¿estas relaciones son necesarias? condicionalmente, sí; esencialmente,
nó; quiero decir: que Dios las ha establecido así, y en este concepto
son necesarias: pero Dios habria podido establecerlas de otra manera, y
puede aun en la actualidad alterarlas, sin variar la esencia de las
cosas.
Si se admite, como no se puede menos, una correspondencia entre lo
subjetivo y lo objetivo, ó entre la apariencia y la realidad, no es
dable negar que las relaciones de los cuerpos, son constantes; esta
constancia dimana de alguna necesidad. Pero, el que el órden actual se
halle sujeto á leyes fijas, no prueba que estas radiquen en la esencia
de las cosas, de tal manera que, supuesta la existencia de los objetos,
sus relaciones no hubiesen podido ser muy diferentes de lo que son en la
actualidad.
[200.] Para afirmar que el órden actual del universo es intrínsecamente
necesario, seria preciso conocer su misma esencia, y nosotros no podemos
alcanzar á tanto, á causa de que los objetos no están presentes á
nuestro entendimiento sino mediatamente, y bajo un aspecto, cual es, el
que los pone en relacion con nuestras facultades sensitivas. La mejor
prueba de la ignorancia en que nos hallamos sobre la esencia de los
cuerpos, es la mucha division que en esta parte ha reinado en las
escuelas; sosteniendo unos que la extension, ó sea las dimensiones,
constituian la esencia de los cuerpos; y afirmando otros que la
extension no era mas que un accidente, no solo distinto de la substancia
corpórea, sino tambien separable.
La profunda oscuridad de que están rodeadas las cuestiones en que se
trata de investigar los elementos constitutivos de los cuerpos,
manifiesta que estos seres son desconocidos en cuanto á su esencia, y
que solo sabemos de ellos, lo que tiene relacion con nuestra
sensibilidad.
[201.] El aspecto bajo el cual se presenta un ser, no es necesario que
contenga toda su naturaleza: decir que en los cuerpos no hay mas que lo
que nosotros sentimos, es erigir nuestras facultades en regla de las
cosas en sí mismas: pretension intolerable en un ser que experimenta á
cada paso los límites de su actividad, que en sus relaciones con el
mundo corpóreo se encuentra casi siempre en una disposicion pasiva; y
que cuando quiere ejercer sus facultades en lo exterior, se ve precisado
á sujetarse á las leyes del mundo externo, so pena de luchar con
obstáculos absolutamente invencibles.
Si ignoramos la esencia de los cuerpos, nada podemos resolver sobre lo
que es intrínsecamente necesario en ellos; exceptuando la composicion,
que se nos manifiesta, aun en el órden sensible, y de que no podemos
despojarlos sin incurrir en contradiccion. Simplicidad y composicion,
envuelven ser y no ser; lo que en un mismo objeto, es incompatible.
[202.] De estas doctrinas se infiere, que en todo lo perteneciente á las
relaciones de los cuerpos, debemos abstenernos de juzgar bajo el punto
de vista absoluto, y limitarnos al condicional. Podemos decir: «esto
sucede ahora; esto ha de suceder segun el órden actualmente
establecido;» pero no podemos decir: «esto sucede, y esto ha de suceder
por necesidad absoluta.» El tránsito de la primera proposicion á la
segunda, supone el conocimiento de que el aspecto bajo el cual se nos
presenta el mundo externo, es la imágen de su esencia, conocimiento que
ningun hombre puede tener.
[203.] Una de las equivocaciones mas graves de Descartes fue el no
hacerse cargo de esta diferencia: el constituir la esencia de los
cuerpos en las dimensiones, es confundir el mundo real con el fenomenal,
tomando un aspecto de las cosas por la naturaleza de ellas. Es verdad
que lo que nos afecta tiene extension, y que esta es la base de las
relaciones de nuestra sensibilidad con el mundo externo; pero de aquí
inferir que este mundo considerado en su esencia, no es mas que lo que
se nos presenta en las dimensiones, es como si se tomasen por la esencia
de un hombre, los lineamientos que constituyen su figura.
