en este capítulo. Si el lector me pregunta lo que pienso sobre ellas, y
el principio en que estriban, confesaré ingenuamente, que si bien el
principio me parece verdadero, y las consecuencias legítimas, no
obstante, la extrañeza de algunas de ellas, y todavía mas las de otras
que haré notar en lo sucesivo, me infunden sospechas de que en el
principio se oculta algun error, ó que el raciocinio con que se infieren
las consecuencias, adolece de algun vicio que no es fácil notar. Así,
mas bien presento una serie de conjeturas, y de raciocinios para
apoyarlas, que no una opinion bien determinada. Con esto, comprenderá el
lector lo que quiero significar por la palabra _demostracion_, cuando en
lo sucesivo la vea empleada repetidas veces, al tratarse de la deduccion
de algunas consecuencias sumamente extrañas; bien que dignas en mi
concepto de llamar la atencion. Digo esto, no solo para explicar lo que
pasa en mi espíritu, sino tambien para prevenir al lector contra la
excesiva confianza en estas materias, sea cual fuere la opinion que se
adopte. Antes de comenzar las investigaciones sobre el espacio ya hice
notar, que en estas cuestiones se ofrecen argumentos en opuesto sentido,
que al parecer son igualmente concluyentes: lo que indica que la razon
humana toca á sus límites, y hace sospechar que la investigacion sale de
la esfera á que está ceñido el espíritu, por alguna condicion primaria
de su naturaleza.
Sea como fuere, prosigamos conjeturando: y ya que no podamos traspasar
ciertos límites, ejercitemos el entendimiento recorriéndolos en toda su
extension. Así, cuando nos hallamos sobre un terreno elevado, circuido
de insondables abismos, nos complacemos en dar vueltas por la
circunferencia, mirando la inmensa profundidad que hay bajo nuestros
piés.
Voy ahora á deducir otros resultados, soltando en cuanto alcance las
dificultades que se ofrezcan; y haciendo algunas aplicaciones cuya
inmensa trascendencia produce incertidumbre é inspira timidez.
CAPÍTULO XIII.
NUEVAS DIFICULTADES.
[84.] Si el espacio no es mas que la extension misma de los cuerpos, se
seguirá que la extension carecerá de recipiente; es decir, que no tendrá
lugar donde colocarse. Esto parece hallarse en contradiccion con
nuestras ideas mas comunes; pues por lo mismo que concebimos una cosa
extensa, concebimos tambien la necesidad de un lugar igual á ella, en
que pueda caber y situarse.
Esta dificultad, á primera vista muy grave, se desvanece muy fácilmente,
negando que toda cosa extensa necesite un lugar distinto de ella en que
colocarse. ¿Qué es este lugar? Es una extension en que ella cabe. Ahora
bien, ¿esta extension ó lugar, ha menester á su vez otra extension en
que colocarse, ó nó? si lo primero, diré lo mismo del nuevo lugar, en
que se coloque el primer lugar, y así hasta lo infinito. Esto es
evidentemente imposible, y por tanto deberemos convenir en que es falso
que toda extension necesite otra extension en que colocarse. Así como la
extension del espacio no habria menester de otra extension, del mismo
modo la extension de los cuerpos no necesitará el espacio: no hay
ninguna diferencia entre los dos casos; luego la necesidad de un lugar
para toda extension, es una cosa imaginaria que la razon contradice.
Luego la extension puede existir en sí misma, luego no hay inconveniente
en que la de los cuerpos exista de este modo.
[85.] ¿Qué será pues en tal caso el cambiar de lugar? No otra cosa sino
el cambiar los cuerpos de posicion respectiva. Así se explica el
movimiento.
Supónganse tres cuerpos A, B, C, situados en el espacio: sus distancias
respectivas no son mas que los otros cuerpos interpuestos. El cambio que
produzca una nueva posicion, será el movimiento.
[86.] Luego un cuerpo solo no puede moverse. Porque el movimiento
encierra por necesidad el correr distancia, y no hay distancia cuando no
hay mas que un cuerpo.
Este resultado á primera vista parece absurdo, por contrariar nuestro
modo de sentir, é imaginar; no obstante, si examinamos con atencion ese
mismo modo de imaginar y sentir, veremos que los fenómenos de nuestro
espíritu se hallan de acuerdo con esta teoría.
