La extension no se identifica con ninguno de los seres unidos,

considerado en particular; mas bien parece el _resultado_ de su union.

Esto se verifica, ya supongamos la extension engendrada por puntos

inextensos, ó por puntos extensos, pero divisibles hasta lo infinito. Si

se suponen puntos inextensos, es evidente que la extension no es ellos;

pues que extenso é inextenso, son cosas contradictorias. Si se los

supone extensos, tampoco se identifican con la extension: porque esta

incluye la idea de un todo; y ningun todo es idéntico con ninguna de sus

partes: en una línea de cuatro piés de extension, no hay identidad entre

la misma línea y cada una de sus partes igual á un pié. Así como

consideramos estas partes de un pié, podemos fingirlas de una pulgada, y

dividirlas hasta lo infinito; en ningun caso se verificará que una parte

sea igual con otra de las menores de que se compone; luego ninguna

extension es idéntica con los seres extensos tomados en particular.

[134.] Envolviéndose en la idea de extension la de multiplicidad, parece

que la extension debe mirarse, no como un ser en sí, sino como un

resultado de la union de muchos seres; pero ¿qué es semejante resultado?

es lo que llamamos continuidad; ya hemos visto (Lib. II, Cap. VIII),

que para constituir la extension no basta la multiplicidad. Esta entra

en la idea de número, y sin embargo el número no nos representa una cosa

extensa. Concebimos tambien un conjunto de actos, de facultades, de

actividades, de substancias, de seres de varias clases, sin que

concibamos extension; no obstante de que en dichos conceptos entra la

multiplicidad.

[135.] Luego la continuidad es necesaria para completar la idea de la

extension. ¿Qué es la continuidad? el estar unas partes fuera de otras;

pero juntas. Mas ¿qué significa _fuera_, qué significa _juntas_? Dentro

y fuera, junto y separado, implican extension; presuponen lo mismo que

se quiere explicar; la cosa definida entra en la definicion, bajo el

mismo concepto que necesita ser definida. Precisamente, cuando se busca

lo que es la continuidad de la extension, se pregunta, qué es el estar

dentro y fuera, y junto y separado.

[136.] Conviene no olvidar esta observacion para no satisfacerse con las

explicaciones que se hallan en casi todos los libros. Definir la

extension por las palabras _dentro_ y _fuera_, no es decir nada bajo el

aspecto filosófico; es expresar con distintas palabras una misma cosa.

Sin duda, que si se trata de consignar simplemente el fenómeno, es lo

mas sencillo emplear este lenguaje; pero la filosofía queda muy poco

satisfecha. Esta es una explicacion práctica; mas nó especulativa. Lo

propio se puede decir de la definicion de la extension por el espacio ó

los lugares. ¿Qué es la extension? la ocupacion de un lugar:--pero ¿qué

es el lugar?--una porcion del espacio terminado por ciertas

superficies:--¿qué es el espacio?--esa extension en que consideramos

colocados los cuerpos, ó la capacidad de recibirlos.--Pero, aun dando

por supuesta la existencia del espacio como una cosa absoluta, ¿qué es

en los mismos cuerpos la capacidad para _llenar_ el espacio? ¿Quién no

ve que se explica una cosa por sí misma, que hay un círculo de que no se

sale? La extension del espacio se explica por la capacidad de _recibir_;

la extension de los cuerpos por la capacidad de _llenar_: siempre queda

intacta la idea de extension: no se la define: se la expresa con

distintas palabras, que significan una misma cosa.

Con suponer la existencia del espacio, como una cosa absoluta, nada se

adelanta; pero además, esta suposicion es enteramente gratúita. El tomar

la extension del espacio como un término de referencia por el cual se

pueda explicar la extension de los cuerpos, equivale tambien á

presuponer hallado lo que se ha de buscar.

Si estas palabras, dentro y fuera, queremos explicarlas refiriéndonos á

distintos puntos designados ó designables en el espacio, incurrimos en

el mismo error, definimos la cosa por sí propia; porque la misma

dificultad tenemos con respecto al espacio para saber lo que es dentro y

fuera, y junto y separado, ó contiguo y distante. Si presuponemos pues

la extension del espacio como una cosa absoluta, y con respecto á ella

pretendemos explicar las demás extensiones, nos hacemos la ilusion mas

completa: se trata de explicar la extension en sí misma, la del espacio

necesita ser explicada como las demás: presuponerla es dar por resuelta

la cuestion que se ha de resolver.

