Los tapices rojos, de doradas listas,

Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Páginas en blanco han sido eliminadas.

Letras itálicas son denotadas con _líneas_.

Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)

han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.

PROSAS PROFANAS

Y OTROS POEMAS

[Ilustración]

PROSAS

PROFANAS

POR

RUBÉN DARIO

ILUSTRACIONES

DE

ENRIQUE OCHOA

Volumen II de las obras completas. Administración: Editorial MUNDO

LATINO

MADRID.

[Ilustración]

ES PROPIEDAD

PALABRAS LIMINARES

[Ilustración]

PALABRAS LIMINARES

_DESPUÉS de_ Azul.. _después de_ Los Raros, _voces insinuantes, buena y

mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea--todo bella

cosecha--, solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fructuoso ni

oportuno: un manifiesto_.

_Ni fructuoso ni oportuno:_

a) _Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de

nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado

por Remy de Gourmont con el nombre de Celui-qui-ne-comprend-pas.

Celui-qui-ne-comprend pas es, entre nosotros, profesor, académico

correspondiente de la Real Academia Española, periodista, abogado,

poeta, rastaquouer,_

b) _Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana,

estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo

desconocimiento del mismo Arte a que se consagran._

c) _Porque proclamando, como proclamo, una estética acrática, la

imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción._

_Yo no tengo literatura "mía"--como lo ha manifestado una magistral

autoridad--, para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en

mí--; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y,

paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea. Wagner a Augusta

Holmés, su discípula, dijo un día: "lo primero, no imitar a nadie, y

sobre todo, a mí". Gran decir._

[Ilustración]

_Yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antífonas, mis

secuencias, mis profanas prosas--. Tiempo y menos fatigas de alma y

corazón me han hecho falta, para, como un buen monje artífice, hacer mis

mayúsculas dignas de cada página del breviario. (A través de los fuegos

divinos de las vidrieras historiadas, me río del viento que sopla

afuera, del mal que pasa.) Tocad, campanas de oro, campanas de plata,

tocad todos los días llamándome a la fiesta en que brillan los ojos de

fuego, y las rosas de las bocas sangran delicias únicas. Mi órgano es

un viejo clavicordio pompadour, al son del cual danzaron sus gavotas

alegres abuelos; y el perfume de tu pecho es mi perfume, eterno

incensario de carne, Varona inmortal, flor de mi costilla._

_Hombre soy._

[Ilustración]

_¿Hay en mi sangre alguna gota de sangre de África, o de indio chorotega

o nagrandano? Pudiera ser, a despecho de mis manos de marqués; mas he

aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales,

visiones de países lejanos o imposibles; ¡qué queréis! yo detesto la

vida y el tiempo en que me tocó nacer; y a un presidente de República no

podré saludarle en el idioma en que te cantaría a ti, ¡oh, Halagabal! de

cuya corte--oro, seda, mármol--me acuerdo en sueños..._

(_Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en

Palenke y Utatlán, en el indio legendario, y en el inca sensual y fino,

y en el gran Moctezuma de la silla de oro. Lo demás es tuyo, demócrata

Walt Whitman._)

_Buenos Aires; Cosmópolis._

_¡Y mañana!_

[Ilustración]

_El abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos

ilustres: "Este, me dice, es el gran don Miguel de Cervantes Saavedra,

genio y manco; éste es Lope de Vega, éste Garcilaso, éste Quintana." Yo

le pregunto por el noble Gracián, por Teresa la Santa, por el bravo

Góngora y el más fuerte de todos, don Francisco de Quevedo y Villegas.

Después exclamo: ¡Shakespeare! ¡Dante! ¡Hugo...! (Y en mi interior:

¡Verlaine...!)_

_Luego al despedirme--: "Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa es de

mi tierra; mi querida, de París."_

[Ilustración]

_¿Y la cuestión métrica? ¿Y el ritmo?_

_Como cada palabra tiene una alma, hay en cada verso, además de la

armonía verbal, una melodía ideal. La música es sólo de la idea, muchas

veces._

[Ilustración]

_La gritería de trescientas ocas no te impedirá, silvano, tocar tu

encantadora flauta, con tal de que tu amigo el ruiseñor esté contento de

tu melodía. Cuando él no esté para escucharte, cierra los ojos y toca

para los habitantes de tu reino interior. ¡Oh, pueblo de desnudas

ninfas, de rosadas reinas, de amorosas diosas!_

_Cae a tus pies una rosa, otra rosa, otra rosa. ¡Y besos!_

[Ilustración]

_Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando una musa te dé

un hijo, queden las otras ocho en cinta._

R. D.

[Ilustración]

[Ilustración]

PROSAS PROFANAS

[Ilustración]

ERA UN AIRE SUAVE...

ERA un aire suave, de pausados giros;

El hada Harmonía ritmaba sus vuelos;

E iban frases vagas y tenues suspiros

Entre los sollozos de los violoncelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,

Diríase un trémolo de liras eolias

Cuando acariciaban los sedosos trajes,

Sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias.

La marquesa Eulalia risas y desvíos

Daba a un tiempo mismo para dos rivales:

El vizconde rubio de los desafíos

Y el abate joven de los madrigales.

Cerca, coronado con hojas de viña,

Reía en su máscara Término barbudo,

Y, como un efebo que fuese una niña,

Mostraba una Diana su mármol desnudo.

Y bajo un boscaje del amor palestra,

Sobre rico zócalo al modo de Jonia,

Con un candelabro prendido en la diestra

Volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.

La orquesta perlaba sus mágicas notas;

Un coro de sones alados se oía;

Galantes pavanas fugaces gavotas,

Cantaban los dulces violines de Hungría.

Al oir las quejas de sus caballeros

Ríe, ríe, ríe, la divina Eulalia,

Pues son su tesoro las flechas de Eros,

El cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.

¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!

¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!

Con sus ojos lindos y su boca roja,

La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

Tiene azules ojos, es maligna y bella;

Cuando mira vierte viva luz extraña;

Se asoma a sus húmedas pupilas de estrella

El alma del rubio cristal de Champaña.

Es noche de fiesta, y el baile de trajes

Ostenta su gloria de triunfos mundanos.

La divina Eulalia, vestida de encajes,

Una flor destroza con sus tersas manos.

El teclado armónico de su risa fina

A la alegre música de un pájaro iguala.

Con los staccati de una bailarina

Y las locas fugas de una colegiala.

¡Amoroso pájaro que trinos exhala

Bajo el ala a veces ocultando el pico;

Que desdenes rudos lanza bajo el ala,

Bajo el ala aleve del leve abanico!

