del cuerpo, haciéndole una substancia extensa, tampoco parece valer el
argumento de los que de ahí quisieran deducir su infinidad; porque aun
en este supuesto, no hay ningun inconveniente en señalarle un límite.
¿Qué hay entonces mas allá? nada. Nosotros concebimos todavía una vaga
extension, pero la imaginacion no es la realidad. Tambien imaginamos lo
mismo refiriéndonos á una época que nos figuramos anterior á la creacion
del mundo: si pues la imaginacion probase algo en favor de la infinidad
del mundo, probaria tambien en favor de su eternidad.
Y aquí recordaré que los argumentos con que he combatido el
espacio-nada, no estriban en lo que nosotros imaginamos; sino en que es
imposible que la nada sea extension, ni tenga ninguna propiedad. Esta es
la razon capital con que he impugnado á los que pretenden ser posible
que se conciban y existan las propiedades que se atribuyen al espacio, y
que sin embargo el espacio sea un puro nada.
CAPÍTULO X.
OPINION DE LOS QUE CREEN QUE EL ESPACIO ES LA INMENSIDAD DE DIOS.
[67.] Abrumados por tan graves dificultades algunos filósofos, no
pudiendo conciliar con la nada esa realidad que se nos ofrece en el
espacio, ni tampoco concebir en ninguna cosa criada, la inmovilidad,
infinidad, y perpetuidad que en el espacio imaginamos; han dicho que el
espacio era la misma inmensidad de Dios. Esto á primera vista parece
una absurda extravagancia; pero si bien demostraremos luego la falsedad
de esta opinion, es necesario hacer justicia no solo á la recta
intencion de los que la han sostenido, y sanas explicaciones de que
procuraban echar mano, sino tambien al motivo que los llevó á tal
extremidad, que por cierto, aunque nada sólido, no es tampoco
despreciable.
[68.] Hé aquí cómo se puede discurrir en pro de dicha opinion. El
espacio es algo. Antes que Dios criase el mundo, el espacio existia. No
es posible concebir que los cuerpos existan, sin espacio en que se
extiendan. Antes de que existan, concebimos esa capacidad en que pueden
colocarse: luego el espacio es eterno. No hay movimiento sin espacio; y
en el primer instante de ser criados los cuerpos, se pudieron mover y se
movieron. Aunque no supongamos mas que un solo cuerpo en el mundo,
podria moverse, y este movimiento podria prolongarse hasta lo infinito.
Luego el espacio es infinito. Si Dios anonadase todo el universo, menos
un cuerpo solo, este cuerpo tambien se podria mover en todas
direcciones, prolongadas hasta lo infinito. Si despues fuese reducido á
la nada el cuerpo único, quedaria la extension en que se movia: en ella
podrian crearse nuevos cuerpos, nuevos mundos. Luego el espacio es
indestructible. Un ser eterno, infinito, indestructible, no puede ser
criado; luego el espacio es increado. Luego es Dios mismo. Luego ha de
ser Dios en cuanto nosotros lo concebimos con relacion á la extension:
luego el espacio es la inmensidad de Dios. La inmensidad es aquel
atributo por el cual Dios está en todas partes: este atributo es el que
dice relacion á la CAPÍTULO. El espacio pues será la inmensidad de Dios.
Adoptada esta teoría no hay inconveniente en hacer el espacio infinito,
eterno, indestructible.
[69.] Esta opinion tiene en contra de sí, el que destruye la simplicidad
de Dios. Sí el espacio es una propiedad de Dios, es Dios mismo; pues
todo lo que hay en Dios, es Dios. Luego, siendo el espacio esencialmente
extenso, Dios será extenso tambien.
Clarke vió la fuerza de este argumento, fuerza que además le hacian
sentir los argumentos de su adversario Leibnitz; pero responde á él de
una manera muy débil. Dice que el espacio tiene partes, mas nó
separables. Luego, sean como fueren, las tiene. Es cierto que en la idea
del espacio distinguimos las partes, sin separarlas; pero las concebimos
realmente en él; y sin ellas no concebimos el espacio. En este supuesto,
¿á qué se reducirán las pruebas en favor de la inmaterialidad del alma?
