sin gran trabajo, y en cualquiera hecho
va el temor tras los pasos de esperanza
que vive siempre dentro un mismo pecho,
me muestras, rey, tan poca confianza,
de esta verdad poniéndome en estrecho,
sin ver lo que en contrario hallarías,
sin creer a quien creer no le debías.
»Si sólo de rapiñas yo viviese,
si fuera de mi patria desterrado,
¿cómo puedes creer que me viniese
a buscar este asiento acá apartado?
¿Por qué esperanzas o por qué interese
había de cortar el mar airado,
los antárticos fríos y calores
que sufren los del Aries moradores?
»Si con grandes presentes de alta estima
me has crédito de dar a lo que digo,
yo sólo a buscar vine aqueste clima
donde el hado te dió reino y abrigo;
mas si ventura tanto me sublima
que yo torne a mi patria y nido amigo,
el presente verás soberbio y rico
con que mi vuelta aquí te certifico.
»Si te parece no creíble hecho
que el rey de Hesperia a ti venir me mande,
al corazón sublime, al fuerte pecho
el caso que es posible no le es grande:
si tú estuvieras ya bien satisfecho,
vieras cómo es razón que el rey demande
mayor crédito y fe de más alteza
para poder creer su fortaleza.
»Sabe que ha muchos años que los nuestros
reyes con gran firmeza propusieron
de vencer los trabajos y siniestros
que a las grandes empresas se opusieron,
y en descubrir los mares siendo diestros,
con ardiente deseo pretendieron
saber qué fin tenían, dónde estaban,
las últimas riberas que lavaban.
»Concepto digno fué del ramo claro
del venturoso rey que aró primero
la mar por ir a echar del nido caro
de Abila al morador que fué postrero:
aqueste, con su industria e ingenio raro,
con un madero junta otro madero
y descubre la parte que está clara
con la luz de Argos, Hidra, Liebre y Ara.
»De los sucesos prósperos primeros
nació el osar: con éste descubrieron
poco a poco caminos extranjeros,
que yendo unos tras otros prosiguieron.
Los moradores de África postreros,
los que las siete llamas nunca vieron,
fueron vistos de nos, atrás dejando
cuantos están los Trópicos quemando.
»Así, con firme pecho y con constante
propósito, vencimos la fortuna,
hasta que aquí en tu reino tan pujante
asentamos la última coluna:
pasando de la mar, loca, inconstante,
la tempestad mortífera, importuna,
a ti llegamos, rey: sólo queremos
señal que a nuestro rey de aquí llevemos.
»Esta es la verdad, rey; que no haría
por tan incierto bien, tan flaco premio,
cual, no siendo esto así, esperar podía,
tan largo, tan fingido y tal proemio:
mas antes descansar me dejaría
en el inquieto y sin reposo gremio
de la ancha Tetis, cual pirata inico
con ajenos trabajos hecho rico.
»Así que, oh rey, si la verdad propuesta
la tienes por sincera y no doblada,
allega brevedad a la respuesta,
no me agües el placer de la tornada;
mas si aun te parece que es compuesta,
ahonda en la razón, que está probada,
que con claro juício puede verse:
que la verdad es fácil de entenderse.»
Notando estaba el rey la confianza
con que el Gama probó lo que decía:
concibe con su plática esperanza,
crédito firme a cuanto refería:
pondera de palabras la pujanza,
juzga en la autoridad grande valía,
comienza de tener por engañados
los Catuales torpes sobornados.
Con esto la codicia del provecho
que espera del contrato cada año
hácele obedecer luego de hecho
al capitán y no al nefando engaño:
en fin al Gama manda que derecho
se vuelva al mar, seguro de algún daño,
y que a la tierra envíe su hacienda
que por la especería trueque y venda.
Que traiga la hacienda al fin le manda,
que en los reinos gangéticos no haya,
si alguna nueva trae de la otra banda
do se acaba la tierra y entra playa.
De la presencia parte veneranda,
demandando batel en que se vaya
al Catual, a quien incumbe el cargo,
que los suyos están muy a lo largo.
Pide la embarcación con que se vuelva;
mas el mal regidor, que nuevos lazos
armaba, no hay remedio se resuelva,
interponiendo excusas y embarazos:
desea que con alguien se revuelva
y al mar lo lleva, no en servirles brazos,
mas a pie, do ejecute su malicia,
sin que el rey pueda de ello haber noticia.
