[179.] El mundo externo en su naturaleza real, prescindiendo

absolutamente de la fenomenal, no es una ilusion. Su existencia nos es

conocida no solo por los fenómenos, sino tambien por los principios del

entendimiento puro, superiores á todo lo individual y contingente.

Dichos principios, apoyados un los datos de la experiencia, esto es, en

las sensaciones cuya existencia nos atestigua el sentido íntimo, nos

aseguran de que la objetividad de las sensaciones, ó sea la realidad de

un mundo externo, es una verdad.

[180.] Esta distincion entre lo esencial y lo accidental, y entre lo

absoluto y lo relativo, era conocida en las escuelas. La extension no

era considerada como la esencia de los cuerpos, sino como un accidente;

las relaciones de los cuerpos con nuestros sentidos, no se fundaban

inmediatamente en la esencia, sino en los accidentes. La esencia de los

cuerpos, la constituian la materia y la forma substancial unidas: la

materia recibiendo la forma, y la forma actuando la materia. Ni la

materia ni la forma substancial eran inmediatamente perceptibles para el

sentido, pues que esta percepcion necesitaba la determinacion de la

figura y otros accidentes, distintos de la esencia del cuerpo.

Así es que distinguian los escolásticos objetos sensibles de tres

clases: propio, comun y por accidente: _proprium, commune, et per

accidens._ El propio es el que se ofrece inmediatamente al sentido, y no

es percibido sino por uno solo: el color, el sonido, el olor, y el

sabor. El comun, es el que es percibido por varios sentidos, como la

figura, la cual es objeto de la vista y del tacto. El accidental, ó _per

accidens_, es el que no es percibido directamente por ningun sentido,

que está oculto bajo las calidades sensibles, y se nos descubre por

medio de estas: como las substancias. Lo sensible _per accidens_, está

enlazado con las calidades sensibles; pero estas no lo ofrecen al

entendimiento como una imágen el original, sino como un signo la cosa

significada. De aquí es que á lo sensible _per accidens_, no se le

suponian las emisiones de especies para reducir al acto á la facultad

sensitiva: era mas bien inteligible que sensible.

[181.] En el universo corpóreo, considerado _en su esencia_, no hay

necesidad de suponer nada que sea semejante á la representacion

sensible, pero sí es necesario suponer una correspondencia entre el

objeto y la idea; de otro modo seria menester admitir, que las verdades

geométricas pueden ser desmentidas por la experiencia.

[182.] Aunque la extension no sea mas que un órden de seres de que

nosotros no podemos formar perfecto concepto, por no sernos dable

depurar las ideas de toda forma sensible, este órden ha de corresponder

á nuestras ideas, y aun á nuestras representaciones sensibles, en cuanto

es necesario para comprobar la verdad de las ideas. Es evidente que el

órden fenomenal, aunque distinto del real, está sin embargo ligado con

él y depende del mismo, por leyes constantes: si suponemos que no hay un

paralelismo entre la realidad y el fenómeno, y que en aquella no hay

todas las condiciones necesarias para satisfacer las exigencias de este,

no habrá ninguna razon porque los fenómenos estén sometidos á leyes

constantes, y no suframos en nuestra experiencia perturbaciones

continuas. No suponiendo una correspondencia fija y constante entre la

realidad y la apariencia, el mundo para nosotros se convierte en un

caos; y se nos hace imposible toda experiencia constantemente ordenada.

