[83.] Estas son las consecuencias que se deducen de la doctrina expuesta

en este capítulo. Si el lector me pregunta lo que pienso sobre ellas, y

el principio en que estriban, confesaré ingenuamente, que si bien el

principio me parece verdadero, y las consecuencias legítimas, no

obstante, la extrañeza de algunas de ellas, y todavía mas las de otras

que haré notar en lo sucesivo, me infunden sospechas de que en el

principio se oculta algun error, ó que el raciocinio con que se infieren

las consecuencias, adolece de algun vicio que no es fácil notar. Así,

mas bien presento una serie de conjeturas, y de raciocinios para

apoyarlas, que no una opinion bien determinada. Con esto, comprenderá el

lector lo que quiero significar por la palabra _demostracion_, cuando en

lo sucesivo la vea empleada repetidas veces, al tratarse de la deduccion

de algunas consecuencias sumamente extrañas; bien que dignas en mi

concepto de llamar la atencion. Digo esto, no solo para explicar lo que

pasa en mi espíritu, sino tambien para prevenir al lector contra la

excesiva confianza en estas materias, sea cual fuere la opinion que se

adopte. Antes de comenzar las investigaciones sobre el espacio ya hice

notar, que en estas cuestiones se ofrecen argumentos en opuesto sentido,

que al parecer son igualmente concluyentes: lo que indica que la razon

humana toca á sus límites, y hace sospechar que la investigacion sale de

la esfera á que está ceñido el espíritu, por alguna condicion primaria

de su naturaleza.

Sea como fuere, prosigamos conjeturando: y ya que no podamos traspasar

ciertos límites, ejercitemos el entendimiento recorriéndolos en toda su

extension. Así, cuando nos hallamos sobre un terreno elevado, circuido

de insondables abismos, nos complacemos en dar vueltas por la

circunferencia, mirando la inmensa profundidad que hay bajo nuestros

piés.

Voy ahora á deducir otros resultados, soltando en cuanto alcance las

dificultades que se ofrezcan; y haciendo algunas aplicaciones cuya

inmensa trascendencia produce incertidumbre é inspira timidez.

CAPÍTULO XIII.

NUEVAS DIFICULTADES.

[84.] Si el espacio no es mas que la extension misma de los cuerpos, se

seguirá que la extension carecerá de recipiente; es decir, que no tendrá

lugar donde colocarse. Esto parece hallarse en contradiccion con

nuestras ideas mas comunes; pues por lo mismo que concebimos una cosa

extensa, concebimos tambien la necesidad de un lugar igual á ella, en

que pueda caber y situarse.

Esta dificultad, á primera vista muy grave, se desvanece muy fácilmente,

negando que toda cosa extensa necesite un lugar distinto de ella en que

colocarse. ¿Qué es este lugar? Es una extension en que ella cabe. Ahora

bien, ¿esta extension ó lugar, ha menester á su vez otra extension en

que colocarse, ó nó? si lo primero, diré lo mismo del nuevo lugar, en

que se coloque el primer lugar, y así hasta lo infinito. Esto es

evidentemente imposible, y por tanto deberemos convenir en que es falso

que toda extension necesite otra extension en que colocarse. Así como la

extension del espacio no habria menester de otra extension, del mismo

modo la extension de los cuerpos no necesitará el espacio: no hay

ninguna diferencia entre los dos casos; luego la necesidad de un lugar

para toda extension, es una cosa imaginaria que la razon contradice.

Luego la extension puede existir en sí misma, luego no hay inconveniente

en que la de los cuerpos exista de este modo.

[85.] ¿Qué será pues en tal caso el cambiar de lugar? No otra cosa sino

el cambiar los cuerpos de posicion respectiva. Así se explica el

movimiento.

Supónganse tres cuerpos A, B, C, situados en el espacio: sus distancias

respectivas no son mas que los otros cuerpos interpuestos. El cambio que

produzca una nueva posicion, será el movimiento.

[86.] Luego un cuerpo solo no puede moverse. Porque el movimiento

encierra por necesidad el correr distancia, y no hay distancia cuando no

hay mas que un cuerpo.

