[199.] La situacion en el lugar, es la relacion de un cuerpo con otros:

¿estas relaciones son necesarias? condicionalmente, sí; esencialmente,

nó; quiero decir: que Dios las ha establecido así, y en este concepto

son necesarias: pero Dios habria podido establecerlas de otra manera, y

puede aun en la actualidad alterarlas, sin variar la esencia de las

cosas.

Si se admite, como no se puede menos, una correspondencia entre lo

subjetivo y lo objetivo, ó entre la apariencia y la realidad, no es

dable negar que las relaciones de los cuerpos, son constantes; esta

constancia dimana de alguna necesidad. Pero, el que el órden actual se

halle sujeto á leyes fijas, no prueba que estas radiquen en la esencia

de las cosas, de tal manera que, supuesta la existencia de los objetos,

sus relaciones no hubiesen podido ser muy diferentes de lo que son en la

actualidad.

[200.] Para afirmar que el órden actual del universo es intrínsecamente

necesario, seria preciso conocer su misma esencia, y nosotros no podemos

alcanzar á tanto, á causa de que los objetos no están presentes á

nuestro entendimiento sino mediatamente, y bajo un aspecto, cual es, el

que los pone en relacion con nuestras facultades sensitivas. La mejor

prueba de la ignorancia en que nos hallamos sobre la esencia de los

cuerpos, es la mucha division que en esta parte ha reinado en las

escuelas; sosteniendo unos que la extension, ó sea las dimensiones,

constituian la esencia de los cuerpos; y afirmando otros que la

extension no era mas que un accidente, no solo distinto de la substancia

corpórea, sino tambien separable.

La profunda oscuridad de que están rodeadas las cuestiones en que se

trata de investigar los elementos constitutivos de los cuerpos,

manifiesta que estos seres son desconocidos en cuanto á su esencia, y

que solo sabemos de ellos, lo que tiene relacion con nuestra

sensibilidad.

[201.] El aspecto bajo el cual se presenta un ser, no es necesario que

contenga toda su naturaleza: decir que en los cuerpos no hay mas que lo

que nosotros sentimos, es erigir nuestras facultades en regla de las

cosas en sí mismas: pretension intolerable en un ser que experimenta á

cada paso los límites de su actividad, que en sus relaciones con el

mundo corpóreo se encuentra casi siempre en una disposicion pasiva; y

que cuando quiere ejercer sus facultades en lo exterior, se ve precisado

á sujetarse á las leyes del mundo externo, so pena de luchar con

obstáculos absolutamente invencibles.

Si ignoramos la esencia de los cuerpos, nada podemos resolver sobre lo

que es intrínsecamente necesario en ellos; exceptuando la composicion,

que se nos manifiesta, aun en el órden sensible, y de que no podemos

despojarlos sin incurrir en contradiccion. Simplicidad y composicion,

envuelven ser y no ser; lo que en un mismo objeto, es incompatible.

[202.] De estas doctrinas se infiere, que en todo lo perteneciente á las

relaciones de los cuerpos, debemos abstenernos de juzgar bajo el punto

de vista absoluto, y limitarnos al condicional. Podemos decir: «esto

sucede ahora; esto ha de suceder segun el órden actualmente

establecido;» pero no podemos decir: «esto sucede, y esto ha de suceder

por necesidad absoluta.» El tránsito de la primera proposicion á la

segunda, supone el conocimiento de que el aspecto bajo el cual se nos

presenta el mundo externo, es la imágen de su esencia, conocimiento que

ningun hombre puede tener.

[203.] Una de las equivocaciones mas graves de Descartes fue el no

hacerse cargo de esta diferencia: el constituir la esencia de los

cuerpos en las dimensiones, es confundir el mundo real con el fenomenal,

tomando un aspecto de las cosas por la naturaleza de ellas. Es verdad

que lo que nos afecta tiene extension, y que esta es la base de las

relaciones de nuestra sensibilidad con el mundo externo; pero de aquí

inferir que este mundo considerado en su esencia, no es mas que lo que

se nos presenta en las dimensiones, es como si se tomasen por la esencia

de un hombre, los lineamientos que constituyen su figura.