[183.] Desenvolvamos la observacion que precede. Una de las

proposiciones elementales de la geometría dice: los ángulos opuestos al

vértice son iguales. Para demostrar su verdad, necesito la intuicion

interna de dos líneas que se cortan prolongándose por ambos lados; pero

la proposicion geométrica no se ciñe á ninguna de aquellas intuiciones

particulares, sino que se extiende á todas las imaginables, sin ningun

límite en su número, sin ninguna determinacion en cuanto á la medida de

los ángulos, ni á la longitud de las líneas, ni á su posicion en el

espacio. Hé aquí la idea pura, abarcando infinitos casos; cuando la

intuicion sensible no representa mas que uno solo, si se trata de un

mismo tiempo, y varios aisladamente, si se trata de representaciones

sucesivas. El entendimiento no se limita á afirmar esta relacion entre

las ideas, sino que aplica lo mismo á la realidad, y dice: donde quiera

que se realicen las condiciones de este órden ideal, se verificará en el

real lo mismo que estoy viendo en mis ideas; y si estas condiciones no

se realizan con toda exactitud, en proporcion de esta se verificará mas

ó menos la relacion expresada: cuanto mas delicadas sean las líneas

reales que se corten, cuanto mas se aproximen á la perfeccion en cuanto

á ser rectas, tanto mas aproximadamente se verificará la relacion de la

igualdad de los ángulos. Este convencimiento se funda en el principio de

contradiccion, el cual resultaria falso si la proposicion no se

verificase; y se halla confirmado por la experiencia, en cuanto esta

puede alcanzar de algun modo las condiciones puestas en el órden ideal.

[184.] Ahora bien: en la realidad ¿qué es lo que corresponde á dicha

proposicion? una línea existente ó real, será un órden de seres; dos

líneas que se corten serán dos órdenes de seres, con una relacion

determinada; el ángulo será el resultado de esta relacion, ó mejor la

relacion misma; y la igualdad del ángulo opuesto será la correspondencia

de estas relaciones en razon de igualdad, por la continuacion del mismo

órden en otro sentido. Este conjunto de relaciones entre los órdenes de

los seres, y la correspondencia de estos órdenes entre sí, será lo que

corresponde en la realidad á la idea geométrica pura, ó bien á la idea

separada de toda representacion sensible. Con tal que las relaciones de

la idea tengan sus objetos correspondientes en las relaciones de la

realidad, la geometría existe no solo en el órden ideal sino tambien en

el real. Como el fenómeno, ó sea la representacion sensible, está

sometido á las mismas condiciones que la idea, habiendo tambien en el

órden de los fenómenos ciertas relaciones en la misma razon que en la

idea y en el hecho, tendremos acordes la idea, el fenómeno y la

realidad, y explicado por qué el órden intelectual se confirma con la

experiencia, y esta á su vez recibe con toda seguridad la direccion de

aquel.

[185.] Esta armonía ha de tener una causa; es menester buscar un

principio donde se pueda encontrar la razon suficiente de ese acuerdo

admirable entre cosas tan distintas: y aquí surgen nuevos problemas que

por una parte abruman el entendimiento y por otra lo ensanchan y le

alientan, con el grandioso espectáculo que ofrecen á su vista, y el

campo inmenso que le brindan á recorrer.

CAPÍTULO XXVI.

CARÁCTER DE LAS RELACIONES DEL ÓRDEN REAL CON EL FENOMENAL.

[186.] El acuerdo de la idea, del fenómeno y de la realidad, ¿es

necesario, esto es, fundado en la esencia de las cosas, ó ha sido

establecido libremente por la voluntad del Criador?

Si el mundo no tuviese mas realidad que la expresada por la

representacion sensible, si las apariencias contuviesen una copia exacta

de la esencia íntima de las cosas, seria menester decir que este acuerdo

es inalterable, que las cosas no son mas que lo que parecen; y que en el

supuesto que existan, han de ser tales como parecen, y esto por absoluta

necesidad; pues que ninguna cosa puede estar en contradiccion con su

nocion constitutiva. Lo que ahora es extenso, seria por necesidad

extenso; y no podria menos de serlo del _mismo modo_ que nos lo parece,

y bajo las _mismas condiciones_: la relacion de los cuerpos entre sí

estaria necesariamente sujeta á las mismas leyes fenomenales: todo lo

que fuera apartarse de este órden seria una contradiccion, que no cae ni

bajo el poder de la omnipotencia.

[187.] Los cuerpos se nos presentan en la intuicion sensible con

magnitudes determinadas, y estas en cierta relacion fija, que nosotros

calculamos, comparándola con una extension inmóvil, cual nos figuramos

el espacio. Por la magnitud ocupan los cuerpos cierto lugar, tambien

determinado, aunque mudable con el movimiento. Por la relacion de las

magnitudes, ocupan mayor ó menor lugar, y se excluyen recíprocamente de

uno mismo: esta exclusion la llamamos impenetrabilidad. La cuestion que

aquí se ofrece es la siguiente: la determinacion de las magnitudes, y la

relacion de ellas con respecto á la ocupacion de lugares, ¿son cosas

absolutamente necesarias de manera que su alteracion envuelva

contradiccion? nó.

