[156.] Segun esta teoría ¿resultan dos geometrías? Es menester

distinguir. La geometría científica, la ideal pura, será la misma; salva

la diferencia de los entendimientos que la posean. Pero á pesar de estas

diferencias, lo que será verdad para la una, lo será para la otra. La

geometría empírica ó sea la parte representativa de la geometría, será

diferente: nosotros tenemos idea de la nuestra, nó de las demás.

[157.] Para comprender mejor esta distincion, conviene notar que en

nosotros mismos, podemos observar dos partes en la geometría; la una es

la puramente científica, la otra de representacion sensible: en aquella,

está el enlace de las ideas; en esta, las imágenes, los casos

particulares, en que sensibilizamos las ideas: en aquella el fondo, en

esta la forma. Pero no obstante la diferencia de estas dos cosas, no nos

es posible separarlas del todo: la idea geométrica no puede estar sin la

representacion sensible: nos es preciso entender _per conversionem ad

phantasmata_ como decian los escolásticos. Así pues, los dos órdenes

geométricos, el sensible y el intelectual, aunque diferentes, van

siempre juntos en nosotros: ya porque la idea geométrica pura ha nacido

de la sensible, ó la ha necesitado para dispertarse; ya tambien, porque

quizás esta es una condicion primitiva, necesaria, impuesta á nuestro

espíritu por lo mismo que está unido á un cuerpo.

[158.] Así se explica cómo la geometría pura es separable de la

sensible; y cómo no hay inconveniente en admitirla en los seres

intelectuales puros, sin mezcla de ninguna de las formas bajo las cuales

el ser sensible se representa la idea geométrica.

[159.] En tal caso ¿qué será la extension en sí, despojada de toda forma

sensible? Aquí conviene todavía aclarar algunas ideas. Cuando se trata

de extension despojada de formas sensibles, no se entiende privarla de

su capacidad para ser _sentida_; solo se quiere prescindir de esta

capacidad en sus relaciones con el ser sensible. Así la extension queda

reducida, nó á un espacio imaginario; nó á un ser infinito y eterno;

sino á un órden de seres; al conjunto de sus relaciones constantes,

sometidas á leyes necesarias. Esto en sí, ¿qué es? no lo sé: pero sé que

existe esta relacion constante, y esas leyes necesarias: esto lo sé en

cuanto á la realidad, por la experiencia, que así me lo atestigua; en

cuanto á la posibilidad, lo conozco por el testimonio de mis ideas, que

con su enlace arrancan mi asenso por medio de su evidencia intrínseca.

[160.] Esta evidencia, se refiere á un aspecto del objeto, es verdad; en

el objeto hay muchas cosas que yo no conozco, es verdad tambien; pero

esto solo prueba que nuestra ciencia es incompleta, nó que sea ilusoria

ni falsa.

[161.] La inteligibilidad pura del mundo sensible, se nos hace difícil

de concebir, ya porque nuestras ideas andan siempre acompañadas de

representaciones de la imaginacion; ya tambien, porque nos proponemos

explicarlo todo por medio de simples adiciones ó sustracciones de

partes: como si todos los problemas del universo se pudiesen reducir á

expresiones de líneas, superficies y volúmenes. La geometría representa

un gran papel en todo lo concerniente á la apreciacion de los fenómenos

de la naturaleza; pero en queriendo penetrar en la esencia de las cosas,

es preciso dejar la geometría y armarse con la metafísica.

No hay filosofía mas seductora, que la que reduce el mundo á movimientos

y figuras; pero tampoco la hay mas superficial; apenas se ha

reflexionado un poco sobre la realidad de las cosas, cuando ya se

descubre la insuficiencia de semejante sistema. Entonces se descubre,

que si la imaginacion está satisfecha, no lo está el entendimiento: y

¡cosa notable! como que el entendimiento toma una noble venganza de las

ilusiones que le hacia su infiel compañera, cuando al obligarla á

fijarse sobre los objetos, la envuelve en un piélago de tinieblas y

contradicciones. Los que se han burlado de las formas, de los actos, de

las fuerzas, y de otras palabras semejantes, empleadas con mas ó menos

exactitud en diferentes escuelas, debieran haber considerado que aun en

el mundo físico, hay algo mas de lo que está sujeto á nuestros sentidos;

y que los mismos fenómenos que se nos ofrecen en el campo sensible, no

se explican por meras representaciones sensibles. La física no es

completa, sino pide sus luces á la metafísica.

