con ceremonias augustas, y que el cristiano adora con fe y con amor. El
incrédulo ha visto el tabernáculo sacrosanto, y sonriéndose con desden,
ha dicho: «hé aquí un monumento de supersticion; hé aquí al hombre
adorando el absurdo.» No siendo esta una obra teológica, sino
filosófica, podria prescindir de responder á las objeciones de la
incredulidad; pero la ocasion me parece tan oportuna para soltar
dificultades levantadas por la superficialidad y la ligereza, que no
puedo menos de aprovecharla. El género de la obra, me obliga á ser breve
en esta discusion; pero la importancia del objeto reclama que no le pase
por alto; mayormente cuando los autores católicos que han escrito de
filosofía han sólido tambien hacer algunas aclaraciones sobre esta
materia, en los lugares que han creido mas oportunos, y muy
particularmente al tratar de la extension.
[252.] El misterio de la Eucaristía es un hecho sobrenatural,
incomprensible al débil hombre, inexplicable con palabras humanas; esto
lo confiesan los católicos; esto lo reconoce la Iglesia. No se trata
pues de señalar una razon filosófica para aclarar este arcano; ningun
fiel será osado á llevar tan lejos su vanidad: se trata únicamente de
saber si el misterio es absurdo en sí, esto es, intrínsecamente
contradictorio; porque si tal fuera, el dogma no seria una verdad sino
un error: la omnipotencia divina no se extiende á lo absurdo. La
cuestion está en si el hecho, sin embargo de estar fuera de las leyes de
la naturaleza, es intrínsecamente posible: porque en tal caso la
cuestion sale del terreno de la filosofía y entra en el de la crítica:
el incrédulo, si admite la existencia de Dios, debe admitir su
omnipotencia; y entonces no deberemos disputar sobre si Dios puede ó nó
hacer este milagro, sino únicamente si lo ha hecho.
[253.] Las dificultades que se pueden objetar contra el augusto misterio
de la Eucaristía se reducen á lo siguiente: un cuerpo está sin las
condiciones á que están sometidos los otros cuerpos; no produce ninguna
de las impresiones sensibles que recibimos de los demás; y por fin, se
halla á un mismo tiempo en muchos lugares. Para soltar cumplidamente
estas objeciones conviene fijar las ideas.
[254.] Las doctrinas expuestas en la teoría de la sensibilidad contenida
en este volúmen, convencen de cuán falsamente se ha dicho que el
misterio de la Eucaristía es imposible. Bajo las sagradas especies hay
un cuerpo que no afecta nuestros sentidos: aquí encontramos un milagro,
mas nó una cosa imposible. He manifestado que no hay ninguna relacion
necesaria entre los cuerpos y nuestra sensibilidad; el enlace que ahora
experimentamos, no puede explicarse por ninguna propiedad intrínseca del
espíritu y de los cuerpos, así, es menester recurrir á una causa
superior que libremente haya establecido dichas relaciones. La misma
causa puede suspenderlas, luego bajo este punto de vista, la cuestion
está reducida á lo siguiente: ¿puede la omnipotencia divina hacer que un
cuerpo no nos produzca los fenómenos de la sensibilidad, suspendiéndose
las leyes que Dios ha establecido libremente? Presentada la cuestion de
esta manera, no es susceptible de dos soluciones: es necesario ó
resolverla afirmativamente ó negar la omnipotencia.
[255.] Los que se propongan convencer de absurdo nuestro dogma, deben
probar lo siguiente.
1.º Que la sensibilidad pasiva, es tan esencial á los cuerpos, que no la
pueden perder sin que falte el principio de contradiccion.
2.º Que las relaciones de nuestros órganos, con los objetos, son
intrínsecamente inmutables.
3.º Que la transmision de las impresiones del órgano á las facultades
sensitivas del alma, es tambien esencial, y no puede faltar en ningun
supuesto.
Si no se dan por verdaderas las proposiciones anteriores, caen todas las
dificultades que se funden en los fenómenos de la sensibilidad. Con solo
faltar una de estas tres proposiciones, todas las dificultades tienen
solucion: porque es evidente que los fenómenos de la sensibilidad pueden
alterarse por tres causas:
1.ª La ausencia de las disposiciones necesarias al cuerpo, para ser
objeto de sensibilidad.