[188.] La relacion al lugar, considerando á este como una porcion del

espacio puro, no significa nada; pues ya hemos visto que este espacio no

es mas que una simple abstraccion de nuestro entendimiento, y que en sí

mismo no tiene ninguna realidad: es nada. Luego la relacion á él, será

tambien nada, á causa de que la relacion es nula, cuando falta el

término á que se ordena. Luego todas las relaciones de los cuerpos á los

lugares, no pueden ser otra cosa que las relaciones de los cuerpos entre

sí.

[189.] Este es el principal punto de vista en las presentes cuestiones;

el entendimiento se confunde, cuando comienza por suponer al espacio una

naturaleza absoluta, con relaciones necesarias con todos los cuerpos.

Recuérdese la doctrina de los capítulos (XII, XIII, XIV y XV) donde se

explica cómo se engendra en nosotros la idea del espacio, qué objeto le

corresponde en la realidad y de qué manera; y se echará de ver que esas

relaciones absolutas y esenciales, que creemos descubrir entre los

cuerpos y una capacidad _vacía y real_, son ilusiones de nuestra

imaginacion, efecto de que no depuramos bastante el órden ideal, de que

no le separamos de las impresiones sensibles. En estas cuestiones, no se

puede entender nada, ni aun el sentido de ellas, si no se hace un

esfuerzo por lograr esta separacion, en cuanto es posible á nuestra

naturaleza. Si esto se consigue, las cuestiones que voy á examinar en

los capítulos siguientes, parecerán muy filosóficas; y su resolucion, si

nó verdadera, al menos verosímil; pero si se confunden cosas tan

distintas como son el órden intelectual puro, y el sensible, dichas

cuestiones parecerán absurdas. Es inadmisible el idealismo que destruye

el mundo real; pero no lo es menos el empirismo que aniquila el órden

ideal; si no pudiéramos elevarnos sobre las representaciones sensibles,

debiéramos renunciar á la filosofía, dejando el pensar, y limitándonos á

sentir.

CAPÍTULO XXVII.

SI TODO HA DE ESTAR EN ALGUN LUGAR.

[190.] ¿Es necesario que todo lo que existe esté en algun lugar? hé aquí

una cuestion extraña á primera vista, pero en el fondo muy filosófica.

_Ser_, no es lo mismo que _estar_ en un lugar; el ser, ya se tome

sustantivamente en cuanto significa existir, ya copulativamente en

cuanto expresa la relacion de un predicado con un sujeto, no envuelve la

idea de estar en un lugar. La relacion de un objeto con un lugar, no le

es necesaria, pues que no la encontramos en su nocion: es una cosa

añadida, ya se la demos nosotros atribuyéndosela con mas ó menos

fundamento, ya la tenga en realidad, ó comunicada por otro, ó en cuanto

se le considera en relacion con otro.

La imaginacion no se figura nada que no esté _situado_; pero el

entendimiento puede concebir las cosas sin situacion en ningun lugar.

Cuando reflexionamos sobre la esencia de los objetos, ¿los consideramos

por ventura con alguna situacion? nó. El acto intelectual va acompañado

de las representaciones sensibles, que á veces le auxilian, y otras le

embarazan y confunden; pero en todo caso el acto del entendimiento es

siempre distinto de ellas.

[191.] ¿Qué razon hay para decir que todo ha de estar en algun lugar?

ninguna. La imaginacion no lo alcanza; pero el entendimiento no descubre

ningun absurdo; antes por el contrario, lo ve muy ajustado á los

principios de la filosofía. Si el lugar considerado en sí, no es mas que

una porcion del espacio terminada por alguna superficie, y el espacio

abstraido de los cuerpos no es nada; la relacion á los lugares, ó sea á

puntos designados ó designables en el espacio, no será nada; es preciso

pues apelar á los cuerpos para encontrar un término de la relacion;

luego si suponemos un ser que no tenga ninguna relacion con los cuerpos,

no es necesario que esté en ningun lugar.

