[251.] Hay en la religion católica un misterio que la Iglesia celebra

con ceremonias augustas, y que el cristiano adora con fe y con amor. El

incrédulo ha visto el tabernáculo sacrosanto, y sonriéndose con desden,

ha dicho: «hé aquí un monumento de supersticion; hé aquí al hombre

adorando el absurdo.» No siendo esta una obra teológica, sino

filosófica, podria prescindir de responder á las objeciones de la

incredulidad; pero la ocasion me parece tan oportuna para soltar

dificultades levantadas por la superficialidad y la ligereza, que no

puedo menos de aprovecharla. El género de la obra, me obliga á ser breve

en esta discusion; pero la importancia del objeto reclama que no le pase

por alto; mayormente cuando los autores católicos que han escrito de

filosofía han sólido tambien hacer algunas aclaraciones sobre esta

materia, en los lugares que han creido mas oportunos, y muy

particularmente al tratar de la extension.

[252.] El misterio de la Eucaristía es un hecho sobrenatural,

incomprensible al débil hombre, inexplicable con palabras humanas; esto

lo confiesan los católicos; esto lo reconoce la Iglesia. No se trata

pues de señalar una razon filosófica para aclarar este arcano; ningun

fiel será osado á llevar tan lejos su vanidad: se trata únicamente de

saber si el misterio es absurdo en sí, esto es, intrínsecamente

contradictorio; porque si tal fuera, el dogma no seria una verdad sino

un error: la omnipotencia divina no se extiende á lo absurdo. La

cuestion está en si el hecho, sin embargo de estar fuera de las leyes de

la naturaleza, es intrínsecamente posible: porque en tal caso la

cuestion sale del terreno de la filosofía y entra en el de la crítica:

el incrédulo, si admite la existencia de Dios, debe admitir su

omnipotencia; y entonces no deberemos disputar sobre si Dios puede ó nó

hacer este milagro, sino únicamente si lo ha hecho.

[253.] Las dificultades que se pueden objetar contra el augusto misterio

de la Eucaristía se reducen á lo siguiente: un cuerpo está sin las

condiciones á que están sometidos los otros cuerpos; no produce ninguna

de las impresiones sensibles que recibimos de los demás; y por fin, se

halla á un mismo tiempo en muchos lugares. Para soltar cumplidamente

estas objeciones conviene fijar las ideas.

[254.] Las doctrinas expuestas en la teoría de la sensibilidad contenida

en este volúmen, convencen de cuán falsamente se ha dicho que el

misterio de la Eucaristía es imposible. Bajo las sagradas especies hay

un cuerpo que no afecta nuestros sentidos: aquí encontramos un milagro,

mas nó una cosa imposible. He manifestado que no hay ninguna relacion

necesaria entre los cuerpos y nuestra sensibilidad; el enlace que ahora

experimentamos, no puede explicarse por ninguna propiedad intrínseca del

espíritu y de los cuerpos, así, es menester recurrir á una causa

superior que libremente haya establecido dichas relaciones. La misma

causa puede suspenderlas, luego bajo este punto de vista, la cuestion

está reducida á lo siguiente: ¿puede la omnipotencia divina hacer que un

cuerpo no nos produzca los fenómenos de la sensibilidad, suspendiéndose

las leyes que Dios ha establecido libremente? Presentada la cuestion de

esta manera, no es susceptible de dos soluciones: es necesario ó

resolverla afirmativamente ó negar la omnipotencia.

[255.] Los que se propongan convencer de absurdo nuestro dogma, deben

probar lo siguiente.

1.º Que la sensibilidad pasiva, es tan esencial á los cuerpos, que no la

pueden perder sin que falte el principio de contradiccion.

2.º Que las relaciones de nuestros órganos, con los objetos, son

intrínsecamente inmutables.

3.º Que la transmision de las impresiones del órgano á las facultades

sensitivas del alma, es tambien esencial, y no puede faltar en ningun

supuesto.

Si no se dan por verdaderas las proposiciones anteriores, caen todas las

dificultades que se funden en los fenómenos de la sensibilidad. Con solo

faltar una de estas tres proposiciones, todas las dificultades tienen

solucion: porque es evidente que los fenómenos de la sensibilidad pueden

alterarse por tres causas:

1.ª La ausencia de las disposiciones necesarias al cuerpo, para ser

objeto de sensibilidad.