2.ª La interrupcion de las relaciones ordinarias, entre nuestros órganos
y el cuerpo.
3.ª La falta de la transmision de las impresiones de los órganos á las
facultades sensitivas.
Es decir: que nos basta que una de las tres primeras proposiciones sea
falsa, para que el incrédulo no pueda dar un paso.
[256.] Quien acometiese la empresa de probar las tres proposiciones, no
solo podria estar seguro de no alcanzar su objeto, sino que con solo
intentarlo, manifestaria que no ha meditado sobre los fenómenos de la
sensibilidad, ni posee sobre estas materias mas filosofía, que las
nociones del vulgo. No es necesario ser filósofo, basta haber adquirido
una ligera instruccion filosófica, para saber que una empresa semejante
supone completa ignorancia de la historia de la filosofía. Como quiera,
no necesito insistir sobre este punto, porque tengo ya largamente
ventiladas estas cuestiones, en los dos libros de que se compone el tomo
presente.
[257.] La solucion anterior podria bastar para desvanecer
satisfactoriamente la dificultad fundada en el modo particular con que
un cuerpo está sin las condiciones de extension á que vemos sometidos
los otros: porque desde el momento que se supone suspendida la
correspondencia de un cuerpo con nuestros sentidos, como estos son el
único conducto que nos informa de lo que pasa en lo exterior, no podemos
afirmar que se verifique ningun absurdo en cosa de que no tenemos
experiencia. Para percibir la extension, necesitamos sentirla; luego no
podemos decir nada relativo á la extension sobre un objeto que no
sentimos. Pero aunque esta respuesta podria atajar el curso de las
objeciones, no quiero limitarme á ella.
[258.] ¿Qué es la extension? en la realidad es un conjunto de relaciones
de los seres que entran en la composicion de lo extenso. Estas
relaciones no son intrínsecamente necesarias, como llevo manifestado;
luego Dios puede alterarlas. Resulta de esto que la cuestion viene á
parar al mismo punto que la anterior: ¿puede la omnipotencia divina
suspender, ó alterar, ó quitar del todo, relaciones que no sean
necesarias con necesidad intrínseca? es evidente que sí. La dificultad
pues, no está en lo que ha podido ser, sino en lo que es: otra vez nos
hallamos fuera del terreno de la filosofía, en el campo de los hechos, ó
sea en el exámen de los motivos de credibilidad.
[259.] El otro argumento, sobre hallarse un cuerpo á un mismo tiempo en
muchos lugares, aunque en apariencia mas fuerte, se reduce en el fondo á
lo mismo que el anterior. Estar en un lugar tal como lo entendemos
ahora, es hallarse con la extension propia, en la forma ordinaria, y con
las relaciones ordinarias tambien, con respecto á la extension de otros
cuerpos. Si se supone un cuerpo con la extension sometida á otras
condiciones, sin la relacion ordinaria á la extension de los demás;
falta el supuesto en que hacemos estribar la imposibilidad de estar un
cuerpo á un mismo tiempo en muchos lugares; luego habiendo probado que
la omnipotencia divina puede alterar y hasta quitar estas relaciones, no
hay ninguna contradiccion en que falte lo que de ellas debia resultar.
[260.] Y hé aquí cómo las distinciones de los escolásticos entre las dos
clases de extension: _in ordine ad se, et in ordine ad locum_, y la
manera cuantitativa y la sacramental, que á los ojos de una filosofía
ligera podian parecer sutilezas vanas, excogitadas para eludir la
dificultad, eran observaciones profundas que el análisis de la realidad
y del fenómeno en el órden sensible, vienen á confirmar. Y no quiero
decir con esto que al darse en las escuelas las distinciones expresadas,
se comprendiera siempre perfectamente, toda la verdad, toda la
delicadeza filosófica que ellas encerraban; ni que se las acompañase de
todo el exámen analítico de que eran susceptibles; prescindo ahora del
mérito de los hombres, y miro únicamente al fondo de las cosas; pero
cuanto menor se quisiera suponer la inteligencia filosófica en los que
las empleaban, tanto mas admirable se nos presenta esa augusta religion
que inspira á sus defensores pensamientos fecundos, que los siglos
venideros pueden desarrollar. Las escuelas filosóficas disputaban
vivamente sobre la extension, sobre los accidentes, sobre las facultades
sensitivas; el dogma católico enseñaba una verdad contraria á todas las
apariencias: esto equivalia á estimular para que se examinase mas
profundamente la distancia del fenómeno á la realidad; la diferencia
entre lo contingente y lo necesario: el augusto misterio pesaba sobre la
filosofía suscitando cuestiones que probablemente no se hubieran
ofrecido jamás al entendimiento del hombre.