Cuando a media noche sus notas arranque

Y en arpegios áureos gima Filomela,

Y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque,

Como blanca góndola imprima su estela,

La marquesa alegre llegará al boscaje,

Boscaje que cubre la amable glorieta

Donde han de estrecharla los brazos de un paje,

que siendo su paje será su poeta.

Al compás de un canto de artista de Italia

Que en la brisa errante la orquesta deslíe,

Junto a los rivales, la divina Eulalia,

La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

¿Fué acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,

Sol con corte de astros, en campos de azur,

Cuando los alcázares llenó de fragancia

La regia y pomposa rosa Pompadour?

¿Fué cuando la bella su falda cogía

Con dedos de ninfa, bailando el minué,

Y de los compases el ritmo seguía

Sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?

¿O cuando pastoras de floridos valles

Ornaban con cintas sus albos corderos,

Y oían, divinas Tirsis de Versalles,

Las declaraciones de sus caballeros?

¿Fué en ese buen tiempo de duques pastores,

De amantes princesas y tiernos galanes,

Cuando entre sonrisas y perlas y flores

Iban las casacas de los chambelanes?

¿Fué acaso en el Norte o en el Mediodía?

Yo el tiempo y el día y el país ignoro;

Pero sé que Eulalia ríe todavía,

¡Y es cruel y eterna su risa de oro!

1893.

[Ilustración]

[Ilustración]

DIVAGACIÓN

¿VIENES? me llega aquí, pues que suspiras,

Un soplo de las mágicas fragancias

Que hicieran los delirios de las liras

En las Grecias, las Romas y las Francias.

¡Suspira así! Revuelen las abejas

Al olor de la olímpica ambrosía,

En los perfumes que en el aire dejas;

Y el dios de piedra se despierte y ría.

Y el dios de piedra se despierte y cante

La gloria de los tirsos florecientes

En el gesto ritual de la bacante

De rojos labios y nevados dientes;

En el gesto ritual que en las hermosas

Ninfalias guía a la divina hoguera,

Hoguera que hace llamear las rosas

En las manchadas pieles de pantera.

Y pues amas reir, ríe, y la brisa

Lleve el son de los líricos cristales

De tu reir, y haga temblar la risa

La barba de los Términos joviales.

Mira hacia el lado del boscaje, mira

Blanquear el muslo de marfil de Diana,

Y después de la Virgen, la Hetaira

Diosa, su blanca, rosa y rubia hermana.

Pasa en busca de Adonis; sus aromas

Deleitan a las rosas y los nardos;

Síguela una pareja de palomas

Y hay tras ella una fuga de leopardos.

[Ilustración]

¿Te gusta amar en griego? Yo las fiestas

Galantes busco, en donde se recuerde,

Al suave són de rítmicas orquestas,

La tierra de la luz y el mirlo verde.

(Los abates refieren aventuras

A las rubias marquesas. Soñolientos

Filósofos defienden las ternuras

Del amor, con sutiles argumentos,

Mientras que surge de la verde grama,

En la mano el acanto de Corinto,

Una ninfa a quien puso un epigrama

Beaumarchais, sobre el mármol de su plinto.

Amo más que la Grecia de los griegos

La Grecia de la Francia, porque en Francia,

Al eco de las Risas y los Juegos,

Su más dulce licor Venus escancia.

Demuestran más encantos y perfidias

Coronadas de flores y desnudas,

Las diosas de Clodión que las de Fidias;

Unas cantan francés, otras son mudas.

Verlaine es más que Sócrates; y Arsenio

Houssaye supera al viejo Anacreonte.

En París reinan el Amor y el Genio.

Ha perdido su imperio el dios bifronte.

Monsieur Prudhomme y Homais no saben nada.

Hay Chipres, Pafos, Tempes y Amatuntes,

Donde el amor de mi madrina, un hada,

Tus frescos labios a los míos juntes.)

Sones de bandolín. El rojo vino

Conduce un paje rojo. ¿Amas los sones

Del bandolín, y un amor florentino?

Serás la reina en los decamerones.

(Un coro de poetas y pintores

Cuenta historias picantes. Con maligna

Sonrisa alegre aprueban los señores.

Clelia enrojece, una dueña se signa.)

¿O un amor alemán?--que no han sentido

Jamás los alemanes--: la celeste

Gretchen; claro de luna; el aria; el nido

Del ruiseñor; y en una roca agreste,

La luz de nieve que del cielo llega

Y baña a una hermosura que suspira

La queja vaga que a la noche entrega

Loreley en la lengua de la lira.

Y sobre el agua azul el caballero

Lohengrín; y su cisne, cual si fuese

Un cincelado témpano viajero,

Con su cuello enarcado en forma de S.

Y del divino Enrique Heine un canto,

A la orilla del Rhin; y del divino

Wolfgang la larga cabellera, el manto;

Y de la uva teutona el blanco vino.

O amor lleno de sol, amor de España,

Amor lleno de púrpuras y oros;

Amor que da el clavel, la flor extraña

Regada con la sangre de los toros;

Flor de gitanas, flor que amor recela

Amor de sangre y luz, pasiones locas;

Flor que trasciende a clavo y a canela,

Roja cual las heridas y las bocas.

[Ilustración]

¿Los amores exóticos acaso...?

Como rosa de Oriente me fascinas:

Me deleitan la seda, el oro, el raso.

Gautier adoraba a las princesas chinas.

¡Oh, bello amor de mil genuflexiones;

Torres de kaolín, pies imposibles,

Tazas de té, tortugas y dragones,

Y verdes arrozales apacibles!

Ámame en chino, en el sonoro chino

De Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios

Poetas que interpretan el destino;

Madrigalizaré junto a tus labios.

Diré que eres más bella que la luna;

Que el tesoro del cielo es menos rico

Que el tesoro que vela la importuna

Caricia de Marfil de tu abanico.

[Ilustración]

Ámame, japonesa, japonesa

Antigua, que no sepa de naciones

Occidentales; tal una princesa

Con las pupilas llenas de visiones,

Que aún ignorase en la sagrada Kioto,

En su labrado camarín de plata,

Ornado al par de crisantemo y loto,

La civilización de Yamagata.

O con amor hindú que alza sus llamas

En la visión suprema de los mitos,

Y hace temblar en misteriosas bramas

La iniciación de los sagrados ritos,

En tanto mueven tigres y panteras

Sus hierros, y en los fuertes elefantes

Sueñan con ideales bayaderas

Los rajahs, constelados de brillantes.