[192.] La relacion de un ser con los cuerpos puede ser de tres maneras:

la de conmensurabilidad, como lo es la de las líneas, superficies y

volúmenes entre sí; la de generacion, como concebimos que la línea se

engendra por el punto; y la de accion, en general, como concebimos la de

los espíritus puros sobre la materia. La primera relacion no existe ni

puede existir, cuando el objeto que ha de tenerla carece de dimensiones:

pues entonces no es mensurable; la segunda, solo cabe en los puntos

inextensos ó infinitésimos, con que se engendra la extension; de lo que

se infiere que dichas dos relaciones no pueden tener cabida sino entre

los cuerpos ó sus elementos generadores. Luego todo lo que no sea cuerpo

ó elemento corpóreo, no puede estar _situado_ bajo ninguno de estos

conceptos. En cuanto á la tercera relacion, esto es, la de accion de una

causa sobre un cuerpo, puede hallarse en todos los agentes capaces de

obrar sobre la materia; pero es evidente que la situacion que de ésto

resulte, será muy diferente de la que concebimos en los cuerpos ó en sus

elementos: es cosa de un órden totalmente distinto, que mas bien se

refiere á la idea pura de causalidad, que nó á la intuicion del espacio.

[193.] Es claro que podemos concebir un ser que no sea cuerpo, ni

elemento de los cuerpos, ni ejerza sobre los mismos ninguna accion: en

cuyo caso, este ser no tendrá ninguna de las tres relaciones expresadas;

luego no estará en ningun lugar: y el decir que está aquí ó que está

allá, que está cercano ó que está distante, será emplear palabras sin

sentido.

[194.] A la luz de esta doctrina se resuelven con facilidad las

cuestiones siguientes.

¿Dónde estaria un espíritu puro que no tuviese ninguna relacion de

causalidad ó influencia de ninguna clase, sobre el mundo corpóreo? en

ninguna parte. La respuesta no parecerá extraña, sino á quien no haya

comprendido que la pregunta es absurda. En el caso supuesto, no hay

_donde_; porque el donde envuelve una relacion, y aquí no hay ninguna.

¿Dónde estarian los espíritus puros, si no existiese el mundo corpóreo?

en ninguna parte: á no ser que se quiera decir que estarian en sí

mismos. Pero entonces la palabra _estar_ no significa la situacion de

que hablamos aquí; sino mas bien ó la existencia del espíritu, ó su

identidad consigo mismo.

¿Dónde estaba Dios antes de criar el mundo? _era; no estaba_ en ninguna

parte: porque no habia partes.

[195.] Aquí haré notar una equivocacion de Kant. Ha creido este filósofo

que el espacio era concebido por nosotros como una condicion de toda

existencia en general; y en esto ha fundado una de sus razones para

sostener que el espacio era una forma puramente subjetiva. Al explicar

en la segunda edicion de su _Crítica de la razon pura_, cómo debe

entenderse la subjetividad del espacio, parece afirmar que nosotros no

concebimos ni aun las cosas del órden intelectual puro, sin referirlas

al espacio. Hace la observacion de que en la teología natural, al

tratarse de un objeto que no puede serlo de intuicion sensible ni para

nosotros, ni para sí mismo, se tiene mucho cuidado de no atribuir á su

intuicion ó manera de ver, el tiempo y el espacio, condiciones de las

intuiciones humanas: «pero, añade, con qué derecho puede procederse así

cuando antes se ha hecho del espacio y del tiempo las formas de las

cosas en sí mismas, y formas tales que como condiciones de la existencia

de las cosas _à priori_, subsisten aun despues de haberlo aniquilado

todo con el pensamiento: porque como condiciones de toda existencia en

general, deben serlo tambien de la existencia de Dios. Si el espacio y

el tiempo no se los hace formas objetivas de _todas_ las cosas, _solo

resta_ hacerlos formas subjetivas de nuestro modo de intuicion, tanto

interna como externa. Tiene razon Kant en que el espacio y el tiempo no

deben ser considerados como formas reales, incapaces de ser anonadadas,

y por consiguiente necesarias y eternas; pero no alcanzo la razon de la

disyuntiva por la cual pretende que si no hacemos al espacio y al tiempo

formas objetivas de _todas_ las cosas, estamos precisados á convertirlas

en subjetivas, de suerte que en el caso contrario el espacio y el tiempo

serian una condicion de la existencia del mismo Dios.