[137.] La extension con respecto á sus dimensiones, parece independiente

de la cosa extensa, en un mismo lugar. Con absoluta fijeza, puede

presentársenos una extension con idénticas dimensiones, á pesar del

cambio continuo de la cosa extensa. Si suponemos el tránsito de una

serie de objetos por un campo visual fijo, las cosas extensas varian sin

cesar, y la extension es la misma. Supongamos un lienzo que va

corriéndose detrás de una ventana que tenemos á la vista: la cosa

extensa es diferente de continuo, pues que la parte del lienzo que vemos

en el instante A, es distinta de la que vemos en el instante B; y sin

embargo la extension en sus dimensiones, no ha variado. Esto en cuanto á

las superficies; no es difícil aplicar la misma doctrina á los

volúmenes. Un lugar puede llenarse sucesivamente de infinitas materias,

permaneciendo el mismo volúmen de su capacidad. En la identidad de la

extension concebida, no tienen ninguna parte las paredes del vaso:

porque en el mismo lugar que este ocupa, pueden colocarse infinitos

vasos de la misma extension: el aire circunvecino, ú otro cuerpo

cualquiera que rodee las paredes del vaso, tampoco tiene nada que ver

con la identidad de la extension: porque ese aire puede cambiarse, y en

efecto se cambia continuamente, sin que el volúmen se altere.

[138.] La fijeza de las dimensiones, no obstante la variedad de los

objetos, nada prueba en favor de la subjetividad pura de la extension,

aun cuando se supongan indiscernibles los objetos que han variado; de lo

contrario resultaria, que la variedad de dimensiones probaria en favor

de la objetividad de ellas: y por consiguiente el argumento se

retorceria contra los adversarios con la misma fuerza. Esta fijeza nos

indica que hay objetos distintos que pueden producir una impresion

semejante; y que nos podemos formar idea de una dimension determinada, ó

de una figura, prescindiendo del objeto particular á que corresponde ó

puede corresponder. Nadie duda de que la representacion de las

dimensiones esté en nosotros, sin necesidad de referirla á nada en

particular: la cuestion está en si dichas dimensiones están realizadas,

y cuál es su naturaleza, independientemente de sus relaciones con

nosotros.

[139.] Si admitimos que la continuidad concebida no tiene objeto

externo, ni en el espacio puro ni en los cuerpos ¿á qué se reduce el

mundo corpóreo? á un conjunto de seres que de un modo ú otro, ejercen su

accion sobre nuestro ser y en cierto órden.

Adviértase que las dificultades que se objeten contra la continuidad

fenomenal realizada, no se deshacen apelando á las necesidades de la

organizacion corpórea del ser sensible. Quien dijese: ¿cómo podrán los

seres externos ejercer accion sobre nosotros, si ellos en sí no tienen

la continuidad con que se nos presentan? ¿cómo podrán influir sobre

nuestros órganos? manifestaria que no ha comprendido el estado de la

cuestion: porque es evidente que si despojamos al mundo externo de la

continuidad real, dejándole solo la fenomenal, quedará privado de ella

nuestra misma organizacion, que no es mas que una parte de este mismo

universo. Hay aquí una relacion recíproca, una especie de paralelismo de

fenómenos y realidades, que se explican y se completan recíprocamente.

Si el universo es un conjunto de seres que obran sobre nosotros en

cierto órden, nuestra organizacion será otro conjunto de seres que

recibirá la influencia en el mismo órden; ó no se explica pues ninguna

de las dos cosas, ó explicada la una se explica la otra: con tal que

este órden sea fijo y constante, y la correspondencia la misma, nada se

altera, sea cual fuere la hipótesis adoptada para la explicacion del

fenómeno.

[140.] Téngase tambien en cuenta, que en esta parte de la filosofía, lo

que se trata de conocer es la realidad, sujetándola á la condicion de

explicar el fenómeno, y no ponerse en contradiccion con el órden de

nuestras ideas.