[261.] Con profunda verdad dijo Bacon de Verulamio que poca filosofía
aparta de la religion y que mucha filosofía conduce á ella; un estudio
detenido de las dificultades que se objetan al cristianismo manifiesta
una verdad, que además está confirmada por la historia de diez y ocho
siglos: las dificultades contra la religion católica, cuando se
presentan muy graves, lejos de probar nada contra ella, encierran alguna
prueba que la confirma mas y mas; el secreto para que esta prueba se
manifieste, es esforzar la dificultad misma, y examinarla profundamente
bajo todos sus aspectos. El pecado original es un misterio, pero este
misterio explica el mundo entero; la Encarnacion es un misterio, pero
este misterio explica las tradiciones del humano linaje; la fe está
llena de misterios, pero esta fe satisface una de las mas grandes
necesidades de la razon; la historia de la creacion es un misterio, pero
este misterio esclarece el caos, alumbra el mundo, descifra la historia
de la humanidad; todo el cristianismo es un conjunto de misterios, pero
esos misterios se enlazan por ocultos senderos, con todo lo que hay de
profundo, de grande, de sublime, de bello, de tierno en el cielo y en la
tierra; se enlazan con el individuo, con la familia, con la sociedad,
con Dios, con el entendimiento, con el corazon, con las lenguas, con la
ciencia, con el arte. El investigador que no se acuerda de la religion,
y que tal vez busca medios para combatirla, la encuentra en la entrada y
en la salida de los caminos misteriosos, junto á la cuna del niño, como
al umbral de los sepulcros, en el tiempo como en la eternidad,
explicándolo todo con una palabra, arrostrando impasible los
despropósitos de la ignorancia y los sarcasmos del incrédulo, y
esperando tranquila que el curso de los siglos venga á dar la razon, al
que para tenerla no necesitaba que los siglos comenzaran á correr.
CAPÍTULO XXXIV.
CONCLUSION Y RESÚMEN.
[262.] Antes de comenzar el tratado sobre las ideas, fijémonos todavía
algunos momentos en el orígen y carácter de las que tenemos sobre la
extension; lo cual contribuirá á que se eche de ver el fruto recogido en
las investigaciones precedentes, y nos preparará el camino para las
sucesivas.
La fecundidad científica que tiene en nuestro espíritu esta idea, prueba
la distancia que va de la impresion sensible, á la percepcion
intelectual. No sabemos, ni podemos saber, si esta idea con todo su
grandor y fecundidad, existia en nuestro espíritu antes de recibir la
impresion sensible: si existia, no teníamos conciencia de ella; bajo
este concepto, el decir que es una idea innata, es aventurar una
proposicion sin prueba; pero no lo es el afirmar que hay dos órdenes de
fenómenos internos totalmente distintos; que la sensacion no ha podido
producir la idea; que esta idea es inmensamente superior á la impresion
externa, y aun á la intuicion interna sensitiva; y que por tanto, si no
existia antes en el espíritu, tampoco ha podido nacer de la sensacion,
como un efecto de su causa.
[263.] Y hénos aquí haciendo un tránsito importante del órden de las
sensaciones al órden de las ideas; hénos aquí descubriendo en nuestro
espíritu un nuevo género de hechos. Poco importa que estos hechos
preexistiesen á la impresion, ó sean resultado de la presencia de la
impresion. En el primer caso vemos en el espíritu un depósito de
gérmenes, que para desarrollarse, solo necesitaban el calor de la vida;
en el segundo, hallamos en el espíritu una fecundidad productiva de esos
mismos gérmenes. En ambos encontramos un ser privilegiado en la
naturaleza; un ser grande, que de un golpe se eleva sobre la region de
la materia, y que excitado por las impresiones exteriores, dispierta
para una vida que no cabe en este mismo mundo, que le acaba de
dispertar.
