9.--SU INFLUENCIA SOBRE LAS IGLESIAS INMIGRADAS

Adaptándose a esas direcciones ético-sociales se ha desenvuelto

el catolicismo norteamericano. En sus comienzos fué una religión

extranjera; su vida fué raquítica, aunque respetada, tal como el

protestantismo entre nosotros en la época de Rivadavia. Adquirió

caracteres propios, esencialmente nacionales, cuando se le incorporaron

elementos nativos, que lo impregnaron del espíritu unitario y

trascendentalista; desde entonces dejó de circular un risueño libro

católico de oraciones, titulado: "Leche espiritual para los niños

americanos extraída de los pechos de los dos Testamentos", que menciona

William James. Con esas metáforas de culinaria infantil no se podía

ir muy lejos en un país de cuáqueros y puritanos. Brownson y Hecker,

cristianos liberales, amigos de Channing y lectores de Emerson, afectos

al sansimonismo y al fourierismo, a punto de vivir en el falansterio

de Brook Farm, acabaron por entrar a la iglesia católica. ¿Atraídos

por sus dogmas? En manera alguna. Pequeños desencantos de la política

indujeron a Brownson a apartarse del radicalismo, inclinando sus

simpatías hacia la política conservadora. Estaba a un paso y lo dió:

"del conservatismo en política--dice--pasé muy pronto al conservatismo

en religión". Optó por la más autoritaria y dogmática, viendo en el

catolicismo el mejor camino para sobreponer una ética social a los

desvaríos individuales, así como un escenario favorable para sus

precedentes anhelos filantrópicos y humanitaristas. Brownson arrastró a

Hecker, que había sido su discípulo; ambos entraron a su nueva iglesia

poco antes de que Sarmiento escribiera sus interesantes impresiones

sobre la geografía moral de los Estados Unidos (1847).

Señalemos un hecho. En todos los países el liberalismo mira con

simpatía a las iglesias contrarias de la oficial, tradicional o

imperante; y el liberalismo, en los hombres de temperamento místico,

suele resolverse en una adhesión a las primeras. En los países

católicos el liberalismo puede conducir a las iglesias disidentes;

en los protestantes, al catolicismo. En uno y otro caso la actitud

es idéntica, ya que los dogmas nuevos sólo son aceptados como una

disconformidad militante contra los tradicionales. Esto nos ayudará

a comprender el siguiente párrafo de Bargy, en su libro sobre la

evolución religiosa de los Estados Unidos: "No podrá insistirse

bastante sobre este hecho, que fué el espíritu de Channing y de los

Unitarios, de Emerson y los Trascendentalistas, el que condujo a

Brownson y Hecker hasta las puertas de la Iglesia romana. En esa

época, los protestantes más liberales se habían plegado al unitarismo;

al mismo tiempo, las iglesias de que aquéllos desertaban, tendían

por desconfianza a una reacción de intolerancia. El unitarismo, al

constituirse, había monopolizado transitoriamente ese gusto por la

tolerancia conciliadora que en el siglo anterior había favorecido

su nacimiento; de manera que para las iglesias establecidas bajo

otra inspiración fué un período de retroceso. Por eso Hecker las

consideró como un elemento de discordia y el disgusto de la ortodoxia

protestante le habría arrojado lejos del cristianismo, sin la acogida

amplia y tranquila que encontró entre los discípulos de Channing y de

Emerson". Brownson que declaraba "no creer sino en la humanidad" y

entendía poderse comparar a Cristo en cuanto "reformador social", fué

en busca de Hecker que estaba consagrado al "apostolado social" en el

falansterio trascendentalista; de allí saltaron a la Iglesia católica,

por un curioso proceso más práctico que espiritual, descrito en el

libro mencionado. Hombres de acción, nacionalizaron el romanismo,

siguiendo la política del primer obispo de Boston, Chévérus, un

desterrado por la revolución francesa que comenzó por ciudadanizarse en

su nueva sede y prestar servicios públicos de inmediata utilidad.

Ése era el salvoconducto único para establecerse en un pueblo que

juzgaba a los hombres por su conducta social, sin preocuparse de sus

dogmas teológicos. A medida que fué creciendo, la Iglesia católica

comprendió que en ese medio los hombres no se asociaban para rezar,

sino para hacer. E hizo. La prosperidad de los Estados Unidos comenzaba

a atraer grandes masas de poblaciones católicas europeas: italianos,

franceses, irlandeses, alemanes. La iglesia católica tuvo una función

que cumplir: asimilarlas a la nacionalidad, infundirles su espíritu.