O negra, negra como la que canta

En su Jerusalem el rey hermoso,

Negra que haga brotar bajo su planta

La rosa y la cicuta del reposo...

Amor, en fin, que todo diga y cante,

Amor que encante y deje sorprendida

A la serpiente de ojos de diamante

Que está enroscada al árbol de la vida.

Amame así, fatal cosmopolita,

Universal, inmensa, única, sola

y todas; misteriosa y erudita:

Amame mar y nube, espuma y ola.

Sé mi reina de Saba, mi tesoro;

Descansa en mis palacios solitarios.

Duerme. Yo encenderé los incensarios.

Y junto a mi unicornio cuerno de oro,

Tendrán rosas y miel tus dromedarios.

Tigre Hotel, Diciembre 1894.

[Ilustración]

[Ilustración]

SONATINA

LA princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

Está mudo el teclado de su clave sonoro;

Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas banales,

Y vestido de rojo piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

La princesa persigue por el cielo de Oriente

La libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,

O en el que ha detenido su carroza argentina

Para ver de sus ojos la dulzura de luz,

O en el rey de las Islas de las rosas fragantes,

O en el que es soberano de los claros diamantes,

O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! la pobre princesa de la boca de rosa,

Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa.

Tener alas ligeras, bajo el cielo volar,

Ir al sol por la escala luminosa de un rayo,

Saludar a los lirios con los versos de Mayo,

O perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,

Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,

Ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Y están tristes las flores por la flor de la corte;

Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,

De Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Está presa en sus oros, está presa en sus tules,

En la jaula de mármol del palacio real;

El palacio soberbio que vigilan los guardas,

Que custodian cien negros con sus cien alabardas,

Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!

(La princesa está triste. La princesa está pálida)

¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil!

¡Quien volara a la tierra donde un príncipe existe

(La princesa está pálida. La princesa está triste)

Más brillante que el alba, más hermoso que Abril!

Calla, calla, princesa,--dice el hada madrina--

En caballo con alas, hacia acá se encamina,

En el cinto la espada y en la mano el azor,

El feliz caballero que te adora sin verte,

Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,

A encenderte los labios con su beso de amor!

[Ilustración]

[Ilustración]

BLASÓN

[Ilustración]

BLASÓN

_Para la condesa de Peralta._

EL olímpico cisne de nieve

Con el ágata rosa del pico

Lustra el ala eucarística y breve

que abre al sol como un casto abanico.

En la forma de un brazo de lira

Y del asa de un ánfora griega

Es su cándido cuello, que inspira

Como prora ideal que navega.

Es el cisne, de estirpe sagrada,

Cuyo beso, por campos de seda,

Ascendió hasta la cima rosada

De las dulces colinas de Leda.

Blanco rey de la fuente Castalia

Su victoria ilumina el Danubio;

Vinci fué su barón en Italia;

Lohengrín es su príncipe rubio.

Su blancura es hermana del lino,

Del botón de los blancos rosales

Y del albo toisón diamantino

De los tiernos corderos pascuales.

Rimador de ideal florilegio

Es de armiño su lírico manto,

Y es el mágico pájaro regio

Que al morir rima el alma en un canto.

El alado aristócrata muestra

Lises albos en campo de azur,

Y ha sentido en sus plumas la diestra

De la amable y gentil Pompadour.

Boga y boga en el lago sonoro

Donde el sueño a los tristes espera,

Donde aguarda una góndola de oro

A la novia de Luis de Baviera.

Dad, Condesa, a los cisnes cariño,

Dioses son de un país halagüeño,

Y hechos son de perfume, de armiño,

De luz alba, de seda y de sueño.

[Ilustración]

[Ilustración]

DEL CAMPO

¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires

Quedaron allá lejos el fuego y el hervor;

Hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida,

Respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol.

Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura

Que brota de las ramas de tu durazno en flor;

Formada de rosales tu calle de Florida

Mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport.

Un pájaro poeta, rumia en su buche versos;

Chismoso y petulante, charlando va un gorrión;

Las plantas trepadoras conversan de política;

Las rosas y los lirios, del arte y del amor.

Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas,

De sueños millonarios, pasa el travieso Puck;

Y, espléndida sportwoman, en su celeste carro,

La emperatriz Titania seguida de Oberón.

De noche, cuando muestra su medio anillo de oro,

Bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot,

Es una fiesta pálida la que en el huerto reina,

Toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol.

Curiosas las violetas a su balcón se asoman.

Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!»

Los silfos acompasan la danza de las brisas

En un walpurgis vago de aroma y de visión.

De pronto se oye el eco del grito de la pampa;

Brilla como una puesta del argentino sol;

Y un espectral jinete, como una sombra cruza,

Sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor.

--«¿Quién eres, solitario viajero de la noche?»

--«Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó:

¡Yo soy el postrer gaucho que parte para siempre,

De nuestra vieja patria llevando el corazón!»

[Ilustración]

[Ilustración]

ALABA LOS OJOS NEGROS DE JULIA

EVA era rubia? No. Con negros ojos

Vió la manzana del jardín: con labios

Rojos probó su miel; con labios rojos

Que saben hoy más ciencia que los sabios.

Venus tuvo el azur en sus pupilas

Pero su hijo no. Negros y fieros

Encienden a las tórtolas tranquilas

Los dos ojos de Eros.

Los ojos de las reinas fabulosas,

De las reinas magníficas y fuertes,

Tenían las pupilas tenebrosas

Que daban los amores y las muertes.

Pentensilea, reina de amazonas,

Judith, espada y fuerza de Betulia,

Cleopatra, encantadora de coronas,

La luz tuvieron de tus ojos, Julia.

La negra, que es más luz que la luz blanca

Del sol, y las azules de los cielos.

Luz que el más rojo resplandor arranca

Al diamante terrible de los celos.

Luz negra, luz divina, luz que alegra

La luz meridional, luz de las niñas,

De las grandes ojeras, ¡oh, luz negra

Que hace cantar a Pan bajo las viñas!

[Ilustración]

[Ilustración]

CANCIÓN DE CARNAVAL

_Le carnaval s'amuse!

Viens le chanter, ma Muse..._

BANVILLE.

MUSA, la máscara apresta,

Ensaya un aire jovial

Y goza y ríe en la fiesta

Del carnaval.

Ríe en la danza que gira,

Muestra la pierna rosada,

Y suene, como una lira,

Tu carcajada.

Para volar más ligera

Ponte dos hojas de rosa,

Como hace tu compañera

La mariposa.

Y que en tu boca risueña,

Que se une al alegre coro,

Deje la abeja posteña

Su miel de oro.

