de corrupción los muertos en combate;
mas por la larga playa y mar se extienden
de Gerún, de Mazcate y Calayate,
hasta que a pura fuerza ya desprenden
a bajar la cerviz, donde se le ate
la obligación de dar el reino inico
de perlas de Barén tributo rico.
»¡Oh qué gloriosas palmas tejer veo
para la gloria de la gran Lisboa
cuando con fuerte brazo y gran deseo
a la isla ganó fuerte de Goa!
Después, obedeciendo al hado feo,
la deja, y de ella vuelve al mar la proa,
por tornarla a ganar: que esfuerzo y arte
vencen a la Fortuna y propio Marte.
»Ved que vuelve sobre ella y va rompiendo
por las pelotas, muros, fuego y lanzas,
abriendo el escuadrón espeso, horrendo,
doquiera que con golpe o espada alcanzas:
van los soldados ínclitos haciendo,
cual toros o leones, mil matanzas,
cuando se celebró la fiesta dina
de la gloriosa virgen Catalina.
»Ni es mucho si a tal hombre te rendiste,
puesto que rica en todo y asentada
al Oriente te veas, do naciste,
opulenta Malaca celebrada.
Las venenosas flechas que hiciste,
los crises con que estabas pertrechada,
amorosos malayos, jaos valientes,
al Luso serán todos obedientes.»
Más estancias cantara esta sirena
en loor del clarísimo Alburquerque,
mas una ira le ataja que a él condena,
aunque su ilustre fama el mundo cerque.
El grande capitán, que el hado ordena
que con trabajos gloria eterna merque,
más ha de ser un blando compañero
a los suyos, que juez cruel y entero.
Porque en tiempo de hambres y asperezas,
dolencias, flechas y rayos ardientes,
usar fieros castigos y bravezas
en los soldados fuertes y valientes,
parecen villanías y brutezas
de pechos inhumanos, insolentes,
dar extremo castigo por la culpa
que flaca humanidad y amor disculpa.
No fué la culpa, no, de grave incesto
ni de violento estupro en virgen pura,
ni menos adulterio deshonesto,
sino con una esclava vil y obscura:
si el pecho, o de celoso, o de modesto,
o de usado a crueldad terrible y dura,
con los suyos la ira no refrena,
a blanca fama negra mancha ordena.
A Apeles vió Alejandro enamorado
de su Campaspe, y dársela consiente,
no siendo su soldado exprimentado
en algún duro cerco, o guerra urgente.
Sintió Ciro que andaba ya abrasado
Araspas de Pantea en fuego ardiente,
que él en guarda tomó, con fe y promesa
de nunca en esta presa hacer presa.
Mas viendo el claro persa que, vencido
era de amor, que no tiene defensa,
la culpa le perdona, y fué servido
de él en un grave caso en recompensa.
Por fuerza de Judita fué marido
el fuerte Baldovino, mas dispensa
con él Carlos y dale empresas grandes,
que viva y poblador quede de Flandes.
Prosiguiendo la ninfa el dulce canto,
de Suárez canta «cómo las banderas
desplegaría con temor y espanto
por las rojas arábicas riberas:
Medina abominable teme tanto
cuanto Meca, y Gidá, con las postreras
playas de Abasia: Bárbora se exime
del mal, de que el imperio Zeila gime.
»La noble isla también de Taprobana,
por el antiguo nombre tan famosa,
cuanto ahora soberbia y soberana
por la corteza cálida olorosa,
tributo pagará a la Lusitana
bandera, cuando clara y gloriosa
venciendo se alzará en la torre fuerte
de Columbo, temida a par de muerte.
»Sequeira por las aguas eritreas
a tu imperio abrirá nuevo camino,
con que, reina Sabá, tanto te arreas
y Cándace lo tiene por divino:
a Mazuá descubre, y si rodeas,
verás el puerto Aquico allí vecino,
y hará descubrir remotas tierras,
cuáles con dulce paz, cuáles con guerras.
