[93.] Lo dicho del oido y de la vista, es aplicable á los demás

sentidos: en todos hay un órgano corpóreo, afectado por un cuerpo: vemos

superficies, ó presentadas las unas delante de las otras, ó

sobrepuestas; vemos movimientos de esta ó aquella clase; pero, ¿cómo

salvar la inmensa distancia que va de estos fenómenos físicos al

fenómeno de la sensacion? Por mi parte no encuentro medio: este es un

punto en que se detiene la inteligencia humana; todas las apariencias

indican que no hay mas relacion entre estos dos órdenes de fenómenos que

la establecida _libremente_ por la voluntad del Criador; si existe

alguna conexion necesaria, esta necesidad es para el hombre un secreto.

Considérense los tejidos que reciben la impresion de los objetos, la

masa de que se forma el sistema nervioso conducto de la sensacion; y

véase qué relacion hay entre los fenómenos físicos de esta materia, y el

admirable conjunto de los fenómenos sensibles; no se encuentra ninguna.

[94.] Sube de punto la dificultad si se considera que los órganos, aun

conservándose sin lesion alguna, cesan de producir sensaciones desde el

momento que están incomunicados con la masa cerebral, ó que esta sufre

algun trastorno: por manera que la vision se verifica en la cavidad del

cráneo, en medio de la mas completa oscuridad; y toda esa admirable

magia de las sensaciones con que se presenta á nuestro espíritu el

magnífico espectáculo del universo, con que llegan hasta el fondo de

nuestra alma los prodigios de la música, con que nos saboreamos en

exquisitos manjares, en delicados aromas; todo esto se verifica por

medio de la masa cerebral, es decir, de una materia blanquecina, al

parecer informe y grosera, y de la cual nadie pudiera sospechar que

estuviese dedicada á funciones tan nobles.

[95.] ¿Qué razon hay para que afectado el nervio A en comunicacion con

dicha masa, hayamos de experimentar la sensacion que llamamos _ver_, y

afectado el nervio B, la que llamamos _oir_, y así de los demás

sentidos? Razon la habrá, pero no la conocemos; y probablemente no es

otra que la libre voluntad del Criador. Con esto la filosofía confiesa

su debilidad, es cierto; pero ¿no manifiesta tambien su alcance, viendo

que de un fenómeno á otro hay distancia inmensa, y que no puede haber

entre ellos mas punto de comunicacion que el establecido por la misma

mano del Todopoderoso? Cuando hay causas segundas, el mérito de la

filosofía está en señalarlas; pero cuando no existen, este mérito se

cifra en elevarse á la primera. Un _no sé_ es á veces mas sublime para

la razon humana, que los esfuerzos impotentes de un orgullo destemplado;

el entendimiento tambien puede ser alto comprendiendo su ignorancia;

porque es alto el entendimiento que comprende altas verdades; y á veces

la ignorancia es tambien una verdad muy alta.

[96.] Es posible pues un nuevo sentido; ó al menos no descubrimos en su

existencia ninguna imposibilidad. Si el sordo que no tiene idea de los

sonidos, el ciego que no sabe lo que son colores, procederian muy mal

negando la posibilidad de las sensaciones de que ellos carecen; no

discurriríamos con mas acierto nosotros afirmando que no es posible un

órden de sensaciones diferente del que tenemos.

Si se examina á la luz de la razon el sistema de las sensaciones

actuales, no se descubre ninguna dependencia esencial entre ellas y su

órgano respectivo, ni entre este y el objeto y circunstancias con que es

afectado. ¿Por qué la impresion de la luz sobre los ojos me ha de causar

una sensacion determinada, que no pueda resultar de la misma impresion

en otra parte? ¿Por qué el cerebro no podria recibir de varias maneras

una impresion semejante? Y además; ¿por qué ha de ser cabalmente ese

flúido que apellidamos _luz_, el que nos cause esta impresion? ¿Qué

repugnancia se descubre en que la misma sensacion de _ver_ dimane de

otras afecciones cerebrales? Un golpe en la cabeza nos produce la

sensacion de muchos puntos luminosos; y de aquí el dicho vulgar «me ha

hecho ver las estrellas en medio del dia.» Preciso es confesar, que la

filosofía nada sabe sobre estos arcanos; y que hasta ahora no ha sido

capaz de penetrar en ellos: nada puede responder á las cuestiones

propuestas; ve un órden de hechos, mas nó un enlace necesario entre los

mismos; antes bien, juzgando por las ideas que tiene sobre los espíritus

y los cuerpos, todo la lleva á creer que para esos fenómenos de nuestra

vida, no hay mas razon que la voluntad del Criador.