Si la sabiduría infinita pudiera ser extensa, ¿por qué no podria serlo
con mucha mas razon el alma humana?
Empujado por su idea favorita, llegó Clarke á escribir lo que no era de
esperar de un hombre como él. «En cuestiones de esta naturaleza, dice,
cuando se habla de partes, se entienden _partes separables_,
compuestas, y desunidas, tales como las de la materia, que por esta
razon es siempre un compuesto, y nó una substancia simple. La materia no
es una sola substancia, sino un compuesto de substancias. Por esto, _en
mi concepto, la materia es incapaz de pensamiento_. Esta incapacidad no
le viene de la extension, sino de que sus partes son substancias
distintas, desunidas é independientes las unas de las otras» (Fragmento
de una carta). Esta explicacion tiende á arruinar la simplicidad del ser
pensante; pues que por simplicidad siempre se ha entendido la absoluta
carencia de partes, nó de tal ó cual especie de partes. La
inseparabilidad no destruye la existencia de las partes, solo afirma la
fuerza de su cohesion.
[70.] Tambien seria de temer que esta doctrina abriese la puerta al
panteismo. Al mismo Clarke se le objetó ya el que con ella se hacia á
Dios alma del mundo; y aunque se defendió de este cargo, no obstante
siempre queda en pié una dificultad que no se le propuso, y que sin
embargo no deja de ser grave. Si no hay inconveniente en decir que Dios
es el espacio, ó que el espacio es una propiedad de Dios, ¿qué se opone
á que digamos que Dios es el mundo, ó que el mundo es una propiedad de
Dios? Si el mundo es extenso, tambien lo es el espacio; si pues Dios y
espacio no son cosas contradictorias en un mismo ser, ¿por qué lo serán
Dios y el universo?
Dice Clarke que los cuerpos están compuestos de diferentes substancias;
¿pero se sabe de los cuerpos otra cosa sino que son extensos, y que nos
producen ciertas impresiones? claro es que nó. Pues entonces, no
repugnando á Dios la extension, y mucho menos la causalidad de las
impresiones, no habria inconveniente en decir que lo que Clarke llama
substancias distintas, no son mas que partes, ó si se quiere
propiedades, de la substancia infinita. Newton llegó á decir que el
espacio era el sensorio de Dios; y aunque Clarke sostiene contra
Leibnitz que la expresion de Newton tenia un sentido muy racional, pues
no era mas que una comparacion, no obstante el filósofo aleman insiste
de tal suerte sobre este cargo que bien se deja conocer le habia hecho
malísimo efecto una palabra semejante.
[71.] Todo lo que sea mezclar á Dios con la naturaleza, ó ponerle en
comunicacion perenne con ella, excepto con actos purísimos de
entendimiento y voluntad, nos lleva á una pendiente sumamente
resbaladiza, en la cual es difícil no precipitarse hasta el fondo: y en
ese fondo está el panteismo, que no es mas que una fase del ateismo
(II).
CAPÍTULO XI.
OPINION DE FENELON.
[72.] La opinion de Clarke tiene mucha semejanza con la de Fenelon,
quien en su _Tratado de la existencia y atributos de Dios_ explica el de
la inmensidad, de una manera que á primera vista sorprende. Dice así:
«Despues de haber considerado la eternidad y la inmutabilidad de Dios,
que son una misma cosa, debo examinar su inmensidad. Siendo por sí
mismo, es soberanamente; y siendo soberanamente, tiene todo ser en sí;
teniendo todo ser en sí, tiene sin duda la extension; la extension es
una manera de ser de que yo tengo idea. Ya he visto que mis ideas sobre
las esencias de las cosas son grados reales del ser, que existen
actualmente en Dios, y son posibles fuera de él, porque él mismo los
puede producir; luego la extension existe en Dios, y él no puede
producirla á fuera, sino porque la tiene encerrada en la plenitud de su
ser.»