»Vendrá después Meneses, cuyo hierro
en Libia será más que acá probado:
de la soberbia Ormuz vengará el yerro
con que pague el tributo al tresdoblado:
también tú, Gama, en pago del destierro
en que estás, te verás acá tornado
con título de conde que escogiste:
la tierra mandarás que descubriste.
»Mas la necesidad fatal y urgente
de quien ningún humano es eximido,
con título real y preeminente
te quitará del mundo fementido.
Será el otro Meneses presidente,
mayor que no en la edad en el sentido:
gobernará y hará al dichoso Enrique
que en el mundo su fama se publique.
»No sólo vencerá los Malabares,
destruyendo a Panane con Coulete,
sin temer las bombardas que en lugares
peligrosos su fuego se entremete;
mas con virtudes claras, singulares,
los enemigos vence, y acomete
del alma la codicia, incontinencia
que en edad tan lozana es excelencia.
»Después que las estrellas lo llamaren,
tomarás, Mascareñas, el gobierno,
y si injustos el mando te quitaren,
no te podrán quitar el nombre eterno:
para que tus hazañas más se aclaren
el hado te ha traído más superno
a mandar, más de palmas coronado
que de justa fortuna acompañado.
»Del reino de Bintán, que tantos daños
tiene a Malaca mucho tiempo ha hechos,
en solo un día injurias de mil años
vengarás con favor de ilustres hechos:
los trabajos, peligros, los engaños,
de hierro abrojos mil, pasos estrechos,
trincheras, baluartes y saetas,
te quedan que las rompas y sometas.
»Mas la codicia y ambición que muestra
su rostro descubierto en el imperio
contra Dios y justicia, siendo diestra,
disgusto te hará, no vituperio.
El que injuria hiciere, con siniestra
fuerza y poder en que se ve, adulterio
acomete, y no vence, que victoria
es ganar de justicia eterna gloria.
»Mas con todo no niego que Sampayo
será en esfuerzo ilustre y señalado,
mostrándose en el mar un fiero rayo,
que de enemigos mil verá cuajado.
En Bacanor hará cruel ensayo,
y en Malabar, para que, amedrentado,
después de ser vencido de él se venga
Cutiale, con cuanta armada tenga.
»Y no menos de Dío la gran flota,
que Chaúl temerá por ser osada,
con la vista será perdida y rota,
por Héctor de Silveira destrozada;
por Héctor, portugués, de quien se nota
que en la costa Cambaica siempre armada
será a los Guzarates tan tirano
cuanto lo fué a los griegos el Troyano.
»A Sampayo sucede en fuerza y cargo
Cuña, que en Chale torres levantadas
tendrá, teniendo el mando tiempo largo
y a Dío con sus gentes refrenadas.
El fuerte Bazaín con trance amargo
de guerra ganará, con cuchilladas
de que gime Melique que la espada
a su trinchera tenga sujetada.
»Tras él vendrá Noroña, y con bullicio
de armas los fieros Rumes ahuyenta
de Dío, que el valor y el ejercicio
de Antonio de Silveira la sustenta:
en Noroña la muerte hace su oficio
cuando un tu ramo, oh Gama, se presenta
al gobierno indiano, cuyo celo
hará temblar la mar, el aire y suelo.
»De manos de tu Esteban tomaría
las riendas el que ya será ilustrado
en Brasil con dar muerte áspera y fría
al pirata francés, al mar usado;
y capitán mayor, escalaría
el muro de Damán, soberbio, armado,
entrando él el primero por la puerta
que fuego y flechas mil tienen cubierta.
»A éste el rey cambaico soberbísimo
fortaleza dará en la rica Dío,
porque contra el Mogor poderosísimo
le ayude a defender su señorío:
después irá con pecho esforzadísimo
a quitarles el paso por el río
al rey de Calicut, que en aquel seno
lo hará retirar de sangre lleno.
