[40.] Hé aquí pues en qué sentido digo que la idea de extension es para

nosotros inseparable de la del cuerpo. Mas de esto no se infiere que

estas cosas se identifiquen; y hasta profundizando la materia, quizá se

encontraria que lejos de existir esta identidad, la extension y el

cuerpo son dos cosas enteramente distintas. Ya hemos visto que esto era

cierto refiriéndonos á la idea, lo que es un indicio de que lo propio

sucede en la realidad.

[41.] Pocas ideas tenemos mas claras que la de extension geométricamente

considerada; toda tentativa para explicarla es inútil; con la simple

intuicion la conocemos mejor de lo que pudieran decirnos volúmenes

enteros. Esta idea es en sí tan luminosa, que sobre ella se funda un

cuerpo de ciencia, el mas extenso y evidente que posee la humanidad: la

geometría. Luego hay razones para creer que conocemos la verdadera

esencia de la extension, considerada en sí misma; pues que conocemos sus

propiedades _necesarias_, y con tal evidencia, que en ella estriba

nuestro mayor edificio científico. Y sin embargo en esta idea no

descubrimos, ni impenetrabilidad, ni ninguna de las propiedades del

cuerpo; antes por el contrario, vemos una capacidad indiferente para

todas ellas. Concebimos tan fácilmente una extension penetrable como

impenetrable; vacía como llena; blanca como verde; con propiedades para

ponerse en relacion con nuestros órganos como sin ellas. Extension

concebimos en un cuerpo con disposicion para afectar á otros, como en el

puro espacio: en el sol que ilumina y calienta el mundo, como en las

vagas dimensiones de una inmensidad enteramente vacía.

CAPÍTULO VII.

ESPACIO-NADA.

[42.] Por lo explicado en los capítulos anteriores se habrá podido

notar, que en las ideas de extension se mezcla siempre la de espacio; y

que cuando se quiere fijar la naturaleza _real_ de aquella, se nos

ofrecen tambien las cuestiones sobre la naturaleza de este. No es

posible explicar ninguna de las dos cosas, si se deja en la oscuridad

alguna de ellas; por lo mismo voy á ocuparme detenidamente en las

cuestiones sobre el espacio, así bajo el aspecto ideal como el real,

pues solo de esta manera podremos proceder con alguna claridad al

determinar la naturaleza de la extension.

[43.] _El espacio_: hé aquí uno de los profundos misterios que en el

órden natural se ofrecen al flaco entendimiento del hombre. Cuanto mas

se ahonda en él, mas oscuro se le encuentra: el espíritu se halla como

sumergido en las mismas tinieblas que nos figuramos allá en los inmensos

abismos de los espacios imaginarios. Ignora si lo que se le presenta son

ilusiones ó realidades. Por un momento le parece haber alcanzado la

verdad, y luego descubre que ha estrechado en sus brazos una vana

sombra. Forma discursos, que en otras materias tendria por concluyentes,

y que no lo son en esta, porque se hallan en oposicion con otros que

parecen concluyentes tambien. Diríase que se encuentra con el límite que

á sus investigaciones le ha puesto el Criador: y que al empeñarse en

traspasarle, se desvanece, siente que sus fuerzas flaquean, que su vida

se extingue, como la de todo viviente al salir del elemento que le es

propio.

Cuando se ven algunos filósofos pasando ligeramente sobre las cuestiones

relativas al espacio, y lisonjeándose de explicarlas en dos palabras,

bien se puede asegurar que ó no han meditado mucho sobre la dificultad

que ellas encierran, ó que meditando, no la han comprendido. No

procedieron así, Descartes, Malebranche, Newton, y Leibnitz.

El profundizar este abismo insondable no es perder el tiempo en una

discusion inútil; aun cuando no se llegue á encontrar lo que se busca,

se obtiene un resultado muy provechoso, pues se tocan los límites

señalados á nuestro espíritu. Es conveniente que conozcamos lo que se

puede saber y lo que nó; de este conocimiento saca la filosofía

consideraciones muy elevadas y provechosas. Además, que aun con pocas

esperanzas de buen resultado, no es dable dejar sin exámen una idea que

tan de cerca toca á la base de todos nuestros conocimientos relativos á

los objetos corpóreos: la extension. Algun motivo hay para investigar

cuando todos los filósofos han investigado: ¿y qué sabemos si á largos

siglos de esfuerzos les está reservada la luz, como el galardon de la

constancia?