2.ª La interrupcion de las relaciones ordinarias, entre nuestros órganos

y el cuerpo.

3.ª La falta de la transmision de las impresiones de los órganos á las

facultades sensitivas.

Es decir: que nos basta que una de las tres primeras proposiciones sea

falsa, para que el incrédulo no pueda dar un paso.

[256.] Quien acometiese la empresa de probar las tres proposiciones, no

solo podria estar seguro de no alcanzar su objeto, sino que con solo

intentarlo, manifestaria que no ha meditado sobre los fenómenos de la

sensibilidad, ni posee sobre estas materias mas filosofía, que las

nociones del vulgo. No es necesario ser filósofo, basta haber adquirido

una ligera instruccion filosófica, para saber que una empresa semejante

supone completa ignorancia de la historia de la filosofía. Como quiera,

no necesito insistir sobre este punto, porque tengo ya largamente

ventiladas estas cuestiones, en los dos libros de que se compone el tomo

presente.

[257.] La solucion anterior podria bastar para desvanecer

satisfactoriamente la dificultad fundada en el modo particular con que

un cuerpo está sin las condiciones de extension á que vemos sometidos

los otros: porque desde el momento que se supone suspendida la

correspondencia de un cuerpo con nuestros sentidos, como estos son el

único conducto que nos informa de lo que pasa en lo exterior, no podemos

afirmar que se verifique ningun absurdo en cosa de que no tenemos

experiencia. Para percibir la extension, necesitamos sentirla; luego no

podemos decir nada relativo á la extension sobre un objeto que no

sentimos. Pero aunque esta respuesta podria atajar el curso de las

objeciones, no quiero limitarme á ella.

[258.] ¿Qué es la extension? en la realidad es un conjunto de relaciones

de los seres que entran en la composicion de lo extenso. Estas

relaciones no son intrínsecamente necesarias, como llevo manifestado;

luego Dios puede alterarlas. Resulta de esto que la cuestion viene á

parar al mismo punto que la anterior: ¿puede la omnipotencia divina

suspender, ó alterar, ó quitar del todo, relaciones que no sean

necesarias con necesidad intrínseca? es evidente que sí. La dificultad

pues, no está en lo que ha podido ser, sino en lo que es: otra vez nos

hallamos fuera del terreno de la filosofía, en el campo de los hechos, ó

sea en el exámen de los motivos de credibilidad.

[259.] El otro argumento, sobre hallarse un cuerpo á un mismo tiempo en

muchos lugares, aunque en apariencia mas fuerte, se reduce en el fondo á

lo mismo que el anterior. Estar en un lugar tal como lo entendemos

ahora, es hallarse con la extension propia, en la forma ordinaria, y con

las relaciones ordinarias tambien, con respecto á la extension de otros

cuerpos. Si se supone un cuerpo con la extension sometida á otras

condiciones, sin la relacion ordinaria á la extension de los demás;

falta el supuesto en que hacemos estribar la imposibilidad de estar un

cuerpo á un mismo tiempo en muchos lugares; luego habiendo probado que

la omnipotencia divina puede alterar y hasta quitar estas relaciones, no

hay ninguna contradiccion en que falte lo que de ellas debia resultar.

