,

Con gesto heroico entre la turba rigen;

Y otros dos un leopaldo cuyo cuello

Gracias de Flora ciñen y perfuman

Y cuyos ojos en las anchas cuencas

De furia henchidos sanguinosos giran.

Pétalos y uvas el sendero alfombran,

Y desde el campo azul do el Sagitario

De coruscantes flechas resplandece,

Las urnas de la luz la tierra bañan.

* * * * *

Pasó el tropel. En la cercana selva

Lúgubre resonaba el grito de Atis,

Triste pavor de la inviolada ninfa.

Deslizaba su paso misterioso

El apacible coro de las Horas.

Eco volvía la acordada queja

De la flauta de Pan. Joven gallardo,

Más hermoso que Adonis y Narciso,

Con el aire gentil de los efebos

Y la lira en las manos, al boscaje

Como lleno de luz se dirigía.

Amor pasó con su dorada antorcha.

Y no lejos del nido en que las aves,

Las dos aves de Cipris, sus arrullos

Cual tiernas rimas a los aires dieran,

Fuí más feliz que el luminoso cisne

Que vió de Lada la inmortal blancura,

Y Eunice pudo al templo de la diosa

Purpúrea ofrenda y tórtolas amables

Llevar el día en que mi regio triunfo

Vió el Dios viril en mármol cincelado

Cabe la fresca viña de Corinto.

[Ilustración]

[Ilustración]

II.--PALIMPSESTO

_ESCRITA en viejo dialecto eolio

Hallé esta página dentro un infolio

Y entre los libros de un monasterio

Del venerable San Agustín,

Un fraile acaso puso el escolio

Que allí se encuentra; dómine serio

De flacas manos y buen latín.

Hay sus lagunas._

...Cuando los toros

De las campañas, bajo los oros

Que vierte el hijo de Hiperión,

Pasan mugiendo, y en las eternas

Rocas salvajes de las cavernas

Esperezándose ruge el león;

Cuando en las vírgenes y verdes parras

Sus secas notas dan las cigarras,

Y en los panales de Himeto deja

Su rubia carga la leve abeja

Que en bocas rojas chupa la miel,

Junto a los mirtos, bajo los lauros,

En grupo lírico van los centauros

Con la harmonía de su tropel.

Uno las patas rítmicas mueve,

Otro alza el cuello con gallardía

Como en hermoso bajo-relieve

Que a golpes mágicos Scopas haría;

Otro alza al aire las manos blancas

Mientras le dora las fincas ancas

Con baño cálido la luz del sol;

Y otro saltando piedras y troncos

Va dando alegres sus gritos roncos

Como el ruido de un caracol.

Silencio. Señas hace ligero

El que en la tropa va delantero;

Porque a un recodo de la campaña

Llegan en donde Diana se baña.

Se oye el ruido de claras linfas

Y a la algazara que hacen las ninfas.

Risa de plata que el aire riega

Hasta sus ávidos oídos llega;

Golpes en la onda, palabras locas,

Gritos joviales de frescas bocas,

Y los ladridos de la traílla

Que diana tiene junto a la orilla

Del fresco río, donde está ella

Blanca y desnuda como una estrella.

Tanta blancura que al cisne injuria

Abre los ojos de la lujuria:

Sobre las márgenes y rocas áridas

Vuela el enjambre de las cantáridas

Con su bruñido verde metálico,

Siempre propicias al culto fálico.

Amplias caderas, pie fino y breve;

Las dos colinas de rosa y nieve...

Cuadro soberbio de tentación!

¡Ay del cuitado que a ver se atreve

Lo que fué espanto para Acteón!

Cabellos rubios, mejillas tiernas,

Marmóreos cuellos, rosadas piernas,

Gracias ocultas del lindo coro,

En el herido cristal sonoro;

Seno en que hiciérase sagrada copa;

Tal ve en silencio la ardiente tropa.

¿Quién adelanta su firme busto?

¿Qirón experto? ¿Folo robusto?

Es el más joven y es el más bello;

Su piel es blanca, crespo el cabello,

Los cascos finos, y en la mirada

Brilla del sátiro la llamarada.