[204.] La diversidad de aspectos bajo los cuales se ofrece á nuestros

sentidos el mundo externo, es una advertencia de que no debemos

confundir lo que en él hay de absoluto con lo que tiene de relativo. Un

hombre privado de un sentido, no discurrirá bien, si infiere que el

mundo no tiene mas aspectos que los que él percibe: ¿qué sabemos

nosotros sobre el modo con que los objetos se presentan á los espíritus

puros, ni sobre las muchas otras fases con que se pudieran ofrecer á

nuestra sensibilidad?

Dejemos pues á la naturaleza sus secretos: no limitemos la omnipotencia,

afirmando que el órden del mundo es intrínsecamente necesario de tal

manera, que las relaciones actuales no se pueden alterar sin

contradiccion; y cuando se nos pregunte sobre la posibilidad de un nuevo

órden de relaciones entre los seres que apellidamos cuerpos, no

resolvamos ligeramente la cuestion, tomando por único tipo de todo lo

posible, el flaco alcance de nuestras facultades. ¿Qué pensaríamos del

ciego que se riese de los que ven, al oirlos hablar sobre las relaciones

de los objetos en cuanto vistos. Tales nos presentaríamos nosotros á los

ojos de un espíritu puro, cuando hablásemos de la imposibilidad de un

órden diferente del que se ofrece á nuestra sensibilidad.

[205.] Si examinamos á la luz de esta doctrina, los primeros principios

de las ciencias físicas, echaremos de ver que encierran una buena parte

de condicional, pues que solo son verdaderos, en el supuesto que se

realizan los datos suministrados por la experiencia. Si la ocupacion de

un lugar, si la relacion de los lugares, no son cosas esenciales á los

cuerpos, resulta que las distancias y por consiguiente los movimientos,

son hechos condicionales, en los cuales la verdad existe solo bajo

determinados supuestos. Así todas las ciencias naturales, que como hemos

visto ya, se reducen á cálculo de extension y movimiento, no penetran en

la esencia de las cosas, y se limitan á un aspecto, cual es el

presentado á nuestra experiencia. Por manera que, en dichas ciencias no

hay nada absoluto en todo el rigor de la palabra; y en esta parte se

hallan á mucha distancia de la metafísica, la cual, ó no conoce nada, ó

conoce cosas absolutamente necesarias. Esta doctrina ha menester

ulteriores aclaraciones, que se encontrarán en los capítulos siguientes.

CAPÍTULO XXIX.

SOLUCION DE DOS DIFICULTADES.

[206.] La teoría que supone variables las relaciones de los cuerpos, ¿no

acarrea por necesidad la ruina de todas las ciencias naturales? ¿puede

haber ciencia cuando no hay objeto necesario? puede haber necesidad

compatible con la variabilidad?

Las ciencias naturales tienen dos partes: una física y otra geométrica:

la primera, supone los datos suministrados por la experiencia; la

segunda forma sus cálculos con arreglo á los mismos datos. Alterad el

órden de las relaciones de los seres externos, y los datos serán

diferentes; tendremos una experiencia nueva de la que resultará una

ciencia física nueva: el cálculo será el mismo, solo que á nuevos datos

corresponderán nuevos resultados. Hé aquí desvanecida la dificultad.

Todas las ciencias físicas estriban en la observacion; todas sus

combinaciones se ejecutan sobre los datos suministrados por la

observacion; luego todas las ciencias físicas envuelven una parte

condicional, no son enteramente absolutas. La teoría de la gravitacion

universal se desenvuelve como un cuerpo de ciencia geométrica, es

verdad; pero cómo? pudiendo partir de los datos ofrecidos por la

experiencia; destruid estos datos, el cuerpo de ciencia física se

convierte en un cuerpo de geometría pura. En mecánica, los problemas de

la composicion y descomposicion de las fuerzas, tienen un sentido físico

en cuanto presuponen los datos de la experiencia; si prescindimos de

esta, nada nos queda sino un compuesto de líneas que nada significan,

cuando se las llama fuerzas: entonces la mecánica no es mas que un

sistema de aplicaciones geométricas.

