En mi concepto, la única sensacion que nosotros trasladamos al exterior,

y que no podemos menos de trasladar, es la de extension; todas las otras

se refieren á los objetos, solo como efectos á causas, nó como copias á

originales. El olor, el sabor, el sonido, no nos representan nada que

sea parecido á los objetos que los causan; pero la extension sí: la

extension la atribuimos á los objetos, y no podemos concebirlos sin

ella. El sonido fuera de mí, no es sonido; no es mas que una simple

vibracion del aire, producida por la vibracion de un cuerpo; el sabor

fuera de mí, no es sabor; no es mas que un cuerpo aplicado á un órgano,

y que le causa una modificacion, mecánica ó química; y lo propio se

verifica con el olor. Aun en la luz y los colores, fuera de mí, no hay

mas que un flúido que cae sobre una superficie, y que directa ó

reflexamente, llega ó puede llegar á los ojos; pero la extension fuera

de mí, independientemente de toda relacion con los sentidos, es

verdadera extension, es algo cuya existencia y naturaleza no necesitan

de mis sentidos. Cuando yo la siento, ó cuando me la imagino, hay entre

mis impresiones y ella, algo mas que la relacion de un efecto á una

causa: hay la representacion, la imágen interior, de lo que existe en

lo exterior.

[49.] Para que se comprenda perfectamente y se sienta con viveza la

verdad de lo que acabo de asentar, voy á ofrecer al lector un cuadro del

cual se vayan eliminando sucesivamente determinadas sensaciones,

haciéndole notar el grado de eliminacion á que se puede llegar y del

cual no se pasa.

Supongamos que todos los animales pierden de una vez el sentido del

paladar, ó que todos los cuerpos de la naturaleza son destituidos de la

propiedad de causar por su contacto con un órgano, la sensacion que

llamamos sabor. A pesar de esto el mundo externo existe como antes. Los

mismos cuerpos que nos causaban las sensaciones ahora perdidas,

continuarán existiendo y podrán ser aplicados al mismo órgano que antes

afectaban, causando en aquella parte las sensaciones del tacto, como de

blando ó duro, frio ó caliente, ú otras semejantes. O los cuerpos

sabrosos ó los órganos animales habrán sufrido alguna mudanza, con la

que se ha cortado la relacion que antes tenian: se nota que una causa

que antes producia un efecto, es ahora impotente para producirle. Esto

puede haber acontecido por una modificacion de los cuerpos, que en nada

altera su naturaleza, en cuanto nosotros la concebimos; y tambien es

posible que sin haberse mudado ellos, haya sobrevenido esta diferencia

con sola la alteracion de los órganos. Pero en todo caso, la

desaparicion de la sensacion, no ha hecho desaparecer del universo nada

semejante á ella; si la alteracion se ha verificado solo en los órganos,

los cuerpos exteriores quedan intactos: y si ha tenido lugar en los

cuerpos, esta alteracion les ha hecho perder una propiedad _causante_ de

la sensacion, mas nó una propiedad _representada_ por la sensacion.

Ya hemos privado á los alimentos de todos sus sabores: el universo

existe como antes: privémosle de sus olores, alterando los cuerpos

odoríferos, ó el órgano del olfato. ¿Qué resultará? lo mismo que hemos

notado con respecto al sabor. Los cuerpos odoríferos continuarán

existiendo, y hasta enviando á nuestro órgano los efluvios que antes

producian la sensacion del olor; no habrá mas novedad que la no

existencia de esta sensacion: faltará en nuestros órganos la disposicion

para recibir la impresion necesaria, ó habrá desaparecido del universo

una causalidad: mas nó una cosa representada por la sensacion. Los

jardines no serán despojados de su belleza simétrica, los prados de su

lozanía y verdor: el árbol ostentará su frondosa copa, y el hermoso

fruto continuará pendiente de las ramas mecidas por el viento.

Prosigamos en nuestra tarea destructora, ensordeciendo de repente á

todos los animales. Los músicos de los conciertos se convertirán en

actores de una silenciosa pantomima; el campanero tirando de la cuerda,

hará dar vueltas al metal mudo; las conversaciones se reducirán á

gestos orales; los gritos de los brutos, no serán mas que abrir y cerrar

bocas; pero el aire vibrará como antes; sus colunas vendrán á herir el

tímpano como antes; todo existirá como antes: nada faltará en el

universo sino una sensacion. El rayo brillará en los aires, los rios

proseguirán en su magestuosa carrera, los torrentes se precipitarán con

la misma rapidez, la soberbia cascada saltará del altísimo risco,

desplegando sus variados lienzos, y sus espumantes oleadas.