Se podria objetar á los que quiten al mundo externo las calidades

fenomenales ó aparentes de la continuidad, el que destruyen la geometría

que se funda en la idea del continuo fenomenal; pero esta dificultad

claudica por su base, porque supone que la idea geométrica es fenomenal,

cuando es trascendental. Ya hemos visto que la idea de extension no es

una sensacion, sino una idea pura, y que las representaciones

imaginarias en que se sensibiliza, no son la idea, sino formas de que la

misma idea se reviste.

[141.] Toda extension fenomenal se nos presenta con cierta magnitud: y

la geometría prescinde de toda magnitud. Los teoremas y problemas se

refieren á las figuras en general, prescindiendo absolutamente del

tamaño: y cuando esto entra en consideracion, es únicamente en cuanto

relativo. En triángulos de bases iguales, los de _mayor_ altura serán

_mayores_ en superficie: aquí la palabra _mayor_ se refiere al tamaño,

es verdad; pero nó á ningun tamaño absoluto, sino puramente relativo:

se trata, mas bien que de la magnitud, de la _relacion_ de las

magnitudes. Así el teorema se verificará, sea que se hable de triángulos

de una extension inmensa, como de triángulos infinitesimales. Luego la

geometría prescinde absolutamente de las magnitudes consideradas como

fenómenos, y solo se sirve de ellas en cuanto la representacion sensible

puede auxiliar á la percepcion intelectual.

[142.] Esta es una verdad importante que se evidenciará mas y mas al

combatir el sistema de Condillac en el tratado de las ideas, donde

manifestaré que ni aun las que tenemos de los cuerpos, son ni pueden ser

una sensacion transformada. Segun estos principios, la geometría es la

ciencia de un órden de seres, la cual sensibiliza sus ideas puras en una

representacion fenomenal. Esta representacion es necesaria, supuesto que

la ciencia geométrica se halla en un ser sometido á este fenómeno; pero

en sí y considerada la ciencia en toda su pureza, no ha menester dicha

representacion.

[143.] Para que no parezca tan estraña esta doctrina, y se presente mas

aceptable, preguntaré si los espíritus puros poseen la ciencia

geométrica; es cierto que sí, de lo contrario seria menester inferir que

Dios, el autor del universo, á quien con profunda verdad se ha llamado

el gran geómetra, no conoce la geometría. Ahora bien; ¿tiene Dios esas

representaciones con que nosotros imaginamos la extension? nó: estas

representaciones son una especie de continuacion de la sensibilidad,

que no se halla en Dios; son el ejercicio del sentido interno, que no se

halla en Dios. Estas son las representaciones á que llama Santo Tomás

_phantasmata_, las cuales segun el mismo Santo Doctor, no se hallan ni

en Dios, ni en ningun espíritu puro, ni aun en el alma separada del

cuerpo. Luego es posible, y existe en realidad la ciencia geométrica,

sin la representacion sensible: luego no hay inconveniente en distinguir

dos extensiones, una fenomenal, otra real; sin que por esto se destruyan

ni la realidad ni el fenómeno, con tal que se deje entre los dos la

debida correspondencia; con tal que el hilo que enlaza nuestro ser con

los otros seres no se rompa, poniendo en contradiccion las condiciones

de nuestra naturaleza con las de los objetos que se le ofrecen (IV).

CAPÍTULO XX.

SI HAY MAGNITUDES ABSOLUTAS.

[144.] Se hará mas verosímil la doctrina que precede si se atiende á que

todas las percepciones puramente intelectuales sobre la extension, se

reducen al conocimiento de órden y de relaciones. A los ojos de la

ciencia, ni aun geométrica, parece que nada hay absoluto: lo absoluto

en todo lo tocante á la extension, es una imaginacion grosera, que la

observacion de los mismos fenómenos basta á destruir.

