aguas el mar entrando dividiera
la noble isla Samatra, que ya de antes
juntas ambas la gente antigua viera:
Quersoneso fué dicha de abundantes
venas de oro que la isla produjera:
Áurea por epiteto le ayuntaron;
otros que fuese Ofir imaginaron.
»En punta de la tierra Singapura
verás donde el camino más se estrecha
a la flota; la costa a Cinosura
se encorva, y a la Aurora está derecha:
ve a Pan y Patane, reinos; la altura
de Sión a quien todo el lado pecha:
mira el río Menón, que se derrama
del grande lago que Chiamay se llama.
»Ve en este gran terreno diferentes
nombres de mil naciones no sabidas:
los Laos, en tierra y número potentes;
Anás, Bramás, por sierras tan cumplidas:
ve en los remotos montes otras gentes
que Geos se llaman, de silvestres vidas:
humana carne comen, y pintados
con husillos ardiendo son quemados.
»Ves pasa por Camboya Mecón río,
que capitán del agua se interpreta:
tantas recibe en sí por el estío
que los campos aniega e inquieta:
hinchentes tiene como el Nilo frío:
la gente de su orilla cree indiscreta
que los brutos tendrán de cualquier suerte
o gloria o pena eterna con la muerte.
»Este recibirá plácido y blando
en sí los tristes Cantos que mojados
vendrán, del gran naufragio miserando
de procelosos bajos escapados,
de hambres, de peligros grandes, cuando
serán con mando injusto ejecutados
en aquel cuya lira sonorosa
será más celebrada que dichosa.
»Mira la costa que Champá se llama,
con oloroso palo celebrada,
y a Cochinchina, sin su nombre y fama,
y de Ainán la incógnita ensenada:
aquí el soberbio imperio, que se afama
en tierras y riqueza no pensada,
de China corre, ocupa el señorío
desde el Trópico ardiente al Cinto frío.
»Mira el muro, edificio no creído,
que entre un imperio y otro se edifica,
indicio claro, cierto y conocido
de su grande potencia extraña y rica:
el rey que de ella es rey no es rey nacido,
ni la casta real se multiplica;
mas escogen por rey al más famoso
caballero, discreto y virtuoso.
»Aun otra mucha tierra se te esconde
hasta que venga tiempo de mostrarse;
mas las islas del mar no dejes, donde
quiso naturaleza señalarse:
esta medio escondida, que responde
a la China, por donde va a buscarse,
es Japón, donde nace plata fina
que ilustrada será con ley divina.
»Mira acá por los montes del Oriente
las infinitas islas derramadas:
ve a Tidore, a Ternate, y la ferviente
cumbre que de sí arroja llamaradas:
las árboles verás de clavo ardiente,
con Portuguesa sangre bien compradas,
y las doradas aves, que en el suelo
no se ven, sino muertas y sin vuelo.
»Ve de Banda las islas, que se esmaltan
de la color que pinta el rojo fruto;
las aves tan pintadas que allí saltan,
cogiendo de la nuez verde tributo:
ve también a Borneo, do no faltan
lágrimas, ni licor cuajado, enjuto,
del árbol que alcanfor blanco es llamado,
con que de la isla el nombre es celebrado.
»Ve a Tinor, que a tu reino llevar manda
sándalo salutífero oloroso:
ve la Sunda, tan larga, que una banda
esconde para el Sur dificultoso:
la gente del país, que tierras anda,
un río dice haber miraculoso
que por adonde corre no mezclado
convierte en piedra el palo que es echado.
»Mira la que por tiempo fué isla hecha,
que por la cumbre llamas evapora;
la fuente que olio da de su cosecha,
oloroso licor que el tronco llora,
más fragante que cuanto se aprovecha
de la hija de Ciniras, do mora:
de cuanto las más tienen es tesoro,
y más da blanda seda y muy fino oro.
»Mira el Ceilán, que monte se levanta
sobre las nubes con nueva grandeza:
por cosa los de allí la tienen santa,
porque hay señal de un pie en la suma alteza:
mira a Maldivia, do nace la planta
en el agua con tal naturaleza
que es su fruto al veneno más potente
antídoto escogido y excelente.