Vamos por fin á cometer la mayor de las crueldades: ceguemos en un

momento á todos los vivientes que hay sobre la tierra, y aun á todos los

que pueda haber en los astros. El sol continúa esparciendo sus inmensas

madejas; ese flúido que llamamos luz, refleja en las superficies, se

refringe segun los cuerpos que atraviesa, y llega á las retinas de los

ojos antes videntes, ahora convertidas en insensibles membranas,

colocadas tras un cristal; pero todo eso que se llama color y sensacion

de luz, todo ha desaparecido. Sin embargo el universo existe todavía: y

los cuerpos celestes prosiguen recorriendo como antes sus órbitas

inmensas.

Como la sensacion de la luz y de los colores, nos es mas difícil

abstraerla de los objetos; ó en otros términos, como tenemos cierta

propension á imaginar que efectivamente existen fuera de nosotros las

impresiones que no están mas que en nosotros, considerando la sensacion

como una representacion de lo exterior, es algo mas costoso el concebir

que cegados todos los vivientes, no queda nada de lo que nos representan

estas sensaciones, y sí únicamente un flúido que refleja en ciertas

superficies, ó que atraviesa por los demás cuerpos, ni mas ni menos que

otro flúido invisible. Por lo cual, en obsequio de los que tengan

dificultad en dejar de realizar en lo exterior lo que solo existe en su

interior, haré la suposicion de otra manera; pues que esto me bastará

para demostrar, como se puede eliminar de los objetos todo lo relativo á

las varias sensaciones, excepto lo tocante á la extension.

Así, no cegaremos á los animales; no tendremos la crueldad de Ulises en

la caverna de Polifemo; pero desahogaremos el instinto destructor

trastornando el mundo. Poco nos importa que los hombres y los animales

no se queden ciegos, si logramos que no vean.

Dejaremos pues intactos los órganos, pero en cambio despojaremos al

universo de su luz. Apagaremos como febles antorchas el sol, las

estrellas, los astros todos; extinguiremos los mas leves destellos que

brillen sobre la tierra: las bujías que alumbran la mansion del hombre,

los fuegos que resplandecen junto á la cabaña del pastor, las pálidas

llamas que revolotean en la broza del cementerio, hasta las chispas que

arroja el pedernal. Todo quedará en la oscuridad mas profunda;

imaginaremos reproducidas aquellas tinieblas que yacian sobre la faz del

abismo antes que la palabra criadora dijese: «hágase la luz.»

Pero conviene advertir que al dejar el mundo en tan horrible oscuridad,

no hemos alterado ninguna de sus otras leyes; existen como antes, las

gigantescas moles recorriendo con asombrosa rapidez y admirable

precision sus órbitas inmensas. De donde se infiere que haciendo

abstraccion del olor, del sabor, del sonido, de los colores, de la luz,

el mundo existe todavía, sin que nos cueste ningun trabajo concebirle de

esta manera. Aun mas, hasta de la sensacion del tacto podemos

prescindir, pues será fácil suponer que no percibimos ninguna impresion

por este sentido; las de color ó frio, blandura ó dureza, cuyas causas

quedarian en los cuerpos, podemos sustituirlas unas con otras y aun

hacerlas desaparecer, sin que por eso creyésemos que el universo dejaba

de existir.

[50.] Despues de hechas todas estas abstracciones, ensayemos otra, y

veamos lo que sucede. Hagamos desaparecer la extension. A esta prueba el

universo no resiste: las moles de los astros desaparecen; la tierra se

anonada bajo nuestras plantas; las distancias dejan de existir; el

movimiento es un absurdo; nuestro propio cuerpo se desvanece; el

universo entero se hunde en la nada, ó si continúa siendo algo, es cosa

del todo diferente de lo que ahora nos figuramos.