[264.] En este sentido pues, hay ideas innatas; ideas que no han podido
dimanar de las sensaciones. En este sentido todas las ideas generales y
necesarias son innatas; porque ninguna de ellas ha podido dimanar de la
sensacion. Toda sensacion no es mas que un fenómeno, un hecho
particular, contingente; incapaz por lo mismo de producir las ideas
generales, las ideas de las relaciones necesarias de los seres. La
vista, ó la representacion imaginaria de un triángulo, es un fenómeno
contingente, que nada nos dice sobre las relaciones necesarias de los
lados y de los ángulos entre sí. Para llegar á percibir estas
relaciones, esta necesidad, se requiere algo mas; ese algo mas, llamadle
ideas innatas, fuerza, fecundidad, actividad del espíritu, ó como
querais: lo cierto es que existe, que no ha podido nacer de la
sensacion, y que pertenece á un órden totalmente distinto de los
fenómenos sensibles, inmensamente superior.
[265.] Despues de tan dilatadas investigaciones sobre los fenómenos de
la sensacion, hemos llegado por fin á encontrar una idea, la de la
extension: idea luminosa, fundamento de la geometría, y de todas sus
aplicaciones á las leyes de la naturaleza.
Parece pues que el espíritu humano, para todas sus relaciones con el
mundo material, tiene una idea matriz: la de la extension. Esta,
modificada de infinitas maneras, da orígen á todas las ciencias que
tienen por objeto la materia. En esa idea se liga todo lo material; de
ella dimana todo conocimiento de lo material. Ella es una cosa pura, con
sus relaciones necesarias, con sus ramificaciones necesarias tambien; es
como una luz que ha sido dada al rey de la creacion, para conocer y
admirar los prodigios de la naturaleza.
[266.] Esta asombrosa simplicidad en tan complicada multiplicidad, la
encontraremos tambien en otro órden de ideas; y de aquí inferiremos, que
todo el edificio de las ciencias, todos los conocimientos humanos, se
fundan en un pequeño número de ideas matrices: quizás en dos solas. Son
estas ideas, nó representaciones sensibles, sino objeto de intuiciones
puras; no se pueden descomponer, pero se pueden aplicar á infinitas
cosas; no se explican con palabras, como un conjunto que comprende
varios conceptos: la palabra con respecto á ellas, no ha de ser mas que
una especie de excitante, con que un espíritu obra sobre otro espíritu,
nó para enseñarle una cosa, sino para hacerle concentrar en sí mismo,
para que note que la tiene ya dentro de sí, y aprenda en cierto modo lo
que ya sabe.
Tratad de explicar la CAPÍTULO: la idea, por la cual percibimos ese
órden que no acertamos á expresar en palabras, pero sobre el que
fundamos la experiencia sensible, y la ciencia geométrica, los términos
os faltan: «unas partes fuera de otras;» decis; pero ¿qué son _partes_,
y qué es dentro y fuera, si no teneis la idea de extension? Señalad una
cosa extensa: haced que el espíritu á quien os dirigís, se concentre, y
ejerza su accion generalizadora. ¿Este triángulo es ese cuadrilátero? nó
¿Son ambos extensos? sí. ¿Esta superficie es ese volúmen? nó. ¿Son ambos
extensos? sí. ¿Todos los triángulos son diferentes de los cuadriláteros?
sí. ¿Todas las superficies, todos los volúmenes tienen extension? sí.
¿Cómo habeis pasado de un hecho á todos? ¿de lo contingente á lo
necesario? ¿Habeis explicado lo que es la extension? nó. ¿Habeis
explicado en qué convienen esas cosas diferentes entre sí? nó. Lo que
habeis hecho pues, no ha sido mas que excitar la actividad del espíritu,
hacerle dirigir la atencion hácia la idea general de extension, y esta
idea él la aplica á varias cosas diferentes y las encuentra que
convienen; y las distintas modificaciones de ella, las aplica á varias
cosas que convienen, y las encuentra diferentes. No le habeis enseñado
pues verdades geométricas, las habeis despertado en su espíritu; ó
preexistian en él ó tenia la facultad de producirlas.