[204.] La diversidad de aspectos bajo los cuales se ofrece á nuestros
sentidos el mundo externo, es una advertencia de que no debemos
confundir lo que en él hay de absoluto con lo que tiene de relativo. Un
hombre privado de un sentido, no discurrirá bien, si infiere que el
mundo no tiene mas aspectos que los que él percibe: ¿qué sabemos
nosotros sobre el modo con que los objetos se presentan á los espíritus
puros, ni sobre las muchas otras fases con que se pudieran ofrecer á
nuestra sensibilidad?
Dejemos pues á la naturaleza sus secretos: no limitemos la omnipotencia,
afirmando que el órden del mundo es intrínsecamente necesario de tal
manera, que las relaciones actuales no se pueden alterar sin
contradiccion; y cuando se nos pregunte sobre la posibilidad de un nuevo
órden de relaciones entre los seres que apellidamos cuerpos, no
resolvamos ligeramente la cuestion, tomando por único tipo de todo lo
posible, el flaco alcance de nuestras facultades. ¿Qué pensaríamos del
ciego que se riese de los que ven, al oirlos hablar sobre las relaciones
de los objetos en cuanto vistos. Tales nos presentaríamos nosotros á los
ojos de un espíritu puro, cuando hablásemos de la imposibilidad de un
órden diferente del que se ofrece á nuestra sensibilidad.
[205.] Si examinamos á la luz de esta doctrina, los primeros principios
de las ciencias físicas, echaremos de ver que encierran una buena parte
de condicional, pues que solo son verdaderos, en el supuesto que se
realizan los datos suministrados por la experiencia. Si la ocupacion de
un lugar, si la relacion de los lugares, no son cosas esenciales á los
cuerpos, resulta que las distancias y por consiguiente los movimientos,
son hechos condicionales, en los cuales la verdad existe solo bajo
determinados supuestos. Así todas las ciencias naturales, que como hemos
visto ya, se reducen á cálculo de extension y movimiento, no penetran en
la esencia de las cosas, y se limitan á un aspecto, cual es el
presentado á nuestra experiencia. Por manera que, en dichas ciencias no
hay nada absoluto en todo el rigor de la palabra; y en esta parte se
hallan á mucha distancia de la metafísica, la cual, ó no conoce nada, ó
conoce cosas absolutamente necesarias. Esta doctrina ha menester
ulteriores aclaraciones, que se encontrarán en los capítulos siguientes.
CAPÍTULO XXIX.
SOLUCION DE DOS DIFICULTADES.
[206.] La teoría que supone variables las relaciones de los cuerpos, ¿no
acarrea por necesidad la ruina de todas las ciencias naturales? ¿puede
haber ciencia cuando no hay objeto necesario? puede haber necesidad
compatible con la variabilidad?
Las ciencias naturales tienen dos partes: una física y otra geométrica:
la primera, supone los datos suministrados por la experiencia; la
segunda forma sus cálculos con arreglo á los mismos datos. Alterad el
órden de las relaciones de los seres externos, y los datos serán
diferentes; tendremos una experiencia nueva de la que resultará una
ciencia física nueva: el cálculo será el mismo, solo que á nuevos datos
corresponderán nuevos resultados. Hé aquí desvanecida la dificultad.
Todas las ciencias físicas estriban en la observacion; todas sus
combinaciones se ejecutan sobre los datos suministrados por la
observacion; luego todas las ciencias físicas envuelven una parte
condicional, no son enteramente absolutas. La teoría de la gravitacion
universal se desenvuelve como un cuerpo de ciencia geométrica, es
verdad; pero cómo? pudiendo partir de los datos ofrecidos por la
experiencia; destruid estos datos, el cuerpo de ciencia física se
convierte en un cuerpo de geometría pura. En mecánica, los problemas de
la composicion y descomposicion de las fuerzas, tienen un sentido físico
en cuanto presuponen los datos de la experiencia; si prescindimos de
esta, nada nos queda sino un compuesto de líneas que nada significan,
cuando se las llama fuerzas: entonces la mecánica no es mas que un
sistema de aplicaciones geométricas.