[44.] ¿Qué es pues el espacio? ¿Es algo en la realidad? ¿Es solo una

idea? Si es una idea, ¿le corresponde un objeto en el mundo externo? ¿Es

una pura ilusion? La palabra espacio, ¿está vacía de sentido?

Si no sabemos lo que es el espacio, fijemos al menos el sentido de la

palabra; que con esto, fijaremos tambien en algun modo el estado de la

cuestion. Por espacio entendemos la extension en que imaginamos

colocados los cuerpos: esa capacidad de contenerlos, á la que no

atribuimos ninguna calidad de ellos, excepto la extension misma.

Si suponemos un vaso herméticamente cerrado, cuyo interior quede vacío,

reduciéndose á la nada cuanto en él se contiene, y sin que de ningun

modo se introduzca nada nuevo; aquella cavidad, aquella capacidad que

resulta, y que en nuestro modo de entender, puede ser llenada con un

cuerpo, aquello es una parte del espacio. Imaginemos el mundo como un

inmenso vaso en que están contenidos todos los cuerpos: vaciémosle de

repente; hé aquí una cavidad con espacio igual al universo. Figurémonos,

que mas allá de los límites del mundo, hay capacidad para otros cuerpos,

hé aquí el espacio sin fin ó imaginario.

El espacio se nos presenta á primera vista, si nó como infinito, al

menos como indefinido. Porque en cualquier punto donde concibamos

colocado un cuerpo, concebimos tambien que se puede mover: describiendo

toda clase de líneas; tomando variedad de direcciones, y alejándose

indefinidamente del lugar en que se hallaba. Luego á esa capacidad, á

esas dimensiones, no les imaginamos límite alguno. Luego el espacio se

nos presenta como indefinido.

[45.] Será el espacio un puro nada?

Asientan algunos que el espacio, prescindiendo de toda superficie de los

cuerpos, y considerado como un simple intervalo, es un puro nada;

admitiendo que con él solo, puede verificarse el que dos cuerpos sean

realmente distantes; y añaden además que aun suponiendo todo el universo

reducido á la nada, excepto un solo cuerpo, este podria variar de lugar,

moviéndose. Yo creo que esta opinion encierra contradicciones, que

difícilmente se pueden conciliar. Quien dice _extension-nada_, se

contradice en los términos; y sin embargo á esto se reduce la opinion de

que estamos hablando.

[46.] Si en un aposento se reduce á la nada todo lo que en él se

contiene, parece que las paredes no pueden quedar distantes. La idea de

distancia, incluye la de un medio entre los objetos: la nada no puede

ser un medio, es nada. Si el intervalo es nada, no hay distancia: estas

serán palabras vacías de sentido. Decir que la nada puede tener

propiedades, es destruir todas las ideas, es afirmar la posibilidad del

ser y no ser á un mismo tiempo, y subvertir por consiguiente el

fundamentos de los conocimientos humanos.

[47.] Decir que aniquilándose todo lo contenido queda un espacio

negativo, es jugar con las palabras y dejar en pié la misma dificultad.

Este espacio negativo, es algo ó nada: si es algo, cae la opinion que

combatimos; si nada, la dificultad permanece la misma.

[48.] Si se responde que á pesar de no quedar nada entre las

superficies, ellas sin embargo quedan con la capacidad de contener;

observaré que esta capacidad no está en las superficies mismas, sino en

la distancia respectiva: de lo contrario, dispuestas de cualquier modo

las superficies conservarian siempre la misma capacidad, lo que es

absurdo. No hemos pues adelantado un paso: falta explicar lo que es esa

capacidad, esa distancia; la cuestion está intacta todavía.

[49.] Tal vez pudiera replicarse que aniquilado lo contenido dentro de

las superficies, no se destruye el volúmen que forman; y en la idea de

este volúmen entra la de capacidad. Pero yo replicaré que la idea del

volúmen envuelve la de distancia; que si esta no existe, no hay volúmen;

y que no hay tal distancia, si esta distancia es un puro nada.