»La ciudad Repelín será talada,
puesto su rey con muchos en huída,
y al cabo Comorín desbaratada
con su valor y fuerza esclarecida.
De Samorín la grande y gruesa armada,
que a destruir el mundo se convida,
vencerla ha con furor de hierro y fuego
y así verá Beadala el marcio juego.
»Estando la India limpia de contrarios,
vendrá después con cetro a gobernalla
quien no halle resistencia ni adversarios,
mas toda la refrene con miralla.
Si los peligros quieres ordinarios
probar tú, Baticala, que Beadalla,
de sangre y cuerpos muertos serás llena
y con fuego arrojada por la arena.
»Éste será Martín, que trae de Marte
el nombre con las obras derivado:
tanto en armas se ilustra en toda parte,
cuanto en consejos sabio y bien mirado.
Castro sucederá, que el estandarte
portugués tendrá siempre levantado,
sucesor digno al que le ha precedido,
que a Dío levantada ha defendido.
»Los Persas, Abasís, Rumes feroces
que del nombre de Roma nombre tienen,
varios de gestos, de costumbre atroces,
mil naciones al cerco fieras vienen:
mil quejas dan al cielo, al mundo voces,
que unos pocos la tierra les detienen:
en sangre Portuguesa juran todos
de bañar los mostachos, rostros, codos.
»Basiliscos horribles y leones,
trabucos fieros, minas encubiertas,
sustenta Mascareñas con varones
que las muertes ya tienen por muy ciertas,
hasta que en las mayores opresiones
Castro libertador, haciendo ofertas,
de sus hijuelos, quiere que ilustrados
queden, siendo a su Dios sacrificados.
»Hernando, digno ramo de esta planta
donde el violento fuego con ruído
las torres hiende y muros que quebranta,
lo vuela, y de allí al cielo fué subido.
Álvaro, cuando el frío al mundo espanta,
y el camino con nieve está impedido,
vence la mar, las aguas, los contrarios
vientos, los enemigos adversarios.
»Veis acá el padre que las ondas corta
con el resto de gente Lusitana,
y con fuerza y saber, que más importa,
la batalla presenta soberana:
por las paredes el camino acorta
a la entrada, mas otros por la insana
escuadra. Hechos hacen, de memoria
dignos, que no cabrán en larga historia.
»Este después en campo se presenta
vencedor, fuerte, intrépido, al pujante
rey de Cambaya, a quien más desalienta
la fiera multitud cuadrupedante;
y no menos sus tierras no sustenta
Hidalcán, contra el brazo que triunfante
a Dabul da castigo por respuesta;
ni Pondá escapa, tierra adentro puesta.
»Estos y otros varones, por mil partes
dignos todos de fama y escritura,
haciéndose en la tierra bravos Martes,
gozarán de esta isla su frescura;
arrastrando en el mar los estandartes
vencedores con próspera ventura,
hallarán estas ninfas, estas mesas,
que glorias y honras son de altas empresas.»
Cantaba esto la ninfa, y todas ellas
con sonoroso aplauso voces daban,
con que de los donceles y doncellas
las bodas con placer se celebraban:
ya no podrá Fortuna, ni aun estrellas,
quitarles el valor que aquí alcanzaban,
ni os tiene de faltar, gente famosa,
honra, nombre ni fama glorïosa.
Después que aquí la corporal flaqueza
se satisfizo del mantenimiento,
y a la dulce armonía y gran destreza
el oído le dieron, pronto, atento,
Tetis, de gracia ornada y gentileza,
para darles mayor contentamiento
y las fiestas doblar de aqueste día,
al valeroso Gama así decía:
«Merced te hace, oh Gama, la sapiencia
suprema que con ojos corporales
veas lo que no puede ver la ciencia
de los bajos y míseros mortales:
mis pasos seguirás con gran prudencia
por este monte, tú con tus iguales.»
Y con esto se entró un bosque cerrado
do nunca humano pie fuera estampado.