El movimiento para nosotros no significa nada, no es sentido, no es
percibido de ningun modo, cuando no le podemos referir á la posicion de
diferentes cuerpos entre sí. Si recorremos un canal encerrados en un
gabinete de la barca que nos lleva, nos movemos realmente, sin que lo
sintamos de ningun modo. Solo conocemos este movimiento cuando mirando
los objetos exteriores, vemos que hay una continua alteracion. Aun en
este caso, el movimiento nos parece no estar en nosotros, sino en los
objetos que nos rodean; de suerte que el mismo, mismísimo fenómeno se
verificaria con respecto á nosotros, moviéndose la barca sola, y
permaneciendo inmóviles los objetos, que estando ella inmóvil, y
moviéndose los objetos, con tal que el movimiento de estos se combinase
cual conviene. (V. Lib. II. cap. XV).
Luego si se quita el sacudimiento, que es lo único que nos haria conocer
algun movimiento propio, no distinguimos si somos nosotros quien se
mueve, ó si son los objetos; siendo de notar que naturalmente nos
inclinamos á referir el movimiento á ellos, mas bien que á nosotros.
Cuando nos alejamos de un puerto, sabemos bien que no es el puerto lo
que se aleja; y no obstante la ilusion es completa, el puerto huye.
De esto se infiere que el movimiento no es mas para nosotros que el
cambio de posicion respectiva de los cuerpos. Si no hubiésemos
experimentado este cambio, no tendríamos idea de movimiento. Así es que
nada niega la posibilidad de que los fenómenos del movimiento diurno se
nos presenten los mismos, sea que el cielo gire al rededor de nosotros
de oriente á occidente, sea que la tierra gire sobre su eje de occidente
á oriente.
Luego el movimiento de un cuerpo solo, es una pura ilusion: y por
consiguiente nada prueba el argumento que en él se funda contra la
doctrina explicada sobre el espacio.
De aquí se infiere tambien, que considerado el universo entero como un
solo cuerpo, no es móvil, y que todos sus movimientos se verifican solo
en su interior.
[87.] Pero una de las consecuencias mas curiosas y extrañas que resultan
de esta teoría, es la demostracion _à priori_ de que el universo no
puede estar terminado sino de cierto modo, excluyéndose una muchedumbre
de figuras porque le repugnan esencialmente.
En efecto: segun la doctrina que precede, un cuerpo solo, no podria
tener ninguna de las partes de su superficie en disposicion tal, que la
línea mas corta de un punto á otro cualquiera, pasase por fuera del
cuerpo. Ese _fuera_, existiendo el cuerpo enteramente solo, seria un
puro nada; luego en él no hay distancias que puedan ser medidas por
líneas. Con esto se excluyen una muchedumbre de figuras irregulares, y
encontramos la regularidad geométrica brotando en cierto modo una idea
metafísica.
Se infiere de lo dicho que un cuerpo con ángulos entrantes, existiendo
solo, es un absurdo. Porque su figura exige que el punto A, vértice de
un ángulo saliente, diste del punto D, vértice de otro ángulo, la
distancia A D. Esta distancia no puede existir, porque donde no hay
cuerpo, no hay distancia. Luego existiria y no existiria la distancia á
un mismo tiempo, lo que es contradictorio.
Tenemos pues que este cuerpo solo, es un absurdo, en no llenándose el
volúmen indicado por las capacidades contenidas en los ángulos
entrantes.
Con el resultado anterior concuerda de un modo particular, lo que
notamos en la naturaleza; la cual parece inclinarse á terminarlo todo
por líneas y superficies curvas. Curvas son las órbitas de los astros; y
superficies curvas terminan tambien los astros mismos. Es verdad que las
grandes irregularidades que se notan en la superficie de ellos, parecen
destruir la conjetura; pero es necesario advertir que en estas
irregularidades no está el límite de su figura, sino en la atmósfera que
los rodea; y que siendo un flúido no las tendrá.
[88.] Aquí se ofrece otra consecuencia bastante extraña, y es que
estamos precisados á admitir la existencia de una superficie geométrica
perfecta: y esto _à priori_.