Lejos de allí le dijo que él daría
embarcación bastante en que se fuese,
o que para la luz de esotro día
su partida algún tanto difiriese:
ya de aquestas tardanzas colegía
el Gama lo que aqueste pretendiese,
que en la traición entraba torpe y fiera
lo que de él hasta allí nunca creyera.
Era este Catual de los que estaban
sobornados de aquella perra gente,
el principal por quien se gobernaban
las ciudades del Samorín potente:
de este solo los moros esperaban
efecto a sus engaños torpemente,
y el que en este concierto vil conspira
de su falsa esperanza no delira.
El Gama con instancia le requiere
que le haga llevar luego a su armada,
y que así lo mandara, le refiere,
a quien está la tierra sujetada.
¿Por qué razón le impide y le difiere
ser la hacienda allí desembarcada?
Pues lo que ya los reyes han mandado,
no puede ser por otros derogado.
No cura el Catual, ciego y corruto,
de las palabras, antes revolviendo
dentro en su fantasía algún astuto
engaño con ardid fiero, estupendo,
de cómo bañar pueda el hierro bruto
en la inocente sangre, o deje ardiendo
la flota con tal fuego que acabase
porque ningún soldado se escapase.
Que no se salve nao de éstas pretende
el consejo infiel de mahometanos,
porque no sepa nunca dó se extiende
la tierra Eoa el rey de Lusitanos.
No se va el Gama, en fin, que lo defiende
el regidor de bárbaros profanos;
ni sin su permisión irse podía,
que las embarcaciones le impedía.
A las voces del Gama detenido
el Catual responde que mandase
llegar la flota a tierra, do servido
sería mejor, si fuese o si tornase;
señal es de enemigo fementido
hacer que a tierra amiga no llegase,
que siendo fiel el rey y amigo cierto,
no tiene por qué no tomar el puerto.
De estas palabras el discreto Gama
divisa bien lo que las naos desea
el Catual, porque con hierro o llama
consume su intención dañada y fea:
en varios pensamientos se derrama
por hallar el remedio que provea
a tanto mal, a tanto daño y pena;
todo y en todo piensa, teme, ordena.
Cual la refleja luz que da el pulido
espejo de cristal claro y hermoso,
que del rayo solar siendo herido,
el rayo reverbera luminoso,
y si a diversas partes es movido
de casa por el mozo curïoso,
anda paredes, techos y tejado,
temblando aquí y allí, mas no cansado:
Tal el vago juício fluctuaba
de Gama preso, cuando se acordara
si Coello en la ribera le esperaba
con barcos, como él antes lo ordenara;
luego secretamente le mandaba
que se torne a la flota que dejara,
no fuese aquella noche salteado
del enemigo bando conjurado.
Tal ha de ser quien quiere con el Marte
imitar los ilustres, o igualarlos:
que vuele el pensamiento a toda parte;
adivinar peligros y evitarlos;
con militar ingenio y sutil arte
entender los contrarios y engañarlos;
creer a todos con prudencia rara
y no decir después: ¿Quién tal pensara?
Insiste el malabar en que esté preso
hasta ver junto a tierra nuestra armada:
él, constante en el trance más avieso,
sus amenazas tiene casi en nada:
que él quiere sobre sí tomar el peso
de lo que fragua la traición malvada
y no poner en riesgo y aventura
la flota de su rey, que está segura.
Aquella noche estuvo detenido,
y parte de otro día, cuando ordena
de se volver al rey; mas fué impedido
por la guarda que tiene en guarda buena:
el Catual le sale a otro partido,
temiendo de su rey castigo y pena
si sabe esta malicia, que podría
saberla si allí más lo detenía.
Que mande sea traída la hacienda
de la flota en barquillos a la tierra,
para que de vagar se trueque y venda,
que quien no quiere trato busca guerra;
puesto que la intención bien se la entienda,
el Gama, que el dañado pecho encierra,
el partido aceptó que aquí le trata,
pues que su libertad con él rescata.
Era la condición que le daría
equipados bateles en que venga,
que los suyos el Gama no quería
traerlos do el contrario los detenga:
la codiciosa y rica mercancía
manda el Gama venir cuanta convenga,
para que libre el negro le dejase,
y a su hermano escribió que la enviase.
Traída que fué a tierra, el Moro luego
en lugar a su gusto la aposenta:
quedáronse con ella Álvaro y Diego
para poder hacer la justa venta:
cuánto más que el oficio, mando y ruego,
al pecho vil el premio le sustenta,
bien lo mostró el gentil en este hecho,
pues suelta al Gama viendo otro provecho.