[50.] Cavilando para soltar estas dificultades tan apremiadoras, ocurre

una respuesta especiosa á primera vista, pero que bien examinada, es tan

fútil como las demás. La distancia, pudiéramos decir, es una pura

negacion de contacto; la negacion es un puro nada; luego con este nada

tenemos lo que buscamos. Repito que esta solucion es tan fútil como las

demás: porque si la distancia no es mas que la negacion del contacto no

habrá distancias mayores ó menores, todas serán iguales; pues que en

habiendo negacion de contacto, ya habrá todo lo que puede haber. Lo

mismo existe la negacion del contacto entre dos superficies que disten

entre sí una millonésima de línea, como un millon de leguas. Esta

negacion pues, nada explica, deja subsistente la misma dificultad.

[51.] Lejos de que la idea de distancia pueda explicarse por la de

contacto, como su opuesta, por el contrario, la de contacto solo puede

explicarse por la de distancia. Si se pregunta en qué consiste la

contigüidad de dos superficies, lo explicamos por la inmediacion;

decimos que se tocan porque no hay nada entre los dos, porque no hay

distancia. En la idea de contacto, no entran las calidades relativas á

los sentidos, ni tampoco las de la accion que uno de los cuerpos

contiguos puede ejercer sobre el otro, como por ejemplo el impulso ó la

compresion: la contigüidad es una idea negativa, puramente geométrica:

no encierra nada mas que negacion de distancia. La contigüidad no tiene

mas ni menos; para ser todo lo que puede ser, le basta el que no haya

distancia; es una verdadera negacion. Dos cosas pueden ser mas ó menos

distantes: pero no pueden tocarse mas ó menos, con respecto á unas

mismas partes. Lo que sí puede haber es contacto en mas puntos; pero nó

mas contacto entre los mismos puntos.

[52.] Esforcemos mas el argumento en favor de la realidad del espacio,

en el supuesto de que se le atribuyan capacidad y distancias. Supongamos

una esfera de dos piés de diámetro, enteramente vacía. Dentro no queda

mas que espacio: si el espacio es nada, no queda nada.

Pregunto ahora: en lo interior de la esfera vacía ¿es posible el

movimiento? Parece indudable; nada se opone; hay un cuerpo movible; hay

una extension mayor que la del cuerpo; hay distancias que recorrer.

Además que si el movimiento no fuera posible, seria imposible tambien

que la esfera se llenase con ningun cuerpo, despues de estar vacía, ni

que se vaciase en estando llena. Ni el vaciarse ni el llenarse puede

hacerse sin movimiento de los cuerpos en lo interior de la esfera; y

este movimiento no se hace de un cuerpo dentro de otro cuerpo, sino en

el espacio: 1.º Porque los cuerpos son impenetrables: 2.º Porque cuando

se llena la esfera despues de haber estado vacía, el cuerpo que entra no

encuentra otro cuerpo; y el que sale cuando la esfera se vacia, va

recorriendo el espacio que abandona, en el cual nada hay sino él, y nada

queda en saliendo él.

Luego suponiendo una esfera vacía, dentro de ella puede haber

movimiento. Ahora bien: si el espacio contenido es un puro nada, el

movimiento es nada tambien; y por lo mismo no existe. El movimiento ni

puede existir ni concebirse, sino recorriendo cierta distancia: en esto

consiste su esencia; si la distancia es nada, no recorre nada; luego no

hay movimiento. ¿Qué significará que el cuerpo haya recorrido la mitad

del diámetro, ó sea un pié? Si esto no es nada, no significará nada. Yo

no sé qué se puede responder á estas razones fundadas todas en aquel

axioma: la nada no tiene ninguna propiedad.

[53.] Por grandes que sean las dificultades que se opongan á conceder al

espacio una realidad, no alcanzo que puedan ser tan graves como las que

militan contra su nada, en el supuesto de que se le quiera otorgar

extension. Aquellas, como veremos luego, estriban mas bien en ciertos

inconvenientes nacidos de nuestra manera de concebir, que en razones

fundadas en sólidos principios; cuando las que acabamos de proponer se

apoyan en las ideas que sirven de base á todo conocimiento: en aquella

proposicion evidentísima: la nada no tiene ninguna propiedad. Si esta

proposicion no es admitida como axioma inconcuso, se arruinan todos los

conocimientos humanos, incluso el principio de contradiccion: pues

contradiccion evidente será que la nada tenga alguna propiedad, ni

partes; que de la nada se pueda afirmar nada; que en la nada se pueda

mover nada; que en la idea de la nada se pueda fundar una ciencia como

la geometría; que á la nada se refieran todos los cálculos que se hacen

sobre la naturaleza.