[97.] Si es posible un órden de sensaciones enteramente nuevo, no

envuelve ninguna contradiccion un animal dotado de un sexto ó séptimo

sentido: la imaginacion no alcanza lo que serian las nuevas sensaciones,

pero la razon no ve en ellas ninguna imposibilidad.

CAPÍTULO XVII.

EXISTENCIA DE NUEVOS SENTIDOS.

[98.] ¿Es cierto que nosotros mismos no tengamos mas que cinco maneras

de sentir? Yo abrigo sobre esto algunas dudas. Para presentarlas con

toda claridad, y resolver las cuestiones á que dan pié, conviene fijar

bien la significacion de las palabras.

¿Qué es sentir? En la acepcion mas ordinaria, expresa percibir la

impresion que se nos trasmite por alguno de los órganos de los cinco

sentidos. Tomada la palabra en dicha acepcion, claro es que debe

limitarse á estos solos; pero considerado en cuanto expresa cierta clase

de fenómenos animales, significa experimentar alguna afeccion, motivada

por una impresion del organismo. Y esto es tanta verdad que en el mismo

uso comun se emplea la palabra sentir, en una acepcion mas lata, no

limitándola á las impresiones de los cinco sentidos. Y si bien es cierto

que cuando se expresa esta idea substantivamente, se hace gran

diferencia entre el _sentimiento_, y la _sensacion;_ no obstante, aun en

este caso, la fuerza misma de las cosas lleva repetidas veces á emplear

la palabra _sensacion_, en acepciones que nada tienen que ver con las de

los cinco sentidos. Así se dice: «la noticia causó una sensacion

profunda.» «No pudo resistir al impulso de sensaciones tan vivas etc.

etc.;» en cuyos casos es evidente que no se trata de ver, oir, oler,

gustar y tocar, sino de un órden de afecciones del alma totalmente

diverso.

[99.] He dicho que la fuerza de las cosas induce á emplear la palabra

en sentido mas lato; y esta fuerza consiste en que bien examinada la

materia, se echa de ver que la acepcion lata es mas exacta que la

circunscrita. Porque á los ojos de la filosofía, el fenómeno de sentir

consiste en resultar en el alma una afeccion determinada por una

impresion orgánica; y claro es que existiendo esta afeccion sea del

órden que fuere, y sea cual fuere tambien el órgano afectado, el

fenómeno animal es en substancia el mismo. La diferencia está en la

clase de afeccion, y del órgano que es su conducto; pero la esencia del

fenómeno no se muda. Y si llamamos sensaciones á especies de afecciones

tan diversas como las de la vista y del tacto, ¿por qué no podremos

aplicar este nombre á otras impresiones causadas por un órgano

cualquiera?

[100.] Pero sea lo que fuere del uso de las palabras sentir y sensacion,

lo cierto es que á mas de las afecciones de los cinco sentidos,

experimentamos muchas otras causadas por impresiones orgánicas. ¿Qué son

las pasiones sino afecciones del alma nacidas de cierta disposicion de

los órganos? El amor, la ira, la compasion, la alegría, la tristeza, y

tantas otras que nos agitan y perturban, ¿no son excitadas muchas veces

por la simple presencia de un objeto?

[101.] Se dirá que hay una diferencia esencial entre las impresiones de

los sentidos y las de las pasiones, y es que aquellas prescinden de toda

idea anterior, de toda reflexion, y estas las suponen siempre mas ó

menos desenvueltas. Así, presentado un objeto á nuestros ojos abiertos

no podemos menos de verle, y siempre de la misma manera; y sin embargo

este mismo objeto unas veces excitará en nosotros una pasion, otras

otra, á veces ninguna, y casi siempre con mucha variacion en sus grados

de intensidad. No es además la simple presencia del objeto lo que nos

afecta; son necesarias distintas condiciones; como por ejemplo, el

recuerdo de un beneficio ó de una injuria, la idea de sus padecimientos

etc.; con lo cual se echa de ver que hay una diferencia esencial entre

estas dos clases de impresiones.