[207.] Surge aquí otra dificultad, que en apariencia es mas grave que la

anterior: si las relaciones de los cuerpos no son esenciales y están

sujetas á variacion; si lo que sobre ellos calculamos, no está fundado

en datos de necesidad intrínseca; parece que se destruye la geometría

misma, ó se la circunscribe de tal modo al órden ideal, que no puede

estar segura de que en descendiendo al campo de la experiencia, no

encuentre falso lo que ella tiene por verdadero, y verdadero lo que ella

reputa falso. Por ejemplo: las distancias de los cuerpos se calculan por

consideraciones geométricas: si la relacion de distancias es variable,

pudiendo estar un cuerpo en muchos lugares á un mismo tiempo, la

geometría resulta falsa. Semejante suposicion no es mas que una

aplicacion de la teoría precedente; pues que si las relaciones se hacen

variables, esa variacion podrá afectar á las distancias, que en sí

mismas no son mas que una relacion. He dicho que esta dificultad era en

apariencia mas grave que la anterior, porque saliendo del campo de la

experiencia, afecta el mismo órden de nuestras ideas: órden que debemos

tener por indestructible, si no queremos privarnos de la razon misma.

¿Qué fuera de nuestra razon, si la geometría pudiese ser desmentida por

la realidad? ¿qué fuera un órden de ideas que pudiese estar en

contradiccion con los hechos? Repito sin embargo, que la fuerza de esta

dificultad es aparente; y para soltarla observaré que bien analizada, no

tiene mas fuerza que la que hemos desvanecido con respecto á las

ciencias naturales. Hagámoslo sensible con un ejemplo.

Un cuerpo que dista cien varas de otro, no puede distar una vara sola: á

esto la geometría se opone: si las relaciones de los cuerpos son

variables, esta proposicion no significará nada con respecto á la

realidad; luego la geometría quedará desmentida. Admito la consecuencia:

pero añado que el principio en que se funda, entraña una suposicion

contraria á la de mi teoría. Alteradas ó destruidas las relaciones de

los cuerpos, se destruye la distancia que es una relacion: luego no

habrá ni distancia de cien varas, ni de una vara, ni de ninguna especie;

es así que la contradiccion se funda en la suposicion de la existencia

simultánea de las distancias de cien varas y de una vara, luego no

existiendo las distancias no hay contradiccion. Si entonces se pregunta

cuánto distan? la pregunta es absurda: el _cuanto_ supone que distan: si

no distan, el _cuanto_ no tiene sentido.

[208.] Esta solucion se funda en un principio fundamental que conviene

no perder nunca de vista. La verdad geométrica se verifica en la

realidad, cuando en la realidad existen las condiciones geométricas: si

estas faltan, no hay geometría real. La consecuencia no tiene nada

extraño; pues lo propio se verifica en el órden puramente ideal: aun en

este, la geometría se funda en postulados; si no los hay, no hay

geometría. Dos triángulos de igual base y altura son equivalentes en

superficie; esto es verdad si suponemos los órdenes de puntos que

llamamos líneas, y las líneas en ese órden que llamamos formar ángulos y

reunirse en tres puntos; si no presuponemos esos órdenes, ese conjunto

de relaciones, el teorema geométrico no significa nada.

[209.] La geometría en sí misma, ó sea en el órden puramente ideal, se

funda en el principio de contradiccion: siendo este verdadero por

absoluta necesidad, lo es tambien aquella. Pero el principio de

contradiccion, como todos los del órden puramente ideal, prescinde de la

existencia, y no se aplica á nada en la práctica, si no se supone algun

hecho en el cual pueda estribar. El sí y el nó, á un mismo tiempo, son

imposibles: pero el principio no resuelve nada ni en pro ni en contra de

ninguno de los extremos: solo dice, que verificado el uno, no se

verifica el otro: resuelve contra el _sí_, suponiéndose el _nó_, y

contra el _nó_, suponiéndose el _sí_: esto es, ha menester siempre una

condicion, un dato, que solo la experiencia puede suministrar. Lo propio

sucede con la geometría: todos sus teoremas y problemas, se refieren á

ese campo ideal que tenemos dentro de nosotros: en ese campo hay ciertas

condiciones que conducen á determinadas consecuencias, en fuerza del

principio de contradiccion: donde quiera que las condiciones se

verifiquen, se verificarán tambien las consecuencias: pero si aquellas

faltan, estas faltarán tambien. Las ciencias ideales, se refieren á un

_enlace_ de consecuencias con principios, en el órden posible; nó á los

hechos en sí mismos. Salvado el enlace, la ciencia se salva.