A la flota lo envía porque tiene
bastante prenda donde haber pudiese
muy mayor interés del que le viene
si al capitán más tiempo detuviese;
mas Gama, viendo ya que no conviene
a la tierra volver do le cogiese
el Catual, al puesto ya llegado,
de asiento se dejó estar sosegado.
En las naos se queda vagoroso
hasta ver lo que el tiempo descubría,
que no se fía ya del codicioso
regidor que a sobornos atendía.
Vea ahora el juicio curïoso
cuánto en el rico y pobre puede hoy día
el interés, la sed torpe, enemiga,
del dinero, que a todo nos obliga.
A Polidoro mata el rey Treício,
por quedarse señor de su tesoro;
cogió por el fortísimo edificio
su hija a Acrisio aquella lluvia de oro;
pudo tanto en Tarpeya aqueste vicio
que por él granjeó perpetuo lloro,
pues por él al contrario le dió entrada
y muere en pago de él casi ahogada.
Éste rinde las altas fortalezas
y en traidores nos vuelve los amigos;
a los nobles hacer hace vilezas,
entregar capitanes a enemigos;
de las vírgenes coge las purezas
sin temor, honra, fama ni testigos;
éste deprava a veces las ciencias,
cegando los juícios y conciencias.
Este interpreta más que sutilmente
textos y leyes todo a su albedrío:
éste causa perjurios en la gente
y en tiranía vuelve el señorío:
aun hasta a los que a Dios omnipotente
se ofrecen, los sujeta con su brío,
del labrador al rey, al santo papa,
tomando de virtud la honesta capa.
[Ilustración]
[Ilustración]
CANTO NONO
EN la ciudad se estaban muy de asiento
los dos sin disponer de la hacienda,
que los moros con maña y falso intento
hacen que nadie compre ni les venda:
quieren con engañoso fingimiento
los nuestros detener con esta prenda
hasta que fuese tiempo que viniesen
las naos de Meca, que éstas deshiciesen.
En el seno Eritreo, do fundada
fué Arsinoe del egipcio Ptolomeo,
del nombre de su hermana así llamada,
trocada en Suez, perdido ya su arreo,
cerca del puerto está Meca, nombrada
por una falsa fama y devaneo
que afirma haber en ella la profana
corriente religiosa mahometana.
Gidá se llama el puerto donde el trato
de todo el mar Bermejo florecía,
de que lleva provecho grande y grato
el soldán que esta tierra poseía:
de aquí dos malabares, por contrato
del infiel, la bella compañía
de naos por el mar Índico y extraño
por droga al puerto viene cada un año.
Aquestas naos los moros esperaban,
que, como grandes eran y famosas,
a las que su comercio salteaban
desharían con llamas polvorosas:
tanto en este socorro confiaban
que del Luso no quieren ya más cosas,
sino que tanto tiempo allí tardase
que la flota de Meca la saltease.
Mas el gobernador de cielo y gentes,
que para lo que está determinado
siempre provee de medios convenientes
por donde tenga efecto lo asentado,
influyó aquí piadosos accidentes
de afición en Monzaide, que guardado
estaba para dar al Gama aviso
y merecer con esto el Paraíso.
De éste los moros nunca se guardaban
por ser moro como ellos, antes era
participante en cuanto maquinaban:
la traición descubrió nefanda y fiera:
muchas veces las naos que al mar estaban
visita, y con piedad bien considera
el daño y sinrazón que se le ordena
por la maldita gente sarracena.
Al Gama informa de las naos y armadas
que de Meca aquí vienen cada un año,
que ahora son por todos deseadas
para ser instrumento de este daño:
de armas y gentes vienen pertrechadas
allanando en el mar cualquiera extraño,
y que puede ser de ellas oprimido,
según estaba mal apercibido.
El Gama, que también consideraba
el tiempo que al partir le incita y llama
y que del rey despacho no esperaba
mejor, porque a los moros cree y aun ama,
los factores venir luego mandaba,
sin que de su venida vuele fama,
porque ella la tornada no la impida,
la cual quiere que hagan escondida.
Pero no tardó mucho que volando
un rumor comenzó luego a sonarse
que fueron los factores presos, cuando
se supo en la ciudad querer tornarse:
la fama a las orejas penetrando
del capitán, buscó cómo vengarse,
y presa hace en unos que vinieron
a vender pedrería que trujeron.