La mejor prueba de lo que acabo de decir, la encontraremos en el

capítulo siguiente, donde veremos á la imaginacion enredada en sus

propias representaciones.

CAPÍTULO XXII.

LA DIVISIBILIDAD INFINITA.

[162.] La divisibilidad de la materia es el secreto que atormenta la

filosofía. La materia es divisible, por lo mismo que es extensa, y no

hay extension sin partes. Estas ó serán extensas ó nó; si lo son, serán

otra vez divisibles, si no lo son, serán simples; y resultará que en la

division de la materia hemos de llegar á puntos inextensos.

Si se quiere evitar esta última consecuencia, es preciso apelar á la

divisibilidad hasta lo infinito: bien que este recurso, mas bien parece

un medio de eludir la dificultad, que no una verdadera solucion. Ya

indiqué en otra parte (Cap. V) que con la divisibilidad hasta lo

infinito, se suponia al parecer, lo mismo que se negaba. La division no

hace las partes sino que las supone: una cosa simple no puede dividirse;

luego en el compuesto divisible hasta lo infinito, preexisten las

partes en que puede hacerse la division.

Imaginémonos que Dios con su infinito poder hace toda la division

posible; ¿se agotará la divisibilidad? Si se dice que nó, parece que se

ponen límites á la omnipotencia; si se dice que sí, habremos llegado á

los puntos simples; pues de lo contrario no habria sido agotada la

divisibilidad.

Aun suponiendo que Dios no ejecuta esta division, es cierto que con su

inteligencia infinita ve todas las partos en que el compuesto es

divisible: estas partes han de ser simples; pues de lo contrario la

inteligencia infinita no veria el límite de la divisibilidad. Si se

responde, que este límite no existe, y por consiguiente no puede ser

visto; replicaré que entonces se ha de admitir un número infinito de

partes en cada porcion de materia: en tal caso, no hay límite en la

divisibilidad, porque el número de partes es inagotable; pero este

número infinito tal como sea, será visto por la inteligencia infinita: y

tambien serán conocidas todas estas partes tales como sean. Queda pues

la misma dificultad; ó son simples ó compuestas; si son simples, la

opinion que combatimos ha venido á parar á los puntos inextensos; si

compuestas, echaremos mano del mismo argumento: serán otra vez

divisibles. Resultará pues un nuevo número infinito en cada una de las

partes del primer número infinito; pero como esta serie de infinidades

será conocida siempre por la inteligencia infinita, es necesario llegar

á los puntos simples, ó decir que la inteligencia infinita no conoce

todo lo que hay en la materia.

Con replicar que las partes no son actuales, sino posibles, no se

deshace la dificultad. En primer lugar: partes posibles, ya son partes

existentes; pues que si no hay partes reales, hay simplicidad real, y

por consiguiente indivisibilidad. Además, si son posibles, pueden

hacerse existentes, si interviene un poder infinito; en tal caso, ¿qué

son esas partes? son extensas ó inextensas; volvemos á la misma

dificultad.

[163.] Dicen algunos que la cantidad matemática ó el cuerpo

matemáticamente considerado, es divisible hasta lo infinito; mas nó los

cuerpos naturales, á causa de que en estos, la forma natural exige una

cantidad determinada. Esta era una explicacion que se daba en las

escuelas, pero desde luego se echa de ver que se afirman sin bastante

fundamento, esas formas naturales que exigen una cierta cantidad, mas

allá de la cual no se puede hacer la division. Esto no puede constar ni

_à priori_ ni _à posteriori_: nó _à priori_, porque no conocemos la

esencia de los cuerpos para decir que hay un punto en el cual termina

la divisibilidad, por no consentirla la forma natural; nó _à

posteriori_, porque los medios de observacion de que podemos disponer,

son demasiado groseros para que podamos alcanzar el último límite de la

division, y encontramos con una parte que no la consienta. Además, que

en llegando á esta cantidad de la cual no puede pasar la division, nos

hallamos con una cantidad verdadera, pues tal se la supone; si es

cantidad, es extensa, luego tiene partes; luego es divisible; luego no

parece que haya ninguna forma natural que pueda poner límite á la

division.