Hasta cierto punto las palabras de Fenelon pueden ser interpretadas con
un sentido que no rechaza el comun de los teólogos. Distinguen estos
dos clases de perfecciones: unas que no envuelven ninguna imperfeccion,
como la sabiduría, la santidad, la justicia; otras que envuelven alguna
imperfeccion, como por ejemplo, las que pertenecen á los cuerpos, la
extension, la figura etc. Las primeras que tambien se llaman
perfecciones _simpliciter_, se hallan en Dios _formaliter_, esto es,
tales como ellas son; pues que su naturaleza propia no incluye
imperfeccion de ninguna clase; y por consiguiente puestas en Dios, ni
disminuyen ni afean su perfeccion infinita; las segundas, que tambien se
llaman perfecciones _secundum quid_, están en Dios, nó _formaliter,_
porque la imperfeccion que envuelven repugna á la perfeccion infinita,
sino _virtualiter eminenter_, esto es, que todo cuanto ellas encierran
de perfeccion, de ser, se encuentra en Dios, perfeccion infinita, ser
infinito; que por esta razon, Dios las puede producir en lo exterior,
con su omnipotencia creadora; pero en cuanto preexisten en el ser
infinito, están depuradas de toda limitacion, de toda imperfeccion, é
identificadas con la esencia infinita, tienen un modo de ser, muy
superior á lo que son en realidad: lo que se ha expresado con la palabra
_eminenter_. Entre estas perfecciones _secundum quid_, se ha contado
siempre la extension.
[73.] Si el ilustre arzobispo de Cambrai se ciñese á este sentido, nada
tendríamos que observar con respecto á su doctrina; pero las palabras
que siguen parecen indicar que se inclinaba á la opinion de los que
afirman que el espacio es la misma inmensidad de Dios, «¿Por qué pues,
continúa, no le llamo extenso y corpóreo? porque hay muchísima
diferencia, como yo lo he notado, entre atribuir á Dios todo lo positivo
de la extension, y atribuírsela con un límite ó una negacion: _quien
pone la extension sin límites, cambia la extension en inmensidad_; quien
pone la extension con un límite, hace la naturaleza corpórea. «Por estas
palabras se podria creer que Fenelon no distingue dos modos de ser de la
extension, como lo hacen los teólogos: y que atribuye á Dios todo lo
positivo de la extension, solo que se la da sin límite. De esto parece
resultar que Dios es propiamente extenso, bien que con extension
infinita. Con todo el respeto que se merece la ilustre sombra de uno de
los primeros ornamentos de la Iglesia Católica, de uno de los hombres
mas grandes de los tiempos modernos, me atrevo á decir que semejante
opinion no me parece sostenible. Un Dios propiamente extenso, aunque
fuera con extension infinita, no es Dios; lo extenso es esencialmente
compuesto; Dios es esencialmente simple: estas son cosas
contradictorias.
[74.] Pero oigamos al ilustre Prelado que continúa exponiendo y
defendiendo su opinion de la manera siguiente. «Desde que no poneis
límite á la extension, le quitais la figura, la divisibilidad, el
movimiento, la impenetrabilidad: la figura, porque esta no es mas que
una manera de ser limitado por una superficie; la divisibilidad, porque
lo que es infinito como hemos visto ya, no puede ser disminuido, y por
consiguiente ni dividido, ni compuesto, ni divisible; el movimiento,
porque si suponeis un todo que no tiene ni partes ni límites, no puede
moverse de su lugar, pues que no puede haber un lugar fuera del
verdadero infinito; tampoco puede cambiarse el arreglo en la situacion
de _sus partes, pues que no siendo compuesto no las tiene_; la
impenetrabilidad en fin, porque la impenetrabilidad es inconcebible si
no se conciben dos cuerpos limitados, de los cuales el uno no es el
otro, y no puede ocupar el mismo espacio que el otro. Estos dos cuerpos
no existen en la CAPÍTULO infinita é indivisible; luego en ella no hay
impenetrabilidad. Asentados estos principios, se sigue que todo lo
positivo de la extension se halla en Dios, sin que sea ni figurado, ni
capaz de movimiento, ni divisible, ni impenetrable, ni palpable, ni
mensurable.»