Si bien se reflexiona sobre la dificultad que acabo de proponer, se

encontrará que por mas especiosa que sea, y por mucha verdad que

encierre, no destruye nada de lo establecido mas arriba. En efecto: yo

no he dicho que las nuevas impresiones no estuviesen sujetas á

condiciones muy diferentes de las que median para los cinco sentidos;

antes al contrario, he supuesto siempre, que la diferencia podia estar

no solo en la clase de impresion y en la diversidad del órgano, sino

tambien en la manera con que este era afectado, y circunstancias con que

por su conducto se producia la sensacion en el alma; solo he sostenido

que el fenómeno animal era en substancia el mismo, que vemos en él las

tres cosas que constituyen su naturaleza, objeto corpóreo; órgano

afectado por este; impresion producida en el alma. Que esta impresion

para existir, necesite del adminículo de esta ó aquella idea, de este ó

aquel recuerdo, no quita que el fenómeno exista, y que sea el mismo: hay

una condicion nueva y nada mas.

[102.] Pero aun se puede hacer aquí otra observacion: no hay necesidad

de admitir que sea menester alguna idea ó reflexion para que nazcan en

el alma ciertas impresiones á la vista de un objeto: la experiencia de

cada dia nos enseña lo contrario. ¿Cómo es que la presencia de un

objeto, cautive en un instante un corazon tierno, y quizás inocente? ¿De

dónde nace aquella fascinacion repentina, no precedida de ninguna idea,

que no trae consigo reflexiones, y que apenas las consiente? No hay el

pensamiento de goces groseros, pues quizá ni aun sabe su existencia el

que experimenta la emocion, y por la vez primera siente en su pecho una

turbacion antes desconocida; luego es preciso recurrir á una afeccion

orgánica, semejante á lo que se experimenta en los demás sentidos.

Enhorabuena que sean necesarias ciertas condiciones de edad y de

temperamento, que haya sido necesario entre mil objetos uno con

circunstancias particulares, de las que no acierta á darse cuenta á sí

propio el corazon conmovido: pero la verdad es, que hay un objeto

externo, una afeccion del organismo, y una impresion en el alma, todo

coexistiendo enlazado por un vínculo misterioso, pero innegable.

En los fenómenos relativos á la reproduccion es fácil notar una serie

de impresiones vivísimas, nacidas de la simple presencia de los objetos:

y si bien es verdad que suelen presuponer la accion de algunos de los

cinco sentidos, no obstante las variadas afecciones que con este motivo

se producen en el alma, pertenecen á un órden totalmente distinto. Y

para saber que estas afecciones dependen de la organizacion, no son

necesarios conocimientos fisiológicos; basta recordar que la edad, el

estado de la salud, el temperamento, los alimentos, el clima, las

estaciones, y otras causas semejantes, tienen en esta clase de fenómenos

muchísima influencia.

[103.] Entre los sentimientos y las sensaciones hay una diferencia que,

si bien no altera la esencia del hecho, fisiológica y psicológicamente

considerado, no obstante parece modificarle algun tanto en sus

relaciones intelectuales y morales. Las pasiones se excitan comunmente

por un objeto animado y sensible; y por lo mismo parece que mas bien hay

una comunicacion de espíritu con espíritu, de alma con alma, que nó de

cuerpo con cuerpo. Una mirada lánguida y dolorosa no solo de una persona

humana, sino tambien de un animal, excita instantáneamente en nuestro

pecho el sentimiento de la compasion; pero la mirada no causa este

efecto sino en cuanto nos expresa el sufrimiento de aquel viviente. Esta

observacion es exacta; mas no prueba otra cosa sino que hay en la

naturaleza misteriosos conductos por los cuales se nos trasmite el

conocimiento de cosas ocultas; pero esta trasmision se hace por medio

de un cuerpo, que afecta de un modo particular nuestra organizacion.

Habrá si se quiere una magia hasta cierto punto mas admirable, mas

penetrante, mas espiritual, que la de los simples sentidos; pero la

diferencia estará en el mas y en el menos, nó en la naturaleza del

fenómeno.