CAPÍTULO XXX.

LA SENSIBILIDAD PASIVA.

[210.] La sensibilidad activa, ó sea la facultad de sentir, es objeto de

grandes cuestiones filosóficas; no son menores las que puede ofrecernos

la sensibilidad pasiva, ó sea la capacidad de un objeto para ser

sentido.

¿Todo lo que existe puede ser sentido?

Para resolver acertadamente esta cuestion es preciso recordar, que ser

sentido puede entenderse de dos maneras: 1.º causar una impresion en el

ser sensitivo: 2.º ser objeto inmediato de la intuicion sensible. Lo

primero puede verificarse de todo ser, capaz de producir la impresion;

lo segundo, solo puede verificarse de un ser que reuna las condiciones

incluidas en la intuicion.

[211.] Producir la impresion, es simplemente _causar_; y la causalidad

no repugna á los seres simples. De aquí es que no hay ningun

inconveniente en que un espíritu nos produzca de esta manera una de las

impresiones sensibles: de lo contrario seria menester decir que Dios no

puede ejercer su accion sobre nuestra alma, causando en ella la

sensacion sin el intermedio de los cuerpos. Esta causalidad, no podria

llamarse sensibilidad pasiva: el ser que la tuviese, no seria

propiamente sentido. La relacion de la sensacion, al ser que la

produjese, seria únicamente la del efecto á su causa.

[212.] Ser objeto inmediato de la intuicion sensible, es presentarse á

ella, como un original á su copia; y bajo este aspecto, no puede ser

sentido sino lo que es extenso: esto es, lo que encierra en sí la

multiplicidad, combinada con eso que llamamos continuidad, y que sea lo

que fuere en sí, es una condicion absolutamente necesaria para nuestras

facultades sensitivas, en cuanto se refieren á objetos externos.

[213.] De esta manera, lo simple no puede ser sensible: afirmar lo

contrario, seria caer en una contradiccion manifiesta. Nuestra intuicion

sensible, á la cual, por instinto y por razon, le damos un objeto real,

se refiere á este objeto, como esencialmente compuesto, y en este órden

que llamamos continuidad: si pues convertimos á este objeto en simple,

destruimos el objeto como sensible: y por consiguiente afirmamos y

negamos su objetividad sensible. El suponer en ejercicio una facultad, y

quererla privar de las condiciones á que sus funciones están sometidas

necesariamente, es una contradiccion.

[214.] Se observará tal vez, que no hay necesidad de trasladar al objeto

las condiciones del sujeto, y que por lo mismo, aun siendo el objeto

simple, se puede ofrecer al sentido; pero esto es cambiar el estado de

la cuestion: porque, ó la intuicion sensible se refiere al objeto ó nó:

si lo primero, el objeto no puede ser simple; si lo segundo, estamos

otra vez en la cuestion del idealismo, combatido ya en varios lugares de

esta obra.

[215.] Si se replica que en nuestra alma, siendo simple, hay la

representacion de lo compuesto; observaré que no es lo mismo la

percepcion subjetiva de lo compuesto, que la representacion objetiva:

así como no es lo mismo ofrecerse objetivamente como múltiplo, ó

percibir lo múltiplo. Nuestra alma percibe lo múltiplo, y por lo mismo

que lo percibe, ella no puede serlo, es necesario que sea una. Esto en

cuanto á lo subjetivo; por lo que toca á lo objetivo, conviene notar,

que las representaciones sensibles no las tenemos siempre de objetos

reales, pero se refieren siempre á objetos cuando menos posibles, es

decir que la intuicion, no está enteramente vacía, sino que á falta del

órden de la realidad, necesita el de la posibilidad.