Por este pasaje se ve con toda claridad que Fenelon estaba muy lejos de
imaginar un Dios compuesto, un Dios con partes: repetidas veces, y en
pocas líneas, lo niega terminantemente, como era de esperar de su alta
penetracion, y pureza de doctrinas. Pero esto, que deja en salvo la
rectitud de intencion, no satisface las condiciones de la exactitud
filosófica. Por de pronto confieso ingenuamente, que si la extension se
ha de tomar en el sentido propio, no concibo cómo el quitarle los
límites le quita tambien las partes; por el contrario, me parece que una
extension infinita tendrá partes infinitas. Si es infinita, no tendrá
figura; porque en la idea de figura se encierra la de límite; pero si es
extension verdadera, será como un fondo inmenso en que se podrán trazar
todas las figuras imaginables. Ella en sí no tendrá ninguna figura
propia; pero será el recipiente de todas las figuras; el piélago
inagotable de donde todas surgirán. Lo que en ella se trace, estará en
ella; los puntos con que las figuras se terminen, en ella estarán.
¿Quién no ve en esto, las partes, la composicion? La extension infinita
será incapaz de figura, nó por su carencia de partes, nó por su
simplicidad, sino por sus partes infinitas, por su composicion infinita.
Convengo en que una extension infinita no será divisible, si por dividir
entendemos separar; porque en aquella inmensa plenitud todo estaria en
su puesto con una fijeza infinita. Así nos imaginamos el espacio con sus
partes inmóviles, lugar de todo movimiento: con sus partes inseparables,
campo de todas las separaciones; pero no se trata de separacion sino de
division; si hay extension verdadera, será divisible: concebimos el
espacio con sus partes inseparables, pero divisibles; pues que las
medimos, las contamos, y con respecto á ellas, nos formamos idea de la
magnitud, distancia y movimiento de los cuerpos.
[75.] Estas reflexiones tan obvias y tan concluyentes, no podian
ocultarse á la penetracion del ilustre filósofo, que parece preferir la
inconsecuencia ó la oscuridad del lenguaje, á los fatales corolarios que
emanan de su primera proposicion. Habia dicho sin rodeos ni
restricciones, que todo lo positivo de la extension se hallaba en Dios,
excepto el límite; habia afirmado que la extension con límite era
corpórea, y que para convertir la extension en inmensidad, bastaba
quitarle el límite; por consiguiente atribuia á Dios extension
verdadera, bien que infinita; y luego, queriendo explicar y robustecer
su doctrina, nos dice que esa extension no tiene partes. ¿Qué es una
extension sin partes? ¿hay quien pueda concebirla? ¿la extension no
envuelve por necesidad, un órden de cosas de las cuales las unas están
fuera de las otras? Así se ha entendido siempre; hablar pues de una
extension sin partes, es hablar de una extension impropiamente dicha;
cuando se habla de semejante extension, no basta decir que no tiene
límites, es necesario añadir que es de otra naturaleza; que la palabra
extension, se toma en un sentido totalmente diverso. Así parece
conocerlo, á pesar de la oscuridad de las anteriores palabras, cuando se
levanta en alas de su religion y de su genio, y continúa: «Dios no está
en ningun lugar, ni en ningun tiempo; porque su ser absoluto é infinito
no tiene _ninguna relacion á los lugares y á los tiempos_, que no son
mas que límites y restricciones del ser. Preguntar si está mas allá del
universo, si excede de las extremidades de este en longitud, latitud y
profundidad; es proponer una cuestion tan absurda como el preguntar, si
era antes que el mundo fuese y si será cuando el mundo no sea. Así como
en Dios no puede haber pasado ni futuro, no puede haber ni mas acá ni
mas allá; la permanencia excluye toda medida de sucesion, la inmensidad
excluye toda medida de extension; no ha sido, no será, es; no está aquí,
no está allá, no está mas allá de ningun límite: es absolutamente, todas
las expresiones que le refieren á algun término, que le fijan en algun
lugar, son impropias é indecentes. ¿Dónde está pues? él es; y es de tal
modo, que es preciso guardarse de preguntar dónde; lo que no es sino á
medias, con límites, es de tal modo una cierta cosa, que no es sino esta
misma cosa; pero Dios no es precisamente una cosa singular y
restringida, es todo, es el ser, ó para decirlo mejor, diciéndolo mas
sencillamente: _él es_; cuantas menos palabras se dicen de él, mas cosas
se expresan: _es_; guardaos de añadir nada.»