Unete a la mascarada,

Y mientras muequea un clown

Con la faz pintarrajeada

Como Frank Brown;

Mientras Arlequín revela

Que al prisma sus tintes roba

Y aparece Pulchinela

Con su joroba,

Di a Colombina la bella

Lo que de ella pienso yo,

Y descorcha una botella

Para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima

Sus amores con la luna

Y te haga un poema en una

Pantomima.

Da al aire la serenata,

Toca el áuro bandolín,

Lleva un látigo de plata

Para el _spleen_.

Sé lírica y sé bizarra;

Con la cítara sé griega;

O gaucha, con la guitarra

De santos Vega.

Mueve tu espléndido torso

Por las calles pintorescas

Y juega y adorna el corso,

Con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro

De Andrade en el regio nido,

Y en la hopalanda de Guido,

Polvo de oro.

Penas y duelos olvida,

Canta deleites y amores;

Busca la flor de las flores

Por Florida.

Con la armonía le encantas

De las rimas de cristal,

Y deshojas a sus plantas,

Un madrigal.

Piruetea, baila, inspira

Versos locos y joviales,

Celebre la alegre lira

Los carnavales.

Sus gritos y sus canciones.

Sus comparsas y sus trajes

Sus perlas, tintes y encajes

y pompones.

Y lleve la rauda brisa,

Sonora, argentina, fresca,

La victoria de tu risa

Funambulesca!

[Ilustración]

PARA UNA CUBANA

POESÍA dulce y mística,

Busca a la blanca cubana

Que se asomó a la ventana

Como una visión artística.

Misteriosa y cabalística,

Puede dar celos a Diana,

Con su faz de porcelana

De una blancura eucarística.

Llena de un prestigio asiático,

Roja, en el rostro enigmático,

Su boca púrpura finge

Y al sonreirse vi en ella

El resplandor de una estrella

Que fuese alma de una esfinge.

[Ilustración]

PARA LA MISMA

MIRÉ al sentarme a la mesa,

Bañado en la luz del día,

El retrato de María,

La cubana-japonesa.

El aire acaricia y besa,

Como un amante lo haría,

La orgullosa bizarría,

De la cabellera espesa.

Diera un tesoro el Mikado

Por sentirse acariciado

Por princesa tan gentil,

Digna de que un gran pintor

La pinte junto a una flor

En un vaso de marfil.

[Ilustración]

[Ilustración]

BOUQUET

[Ilustración]

BOUQUET

Un poeta egregio del país de Francia,

Que con versos áureos alabó el amor,

Formó un ramo armónico, lleno de elegancia,

En su _Sinfonía en Blanco Mayor_.

Yo por ti formara, Blanca deliciosa,

El regalo lírico de un blanco _bouquet_,

Con la blanca estrella, con la blanca rosa

Que en los bellos parques del azul se ve.

Hoy que tú celebras tus bodas de nieve,

(Tus bodas de virgen con el sueño son)

Todas sus blancuras, Primavera, llueve

Sobre la blancura de tu corazón.

Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios.

Cuellos de los cisnes, margarita en flor,

Galas de la espuma, ceras de los cirios

Y estrellas celestes tienen tu color.

Yo al enviarte versos de mi vida arranco

La flor que te ofrezco, blanco serafín:

¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco

La más roja rosa que hay en mi jardín!

[Ilustración]

[Ilustración]

EL FAISÁN

DIJO sus secretos el faisán de oro:--

En el gabinete mi blanco tesoro,

De sus claras risas el divino coro

Las bellas figuras de los gobelinos,

Los cristales llenos de aromados vinos,

Las rosas francesas en los vasos chinos.

(Las rosas francesas, porque fué allá en Francia

Donde en el retiro de la dulce estancia

Esas frescas rosas dieron su fragancia.)

La cena esperaba. Quitadas las vendas,

Iban mil amores de flechas tremendas

En aquella noche de Carnestolendas.

La careta negra se quitó la niña,

y tras el preludio de una alegre riña

Apuró mi boca vino de su viña

Vino de la viña de la boca loca,

Que hace arder el beso, que el mordisco invoca.

¡Oh los blancos dientes de la loca boca!

En su boca ardiente yo bebí los vinos,

y pinzas rosadas, sus dedos divinos,

Me dieron las fresas y los langostinos.

Yo la vestimenta de Pierrot tenía,

Y aunque me alegraba y aunque me reía,

Moraba en mi alma la melancolía.

La carnavalesca noche luminosa

Dió a mi triste espíritu la mujer hermosa,

Sus ojos de fuego, sus labios de rosa.

Y en el gabinete del café galante

Ella se encontraba con su nuevo amante,

Peregrino pálido de un país distante.

Llegaban los ecos de vagos cantares;

Y se despedían de sus azahares

Miles de purezas en los bulevares.

Y cuando el champaña me cantó su canto,

Por una ventana vi que un negro manto

De nube, de Febo cubría el encanto.

Y dije a la amada de un día:--¿No viste

De pronto ponerse la noche tan triste?

¿Acaso la Reina de luz ya no existe?

Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro:

--«¡Pierrot! ten por cierto

Que tu fiel amada, que la Luna, ha muerto!»

[Ilustración]

[Ilustración]

GARÇONNIERE

_A. G. Grippa._

COMO era el instante, dígalo la musa

Que las dichas trae, que las penas lleva:

La tristeza pasa, velada y confusa;

La alegría, rosas y azahares nieva.

Era en un amable nido de soltero,

De risas y versos, de placer sonoro;

Era un inspirado cada caballero,

De sueños azules y vino de oro.

Un rubio decía frases sentenciosas:

Negando y amando las musas eternas

Un bruno decía versos como rosas,

Dos sonantes rimas y palabras tiernas.

Los tapices rojos, de doradas listas,

Cubrían panoplias de pinturas y armas,

Que hablaban de bellas pasadas conquistas,

Amantes coloquios y dulces alarmas.

El verso de fuego de D'Anunzio era

Como un son divino que en las saturnales

Guiara las manchadas pieles de pantera.

A fiestas soberbias y amores triunfales.

E iban con manchadas pieles de pantera,

Con tirsos de flores y copas paganas

Las almas de aquellos jóvenes que viera

Venus en su templo con palmas hermanas.

Venus, la celeste reina que adivina

En las almas vivas alegrías francas

Y que les confía, por gracia divina,

Sus abejos de oro, sus palomas blancas.

Y aquellos amantes de la eterna Dea,

A la dulce música de la regia rima,

Oyen el mensaje de la vasta Idea

Por el compañero que recita y mima.