Este resultado á primera vista parece absurdo, por contrariar nuestro

modo de sentir, é imaginar; no obstante, si examinamos con atencion ese

mismo modo de imaginar y sentir, veremos que los fenómenos de nuestro

espíritu se hallan de acuerdo con esta teoría.

El movimiento para nosotros no significa nada, no es sentido, no es

percibido de ningun modo, cuando no le podemos referir á la posicion de

diferentes cuerpos entre sí. Si recorremos un canal encerrados en un

gabinete de la barca que nos lleva, nos movemos realmente, sin que lo

sintamos de ningun modo. Solo conocemos este movimiento cuando mirando

los objetos exteriores, vemos que hay una continua alteracion. Aun en

este caso, el movimiento nos parece no estar en nosotros, sino en los

objetos que nos rodean; de suerte que el mismo, mismísimo fenómeno se

verificaria con respecto á nosotros, moviéndose la barca sola, y

permaneciendo inmóviles los objetos, que estando ella inmóvil, y

moviéndose los objetos, con tal que el movimiento de estos se combinase

cual conviene. (V. Lib. II. cap. XV).

Luego si se quita el sacudimiento, que es lo único que nos haria conocer

algun movimiento propio, no distinguimos si somos nosotros quien se

mueve, ó si son los objetos; siendo de notar que naturalmente nos

inclinamos á referir el movimiento á ellos, mas bien que á nosotros.

Cuando nos alejamos de un puerto, sabemos bien que no es el puerto lo

que se aleja; y no obstante la ilusion es completa, el puerto huye.

De esto se infiere que el movimiento no es mas para nosotros que el

cambio de posicion respectiva de los cuerpos. Si no hubiésemos

experimentado este cambio, no tendríamos idea de movimiento. Así es que

nada niega la posibilidad de que los fenómenos del movimiento diurno se

nos presenten los mismos, sea que el cielo gire al rededor de nosotros

de oriente á occidente, sea que la tierra gire sobre su eje de occidente

á oriente.

Luego el movimiento de un cuerpo solo, es una pura ilusion: y por

consiguiente nada prueba el argumento que en él se funda contra la

doctrina explicada sobre el espacio.

De aquí se infiere tambien, que considerado el universo entero como un

solo cuerpo, no es móvil, y que todos sus movimientos se verifican solo

en su interior.

[87.] Pero una de las consecuencias mas curiosas y extrañas que resultan

de esta teoría, es la demostracion _à priori_ de que el universo no

puede estar terminado sino de cierto modo, excluyéndose una muchedumbre

de figuras porque le repugnan esencialmente.

En efecto: segun la doctrina que precede, un cuerpo solo, no podria

tener ninguna de las partes de su superficie en disposicion tal, que la

línea mas corta de un punto á otro cualquiera, pasase por fuera del

cuerpo. Ese _fuera_, existiendo el cuerpo enteramente solo, seria un

puro nada; luego en él no hay distancias que puedan ser medidas por

líneas. Con esto se excluyen una muchedumbre de figuras irregulares, y

encontramos la regularidad geométrica brotando en cierto modo una idea

metafísica.

Se infiere de lo dicho que un cuerpo con ángulos entrantes, existiendo

solo, es un absurdo. Porque su figura exige que el punto A, vértice de

un ángulo saliente, diste del punto D, vértice de otro ángulo, la

distancia A D. Esta distancia no puede existir, porque donde no hay

cuerpo, no hay distancia. Luego existiria y no existiria la distancia á

un mismo tiempo, lo que es contradictorio.

Tenemos pues que este cuerpo solo, es un absurdo, en no llenándose el

volúmen indicado por las capacidades contenidas en los ángulos

entrantes.

Con el resultado anterior concuerda de un modo particular, lo que

notamos en la naturaleza; la cual parece inclinarse á terminarlo todo

por líneas y superficies curvas. Curvas son las órbitas de los astros; y

superficies curvas terminan tambien los astros mismos. Es verdad que las

grandes irregularidades que se notan en la superficie de ellos, parecen

destruir la conjetura; pero es necesario advertir que en estas

irregularidades no está el límite de su figura, sino en la atmósfera que

los rodea; y que siendo un flúido no las tendrá.

[88.] Aquí se ofrece otra consecuencia bastante extraña, y es que

estamos precisados á admitir la existencia de una superficie geométrica

perfecta: y esto _à priori_.