Si donde no hay cuerpo, la distancia es metafísicamente imposible, esto
se verificará así en las grandes como en las pequeñas, aun en las
infinitésimas: por cuya razon se ha dicho que era imposible todo vacío
diseminado. Ahora bien; es evidente que una superficie no es perfecta,
si en ella hay puntos que salen mas que otros; de suerte que se va
acercando mas á la perfeccion geométrica, cuanto menos salen. Si pues
ninguno puede salir, resultará realizada la superficie geométrica. Es
así que por lo demostrado, la superficie última del universo se halla en
este caso; luego resulta lo que nos proponemos demostrar.
Hemos demostrado que era imposible que la última superficie tuviese la
forma exterior con ángulos entrantes. Luego será tambien imposible que
la tenga con prominencias, aun las mas pequeñas. La diferencia está en
el mas y en el menos; lo que no destruye la imposibilidad metafísica.
Luego es absolutamente necesario que en la última superficie
desaparezcan todos los ángulos entrantes, aun los infinitésimos. Lo que
dará una superficie geométrica perfecta.
CAPÍTULO XIV.
OTRA CONSECUENCIA IMPORTANTÍSIMA.
[89.] Voy por fin á sacar la última consecuencia, notable por lo
trascendental, y que parece digna de ser examinada con detenimiento,
por los que hacen marchar de frente sus estudios físicos y metafísicos.
Héla aquí.
La existencia de la gravitacion universal, es demostrable _à priori_.
Demostracion. La gravitacion universal, es una ley de la naturaleza por
la cual unos cuerpos se dirigen hácia otros (prescindimos ahora del
modo). Esta direccion es metafísicamente necesaria, si se supone que
donde no hay cuerpo no hay distancia. Porque en este caso, no pueden
existir dos cuerpos separados: la ley de contigüidad, es una necesidad
metafísica; y por consiguiente la aproximacion incesante de unos cuerpos
á otros, es una perenne obediencia á esta necesidad.
La velocidad de la aproximacion estará en razon de la velocidad con que
se aparta el medio. El límite de la velocidad de este movimiento es la
relacion del espacio, con un instante indivisible: cual podemos
imaginarlo si Dios anonadase de repente el cuerpo intermedio.
Como las moles sólidas que vemos rodar sobre nuestras cabezas, estarian
en tal caso sumergidas en un flúido, si este por su naturaleza, se
presta mucho á cambiar de posicion, resulta que los astros han de estar
sujetos á la ley de aproximacion, porque el intermedio que los separa se
retira incesantemente en varias direcciones. Si supusiéramos pues este
flúido enteramente inmóvil, cesaria la necesidad metafísica de la
aproximacion.
[90.] Esta teoría parece conducir á explicar el mecanismo del universo
por simples leyes geométricas, haciendo desaparecer lo que se llamó
primero calidades ocultas, y despues fuerzas.
Si bien no hay dificultad en explicar por ideas metafísicas y
geométricas el hecho mismo de la gravitacion, en cuanto significa tan
solo la tendencia de los cuerpos á aproximarse; las hay, y muy grandes,
en determinar por este órden de ideas las condiciones á que se halla
sometida la gravitacion.
[91.] Si el movimiento de aproximacion dependiera solo del medio, á
desiguales medios seguiria desigualdad de movimiento. ¿Y cómo se
calcula, cómo se gradúa esta desigualdad, en medios no sujetos á nuestra
observacion?
[92.] A mas de esta dificultad, hay otra todavía mas grave, cual es, el
que los cuerpos que se moverian en un medio, no tendrian direcciones
fijas, sino que estas variarian con la variedad de la direccion del
medio. Si la gravitacion del cuerpo A hácia el cuerpo B, depende
únicamente del movimiento con que su medio se retira, tendremos que la
gravitacion no será por la recta A B, sino que seguirá las undulaciones
descritas por el medio. Lo que es contra la experiencia.
[93.] De estas consideraciones resulta, que aun cuando la gravitacion
naciese naturalmente de la posicion misma de los cuerpos, esta necesidad
no produciria el órden, si los resultados de ella no estuviesen
sometidos á ciertas leyes. Y por tanto los fenómenos de la naturaleza,
aunque radicados en cierto modo en una necesidad, supuesta la existencia
y posicion de los cuerpos, serian de suyo contingentes en lo relativo á
la aplicacion y desarrollo de esta misma necesidad.