Es cierto que los vivientes, y en particular los de una misma especie,

están de continuo en una comunicacion que excita recíprocamente sus

afecciones; y que muchas de estas suponen una correspondencia

misteriosa, trasmitida por agentes enteramente desconocidos. La

naturaleza física está inundada de flúidos cuyas calidades va

descubriendo todos los dias la observacion científica; los fenómenos de

la electricidad y del galvanismo nos han revelado secretos que no

sospechábamos siquiera; ¿quién sabe por qué medios funciona, ese vasto y

complicado sistema de la vida animal, desparramado por el universo?...

Es probable que hay profundos secretos que descubrir en la

correspondencia de las organizaciones, y en el modo con que influyen

unas sobre otras; pero secretos que quizás estén velados para siempre á

los ojos del débil mortal.

[104.] No es verdad tampoco que la excitacion de las pasiones sea

únicamente debida á la correspondencia con otro ser sensible; mil veces

dimana de causas inanimadas que afectan nuestra organizacion. ¿Por qué

nos hallamos ahora alegres, despues tristes, al presente pacíficos,

luego irritables, sin que hayamos estado en comunicacion con ningun ser

viviente? Claro es, que esto depende de haber sido afectada nuestra

organizacion, sin relacion á lo que experimenta otro ser sensible.

[105.] Luego, á mas de las impresiones causadas por los cinco sentidos,

hay otras que dimanan de seres puramente corpóreos, inanimados. Luego, á

mas del órden de fenómenos de las sensaciones comunes, hay otros que no

se diferencian de ellos, sino en la clase de impresion, y en el órgano

por el cual se nos trasmiten. Luego, no hay mas diferencia de estas

impresiones á las primeras, que lo que va de las recibidas por uno de

los cinco sentidos, á las recibidas por otro. Luego, no es exacto que no

haya sino cinco modos de sentir.

CAPÍTULO XVIII,

SOLUCION DEFINITIVA DE LA DIFICULTAD DE LA-MENNAIS.

[106.] ¿Qué inferiremos de esto? una consecuencia muy importante: la

solucion de la dificultad presentada por La-Mennais. La existencia de

otros sentidos nos traeria otras sensaciones; es cierto; mas no

perturbaria el acuerdo de las actuales. ¿Por qué? Porque hemos

demostrado que los cuerpos afectan nuestra organizacion de una manera

diferente, y producen impresiones diversas de las de los cinco sentidos;

y sin embargo con esto no se turba el acuerdo de las sensaciones, ni se

alteran nuestras ideas: luego la suposicion de La-Mennais no traeria

consigo el desórden que él sospecha.

[107.] Las sensaciones en sí mismas, no son mas que afecciones del alma;

y en lo exterior, no tienen otra cosa que les corresponda sino la

existencia y extension de los cuerpos: luego un nuevo órden de

sensaciones solo seria un nuevo órden de afecciones, que no alteraria en

nada nuestras ideas.

Por lo dicho hasta aquí, se echa de ver que la suposicion de La-Mennais

está ya realizada; porque existen sensaciones diferentes de las de los

cinco sentidos; luego no se puede atacar con semejante suposicion el

órden y la naturaleza de nuestras ideas, y la certeza de nuestras

conocimientos.

De un instrumento músico ricamente trabajado de una madera aromática,

salen gratas impresiones para el oido, la vista, el tacto y el olfato;

lo uno no destruye ni altera lo otro; si suponemos pues que el mismo

objeto está en nuevas relaciones con nuestra organizacion, produciendo

en el alma impresiones nuevas, ¿por qué será imposible que existan estas

junto con aquellas? Lo melodioso del sonido, ¿cesa por ventura al

excitarse en nuestra alma mil afectos diferentes, que en su naturaleza

nada tienen que ver con él? nó ciertamente. ¿A qué pues temer el

trastorno de nuestros conocimientos por la introduccion de un nuevo

órden de sensaciones? ¿A qué dar tanta importancia á una suposicion,

cuyos efectos podemos calcular muy bien, pues que examinados á fondo los

actuales fenómenos sensitivos, la vemos ya realizada?

[108.] Es verdad que no conocemos otro medio de ponernos en contacto con

los cuerpos exteriores, sino por uno de los cinco sentidos; pero tambien

lo es que existiendo ese contacto, hay correspondencias tan misteriosas

entre el alma y los objetos externos, que son totalmente inexplicables,

atendiendo tan solo á las simples sensaciones por cuyo medio se ha

establecido la comunicacion.