En un instante, veloz y listo,

A una tan bella como Kalisto,

Ninfa que a la alta diosa acompaña,

Saca de la onda donde se baña:

La grupa vuelve, raudo galopa;

Tal iba el toro raptor de Europa

Con el orgullo de su conquista.

¿A dó va Diana? Viva la vista

La planta alada, la cabellera

Mojada y suelta; terrible, fiera,

Corre del monte por la extensión;

Ladran sus perros enfurecidos;

Entre sus dedos humedecidos

Lleva una flecha para el ladrón.

Ya a los centauros a ver alcanza

La cazadora; ya el dardo lanza,

Y un grito se oye de hondo dolor:

La casta divina de la venganza

Mató al raptor...

La tropa rápida se esparce huyendo,

Forman los cascos sonoro estruendo.

Llegan las ninfas. Lloran. ¿Qué ven?

En la carrera la cazadora

Con su saeta castigadora

A la robada mató También.

[Ilustración]

[Ilustración]

EL REINO INTERIOR

_A Eugenio de Castro_

_...with Psychis, my soul!

Poe._

UNA selva suntuosa

En el azul celeste su rudo perfil calca.

Un camino. La tierra es de color de rosa,

Cual la que pinta fra Doménico Cavalca

En sus Vidas de santos. Se ven extrañas flores

De la flora gloriosa de los cuentos azules,

Y entre las ramas encantadas, papemores

Cuyo canto extasiara de amor a los bulbules.

(_Papemor_: ave rara, _Bulbules_: ruiseñores.)

* * * * *

Mi alma frágil se asoma a la ventana obscura

De la torre terrible en que ha treinta años sueña.

La gentil Primavera primavera le augura.

La vida le sonríe rosada y halagüeña.

Y ella exclama: «¡Oh fragante día! ¡Oh sublime día!

Se diría que el mundo está en flor; se diría

Que el corazón sagrado de la tierra se mueve

Con un ritmo de dicha; luz brota, gracia llueve.

¡Yo soy la prisionera que sonríe y que canta!»

Y las manos liliales agita, como infanta

Real en los balcones del palacio paterno.

* * * * *

¿Qué són se escucha, són lejano, vago y tierno?

Por el lado derecho del camino, adelanta

El paso leve una adorable teoría

Virginal. Siete blancas doncellas, semejantes

A siete blancas rosas de gracia y de harmonía

Que el alba constelara de perlas y diamantes.

¡Alabastros celestes habitados por astros:

Dios se refleja en esos dulces alabastros!

Sus vestes son tejidas del lino de la luna.

Van descalzas. Se mira que posan el pie breve

Sobre el rosado suelo como una flor de nieve.

Y los cuellos se inclinan, imperiales, en una

Manera que lo excelso pregona de su origen.

Como al compás de un verso su suave paso rigen.

Tal el divino Sandro dejara en sus figuras,

Esos graciosos gestos en esas líneas puras.

Como a un velado són de liras y laudes,

Divinamente blancas y castas pasan esas

Siete bellas princesas. Y esas bellas princesas

Son las siete Virtudes.

* * * * *

Al lado izquierdo del camino y paralela-

Mente, siete mancebos--oro, seda, escarlata,

Armas ricas de Oriente--hermosos, parecidos

A los satanes verlenianos de Ecbatana,

Vienen también. Sus labios sensuales y encendidos,

De efebos criminales, son cual rosas sangrientas;

Sus puñales de piedras preciosas revestidos

--Ojos de víboras de luces fascinantes--

Al cinto penden; arden las púrpuras violentas

En los jubones; ciñen las cabezas triunfantes

Oro y rosas; sus ojos, ya lánguidos, ya ardientes,

Son dos carbunclos mágicos de fulgor sibilino,

Y en sus manos de ambiguos príncipes decadentes,

Relucen como gemas las uñas de oro fino.

Bellamente infernales,

Llenan el aire de hechiceros beneficios

Esos siete mancebos. Y son los siete Vicios,

Los siete poderosos pecados capitales.

* * * * *

Y los siete mancebos a las siete doncellas

Lanzan vivas miradas de amor. Las Tentaciones.

De sus liras melifluas arrancan vagos sones.

Las princesas prosiguen, adorables visiones

En su blancura de palomas y de estrellas.

* * * * *

Unos y otras se pierden por la vía de rosa,

Y el alma mía queda pensativa a su paso.