[207.] Surge aquí otra dificultad, que en apariencia es mas grave que la
anterior: si las relaciones de los cuerpos no son esenciales y están
sujetas á variacion; si lo que sobre ellos calculamos, no está fundado
en datos de necesidad intrínseca; parece que se destruye la geometría
misma, ó se la circunscribe de tal modo al órden ideal, que no puede
estar segura de que en descendiendo al campo de la experiencia, no
encuentre falso lo que ella tiene por verdadero, y verdadero lo que ella
reputa falso. Por ejemplo: las distancias de los cuerpos se calculan por
consideraciones geométricas: si la relacion de distancias es variable,
pudiendo estar un cuerpo en muchos lugares á un mismo tiempo, la
geometría resulta falsa. Semejante suposicion no es mas que una
aplicacion de la teoría precedente; pues que si las relaciones se hacen
variables, esa variacion podrá afectar á las distancias, que en sí
mismas no son mas que una relacion. He dicho que esta dificultad era en
apariencia mas grave que la anterior, porque saliendo del campo de la
experiencia, afecta el mismo órden de nuestras ideas: órden que debemos
tener por indestructible, si no queremos privarnos de la razon misma.
¿Qué fuera de nuestra razon, si la geometría pudiese ser desmentida por
la realidad? ¿qué fuera un órden de ideas que pudiese estar en
contradiccion con los hechos? Repito sin embargo, que la fuerza de esta
dificultad es aparente; y para soltarla observaré que bien analizada, no
tiene mas fuerza que la que hemos desvanecido con respecto á las
ciencias naturales. Hagámoslo sensible con un ejemplo.
Un cuerpo que dista cien varas de otro, no puede distar una vara sola: á
esto la geometría se opone: si las relaciones de los cuerpos son
variables, esta proposicion no significará nada con respecto á la
realidad; luego la geometría quedará desmentida. Admito la consecuencia:
pero añado que el principio en que se funda, entraña una suposicion
contraria á la de mi teoría. Alteradas ó destruidas las relaciones de
los cuerpos, se destruye la distancia que es una relacion: luego no
habrá ni distancia de cien varas, ni de una vara, ni de ninguna especie;
es así que la contradiccion se funda en la suposicion de la existencia
simultánea de las distancias de cien varas y de una vara, luego no
existiendo las distancias no hay contradiccion. Si entonces se pregunta
cuánto distan? la pregunta es absurda: el _cuanto_ supone que distan: si
no distan, el _cuanto_ no tiene sentido.
[208.] Esta solucion se funda en un principio fundamental que conviene
no perder nunca de vista. La verdad geométrica se verifica en la
realidad, cuando en la realidad existen las condiciones geométricas: si
estas faltan, no hay geometría real. La consecuencia no tiene nada
extraño; pues lo propio se verifica en el órden puramente ideal: aun en
este, la geometría se funda en postulados; si no los hay, no hay
geometría. Dos triángulos de igual base y altura son equivalentes en
superficie; esto es verdad si suponemos los órdenes de puntos que
llamamos líneas, y las líneas en ese órden que llamamos formar ángulos y
reunirse en tres puntos; si no presuponemos esos órdenes, ese conjunto
de relaciones, el teorema geométrico no significa nada.
[209.] La geometría en sí misma, ó sea en el órden puramente ideal, se
funda en el principio de contradiccion: siendo este verdadero por
absoluta necesidad, lo es tambien aquella. Pero el principio de
contradiccion, como todos los del órden puramente ideal, prescinde de la
existencia, y no se aplica á nada en la práctica, si no se supone algun
hecho en el cual pueda estribar. El sí y el nó, á un mismo tiempo, son
imposibles: pero el principio no resuelve nada ni en pro ni en contra de
ninguno de los extremos: solo dice, que verificado el uno, no se
verifica el otro: resuelve contra el _sí_, suponiéndose el _nó_, y
contra el _nó_, suponiéndose el _sí_: esto es, ha menester siempre una
condicion, un dato, que solo la experiencia puede suministrar. Lo propio
sucede con la geometría: todos sus teoremas y problemas, se refieren á
ese campo ideal que tenemos dentro de nosotros: en ese campo hay ciertas
condiciones que conducen á determinadas consecuencias, en fuerza del
principio de contradiccion: donde quiera que las condiciones se
verifiquen, se verificarán tambien las consecuencias: pero si aquellas
faltan, estas faltarán tambien. Las ciencias ideales, se refieren á un
_enlace_ de consecuencias con principios, en el órden posible; nó á los
hechos en sí mismos. Salvado el enlace, la ciencia se salva.