En el órden de las apariencias, no hay ninguna magnitud absoluta, todas

son relativas; ni aun nosotros nos formamos idea de una magnitud, sino

con respecto á otra que nos sirve de medida. Lo que es absoluto es el

número, nó la extension: la magnitud es absoluta en cuanto numerada, mas

nó en sí misma. En una superficie de cuatro piés cuadrados se encierran

dos ideas: el número de las partes á que se refiere, y la clase de estas

partes: el número es una idea fija; pero la clase de estas partes es

puramente relativa. Procuraré hacerlo sensible.

[145.] Cuando digo, una superficie de cuatro piés cuadrados, el número

cuatro es una idea simple, fija, que no se altera por nada; pero cuando

quiero saber lo que es el pié cuadrado, no puedo explicarlo sino por

relaciones. Se me pregunta qué es un pié cuadrado, y no sé qué

responder, sino apelando á la comparacion del pié cuadrado con la vara

cuadrada ó con la pulgada cuadrada; pero entonces se me puede replicar

qué es la pulgada cuadrada, qué es la vara cuadrada, y me veo precisado

otra vez, á recurrir á otras medidas mayores ó menores, por ejemplo á

millas cuadradas ó á líneas cuadradas: ¿dónde encontraré la magnitud

fija? en ninguna parte. Ensayémoslo.

[146.] ¿Esta medida fija será alguna dimension de mi cuerpo? ¿la mano,

el pié, el codo? pero, ¿quién no ve que las dimensiones de mi cuerpo, no

son la medida universal, y que todos los hombres pudrian tener igual

pretension? ¿Quién no ve que las dimensiones de un miembro, aun en un

mismo individuo, están sujetas á mil mudanzas mas ó menos perceptibles?

¿se tomará por medida fija el radio de la tierra por ejemplo, ó de un

cuerpo celeste? Pero, ninguna preferencia merece el uno sobre el otro.

Nadie ignora que los astrónomos toman á veces por unidad el radio de la

tierra, otras el de su órbita. Y además, si suponemos que estos radios

hubiesen sido mayores ó menores, ¿no podríamos tomarlos igualmente por

medida? el preferirlos á otros objetos, es porque los suponemos

constantes; de la propia suerte que formamos las medidas de metal ó de

otra materia permanente, para que no se nos alteren con facilidad.

Esas magnitudes, aun los mismos astrónomos las consideran como puramente

relativas; pues que una misma la tienen por infinita ó por infinitésima,

segun el punto de vista bajo el cual la consideran; el radio de la

órbita terrestre es infinito, si se le compara con una pequeña

desigualdad de la superficie de la tierra; y es una cantidad

infinitamente pequeña, si se le compara con la distancia de las

estrellas fijas.

De esas mismas medidas que consideramos constantes, no nos formamos idea

sino refiriéndolas á medidas manuales: ¿qué nos representa la magnitud

del radio terrestre si no sabemos en cuántos millones de metros está

valuado? ¿y á su vez, qué nos representa el metro, si no le referimos á

alguna cosa constante?

[147.] Hay algo absoluto en las magnitudes, se podria objetar; un pié

por ejemplo, es esta longitud que vemos ó tocamos, nada mas ni menos; la

superficie de una vara cuadrada es esto mismo que vemos y tocamos, nada

mas ni menos; y lo mismo podríamos aplicar á los volúmenes. No hay

necesidad de buscar en otra parte, lo que se nos presenta en la

intuicion sensible de una manera tan clara. Esta objecion supone que en

la intuicion hay algo fijo y constante, lo que es falso. Apelemos á la

experiencia.

Probablemente los hombres ven las magnitudes con mucha variedad segun la

disposicion de sus ojos. Por de pronto nadie ignora que esto sucede

cuando median ciertas distancias, pues que el uno ve con toda claridad

lo que el otro ni siquiera divisa; para el uno es superficie, lo que

para otro no llega á ser ni un punto. Todos experimentamos á cada paso

la gran variedad de magnitud en los objetos, cuando nos ponemos ó

quitamos los anteojos, ó los tomamos de diferente graduacion. Luego en

la magnitud fenomenal, no hay nada fijo, todo está sujeto á mudanzas

continuas.