No andan mucho, cuando en la alta cumbre
se hallan, donde un campo se esmaltaba
de esmeraldas, rubís, que a la vislumbre
ser el cielo estrellado figuraba:
un globo está en el aire, a quien la lumbre
clarísima con rayos penetraba,
de modo que su centro es evidente,
como la superficie, claramente.
Cuál sea su materia no está claro,
mas divísase bien que está compuesto
de varios orbes que el Maestro raro
compuso un solo centro a todos puesto:
en que se abaje o alce no reparo,
pues no se alza o abaja, mas un puesto
en toda parte tiene, en cualquier parte
está principio y fin por divina arte.
Uniforme, perfecto y sostenido
en sí (tal arquetipo lo criara),
viendo el Gama tal Globo, conmovido
de deseo y espanto se quedara:
«Aquí, dijo la diosa, reducido
en un pequeño espacio se te aclara
el mundo porque en él distinto veas
por dó vas, dónde irás, lo que deseas.
»Ves aquí la gran máquina del mundo,
etérea, elemental, que fabricada
así fué del saber alto y profundo
que es sin principio y meta limitada:
quien cerca alrededor este rotundo
Globo y su superficie tan limada,
es Dios; mas quién sea Dios nadie lo entiende,
que a tanto nuestro ingenio no se extiende.
»Este orbe que primero va cercando
los otros más pequeños que contiene,
que está con pura luz claro alumbrando
de modo que la vista no la atiene,
el Empíreo se llama, do gozando
puras almas están del bien que tiene,
tal que él solo se extiende y él se alcanza,
de quien no hay en el mundo semejanza.
»Aquí solos los santos glorïosos
están; que yo, Saturno, Marte o Jano,
Júpiter, Juno, somos fabulosos,
fingidos de un descuido ciego, insano:
sólo para los versos deleitosos
servimos, y si más el trato humano
nos puede dar, es que el ingenio vuestro
a las estrellas ponga el nombre nuestro.
»Y también que la santa providencia,
que en Júpiter aquí se representa,
por espíritus mil, con su prudencia,
gobierna el mundo todo que sustenta:
aquesto nos declara la alta ciencia
con los ejemplos grandes que presenta,
pues los buenos nos guían, favorecen,
los malos cuanto pueden nos empecen.
»Quiera aquí la pintura que varía,
ahora dando gusto, ahora enseñando,
darles nombres que ya la poesía
a sus dioses los diera fabulando:
los ángeles de la alta jerarquía
dioses el sacro verso está llamando,
ni niega que este nombre preeminente
a los malos se da, mas falsamente.
»En fin, que el sumo Dios, que por segundas
causas obra, este mundo todo manda;
y tornando a contarte las profundas
obras de aquesta mano veneranda,
debajo el orbe (ve, no te confundas)
donde gozan las almas, que no se anda,
otro corre tan presto y tan ligero
que no se ve, el cual es móvil primero.
»Con este rapto y grande movimiento
van todos los que están dentro en su seno:
por obra de este Sol andando atento,
el día y noche hace en curso ajeno:
debajo este veloz anda otro lento,
tan tardo y sojuzgado al duro freno,
que en cuanto Febo, de la luz no escaso,
doscientos cursos hace, da él un paso.
[Ilustración:
Por serviros a todo aparejados,
lejos de vos, a vos son obedientes:
en cumplir son, señor, vuestros mandados,
sobre cuantos se hallan diligentes;
_Canto X, Estr. 148._
]
»Mira esotro debajo que esmaltado
de cuerpos lisos anda, y radiantes,
que en él guardan su curso concertado
y en sus ejes se muestran las errantes;
bien ves cómo se viste y está ornado
de un largo cinto de oro que, estrellantes,
doce animales tiene figurados,
aposentos de Febo limitados.