--¡Oh! ¿qué hay en ti, alma mía?

«¡Oh! ¿qué hay en ti, mi pobre infanta misteriosa?

¿Acaso piensas en la blanca teoría?

Acaso

¿Los brillantes mancebos te atraen, mariposa?»

* * * * *

Ella no me responde.

Pensativa se aleja de la obscura ventana,

--Pensativa y risueña,

De la Bella-durmiente-del-Bosque tierna hemana--

Y se adormece en donde

Hace treinta años sueña.

* * * * *

Y en sueño dice: «¡Oh dulces delicias de los cielos!

¡Oh tierra sonrosada que acarició mis ojos!

--¡Princesas, envolvedme con vuestros blancos velos!

--¡Príncipes, estrechadme con vuestros brazos rojos!»

[Ilustración]

[Ilustración]

COSAS DEL CID

_A Francisco A. de Icaza._

CUENTA Barbey, en versos que valen bien su prosa

Una hazaña del Cid, fresca como una rosa,

Pura como una perla. No se oyen en la hazaña

Resonar en el viento las trompetas de España,

Ni el azorado moro las tiendas abandona

Al ver al sol el alma de acero de Tizona.

_Babieca_ descansando del huracán guerrero,

Tranquilo pace, mientras el bravo caballero

Sale a gozar del aire de la estación florida.

Ríe la primavera, y el vuelo de vida

Abre lirios y sueños en el jardín del mundo.

Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo.

Por una senda en donde, bajo el sol glorioso,

Tendiéndole la mano, le detiene un leproso.

Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago

Y la victoria, joven, bello como Santiago,

Y el horror animado, la viviente carroña

Que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.

Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo,

Y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo.

--¡Oh, Cid, una limosna!--dice el precito.

--Hermano

Te ofrezco la desnuda limosna de mi mano!--

Dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende

La diestra al miserable, que llora y que comprende.

* * * * *

Tal es el sucedido que el Condestable escancia

Como un vino precioso en su copa de Francia.

Yo agregaré este sorbo de licor castellano:

* * * * *

Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano

El Cid, siguió su rumbo por la primaveral

Senda. Un pájaro daba su nota de cristal

En un árbol. El cielo profundo desleía

Un perfume de gracia en la gloria del día.

Las ermitas lanzaban en el aire sonoro

Su melodiosa lluvia de tórtolas de oro;

El alma de las flores iba por los caminos

A unirse a la piadosa voz de los peregrinos,

Y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho,

Iba cual si llevase una estrella en el pecho.

Cuando de la campiña, aromada de esencia

Sutil, salió una niña vestida de inocencia,

Una niña que fuera una mujer, de franca

Y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca.

Una niña que fuera un hada o que surgiera

Encarnación de la divina primavera.

Y fué al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego,

Por Jimena y por Dios un regalo te entrego,

Esta rosa naciente y este fresco laurel.»

Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente

En su guante de hierro hay una flor naciente,

Y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.

[Ilustración]

[Ilustración]

DEZIRES, LAYES Y CANCIONES

[Ilustración]

DECIRES, LAYES Y CANCIONES

_Dezir._

(A la manera de Johan de Duenyas.)

REINA Venus, soberana

capitana

de deseos y pasiones,

en la tempestad humana

por ti mama

sangre de los corazones.

Una copa me dió el sino

y en ella bebí tu vino

y me embriagué de dolor,

pues me hizo experimentar

que en el vino del amor

hay la amargura del mar.

Di al olvido turbulento

sentimiento,

y hallé un sátiro ladino

que dió a mi labio sediento

nuevo aliento,

nueva copa y nuevo vino.

Y al llegar la primavera,

en mi roja sangre fiera

triple llama fué encendida:

yo al flamante amor entrego

la vendimia de mi vida

bajo pámpanos de fuego.

En la fruta misteriosa,

ámbar, rosa,

su deseo sacia el labio,

y en viva rosa se posa,

mariposa,

beso ardiente o beso sabio.

¡Bien haya el sátiro griego

que me enseñó el dulce juego!

En el reino de mi aurora

no hay ayer, hoy ni mañana;

danzo las danzas de ahora

con la música pagana.