Eran estos tratantes los mayores
de Calicut, por ricos conocidos:
su falta la sintieron los mejores
y el estar en la flota detenidos:
en las naos ya están trabajadores
volviendo el cabrestante, repartidos
al trabajo: unos tiran de la amarra,
quiebran con duro pecho otros la barra.
Cuélganse otros del mástil y desatan,
la vela que con grita se soltaba,
cuando con mayor grita al rey relatan
cómo ya nuestra armada se aprestaba:
las mujeres e hijos que se matan
de aquellos que van presos, donde estaba
el Samorín, se quejan ser perdidos
los padres de unos, de otras los maridos.
Envió los factores Lusitanos
con toda su hacienda libremente,
a pesar de los perros mahometanos,
porque el capitán suelte aquella gente.
De los presos lavaba el rey sus manos
con excusas de un hecho así indecente:
con verlos se holgaron, y tornando
los negros, van al viento velas dando.
Vase la costa abajo, porque entiende
que en vano con un rey tal trabajaba
establecer el feudo que pretende
por firmar los comercios que trataba;
mas como ya la tierra, que se extiende
al Aurora, sabida la dejaba,
a su patria se vuelve dulce y cara,
señal llevando de la que hallara.
Malabares algunos que tomados
fueron de los que el rey había enviado,
con los factores nuestros libertados;
y la pimienta y clavo que ha comprado;
de especie varios géneros juntados,
la seca flor de banda, y nuez que ha hallado
en Maluco famoso, y la canela,
con que así de Ceilán la fama vuela.
Esto todo alcanzó por diligencia
del Monzaide fiel que lo procura,
el cual por la divina Providencia
a Cristo se volvió de su locura;
africano feliz, que la clemencia
divina lo sacó de niebla obscura
y lejos de su patria halló manera
con que a la patria suba verdadera.
De la costa apartándose, se acuesta
al peligroso mar vuelta la proa,
do de Buena Esperanza estaba puesta
la meta, más temida que Lioa:
llevan alegres nuevas y respuesta
de la parte oriental para Lisboa,
emprendiendo otra vez los duros miedos
del mar incierto, tímidos y ledos.
El llegar a su patria dulce y cara,
a sus caros penates y parientes,
el contar la derrota larga y rara,
los varios cielos, climas, tierras, gentes,
el alcanzar el premio que ganara
por tan graves trabajos y accidentes,
es a cualquiera un gusto tal, que el pecho
y corazón para él es vaso estrecho.
Pero la diosa Cipria, que abogada
ha sido de los Lusos largos años,
del padre eterno, y por buen genio dada,
para les evitar males extraños,
la gloria por trabajos alcanzada,
la recompensa de los graves daños
les andaba ordenando, y pretendía
darles en tristes mares alegría.
Después de haber un poco revolvido
consigo, el largo mar que navegaron,
las graves penas que por el nacido
en tierra de Anfión se les causaron,
ya traía de atrás en el sentido
para premio de cuanto mal pasaron,
buscar algún deleite, algún descanso
en el reino del mar líquido y manso.
Algún reposo, en fin, con que pudiese
refocilar la gente tan cansada
de la navegación, como interese
de la vida en el mar triste pasada.
Parécele ser justo que se diese
cuenta a su hijo, cuya flecha airada
a los dioses abaja al vil terreno,
los hombres sube al cielo más sereno.
Aquesto imaginado, determina
sosiego darles en la grande anchura
con alguna fingida isla divina
matizada de flores y frescura,
cual las tiene en el reino que confina
con el que al hombre fué de poca tura,
fuera de las que tiene soberanas
adentro de las puertas herculanas.
Quiere que las acuáticas doncellas
allí esperen los ínclitos varones,
las hermosas que dan gloria con vellas
y con la gloria dan pena y pasiones;
con danzas y con fiestas, porque en ellas
influirá secretas aficiones,
porque con más presteza sean cazados
los pechos del amor siempre llagados.
De aquesta maña usó para que fuese
el que parió de Anquises recibido
en tierra, que do un cuero se extendiese
labró la enamorada y triste Dido.
El hijo va a buscar que esto supiese,
que su poder está puesto en Cupido,
que como le ayudó en aquella liga,
quiere que en ésta ahora ayude y siga.
Las aves junta al carro que en la vida
las exequias de muerte están cantando,
y aquellas en que fué ya convertida
Peristea, las flores apañando.