[196.] El espacio lo consideramos como condicion actual de la existencia

de las cosas situables; pero nó de todas las cosas. En los espíritus

puros se concibe la existencia sin necesidad de relacion á ningun lugar,

y por tanto independiente de posicion en el espacio.

En este punto, como en todos los relativos al órden intelectual puro, se

encuentran en los teólogos doctrinas sumamente importantes, dignas de

ser consultadas por los que quieren profundizar las cuestiones

filosóficas; en ellos hubiera podido encontrar el autor de la _Crítica

de la razon pura_, observaciones que le habrian aclarado dificultades

cuya solucion le embarazaba: en la cuestion presente, habria podido ver

cuán inexacto es el que el espacio sea una condicion de la existencia de

todas las cosas, al encontrar la bellísima y profunda teoría con que

muchos escolásticos explican la presencia de Dios en el mundo corpóreo,

la de los ángeles en diferentes lugares, la de sus movimientos de un

punto á otro sin pasar por el medio, y la manera con que el alma se

halla toda en todo el cuerpo, y toda en cualquiera de las partes del

mismo. En esas obras tan poco consultadas como dignas de serlo, habria

podido notar el filósofo aleman, que la presencia en un lugar tratándose

de los espíritus, era una cosa enteramente distinta de la presencia de

los cuerpos; y que nada tenia que ver con la intuicion del espacio, ni

en cuanto es base de la representacion sensible, ni aun en cuanto es una

idea geométrica.

[197.] Busca Santo Tomás (1. P. cuest. 8. art. 1.) si Dios está en todas

las cosas, y responde que sí: mas para probar su aserto, no echa mano de

la necesidad de que todo esté situado, antes por el contrario, se olvida

de la idea de espacio, y apela á la de causalidad. «Siendo Dios el mismo

ser por su esencia, es necesario que el ser criado sea su propio efecto:

como el inflamar es propio del fuego. Este efecto, Dios le causa en las

cosas, no solo cuando empiezan á ser por primera vez, sino mientras se

conservan en el ser: como la luz del aire, mientras se conserva

iluminado, dimana del sol. Es necesario pues, que mientras la cosa tiene

el ser, Dios le esté presente, segun el modo con que ella tiene el ser:

el ser es lo mas íntimo que hay en cualquiera cosa, y lo que está mas

profundamente inherente á ella: porque es lo formal de todo lo que hay

en la cosa: así pues, Dios está en todas las cosas, é íntimamente.»

El estar situado en el espacio es estar contenido en el mismo: así

concebimos todo lo que consideramos situado en él: Santo Tomás rechaza

este sentido, cuando se trata de los seres espirituales, y dice, que si

bien los corpóreos están en las cosas como contenidos; los espirituales

por el contrario, contienen las cosas en que están.

En el artículo segundo pregunta si Dios está en todos los lugares,

_ubique_; y dice que Dios está en todas las cosas dándoles el ser, y la

fuerza y la operacion; y en todo lugar, dándole el ser y la capacidad,

_virtutem locativam_. Se propone el argumento de que las cosas

incorpóreas no están en ningun lugar: y responde con las siguientes

palabras altamente filosóficas: «Las cosas incorpóreas no están en el

lugar por el contacto de cantidad dimensiva, sino por el contacto de la

actividad, _virtutis_.» Luego, explicando cómo lo indivisible puede

estar en diferentes lugares dice: «lo indivisible es de dos clases; uno

que es término de lo continuo, como el punto en lo permanente y el

momento en lo sucesivo. Lo indivisible en lo permanente, no puede estar

en muchas partes de un lugar, ó en muchos lugares, á causa de que tiene

una situacion determinada: así como lo indivisible en la accion ó el

movimiento, no puede estar en muchas partes del tiempo porque tiene un

órden determinado en el movimiento ó en la accion. Pero hay otro

indivisible que _está fuera de todo género de continuo_, y de este modo

las substancias incorpóreas como Dios, el ángel y el alma, se llaman

indivisibles. Lo que es indivisible de esta manera, no se aplica á lo

continuo _como cosa que le pertenenezca_, sino en cuanto lo toca con su

actividad: y así segun que esta pueda extenderse á uno ó muchos objetos,

á lo pequeño ó á lo grande, se halla en uno ó muchos lugares y en un

lugar pequeño ó grande.»