Notemos lo que sucede con los mágicos efectos de la música.

Reflexionando sobre ellos se descubre que son de dos órdenes: el

puramente auditivo, y el intelectual y moral: el uno se detiene por

decirlo así en el tímpano, el otro llega al cerebro y al corazon; y tal

hombre será de organizacion muy á propósito para lo uno que no lo será

para lo otro. Dos sugetos oyen una sonata, ambos perciben igualmente la

música _material_; mas no experimentan los mismos efectos intelectuales

y morales. Ambos advertirán el mas mínimo desliz de la voz, de un

instrumento, del compás; ambos admirarán el arte y el acierto del

compositor; ambos gozarán con el mágico embeleso; pero mientras el

cerebro y el corazon del uno habrán salido apenas de su estado ordinario

y no percibirán mas que un placer _material_; se habrán exaltado sobre

manera el corazon y el cerebro del otro: su fantasía se sentirá con

multiplicadas fuerzas, bullirán en su cabeza los pensamientos y las

imágenes, cual si al son del mágico instrumento descendieran sobre su

frente inspiraciones divinas. Su corazon estará vivamente agitado: la

dulcísima ternura, la profunda y suave melancolía, el odio, el amor, la

ira, la generosidad, la audacia, el ímpetu, nacerán repentinamente en su

pecho; sentiriáse bajo una influencia mágica que le conmueve á pesar

suyo: las vibraciones de una cuerda habrán levantado en su corazon

misteriosas tempestades que los esfuerzos de la razon bastan apenas á

dominar.

[109.] Esto ¿qué nos dice? Nos dice que á mas de las relaciones comunes

entre los objetos y los órganos de los sentidos, hay otras mas íntimas y

delicadas entre aquellos y el sistema de nuestra organizacion; y que nos

constan por la experiencia con igual certeza que las comunes. Hay en

ellas mas variedad entre los distintos individuos; son mas desconocidas

las condiciones necesarias para que resulten efectos determinados; pero

no cabe duda sobre su existencia; y esto es suficiente para que á los

ojos de la sana filosofía no causen mella esas suposiciones con que se

pretende minar el edificio de nuestros conocimientos.

[110.] Resulta pues demostrado lo que se ha de contestar á la siguiente

dificultad: «si se nos diese un nuevo sentido ¿qué sucederia?» Nada que

destruyese la certeza de nuestros conocimientos, ni alterase el órden y

naturaleza de las ideas; no ocurriria otra novedad, sino que sobre los

muchos modos con que nuestra organizacion es afectada por los objetos,

habria uno mas. Nos sucederia lo que á un hombre que estuviese privado

del olfato, y se lo diesen de repente: tendria una sensacion mas; nos

sucederia lo que á un hombre en cuyo pecho brota de repente un

sentimiento que antes no habia experimentado: tiene una afeccion mas.

Las nuevas impresiones se colocan en su puesto, y no destruyen ni

alteran las otras.

LIBRO TERCERO.

LA EXTENSION Y EL ESPACIO.

CAPÍTULO I.

LA EXTENSION INSEPARABLE DE LA IDEA DE CUERPO.

[1.] Supuesto que entre los objetos de las sensaciones la extension es

lo único que para nosotros existe en lo exterior, como algo mas que un

principio de causalidad, examinemos á fondo qué es la extension.

Por de pronto, parece que la idea de extension es inseparable de la de

cuerpo. Yo por lo menos no alcanzo á concebir lo que es un cuerpo

inextenso. En faltando la extension, desaparecen las partes, desaparece

todo cuanto tiene relacion con nuestros sentidos: ó no queda objeto, ó

es una cosa muy diferente de cuanto encerramos en la idea de cuerpo.

Concibamos una manzana: hagámosla de repente inextensa; ¿á qué se

reduce?

Prescindiré por ahora de si tiene razon Descartes cuando hace consistir

en la extension la esencia del cuerpo; pero sé muy bien que sin la

extension no concibo el cuerpo. No afirmo la identidad de dos cosas,

sino la inseparabilidad de dos ideas en nuestro entendimiento. No se

trata de una opinion, sino de un hecho, que el sentido íntimo nos

atestigua.