»Verás defrente estar del rojo estrecho
Socotorá, con áloe famosa:
otras islas también rendirá el pecho
del Luso en la africana costa astrosa,
que darán en olores gran provecho
la masa al mundo incógnita y preciosa:
de San Lorenzo ve la isla afamada,
de algunos Madagascar fué llamada.
»Aquestas son las partes del Oriente
que vosotros haréis claras al mundo,
abriendo al ancho mar puerta patente
con un pecho invencible, furibundo;
mas es también razón que en el Poniente
un hecho se celebre sin segundo
de un Portugués que, del rey agraviado,
camino ha de hacer nunca pensado.
»Mira la grande tierra que contina
va de Calisto a su contrario polo:
¡qué soberbia será con rica mina
de metal que color tiene de Apolo!
Castilla de tal presa será dina,
el poder castellano la habrá sólo,
suyas serán las tierras y las gentes
en ritos y costumbres diferentes.
»Mas donde más se alarga tendréis parte
que del palo bermejo quede nota:
el nombre es Santa Cruz, do cuando parte
primero la descubre vuestra flota:
a par de aquesta costa, con grande arte,
descubrirá la parte más remota
Magallanes, en hechos marinero,
mejor que Portugués ni caballero.
»Después que más que media la rodea,
por donde al polo antártico se inclina,
de una estatura casi gigantea
hombres verá en la tierra que es vecina;
y adelante el estrecho que se arrea
con nombre de él ahora, do camina
para otra tierra y mar que queda donde
Austro con alas frías nos la esconde.
»Hasta aquí, Portugueses, concedido
os ha sido saber los fuertes hechos
que por el mar que ya dejáis sabido
han de hacer varones de altos pechos:
ahora, pues habéis acometido
trabajos por quien gracias y provechos
os darán estas ninfas tan hermosas
que coronas os tejen tan gloriosas,
»podeisvos embarcar, que tenéis viento
y mar bonanza, a vuestra patria amada.»
Esto dicho, hicieron movimiento,
al punto, de la isla Enamorada:
llevan de ella refrescos y alimento,
llevan la compañía deseada
de ninfas, que tendrán eternamente,
por más tiempo que el Sol será luciente.
Así fueron cortando el mar sereno
con viento siempre manso, nunca airado,
hasta que hubieron vista del terreno
en que nacieron, tanto deseado.
Entraron por la hoz del Tajo ameno:
a su patria querida y rey amado
el premio y gloria dan porque enviara
y con títulos nuevos se ilustrara.
No más, oh Musa, que la lira tengo
destemplada y la voz enronquecida,
y no del canto, mas de ver que vengo
cantando a gente sorda, endurecida;
el favor con que el ánimo sostengo
no me lo da la patria, que metida
está en grande codicia y vil dureza
de una austera, mortal, zafia tristeza.
Y no sé por qué influjo o qué destino
no tienen un orgullo y gallardía
que los pechos levanta de contino
a buscar en trabajos alegría;
pues, rey que por consejo alto, divino
la gente gobernáis que el Luso cría,
mirad que sólo sois (ved otras gentes)
señor de unos vasallos excelentes.
Mirad qué alegres van por las tormentas,
cuales fieros leones, toros bravos,
pasando mil peligros, mil afrentas,
cual si os fueran, señor, presos esclavos:
a hierro, a fuego, a saetas turbulentas
ofrecen su vivir, por poner clavos
al eje de la rueda de Fortuna,
porque no os sea mudable, mas siempre una.
Por serviros a todo aparejados,
lejos de vos, a vos son obedientes:
en cumplir son, señor, vuestros mandados,
sobre cuantos se hallan, diligentes;
y con saber que son de vos mirados,
demonios infernales, brutas gentes,
rendirán con esfuerzo esclarecido,
que vencedor os deje, no vencido.
Favorézcalos luego vuestra alteza
mostrándoles humana esa presencia:
de leyes les mitigue la aspereza,
que es el cierto camino de excelencia:
a los dignos encumbre en la grandeza
(que tuvieren bondad con experiencia)
de vuestro gran consejo, pues que saben
el cómo y cuándo y dó las cosas caben.
A todos dad favor en sus oficios
según tienen de vidas el talento:
los religiosos sean sus ejercicios
orar por vuestra vida y vuestro aumento:
con disciplina, ayuno por los vicios
comunes, la ambición tendrán por viento,
que el religioso bueno y verdadero
no busca acá las honras ni el dinero.