»Mira por otras partes la pintura
que las estrellas claras van haciendo;
mira el Carro, la Barca y Cinosura,
Andrómeda, su padre, y el horrendo
Dragón, de Casiopea la hermosura,
de Orión el gesto tan tremendo,
mira el Cisne muriendo que suspira,
la Liebre, la Canícula, la Lira.
»Debajo de este grande firmamento
de Saturno es el orbe que prosigo:
Júpiter luego hace movimiento;
Marte debajo, bélico enemigo,
del ojo el cielo, tiene el cuarto asiento;
y Venus los amores trae consigo;
Mercurio, de elocuencia soberana;
con tres rostros abajo está Diana.
»En todos estos orbes diferente
curso verás: cuál grave, cuál más presto;
ora huyen del centro largamente,
ora hacen su curso cabe él puesto:
bien como quiso el Padre omnipotente
que el fuego, el aire y viento y nieve ha puesto,
a los cuales verás estar más dentro
y que tienen la tierra y mar por centro.
»Este centro es posada a los humanos,
que no sólo de osados se contentan
con sufrir de la tierra los insanos
peligros, mas la mar experimentan:
verás las varias partes que indianos
mares dividen, donde se aposentan
varias naciones, reinos eminentes,
en leyes y costumbres diferentes.
»Ve la Europa cristiana, muy más clara
que las demás en gracia y fortaleza;
África, de sus bienes tan avara,
inculta y toda llena de bruteza;
mira el cabo que siempre se os negara
que al Austro lo asentó naturaleza;
mira esa tierra toda, que se habita
de la gente sin ley casi infinita.
»Ve de Monomotapa el grande imperio,
de selvática gente negra y perra,
donde el santo Gonzalo vituperio
padecerá por Cristo y dura guerra:
nace por este incógnito hemisferio
el metal, por quien más la gente yerra:
mira del lago donde se derrama
el Nilo, cómo corre el río Guama.
»Ve las casas de negros siempre abiertas
y cómo viven todos confiados:
la justicia las guarda más que puertas,
y a ninguno sus bienes son robados:
mira las tierras de éstos ya cubiertas,
cual de tordos los árboles cuajados,
de Zofala cercar la fortaleza,
que defenderá Añaya con destreza.
»Ve las lagunas donde el Nilo nace,
que los antiguos nunca conocieron,
en cuya playa el cocodrilo pace
y gentes de Abasís en Dios creyeron;
a quien ni la muralla falta hace,
mas siempre a sus contrarios resistieron:
ve a Meroe, que isla fué de antigua fama
y ahora el natural Nobá la llama.
»Aquí en aquesta tierra un hijo tuyo
en armas contra el Turco será claro:
Don Cristóbal será el gran nombre suyo,
mas contra el fin fatal no habrá reparo:
ve la costa del mar, de do no huyo,
pues Melinde dió en ella hospicio caro:
el río, nota bien, que su romance
suele llamar Obi y entra en Quilmance.
»Ve el cabo que fué Arómata llamado,
y llaman Guardafú sus moradores;
de la boca comienza del nombrado
mar Rojo, que del fondo trae colores:
éste como mojón está arrojado
que Asia y África parte, y las mejores
poblaciones de Libia que aquí miro
Mazuá son, Zuarque, con Arquiro.
»Ve la extrema Suez, que antiguamente
de Héroas dicen ser ciudad nombrada:
otros dicen que Arsinoe, y al presente
con la flota de Egipto es afamada:
mira el agua do abrió por su corriente
camino el gran Moisés siendo tocada:
Asia comienza aquí, que se presenta
en tierras grande, en reinos opulenta.
»Mira el monte Sinaí, que se ennoblece
con el cuerpo de Santa Catalina:
mira Toro y Gidá, a quien enflaquece
la falta de agua clara cristalina:
las puertas del estrecho do fenece
el reino de la Adén, que allá confina
con la sierra de Arcira, piedra viva,
donde la lluvia nunca se deriva.