[260.] Y hé aquí cómo las distinciones de los escolásticos entre las dos

clases de extension: _in ordine ad se, et in ordine ad locum_, y la

manera cuantitativa y la sacramental, que á los ojos de una filosofía

ligera podian parecer sutilezas vanas, excogitadas para eludir la

dificultad, eran observaciones profundas que el análisis de la realidad

y del fenómeno en el órden sensible, vienen á confirmar. Y no quiero

decir con esto que al darse en las escuelas las distinciones expresadas,

se comprendiera siempre perfectamente, toda la verdad, toda la

delicadeza filosófica que ellas encerraban; ni que se las acompañase de

todo el exámen analítico de que eran susceptibles; prescindo ahora del

mérito de los hombres, y miro únicamente al fondo de las cosas; pero

cuanto menor se quisiera suponer la inteligencia filosófica en los que

las empleaban, tanto mas admirable se nos presenta esa augusta religion

que inspira á sus defensores pensamientos fecundos, que los siglos

venideros pueden desarrollar. Las escuelas filosóficas disputaban

vivamente sobre la extension, sobre los accidentes, sobre las facultades

sensitivas; el dogma católico enseñaba una verdad contraria á todas las

apariencias: esto equivalia á estimular para que se examinase mas

profundamente la distancia del fenómeno á la realidad; la diferencia

entre lo contingente y lo necesario: el augusto misterio pesaba sobre la

filosofía suscitando cuestiones que probablemente no se hubieran

ofrecido jamás al entendimiento del hombre.

[261.] Con profunda verdad dijo Bacon de Verulamio que poca filosofía

aparta de la religion y que mucha filosofía conduce á ella; un estudio

detenido de las dificultades que se objetan al cristianismo manifiesta

una verdad, que además está confirmada por la historia de diez y ocho

siglos: las dificultades contra la religion católica, cuando se

presentan muy graves, lejos de probar nada contra ella, encierran alguna

prueba que la confirma mas y mas; el secreto para que esta prueba se

manifieste, es esforzar la dificultad misma, y examinarla profundamente

bajo todos sus aspectos. El pecado original es un misterio, pero este

misterio explica el mundo entero; la Encarnacion es un misterio, pero

este misterio explica las tradiciones del humano linaje; la fe está

llena de misterios, pero esta fe satisface una de las mas grandes

necesidades de la razon; la historia de la creacion es un misterio, pero

este misterio esclarece el caos, alumbra el mundo, descifra la historia

de la humanidad; todo el cristianismo es un conjunto de misterios, pero

esos misterios se enlazan por ocultos senderos, con todo lo que hay de

profundo, de grande, de sublime, de bello, de tierno en el cielo y en la

tierra; se enlazan con el individuo, con la familia, con la sociedad,

con Dios, con el entendimiento, con el corazon, con las lenguas, con la

ciencia, con el arte. El investigador que no se acuerda de la religion,

y que tal vez busca medios para combatirla, la encuentra en la entrada y

en la salida de los caminos misteriosos, junto á la cuna del niño, como

al umbral de los sepulcros, en el tiempo como en la eternidad,

explicándolo todo con una palabra, arrostrando impasible los

despropósitos de la ignorancia y los sarcasmos del incrédulo, y

esperando tranquila que el curso de los siglos venga á dar la razon, al

que para tenerla no necesitaba que los siglos comenzaran á correr.

CAPÍTULO XXXIV.

CONCLUSION Y RESÚMEN.

[262.] Antes de comenzar el tratado sobre las ideas, fijémonos todavía

algunos momentos en el orígen y carácter de las que tenemos sobre la

extension; lo cual contribuirá á que se eche de ver el fruto recogido en

las investigaciones precedentes, y nos preparará el camino para las

sucesivas.

La fecundidad científica que tiene en nuestro espíritu esta idea, prueba

la distancia que va de la impresion sensible, á la percepcion

intelectual. No sabemos, ni podemos saber, si esta idea con todo su

grandor y fecundidad, existia en nuestro espíritu antes de recibir la

impresion sensible: si existia, no teníamos conciencia de ella; bajo

este concepto, el decir que es una idea innata, es aventurar una

proposicion sin prueba; pero no lo es el afirmar que hay dos órdenes de

fenómenos internos totalmente distintos; que la sensacion no ha podido

producir la idea; que esta idea es inmensamente superior á la impresion

externa, y aun á la intuicion interna sensitiva; y que por tanto, si no

existia antes en el espíritu, tampoco ha podido nacer de la sensacion,

como un efecto de su causa.

[263.] Y hénos aquí haciendo un tránsito importante del órden de las

sensaciones al órden de las ideas; hénos aquí descubriendo en nuestro

espíritu un nuevo género de hechos. Poco importa que estos hechos

preexistiesen á la impresion, ó sean resultado de la presencia de la

impresion. En el primer caso vemos en el espíritu un depósito de

gérmenes, que para desarrollarse, solo necesitaban el calor de la vida;

en el segundo, hallamos en el espíritu una fecundidad productiva de esos

mismos gérmenes. En ambos encontramos un ser privilegiado en la

naturaleza; un ser grande, que de un golpe se eleva sobre la region de

la materia, y que excitado por las impresiones exteriores, dispierta

para una vida que no cabe en este mismo mundo, que le acaba de

dispertar.