Si donde no hay cuerpo, la distancia es metafísicamente imposible, esto

se verificará así en las grandes como en las pequeñas, aun en las

infinitésimas: por cuya razon se ha dicho que era imposible todo vacío

diseminado. Ahora bien; es evidente que una superficie no es perfecta,

si en ella hay puntos que salen mas que otros; de suerte que se va

acercando mas á la perfeccion geométrica, cuanto menos salen. Si pues

ninguno puede salir, resultará realizada la superficie geométrica. Es

así que por lo demostrado, la superficie última del universo se halla en

este caso; luego resulta lo que nos proponemos demostrar.

Hemos demostrado que era imposible que la última superficie tuviese la

forma exterior con ángulos entrantes. Luego será tambien imposible que

la tenga con prominencias, aun las mas pequeñas. La diferencia está en

el mas y en el menos; lo que no destruye la imposibilidad metafísica.

Luego es absolutamente necesario que en la última superficie

desaparezcan todos los ángulos entrantes, aun los infinitésimos. Lo que

dará una superficie geométrica perfecta.

CAPÍTULO XIV.

OTRA CONSECUENCIA IMPORTANTÍSIMA.

[89.] Voy por fin á sacar la última consecuencia, notable por lo

trascendental, y que parece digna de ser examinada con detenimiento,

por los que hacen marchar de frente sus estudios físicos y metafísicos.

Héla aquí.

La existencia de la gravitacion universal, es demostrable _à priori_.

Demostracion. La gravitacion universal, es una ley de la naturaleza por

la cual unos cuerpos se dirigen hácia otros (prescindimos ahora del

modo). Esta direccion es metafísicamente necesaria, si se supone que

donde no hay cuerpo no hay distancia. Porque en este caso, no pueden

existir dos cuerpos separados: la ley de contigüidad, es una necesidad

metafísica; y por consiguiente la aproximacion incesante de unos cuerpos

á otros, es una perenne obediencia á esta necesidad.

La velocidad de la aproximacion estará en razon de la velocidad con que

se aparta el medio. El límite de la velocidad de este movimiento es la

relacion del espacio, con un instante indivisible: cual podemos

imaginarlo si Dios anonadase de repente el cuerpo intermedio.

Como las moles sólidas que vemos rodar sobre nuestras cabezas, estarian

en tal caso sumergidas en un flúido, si este por su naturaleza, se

presta mucho á cambiar de posicion, resulta que los astros han de estar

sujetos á la ley de aproximacion, porque el intermedio que los separa se

retira incesantemente en varias direcciones. Si supusiéramos pues este

flúido enteramente inmóvil, cesaria la necesidad metafísica de la

aproximacion.

[90.] Esta teoría parece conducir á explicar el mecanismo del universo

por simples leyes geométricas, haciendo desaparecer lo que se llamó

primero calidades ocultas, y despues fuerzas.

Si bien no hay dificultad en explicar por ideas metafísicas y

geométricas el hecho mismo de la gravitacion, en cuanto significa tan

solo la tendencia de los cuerpos á aproximarse; las hay, y muy grandes,

en determinar por este órden de ideas las condiciones á que se halla

sometida la gravitacion.

[91.] Si el movimiento de aproximacion dependiera solo del medio, á

desiguales medios seguiria desigualdad de movimiento. ¿Y cómo se

calcula, cómo se gradúa esta desigualdad, en medios no sujetos á nuestra

observacion?

[92.] A mas de esta dificultad, hay otra todavía mas grave, cual es, el

que los cuerpos que se moverian en un medio, no tendrian direcciones

fijas, sino que estas variarian con la variedad de la direccion del

medio. Si la gravitacion del cuerpo A hácia el cuerpo B, depende

únicamente del movimiento con que su medio se retira, tendremos que la

gravitacion no será por la recta A B, sino que seguirá las undulaciones

descritas por el medio. Lo que es contra la experiencia.

[93.] De estas consideraciones resulta, que aun cuando la gravitacion

naciese naturalmente de la posicion misma de los cuerpos, esta necesidad

no produciria el órden, si los resultados de ella no estuviesen

sometidos á ciertas leyes. Y por tanto los fenómenos de la naturaleza,

aunque radicados en cierto modo en una necesidad, supuesta la existencia

y posicion de los cuerpos, serian de suyo contingentes en lo relativo á

la aplicacion y desarrollo de esta misma necesidad.