[216.] El mundo externo, como que encierra la multiplicidad, ó sea un

conjunto de muchos seres, y es además susceptible de este órden que

llamamos continuidad, puede ser objeto de la intuicion sensible, como en

realidad lo experimentamos. Pero esta sensibilidad pasiva, no le es

intrínsecamente necesaria: quiero decir, que el mismo conjunto de seres

que componen el universo, podria Dios haberle dispuesto de tal manera

que no fuese sensible. La razon de esto no es otra que la variabilidad

de las relaciones de los cuerpos: porque es evidente que si estas no

existiesen, ó no estuviesen sometidas á las condiciones exigidas para la

representacion sensible, esta no podria verificarse, y el mundo quedaria

despojado de su sensibilidad.

[217.] De esta consecuencia á que nos lleva la filosofía trascendental,

tenemos algunos indicios en la experiencia misma, la cual á cada paso

nos enseña que los cuerpos sensibles dejan de serlo, y los insensibles

se nos hacen sensibles, con solo mediar una pequeña alteracion. La

condensacion del aire lo hace visible; la rarefaccion, invisible; un

cuerpo líquido es tangible, y pierde esta calidad, pasando al estado de

vapor. La variedad que dimana de las alteraciones del objeto, puede

tambien provenir de las modificaciones del órgano. Basta recordar lo que

le sucede á la vista, segun está auxiliada ó privada de ciertos

instrumentos. Si pues, aun salvas las leyes que ahora son fundamentales

en las relaciones de los cuerpos, notamos esos tránsitos de lo sensible

á lo insensible, ¿por qué no podria haber un cambio radical en dichas

relaciones, que hiciese los cuerpos de todo punto insensibles?

[218.] Con variar las relaciones de los seres que componen el universo

corpóreo, lo sensible podria convertirse en insensible; y por el

contrario, deberemos decir que hay muchos seres insensibles, que con una

disposicion diferente, podrian hacérsenos sensibles. Hasta cierto punto,

tenemos en esta parte algo mas que leves conjeturas: los hechos hablan.

A medida que se va dilatando el campo de la experiencia, se descubren

nuevos fenómenos: ahí están los de la atraccion magnética, de la

electricidad, y del galvanismo. En estos fenómenos, obran agentes que en

sí mismos son imperceptibles al sentido: ¿por qué no habrian podido

estar dispuestos de manera que los sintiéramos como á los demás cuerpos?

¿En qué punto está el límite de la escala de esos agentes? Nosotros no

le conocemos: y discurriendo por analogía podemos conjeturar que está

muy lejos todavía, para lisonjearnos de alcanzarle.

La perfeccion de un órgano sensitivo por medio de instrumentos, es una

disposicion por la cual variamos el sistema ordinario de las relaciones

de nuestro cuerpo con los que le rodean: y esta perfeccion está en una

escala indefinida, en la cual descubrimos tanta mayor extension, cuanto

mas adelantamos en ella. Es probable pues, que en el universo hay muchos

seres imperceptibles á nuestros sentidos, y para cuya percepcion seria

bastante una modificacion de los órganos, ó un cambio en algunas leyes

de la naturaleza. ¡Ancho campo de atrevidas conjeturas, y meditaciones

sublimes!

CAPÍTULO XXXI.

POSIBILIDAD DE UNA MAYOR ESFERA EN LA SENSIBILIDAD ACTIVA.

[219.] Habiendo tratado de la sensibilidad pasiva en el órden de la

posibilidad, ocurre naturalmente una cuestion semejante con respecto á

la sensibilidad activa de los seres sometidos á condiciones diferentes

de las en que se halla nuestra alma, mientras está unida al cuerpo.

Hablo únicamente de la posibilidad, porque estando limitados á lo que

nos enseña la experiencia, ignoramos lo que hay en la esfera de los

seres con quienes no estamos en comunicacion: si algo sabemos de ellos,

es lo que Dios nos ha revelado: y la revelacion es para enseñarnos, nó

la filosofía, sino la virtud.