»Ve las Arabias tres, que tanta tierra
toman, todas de gente vaga y baza,
donde vienen caballos para guerra
ligeros y muy fuertes, de alta raza;
ve la costa que corre hasta que cierra
otro estrecho de Persia y hace traza
con el cabo que el nombre lo apellida
de Fartaque, ciudad allí subida.
»Mira a Dofar, insigne en oloroso
incienso, necesario al sacrificio;
y a Rozalgate, reino populoso,
cuyas playas desiertas hace el vicio;
mira el reino de Ormuz, que tan famoso
Castelblanco lo hizo con su oficio,
rindiendo a su valor la turca armada
por virtud de su brazo y de su espada.
»Mira el cabo Asaboro, que llamado
ahora es Mozandán de navegantes:
por aquí se entra el lago que es cerrado,
de Arabia y Persia tierras abundantes:
mira la isla Barén, que el fondo ornado
tiene de ricas perlas, rutilantes
más que la Aurora: ve en la agua salada
de Tigris y de Eufrates una entrada.
»Mira el persiano imperio memorable,
siempre puesto en el campo y en caballos,
a quien el cobre fué injuria notable
y no traer de las armas duros callos:
mas la isla Gerum, muy miserable,
que ve el tiempo sus muros derriballos,
muestra cómo de Armuza, que allí estuvo,
ella el nombre después y gloria tuvo.
»Aquí de don Felipe de Meneses
se muestra la virtud en armas clara,
cuando con muy poquitos portugueses
los muchos Párseos vencerá de Lara:
querrán probar los golpes y reveses
de don Pedro de Sosa, que probara
ya su brazo en Ampaza, sujetada
con valor de su capa y de su espada.
»Dejemos el estrecho y conocido
cabo de Iasque, Carpella llamado,
con todo su terreno mal querido,
de bienes de natura despoblado:
Carmania tuvo ya por apellido,
mas ves el Indo que del fresco lado
de aquella altura baja sonriendo,
y de otra igual el Gange está corriendo.
»Ve la tierra de Ulcinde fertilísima,
de Iaquete la íntima ensenada:
la henchiente de la mar mira grandísima,
la vaciante que huye apresurada:
la tierra de Cambaya ve riquísima,
donde del mar el seno hace entrada:
ciudades otras mil, que voy pasando,
a vosotros aquí se están guardando.
»La costa para el Sur corre indiana
y al cabo Comorí, Cori llamado,
que enfrente de sí tiene a Taprobana,
que de Ceilán el nombre haya tomado:
por este mar la gente Lusitana,
después de ti, vendrá con brazo armado:
tendrá victorias, tierras y ciudades,
y en ellas vivirá muchas edades.
»Las provincias que entre uno y otro río
ves, con varias naciones infinitas,
de varios reyes es su señorío
a quien el diablo dió leyes escritas.
Ve de Narsinga, que el terreno frío
las reliquias posee, santas, benditas,
del cuerpo de Tomé, varón sagrado
que la mano a Jesús metió en su lado.
»Aquí la ciudad fué que se llamaba
Meliapor, hermosa, grande, rica:
los ídolos antiguos adoraba
como lo hace aquesta gente inica:
lejos del mar en aquel tiempo estaba
cuando la fe de Dios Tomé predica,
que doctrinando al mundo ya pasara
provincias mil y a todas enseñara.
»Llegó aquí a predicar la salud, dando
a los enfermos y a los muertos vida:
acaso por la mar viene nadando
un leño de grandeza desmedida:
desea el rey, que andaba edificando,
llevarlo do la obra le convida,
y piensa de moverlo con pujantes
fuerzas de hombres, ingenios de elefantes.
»Era tan grande el peso del madero,
que para menearlo nada basta;
mas el nuncio de Cristo verdadero
menos trabajo en tal negocio gasta:
ata el cordón que trae por lo postrero
del leño y del gran peso lo desbasta:
tráelo donde se haga un sacro templo
que quede a los futuros por ejemplo.