[76.] En estas magníficas palabras, y otras que pueden leerse en el
lugar citado, la elevacion y el grandor de ideas sobre Dios y su
inmensidad, hacen olvidar las dificultades contra la primera
proposicion, que si no es falsa, ó inexacta, no está expresada con toda
la claridad deseable. Por esto, no me atrevo á sostener que su opinion
coincida con la de Clarke; ya que en el elocuente escritor, el cristiano
y el poeta parece que rectifican al filósofo.
CAPÍTULO XII.
SE EXPLICA EN QUÉ CONSISTE EL ESPACIO.
[77.] Ya hemos visto que no está fundada en razon la opinion de
Descartes, que confunde enteramente el espacio con el cuerpo, haciendo
consistir la esencia de este en la extension misma, y afirmando que
donde quiera que concebimos espacio, allí hay cuerpo. Pero tal vez se
acercaria mas á la verdad quien dijese, que en efecto el espacio no es
mas que la extension misma de los cuerpos; prescindiendo de que
constituya ó no la esencia de ellos, y negando además su infinidad.
[78.] Examinemos esta opinion. Analizando la generacion de la idea del
espacio, se encuentra que no es mas que la idea de la extension en
abstracto. Si tengo ante mis ojos una naranja, puedo llegar por medio de
abstracciones á la idea de una extension pura, igual á la de la naranja.
Para esto comenzaré por prescindir de su color, sabor, olor, blandura ó
dureza, y de cuanto pueda afectar mis sentidos. Entonces no me queda
mas que un ser extenso: el cual, si le despojo de la movilidad, se
reduce á una porcion de espacio igual al volúmen de la naranja.
Claro es que estas abstracciones puedo hacerlas sobre el universo
entero: lo que me dará la idea de todo el espacio en que está el
universo.
[79.] Aquí voy á soltar una dificultad que se puede oponer á esta
explicacion de la idea del espacio; y me aprovecharé de la oportunidad
para aclarar algun tanto el orígen de la idea de un espacio infinito, ó
sea el espacio imaginario.
La dificultad es la siguiente: formando la idea de un volúmen de espacio
por la simple abstraccion de las calidades que acompañan á la extension,
no se concibe mas espacio que un volúmen igual al del cuerpo sobre el
cual se ha hecho la abstraccion. Luego la abstraccion hecha sobre una
naranja no nos dará mas que un volúmen de espacio igual al de una
naranja; así como la hecha sobre el universo, no nos dará mas que un
volúmen de espacio igual al que concibamos en el universo. Pero de esto
jamás resultará la idea de un espacio sin límites, cual se nos ofrece
siempre que pensamos en el espacio considerado en sí mismo.
Solucion. Abstrayendo, prescindimos de lo particular y nos elevamos á lo
comun. Si en el oro hago abstraccion de las propiedades que le
constituyen oro, y atiendo únicamente á las que posee como metal, me
quedo con una idea mucho mas lata, la de _metal_, que conviene no solo
al oro, sino tambien á todos los demás metales. Con la abstraccion he
borrado el límite que separaba el oro de los demás metales, y me he
formado una idea que se extiende á todos, que no especifica ni excluye
ninguno. Si de la idea de metal, abstraigo lo que le constituye metal, y
me atengo únicamente á lo que le constituye _mineral_, he borrado otro
límite, y la idea es mas general todavía. Y si subiendo por la misma
escala, paso sucesivamente por la idea de inorgánico, cuerpo,
substancia, hasta la de _ser_, habré llegado á un punto en que la idea
se extiende á todo[1].
[Nota 1: Prescindo ahora de lo que suele observarse sobre el diferente
modo con que la idea de ser es aplicable á Dios y á las criaturas.]
Con esto se echa de ver que la abstraccion lleva á la generalizacion,
borrando sucesivamente los límites que distinguen y como que separan los
objetos. Aplicando esta doctrina á las abstracciones sobre los cuerpos,
encontraremos la razon de la ilimitabilidad de la idea del espacio.