Si tuviéramos los ojos microscópicos, los objetos que ahora nos son

invisibles, se nos presentarian de grandes dimensiones; y como la

perfeccion microscópica puede continuarse hasta lo infinito, no es

absurdo suponer que hay animales á quienes lo que para nosotros es

invisible, se les presenta como de dimensiones mayores que el radio de

la tierra. La construccion del ojo podria suponerse en un sentido

inverso, y como tambien en este caso la progresion podria llevarse hasta

lo infinito, tal magnitud que para nosotros es inmensa, podria ser

todavía invisible. Para ese ojo de vision colosal, el globo de la tierra

seria quizás un átomo imperceptible; ¿y no es esto lo que sucede con

solo suponer la distancia? ¿moles de inmenso grandor, no se nos

presentan como pequeñísimos puntos luminosos en la bóveda del

firmamento?

[148.] De estas consideraciones resulta con toda evidencia que en la

magnitud visual no hay nada absoluto, que todo es relativo; dependiendo

del hábito, de la construccion del órgano y de otras circunstancias, el

que los objetos se nos ofrezcan mayores ó menores. Reflexionando sobre

esta materia se observa que la variedad en las apariencias es altamente

filosófica, pues que no se descubre ninguna relacion necesaria entre el

tamaño del órgano y el del objeto. ¿Qué tiene que ver una superficie de

pocas líneas, como es nuestra retina, con la magnitud de las superficies

que en ella se pintan?

[149.] Si de la vista pasamos al tacto, no encontraremos mas motivos

para establecer la fijeza de la magnitud fenomenal. Este sentido nos da

idea de las magnitudes por el tiempo que gastamos en recorrerlas y la

velocidad de nuestro movimiento; las ideas de tiempo y de velocidad son

tambien relativas: y ellas á su vez se refieren al espacio recorrido.

Cuando tratamos de medir la velocidad, decimos que es el espacio

dividido por el tiempo; si nos proponemos medir el tiempo, decimos que

es el espacio dividido por la velocidad; y si tratamos de medir el

espacio, decimos que es la velocidad multiplicada por el tiempo. Hé aquí

un conjunto de ideas y de cosas correlativas; las unas no pueden medirse

sin las otras; y su medida resulta del conjunto de sus relaciones. Esto,

¿qué indica? indica que en esas ideas no hay nada absoluto, que todo es

relativo; pues tienen el carácter de toda relacion, la cual queda

incompleta ó mas bien nula, cuando le falta el término á que se ordena.

[150.] Si quisiéramos determinar estas medidas por la impresion que el

movimiento nos causa, tampoco conseguiríamos nada. Por ejemplo; si nos

propusiéramos determinar el grado de velocidad, por la agitacion que

sentimos en nuestro cuerpo, tendríamos que la medida seria diferente

segun lo fuera la agitacion; ¿y quién ignora que esta agitacion depende

de las mayores ó menores fuerzas del que se agita, y muy particularmente

de su magnitud? El tierno niño, á quien su padre lleva de la mano, ha

de andar corriendo, cuando su padre no ha hecho mas que tomar un paso

acelerado.

Para hacer sensible la imposibilidad de la medida fija por medio de las

impresiones, comparemos el movimiento de un caballo con el de un animal

microscópico. El caballo adelantará una vara con un movimiento que

apenas se le habrá hecho sensible; para recorrer la misma distancia el

animal microscópico, tendrá que desplegar toda su actividad, y correr

quizás un dia entero. El caballo no habria creido moverse de su lugar, y

el pobre animalillo se encontraria por la noche sumamente fatigado, como

quien ha hecho una larguísima jornada; comparad ahora el movimiento del

caballo con el de esos gigantes de la fábula que para escalar el cielo

ponian una montaña sobre otra, y veréis que lo que para el caballo es

una larga carrera no será mas para el gigante que un pequeño movimiento

de piernas.

[151.] En este punto, parece que el arte está de acuerdo con la ciencia.

En el arte, el tamaño no significa nada; lo único á que se atiende es la

proporcion ó sea la relacion. Un retrato de finísima miniatura, nos

representa la persona con igual viveza que otro de dimensiones

naturales. Aplíquese el mismo principio á la variedad de los objetos

abrazados por el arte; en ninguno se notará que el pensamiento artístico

se refiera directamente á la magnitud; la proporcion, lo _relativo_ es

todo; lo absoluto no es nada. Así vemos trasladado el sistema de las

relaciones al órden de las apariencias, en cuanto afectan las

facultades susceptibles de placer: armonizándose de una manera admirable

la razon con el sentimiento, de la propia suerte que habíamos encontrado

armonizados el entendimiento y el sentido.