[94.] Profundizando mas esta materia se descubre, que la tendencia á la

aproximacion, aun supuesta necesaria, no seria bastante para engendrar

el movimiento, ni tampoco para conservarle. En efecto: siempre que un

cuerpo se retirase, seria necesario que otro le siguiese, para no

interrumpir la contigüidad; pero como estando todo lleno, no habria

ninguna razon para que ningun cuerpo se apartase de otro, no habria

tampoco ninguna causa de movimiento. De lo que se infiere que las ideas

geométricas no bastan para explicar el orígen del movimiento, sino que

es necesario encontrar su causa en otra parte. Si la contigüidad es una

necesidad metafísica, supuesta la existencia de los cuerpos, se seguirá

que moviéndose el cuerpo A en un sentido cualquiera, se han de mover

tambien los contiguos, B, C; pero si suponemos que la contigüidad existe

ya, no hay ninguna razon porque el A comience á moverse; luego no hay

tampoco ninguna razon para que haya movimiento en los B, C.

En un instante cualquiera, aun supuesto el movimiento, la contigüidad ó

el lleno existirán; pues el estado de la cuestion supone que esta

condicion nunca falta como metafísicamente necesaria; luego nunca habrá

razen para que el movimiento prosiga, pues en todos los instantes

imaginables, no habrá motivo para que continúe. El movimiento del cuerpo

A arrastrará el cuerpo B; este el C, y así sucesivamente. Si el

movimiento del cuerpo A, no tiene otro orígen que la necesidad de que se

continúe con B, tampoco el de C podrá tener otro orígen sino su

contigüidad con B; sí el movimiento se hace únicamente para no

interrumpirla, se infiere que, existiendo ella siempre, como

absolutamente necesaria, no habrá ninguna razon para que el movimiento

comience, ó comenzado dure.

[95.] Las leyes de la naturaleza no pueden pues explicarse por ideas

geométricas y metafísicas, aunque se suponga que la aproximacion es una

necesidad intrínseca de los cuerpos. En cualquier supuesto es necesario

buscar fuera de la materia una causa superior que imprima, regularice y

conserve el movimiento.

CAPÍTULO XV.

ILUSION DE LOS PUNTOS FIJOS EN EL ESPACIO.

[96.] No siendo el espacio otra cosa que la extension misma de los

cuerpos, y por tanto no existiendo espacio donde no existen cuerpos, se

sigue que esa extension que concebimos distinta de ellos, con

dimensiones fijas, con puntos fijos, inmóvil en sí, y receptáculo de

todo lo que se mueve, es una pura ilusion, á la cual nada corresponde en

la realidad.

Para aclarar mas esta doctrina, y soltar al propio tiempo algunas

dificultades que contra ella se ofrecen, es necesario analizar la idea

de fijeza que tenemos con respecto al espacio. Como en el mundo se nos

presentan algunos puntos inmóviles, con respecto á los cuales concebimos

las direcciones, se engendra en nuestro ánimo la idea de fijeza de

dichos puntos, y con relacion á ellos, y por causa de ellos, nos

imaginamos la fijeza, la inmovilidad, como una de las propiedades que

distinguen á ese receptáculo ideal que apellidamos espacio. Los cuatro

puntos cardinales del mundo: oriente, occidente, norte y sud, han debido

comenzar naturalmente por producir esta idea de fijeza. Sin embargo no

será difícil manifestar que no hay tal fijeza, y que la idea de ella es

una pura ilusion.

[97.] Comencemos por destruir la fijeza de oriente y occidente. En

primer lugar, suponiendo á la tierra un movimiento diurno de rotacion

sobre su eje, como en la actualidad se lo suponen los astrónomos, los

puntos de oriente y occidente, lejos de ser fijos, cambian

incesantemente para todos los lugares de la tierra. Así suponiendo un

observador en A, punto de la tierra, su oriente será el punto B, y su

occidente el punto C. Si la tierra gira sobre su eje, el oriente y

occidente del observador corresponderán sucesivamente á los m, n, p, q,

etc., en el confin que imaginamos como la bóveda celeste. Luego, aun

suponiendo esta bóveda fija, el oriente y el occidente no significan

nada fijo.