[164.] La distincion entre el cuerpo matemático y el natural no parece

admisible en lo tocante á la divisibilidad: esta resulta de la

naturaleza de la extension misma, la cual se halla realmente en los

cuerpos naturales, como idealmente en el cuerpo matemático. Decir que en

el cuerpo natural, las partes no se hallan en acto sino en potencia,

puede significar dos cosas; que no están actualmente separadas, ó que no

son distintas: el no estar separadas no da ni quita nada para la

division, pues que esta puede concebirse sin separar las partes; si se

quiere significar que estas no son distintas entre sí, en tal caso la

division es imposible, porque la division no se puede ni siquiera

concebir, cuando no hay cosas distintas.

[165.] Parece que se ha excogitado la mencionada distincion por no

verse en la precision de admitir la divisibilidad infinita en los

cuerpos naturales. Reflexionando sobre este punto se echa de ver que

habiendo la dificultad con respecto á los cuerpos matemáticos, el

misterio filosófico subsiste por entero. Este misterio se cifra en que

no se puede señalar un límite á la division, mientras hay algo extenso;

y en que, si para señalar este límite se llega á puntos simples,

entonces no hay medio para reconstituir la extension. Por manera que la

dificultad surge de la misma naturaleza de las cosas extensas, ya sean

concebidas, ya realizadas; y el órden real no puede menos de resentirse

de todos los inconvenientes del ideal. Si con puntos inextensos no se

puede constituir la extension pensada, tampoco se podrá constituir la

extension verdadera; y si la extension pensada no es susceptible de

límites en su division hasta llegar á puntos simples, lo propio sucederá

con la verdadera: naciendo estos inconvenientes de la misma esencia de

la extension, son inseparables de ella.

CAPÍTULO XXIII.

LOS PUNTOS INEXTENSOS.

[166.] Contra la existencia de los puntos inextensos militan dos

razones poderosas: primera, el que se los ha de suponer en número

infinito, pues no parece posible de otro modo, el llegar á lo simple,

partiendo de lo extenso; segunda, que aun suponiéndolos en número

infinito, son incapaces de dar por resultado la extension. Estas dos

razones son tan poderosas que hacen excusables todas las cavilaciones en

sentido contrario; pues por mas extrañas que parezcan, dejan de serlo

cuando se las compara con la extrañeza de que con lo simple se haya de

formar lo extenso, y que en una porcion cualquiera de materia haya de

haber un número infinito de partes.

[167.] No parece que se pueda llegar á puntos inextensos sino pasando

por una division infinita: lo inextenso es cero en el órden de la

extension; y en una progresion geométrica decreciente no se llega á

cero, sino continuándola hasta lo infinito. Lo que nos dice el cálculo

matemático, nos lo hace sensible la imaginacion. Donde quiera que hay

dos partes unidas, hay una cara por la cual se tocan, y otra en lo

exterior que no está en contacto. Separando la interior de la exterior,

nos encontramos con dos nuevas caras: una en contacto y otra nó.

Continuando la division, nos sucederá siempre lo mismo: luego para

llegar á lo inextenso, hemos de pasar por una serie infinita: lo que en

otros términos equivale á decir que no llegarémos jamás. Por manera que

para continuar la division hasta lo infinito nos vemos precisados á

suponer partes infinitas, y por tanto, la existencia de un número

infinito actual. Desde el momento que suponemos existente este número

infinito, parece que se nos convierte en finito, pues que vemos ya un

término á la division; y sobre todo vemos números mayores que él.