En cerco de la diosa, ya partida,
se van lascivos besos todas dando:
ella por donde pasa, el aire, el viento,
sereno hace con su movimiento.
A los Idalios montes se desciende
do su flechero hijo acaso andaba
ayuntando otros muchos, que pretende
expedición hacer soberbia y brava
contra el caduco mundo, porque enmiende
errores en que ha mucho que se estaba,
amando cosas que le fueron dadas,
no para ser amadas, más usadas.
Ve Acteón en caza tan austero,
ciego de una alegría bruta, insana,
que por seguir un feo animal fiero
huye la gente y bella forma humana,
y por darle un castigo cruel, severo,
la belleza le muestra de Diana,
y guárdese no sea consumido
de los perros y galgos que ha querido.
Del mundo ve los grandes y señores
que nadie en el bien público imagina,
ni tienen a otra cosa alguna amores
si no es a sí o a quien Filaucia inclina:
ve que los que frecuentan como oidores
las salas, por la buena y fiel doctrina
vencen adulación, que mal consiente
limpiarse el nuevo trigo floreciente.
Los que deben tener a la pobreza
amor, y al pueblo caridad ferviente,
aman sólo los mandos y riqueza,
fingiendo la justicia exteriormente:
de fea tiranía y aspereza
hacen derecho, y lo que más se siente,
las leyes en favor del rey se hacen,
las en favor del pueblo se deshacen.
Ve al fin que ninguno ama lo que debe,
sino aquello que mal su mal desea:
no quiere diferir al que se atreve
el castigo que duro y justo sea:
sus ministros ajunta, porque lleve
el ejército igual a la pelea
que tendrá con la mal regida gente
que no fuere al amor justo obediente.
Muchos de estos chiquillos voladores
están en varias obras trabajando:
unos afilan hierros pasadores,
otros los palotillos ahusando;
en su labor están cantando amores,
varios casos en verso tierno y blando,
melodía suave y concertada,
alegre letra, angélica sonada.
En las eternas fraguas do forjaban
puntas a las saetas penetrantes,
por leña corazones se quemaban,
entrañas vivas, telas palpitantes:
las aguas do los hierros se templaban
lágrimas son de míseros amantes;
la viva llama, el resplandor esquivo,
es el deseo que mata y queda vivo.
Ensayándose algunos allí andaban
en pechos duros de la gente ruda;
suspiros por el aire resonaban
de los que ya hirió la punta aguda:
hermosas ninfas son las que curaban
las llagas recibidas, cuya ayuda
no sólo vida da a los mal heridos,
mas pone en vida los aun no nacidos.
Hermosas son algunas, otras buenas,
según la cualidad de aquellas llagas,
que el veneno esparcido por las venas
no sanara triaca aunque más hagas:
unos quedan atados en cadenas
por palabras sutiles de las magas:
esto acontece cuando las saetas
aciertan a llevar hierbas secretas.
De estos tiros así desordenados,
que estos mal diestros mozos van tirando,
nacen amores mil desconcertados
en el herido pueblo miserando;
y en los héroes también de altos estados
ejemplos se verán de amor nefando,
cual de las mozas Biblis, Cinerea,
del mancebo de Asiria y de Judea.
Mil generosos vemos por pastoras
rendir las señorías a mercedes,
y por bajos lacayos las señoras
presas las vieron ya vulcanias redes:
unos esperan las nocturnas horas,
otros suben tejados y paredes;
mas yo creo que de este amor indino
ha más culpa la madre que el menino.
Llegada al prado donde el hijo pruebe,
paran cisnes el carro mansamente;
mas Venus, que las rosas vence y nieve,
del carro en tierra salta diligente:
el flechero, que al cielo alto se atreve,
a recibirla sale al continente:
salen los cupidillos servidores
a recibir la diosa que es de amores.
Ella, porque no gaste el tiempo en vano,
teniendo el hijo en brazos confiada,
le dice: «Amado hijo en cuya mano
mi potestad y fuerza está fundada,
en quien se ve el esfuerzo soberano
que las tifeas armas tiene en nada,
de necesidad grave compelida,
vengo para de ti ser socorrida.
»Bien ves las Lusitánicas fatigas,
que ya de muy atrás yo favorezco,
porque sé de las parcas mis amigas
que me han de venerar como merezco;
y porque con mayor amor me sigas,
mis romanos imitan, y me ofrezco
a les dar el ayuda que yo pueda,
clavando a la Fortuna el eje y rueda.