CAPÍTULO XXX.
LA SENSIBILIDAD PASIVA.
[210.] La sensibilidad activa, ó sea la facultad de sentir, es objeto de
grandes cuestiones filosóficas; no son menores las que puede ofrecernos
la sensibilidad pasiva, ó sea la capacidad de un objeto para ser
sentido.
¿Todo lo que existe puede ser sentido?
Para resolver acertadamente esta cuestion es preciso recordar, que ser
sentido puede entenderse de dos maneras: 1.º causar una impresion en el
ser sensitivo: 2.º ser objeto inmediato de la intuicion sensible. Lo
primero puede verificarse de todo ser, capaz de producir la impresion;
lo segundo, solo puede verificarse de un ser que reuna las condiciones
incluidas en la intuicion.
[211.] Producir la impresion, es simplemente _causar_; y la causalidad
no repugna á los seres simples. De aquí es que no hay ningun
inconveniente en que un espíritu nos produzca de esta manera una de las
impresiones sensibles: de lo contrario seria menester decir que Dios no
puede ejercer su accion sobre nuestra alma, causando en ella la
sensacion sin el intermedio de los cuerpos. Esta causalidad, no podria
llamarse sensibilidad pasiva: el ser que la tuviese, no seria
propiamente sentido. La relacion de la sensacion, al ser que la
produjese, seria únicamente la del efecto á su causa.
[212.] Ser objeto inmediato de la intuicion sensible, es presentarse á
ella, como un original á su copia; y bajo este aspecto, no puede ser
sentido sino lo que es extenso: esto es, lo que encierra en sí la
multiplicidad, combinada con eso que llamamos continuidad, y que sea lo
que fuere en sí, es una condicion absolutamente necesaria para nuestras
facultades sensitivas, en cuanto se refieren á objetos externos.
[213.] De esta manera, lo simple no puede ser sensible: afirmar lo
contrario, seria caer en una contradiccion manifiesta. Nuestra intuicion
sensible, á la cual, por instinto y por razon, le damos un objeto real,
se refiere á este objeto, como esencialmente compuesto, y en este órden
que llamamos continuidad: si pues convertimos á este objeto en simple,
destruimos el objeto como sensible: y por consiguiente afirmamos y
negamos su objetividad sensible. El suponer en ejercicio una facultad, y
quererla privar de las condiciones á que sus funciones están sometidas
necesariamente, es una contradiccion.
[214.] Se observará tal vez, que no hay necesidad de trasladar al objeto
las condiciones del sujeto, y que por lo mismo, aun siendo el objeto
simple, se puede ofrecer al sentido; pero esto es cambiar el estado de
la cuestion: porque, ó la intuicion sensible se refiere al objeto ó nó:
si lo primero, el objeto no puede ser simple; si lo segundo, estamos
otra vez en la cuestion del idealismo, combatido ya en varios lugares de
esta obra.
[215.] Si se replica que en nuestra alma, siendo simple, hay la
representacion de lo compuesto; observaré que no es lo mismo la
percepcion subjetiva de lo compuesto, que la representacion objetiva:
así como no es lo mismo ofrecerse objetivamente como múltiplo, ó
percibir lo múltiplo. Nuestra alma percibe lo múltiplo, y por lo mismo
que lo percibe, ella no puede serlo, es necesario que sea una. Esto en
cuanto á lo subjetivo; por lo que toca á lo objetivo, conviene notar,
que las representaciones sensibles no las tenemos siempre de objetos
reales, pero se refieren siempre á objetos cuando menos posibles, es
decir que la intuicion, no está enteramente vacía, sino que á falta del
órden de la realidad, necesita el de la posibilidad.