FFINIDA

Bella a quien la suerte avara

ordenara

martirizarme a ternuras,

dió una negra perla rara

Luzbel para

tu diadema de locuras.

_Otro Dezir._

Ponte el traje azul que más

conviene a tu rubio encanto.

Luego, Mía, te pondrás

otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos

y aquel de reflejos rojos

que a tu blancor sienta tanto.

En el obscuro cabello

pon las perlas que conquistas;

en el columbino cuello

pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los tobillos

de topacios amarillos

y esmeraldas nunca vistas.

Un camarín te decoro

donde sabrás la lección

que dió a Angélica Medoro

y a Belkiss dió Salomón;

arderá mi sangre loca,

y en el vaso de tu boca

te sorberé el corazón.

Luz de sueño, flor de mito,

tu admirable cuerpo canta

la gracia de Hermafrodito

con lo aéreo de Atalanta;

y de tu beldad ambigua

la evocada musa antigua

su himno de carne levanta.

Del ánfora en que está el viejo

vino anacreóntico bebe;

Febo arruga el entrecejo

y Juno arrugarlo debe,

mas la joven Venus ríe

y Eros su filtro deslíe

en los cálices de Hebe.

_Lay._

(A la manera de Johan de Torres.)

¿Qué pude yo hacer

para merecer

la ofrenda de ardor

de aquella mujer

a quien, como a Ester,

maceró el Amor?

Intenso licor,

perfume y color

me hiciera sentir

su boca de flor;

díle el alma por

tan dulce elixir.

_Canción._

(A la manera de Valtierra.)

Amor tu ventana enflora

y tu amante esta mañana

preludia por ti una diana

en la lira de la Aurora.

Desnuda sale la bella,

y del cabello el tesoro

pone una nube de oro

en la desnudez de estrella:

y en la matutina hora

de la clara fuente mana

la salutación pagana

de las náyades a Flora.

En el baño al beso incita

sobre el cristal de la onda

la sonrisa de Gioconda

en el rostro de Afrodita;

y el cuerpo que la luz dora,

adolescente, se hermana

con las formas de Diana

la celeste cazadora.

Y mientras la hermosa juega

con el sonoro diamante,

más encendido que amante

el fogoso amante llega

a su divina señora.

FFIN

Pan, de su flauta desgrana

un canto que, en la mañana,

perla a perla, ríe y llora.

_Que el amor no admite cuerdas reflexiones._

(A la manera de Santa Ffe.)

Señora, amor es violento,

y cuando nos transfigura

nos enciende el pensamiento

la locura.

No pidas paz a mis brazos

que a los tuyos tienen presos:

son de guerra mis abrazos

y son de incendio mis besos;

y sería vano intento

el tornar mi mente obscura

si me enciende el pensamiento

la locura.

Clara está la mente mía

de llamas de amor, señora,

como la tienda del día

o el palacio de la aurora.

Y al perfume de tu ungüento

te persigue mi ventura,

y me enciende el pensamiento

la locura.

Mi gozo tu paladar

rico panal conceptúa,

como en el santo Cantar:

_Mel et lac sub lingua tua._

La delicia de tu aliento

en tan fino vaso apura,

y me enciende el pensamiento

la locura.

_Loor._

(A la manera del mismo.)

¿A qué comparar la pura

arquitectura

de tu cuerpo? ¿A una sutil

torre de oro y marfil?

¿O de Abril

a la loggia florecida?

Luz y vida

iluminan lo inferior,

y el amor

tiene su antorcha encendida.

Quiera darme el garzón de Ida

la henchida

copa, y Juno la oriental

pompa del pavón real,

su cristal

Castalia, y yo, apolonida,

la dormida

cuerda haré cantar por la

luz que está

dentro de tu cuerpo prendida.

La blanca pareja anida

adormecida:

aves que bajo el corpiño

ha colocado el dios niño,

rosa, armiño,

mi mano sabia os convida

a la vida.

Por los boscosos senderos

viene Eros

a causar la dulce herida.

FFIN

Señora, suelta la brida

y tendida

la crin, mi corcel de fuego

va; en él llego

a tu campaña florida.

_Copla Esparça._

(A la manera del mismo.)

Prosas Profanas Obras Completas Vol. II · 第 2 / 3 段