Es indudable: si prescindimos de la extension, si esta sensacion, ó

idea, ó sea lo que fuere, que sobre ella tenemos, no la realizamos en lo

exterior, si no la consideramos como una representacion de lo que

existe fuera de nosotros, todo se trastorna; no sabemos qué pensar ni de

nuestras sensaciones, ni de sus relaciones con los objetos que las

causan: todo da vueltas en derredor, nos falta una de las bases de

nuestros conocimientos, tendemos en vano los brazos para asirnos de

algun punto fijo, y preguntamos con desconsuelo, si todo lo que sentimos

no es mas que una pura ilusion, si serán una verdad las extravagancias

de Berkeley.

[51.] Aun con respecto á la extension es digno de observarse, que si

bien la objetivamos trasladándola á lo exterior, no es de todo punto

exacto que esté representada por la sensacion. Mejor se diria que es un

receptáculo de ciertas sensaciones, que no un objeto de ellas; una

condicion necesaria para las funciones de algunos sentidos, que no una

cosa sentida. La extension abstraida de las sensaciones de la vista y

del tacto, se reduce á lo que hemos dicho mas arriba, la multiplicidad y

la continuidad; el conocimiento de esto, nos viene de los sentidos, pero

es diferente de lo que nos representan los sentidos. Cuando á las

impresiones que he recibido de la vista les quito el color y la luz me

queda ciertamente la idea de una cosa extensa, mas nó de una cosa

visible, ni de un objeto representado por la sensacion. De la propia

suerte si despojo las impresiones que me han venido por el tacto, de las

calidades que afectan este sentido, no se aniquila el objeto que las

causaba, pero no está representado por las impresiones que él me

transmite.

[52.] Estas observaciones manifiestan que no trasladamos á lo exterior

nuestras sensaciones, que estas son un medio por el cual se informa,

nuestra alma, mas nó imágenes en que ella contemple los objetos. Todas

ellas le indican una causa exterior; pero algunas, como las de la vista

y del tacto, le manifiestan de un modo particular la multiplicidad y la

continuidad, ó sea la extension.

De esto se infiere tambien, que el mundo exterior no es una pura

ilusion, que existe en realidad con sus moles inmensas, sus variados

movimientos, su geometría infinita; pero que gran parte de su belleza y

encantos se hallan mas bien en nosotros que en él. La mano todopoderosa

é infinitamente sabia que le ha criado, ha ostentado su sabiduría y su

poder de una manera particular en los seres sensibles, y sobre todo en

los inteligentes. ¿Qué seria el universo si no hubiera quien sintiese y

entendiese? En esa íntima relacion, en la incesante comunicacion de los

objetos con los seres sensibles, están la hermosura, la armonía, los

arcanos de la naturaleza. El mas precioso cuadro, si no hubiese quien le

mirara y percibiese su belleza, seria un conjunto de lineamentos, un

geroglífico de caractéres indescifrados: pero desde el momento que está

á la vista de un ser que siente y conoce, el cuadro se anima, es lo que

debe ser; y en esta misteriosa comunicacion, el objeto gana en bellezas

todo lo que comunica de hechizo.

Suponed que un conjunto de instrumentos dispuestos con el conveniente

mecanismo ejecutan con admirable precision las mejores concepciones de

Bellini ó de Mozart; ¿á qué se reduce todo falta un ser sensible? á

vibraciones del aire combinadas con cierta ley; á puros movimientos de

un flúido sometidos á una precision geométrica. Introducid á un hombre:

entonces la geometría se convierte en armonía celestial, entonces hay

música, hay encantos.

La simetría de las tablas de un jardin, la lozanía de sus arbustos, el

color y esmalte de sus flores, la fragancia de sus aromas, ¿qué son sin

un ser sensible? figuras geométricas, superficies dispuestas con arreglo

á ciertas leyes, volúmenes de tal ó cual clase, columnas de flúidos que

salen de ellos, y se desparraman por el espacio; pero introducid al

hombre, entonces las figuras geométricas se revisten de mil gracias, las

flores se cubren de galanos colores, las columnas de flúido se

convierten en exquisitos aromas.

CAPÍTULO X.

VALOR DEL TACTO PARA OBJETIVAR LAS SENSACIONES.