»Y porque, con insidias del odioso
Baco, en la India fueron molestados,
y en peligros del golfo proceloso
pudieron ser más muertos que cansados,
en el mar que les fué tan temeroso
quiero que sean ahora acariciados,
gozando del trabajo aquella gloria
que eterniza en los hombres la memoria.
»Y para esto querría que, heridas
las hijas de Nereo, en el profundo
fuesen de amor de aquéstos encendidas
que a descubrir vinieron nuevo mundo:
en un jardín florido conducidas,
yo las pondré con rostro muy jocundo,
que tendré dentro el mar aparejado,
del don de Flora y Céfiro adornado.
»Allí con mil refrescos y manjares,
con vinos odoríferos y rosas,
en labrados palacios singulares,
hermosas camas y ellas más hermosas,
en fin, con mil deleites no vulgares
los esperen las ninfas amorosas,
de amor heridas, dentro de esta casa,
sin ponerles al ver ni al gozar tasa.
»Quiero que haya en el reino neptunino,
do yo nací, progenie fuerte y bella,
y tome ejemplo el mundo aquí malino
que libertad no habrá do amor se sella;
que no valdrá ni el muro adamantino,
ni triste hipocresía podrá tenella,
que mal habrá en la tierra quien se guarde,
pues el fuego de amor en el mar arde.»
Propuso Venus, cuando el hijo inico,
para le obedecer, se apercibía:
manda traer su arco ebúrneo, rico,
con que tiene más cierta puntería:
alegre Venus, al hijo impudico
dentro del mismo carro lo subía,
y da rienda a las aves que con canto
la muerte de Faetón lloraron tanto.
Mas dice Amor que le era necesaria
una famosa y célebre tercera,
que puesto que mil veces le es contraria,
otras muchas le ha sido compañera:
la diosa Gigantea, temeraria,
jactante, mentirosa, verdadera,
que con cien ojos ve, burla y se entona,
y lo que ve con bocas mil pregona.
Vanla a buscar, y envíanla delante,
que celebre con voz sonora y clara
los hechos de la gente navegante
más que nunca de alguna celebrara:
resonando la fama tan pujante,
por las hondas cavernas penetrara
y hace ser de todos muy creída
venir credulidad con ella unida.
El rumor y loor alto excelente
el pecho de los dioses, que indignados
fueran por Baco contra aquesta gente,
los muda y hace ser aficionados:
el bando mujeril, que prestamente
cualesquiera propósitos tomados
muda, juzga por malo y por bajeza
desear mal a tanta fortaleza.
Despide en esto Amor crudas saetas
unas tras otras; gime el mar con tiros:
derechas por las ondas inquïetas
algunas van, mas otras con mil giros:
dan en las ninfas, que de las secretas
entrañas despedían mil suspiros:
cualquiera cae sin ver el bulto que ama,
que tanto como el ver puede la fama.
Los cuernos junta de la ebúrnea luna
con fuerza, el mozo indómito, excesiva:
quiere a Tetis herir más que a ninguna,
porque más que ninguna le era esquiva:
no le queda en la aljaba saeta alguna,
ni en los ecuóreos campos ninfa viva,
y si con las heridas van viviendo,
será para sentir que están muriendo.
Dad lugar, altas y espumosas ondas,
que Venus les trae ya la medicina:
muestra las blancas velas y redondas
que por el agua vienen neptunina,
para que amor recíproco respondas
a la llama amorosa femenina,
pues que aquí la pudica, casta, honesta,
a las obras de amor estará expuesta.
De Nereidas el corro se apareja:
presuroso y gallardo caminaba,
con bailes a la usanza antigua y vieja,
a la isla do Venus las guiaba:
allí la diosa a todas aconseja
lo que mil veces hizo cuando amaba:
ellas, que van de amor ciego heridas,
están con su consejo apercibidas.
Cortando viene el mar la compañía
del Luso para el cielo y patria amada,
con falta de alimentos y agua fría
para navegación tan prolongada,
cuando junta la flota conocía
tierra, de la isla fresca enamorada,
al tiempo que la madre deleitosa
de Memnonio parece más hermosa.
De lejos ven la isla fresca y bella,
que Venus por las ondas les llevaba,
como el viento la vela, si da en ella,
a do la armada estar se divisaba;
que porque no pasasen sin que en ella
tomasen puerto, como deseaba,
donde las naos navegan la movía
la Acidalia, que más que esto podía.