Si se negase el movimiento de rotacion de la tierra, las apariencias

serian las mismas que si en efecto la rotacion existiese; y por tanto,

nunca se puede decir mas, sino que la fijeza es una apariencia. Además,

suponiendo la tierra en quietud y el cielo en rotacion, todavía es mas

imposible señalar los puntos fijos de oriente y occidente: porque en tal

caso, los mismos puntos del cielo á que los referíamos, estarian en

continuo movimiento.

Lo repito: todo esto son meras apariencias: el hombre que nada sepa

sobre la esfericidad de la tierra, y que se la imagine como un plano, si

camina de occidente á oriente, creerá que los dos puntos permanecen

inmóviles, no obstante de que cambian incesantamente: se imagina que va

dejando siempre á su espalda el lugar de donde salió, no obstante de que

en habiendo recorrido la circunferencia de la tierra, se volveria á

encontrar en él.

[98.] El norte y el sud parecen ofrecer mas dificultad por razon de su

fijeza en cuanto á nosotros; pero tampoco será difícil manifestar que no

hay en dicha fijeza nada absoluto, y que lo mas que puede decirse es que

hay una fijeza aparente. Sean N y S los polos norte y sud. Si

imaginamos que giran á un mismo tiempo la tierra y la bóveda celeste de

sud á norte, es claro que la fijeza de los puntos N S no existirá: y sin

embargo el observador A creerá que todo continúa fijo, porque las

apariencias serán absolutamente las mismas.

Para un observador que camina del ecuador hácia un polo, este se levanta

de continuo sobre el horizonte; para otro que permanece en un mismo

lugar, el polo está quieto.

Aun para un mismo lugar de la tierra, cambia la altura del polo, por la

variacion del ángulo formado por el plano de la eclíptica con el plano

del ecuador; variacion que segun unos, es de 48" por siglo, y segun

otros, 0", 521 por año, lo que da 52, 1" por siglo.

[99.] Resulta de estas observaciones, que en la situacion de los cuerpos

no hay nada absoluto, que todo es relativo; que un cuerpo puede existir

solo; pero que la situacion entonces no existe, porque es una idea

puramente relativa, y no hay relacion cuando falta punto de comparacion;

que absolutamente hablando, no hay _arriba_ ni _abajo_, y que aun cuando

imaginemos esos puntos como fijos, esa imaginacion no es mas que la

comparacion que hacemos entre dos puntos; siendo abajo, aquel hácia el

cual gravitamos, y arriba, el opuesto; como se ve en los antípodas, que

llaman abajo, lo que nosotros arriba, y arriba, lo que nosotros abajo.

[100.] Sin puntos á los cuales se refiera la direccion, es imposible la

direccion. Luego las direcciones sin la existencia de los cuerpos, son

cosas puramente ideales; luego un cuerno solo, tampoco las tendria,

fuera de su propia extension.

[101.] Contra esta explicacion se presenta una dificultad, á primera

vista muy grave, pero que en realidad vale muy poco. Si existiese un

cuerpo solo, ¿podria Dios darle movimiento? Negarlo, parece una

limitacion de la omnipotencia; concederlo, es destruir todo lo que se ha

dicho contra el espacio distinto de los cuerpos.

Esta dificultad saca su gravedad aparente de una confusion de ideas,

efecto de no comprenderse bien el estado de la cuestion. Para soltarla

preguntaré á quien me la proponga: ¿El movimiento de que se trata es

_intrínsecamente imposible_, ó nó. Si lo es, no hay inconveniente en

decir que Dios no lo puede hacer; pues que la omnipotencia no se

extiende á cosas contradictorias; si se me dice que no es imposible,

entonces volvemos á las cuestiones sobre la naturaleza del espacio, y

hay que examinar si las razones en que se ha probado dicha

imposibilidad, son verdaderas ó nó.