Y sobre sus frentes que acaricia el lauro,

Abril pone amable su beso sonoro,

Y llevan gozosos, sátiro y centauro.

La alegría noble del vino de oro.

[Ilustración]

EL PAIS DEL SOL

_Para una artista cubana._

JUNTO al negro palacio del rey de la isla de Hierro--(¡oh,

cruel, horrible destierro!)--¿cómo es que

tú, hermana harmoniosa, haces cantar al cielo gris,

tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical?

¿No te entristece recordar la primavera en que

oiste a un pájaro divino y tornasol

en el país del sol?

En el jardín del rey de la isla de Oro--(¡oh, mi

ensueño que adoro!)--fuera mejor que tú, harmoniosa

hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus

sonoras arpas; tú que naciste donde más lindos nacen

el clavel de sangre y la rosa de arrebol,

en el país del sol!

O en el alcázar de la reina de la isla de Plata

(Schubert, solloza la _Serenata_...) pudieras también,

hermana harmoniosa, hacer que las místicas aves

de tu alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de

luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne

marqués. La mejor plata se funde en un ardiente crisol,

en el país del sol!

Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela--(resuena,

lira, Céfiro, vuela)--y parte, harmoniosa

hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del

mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos

de oro bajo un regio azul parasol,

en el país del sol.

New-Yoy, 1893.

[Ilustración]

[Ilustración]

MARGARITA

_In memoriam..._

RECUERDAS que querías ser una Margarita

Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,

Cuando cenamos juntos, en la primera cita,

En una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita

Sorbían el champaña del fino baccarat;

Tus dedos deshojaban la blanca margarita

«¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;

Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;

Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días,

La Muerte, la celosa, por ver si me querías,

¡Como a una margarita de amor, te deshojó!

[Ilustración]

[Ilustración]

MÍA

MÍA: así te llamas.

¿Qué más harmonía?

Mía: luz del día,

Mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas

En el alma mía

Si sé que me amas,

¡Oh Mía! ¡oh Mía!

Tu sexo fundiste

Con mi sexo fuerte,

Fundiendo dos bronces.

Yo triste, tu triste...

¿No has de ser entonces

Mía hasta la muerte?

[Ilustración]

DICE MIA

MI pobre alma pálida

Era un crisálida.

Luego mariposa

De color de rosa.

Un céfiro inquieto

Dijo mi secreto...

--¿Has sabido tu secreto un día?

¡Oh Mía!

Tu secreto es una

Melodía en un rayo de luna...

--¿Una melodía?

[Ilustración]

[Ilustración]

HERALDOS

¡HELENA!

La anuncia el blancor de un cisne.

¡Makheda!

La anuncia un pavo real.

¡Ifigenia, Electra, Catalina!

Anúncialas un caballero con un hacha.

¡Ruth, Lía, Enone!

Anúncialas un paje con un lirio.

¡Yolanda!

Anúnciala una paloma.

¡Clorinda, Carolina!

Anúncialas un paje con un ramo de viña.

¡Sylvia!

Anúnciala una corza blanca.

¡Aurora, Isabel!

Anúncialas de pronto

Un resplandor que ciega mis ojos.

_¿Ella?_

(No la anuncian. No llega aún.)

[Ilustración]

ITE, MISSA EST

_A. Reynaldo de Rafael._

YO adoro a una sonámbula con alma de Eloisa

Virgen como la nieve y honda como la mar;

Su espíritu es la hostia de mi amorosa misa

Y alzo al són de una dulce lira crepuscular.

Ojos de evocadora, gesto de profetisa,

En ella hay la sagrada frecuencia del altar;

Su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa.

Sus labios son los únicos labios para besar.

Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;

Apoyada en mi brazo como convaleciente

Me mirará asombrada con íntimo pavor;

La enamorada esfinge quedará estupefacta,

Apagaré la llama de la vestal intacta

¡Y la faunesa antigua me rugirá de amor!

[Ilustración]

COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

_A Paul Groussac._

[Ilustración]

COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

EN la isla en que detiene su esquife el argonauta

Del inmortal Ensueño, donde la eterna pauta

De las eternas liras se escucha--: Isla de oro

En que el tritón elige su caracol sonoro

Y la sirena blanca va a ver el sol--un día

Se oye un tropel vibrante de fuerza y de armonía.

Son los Centauros. Cubren la llanura. Les siente

La montaña. De lejos, forman són de torrente

Que cae; su galope al aire que reposa

Despierta, y estremece la hoja del laurel-rosa.

Son los Centauros. Unos enormes, rudos; otros

Alegres y saltantes como jóvenes potros;

Unos con largas barbas como los padres-ríos,

Otros imberbes, ágiles y de piafantes bríos,

y de robustos músculos, brazos y lomos aptos

Para portar las ninfas rosadas en los raptos.

Van en galope rítmico. Junto a un fresco boscaje,

Frente al gran Océano, se paran. El paisaje

Recibe de la urnal matinal luz sagrada

Que el vasto azul suaviza con límpida mirada.

Y oyen seres terrestres y habitantes marinos

La voz de los criados cuadrúpedos divinos.

QUIRÓN

Calladas las bocinas a los tritones gratas,

Calladas las sirenas de labios escarlatas.

Los carrillos de Eolo desinflados, digamos

Junto al laurel ilustre de florecidos ramos

La gloria inmarcesible de las Musas hermosas

Y el triunfo del terrible misterio de las cosas.

He aquí que renacen los lauros milenarios;

Vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios;

Y anímase en mi cuerpo de Centauro inmortal

La sangre del celeste caballo paternal.

RETO

Arquero luminoso, desde el zodiaco llegas;

Aun presas en las crines tiene avejas griegas;

Aun del dardo herakleo muestras la roja herida

Por do salir no pudo la esencia de tu vida.

¡Padre y Maestro excelso! Eres la fuente sana

De la verdad que busca la triste raza humana:

Aun Esculapio sigue la vena de tu ciencia;

Siempre el veloz Aquiles sustenta su existencia

Con el manjar salvaje que le ofreciste un día,

y Herakles, descuidando su masa, en la harmonía

De los astros, se eleva bajo el cielo nocturno...

QUIRÓN

La ciencia es flor del tiempo: mi padre fué Saturno.

ABANTES

Himnos a la sagrada Naturaleza; al vientre

De la tierra y al germen que entre en las rocas y entre

Las carnes de los árboles, y dentro humana forma

Es un mismo secreto y es una misma norma,

Potente y sutilísimo, universal resumen

De la suprema fuerza, de la virtud del Numen.