[94.] Profundizando mas esta materia se descubre, que la tendencia á la
aproximacion, aun supuesta necesaria, no seria bastante para engendrar
el movimiento, ni tampoco para conservarle. En efecto: siempre que un
cuerpo se retirase, seria necesario que otro le siguiese, para no
interrumpir la contigüidad; pero como estando todo lleno, no habria
ninguna razon para que ningun cuerpo se apartase de otro, no habria
tampoco ninguna causa de movimiento. De lo que se infiere que las ideas
geométricas no bastan para explicar el orígen del movimiento, sino que
es necesario encontrar su causa en otra parte. Si la contigüidad es una
necesidad metafísica, supuesta la existencia de los cuerpos, se seguirá
que moviéndose el cuerpo A en un sentido cualquiera, se han de mover
tambien los contiguos, B, C; pero si suponemos que la contigüidad existe
ya, no hay ninguna razon porque el A comience á moverse; luego no hay
tampoco ninguna razon para que haya movimiento en los B, C.
En un instante cualquiera, aun supuesto el movimiento, la contigüidad ó
el lleno existirán; pues el estado de la cuestion supone que esta
condicion nunca falta como metafísicamente necesaria; luego nunca habrá
razen para que el movimiento prosiga, pues en todos los instantes
imaginables, no habrá motivo para que continúe. El movimiento del cuerpo
A arrastrará el cuerpo B; este el C, y así sucesivamente. Si el
movimiento del cuerpo A, no tiene otro orígen que la necesidad de que se
continúe con B, tampoco el de C podrá tener otro orígen sino su
contigüidad con B; sí el movimiento se hace únicamente para no
interrumpirla, se infiere que, existiendo ella siempre, como
absolutamente necesaria, no habrá ninguna razon para que el movimiento
comience, ó comenzado dure.
[95.] Las leyes de la naturaleza no pueden pues explicarse por ideas
geométricas y metafísicas, aunque se suponga que la aproximacion es una
necesidad intrínseca de los cuerpos. En cualquier supuesto es necesario
buscar fuera de la materia una causa superior que imprima, regularice y
conserve el movimiento.
CAPÍTULO XV.
ILUSION DE LOS PUNTOS FIJOS EN EL ESPACIO.
[96.] No siendo el espacio otra cosa que la extension misma de los
cuerpos, y por tanto no existiendo espacio donde no existen cuerpos, se
sigue que esa extension que concebimos distinta de ellos, con
dimensiones fijas, con puntos fijos, inmóvil en sí, y receptáculo de
todo lo que se mueve, es una pura ilusion, á la cual nada corresponde en
la realidad.
Para aclarar mas esta doctrina, y soltar al propio tiempo algunas
dificultades que contra ella se ofrecen, es necesario analizar la idea
de fijeza que tenemos con respecto al espacio. Como en el mundo se nos
presentan algunos puntos inmóviles, con respecto á los cuales concebimos
las direcciones, se engendra en nuestro ánimo la idea de fijeza de
dichos puntos, y con relacion á ellos, y por causa de ellos, nos
imaginamos la fijeza, la inmovilidad, como una de las propiedades que
distinguen á ese receptáculo ideal que apellidamos espacio. Los cuatro
puntos cardinales del mundo: oriente, occidente, norte y sud, han debido
comenzar naturalmente por producir esta idea de fijeza. Sin embargo no
será difícil manifestar que no hay tal fijeza, y que la idea de ella es
una pura ilusion.
[97.] Comencemos por destruir la fijeza de oriente y occidente. En
primer lugar, suponiendo á la tierra un movimiento diurno de rotacion
sobre su eje, como en la actualidad se lo suponen los astrónomos, los
puntos de oriente y occidente, lejos de ser fijos, cambian
incesantemente para todos los lugares de la tierra. Así suponiendo un
observador en A, punto de la tierra, su oriente será el punto B, y su
occidente el punto C. Si la tierra gira sobre su eje, el oriente y
occidente del observador corresponderán sucesivamente á los m, n, p, q,
etc., en el confin que imaginamos como la bóveda celeste. Luego, aun
suponiendo esta bóveda fija, el oriente y el occidente no significan
nada fijo.