Supongamos que este número infinito de partes se encuentra en una

pulgada cúbica: yo digo que hay números mayores que este supuesto

infinito: por ejemplo, el de un pié cúbico que contendrá 1728 veces el

llamado infinito contenido en la pulgada cúbica.

Así resulta que la opinion de los puntos inextensos, queriendo evitar la

division infinita, viene á caer en ella; como sus adversarios

proponiéndose huir de los puntos inextensos, parece que al fin llegan á

reconocer su existencia. La imaginacion se pierde, y el entendimiento se

confunde.

[168.] La otra dificultad no es menos inextricable: supongamos que hemos

llegado á los puntos inextensos, ¿cómo reconstituimos la extension? Lo

inextenso no tiene dimensiones; luego por mas que se sumen puntos

inextensos no formaremos ninguna extension. Imaginémenos que se reunen

dos puntos: como ni uno ni otro ocupan ningun lugar, tampoco lo llenarán

ambos juntos. No puede decirse que se compenetren, pues no hay

penetracion cuando no hay extension; lo que se debe decir es que siendo

todos cero en el órden de la extension, su suma, por grande que sea el

número de los sumandos, no llegará á formar nada extenso.

[169.] Aquí ocurre una dificultad: es cierto que una suma de ceros solo

da por resultado cero; pero es cosa admitida entre los matemáticos, que

ciertas expresiones iguales á cero, pueden dar por producto una cantidad

finita, si se las multiplica por otra infinita.

0+0+0+0+Nx0=0; pero si tenemos: (0/M)=0; y multiplicamos la expresion

por (M/0)=infinito resultará (0/M)x(M/0)=(0xM)/(Mx0)=(0/0) que puede ser

igual á una cantidad finita cualquiera, que expresaremos por A. Así se

demuestra aun con los solos principios del álgebra elementar; y pasando

á la sublime, tenemos (dz/dx)=(0/0)=B; expresando B el coeficiente

diferencial, que puede ser un valor finito. ¿Estas doctrinas matemáticas

pueden servir para explicar la generacion de lo extenso, partiendo de

puntos inextensos? creo que nó.

Desde luego salta á los ojos, que no siendo la multiplicacion mas que

una adicion abreviada, si una adicion infinita de ceros, no puede dar

mas que cero; tampoco podrá resultar otra cosa de la multiplicacion,

aunque sea infinito el otro factor. ¿Por qué pues los resultados

matemáticos nos dicen lo contrario? No es verdad que haya semejante

contradiccion; solo es aparente. En la multiplicacion de lo infinitésimo

por lo infinito, se puede obtener por producto una cantidad finita,

porque lo infinitésimo no se considera como un verdadero cero, sino como

una cantidad menor que todas las imaginables, pero que todavía es algo.

Desde el momento que se faltase á esta condicion, todas las operaciones

serian absurdas, pues versarian sobre un puro nada. ¿Diremos por esto

que las expresiones (dz/dx)=(0/0) sean tan solo aproximativas? nó;

porque expresan la relacion del límite del decremento, de la cual se

verifica que es igual á B, solo cuando las diferenciales son iguales á

cero; pero como el geómetra no considera mas que el límite en sí mismo,

salta por todos los intervalos del decremento, y se coloca desde luego

en el punto donde está la verdadera exactitud. ¿Por qué pues se opera

sobre estas cantidades? porque las operaciones son una especie de

lenguaje algebráico, que marcan el camino que se ha seguido en los

cálculos, y recuerdan el enlace del límite con la cantidad á que se

refiere.

[170.] De la unidad, que no es número, resulta el número. ¿Por qué de

los puntos sin extension no puede resultar la CAPÍTULO? La disparidad es

grande. En lo inextenso, como tal, no entra mas que la idea negativa de

la extension; pero en la unidad, si bien está negado el número, la

negacion no constituye su naturaleza, nadie ha definido jamás á la

unidad «la negacion del número» y todos definimos lo inextenso «lo que

no tiene extension.» La unidad es un ser cualquiera tomado en general,

no considerando en él, division; el número es un conjunto de unidades;

luego en la idea de número entra la de unidad, de un ser _indiviso_; no

siendo mas el número que la repeticion de esta unidad. Todo número se

resuelve en la unidad; por lo mismo que es número, la contiene de una

manera determinada: lo extenso no puede resolverse en lo inextenso, sino

procediendo hasta lo infinito, ó haciéndose la descomposicion de alguna

manera que nosotros no alcanzamos.