[264.] En este sentido pues, hay ideas innatas; ideas que no han podido

dimanar de las sensaciones. En este sentido todas las ideas generales y

necesarias son innatas; porque ninguna de ellas ha podido dimanar de la

sensacion. Toda sensacion no es mas que un fenómeno, un hecho

particular, contingente; incapaz por lo mismo de producir las ideas

generales, las ideas de las relaciones necesarias de los seres. La

vista, ó la representacion imaginaria de un triángulo, es un fenómeno

contingente, que nada nos dice sobre las relaciones necesarias de los

lados y de los ángulos entre sí. Para llegar á percibir estas

relaciones, esta necesidad, se requiere algo mas; ese algo mas, llamadle

ideas innatas, fuerza, fecundidad, actividad del espíritu, ó como

querais: lo cierto es que existe, que no ha podido nacer de la

sensacion, y que pertenece á un órden totalmente distinto de los

fenómenos sensibles, inmensamente superior.

[265.] Despues de tan dilatadas investigaciones sobre los fenómenos de

la sensacion, hemos llegado por fin á encontrar una idea, la de la

extension: idea luminosa, fundamento de la geometría, y de todas sus

aplicaciones á las leyes de la naturaleza.

Parece pues que el espíritu humano, para todas sus relaciones con el

mundo material, tiene una idea matriz: la de la extension. Esta,

modificada de infinitas maneras, da orígen á todas las ciencias que

tienen por objeto la materia. En esa idea se liga todo lo material; de

ella dimana todo conocimiento de lo material. Ella es una cosa pura, con

sus relaciones necesarias, con sus ramificaciones necesarias tambien; es

como una luz que ha sido dada al rey de la creacion, para conocer y

admirar los prodigios de la naturaleza.

[266.] Esta asombrosa simplicidad en tan complicada multiplicidad, la

encontraremos tambien en otro órden de ideas; y de aquí inferiremos, que

todo el edificio de las ciencias, todos los conocimientos humanos, se

fundan en un pequeño número de ideas matrices: quizás en dos solas. Son

estas ideas, nó representaciones sensibles, sino objeto de intuiciones

puras; no se pueden descomponer, pero se pueden aplicar á infinitas

cosas; no se explican con palabras, como un conjunto que comprende

varios conceptos: la palabra con respecto á ellas, no ha de ser mas que

una especie de excitante, con que un espíritu obra sobre otro espíritu,

nó para enseñarle una cosa, sino para hacerle concentrar en sí mismo,

para que note que la tiene ya dentro de sí, y aprenda en cierto modo lo

que ya sabe.

Tratad de explicar la CAPÍTULO: la idea, por la cual percibimos ese

órden que no acertamos á expresar en palabras, pero sobre el que

fundamos la experiencia sensible, y la ciencia geométrica, los términos

os faltan: «unas partes fuera de otras;» decis; pero ¿qué son _partes_,

y qué es dentro y fuera, si no teneis la idea de extension? Señalad una

cosa extensa: haced que el espíritu á quien os dirigís, se concentre, y

ejerza su accion generalizadora. ¿Este triángulo es ese cuadrilátero? nó

¿Son ambos extensos? sí. ¿Esta superficie es ese volúmen? nó. ¿Son ambos

extensos? sí. ¿Todos los triángulos son diferentes de los cuadriláteros?

sí. ¿Todas las superficies, todos los volúmenes tienen extension? sí.

¿Cómo habeis pasado de un hecho á todos? ¿de lo contingente á lo

necesario? ¿Habeis explicado lo que es la extension? nó. ¿Habeis

explicado en qué convienen esas cosas diferentes entre sí? nó. Lo que

habeis hecho pues, no ha sido mas que excitar la actividad del espíritu,

hacerle dirigir la atencion hácia la idea general de extension, y esta

idea él la aplica á varias cosas diferentes y las encuentra que

convienen; y las distintas modificaciones de ella, las aplica á varias

cosas que convienen, y las encuentra diferentes. No le habeis enseñado

pues verdades geométricas, las habeis despertado en su espíritu; ó

preexistian en él ó tenia la facultad de producirlas.