[267.] Recojamos ahora el resultado de las investigaciones hechas hasta
aquí. No doy igual valor á todas las proposiciones que siguen: en los
respectivos lugares llevo explicada mi opinion sobre ellas, pero
considero útil el presentarlas en resúmen, para facilitar la
inteligencia y auxiliar la memoria.
1. Hay certeza inmediata de nuestras relaciones con seres distintos de
nosotros.
2. Hay certeza de la existencia de un mundo externo.
3. El mundo externo no es mas para nosotros que un ser extenso que nos
afecta, y que está sometido á leyes constantes que podemos determinar.
4. Tenemos idea de la extension.
5. La idea de la extension es excitada por las sensaciones, pero no se
confunde con ellas.
6. La idea de la extension, es la idea matriz, fundamental, en todo lo
relativo al conocimiento de los cuerpos.
7. La idea de la extension no debe confundirse con la representacion
imaginaria de la extension.
8. Un espacio extenso, y que sin embargo no sea nada real, es un
absurdo.
9. El espacio no es nada real distinto de la extension misma de los
cuerpos.
10. Donde no hay cuerpos, no hay distancias.
11. El movimiento es la mudanza de las situaciones de los cuerpos entre
sí.
12. No hay vacío, ni puede haberlo de ninguna clase.
13. La idea del espacio es la idea de la extension en abstracto.
14. La imaginacion de un espacio sin límites no es mas que un esfuerzo
de la imaginacion, para seguir al entendimiento en la abstraccion de la
extension. Nace tambien de la costumbre de ver por medios transparentes
y de movernos por flúidos sin resistencia.
15. Como nosotros no sabemos de los cuerpos sino que son extensos y nos
afectan; lo que reune estas dos condiciones es para nosotros cuerpo.
16. Pero como no conocemos la esencia del cuerpo, no sabemos si puede
existir un cuerpo sin extension.
17. Tampoco sabemos á qué modificaciones puede estar sujeta la extension
de un cuerpo con respecto á otros.
18. Los elementos de que se componen los cuerpos nos son desconocidos.
19. La aproximacion de unos cuerpos á otros, y por consiguiente la
gravitacion universal, parece ser un efecto necesario de sus relaciones
actuales.
20. La necesidad de la aproximacion no basta para explicar ni las leyes
del movimiento, ni su principio, ni su continuacion.
21. La idea del espacio no es una condicion absolutamente necesaria para
sentir.
22. La idea de la extension tiene una objetividad real.
23. El tránsito de la subjetividad á la objetividad es en lo tocante á
la extension, un hecho primitivo de nuestra naturaleza.
24. Luego los fenómenos corpóreos tienen una existencia real fuera de
nosotros.
25. Luego del testimonio de los sentidos nace una verdadera certeza, no
solo fenomenal, sino tambien científica.
26. La razon al examinar la relacion de la subjetividad con la
objetividad en las sensaciones, justifica con su exámen el instinto de
la naturaleza.
27. La geometría considera la extension en abstracto; pero con certeza
de que cuando en la realidad se dé el postulado, resultarán las
consecuencias; y que la aproximacion del postulado dará consecuencias
aproximadas.
28. A pesar de la certeza sobre la realidad de un mundo externo, no
conocemos su esencia.
29. Ignoramos lo que es este mundo, visto por un espíritu puro.
30. La intuicion sensible á que se refiere nuestra geometría, no
constituye la esencia del conocimiento científico; y puede estar
separada de él.
31. No es intrínsecamente imposible un cambio en las relaciones de los
seres corpóreos entre sí, y con nuestras facultades sensitivas.
FIN DEL TOMO SEGUNDO.
NOTAS
(SOBRE EL CAPÍTULO II.)
(I.) La inmaterialidad del alma de los brutos, no es un descubrimiento
de la filosofía moderna: los escolásticos la conocieron tambien, y
llevaron sus ideas sobre este punto hasta afirmar que ningun principio
vital era cuerpo. En este sentido, enseñaban que aun el principio de
vida de las plantas ó sea su alma, era una cosa superior al cuerpo.