CAPÍTULO XXI.

INTELIGIBILIDAD PURA DEL MUNDO EXTENSO.

[152.] Los objetos en sí no cambian de naturaleza, por la diversidad de

apariencias que produzcan en uno ó muchos sujetos. Un polígono que rueda

con velocidad, nos parece una circunferencia: los astros se nos ofrecen

como pequeñas moles: y considerando diferentes clases de objetos,

podríamos notar que segun son las circunstancias, hay mucha variedad de

apariencias. La naturaleza de un ser, no está en lo que parece, sino en

lo que es. Supongamos que en el universo no hubiese ningun ser

sensitivo; no pareceria á nadie lo que ahora, en el órden de la

sensibilidad; pues faltando los seres sensitivos, faltarian sus

representaciones: entonces ¿qué seria el mundo? hé aquí un gran problema

de metafísica.

[153.] Un espíritu puro, que siempre se le ha de suponer existente,

pues aun cuando se anonadasen todos los finitos, siempre quedaria el

infinito que es Dios, conoceria el mundo extenso _tal como es en sí_, y

no tendria las representaciones sensibles que nosotros tenemos, ni

externas ni internas. Esto es cierto; á no ser que queramos atribuir

imaginacion y sensibilidad á los espíritus puros, y hasta al mismo Dios.

En este supuesto, pregunto, ¿qué conoceria del mundo externo ese

espíritu puro? ó hablando con mas propiedad, ¿qué conoce, ya que ese

espíritu existe y con inteligencia infinita?

[154.] Lo que este espíritu conoce del mundo externo, aquello es el

mundo; porque este espíritu es infalible. Ahora bien: este espíritu no

conoce bajo ninguna forma sensible; luego el mundo es inteligible sin

ninguna de las formas de la sensibilidad, luego puede ser objeto de una

inteligencia pura.

En lo dicho no hay dificultad por lo que toca á las sensaciones:

bástanos decir que el espíritu puro conoce perfectamente el principio de

causalidad que reside en los objetos, productor de las impresiones que

experimentamos. Esto se concibe bien sin que sea necesario atribuir al

espíritu inteligente, ninguna sensacion de la cosa entendida.

No es tan fácil explicar lo que sucede con la extension. Porque si

decimos que solo conoce el principio de causalidad de la representacion

subjetiva de lo extenso, resulta que en los objetos no hay la verdadera

extension; pues que viendo él todo lo que hay, si no la ve, no la hay.

Estamos pues en el idealismo de Berkeley: un mundo externo sin

extension, no es el mundo tal como lo reputa el sentido comun: es el

mundo de los idealistas. Por el contrario, si afirmamos que conoce la

extension, entonces parece que le atribuimos la representacion sensible;

pues que la extension representada parece envolver la representacion

sensible. ¿Qué es una extension sin líneas, superficies y figuras? Y

estos objetos tales como los entendemos nosotros, son sensibles: si

dichas palabras se toman en otra acepcion, entonces la extension del

mundo será tambien de otra especie, no será nada de lo que nos

figuramos; será una cosa de que no tenemos idea; y hénos aquí otra vez

cayendo en el idealismo.

[155.] Para soltar esta dificultad, en efecto muy apremiadora, no hay

otro medio que recordar la distincion que tanto he recomendado, entre la

extension-sensacion, y la extension-idea. La primera, no puede ser

subjetiva, sino para un ser sensible: la segunda puede serlo, y lo es,

para un ser puramente intelectual. La extension-sensacion es una cosa

subjetiva, es una apariencia: su objeto existe en la realidad; pero sin

incluir en su esencia, nada mas que lo necesario para producir la

sensacion. La extension-idea, será tambien subjetiva; pero tendrá un

objeto real, que le corresponderá para satisfacer todas las condiciones

que se hallan en la idea.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 13 / 20 段