[267.] Recojamos ahora el resultado de las investigaciones hechas hasta

aquí. No doy igual valor á todas las proposiciones que siguen: en los

respectivos lugares llevo explicada mi opinion sobre ellas, pero

considero útil el presentarlas en resúmen, para facilitar la

inteligencia y auxiliar la memoria.

1. Hay certeza inmediata de nuestras relaciones con seres distintos de

nosotros.

2. Hay certeza de la existencia de un mundo externo.

3. El mundo externo no es mas para nosotros que un ser extenso que nos

afecta, y que está sometido á leyes constantes que podemos determinar.

4. Tenemos idea de la extension.

5. La idea de la extension es excitada por las sensaciones, pero no se

confunde con ellas.

6. La idea de la extension, es la idea matriz, fundamental, en todo lo

relativo al conocimiento de los cuerpos.

7. La idea de la extension no debe confundirse con la representacion

imaginaria de la extension.

8. Un espacio extenso, y que sin embargo no sea nada real, es un

absurdo.

9. El espacio no es nada real distinto de la extension misma de los

cuerpos.

10. Donde no hay cuerpos, no hay distancias.

11. El movimiento es la mudanza de las situaciones de los cuerpos entre

sí.

12. No hay vacío, ni puede haberlo de ninguna clase.

13. La idea del espacio es la idea de la extension en abstracto.

14. La imaginacion de un espacio sin límites no es mas que un esfuerzo

de la imaginacion, para seguir al entendimiento en la abstraccion de la

extension. Nace tambien de la costumbre de ver por medios transparentes

y de movernos por flúidos sin resistencia.

15. Como nosotros no sabemos de los cuerpos sino que son extensos y nos

afectan; lo que reune estas dos condiciones es para nosotros cuerpo.

16. Pero como no conocemos la esencia del cuerpo, no sabemos si puede

existir un cuerpo sin extension.

17. Tampoco sabemos á qué modificaciones puede estar sujeta la extension

de un cuerpo con respecto á otros.

18. Los elementos de que se componen los cuerpos nos son desconocidos.

19. La aproximacion de unos cuerpos á otros, y por consiguiente la

gravitacion universal, parece ser un efecto necesario de sus relaciones

actuales.

20. La necesidad de la aproximacion no basta para explicar ni las leyes

del movimiento, ni su principio, ni su continuacion.

21. La idea del espacio no es una condicion absolutamente necesaria para

sentir.

22. La idea de la extension tiene una objetividad real.

23. El tránsito de la subjetividad á la objetividad es en lo tocante á

la extension, un hecho primitivo de nuestra naturaleza.

24. Luego los fenómenos corpóreos tienen una existencia real fuera de

nosotros.

25. Luego del testimonio de los sentidos nace una verdadera certeza, no

solo fenomenal, sino tambien científica.

26. La razon al examinar la relacion de la subjetividad con la

objetividad en las sensaciones, justifica con su exámen el instinto de

la naturaleza.

27. La geometría considera la extension en abstracto; pero con certeza

de que cuando en la realidad se dé el postulado, resultarán las

consecuencias; y que la aproximacion del postulado dará consecuencias

aproximadas.

28. A pesar de la certeza sobre la realidad de un mundo externo, no

conocemos su esencia.

29. Ignoramos lo que es este mundo, visto por un espíritu puro.

30. La intuicion sensible á que se refiere nuestra geometría, no

constituye la esencia del conocimiento científico; y puede estar

separada de él.

31. No es intrínsecamente imposible un cambio en las relaciones de los

seres corpóreos entre sí, y con nuestras facultades sensitivas.

FIN DEL TOMO SEGUNDO.

NOTAS

(SOBRE EL CAPÍTULO II.)

(I.) La inmaterialidad del alma de los brutos, no es un descubrimiento

de la filosofía moderna: los escolásticos la conocieron tambien, y

llevaron sus ideas sobre este punto hasta afirmar que ningun principio

vital era cuerpo. En este sentido, enseñaban que aun el principio de

vida de las plantas ó sea su alma, era una cosa superior al cuerpo.