[53]. Se ha dicho que el tacto es el testigo mas seguro y quizás el

único, de la existencia de los cuerpos; pues sin él todas las

sensaciones no pasarian de simples modificaciones de nuestro ser, y no

podríamos atribuirles ningun objeto exterior. Yo no creo que esto sea

verdad. Por el tacto recibimos una impresion lo mismo que por los demás

sentidos; en todos los casos esta impresion es una afeccion de nuestro

ser, y nó una cosa externa; y cuando por la continuacion de estas

impresiones, por su órden y por su independencia de nuestra voluntad,

juzgamos que proceden de objetos que están fuera de nosotros, este

juicio se verifica no solo con respecto á las impresiones del tacto,

sino tambien de los demás sentidos.

[54.] Una de las razones en que se ha pretendido fundar la superioridad

del tacto para atestiguar la existencia de los cuerpos, es que él nos da

la idea ó la sensacion de la extension; porque si suponemos que un

hombre está privado de todos los sentidos excepto el tacto, y recorre

con su mano la superficie de su cuerpo, experimenta la continuidad de la

sensacion, en la cual va envuelta la de extension. Esta observacion de

los partidarios de la supremacía del tacto, no convence de lo que se

proponen. Porque al recorrer con la vista varios objetos, ó las

diferentes partes de uno mismo, experimentamos la sensacion de

continuidad tan claramente como con el tacto. No se puede concebir por

qué la sensacion de la extension ha de ser mas clara cuando se pasa la

mano á lo largo de una barandilla, que cuando se la mira con los ojos.

[55.] Los sostenedores de dicha opinion alegan que por el tacto de

nuestro cuerpo adquirimos una sensacion doble, lo que no se verifica con

los demás sentidos: pasando la mano por la frente, sentimos con la

frente y con la mano; verificándose una continuidad de sensaciones, que

todas tienen su orígen y término en nosotros mismos. Así tenemos la

conciencia de que nos pertenecen tanto la sensacion de la mano como la

de la frente.

Pero esta razon que algunos han creido concluyente, es sin embargo

sumamente fútil: adolece del sofisma que los dialécticos llaman

_peticion de principio_, pues supone lo mismo que se trata de probar. En

efecto: el hombre destituido de todos los sentidos excepto el del tacto,

experimentará las dos sensaciones y su continuidad; pero ¿de esto qué

podrá inferir? ¿Sabe por ventura que tenga mano ni frente? suponemos que

nó; la dificultad está pues en explicar cómo adquiere dicho

conocimiento. Ambas sensaciones le pertenecen, de esto tiene una

conciencia íntima, pero ignora de dónde dimanan. La coincidencia de las

dos sensaciones ¿le prueba por ventura algo en favor de la existencia de

la frente y de la mano, objetos de que suponemos que no tiene ninguna

idea?

Si esta coincidencia probase lo que se quiere, con mas razon probaria

que la combinacion de unos sentidos con otros, nos lleva al conocimiento

de la existencia de los cuerpos, y por consiguiente que dicho

conocimiento no se engendra exclusivamente por el tacto. Yo experimento

que siempre que tengo la sensacion de un movimiento que es ponerme la

mano delante de los ojos, pierdo la vista de los objetos, y se me

presenta otro que es siempre el mismo: la mano; si de esta coincidencia

infiero la existencia de los objetos externos, queda destruida la

supremacía del tacto, pues que para la formacion de semejante juicio

influye la vista. Observo tambien que al tener la sensacion que resulta

de dar una mano con otra, experimento la sensacion de oir el ruido de la

palmada: luego si la coincidencia vale, influirá el oido como el tacto.

Lo que digo de la palmada, puede aplicarse á lo que experimento

recorriendo con la mano una parte del cuerpo, por ejemplo toda la

longitud del brazo, de suerte que el roce produzca ruido. En este caso,

hay las dos sensaciones, coincidentes y continuas.

Se replicará tal vez que estos ejemplos se refieren á diferentes

sentidos, y que producen sensaciones de diversa especie: pero esto no

altera nada: porque, si el ser que siente infiere la existencia de los

objetos de la coincidencia de las varias sensaciones, queda destruida la

supremacía del tacto que es lo que nos proponíamos demostrar.