[216.] El mundo externo, como que encierra la multiplicidad, ó sea un
conjunto de muchos seres, y es además susceptible de este órden que
llamamos continuidad, puede ser objeto de la intuicion sensible, como en
realidad lo experimentamos. Pero esta sensibilidad pasiva, no le es
intrínsecamente necesaria: quiero decir, que el mismo conjunto de seres
que componen el universo, podria Dios haberle dispuesto de tal manera
que no fuese sensible. La razon de esto no es otra que la variabilidad
de las relaciones de los cuerpos: porque es evidente que si estas no
existiesen, ó no estuviesen sometidas á las condiciones exigidas para la
representacion sensible, esta no podria verificarse, y el mundo quedaria
despojado de su sensibilidad.
[217.] De esta consecuencia á que nos lleva la filosofía trascendental,
tenemos algunos indicios en la experiencia misma, la cual á cada paso
nos enseña que los cuerpos sensibles dejan de serlo, y los insensibles
se nos hacen sensibles, con solo mediar una pequeña alteracion. La
condensacion del aire lo hace visible; la rarefaccion, invisible; un
cuerpo líquido es tangible, y pierde esta calidad, pasando al estado de
vapor. La variedad que dimana de las alteraciones del objeto, puede
tambien provenir de las modificaciones del órgano. Basta recordar lo que
le sucede á la vista, segun está auxiliada ó privada de ciertos
instrumentos. Si pues, aun salvas las leyes que ahora son fundamentales
en las relaciones de los cuerpos, notamos esos tránsitos de lo sensible
á lo insensible, ¿por qué no podria haber un cambio radical en dichas
relaciones, que hiciese los cuerpos de todo punto insensibles?
[218.] Con variar las relaciones de los seres que componen el universo
corpóreo, lo sensible podria convertirse en insensible; y por el
contrario, deberemos decir que hay muchos seres insensibles, que con una
disposicion diferente, podrian hacérsenos sensibles. Hasta cierto punto,
tenemos en esta parte algo mas que leves conjeturas: los hechos hablan.
A medida que se va dilatando el campo de la experiencia, se descubren
nuevos fenómenos: ahí están los de la atraccion magnética, de la
electricidad, y del galvanismo. En estos fenómenos, obran agentes que en
sí mismos son imperceptibles al sentido: ¿por qué no habrian podido
estar dispuestos de manera que los sintiéramos como á los demás cuerpos?
¿En qué punto está el límite de la escala de esos agentes? Nosotros no
le conocemos: y discurriendo por analogía podemos conjeturar que está
muy lejos todavía, para lisonjearnos de alcanzarle.
La perfeccion de un órgano sensitivo por medio de instrumentos, es una
disposicion por la cual variamos el sistema ordinario de las relaciones
de nuestro cuerpo con los que le rodean: y esta perfeccion está en una
escala indefinida, en la cual descubrimos tanta mayor extension, cuanto
mas adelantamos en ella. Es probable pues, que en el universo hay muchos
seres imperceptibles á nuestros sentidos, y para cuya percepcion seria
bastante una modificacion de los órganos, ó un cambio en algunas leyes
de la naturaleza. ¡Ancho campo de atrevidas conjeturas, y meditaciones
sublimes!
CAPÍTULO XXXI.
POSIBILIDAD DE UNA MAYOR ESFERA EN LA SENSIBILIDAD ACTIVA.
[219.] Habiendo tratado de la sensibilidad pasiva en el órden de la
posibilidad, ocurre naturalmente una cuestion semejante con respecto á
la sensibilidad activa de los seres sometidos á condiciones diferentes
de las en que se halla nuestra alma, mientras está unida al cuerpo.
Hablo únicamente de la posibilidad, porque estando limitados á lo que
nos enseña la experiencia, ignoramos lo que hay en la esfera de los
seres con quienes no estamos en comunicacion: si algo sabemos de ellos,
es lo que Dios nos ha revelado: y la revelacion es para enseñarnos, nó
la filosofía, sino la virtud.