QUIRÓN

¡Himnos! Las cosas tienen un sér vital: las cosas

Tienen raros aspectos, miradas misteriosas;

Toda forma es un gesto, una cifra, un enigma;

En cada átomo existe un incógnito estigma;

Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar

Y hay un alma en cada una de las gotas del mar;

El vate, el sacerdote, suele oir el acento

Desconocido; a veces enuncia el vago viento

Un misterio; y revela una inicial la espuma

O la flor; y se escuchan palabras de la bruma.

Y el hombre favorito del numen, en la linfa

O la ráfaga encuentra mentor--; demonio o ninfa.

FOLO

El biforme ixionida comprende de la altura,

Por la materna gracia, la lumbre que fulgura,

La nube que se anima de luz y que decora

El pavimento en donde rige su carro Aurora,

Y la banda de Iris que tiene siete rayos

Cual la lira en sus brazos siete cuerdas; los mayos

En la fragante tierra llenos de ramos bellos,

Y el Polo coronado de cándidos cabellos.

El ixionida pasa veloz por la montaña

Rompiendo con el pecho de la maleza huraña

Los erizados brazos, las cárceles hostiles;

Escuchan sus orejas los ecos más sutiles:

Sus ojos atraviesan las intrincadas hojas

Mientras sus manos toman para sus bocas rojas

Las frescas bayas altas que el sátiro codicia;

Junto a la oculta fuente su mirada acaricia

Las curvas de las ninfas del séquito de Diana;

Pues en su cuerpo corre también la esencia humana

Unida a la corriente de la savia divina

Y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina.

Tal el hijo robusto de Ixión y de la Nube.

QUIRÓN

Sus cuatro patas, bajan; su testa erguida, sube.

ORNEO

Yo comprendo el secreto de la bestia. Malignos

Séres hay y benignos. Entre ellos se hacen signos

De bien y mal, de odio o de amor, o de pena

O gozo: el cuervo es malo y la torcaz es buena.

QUIRÓN

Ni es la torcaz benigna, ni es el cuervo protervo:

Son formas del Enigma la paloma y el cuervo.

ASTILO

El Enigma es el soplo que hace cantar la lira.

NESO

¡El Enigma es el rostro fatal de Deyanira!

Mi espalda aun guarda el dulce perfume de la bella;

Aun mis pupilas llama su claridad de estrella.

¡Oh, aroma de su sexo! ¡oh, rosas y alabastros!

¡Oh, envidia de las flores y celos de los astros!

QUIRÓN

Cuando del sacro abuelo la sangre luminosa

Con la marina espuma formara nieve y rosa,

Hecha de rosa y nieve nació la Anadiomena.

Al cielo alzó los brazos la lírica sirena,

Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas

Levaron los hocicos; y caderas redondas,

Tritónicas melenas y dorsos de delfines

Junto a la Reina nueva se vieron. Los confines

Del mar llenó el grandioso clamor; el universo

Sintió que un hombre harmónico sonoro como un verso

Llenaba el hondo hueco de la altura; ese hombre

Hizo gemir la tierra de amor: fué para el hombre

Más alto que el de Jove: y los númenes mismos

Lo oyeron asombrados; los lóbregos abismos

Tuvieron una gracia de luz ¡VENUS impera!

Ella es entre las reinas celestes la primera,

Pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura.

¡Vaso de miel y mirra brotó de la amargura!

Ella es la más gallarda de las emperatrices;

Princesa de los gérmenes, reina de las matrices,

Señora de las savias y de las atracciones,

Señora de los besos y de los corazones.

EUIRITO

¡No olvidaré los ojos radiantes de Hipodamia!

HIPEA

Yo sé de la hembra humana la original infamia.

Venus anima artera sus máquinas fatales,

Tras los radiantes ojos ríen traidores males,

De su floral perfume se exhala sutil daño;

Su cráneo obscuro alberga bestialidad y engaño.

Tiene las formas puras del ánfora, y la risa

Del agua que la brisa riza y el sol irisa;

Mas la ponzoña ingénita su máscara pregona:

Mejores son el águila, la yegua y la leona.

De su húmeda impureza brota el calor que enerva

Los mismos sacros dones de la imperial Minerva;

Y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte,

Hay un olor que llena la barca de Caronte.

ODITES

Como una miel celeste hay en su lengua fina;

Su piel de flor aun húmeda está de agua marina.

Yo he visto de Hipodamia la faz encantadora,

La cabellera espesa, la pierna vencedora.

Ella de la hembra humana fuera ejemplar augusto;

Ante su rostro olímpico no habría rostro adusto;

Las Gracias junto a ella quedarían confusas,

Y las ligeras Horas y las sublimes Musas

Por ella detuvieron sus giros y su canto.

HIPEA

Ella la causa fuera de inenarrable espanto:

Por ella el ixionida dobló su cuello fuerte.

La hembra humana es hermana del Dolor y la Muerte.

QUIRÓN

Por suma ley un día llegará el himeneo

Que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo;

Claro será el origen del femenino arcano:

La Esfinge tal secreto dirá a su soberano.

CLITO

Naturaleza tiende sus brazos y sus pechos

A los humanos seres; la clave de los hechos

Conócela el vidente; Homero con su báculo,

En su gruta Deifobe, la lengua del Oráculo.

CAUMANTES

El monstruo expresa un ansia del corazón del Orbe,

En el Centauro el bruto la vida humana absorbe,

El sátiro es la selva sagrada y la lujuria,

Une sexuales ímpetus a la harmoniosa furia.

Pan junta la soberbia de la montaña agreste

Al ritmo de la inmensa mecánica celeste;

La boca melodiosa que atrae en Sirenusa

Es de la fiera alada y es de la suave musa;

Con la bicorne bestia Pasifae se ayunta,

Naturaleza sabia formas diversas junta,

Y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza,

El monstruo, siendo el símbolo, se viste de belleza.

GRINEO

Yo amo lo inanimado que amó el divino Hesiodo.

QUIRÓN

Grineo, sobre el mundo tiene un ánima todo.

GRINEO

He visto, entonces, raros ojos fijos en mí:

Los vivos ojos rojos del alma del rubí;

Los ojos luminosos del alma del topacio

Y los de la esmeralda que del azul espacio

La maravilla imitan; los ojos de las gemas

De brillos peregrinos y mágicos emblemas.

Amo el granito duro que el arquitecto labra

Y el mármol en que duermen la línea y la palabra...

QUIRÓN

A Deucalión y a Pirra, varones y mujeres

Las piedras aun intactas dijeron: «¿Qué nos quieres?»

