El concepto panteísta de la divinidad, que convierte a Dios en una
abstracción pura, en una fórmula, contrasta evidentemente con otros
sentimientos ancestrales de la humanidad, que llevan a concebir uno o
más Dioses con realidad propia, ajenos a la Naturaleza, Dioses vivos
y actuantes, con aptitudes o funciones distintas de las humanas,
capaces de justicia y de perfección absolutas. Las religiones de cepa
judía postulan en esa forma extranatural la hipótesis de un Dios
creador y árbitro del universo, con o sin una corte de pseudodioses
menores, imaginados, aquél y éstos, a semejanza del hombre; toda otra
interpretación equivale, para ellas, a negar la divinidad misma.
En esa distinción entre lo sobrenatural y lo natural se fundan las
relaciones entre lo humano y lo divino, fuente de toda ética religiosa.
La lógica pura se satisface con el panteísmo; la moral práctica,
no. Este escollo le es común con los otros sistemas monistas; para
salvarlo, el propio Kant, tuvo que evitar el monismo a que la conducía
su _Crítica de la Razón Pura_--que es una "Lógica"--postulando el
dualismo que fluye de su _Crítica de la Razón Práctica_--que es una
"Ética".
Emerson presenta la clásica antinomia del "mundo físico" y del "mundo
moral" como un simple documento de la experiencia, sin preocuparse
de plantearla como un problema metafísico. Se limita a afirmar la
correlación o paralelismo entre todo lo físico y todo lo moral;
análoga actitud, cómoda aunque extrafilosófica, ha adoptado el moderno
paralelismo psicofísico, que así evita plantearse el problema del alma,
eliminándolo de la psicología y relegándolo a la metafísica.
Ciertas contradicciones en que Emerson incurre, disculpables en
un moralista y corrientes en la literatura de imaginación, serían
inconcebibles en un filósofo digno de este nombre. Escuchad: "toda
la naturaleza es la imagen del espíritu humano", dice, y agrega:
"las leyes del espíritu dependen de la harmonía de la naturaleza".
¿Os parece lo mismo?; reflexionad un minuto y comprenderéis que es
exactamente lo contrario; lo primero implica idealismo a lo Hegel,
lo segundo sensacionismo a lo Codillac. "Dios está vibrante en todo
y lo vemos en todas las cosas de la naturaleza" y "la Naturaleza,
y sólo ella, es toda la divinidad", son proposiciones que implican
concepciones opuestas de la divinidad, aunque parecen decir lo
mismo; la primera proposición es conciliable, por ejemplo, con la
filosofía Vedanta, con Parménides, con los alejandrinos; la segunda
con la filosofía Sankhya, con Heráclito, con los estoicos. Panteístas
todas, ciertamente, pero las unas precursoras del espiritualismo
trascendental y las otras del naturalismo trascendental; místicas
aquéllas y realistas éstas; emanando las unas lo finito de lo infinito,
concretando las otras lo infinito en lo finito.
Emerson no trata esas cuestiones. Para él, moralista y no metafísico,
después de establecida la correlación entre el mundo moral y el
mundo físico, todo el problema de la ética se resuelve en seguir la
Naturaleza, que marca el sendero de la perfección. El hombre puede
equivocarse y decaer; la naturaleza no se equivoca ni decae. Es, pues,
la maestra del hombre, la que le vuelve al buen camino. Es el reflejo
o la objetivación del espíritu divino: "un paisaje--dice--es una cara
de Dios". No pudiendo comprender a Dios en sí, aconseja estudiarle en
la Naturaleza, cuyas leyes son morales y deben ser escuchadas como la
mismísima palabra divina.
En su famoso discurso de 1838 expresó esa idea de un culto puro
de leyes morales abstractas, independientemente de cualquier dogma
religioso. "Estas leyes se ejecutan por sí mismas. Están fuera del
tiempo, fuera del espacio y no sujetas a las circunstancias. Así,
en el alma del hombre existe una justicia cuyas atribuciones son
inmediatas y completas. Aquél que cumple una buena obra, queda al
instante ennoblecido. El que ejecuta un acto bajo y vil, es por el
hecho mismo rebajado. Aquél que rechaza la impunidad, se viste por esta
sola razón de pureza. Si un hombre es justo de verdadero corazón, es
Dios en cuanto es justo; la certeza, la inmortalidad y la majestad de
Dios entran, con la justicia, en aquel hombre. Si un hombre cambia,
traiciona y engaña, por esto mismo se engaña a sí mismo, y sale de su
propia conciencia moral; el carácter llega siempre a ser conocido. El
hurto no enriquece; la limosna jamás empobrece a nadie; del asesino
hablan hasta las paredes. La más ligera sombra de fraude, destruye
espontáneamente todo buen efecto. En cambio, decid siempre la verdad,
y todas las cosas hablarán en favor vuestro; hasta las raíces de las
hierbas parecerán moverse bajo la tierra, para exaltaros. Porque todas
las cosas proceden del mismo espíritu, llamado con nombres distintos:
amor, justicia, templanza, según sus diversas aplicaciones, como el
océano, que recibe nombres diversos, según las playas que baña. Cuanto
más se separa un hombre de estos confines, tanto más se priva de poder
y ayuda. Su ser se contrae..., tórnase cada vez más pequeño y mezquino,
un grano de polvo, un punto, hasta que llega a la maldad absoluta, que
es la muerte absoluta también. La percepción de esta ley despierta en
nuestra mente un sentimiento que llamamos sentimiento religioso y que
constituye nuestra más elevada felicidad. Es maravilloso el poder que
tiene de encantarnos y de imponérsenos como el aire que se respira
en las montañas. Es lo que da perfume a todo el mundo, sublimidad al
cielo y a los montes; es el canto silencioso de las estrellas en la
noche, la beatitud del hombre, que le hace partícipe del infinito...
Todas las expresiones de este sentimiento son sagradas y permanentes en
proporción a su pureza. Nos conmueven más profundamente que todas las
demás. Los hechos pasados que destilan esa piedad, están aún frescos y
fragantes. La impresión única e incomparable producida por Jesús sobre
la humanidad, por lo cual su nombre no está escrito, sino grabado en la
historia humana, es una prueba de la sutil virtud de esta penetración".
Romántico sin dejar de ser puritano, Emerson siguió siendo un místico
cuando se puso en la corriente de adoración a la Naturaleza en que
ya navegaban todos los continuadores de Rousseau y de Goethe. Aunque
volvió mil veces sobre el tema, paréceme que es en las primeras páginas
de _Natura_ donde traduce mejor su misticismo panteísta, muy complicado
de literatura.