Santo Tomás, (1. P. Q. 75. art. 1.) busca en general si el alma es
cuerpo: «ulrum anima sit corpus.» y dice lo siguiente:
Respondeo dicendum, quod ad inquirendum de natura animæ, oportet
præsupponere, _quod anima dicitur esse primum principium vitæ_, in iis
quæ apud nos vivunt. Animata enim viventia dicimus, res vero inanimatas
vita carentes, vita autem maxime manifestatur duplici opere, scilicet
cognitionis et motus. Horum autem principium antiqui philosophi
imaginationem trascendere non valentes, aliquod corpus ponebant, sola
corpora res esse dicentes, et quod non est corpus, nihil esse, et
secundum, hoc animam aliquod corpus esse dicebant. Hujus autem opinionis
falsitas, licet multipliciter ostendi possit, tamen uno utemur, quo
etiam communius et certius patet animam corpus non esse. Manifestum est
enim, quod non quodcumque vitalis operationis principium est anima; sic
enim oculus esset anima, cum sit quoddam principium visionis, et idem
esset dicendum de aliis animæ instrumentis: sed primum principium vitæ
dicimus esse animam. Quamvis autem aliquod corpus possit esse quoddam
principium vitæ, sicut cor est principium vitæ in animali; lamen non
potest esse primum principium vitæ aliquod corpus. Manifestum est enim,
quod esse principium vitæ, vel vivens, non convenit corpori ex hoc quod
est corpus, alioquin omne corpus esset vivens, aut principium vitæ,
convenit igitur alicui corpori quòd sit vivens, vel etiam principium
vitæ, per hoc quòd est tale corpus. Quòd autem est actu tale, habet hoc
ab aliquo principio, quod dicitur actus eius, _Anima igitur quæ est
primum principium vitæ, non est corpus, sed corporis actus_, sicut calor
qui est principium calefactionis, non est corpus, sed quidam corporis
actus.
A pesar de esta doctrina, podia quedar todavía alguna duda sobre si en
el alma, aunque no fuera cuerpo, entraba la materia como un principio
componente; y asi es que pregunta el Santo Doctor (1. P. Q. 75 art. 5.)
si el alma se compone de materia y forma, y responde que nó; y esto,
hablando del alma en general, en cuanto es principio de vida,
prescindiendo de que sea _intelectual ó no_. Hé aquí sus palabras.
Respondeo dicendum, quòd _anima non habet materiam_, et hoc potest
considerari dupliciter. _Primo quidem, ex ratione animæ in communi_, est
enim de ratione animæ quòd sit forma alicuius corporis. Aut igitur est
forma secundum se totam, aut secundum aliquam partem sui. Si secundum se
totam, impossibile est quòd pars eius sit materia, si dicatur materia
aliquid eius in potentia tantum, quia forma in quantum forma est actus.
Id autem quòd est in potentia tantum, non potest esse pars actus, cum
potentia repugnet actui, utpote contra actum divisa. Si autem sit forma
secundum aliquam partem sui, illam partem dicemus esse animam, et illam
materiam cuius primo est actus, dicemus esse primum animatum. Secundo
specialiter ex ratione humanæ animæ, in quantum est intellectiva.
Aunque los pasajes anteriores son bastante esplícitos; hay otro que
todavia lo es mas, donde afirma expresamente que las almas de los
animales perfectos son indivisibles absolutamente, de suerte que la
division no puede convenirles _ni per se, ni per accidens_. Se propone
la cuestion (1. P. Q. 76. art. 8.) de si el alma en general, está toda
en cualquiera parte del cuerpo; y responde que sí; distinguiendo entre
la totalidad de esencia y la cuantitativa; y dice lo siguiente.
Sed forma quæ requirit diversitatem in partibus, sicut est anima, _et
precipue animalium perfectorum_, non equaliter se habet ad totum et ad
partes; unde _non dividitur per accidens, scilicet per divisionem
quantitatis_. Sic ergo totalitas quantitativa, non potest attribui
animæ, nec per se nec per accidens. Sed totalitas secunda, quæ
attenditur secundum rationis et essentiæ perfectionem, proprie et per
se, convenit formis.