LICIDAS

Yo he visto los lemures flotar, en los nocturnos

Instantes, cuando escuchan los bosques taciturnos

El loco grito de Atis que su dolor revela

O la maravillosa canción de Filomela.

El galope apresuro, si en el boscaje miro

Manes que pasan, y oigo su fúnebre suspiro.

Pues de la Muerte el hondo, desconocido Imperio,

Guarda el pavor sagrado de su fatal misterio.

ARNEO

La Muerte es de la Vida la inseparable hermana.

QUIRÓN

La Muerte es la victoria de la progenie humana.

MEDÓN

¡La Muerte! Yo la he visto. No es demacrada y mustia

Ni ase corva guadaña, ni tiene faz de angustia.

Es semejante a Diana, casta y virgen como ella;

En su rostro hay la gracia de la núbil doncella

Y lleva una guirnalda de rosas siderales.

En su siniestra tiene verdes palmas triunfales,

y en su diestra una copa con agua del olvido.

A sus pies, como un perro, yace un amor dormido.

AMICO

Los mismos dioses buscan la dulce paz que vierte.

QUIRÓN

La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte.

EURETO

Si el hombre--Prometeo--pudo robar la vida,

La clave de la muerte serále concedida.

QUIRÓN

La virgen de las vírgenes es inviolable y pura.

Nadie su casto cuerpo tendrá en la alcoba obscura,

Ni beberá en sus labios el grito de victoria,

Ni arrancará a su frente las rosas de su gloria.

* * * * *

Mas he aquí que Apolo se acerca al meridiano.

Sus truenos prolongados repite el Oceano.

Bajo el dorado carro del reluciente Apolo

Vuelve a inflar sus carrillos y sus odres Eolo.

A lo lejos, un templo de mármol se divisa

Entre laureles-rosa que hace cantar la brisa.

Con sus vibrantes notas de Céfiro desgarra

La veste transparente la helénica cigarra,

Y por el llano extenso van en tropel sonoro

Los Centauros, y al paso, tiembla la Isla de Oro.

[Ilustración]

[Ilustración]

VARIA

_A Luis Berisso_.

[Ilustración]

EL POETA PREGUNTA POR STELLA

LIRIO divino, lirio de las Anunciaciones;

Lirio, florido príncipe,

Hermano perfumado de las estrellas castas,

Joya de los abriles.

A ti las blancas dianas de los parques ducales;

Los cuellos de los cisnes,

Las místicas estrofas de cánticos celestes

Y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes.

Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios

La primavera imprime,

En tus venas no corre, la sangre de las rosas pecadoras.

Sino el ícor excelso de las flores insignes.

Lirio real y lírico

Que naces con la albura de las hostias sublimes

De las cándidas perlas

Y del lino sin mácula de las sobrepellices,

¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,

La hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste?

[Ilustración]

[Ilustración]

PÓRTICO[1]

[1] Para el libro _En tropel_, del poeta español Salvador Rueda,

1892.

LIBRE la frente que el casco rehusa,

Casi desnuda en la gloria del día,

Alza su tirso de rosas la musa

Bajo el gran sol de la eterna Harmonía.

Es Floreal, eres tú, Primavera,

Quien la sandalia calzó a su pie breve;

Ella, de tristes nostalgias muriera

En el país de los cisnes de nieve.

Griega es su sangre, su abuelo era ciego;

Sobre la cumbre del Pindo sonoro

El sagitario del carro de fuego

Puso en su lira las cuerdas de oro.

Y bajo el pórtico blanco de Paros,

Y en los boscajes de frescos laureles,

Píndaro dióle sus ritmos preclaros,

Dióle Anacreonte sus vinos y mieles.

Toda desnuda, en los claros diamantes

Que en la Castalia recaman las linfas,

Viéronla tropas de faunos saltantes,

Cual la más fresca y gentil de las ninfas.

Y en la fragante, harmoniosa floresta,

Puesto a los ecos su oído de musa,

Pan sorprendióla escuchando la orquesta

Que él daba al viento con su cornamusa.

Ella resurge después en el Lacio,

Siendo del tedio su lengua exterminio;

Lleva a sus labios la copa de Horacio,

Bebe falerno en su ebúrneo triclinio.

Pájaro errante, ideal golondrina,

Vuela de Arabia a un confín solitario,

Y ve pasar en su torre argentina

A un rey de Oriente sobre un dromedario;

Rey misterioso, magnífico y mago.

Dueño opulento de cien Estambules,

Y a quien un genio brindara en un lago

Góndolas de oro en las aguas azules.

Ese es el rey más hermoso que el día,

Que abre a la musa las puertas de Oriente;

Ese es el rey del país Fantasía,

Que lleva un claro lucero en la frente.

Es en Oriente donde ella se inspira

En las moriscas exóticas zambras;

Donde primero contempla y admira

Las cinceladas divinas alhambras;

Las muelles danzas en las alcatifas

Donde la mora sus velos desata,

Los pensativos y viejos kalifas

De ojos obscuros y barbas de plata.

Es una bella y alegre mañana

Cuando su vuelo la musa confía

A una errabunda y fugaz caravana

Que hace del viento su brújula y guía.

Era la errante familia bohemia,

Sabia en extraños conjuros y estigmas,

Que une en su boca plegaria y blasfemia,

Nombres sonoros y raros enigmas;

Que ama los largos y negros cabellos,

Danzas lascivas y finos puñales,

Ojos llameantes de vivos destellos,

Flores sangrientas de labios carnales.

Y con la gente morena y huraña

Que a los caprichos del aire se entrega,

Hace su entrada triunfal en España

Fresca y riente la rítmica griega.

Mira las cumbres de Sierra Nevada,

Las bocas rojas de Málaga, lindas,

Y en un pandero su mano rosada

Fresas recoge, claveles y guindas.

Canta y resuena su verso de oro,

Ve de Sevilla las hembras de llama,

Sueña y habita en la Alhambra del moro;

Y en sus cabellos perfumes derrama.

Busca del pueblo las penas, la flores,

Mantos bordados de alhajas de seda,

Y la guitarra que sabe de amores,

Cálida y triste querida de Rueda;

(Urna amorosa de voz femenina,

Caja de música de duelo y placer:

Tiene el acento de un alma divina,

Talle y caderas como una mujer.)

Va del tablado flamenco a la orilla

Y ase en sus palmas los crótalos negros,

Mientras derrocha la audaz seguidilla

Bruscos acordes y raudos alegros.

Ritma los pasos, modula los sones,

Ebria risueña de un vino de luz,

Hace que brillen los ojos gachones,

Negros diamantes del patio andaluz.