Las cuestiones relativas á la omnipotencia, no son de este lugar, su

resolucion es un simple corolario de la resolucion principal. Si se

demuestra la imposibilidad, el decir que no lo puede la omnipotencia, no

es limitarla; así como no se limita cuando se afirma que no puede hacer

que un triángulo sea un círculo. Si la imposibilidad no se demuestra,

entonces, no entra para nada la cuestion de la omnipotencia.

[102.] El argumento fundado en la existencia del vacío, tampoco destruye

la doctrina establecida. Los físicos lo admiten generalmente, y lo

suponen necesario para explicar el movimiento, la condensacion, la

rarefaccion, y otros fenómenos de la naturaleza. A esto responderé lo

siguiente.

1.º Descartes y Leibnitz, son votos en materia de física tanto

experimental como trascendental; y sin embargo no admitieron vacío.

2.º La observacion no puede consignar en ninguna parte la existencia del

vacío: ya porque el diseminado, ocuparia espacios tan diminutos que no

los alcanzaria ningun instrumento; ya porque la observacion no puede

ejercerse sino sobre lo que afecta nuestros sentidos, y á esto quizás no

llegan algunos cuerpos por su excesiva tenuidad.

3.º Nada se puede resolver de cierto sobre las modificaciones íntimas de

la materia, en el movimiento y en la condensacion y rarefaccion, sin

conocer los elementos de que ella se compone.

4.º Así como no se comprende bien ni la infinita divisibilidad, ni la

composicion de un extenso con puntos inextensos; no es extraño que no se

comprendan los fenómenos, que parecen incompatibles con la negacion del

vacío.

5.º La existencia del vacío es una cuestion metafísica, que está fuera

de las regiones de la experiencia, y que por tanto en nada afecta el

sistema de las ciencias de observacion.

[103.] Haciendo consistir la idea del espacio en la de extension

abstracta ó generalizada, conciliamos todo lo que en ella se nos

presenta de necesario, de absoluto, de infinito, con su realidad

objetiva. Esta realidad, es la extension misma de las cosas; la

necesidad, la infinidad, no se encuentran en las cosas mismas, sino en

la idea abstracta. Los objetos en sí están ceñidos á la esfera de la

realidad, y por tanto á la limitacion, á la contingencia; la objetividad

de la idea abstracta comprende lo existente y lo posible; y por

consiguiente no tiene límites, ni está sometida á ninguna contingencia.

CAPÍTULO XVI.

OBSERVACIONES SOBRE LA OPINION DE KANT.

[104.] Ya hemos visto que la extension considerada en nosotros, sale de

los límites de las sensaciones; es una verdadera idea: es base de

algunas sensaciones; y es al propio tiempo una idea pura. En cuanto se

refiere á la sensacion, es como el fundamento de nuestras facultades

sensitivas; en cuanto idea, es la raíz de la geometría. Esta distincion

es importante; y nos servirá luego para apreciar en su justo valor la

opinion de Kant sobre el espacio.

[105.] Mas ó menos, todas nuestras sensaciones se ligan con la

extension; bien que considerando la sensacion _á priori_,

independientemente de todo hábito, y completamente aislada, parece que

solo las de la vista y del tacto, están necesariamente ligadas con un

objeto extenso. Un viviente que careciera de estos dos sentidos, no

parece que debiera estar privado de recibir las impresiones del oido, y

del olor; quizás tampoco del sabor, porque si bien es verdad que con las

sensaciones del paladar van siempre unidas las del tacto, como duro,

blando, caliente, frio etc. etc., tambien es cierto que estas

sensaciones son enteramente distintas de la del sabor, y no tenemos

ninguna razon para asegurar que no puedan separarse.

[106.] La extension, considerada en nosotros, ó sea en su intuicion,

puede ser mirada, como una condicion necesaria de nuestras facultades

sensitivas; Kant vió esta verdad; pero la exagera cuando niega al

espacio una realidad objetiva, afirmando que no es mas que una condicion

subjetiva _a priori_ para que puedan recibirse las impresiones: la forma

de los fenómenos, esto es, de las apariencias; pero nada en la realidad.

Ya he dicho que el espacio como distinto de los cuerpos, es nada; pero

el objeto de la idea del espacio es la misma extension de los cuerpos; ó

mejor, esta extension es el fundamento de donde sacamos la idea general

del espacio, y ella á su vez, queda tambien comprendida en la idea

general.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 11 / 20 段