Si se negase el movimiento de rotacion de la tierra, las apariencias
serian las mismas que si en efecto la rotacion existiese; y por tanto,
nunca se puede decir mas, sino que la fijeza es una apariencia. Además,
suponiendo la tierra en quietud y el cielo en rotacion, todavía es mas
imposible señalar los puntos fijos de oriente y occidente: porque en tal
caso, los mismos puntos del cielo á que los referíamos, estarian en
continuo movimiento.
Lo repito: todo esto son meras apariencias: el hombre que nada sepa
sobre la esfericidad de la tierra, y que se la imagine como un plano, si
camina de occidente á oriente, creerá que los dos puntos permanecen
inmóviles, no obstante de que cambian incesantamente: se imagina que va
dejando siempre á su espalda el lugar de donde salió, no obstante de que
en habiendo recorrido la circunferencia de la tierra, se volveria á
encontrar en él.
[98.] El norte y el sud parecen ofrecer mas dificultad por razon de su
fijeza en cuanto á nosotros; pero tampoco será difícil manifestar que no
hay en dicha fijeza nada absoluto, y que lo mas que puede decirse es que
hay una fijeza aparente. Sean N y S los polos norte y sud. Si
imaginamos que giran á un mismo tiempo la tierra y la bóveda celeste de
sud á norte, es claro que la fijeza de los puntos N S no existirá: y sin
embargo el observador A creerá que todo continúa fijo, porque las
apariencias serán absolutamente las mismas.
Para un observador que camina del ecuador hácia un polo, este se levanta
de continuo sobre el horizonte; para otro que permanece en un mismo
lugar, el polo está quieto.
Aun para un mismo lugar de la tierra, cambia la altura del polo, por la
variacion del ángulo formado por el plano de la eclíptica con el plano
del ecuador; variacion que segun unos, es de 48" por siglo, y segun
otros, 0", 521 por año, lo que da 52, 1" por siglo.
[99.] Resulta de estas observaciones, que en la situacion de los cuerpos
no hay nada absoluto, que todo es relativo; que un cuerpo puede existir
solo; pero que la situacion entonces no existe, porque es una idea
puramente relativa, y no hay relacion cuando falta punto de comparacion;
que absolutamente hablando, no hay _arriba_ ni _abajo_, y que aun cuando
imaginemos esos puntos como fijos, esa imaginacion no es mas que la
comparacion que hacemos entre dos puntos; siendo abajo, aquel hácia el
cual gravitamos, y arriba, el opuesto; como se ve en los antípodas, que
llaman abajo, lo que nosotros arriba, y arriba, lo que nosotros abajo.
[100.] Sin puntos á los cuales se refiera la direccion, es imposible la
direccion. Luego las direcciones sin la existencia de los cuerpos, son
cosas puramente ideales; luego un cuerno solo, tampoco las tendria,
fuera de su propia extension.
[101.] Contra esta explicacion se presenta una dificultad, á primera
vista muy grave, pero que en realidad vale muy poco. Si existiese un
cuerpo solo, ¿podria Dios darle movimiento? Negarlo, parece una
limitacion de la omnipotencia; concederlo, es destruir todo lo que se ha
dicho contra el espacio distinto de los cuerpos.
Esta dificultad saca su gravedad aparente de una confusion de ideas,
efecto de no comprenderse bien el estado de la cuestion. Para soltarla
preguntaré á quien me la proponga: ¿El movimiento de que se trata es
_intrínsecamente imposible_, ó nó. Si lo es, no hay inconveniente en
decir que Dios no lo puede hacer; pues que la omnipotencia no se
extiende á cosas contradictorias; si se me dice que no es imposible,
entonces volvemos á las cuestiones sobre la naturaleza del espacio, y
hay que examinar si las razones en que se ha probado dicha
imposibilidad, son verdaderas ó nó.