Campo y pleno aire refrescan sus alas;

Ama los nidos, las cumbres, las cimas;

Vuelve del campo vestida de galas,

Cuelga a su cuello collares de rimas.

En su tesoro de reina de Saba,

Guarda en secreto celestes emblemas;

Flechas de fuego en su mágica aljaba,

Perlas, rubíes, zafiros y gemas.

Tiene una corte pomposa de majas.

Suya es la chula de rostro risueño,

Suyas las juergas, las curvas navajas

Ebrias de sangre y licor malagueño.

Tiene por templo un alcázar marmóreo,

Guárdalo esfinge de rostro egipciaco,

Y cual labrada en un bloque hiperbóreo,

Venus enfrente de un triunfo de Baco.

Dentro presenta sus formas de nieve,

Brinda su amable sonrisa de piedra,

Mientras se enlaza en un bajo-relieve

A una driada ceñida de hiedra.

Un joven fauno robusto y violento,

Dulce terror de las ninfas incautas,

Al son triunfante que lanzan al viento

Tímpanos, liras y sistros y flautas.

Ornan los muros mosaicos y frescos,

Áureos pedazos de un sol fragmentario,

Iris trenzados en mil arabescos,

Joyas de un hábil cincel lapidario.

Y de la eterna Belleza en el ara,

Ante su sacra y grandiosa escultura,

Hay una lámpara en albo carrara.

De una eucarística y casta blancura.

Fuera, el frondoso jardín del poeta

Ríe en su fresca y gentil hermosura;

Ágata, perla, amatista, violeta,

Verdor eclógico y tibia espesura.

Una andaluza despliega su manto

Para el poeta de música eximia;

Rústicos Títiros cantan su canto;

Bulle el hervor de la alegre vendimia.

Ya es un tropel de bacantes modernas

El que despierta las locas lujurias;

Ya húmeda y triste de lágrimas tiernas,

Da su gemido la gaita de Asturias.

Francas fanfarrias de cobres sonoros,

Labios quemantes de humanas sirenas,

Ocres y rojos de plazas de toros,

Fuegos y chispas de locas verbenas.

* * * * *

Joven homérida, un día su tierra

Vióle que alzaba soberbio estandarte,

Buen capitán de la lírica guerra,

Regio cruzado del reino del arte.

Vióle con yelmo de acero brillante,

Rica armadura sonora a su paso,

Firme tizona, broncíneo olifante,

Listo y piafante su excelso pegaso.

Y de la brega tornar vióle un día

De su victoria en los bravos tropeles,

Bajo el gran sol de la eterna Harmonía,

Dueño de verdes y nobles laureles.

Fué aborrecido de Zoilo, el verdugo.

Fué por la gloria su estrella encendida.

Y esto pasó en el reinado de Hugo,

Emperador de la barba florida.

[Ilustración]

[Ilustración]

ELOGIO DE LA SEGUIDILLA

METRO mágico y rico que al alma expresas

Llameantes alegrías, penas arcanas,

Desde en los suaves labios de las princesas

Hasta en las bocas rojas de las gitanas.

Las almas harmoniosas buscan tu encanto,

Sonora rosa métrica que ardes y brillas,

Y España ve en tu ritmo, siente en tu canto

Sus hembras, sus claveles, sus manzanillas.

Vibras al aire alegre como una cinta,

El músico te adula, te ama el poeta;

Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta

Con la audaz policromia de su paleta.

En ti el hábil orfebre cincela el marco

En que la idea-perla su oriente acusa,

O en tu cordaje harmónico formas el arco

Con que lanza sus flechas la airada musa.

A él tu voz en baile crujen las faldas,

Los piececitos hacen brotar las rosas

E hilan hebras de amores las Esmeraldas

En ruecas invisibles y misteriosas.

La anudaluza hechicera, paloma arisca,

Por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra,

Con el lánguido gesto de la odalisca

O las fascinaciones de la culebra.

Pequeña ánfora lírica de vino llena

Compuesto por la dulce musa Alegría

Con uvas andaluzas, sal macarena,

Flor y canela frescas de Andalucía.

Subes, creces y vistes de pompas fieras;

Retumbas en el ruido de las metrallas,

Ondulas con el ala de las banderas,

Suenas con los clarines de las batallas.

Tienes toda la lira: tienes las manos

Que acompasan las danzas y las canciones;

Tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos

Y tus llantos que parten los corazones.

Ramillete de dulces trinos verbales,

Javalina de Diana la Cazadora,

Ritmo que tiene el filo de cien puñales,

Que muerde y acaricia, mata y enflora.

Las Tirsis campesinas de ti están llenas

Y aman, radiosa abeja, tus bordoneos;

Así riegas tus chispas las nochebuenas

Como adornas la lira de los Orfeos.

Que bajo el sol dorado de Manzanilla

Que esta azulada concha del cielo baña,

Polítona y triunfante, la seguidilla

Es la flor del sonoro Pindo de España.

Madrid, 1892.

[Ilustración]

[Ilustración]

EL CISNE

_A Ch. Del Gouffre._

FUÉ en una hora divina para el género humano.

El Cisne antes cantaba sólo para morir.

Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano

Fué en medio de una aurora, fué para revivir.

Sobre las tempestades del humano oceano

Se oye el canto del Cisne; no se cesa de oir,

Dominando el martillo del viejo Thor germano

O las trompas que cantan la espada de Argantir.

¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena

Del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,

Siendo de la Hermosura la princesa inmortal,

Bajo tus blancas alas la nueva Poesía,

Concibe en una gloria de luz y de harmonía

La Helena eterna y pura que encarna el ideal.

[Ilustración]

[Ilustración]

LA PÁGINA BLANCA

_A. A. Lamberti._

Mis ojos miraban en hora de ensueños

la página blanca.

Y vino el desfile de ensueños y sombras.

Y fueron mujeres de rostros de estatua,

Mujeres de rostros de estatuas de mármol,

¡Tan tristes, tan dulces, tan suaves, tan pálidas!

Y fueron visiones de extraños poemas,

De extraños poemas de besos y lágrimas,

¡De historias que dejan en crueles instantes

Las testas viriles cubiertas de canas!

¡Qué cascos de nieve que pone la suerte!

¡Qué arrugas precoces cincela en la cara!

¡Y cómo se quiere que vayan ligeros

Los tardos camellos de la caravana!

Los tardos camellos--,

Como las figuras en un panorama--,

Cual si fuese un desierto de hielo,

Atraviesan la página blanca.

Prosas Profanas Obras Completas Vol. II · 第 1 / 3 段