Tened los caballeros en estima,
pues con su sangre intrépida, ferviente,
la ley no sólo aumentan que es de encima,
mas vuestro claro imperio, preeminente:
pues aquellos que a tan remoto clima
os fueron a servir con celo ardiente,
dos enemigos vencen, unos vivos,
y, lo que es más, trabajos excesivos.
Haced como no digan admirados
los de Alemania, Italia y los ingleses,
que son mucho mejor para mandados
que no para mandar los Portugueses.
Tomad consejo de experimentados
que vieron largos años, largos meses,
que puesto que en letrados mucho cabe,
el viejo mucho más por viejo sabe.
De Formión, filósofo escogido,
Aníbal, en batallas señalado,
habiéndole de guerra un poco oído,
con gallardo donaire se ha burlado:
«La milicia, le dijo, no he aprendido
y en ella me conozco más letrado:
más se aprende en la guerra con las manos
que en estudios con dichos sabios vanos.»
Mas ¿quién mete en aquesto a un ignorante,
de vos no conocido ni soñado?
Es porque de la boca del infante
suele ser el loor más estimado.
En las armas soldado, y estudiante,
a las letras he sido dedicado
con ingenio, que aquí veréis presente,
cosas que juntas hay muy raramente.
Brazo para os servir a guerras hecho,
Musa para os cantar a versos dada;
mas fáltame el no seros de provecho,
ni mi fuerza de vos ser estimada:
si esto me dais, y emprende vuestro pecho
digna empresa de ser por mí cantada,
como mi entendimiento lo adivina,
viendo la inclinación vuestra divina,
o haciendo que, más que de Medusa,
de vuestro mirar tiemble el monte Atlante,
o rompiendo en los campos de Ampelusa
de Marruecos el muro y Turudante,
en empresa tan alta mi alta musa,
por ser vuestra, haré que al mundo os cante,
siendo vos de Filipo el heredero
y yo a vos lo que a Aquiles le fué Homero.
FIN
ÍNDICE
Páginas
CANTO PRIMERO.--Concilio de Júpiter y los demás dioses sobre
el descubrimiento de la India oriental que el almirante don
Vasco de Gama, por mandado del Serenísimo Don Manuel, rey de
Portugal, iba a hacer. En él se muestra Baco adversario, Venus
propicia, Marte fautor de los portugueses, los cuales descubren
la isla de Mozambique y Quiloa. Y, finalmente, perseguidos del
uno y amparados de los otros, no sin muchos trances de guerras y
peligros de mar, llegaron a Mombaza. 9
CANTO SEGUNDO.--Cuéntase cómo, llegada la flota a Mombaza,
fuera destruída por orden del adversario Baco, si Venus con las
Nereidas no acudiera a estorbarlo: la cual alcanza de Júpiter
que Mercurio bajase a hacer partir de allí al capitán Gama,
de Mombaza a Melinde, do fué humanamente él y los suyos del
Melindano recibido, el cual, habiéndolos visitado con amor, les
pide le cuenten cuál es su tierra, su gente y qué partes del mar
han corrido y visto en la derrota. 37
CANTO TERCERO.--Respondiendo Gama a lo pedido por el rey
melindano, describe a Europa en la figura común del cuerpo,
haciendo a España cabeza y cumbre a Portugal. Comienza a contar
la genealogía de sus reyes, las diversas victorias que alcanzaron
de moros y otras gentes. Cuenta la lastimosa muerte de la
bellísima señora doña Inés de Castro, mujer segunda del rey Don
Pedro el Cruel, y la justa venganza que de sus matadores tomó,
habiendo los del rey Don Pedro el Cruel de Castilla. Llega este
canto hasta la vida del rey Don Fernando el Remiso, hijo de Don
Pedro el Cruel. 67
CANTO CUARTO.--Cuéntase cómo al rey Don Fernando sucedió Don Juan
I, de este nombre, hijo bastardo del rey Don Pedro el Cruel: en
cuyo tiempo hubo las diferencias entre Castilla y Portugal sobre
la sucesión del reino, donde acaeció lo de Aljubarrota. Cuéntase
también lo de Toro y Zamora, do fué desbaratado el rey Don
Alonso, que se quería casar con la excelente señora llamada la
Beltraneja, sobrina suya, y su hijo Don Juan el II, el cual fué
el primero que envió a descubrir las partes del Oriente, a quien