»Sabía bien que si con fe formada
mandase a un hombre sordo que se mueva,
tiene de obedecer la voz sagrada,
que así lo enseñó Cristo y él lo prueba:
la gente queda de esto alborotada:
los bramines, que ven ser cosa nueva,
viendo aquestos milagros tan patentes,
han miedo de quedar menos potentes.
»Estaban ya con celos envidiosos,
temiendo que la gente en Dios no crea;
buscan maneras mil, casos astrosos
por do Tomé se vaya o muerto sea:
el principal de aquestos orgullosos
quiere que un caso horrendo el mundo vea,
que enemiga no hay tan dura y fiera
como la virtud falsa a la sincera.
»Un hijo propio mata, y luego acusa
de homicidio a Tomé, que era inocente:
con falsos testimonios, como se usa,
lo condenan a muerte brevemente:
el santo, que no ve mejor excusa
que apelar para el Padre omnipotente,
quiere delante el rey y los señores
un milagro hacer de los mayores.
»El cuerpo muerto manda ser traído,
que resucite y sea preguntado
quién fué su matador: será creído
por testigo fïel más aprobado:
el mozo se levanta con sentido
en nombre de Jesús crucificado:
da gracias a Tomé que le dió vida,
descubre ser su padre el homicida.
»Causó aqueste milagro tal espanto,
que el rey se baña luego en agua santa,
y con él muchos: uno besa el manto,
otro loor a Dios y a Tomé canta:
los bramines se hinchen de odio tanto,
púnzales con veneno envidia tanta,
que, persuadido el vulgo innoble, obscuro,
muerte le quiere dar sobre seguro.
»Un día que enseñando al pueblo estaba
fingieron en la gente un gran ruido:
ya Cristo en este tiempo le ordenaba
que con palma a los cielos sea subido:
la multitud de piedras que volaba,
al santo da, a la muerte ya ofrecido,
y un malo, por hartarse más de priesa,
por el pecho una lanza le atraviesa.
»Lloráronte, Tomé, el Gange famoso
y el Indo, con la tierra que pisaste:
más te lloran las almas que el lustroso
rayo de fe perdieron que enseñaste:
los ángeles con canto sonoroso
a la gloria te llevan que ganaste:
pedímoste, Tomé, que favorezcas
tus Lusos y que a Dios se los ofrezcas.
»Vosotros que usurpáis el nombre claro
de ser, como Tomé, de Dios enviados,
¿cómo os estáis de asiento, y sin reparo
dejáis a los infieles deslumbrados?
Sal sois, y si os podrís en vuestro caro
nido, donde profetas no hay nombrados,
¿con qué se salarán en nuestros días
(infieles dejo) tantas herejías?
»Mas paso esta materia peligrosa:
tornemos a la costa dibujada:
ya con esta ciudad tan populosa
se encorva la gangética ensenada:
corre Narsinga, rica y poderosa;
corre Orixa, de ropas abastada,
y al fin de aquesta entrada el dulce río
Ganges viene al salado señorío.
»Ganges, do es abusión de habitadores
que muriendo bañados, con certeza,
aunque hayan sido grandes pecadores,
recobran con esta agua gran pureza:
ve a Chatigán, ciudad de las mejores
de Bengala, que estima su realeza
y no ve que está puesta en tierra angosta
al Austro, ladeada a aquesta costa.
»Mira el reino Aracán, mira el asiento
de Pegú, que ya monstruos lo poblaron
monstruos hijos de feo ayuntamiento
de una mujer y can, que aquí se hallaron:
alambre usan aquí en el instrumento
de la generación, el cual usaron
por maña de la reina que, inventando
tal uso, fuera echó el error nefando.
»Mira Tauay, ciudad de do se sigue
de Sión el imperio tan crecido:
Tenasarí, Quedá, que dar prosigue
pimienta que su tierra ha producido:
mira cómo a estas todas las persigue
Malaca, con su imperio ennoblecido,
y cómo todas a ella por mil vías
procuran enviar mercaderías.