Las cuestiones relativas á la omnipotencia, no son de este lugar, su
resolucion es un simple corolario de la resolucion principal. Si se
demuestra la imposibilidad, el decir que no lo puede la omnipotencia, no
es limitarla; así como no se limita cuando se afirma que no puede hacer
que un triángulo sea un círculo. Si la imposibilidad no se demuestra,
entonces, no entra para nada la cuestion de la omnipotencia.
[102.] El argumento fundado en la existencia del vacío, tampoco destruye
la doctrina establecida. Los físicos lo admiten generalmente, y lo
suponen necesario para explicar el movimiento, la condensacion, la
rarefaccion, y otros fenómenos de la naturaleza. A esto responderé lo
siguiente.
1.º Descartes y Leibnitz, son votos en materia de física tanto
experimental como trascendental; y sin embargo no admitieron vacío.
2.º La observacion no puede consignar en ninguna parte la existencia del
vacío: ya porque el diseminado, ocuparia espacios tan diminutos que no
los alcanzaria ningun instrumento; ya porque la observacion no puede
ejercerse sino sobre lo que afecta nuestros sentidos, y á esto quizás no
llegan algunos cuerpos por su excesiva tenuidad.
3.º Nada se puede resolver de cierto sobre las modificaciones íntimas de
la materia, en el movimiento y en la condensacion y rarefaccion, sin
conocer los elementos de que ella se compone.
4.º Así como no se comprende bien ni la infinita divisibilidad, ni la
composicion de un extenso con puntos inextensos; no es extraño que no se
comprendan los fenómenos, que parecen incompatibles con la negacion del
vacío.
5.º La existencia del vacío es una cuestion metafísica, que está fuera
de las regiones de la experiencia, y que por tanto en nada afecta el
sistema de las ciencias de observacion.
[103.] Haciendo consistir la idea del espacio en la de extension
abstracta ó generalizada, conciliamos todo lo que en ella se nos
presenta de necesario, de absoluto, de infinito, con su realidad
objetiva. Esta realidad, es la extension misma de las cosas; la
necesidad, la infinidad, no se encuentran en las cosas mismas, sino en
la idea abstracta. Los objetos en sí están ceñidos á la esfera de la
realidad, y por tanto á la limitacion, á la contingencia; la objetividad
de la idea abstracta comprende lo existente y lo posible; y por
consiguiente no tiene límites, ni está sometida á ninguna contingencia.
CAPÍTULO XVI.
OBSERVACIONES SOBRE LA OPINION DE KANT.
[104.] Ya hemos visto que la extension considerada en nosotros, sale de
los límites de las sensaciones; es una verdadera idea: es base de
algunas sensaciones; y es al propio tiempo una idea pura. En cuanto se
refiere á la sensacion, es como el fundamento de nuestras facultades
sensitivas; en cuanto idea, es la raíz de la geometría. Esta distincion
es importante; y nos servirá luego para apreciar en su justo valor la
opinion de Kant sobre el espacio.
[105.] Mas ó menos, todas nuestras sensaciones se ligan con la
extension; bien que considerando la sensacion _á priori_,
independientemente de todo hábito, y completamente aislada, parece que
solo las de la vista y del tacto, están necesariamente ligadas con un
objeto extenso. Un viviente que careciera de estos dos sentidos, no
parece que debiera estar privado de recibir las impresiones del oido, y
del olor; quizás tampoco del sabor, porque si bien es verdad que con las
sensaciones del paladar van siempre unidas las del tacto, como duro,
blando, caliente, frio etc. etc., tambien es cierto que estas
sensaciones son enteramente distintas de la del sabor, y no tenemos
ninguna razon para asegurar que no puedan separarse.
[106.] La extension, considerada en nosotros, ó sea en su intuicion,
puede ser mirada, como una condicion necesaria de nuestras facultades
sensitivas; Kant vió esta verdad; pero la exagera cuando niega al
espacio una realidad objetiva, afirmando que no es mas que una condicion
subjetiva _a priori_ para que puedan recibirse las impresiones: la forma
de los fenómenos, esto es, de las apariencias; pero nada en la realidad.
Ya he dicho que el espacio como distinto de los cuerpos, es nada; pero
el objeto de la idea del espacio es la misma extension de los cuerpos; ó
mejor, esta extension es el fundamento de donde sacamos la idea general
del espacio, y ella á su vez, queda tambien comprendida en la idea
general.