sucedió en reino y propósito Don Manuel, que a Gama envía. 105
CANTO QUINTO.--Prosiguiendo Gama su narración, describe el
camino de las Indias Orientales hasta Melinde, con las islas,
puertos y costas que se pasan. Cuenta cómo les apareció el cabo
Tormentorio, en figura humana, contándole las naos y capitanes
que en él habían de perecer, y unos tiernos amores suyos, y la
enfermedad que en Zofala su gente padeció, muriendo mucha de
ella. Y con esto satisface a las preguntas de patria, gente y
camino andado que el rey al capitán había pedido. 133
CANTO SEXTO.--Cuéntase cómo, despedidos del melindano rey, y
asentado trato y comercio de paz con él, se partieron a la India
con piloto diestro que el rey les diera: en el cual tiempo
Neptuno, por intercesión de Baco, junta concilio de los dioses
y diosas del mar: en él se resuelven todos que la flota con
tempestad sea hundida y anegada. Entreteníanse en esto los que la
centinela de la noche hacían con la famosa historia de los Doce
de Inglaterra, con los hechos de Magricio, cuando sobrevino la
fiera tempestad en que perecieran si Venus no los socorriera. 159
CANTO SÉPTIMO.--Deseada llegada al reino de Calicut, donde
son recibidos humanamente del Samorín, emperador del reino de
Cambaya, y hallaron a Monzaide, moro de Túnez, que al rey informa
de los portugueses y a ellos de la tierra y poder del rey. Va
un Catual, gobernador suyo, a ver la armada, donde fué recibido
con gran fiesta; y con ocasión de ciertos retratos que en la nao
iban, le dan cuentan de su valor y hazañas hechas en África. 185
CANTO OCTAVO.--Gama declara al Catual quién fué Luso, de donde
se dijo su tierra Lusitania: las famosas hazañas de gentes
portuguesas y sus reyes. Samorín, emperador, por persuasión de
hechiceros y de Baco, que todo lo urdía, determinó destruir los
portugueses y quemarles la flota. Desengañado Gama por Monzaide
el Africano, sin asentar trato de paz, se vuelve trayendo alguna
canela, pedrería, y malabares algunos, con el Monzaide, en señal
de la tierra descubierta en la India. 209
CANTO NONO.--Con ingeniosa ficción se pone un divino refresco y
ayuda de costa que a los desconsolados portugueses en medio del
camino su protectora y defensora Venus dió, representándoles
una isla fantástica llamada de los Enamorados: poniendo en ella
campos floridos, tiernos amores, prósperos sucesos y premio
regalado a los trabajos pasados en la mar: alegorizando los
deleites, al parecer voluptuosos, ser las ilustres honras con
peligros ganadas. 235
CANTO DÉCIMO Y ÚLTIMO.--La principal de las ninfas que en la
Enamorada isla a Gama le cupo en suerte le muestra un globo donde
se describe la India Oriental con todos los lugares y reinos que
por ellos serán ganados y conquistados, con las victorias que
los visorreyes y capitanes generales alcanzarán hasta allanar a
la India toda, y después, despedidos de ella y las demás ninfas,
hácense a la vela, y vienen a tomar el deseado puerto flota y
libro. 261
[Ilustración]
ÍNDICE DE LÁMINAS
Páginas
Veréis amor de patria, no movido... (pág. 11) 12
Levántase contra él la Venus bella... (pág. 17) 18
Huyendo el moro, el arco va flechando... (pág. 32) 28
Y de estas blandas muestras conmovido... (pág. 47) 44
Ya en el batel del capitán entrado... (pág. 62) 60
Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda... (pág. 97) 92
«¡Oh rey, a cuyos reinos y corona... (pág. 123) 122
«¡Oh gloria de mandar, vana codicia... (pág. 129) 138
En fin, que en esta incógnita espesura... (pág. 154) 154
Viendo Vasco de Gama que en el puerto... (pág. 179) 170
Un regidor del reino al puerto estaba... (pág. 196) 186
Por lo que ve pregunta; mas el Gama... (pág. 204) 202
¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada... (pág. 224) 218
De esta arte, en fin, conformes las hermosas... (pág. 256) 250
Por serviros a todo aparejados... (pág. 298) 282
[Ilustración]