CAPÍTULO VIII.

OPINION DE DESCARTES Y DE LEIBNITZ, SOBRE EL ESPACIO.

[54.] Si el espacio es algo, ¿qué es? Hé aquí otra dificultad sumamente

grave: combatir á los adversarios ha sido fácil; sostener la posicion

que se escoja, no lo será tanto. ¿Podria decirse que el espacio no es

otra cosa que la extension misma de los cuerpos; la cual concebida en

abstracto, nos da la idea de eso que llamamos espacio puro; y que la

diversidad de puntos y posiciones, no son mas que modificaciones de la

extension?

Por lo pronto se echa de ver que si el espacio es la extension misma de

los cuerpos, donde no habrá cuerpo no habrá espacio. Luego el vacío es

imposible. Esta consecuencia es inevitable.

Así han pensado dos filósofos tan insignes como Descartes y Leibnitz;

pero no sé por qué ambos han querido señalar al universo una extension

indefinida. Es verdad que de esta suerte eludian la dificultad de los

espacios que imaginamos mas allá de los límites del universo; pues que

si el universo no es limitado, no puede haber nada fuera de límites: y

por tanto todo lo que podemos imaginar está dentro del universo. Pero

no se trata de eludir las dificultades sino de soltarlas; de que una

opinion conduzca á eludir una dificultad, nada resulta en pro de su

solidez.

[55.] Segun Descartes la esencia del cuerpo consiste en la extension; y

como en el espacio concebimos por necesidad extension, se sigue que

cuerpo, extension y espacio, son tres cosas esencialmente idénticas. El

vacío tal como suele concebirse, es decir una extension ó espacio sin

cuerpo, es cosa contradictoria; pues que equivale á suponer cuerpo, por

lo mismo que se supone extension; y no cuerpo, por lo mismo que se le

supone quitado.

Descartes acepta basta las últimas consecuencias de esta doctrina. Así,

proponiéndose la dificultad fundada en que imaginamos que Dios podria

quitar toda la materia contenida dentro de un vaso, permaneciendo la

misma figura del vaso, contesta resueltamente que esto es imposible.

«Para que podamos, dice, corregir una opinion tan falsa, observaremos,

que no hay enlace necesario entre el vaso y tal cuerpo que le llena;

pero sí le hay tan absolutamente necesario entre la figura cóncava del

vaso, y la extension que debe estar comprendida en esta concavidad; que

no hay mas repugnancia en concebir una montaña sin valle, que una tal

concavidad sin la extension que ella contiene, y esta extension sin

alguna cosa extensa; á causa de que la nada, como se ha observado ya

muchas veces, no puede tener extension. Por cuya razon, si se nos

pregunta qué sucederia en caso que Dios quitase todo el cuerpo que hay

en un vaso, sin permitir que entrase otro, responderemos que los lados

de este vaso se encontrarian tan cercanos, que se tocarian

inmediatamente. Porque es necesario que dos cuerpos se toquen cuando no

hay nada entre ellos; pues habria contradiccion en que estos dos cuerpos

estuviesen apartados, es decir, que hubiese distancia del uno al otro, y

que esta distancia no fuese nada. La distancia es una propiedad de la

extension que no puede existir sin la extension» (Princ. de la Filos. p.

2. § 18).

[56.] Si Descartes se ciñese á argumentar que el espacio, pues que

contiene verdaderas distancias, no puede ser un puro nada, su raciocinio

pareceria concluyente; pero cuando añade que el espacio es el cuerpo,

por la razon de que el espacio es extension, y la extension constituye

la esencia del cuerpo, asienta una cosa que no prueba. De que no

concibamos ó imaginemos cuerpo sin extension, solo se sigue que la

extension es una propiedad del cuerpo, sin la cual nosotros no le

concebimos, mas nó que sea su esencia. Para estar seguros de esto, seria

necesario que así como tenemos la idea de la extension, la tuviésemos

tambien del cuerpo, para ver si entre ellas hay identidad. Mas de los

cuerpos nada sabemos sino lo que experimentamos por los sentidos; sin

que nos haya sido dado el penetrar su íntima naturaleza.