CAPÍTULO XXIV.

UNA CONJETURA SOBRE LA NOCION TRASCENDENTAL DE LA EXTENSION.

[171.] Los argumentos que militan tanto en pro como en contra de los

puntos inextensos, y de la infinita divisibilidad de la materia, parecen

todos concluyentes: de suerte que el entendimiento como que recela

haberse encontrado con demostraciones contradictorias. Cree descubrir

absurdos en la divisibilidad infinita; absurdos, si le señala límites,

absurdos, si niega los puntos inextensos, absurdos, si los admite.

Cuando ataca la opinion contraria se siente invencible; pero su fuerza

se convierte en profunda debilidad, tan pronto como quiere establecer y

defender la propia. Y sin embargo la razon no puede contradecirse: dos

demostraciones contradictorias serian la contradiccion de la razon misma

y equivaldrian á su ruina completa; la contradiccion pues no existe ni

puede existir, sino en la apariencia. ¿Pero dónde está el nudo? ¿cómo se

desata? ¿quién puede lisonjearse de conseguirlo? La excesiva confianza

en este punto seria un seguro indicio de que no se comprende el estado

de la cuestion: y la vanidad quedaria castigada, resultando convencida

de ignorante. Con estas salvedades, permítaseme emitir algunas

observaciones sobre esta cuestion misteriosa.

[172.] Me inclino á creer que en las investigaciones sobre los primeros

elementos de la materia, se padece una equivocacion que imposibilita

para llegar al resultado. Se busca si la extension puede resultar de

puntos inextensos; y el método que se emplea consiste en imaginarlos

aproximados, y ver si con ellos puede llenarse alguna parte del espacio.

Esto en mi juicio, equivale á querer que la negacion corresponda á la

afirmacion. El punto inextenso nada nos representa determinado, sino la

negacion de la extension; cuando le exigimos pues que junto con otros

ocupe el espacio, le exigimos que siendo inextenso sea extenso. Parece

que hay aquí un juego de la imaginacion que nos hace presuponer la

extension, en el mismo acto en que pretendemos asistir á su generacion

primitiva. El espacio, tal como le concebimos, es una verdadera

extension; y segun llevo manifestado, es la idea de la extension en

toda su generalidad: fingir pues que lo inextenso ha de llenar el

espacio, es exigir á la no extension que se convierta en extension. Es

verdad que esto es lo que precisamente se pide, y que por lo mismo aquí

está todo el punto de la dificultad; pero la equivocacion parece

consistir en que esta dificultad se la quiere resolver por el simple

método de yuxtaposicion, y que por consiguiente se exige de los puntos

inextensos una cosa evidentemente contradictoria.

[173.] Para saber cómo se engendra la extension, seria necesario poderse

despojar de todas las representaciones sensibles, de todas las ideas,

que mas ó menos estén afectadas por el fenómeno; y poder trasladarse á

la contemplacion de la misma realidad con ojo tan simple, con mirada tan

penetrante, como un espíritu puro; seria necesario que todas las ideas

geométricas pudiesen despojarse de las formas fenomenales, ó sea de

todas las representaciones de la imaginacion; y ofrecerse al

entendimiento depuradas de todo lo que las mezcla con el órden sensible;

seria necesario saber hasta qué punto la extension, la continuidad real,

está acorde con la fenomenal; esto es, eliminar del objeto percibido

todo lo que tiene relacion con el sujeto que le percibe.

[174.] Ya vimos que en la extension se encontraban dos cosas:

multiplicidad y continuidad; tocante á la primera, no se ofrece ninguna

dificultad en que resulte de los puntos inextensos: con tal que haya

varias unidades, resulta el número, sean aquellas simples ó compuestas.