[220.] El examinar hasta qué punto sea posible la sensibilidad activa en
un órden diferente del que nosotros experimentamos, á mas de suscitar
cuestiones curiosas y agradables, ofrece la oportunidad de aclarar con
nuevas consideraciones la naturaleza de este fenómeno, en sus relaciones
con la organizacion corpórea. Hasta media una razon particular para que
nos ocupemos de esta materia, y consiste en el interés que debe
inspirarnos todo cuanto se refiere á un nuevo estado, á que dentro de
poco hemos de pasar. Breves son los momentos concedidos al débil hombre
para morar sobre la tierra: todos nos acercamos con asombrosa rapidez al
instante supremo, en que la frágil organizacion que envuelve nuestro
espíritu inmortal, se disolverá, deshaciéndose en polvo; entonces, el
ser que dentro de nosotros siente, piensa y quiere, se hallará en un
estado nuevo, separado de la organizacion corpórea. ¿Cuáles serán
entonces sus facultades? Esta cuestion no puede sernos indiferente; se
trata de nosotros, y de lo que ha de suceder en breve plazo.
[221.] Cuando se pregunta si un espíritu puro es capaz de sentir, se
resuelve la cuestion negativamente, porque al tratar de la sensibilidad
activa se supone que no puede tener lugar, en no mediando algun cuerpo.
Yo creo que la cuestion es susceptible de algunas aclaraciones que voy á
exponer.
Fijemos ante todo el verdadero significado de las palabras. A veces se
entiende en general por espíritu puro el que no está unido con ningun
cuerpo; pero hablando con mas rigor, se limita el significado del
adjetivo _puro_, al espíritu que ni está unido con un cuerpo, ni está
destinado á dicha union; así el alma humana es un espíritu, mas nó un
espíritu puro: porque ó está unida actualmente con el cuerpo, ó está
destinada todavía á esta union.
A primera vista parece que en esta cuestion, limitándonos á la esfera de
la posibilidad, no cabe diferencia entre las dos acepciones de la
palabra _puro_; porque si al alma separada del cuerpo no le repugna
esencialmente el sentir, tampoco repugnará á los demás espíritus. La
paridad no es cierta; mas por ahora, al hablar en general de un espíritu
puro, comprenderé tambien á las almas separadas de sus cuerpos.
[222.] ¿Qué entendemos por sentir? Esta palabra puede significar dos
cosas: 1.ª recibir una impresion por medio de órganos corpóreos: 2.ª
experimentar simplemente la impresion, independientemente del órgano
corpóreo. Por ejemplo: veo un objeto: aquí hay la afeccion que llamo
_ver_, y el mecanismo con que el objeto transmite la luz á la retina, y
esta una determinada impresion al cerebro. Estas son cosas muy
diferentes: la primera es un hecho de mi espíritu, la segunda una
modificacion corpórea.
[223.] Es claro que si por sentir, entendemos recibir la impresion de un
órgano corpóreo, el espíritu que no tenga cuerpo no podrá sentir; pero
si solo entendemos la afeccion considerada subjetivamente, prescindiendo
del medio por el cual se produce, ó se comunica, entonces la cuestion se
traslada á otro terreno, y para resolverla afirmativa ó negativamente,
de nada sirve la existencia ó no existencia de los cuerpos.
[224.] En este caso, la cuestion es la siguiente: ¿un espíritu puro
puede tener esas representaciones y afecciones de varias clases, que
llamamos sensibles?
Desde luego salta á los ojos que la simplicidad no se opone á la
facultad sensitiva: nuestra alma siente, sin embargo de que es simple.
En el ejercicio de las facultades sensitivas, la ayuda el cuerpo; pero
este auxilio es instrumental; y no de tal manera que sienta _por el
cuerpo_, como el que ejerce una accion por medio de un instrumento:
quien siente es el alma misma; y la accion instrumental del cuerpo se
reduce á poner ciertas condiciones, de las cuales resulta la sensacion,
por influjo físico ú ocasional. Luego la simplicidad de un espíritu puro
nada prueba contra la posibilidad de las facultades sensitivas:
semejante argumento probaria demasiado; y por consiguiente no prueba
nada.
[225.] De esto se infiere que no hay ninguna repugnancia _intrínseca_
en que Dios comunique á un espíritu puro facultades sensitivas; ya sean
de representacion, como esas en que se nos ofrece el mundo corpóreo; ya
sean puramente subjetivas, como las de placer ó de dolor.