Es verdad que haciendo abstraccion de la extension, se puede concebir

una substancia, ó mas generalmente, un ser, pero entonces ya no hay

idea de cuerpo, si no la queremos confundir con la de substancia ó la

de ser, en general.

[2.] Todas las nociones que tenemos de los cuerpos nos vienen por los

sentidos; faltando la extension, faltan todas las demás sensaciones;

pues sin ella no hay ni tacto, ni color, ni sonido, ni olor; resulta

pues, ó un objeto reducido á una cosa de que no tenemos ninguna idea, ó

solo nos quedará una nocion abstracta, por la cual no podremos

distinguirle de los otros: una pura abstraccion, nada mas.

[3.] Si se quisieran deshacer las dificultades que se oponen á la

separacion de las dos ideas, extension y cuerpo, seria preciso

determinar la esencia del cuerpo; y cuando conociéramos su esencia

distinta de la extension, entonces habríamos soltado la dificultad; de

otra manera, nó.

[4.] Para comprender mas á fondo la razon de esta inseparabilidad, es

necesario tener presente el hecho consignado ya mas arriba, á saber, que

la extension es la base de todas las demás sensaciones; siendo con

respecto á ellas una especie de recipiente, de _substratum_, que no se

confunde con ninguna, que no depende de ninguna en particular, y que es

para todas una condicion indispensable.

Tengo á la vista una manzana, y voy á examinar la relacion que entre si

tienen las sensaciones que me produce.

Es evidente que puedo prescindir del olor sin destruir ninguna de las

otras sensaciones que de ella emanan. Siendo inodora, todavía me queda

extensa, colorada, sabrosa, y aun sonora en cuanto es capaz de producir

algun ruido. De la propia suerte puedo prescindir del sabor, y aun del

color, y de cuanto tiene relacion con la vista; pues aun en este caso me

resulta un objeto tangible, y por lo mismo, extenso, figurado, y con las

demás propiedades que afectan el tacto.

Si en vez de prescindir de lo que se refiere á la vista quiero

prescindir de lo que pertenece directamente al tacto mismo, puedo

tambien hacerlo sin destruir las demás sensaciones: pues todavía se

ofrecerá á mis ojos la manzana con su extension, figura y colores, y

podrá conservar las calidades relativas á los demás sentidos.

Aun puedo llevar mas allá la abstraccion. Si despojo á la manzana de

todas las calidades que la ofrecen á mis sentidos, privándola de sabor,

de olor, de color, de luz, y además de calor ó frio, de blandura ó

dureza, y de cuanto puede hacerla sensible al tacto, todavía me queda la

extension; nó sensible, pero sí concebible. La extension existe,

prescindiendo de su visibilidad, pues que existe para el ciego;

prescindiendo de lo tangible, pues existe para la simple vista;

prescindiendo del olor, sabor y sonido, pues existe para los privados de

dichos sentidos, con tal que tengan ó vista ó tacto.

[5.] Aquí ocurre una dificultad: parece muy posible que haya

equivocacion en lo que se ha dicho de la existencia de la extension

abstrayendo de las demás sensaciones; porque si bien al hacer esta

abstraccion nos concebimos privados de las sensaciones, no perdemos sin

embargo la _imaginacion_ de las mismas: así, cuando quito á la manzana

todo color, toda luz, se me ofrece la manzana extensa, es cierto; pero

es porque todavía imagino el color, ó si me esfuerzo en privarla de él,

me resta como un objeto negro, en un fondo mas ó menos oscuro, distinto

de la manzana. Esto parece probar que hay ilusion en dichas

abstracciones, y que no hay ninguna abstraccion completa; pues á la

realidad de ellas, sucede la imaginacion de las mismas, ó de otras que

las suplen para que la extension sea percibida.

Esta objecion es especiosa, y seria muy difícil desvanecerla

satisfactoriamente, si la existencia de hombres privados de la vista no

la disipase de un soplo. En efecto: ninguna de dichas imaginaciones

tienen cabida tratándose de un ciego: para él no hay ni color, ni

sombras, ni luz, ni oscuridad, ni nada de cuanto se refiere á la vista;

y sin embargo él concibe la extension: luego la dificultad claudica por

su basa, viene al suelo.

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