El secreto está en la continuidad, en eso que la intuicion sensible nos

presenta tan claro como la base de las representaciones de la

imaginacion; y que sin embargo enreda al entendimiento con lazos

inextricables. Quizás podria decirse que la continuidad, prescindiendo

de la representacion sensible y considerada únicamente en el órden

trascendental, esto es en su realidad, tal como puede ofrecerse á un

espíritu puro, no es mas que la relacion constante de muchos seres, los

cuales son de tal naturaleza que pueden producir en el ser sensitivo el

fenómeno que llamamos representacion, y ser percibidos en esa intuicion

que es como su recipente y que se llama representacion del espacio.

Con esta hipótesis la extension en el mundo externo es real, no solo

como un principio de causalidad de nuestras impresiones, sino como un

objeto sometido á las relaciones necesarias que nosotros concebimos.

[175.] Pero entonces, se preguntará, ¿el mundo externo es tal como

nosotros lo imaginamos? á esto conviene responder observando que con

arreglo á lo que se ha dicho al tratar de las sensaciones, es menester

despojarle de lo que estas tienen de subjetivo, y que por una inocente

ilusion, convertimos en objetivo; y que en cuanto á la extension, existe

efectivamente fuera de nosotros, independiente de nuestras sensaciones,

pero que considerada en sí misma, no tiene nada de lo que estas le

atribuyen, sino lo que percibe el entendimiento puro, sin la mezcla de

ninguna representacion sensible.

[176.] No parece que hay ningun inconveniente en admitir esta teoría,

que á un tiempo afirma la realidad del mundo corpóreo y disipa las

dificultades del mas acendrado idealismo. Para presentar en pocas

palabras mi opinion diré: que la extension en sí misma, el universo todo

en sí mismo, es tal como Dios lo conoce; y en el conocimiento de Dios no

se mezcla ninguna de estas representaciones sensibles de que anda

siempre acompañada nuestra flaca percepcion. En tal caso, lo que resta

de positivo en la extension es la multiplicidad con cierto órden

constante. La continuidad en sí no es mas que este órden; y en cuanto

representada sensiblemente en nosotros, es un fenómeno puramente

subjetivo que no afecta á la realidad.

[177.] Hasta se puede señalar una razon por que se nos haya dado la

intuicion sensible. Nuestra alma está unida á un cuerpo organizado, es

decir á un conjunto de seres ligados con relacion constante entre sí, y

con los demás cuerpos del universo. Para que la armonía no se

quebrantase y el alma que presidia la organizacion pudiese ejercer sus

funciones de la manera conveniente, era necesario que tuviese una

representacion continua de ese conjunto de relaciones del cuerpo propio

y de los extraños. Esta representacion debia ser simultánea, é

independiente de las combinaciones intelectuales; pues que sin esto no

era posible el ejercicio de las facultades animales, con la prontitud y

perseverancia que exige la satisfaccion de las necesidades de la vida.

Por esta razon se habrá dado á todos los seres sensibles, aun á los

destituidos de razon, esa intuicion de la extension ó del espacio, que

viene á ser en el viviente como un campo sin límites, donde se retratan

las diferentes partes del universo.

CAPÍTULO XXV.

ARMONÍA DEL ÓRDEN REAL, FENOMENAL, É IDEAL.

[178.] En el mundo externo podemos considerar dos naturalezas: una real,

otra fenomenal; la primera es propia, absoluta: la segunda, es relativa

al ser que percibe el fenómeno: por la primera, el mundo _es_; por la

segunda, _aparece_.

Un ser intelectual puro conoce lo que el mundo _es_; un ser sensible

experimenta lo que _aparece_. En nosotros mismos podemos notar esta

dualidad: en cuanto sensibles, experimentamos el fenómeno: en cuanto

inteligentes, ya que no conozcamos la realidad, nos esforzamos en

columbrarla por medio de raciocinios y conjeturas.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 14 / 20 段