Santo Tomás, (1. P. Q. 75. art. 1.) busca en general si el alma es

cuerpo: «ulrum anima sit corpus.» y dice lo siguiente:

Respondeo dicendum, quod ad inquirendum de natura animæ, oportet

præsupponere, _quod anima dicitur esse primum principium vitæ_, in iis

quæ apud nos vivunt. Animata enim viventia dicimus, res vero inanimatas

vita carentes, vita autem maxime manifestatur duplici opere, scilicet

cognitionis et motus. Horum autem principium antiqui philosophi

imaginationem trascendere non valentes, aliquod corpus ponebant, sola

corpora res esse dicentes, et quod non est corpus, nihil esse, et

secundum, hoc animam aliquod corpus esse dicebant. Hujus autem opinionis

falsitas, licet multipliciter ostendi possit, tamen uno utemur, quo

etiam communius et certius patet animam corpus non esse. Manifestum est

enim, quod non quodcumque vitalis operationis principium est anima; sic

enim oculus esset anima, cum sit quoddam principium visionis, et idem

esset dicendum de aliis animæ instrumentis: sed primum principium vitæ

dicimus esse animam. Quamvis autem aliquod corpus possit esse quoddam

principium vitæ, sicut cor est principium vitæ in animali; lamen non

potest esse primum principium vitæ aliquod corpus. Manifestum est enim,

quod esse principium vitæ, vel vivens, non convenit corpori ex hoc quod

est corpus, alioquin omne corpus esset vivens, aut principium vitæ,

convenit igitur alicui corpori quòd sit vivens, vel etiam principium

vitæ, per hoc quòd est tale corpus. Quòd autem est actu tale, habet hoc

ab aliquo principio, quod dicitur actus eius, _Anima igitur quæ est

primum principium vitæ, non est corpus, sed corporis actus_, sicut calor

qui est principium calefactionis, non est corpus, sed quidam corporis

actus.

A pesar de esta doctrina, podia quedar todavía alguna duda sobre si en

el alma, aunque no fuera cuerpo, entraba la materia como un principio

componente; y asi es que pregunta el Santo Doctor (1. P. Q. 75 art. 5.)

si el alma se compone de materia y forma, y responde que nó; y esto,

hablando del alma en general, en cuanto es principio de vida,

prescindiendo de que sea _intelectual ó no_. Hé aquí sus palabras.

Respondeo dicendum, quòd _anima non habet materiam_, et hoc potest

considerari dupliciter. _Primo quidem, ex ratione animæ in communi_, est

enim de ratione animæ quòd sit forma alicuius corporis. Aut igitur est

forma secundum se totam, aut secundum aliquam partem sui. Si secundum se

totam, impossibile est quòd pars eius sit materia, si dicatur materia

aliquid eius in potentia tantum, quia forma in quantum forma est actus.

Id autem quòd est in potentia tantum, non potest esse pars actus, cum

potentia repugnet actui, utpote contra actum divisa. Si autem sit forma

secundum aliquam partem sui, illam partem dicemus esse animam, et illam

materiam cuius primo est actus, dicemus esse primum animatum. Secundo

specialiter ex ratione humanæ animæ, in quantum est intellectiva.

Aunque los pasajes anteriores son bastante esplícitos; hay otro que

todavia lo es mas, donde afirma expresamente que las almas de los

animales perfectos son indivisibles absolutamente, de suerte que la

division no puede convenirles _ni per se, ni per accidens_. Se propone

la cuestion (1. P. Q. 76. art. 8.) de si el alma en general, está toda

en cualquiera parte del cuerpo; y responde que sí; distinguiendo entre

la totalidad de esencia y la cuantitativa; y dice lo siguiente.

Sed forma quæ requirit diversitatem in partibus, sicut est anima, _et

precipue animalium perfectorum_, non equaliter se habet ad totum et ad

partes; unde _non dividitur per accidens, scilicet per divisionem

quantitatis_. Sic ergo totalitas quantitativa, non potest attribui

animæ, nec per se nec per accidens. Sed totalitas secunda, quæ

attenditur secundum rationis et essentiæ perfectionem, proprie et per

se, convenit formis.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 18 / 20 段