"Su rol--dice Bargy--fué formar como una vanguardia para recibir el

primer choque de la inmigración, acoger los millones de desterrados

que venían de los países católicos, orientar desde el desembarque

sus masas flotantes e ignorantes, gobernarlas por la fe hasta que

aprendan a gobernarse por la ley; ser, en una palabra, en torno de

los puertos de inmigración, como un tentáculo avanzado y como un gran

órgano digestivo capaz de asimilar los elementos extranjeros antes de

volcarlos en la nación. Es por su rol de civilizadora provisoria que

la Iglesia católica se ha impuesto al respeto del gran público". Este

aspecto práctico, lo más social y lo menos dogmático posible, presenta

una acentuada concordancia con la evolución ética de las iglesias

norteamericanas.

Americanizando la inmigración católica, esa Iglesia cumplió una

función social; y en ello hubo su parte de sacrificio, pues los

mejor americanizados se apartaron del catolicismo, cuyos dogmas y

escenografías resultaban poco severos en parangón con los de las

iglesias disidentes. Creo oportuno señalar el error en que incurrió

recientemente un orador argentino al celebrar los grandes progresos de

la iglesia romana en los Estados Unidos, error que es ya un lugar común

en la oratoria de los países católicos. Carecería de interés entrar a

un análisis estadístico; me limitaré a citaros un párrafo del mismo

Bargy, de cuya exactitud global estoy seguro: "El patriotismo de la

Iglesia americana ha sido puesto a prueba. Americanizando a sus fieles,

ha perdido más de la mitad; familiarizándolos con el idioma, las leyes

y las costumbres de su nueva patria ella ha apresurado su deserción

hacia el protestantismo o el libre pensamiento. Según la estadística de

inmigración, los católicos en los Estados Unidos deberían ser más de

25 millones: sólo son 10 millones. La pérdida ha causado alarma y se

ha buscado el remedio en la formación de Iglesias de lenguas diversas,

que fortificando en los Alemanes, los Irlandeses, los Italianos,

los Franceses, el recuerdo de su país natal, los retuvieran así más

fuertemente en su religión originaria. En 1890 comenzó, por la división

de la iglesia católica norteamericana en Iglesias llamadas nacionales,

un gran movimiento... Pero monseñor Ireland y todo el alto clero

afirmaron resueltamente la unidad: donde sólo debe haber una nación,

sólo puede existir una Iglesia nacional.... De cada católico debía

hacerse un Americano, aun a riesgo de preparar en él un protestante. La

lealtad hacia el país fué antepuesta a la obsecuencia a la fe".

Esta actitud antidogmática y social, es simplemente inconcebible en

las naciones donde la iglesia católica es tradicionalmente amparada

por el Estado. Y no vacilo en deciros, por haberlas visto, que las

iglesias católicas de los Estados Unidos, desde los edificios hasta

los sermones, se parecen mucho más a las iglesias protestantes de allí

mismo, que a las católicas de los países latinos. El catolicismo se

descatoliza, adaptándose al medio; descuida los dogmas y se eleva hacia

la acción moral.

No podemos detenernos a analizar el proceso que ha determinado una

evolución semejante en la religión judía, iniciada,--la fecha es

esencial,--antes de 1850. Las primeras sinagogas reformadas funcionaron

según el tipo autónomo del Congregacionalismo puritano; su precursor,

Isaac Wise, "el papa judío de América", había extremado en 1846 su

liberalismo, a punto de ser expulsado de la sinagoga de Albany, en

Nueva York. Su propaganda eficacísima fué coronada por la declaración

de los rabíes reformados (Pittsburgh, 1885), cuyo liberalismo y

nacionalismo norteamericano, produce escalofríos a los nuevos

inmigrantes que llegan saturados de ortodoxia y de sionismo. En una o

dos generaciones--lo mismo que los católicos--curan de sus dogmas y

acaban por converger hacia los ideales de esa "religión sin dogmas"

difundida por el unitarismo.

La asimilación moral de los judíos por el ambiente norteamericano

sugiere optimistas reflexiones respecto de la adaptabilidad de su raza

en las naciones nuevas. Su fe en la redención por el trabajo y por

la ilustración es, simplemente, admirable; acaban por descollar en

todas las formas de la actividad social y por distinguirse en las más

nobles emulaciones intelectuales. El esfuerzo prodigioso de esta raza,

fortalecida en las persecuciones, se nota en ciertas Universidades, y

de las mejores, como la _Columbia University_, de Nueva York; en la

cátedra y en el aula se siente ya el hervor de estos nuevos americanos,

que han encontrado en la patria de Lincoln su Tierra Prometida.

Hacia una Moral sin Dogmas: Lecciones sobre Emerson y el Eticismo · 第 34 / 51 题