[56.] La sensacion de la mano no es la misma que la de la frente, porque

aquella estará mas ó menos fria, mas ó menos caliente, mas ó menos

fina, mas ó menos blanda, y así no será la misma sensacion la causada en

la mano por la frente, que la producida en la frente por la mano. Siendo

de notar que cuanto menor supongamos la diferencia entre las dos

sensaciones, menos viva será la percepcion de su dualidad, y por tanto

menos notable la coincidencia en que se funda el juicio. Por manera que

bien analizada la materia venimos á parar á que para formar juicio de la

existencia de los objetos contribuye especialmente la diversidad de las

sensaciones; y por tanto será mas conducente á este fin, la combinacion

de dos sentidos que las dos sensaciones de uno solo. Así, lejos de que

el tacto haya de considerarse como único ni superior en este punto, solo

ha de ser tenido como auxiliar de los otros.

[57.] Y en realidad, apenas cabe duda en que el tacto necesita tambien

del auxilio de los demás sentidos, y que los juicios que del mismo

resultan se parecen á los que dimanan de estos. Es probable que solo

despues de repetidos experimentos referimos la sensacion del tacto al

objeto que la causa, y aun á la parte afectada. El hombre á quien se ha

amputado la mano, experimenta el dolor como si la conservase; y esto

¿por qué? porque con la repeticion de actos ha formado el hábito de

referir la impresion cerebral al punto donde terminan los nervios que se

la transmiten. Luego no hay una relacion necesaria entre el tacto y el

objeto: y este sentido puede sufrir ilusiones como los demás. Luego no

es exacto lo que se ha dicho de que la idea del cuerpo nace debajo de

nuestra mano, si esto se entiende como privativo del tacto; pues lo

mismo se verifica de los demás sentidos y particularmente de la vista.

CAPÍTULO XI.

INFERIORIDAD DEL TACTO COMPARADO CON OTROS SENTIDOS.

[58.] Esta superioridad, ó mejor, este privilegio exclusivo que

Condillac y otros filósofos han concedido al tacto, á mas de no tener

ningun fundamento como acabamos de ver, parece estar en contradiccion

con la misma naturaleza de este sentido. Cabalmente se da la supremacía

al mas material, por decirlo así, al mas rudo de todos ellos.

Nadie puede saber las ideas que de las cosas se formaria un hombre

reducido á solo el tacto: pero me parece que lejos de ponerse en

comunicacion clara y viva con el mundo exterior, y de que tuviese la

suficiente basa para fundar sus conocimientos, debiera vegetar en la mas

profunda ignorancia, y sufrir las equivocaciones mas trascendentales.

[59.] Al comparar el tacto con la vista, y aun con el oido y el olfato,

desde luego se ofrece una diferencia importantísima, en favor de estos y

contra aquel. El tacto no nos transmite la impresion sino de los objetos

que están inmediatos á nuestro cuerpo; cuando los otros tres, y

especialmente la vista, nos ponen en comunicacion con objetos muy

distantes. Las estrellas fijas están separadas de nosotros por una

distancia tal que apenas cabe en nuestra imaginacion, y sin embargo las

vemos; no llegan á tanto ciertamente ni el olfato ni el oido; pero el

primero no deja de advertirnos de la existencia de un jardin que está á

muchos pasos de nosotros; y el segundo nos da noticia de una batalla que

se ha trabado á muchas leguas de nuestra vivienda, de la chispa

eléctrica que ha rasgado la nube en el confin del horizonte, ó de la

tempestad que brama en la inmensidad de los mares.

[60.] Esa limitacion del tacto á lo que está en sus inmediaciones,

traeria consigo la estrechez de las ideas que se originarian de él solo,

y lo constituyen por necesidad en un grado muy inferior al de los otros

tres, y en particular de la vista. Para formarnos ideas claras en este

punto, comparemos el alcance de la vista y del tacto con respecto á un

objeto: un edificio. Por medio de la vista tomamos en pocos instantes

idea de la fachada, y de sus demás partes exteriores: y en breve tiempo

nos enteramos de su disposicion interior, y hasta de sus muebles y

adornos. ¿Cómo se puede lograr esto por el tacto? Es imposible. Aun

suponiéndole muy delicado, y muy tenaz memoria de las impresiones que

anduviese comunicando, se necesitarian larga horas para recorrer con la

mano el frontispicio, y formarnos de él alguna idea. ¿Qué no seria con

respecto á todo lo exterior del edificio? ¿qué si hablamos de lo

interior? Salta á los ojos que seria menester renunciar á semejante

tarea, y que tal preciosa labor de una cornisa, de un pedestal, de un

peristilo; tal magnificencia de una torre, de una cúpula; tal osadía de

un arco, de una bóveda, de una flecha, que el ojo aprecia en un

instante, le costarian al pobre que solo poseyese el tacto, andar mucho

á gatas y encaramarse por peligrosos andamios, y exponerse á resbalar

por horrendos precipicios, y todavia sin poder lograr ni la millonésima

parte de lo que con tanta facilidad y rapidez consiguieron los ojos.