¿De dónde nace la inseparabilidad de las ideas extension y cuerpo? Nace

de que la idea que tenemos del cuerpo es una idea confusa, pues la

concebimos como una substancia que está en ciertas relaciones con

nosotros, y nos causa las impresiones que llamamos sensaciones. Y como

segun hemos demostrado mas arriba, la base de las sensaciones es la

extension, este es el único conducto por el cual nosotros nos ponemos en

relacion con el cuerpo. Cuando esta base nos falta, porque prescindimos

de ella, no nos queda del cuerpo mas que una idea general de ser, ó de

substancia, sin nada que le caracterice y le distinga de lo demás. Todo

esto lo hallamos en el órden de nuestras ideas; pero no podemos inferir,

que en los cuerpos mismos no haya en realidad nada mas que extension.

[57.] Con el mismo raciocinio se destruye la opinion de la extension

indefinida ó infinita. Desenvolviendo Descartes su doctrina sobre la

idea de la extension, dice: «Sabremos tambien que este mundo, ó la

materia extensa que compone el universo, no tiene límites: porque donde

quiera que nos propongamos fingirlos, podemos imaginar mas allá,

espacios indefinidamente extensos, que no solo imaginamos, sino que

concebimos ser tales en efecto como los imaginamos; de suerte que

contienen un cuerpo indefinidamente extenso; porque la idea de la

extension que concebimos en todo espacio, es la verdadera idea que

debemos tener del cuerpo» (Ib. p. 2. § 21).

En este pasaje, á mas del error relativo á la esencia de los cuerpos,

hay el tránsito gratúito de un órden puramente ideal, ó mas bien

imaginario, á un órden real. Es cierto que donde quiera que yo imagine

los límites del universo, como cerrándole con una inmensa bóveda,

imagino todavía fuera de la bóveda nuevas inmensidades de espacio en que

mi fantasía se sumerge; pero de esto inferir que la realidad es como yo

la imagino, no parece muy ajustado á las reglas de una sana lógica. Si

esto es tan claro como supone Descartes, sí es no solo imaginacion, sino

concepcion fundada en ideas claras y distintas, ¿cómo es que son muchos

los filósofos que no ven en todo esto mas que un juego de la

imaginacion?

[58.] Leibnitz opina que el espacio es «una relacion, un órden, no solo

entre las cosas existentes, sino tambien entre las posibles, como si

ellas existiesen» (Nuevos Ensayos sobre el entendimiento humano, Lib. 2,

cap. 13, § 17). Cree tambien que el vacío es imposible, mas no se funda

en la razon de Descartes. Hé aquí sus palabras.

«_Philalethes_. Los que toman la materia y la extension por una misma

cosa, pretenden que las paredes interiores de un cuerpo cóncavo y vacío

se tocarian; pero el espacio que hay entre dos cuerpos basta para

impedir su contacto mutuo.

«_Theophilo_. Yo opino de la misma manera: porque aunque no admita

vacío, distingo la materia de la extension, y confieso que si hubiese

vacío en una esfera, nó por esto se tocarian los polos opuestos. Pero yo

creo que este caso no lo admite la perfeccion divina» (Ib. §. 21).

[59.] Me parece que Leibnitz comete en este pasaje una peticion de

principio. Dice que en el caso supuesto las paredes no se tocarian,

porque el espacio que hay entre ellas basta á impedirlo; pero esto es

cabalmente lo que se ha de probar: la existencia real de este espacio.

Esto es lo que niega Descartes.

[60.] Comparando las opiniones de Descartes y Leibnitz, se puede notar

que ambos convienen en negar al espacio una realidad distinta de los

cuerpos; pero fundando su dictámen en razones muy diferentes. Descartes

pone la esencia del cuerpo en la extension; donde hay extension hay

cuerpo: donde hay espacio hay extension: por consiguiente no hay ni

puede haber vacío. Leibnitz no cree intrínsecamente absurda una

capacidad vacía; y si no la admite, es porque, en su concepto, repugna á

la perfeccion divina. Los dos ilustres filósofos llegaban á un mismo

punto partiendo de principios muy diversos: Descartes estriba en razones

metafísicas, fundadas en la esencia de las cosas; Leibnitz no se apoya

en la esencia absoluta, sino en sus relaciones con la perfeccion divina.

