2.--LA AUTONOMÍA DE LA EXPERIENCIA MORAL

La evolución mental de un pensador--muy distinta de su variación

ajustada a la moda, que sólo demuestra ausencia de ideas

propias,--sigue siempre un curso lógico, es una integración permanente,

enriquecida sin cesar por una experiencia que crece y por un sentido

crítico que se perfecciona. Cambiar de ideas en esa forma es un proceso

normal y una prueba de juventud; revela posibilidad de educarse más y

más, de crecer mentalmente, de expandir la personalidad propia. Y es,

precisamente, la incapacidad de perfeccionar las propias ideas, lo que

permite diagnosticar el envejecimiento de un pensador: la declinación

de esas aptitudes asimiladoras e imaginativas que enriquecen la cultura

personal o ensanchan el horizonte de las síntesis, elevando los puntos

de vista.

El examen de las ideas dominantes en la obra de Emerson nos ha

permitido establecer que si ellas carecen de contenido metafísico y,

por ende, propiamente filosófico, tienen, en cambio, un alto valor

ético; su obra es un continuo esfuerzo por acrecentar la intensidad

intrínseca de los valores morales, separando la experiencia moral de la

experiencia religiosa y tendiendo a constituir una moral sin dogmas.

Este aspecto del problema, hoy definitivamente resuelto para todos

los filósofos, sin distinción de escuelas o de creencias, no lo estaba

hace un siglo. Las instituciones básicas del mundo feudal, la Reyecía

y la Iglesia, no habían desaparecido por la crisis revolucionaria de

fines del siglo XVIII; la soberanía popular, afirmada como fundamento

de la vida civil democrática, no lograba aún sobreponerse a los

regímenes de privilegio asentados en el derecho divino. Más todavía:

las naciones reaccionarias en política y en religión--Rusia, Austria

y Prusia,--en complicidad con la iglesia Romana, habíanse coaligado

en la famosa Santa Alianza para restaurar el antiguo régimen y borrar

las constituciones que preludiaban el advenimiento de una etapa nueva

en la historia de la civilización; la iglesia Anglicana desempeñaba en

los ambientes anglo-americanos una equivalente función conservadora o

reaccionaria.

La lucha por el progreso de las ciencias morales planteábase entre los

sistemas fundados en el dogmatismo, en que se inspiraban las morales

afirmativas de los teólogos escolásticos, y las morales críticas de los

filósofos independientes.

Conviene tener presente que, en todo tiempo, los filósofos

independientes--llamando así a los que no tenían por objeto de sus

especulaciones consolidar las bases de las religiones oficiales en sus

medios respectivos--han sido, más o menos desembozadamente, enemigos de

la teología y contradictores de la apologética. Ellos han determinado

los progresos de la metafísica y de la ética contra el espíritu

tradicionalista de las cartas sacerdotales, muchas veces pagando

con sus vidas ese noble privilegio de pensar libremente contra la

religión y contra el estado: así murieron Sócrates, y Jesús, y Bruno,

y Servet, víctimas de las religiones de su tiempo, intolerantes todas

cuando fueron oficiales, llamáranse paganismo, judaísmo, catolicismo,

calvinismo.

En nuestro siglo XX esa lucha entre los teólogos dogmáticos y los

filósofos independientes parece terminada. La constitución civil de

las nacionalidades modernas ha quitado a las iglesias su antigua

preeminencia dentro de los estados; la autoridad las protege con

benevolencia, pero está muy lejos de considerarse como simple brazo

secular de los representantes de la divinidad.

Este paréntesis me ha parecido necesario para comprender la posición de

Emerson en la evolución de la moral. Juzgada con nuestro criterio de

hoy, nos parecería atrasada e inexplicable; lo que en su tiempo era un

ideal, hoy tiende a ser una realidad en las naciones civilizadas; otros

ideales nuevos han venido a polarizar la actividad apasionada de los

temperamentos idealistas.

Hacia una Moral sin Dogmas: Lecciones sobre Emerson y el Eticismo · 第 27 / 51 题