[220.] El examinar hasta qué punto sea posible la sensibilidad activa en

un órden diferente del que nosotros experimentamos, á mas de suscitar

cuestiones curiosas y agradables, ofrece la oportunidad de aclarar con

nuevas consideraciones la naturaleza de este fenómeno, en sus relaciones

con la organizacion corpórea. Hasta media una razon particular para que

nos ocupemos de esta materia, y consiste en el interés que debe

inspirarnos todo cuanto se refiere á un nuevo estado, á que dentro de

poco hemos de pasar. Breves son los momentos concedidos al débil hombre

para morar sobre la tierra: todos nos acercamos con asombrosa rapidez al

instante supremo, en que la frágil organizacion que envuelve nuestro

espíritu inmortal, se disolverá, deshaciéndose en polvo; entonces, el

ser que dentro de nosotros siente, piensa y quiere, se hallará en un

estado nuevo, separado de la organizacion corpórea. ¿Cuáles serán

entonces sus facultades? Esta cuestion no puede sernos indiferente; se

trata de nosotros, y de lo que ha de suceder en breve plazo.

[221.] Cuando se pregunta si un espíritu puro es capaz de sentir, se

resuelve la cuestion negativamente, porque al tratar de la sensibilidad

activa se supone que no puede tener lugar, en no mediando algun cuerpo.

Yo creo que la cuestion es susceptible de algunas aclaraciones que voy á

exponer.

Fijemos ante todo el verdadero significado de las palabras. A veces se

entiende en general por espíritu puro el que no está unido con ningun

cuerpo; pero hablando con mas rigor, se limita el significado del

adjetivo _puro_, al espíritu que ni está unido con un cuerpo, ni está

destinado á dicha union; así el alma humana es un espíritu, mas nó un

espíritu puro: porque ó está unida actualmente con el cuerpo, ó está

destinada todavía á esta union.

A primera vista parece que en esta cuestion, limitándonos á la esfera de

la posibilidad, no cabe diferencia entre las dos acepciones de la

palabra _puro_; porque si al alma separada del cuerpo no le repugna

esencialmente el sentir, tampoco repugnará á los demás espíritus. La

paridad no es cierta; mas por ahora, al hablar en general de un espíritu

puro, comprenderé tambien á las almas separadas de sus cuerpos.

[222.] ¿Qué entendemos por sentir? Esta palabra puede significar dos

cosas: 1.ª recibir una impresion por medio de órganos corpóreos: 2.ª

experimentar simplemente la impresion, independientemente del órgano

corpóreo. Por ejemplo: veo un objeto: aquí hay la afeccion que llamo

_ver_, y el mecanismo con que el objeto transmite la luz á la retina, y

esta una determinada impresion al cerebro. Estas son cosas muy

diferentes: la primera es un hecho de mi espíritu, la segunda una

modificacion corpórea.

[223.] Es claro que si por sentir, entendemos recibir la impresion de un

órgano corpóreo, el espíritu que no tenga cuerpo no podrá sentir; pero

si solo entendemos la afeccion considerada subjetivamente, prescindiendo

del medio por el cual se produce, ó se comunica, entonces la cuestion se

traslada á otro terreno, y para resolverla afirmativa ó negativamente,

de nada sirve la existencia ó no existencia de los cuerpos.

[224.] En este caso, la cuestion es la siguiente: ¿un espíritu puro

puede tener esas representaciones y afecciones de varias clases, que

llamamos sensibles?

Desde luego salta á los ojos que la simplicidad no se opone á la

facultad sensitiva: nuestra alma siente, sin embargo de que es simple.

En el ejercicio de las facultades sensitivas, la ayuda el cuerpo; pero

este auxilio es instrumental; y no de tal manera que sienta _por el

cuerpo_, como el que ejerce una accion por medio de un instrumento:

quien siente es el alma misma; y la accion instrumental del cuerpo se

reduce á poner ciertas condiciones, de las cuales resulta la sensacion,

por influjo físico ú ocasional. Luego la simplicidad de un espíritu puro

nada prueba contra la posibilidad de las facultades sensitivas:

semejante argumento probaria demasiado; y por consiguiente no prueba

nada.

[225.] De esto se infiere que no hay ninguna repugnancia _intrínseca_

en que Dios comunique á un espíritu puro facultades sensitivas; ya sean

de representacion, como esas en que se nos ofrece el mundo corpóreo; ya

sean puramente subjetivas, como las de placer ó de dolor.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 16 / 20 段