La capacidad vacía, no era contradictoria en sentir de Leibnitz, sino en

cuanto se oponia al optimismo.

[61.] Como quiera, es bien notable que tres filósofos tan insignes como

Aristóteles, Descartes y Leibnitz, hayan estado de acuerdo en negar la

existencia de esa capacidad que se llama espacio, considerada como un

ser distinto de los cuerpos, y con posibilidad de existir sin ellos. La

diversidad de sus opiniones solo prueba que en el fondo de la cuestion

hay una dificultad algo mas grave de lo que parecen creer algunos

ideólogos, que con tanta facilidad explican la idea del espacio y su

generacion, como si se tratase de cosas muy sencillas.

CAPÍTULO IX.

OPINION DE LOS QUE ATRIBUYEN AL ESPACIO UNA NATURALEZA DISTINTA DE LOS

CUERPOS.

[62.] Por las consideraciones que preceden, parece poco menos que

demostrada la contradiccion que encierra un espacio-nada. Si es una

capacidad, con dimensiones que se pueden medir realmente, tiene

verdaderas propiedades, y por tanto no es un puro nada. Nosotros tenemos

idea del espacio; en ella se funda toda una ciencia tan cierta, tan

evidente como la geometría; esta idea nos es necesaria tambien para

concebir el movimiento. A esta idea no puede corresponder un mero nada.

¿El espacio será algo distinto de la extension misma de los cuerpos? A

la opinion que esto sostiene suele objetársele que el espacio ha de ser

ó cuerpo ó espíritu; que si no es cuerpo será espíritu, lo que es

contradictorio: porque lo esencialmente compuesto de partes, como el

espacio, no puede ser simple como el espíritu.

Razones fuertes militan contra la opinion que atribuye al espacio una

naturaleza distinta de la del cuerpo, pero no creo que lo sea mucho la

que acabo de proponer, pues en negando la disyuntiva, todo el argumento

queda arruinado. ¿Cómo se prueba que no haya medio entre cuerpo y

espíritu? De ninguna manera. Además, no conocemos la esencia del cuerpo,

tampoco la del espíritu; ¿y nos arrogaremos el derecho de afirmar que no

existe nada en el universo que no sea uno de estos extremos cuya

naturaleza nos es desconocida?

[63.] Se replicará que no hay medio entre lo simple y compuesto, como no

le hay entre el sí y el nó; y que por tanto, no hay medio entre el

cuerpo que es compuesto, y el espíritu que es simple. Convengo en que no

hay medio entre lo simple y lo compuesto; y que cuanto existe es uno ú

otro; pero nó en que todo lo compuesto sea cuerpo, ni todo lo simple

espíritu.

Esta proposicion: «Todo cuerpo es compuesto» no es idéntica á esta otra:

«Todo compuesto es cuerpo.» Luego puede haber compuestos que no sean

cuerpos. La composicion, el tener partes, es una propiedad del cuerpo;

mas esto no constituye su esencia, ó al menos nosotros lo ignoramos. De

lo contrario seria preciso abrazar la opinion de Descartes, de que la

esencia del cuerpo la constituye la extension. ¿Qué sabemos sobre si

puede haber cosas que tengan partes y no sean cuerpo?

[64.] Adviértase que el estado mismo de la cuestion nos hacia suponer el

espacio como substancia, es decir subsistente por sí mismo,

independientemente de la inherencia á otro ser: por lo mismo, habiendo

soltado la dificultad en este supuesto, lo queda en el caso mas difícil,

y por consiguiente en todos. Además, que suponiendo el espacio distinto

del cuerpo, y sin embargo verdadera realidad, seria indispensable

suponerle substancia, pues no estaria inherente á nada.

[65.] Para explicar lo que he dicho de que por ser una cosa simple no es

necesario que sea espíritu, observaré que: «Todo espíritu es simple» no

es lo mismo que «todo simple es espíritu.» La simplicidad es necesaria

al espíritu, mas no constituye su esencia. La idea de simple, expresa la

negacion de partes; y la esencia del espíritu no puede consistir en una

negacion.

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