¿Qué cosa mas clara, refiriéndonos á la intuicion del espacio, que

cuando una cosa está toda en un lugar, nada haya de ella fuera de aquel

lugar? y sin embargo el santo Doctor, elevándose sobre las

representaciones sensibles, asienta resueltamente que Dios puede estar

todo en todo, y todo en cualquier parte; como el alma está toda en

cualquier parte del cuerpo. ¿Y por qué? porque lo que se llama totalidad

en las cosas corpóreas, se refiere á la cantidad; y la totalidad de las

incorpóreas es totalidad de esencia, que por consiguiente no es

conmensurable con una cantidad, ni está ceñida á ningun lugar.

En el Tratado de los ángeles, (1. P. cuest. 52. art. 1.) al decir que

están en el lugar, advierte que esto se afirma equívocamente,

_æquivocè_[2].

[Nota 2: Término _equivoco_ llaman los dialécticos el que en distintas

cosas tiene significacion totalmente diversa: suelen poner el ejemplo de

la palabra _leon_ y otras, que se aplican, equívocamente, á un animal, y

á una constelacion celeste. «Æquivoca sunt quorum nomen commune est, et

ratio per nomen significata, simpliciter diversa.» Así hablaban las

escuelas.] del ángel y del cuerpo: porque el cuerpo está en el lugar,

aplicado á él por el contacto de la cantidad dimensiva; pero el ángel

está únicamente por la cantidad virtual, esto es, en cuanto ejerce su

accion sobre algun cuerpo: por lo cual no se debe decir que el ángel

esté situado en lo continuo, _habeat situm in continuo_.

En el Tratado del alma, (1.P. cuest.70. art.8.) afirma que esta, se

halla toda en todo el cuerpo y toda en cualquiera de las partes; y

vuelve á distinguir entre la totalidad de esencia y la totalidad

cuantitativa; valiéndose de un razonamiento semejante al que hemos visto

con respecto á los ángeles. Los que se hayan reido de esta doctrina, que

se descubre tanto mas profunda cuanto mas se reflexiona sobre ella, se

han manifestado superficiales en lo concerniente á las relaciones de las

cosas espirituales con las corpóreas. En general, es peligroso el reirse

de opiniones sostenidas por grandes hombres en materias tan graves;

porque si no aciertan, tienen por lo menos en su favor razones fuertes.

Nada mas contrario á las representaciones sensibles que la posibilidad

de hallarse una cosa á un mismo tiempo en diferentes lugares; pero nada

mas filosófico que esta posibilidad, cuando se han analizado

profundamente las relaciones de la extension con las cosas inextensas, y

se ha descubierto la diferencia que va de la situacion cuantitativa á la

situacion de causalidad.

[198.] Infiérese de estas doctrinas que el estar en el espacio no es una

condicion general de todas las existencias, ni aun segun nuestro modo de

concebir: pues concebimos muy bien una cosa existiendo, sin relacion á

ningun lugar. En este punto, se confunde la imaginacion con el

entendimiento, y se cree imposible para este lo que solo lo es para

aquella. Es cierto que nada podemos _imaginar_, sin referirlo á puntos

del espacio: y que por lo mismo nos sucede que aun al ocuparnos de los

objetos del entendimiento puro, siempre se nos ofrece alguna

representacion sensible: pero no es verdad que el entendimiento se

conforme con esas representaciones, pues que las tiene por falsas. Como

la imaginacion es una especie de continuacion de la sensibilidad, ó sea

un sentido interno, y la base de las sensaciones es la extension, no nos

es posible ejercitar este sentido interno, sin que se nos ofrezca el

espacio, que como hemos visto, no es mas que la idea de extension en

general. Así pues, la situacion en el espacio es una condicion general

de todas las cosas en cuanto sentidas, pero nó en cuanto entendidas.

CAPÍTULO XXVIII.

CONTINGENCIA DE LAS RELACIONES CORPÓREAS.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 15 / 20 段