Extiéndanse estas consideraciones á una ciudad, á vastos países, al

universo, y véase qué superioridad tan inmensa tiene la vista sobre el

tacto.

[61.] Esta superioridad no se presenta tan de bulto cuando se compara el

tacto con otros sentidos; sin embargo no deja tambien de existir, y en

un grado muy alto.

Desde luego ocurre una diferencia, cual es la de las distancias. Es

cierto que mediando estas, tambien el tacto puede sentir en algun modo:

como por ejemplo la presencia ó la ausencia del sol por medio del calor

y del frio; y de la misma manera la presencia ó la ausencia, y la mayor

ó menor cercanía de algunos cuerpos; pero estas impresiones, á mas de

que están muy lejos de tener la misma variedad y rapidez de las del

oido, tampoco nos darian idea de distancia, si no tuviéramos mas sentido

que el tacto.

Calor y frio, sequedad y humedad, á esto se reducen las impresiones que

algunos cuerpos distantes pueden ejercer sobre el tacto; y claro es que

las impresiones son de tal naturaleza que podrian dar lugar á numerosas

y graves equivocaciones.

[62.] Si suponemos que un hombre que solo posea el tacto, haya llegado á

conocer la presencia y la ausencia del sol sobre el horizonte, siendo su

única norma la temperatura del ambiente, y dependiendo esta de mil

causas que nada tienen que ver con el astro del dia, sucederá con mucha

frecuencia que el cambio natural ó artificial de ella deberá inducirte á

error. La humedad que experimentará á las inmediaciones de un lago donde

le llevan á bañarse, hará que con ella conozca la inmediacion del agua;

¿pero no sentirá mil veces una impresion de humedad por causas que

obrarán sobre la atmósfera, del todo independientes de las aguas de un

lago?

Es cierto que la concentracion de todas las fuerzas sensitivas en un

solo sentido, la ninguna distraccion, la atencion continua sobre un

mismo género de sensaciones, podrá llevar la delicadeza del tacto á un

punto de perfeccion que probablemente no concebimos nosotros; así como

el hábito de encadenar las ideas con respecto á un solo órden de

sensaciones, y de formar los juicios con relacion á ellas solas,

produciria una precision, exactitud y variedad muy superior á cuanto

podemos imaginar; pero por mas que sobre este punto se quieran extender

las conjeturas, siempre es claro que hay aquí un límite, cual es la

naturaleza del órgano y de sus relaciones con los cuerpos. Este órgano

estaria siempre limitado á los objetos contiguos, para recibir

impresiones bien determinadas; y con respecto á los distantes, los que

pudiesen obrar sobre él, lo ejecutarian causándole la impresion que la

naturaleza de ambos consiente; frio ó calor, sequedad ó humedad, y aun

si se quiere, cierta presion en mayor ó menor grado; y en cuanto á

muchísimos otros, es imposible imaginar que tuviesen accion ninguna. Por

mas que se ensanche el círculo de esta clase de sensaciones siempre ha

de ser muy reducido. Además, es necesario advertir que esta

perfectibilidad del tacto por efecto de su aislamiento, no es propiedad

suya exclusiva, sino que se extiende tambien á los otros sentidos, como

que está fundada en las leyes de la organizacion, y en las de la

generacion de nuestras ideas.

[63.] Para comprender la superioridad que en esta parte lleva el oido al

tacto, basta considerar 1.º la relacion de las distancias; 2.º la

variedad de los objetos; 3.º la rapidez de la sucesion de las

impresiones; 4.º la simultaneidad, tan vasta en el oido, y tan limitada

en el tacto; 5.º las relaciones con la palabra.

Filosofía Fundamental, Tomo II · 第 3 / 20 段