Cuando hechas las abstracciones sobre la naranja, me quedo únicamente
con la idea de su extension, no he llevado todavía la abstraccion al mas
alto punto posible: porque no concibo aun la extension en sí misma, sino
la extension de la naranja: concibo _su_ extension, nó _la_ extension.
Pero si prescindo de ese _su_, si me atengo á la extension en sí misma,
entonces la idea de figura se desvanece, la extension se dilata
indefinidamente; me es imposible señalarle ningun término, porque todo
límite me daria una extension determinada, una extension particular, nó
la extension en sí misma. Entonces se retiran por decirlo así las
fronteras del universo; pues por grande que este sea, en llegando á un
límite, nos ofrece una extension particular, nó la misma extension. Hé
aquí como parece que se engendra en nosotros la idea de los espacios
imaginarios.
[80.] Esto que se ha explicado con el simple órden del entendimiento, lo
podemos confirmar con la observacion de los fenómenos de la imaginacion.
Cuando _imagino_ la extension de una naranja, le imagino un límite, de
este ó aquel color, de esta ó aquellas calidades: pues no cabe imaginar
figura sin líneas que la terminen. Este límite en nuestra imaginacion,
es distinto en algo de la extension que encierra y de la extension de
que separa lo encerrado: pues si no se nos presentase con alguna cosa
característica, no podríamos imaginarle como límite, no llenaria su
objeto que es hacernos distinguir aquello que limita. Luego la
abstraccion no es completa; pues en la imaginacion hay todavía una cosa
muy determinada, que son las líneas que constituyen el límite. Borrad
estos límites, y la imaginacion se dilata; y á medida que los límites se
retiran, ella se dilata mas, hasta sumirse en una especie de abismo
tenebroso, sin fin, como nos imaginamos mas allá del universo.
Aclararé esta explicacion con un ejemplo muy sencillo. Nuestra
imaginacion se parece á un encerado en que está pintada una figura.
Cuando en el encerado vemos la línea blanca, que forma la figura, vemos
tambien la figura; pero si borramos la línea, nos quedamos con la figura
uniforme de todo el encerado. Y si suponemos que se retiran
indefinidamente las líneas que terminan el encerado, buscaremos en vano
una figura; no tendremos mas que una superficie negra que se va
extendiendo indefinidamente. Hé aquí con bastante semejanza el modo con
que nace la imaginacion de un espacio sin fin.
[81.] Cuando pedimos la idea de la extension en abstracto, y sin embargo
terminada, pedimos una cosa contradictoria. El límite quita á la
extension la generalidad: la generalidad destruye el límite. No cabe
pues idea abstracta de extension con límite. Luego concibiendo la
extension en toda su abstraccion, concebiremos la extension sin límite;
y esforzándose la imaginacion en seguir al entendimiento, imaginará un
espacio indefinido.
[82.] Resumiendo esta doctrina y deduciendo sus consecuencias, podríamos
decir:
1.º Que el espacio no es mas que la extension misma de los cuerpos.
2.º Que la idea del espacio es la idea de la extension.
3.º Que las diferentes partes concebidas en el espacio, son las ideas de
extensiones particulares, en las que no hemos prescindido de sus
límites.
4.º Que la idea del espacio infinito, es la idea de la extension en
toda su generalidad, y por tanto prescindiendo del límite.
5.º Que la imaginacion de un espacio indefinido nace necesariamente del
esfuerzo de la imaginacion que destruye los límites, siguiendo la marcha
generalizadora del entendimiento.
6.º Que donde no hay cuerpo no hay espacio.
7.º Que lo que se llama distancia no es otra cosa que la interposicion
de un cuerpo.
8.º Que en desapareciendo todo cuerpo intermedio, no hay distancia; hay
pues inmediacion, hay contacto, por necesidad absoluta.
9.º Que si existiesen dos cuerpos solos en el universo, es
metafísicamente imposible que disten entre sí.
10.º Que el vacío grande ó pequeño, coacervado ó diseminado, es
absolutamente imposible.